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Psicología de la Adolescencia y Juventud en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre psicología de la adolescencia y juventud que se haya en otra parte de esta plataforma online). 6. Sociabilidad. Los impulsos básicos reaniman la dimensión social de la existencia. La amistad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que en fases anteriores había revestido un carácter externo y meramente formal, va a determinarse por la necesidad de comunicar los propios contenidos de conciencia. El anhelo de encontrar un ser capaz de comprender y recibir las confidencias de una intimidad recién estrenada origina formas nuevas de relación. Al principio, la dicha proporcionada por la comprensión mutua satisface el impulso, favoreciendo la independencia progresiva y el debilitamiento de las relaciones con los padres y personas del ambiente familiar.Si, Pero: Pero estas primeras formas de amistad sufren las oscilaciones del estado de ánimo. La emotividad propia de la fase puberal idealiza las relaciones, deformando a menudo la realidad. Surgen así los primeros desengaños. El sujeto oscila, alternativamente, entre la confianza y el temor, la comunicación y la soledad, entre la nostalgia del tú y la añoranza del yo.
Esta problemática encierra importantes significaciones. El carácter competitivo de la sociabilidad infantil se instituye, al hilo de su propio impulso, por el simultáneo afán de entrega y captación de un ser. Un paso más y la afectación causada por tales tensiones hará brotar los primeros sentimientos amorosos.
7. Amor y sexualidad.Entre las Líneas En este momento, el contacto humano, impregnado de sensibilidad, reviste la forma de la entrega sentimental. De ordinario, tal entrega no llega a realizarse, pues aun cuando el púber esté animado por los más vivos deseos de correspondencia, la elección del objeto no sólo no contiene, como pretenden el Psicoanálisis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y doctrinas afines, valencias sexuales, sino que, prescindiendo incluso de la posibilidad de comunicar con la persona amada, se escoge ésta entre modelos más o menos socialmente estimados: un profesor, un artista, una actriz, un campeón deportivo; un adulto casi siempre, sin acepción de sexo ni estado, a quien se considera como ideal y guía. Semejante entrega silenciosa se simultanea frecuentemente con otras peripecias amistosas, vividas con singular apasionamiento, entre individuos del mismo sexo. La causa de esta condición reside, a la vez, en cierto temor específico, mezcla de recelo y respeto, frente al misterio sexual, y en la obvia identidad de enfoque de problemas al fin y al cabo comunes. Sólo más tarde, superado parcialmente ese temor en un segundo momento sentimental, se convertirá el púber en adolescente dispuesto a una aproximación exterior al congénere del otro sexo; y, de ahí al empeño de una unión capaz de trascender todas las limitaciones. Por término medio, esta aptitud para el amor se alcanza hacia los 1516 años en la mujer y los 1819 en el hombie, iniciándose entonces las primeras tentativas de noviazgo. Las consecuencias de este tercer momento son, diversas y responden a motivaciones muy complejas. La moral y las creencias, la posición social, las perspectivas profesionales y la superación psicológica de la propia crisiá son factores decisivos.
Entre los 20 y los 23 años, la incoación de un proyecto personal estable absorbe, a través de un creciente proceso de racionalización, las últimas valencias afectivas del adolescente.Si, Pero: Pero una cabal comprensión del fenómeno juvenil debe tener en cuenta otras vertientes por donde discurren las tendencias perfectivas de completamiento.
8 (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Filosofía y religión. López Ibor ha subrayado la importancia del instinto de perfección que no debe confundirse ni con el adleriano (véase en esta plataforma: ADLER, ALFRED) instinto de poderío, ni con la sublimación psicoanalítica. Es el impulso del ser humano para alcanzar sus específicas finalidades, «para adquirir una forma, exuberante y nítida al mismo tiempo». Lo que impulsa al niño a vivir la constitutiva condición referencia) de la existencia a través de relaciones de dependencia o apropiación, se conjuga, en el adolescente, como relación de sentido. La pregunta sobre el cómo de las realidades va cediendo su interés a la del por qué y para qué.

