Realidad
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Realidad en el Derecho Social
La realidad es el conjunto de hechos pasados y conductas producidas, por oposición a la actualidad, que es el conjunto de acontecimientos que se están desenvolviendo.Entre las Líneas En la sociedad humana, el sindicalismo, los grupos sociales en general y el movimiento obrero en otro sentido, con su comportamiento tienden a instituir una ley distinta a la jurídica, cuando el orden es injusto, esto es, la ley social, la conducta humana, efectiva y real, que modifica ese orden. Lo deroga con la conducta, o lo modifica, o lo consolida en sus contenidos justos. Es la realidad de las conductas intersubjetivas, a la que se refiere Capón Filas, una realidad jurídica, al fin: “Negar esta realidad jurídica es ideologizar por intereses o desconocer por ignorancia”. [1]
Real en Psicoanálisis
adj.; a veces se usa como s. m. (fr. réel; ingl. real; al. [das] Reale). Lo que la intervención de lo
simbólico expulsa de la realidad, para un sujeto.
Según J. Lacan, lo real solo se define con relación a lo simbólico y lo imaginario. Lo simbólico lo
ha expulsado de la realidad. No se trata de la realidad ordenada por lo simbólico, llamada por la
filosofía «representación del mundo exterior».Si, Pero: Pero vuelve en la realidad en un lugar donde el
sujeto lo encuentra bajo la forma de algo que lo despierta de su estado ordinario. Definido como
lo imposible, es lo que no puede ser completamente simbolizado en la palabra o la escritura (su redacción) y, por
consiguiente, no cesa de no escribirse [juego de palabras con las categorías lógicas
aristotélicas; en este caso, lo imposible, como lo opuesto correlativo a lo necesario, implica
también una necesidad, la de escapar a lo simbólico en la repetición, pero marcando por
contraste, constantemente, lo que escapa al desplazamiento de lo simbólico, que vuelve como
trauma].
Lo real en su dimensión clínica. Análisis de un sueño de Freud por Lacan. Para el sujeto
moderno, Lacan ha dado a lo real un derecho de ciudadanía. Lo real de que habla se liga a la
estructura que forma con lo imaginario y lo simbólico, deducido esto de una atenta lectura de
Freud. El testimonio de que es impensable sin estos otros dos lo ofrece ya la primera elaboración
de Lacan sobre lo real.Entre las Líneas En La interpretación de los sueños (1900), Freud analiza un sueño
propio en el que aparece una de sus pacientes, Irma. Lacan reinterpreta este sueño, llamado
comúnmente «el sueño de la inyección de Irma». Y subraya la imagen terrorífica vista por Freud
al fondo de la garganta de su paciente: «grandes manchas blancas», «extraordinarias
formaciones en relieve», «y sobre ellas anchas escaras de un blanco grisáceo». Esta forma
compleja e insituable revela algo real último, ante lo cual todas las palabras se detienen: «el
objeto de angustia por excelencia», dice Lacan, para definir aquello que, tanto en el sueño de
Freud como en la teoría que nos ofrece, aparece como primero. Efectivamente, precede a lo
imaginario, que surge en el sueño bajo la forma de los personajes en los que el sujeto Freud se
proyecta con cierto desorden. Parece llamar a lo que al final del sueño va a dar estructura a esto
imaginario caótico junto a esto real innombrable: lo simbólico. El sueño en efecto concluye con
una fórmula química, que Freud ve ante sus ojos, impresa en gruesos caracteres. Ella manifiesta
la presencia de lo simbólico, y Lacan dice que viene aquí a apaciguar la angustia de Freud,
nacida de la visión de eso real. Es entonces en la relación estructural que mantiene lo real con lo
imaginario y lo simbólico en lo que insiste ya Lacan con esta elaboración, en su seminario sobre
«El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica», 1954-55, Seminario II (1978).
Lo real en la alucinación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Por otra parte, en su Respuesta al comentario de Jean Hyppolite
sobre la «Verneinung» de Freud (febrero de 1954; en Escritos, 1966), Lacan precisa por
escrito el alcance de esta relación estructural. «Lo que no ha venido a la luz de lo simbólico
reaparece en lo real». ¿En qué sentido? Para que lo real no se manifieste más de una manera
intrusiva en la existencia del sujeto, es necesario que sea tutelado por lo simbólico, como sucede
en el sueño. Para ello se requiere la afirmación inaugural (al. die Bejahung), en la que se
enraíza el juicio atributivo del sujeto del inconciente, que implica la afirmación de lo simbólico: su
reconocimiento por el sujeto. Este reconocimiento supone la castración y la asunción de la
función paterna, Si esto no llega a lo simbólico, toda la economía subjetiva resulta realmente
modificada, como sucede en las psicosis. «La castración (…) cercenada por el sujeto de los
límites mismos de lo posible, pero también sustraída así a las posibilidades de la palabra, va a
aparecer en lo real, erráticamente» (ibid.). Es la alucinación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Común en las psicosis, fundadas
precisamente en la forclusión (al. Verwerfung) de la función simbólica del padre, surge un día
para ese paciente en análisis con Freud, el Hombre de los Lobos, cuando a los cinco años cree
ver que su dedo, seccionado, solo se mantiene colgando de la piel (De la historia de una
neurosis infantil, 1918). La castración, que el sujeto recusa hasta el punto de ignorar su
incidencia estructural sobre la realidad, retorna aquí de un modo errático tal que el sujeto, al
volver de esta alucinación, no puede decir nada sobre ello. Lo real de la alucinación irrumpe en el
campo de la realidad. Al no estar pacificado de ninguna manera, se presenta bajo la forma de
una imagen totalmente extraña al sujeto. Ella manifiesta la presencia de esa cosa real de la que
el sujeto no se ha separado al haber evitado la sanción de lo simbólico. Es que, antes del
advenimiento del sujeto del inconciente y de su pasaje simbólico a la existencia, lo real, dice
Lacan, «ya estaba allí». Agreguemos que de ordinario le toca a la madre encarnarlo. Esto real
esperaba la intervención simbólica del padre, que le evita al niño quedar a merced del deseo de
la madre. Si esta intervención no opera, los significantes de la paternidad y de la castración
reaparecen en lo real para un sujeto que ignora su sentido y no puede interpretarlos, como en el
caso del delirio del presidente Schreber. Que se dirija a Dios como a un significante enigmático y
que reciba mensajes de él es algo que da cuenta en lo real de la forclusión de esta función
paterna.
La existencia de lo real (examine más sobre estos temas en la presente plataforma en línea de ciencias sociales y humanidades). Real y realidad. Si lo real es lo que ya estaba allí, es por lo tanto
evidente que es precisamente lo que escapa a la captación total por lo simbólico: si lo real por lo
común se calla, es porque se mantiene más allá de lo simbólico que lo ha hecho callar. Lo
simbólico vehiculizado por los significantes permite al sujeto expulsar del campo de su
representación la realidad, eso real ya allí.Entre las Líneas En Los cuatro conceptos fundamentales del
psicoanálisis (1964), Lacan retiene de esta puesta fuera de campo de lo real por lo simbólico
una definición que insiste en el retorno y la existencia irreductible de esto real, aun tutelado: «Lo
real es aquí lo que vuelve siempre al mismo lugar, a ese lugar donde el sujeto, en tanto cogita (…)
no lo encuentra». Lacan se ve así llevado a indicar en el capítulo V de Más allá del principio de