Detalles

Los adolescentes sienten con particular viveza la exigencia humana de incondicional seguridad y certidumbre metafísica. Si el pensamiento volicionalantropomórfico del niño queda satisfecho con la idea fundamental de Dios Ser personal y Supremo Hacedor, ello no basta al adolescente. La Psicología ha demostrado de modo suficiente que una actitud predominantemente teorética es más propia de la infancia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que de la adolescencia. Las necesidades que conducen al niño a Dios y a los nexos de la vida son intelectuales. La curiosidad infantil, aun cuando respete las condiciones de la lógica formal, es instintiva y se satisface en su mero ejercicio. El afán de saber del adolescente es de orden más básico que analítico.Entre las Líneas En ese sentido, Elizabeth Hurlock ha dicho, con terminología imprecisa pero que apunta a algo real, que «el adolescente necesita la religión, pero no la teología».
Las características alternativas del estado de ánimo del adolescente son experimentadas como debilidad, indisposición y mal humor. Ni fuera, ni dentro de él, encuentra la ayuda adecuada para neutralizar la disminución de su capacidad de dominio frente al querer y el obrar. Se multiplican los problemas y aparece el sentido lógicocrítico. Una noción simplemente recibida de los atributos divinos omnipotencia, ubicuidad, libertad, justicia, misericordia, ha de ser sustituida por otra en la que la razón va a tropezar una y otra vez con el misterio, esforzándose por comprenderlo. Un sentimentalismo excesivo puede debilitar la conciencia del deber y las dificultades éticas se convierten en conflictos religiosos. El erotismo anima, muchas veces, el mundo de la imaginación. El sentimiento del propio poder sufre la amenaza de limitaciones procedentes de una trascendental lejanía. Las dudas se suceden. Se rechazan o critican los esquemas que implican dogmas y normas autoritarios, las verdades cuya definición es generalizadora o impersonal. Ello no significa que haya desaparecido la referencia a las creencias que fundamentan y mantienen el vivenciar religioso como una exigencia de dotar de sentido absoluto la realidad. Paulatinamente, el conflicto se desplaza hacia las profundidades del sujeto, hasta convertirse en una cuestión personal de exquisito rango. Le parece que nadie sospecha ni es capaz de comprender lo que le pasa, y este desvalimiento, vivido entre silencios y escrúpulos de conciencia, lleva por fin al adolescente a un nuevo encuentro con Dios. Este momento tiene el valor de un verdadero despertar religioso.Entre las Líneas En las muchachas la crisis se intensifica entre los 12 y 16 años; en los muchachos, entre Ios 16 y 18.
En el desarrollo del proceso intervienen, junto con la afectividad y la inteligencia, diversos factores ambientales. El modo de vivir la fe, la familia y el grupo social a que pertenece el adolescente; el lugar que ocupa la religión en los programas escolares y la manera de impartir su enseñanza; el dramatismo o subitaneidad de ciertos acontecimientos; incidencias personales, como una enfermedad grave o la muerte de un ser querido, constituyen el material de una evolución gradual o la ocasión de cambios bruscos. El proceso se realiza generalmente en forma lenta, sin proyectarse al exterior. Entre los católicos la confesión sacramental influye de manera positiva en este sentido. La posibilidad de cambios bruscos como auténticas crisis de conversión, mucho menos frecuente, es sin embargo típica y suele formar parte, tanto en la juventud como en edades posteriores, de episodios lindantes con la patología.
9. Resumen. La adolescencia es una fase crítica de crecimiento y creación. Recuperado el sentido de la vida, la conducta humana se nutre de la conciencia creciente de una libertad responsable. «Un grado de coincidencia razonable entre lo que el individuo piensa acerca de sí mismo y lo que los otros piensan de él» (Merry, Hurlock y Lawton), señala psicológicamente el paso de la edad juvenil a la edad adulta.
Como edad problemática, el tránsito no está exento de riesgos a veces graves. Las primeras manifestaciones clínicas de muchas enfermedades orgánicas y psíquicas tienen lugar en esta edad y sus consecuencias pueden ser decisivas en el curso ulterior de la vida. Entre las primeras son típicas ciertas infecciones de gravedad variable (p. ej., el grupo tifoparatífico, la tuberculosis y alteraciones del metabolismo). Entre las segundas, la esquizofrenia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), denominada precisamente en tiempos demencia precoz, y, sobre todo, las neurosis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Es también la época de las grandes decisiones vocacionales en el orden religioso y en el profesional. Antropológicamente, el proceso seguido por el adolescente resulta de una síntesis de experiencias, saberes y deseos no siempre satisfechos que van cediendo paso a ese afán de novedad tan característico de la juventud. Con todo, dicho proceso sólo puede considerarse concluido cuando el sujeto es capaz de realizar simultáneamente una integración y diferenciación de los valores objetivos de la realidad.
V. t.: CARÁCTER; PSICOLOGÍA EVOLUTIVA; CONFLICTOS PSÍQUICOS; PSICOSOMÁTICOS, PROBLEMAS. [rbts name=”filosofia”]

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre psicología de la adolescencia y juventud en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

C. BIHLER, Infancia y juventud, Buenos Aires 1946; íD, El curso de la vida como problema psicológico, Buenos Aires 1946; F. D. BROOxs, Psicología de la adolescencia, Buenos Aires 1959; adolescencia GESELL, L’Adolescent de dix á seize ans, París 1959; adolescencia GRUBER, La pubertad, desarrollo y crisis, Barcelona 1965; E. B. HURLOCK, Psicología de la adolescencia, Buenos Aires 1967; P. LERSCH, Psicología social el hombre como ser social, Barcelona 1967; F. MARCO MERENCIANO, Psicopatología de la adolescencia, Valencia 1947; H. REMPLEIN, Tratado de Psicología evolutiva, Barcelona 1966; E. SPRANGER, Psicología de la edad juvenil, 6 ed. Madrid 1961; adolescencia GEMELLI, Psicología de la edad evolutiva, Madrid 1957.

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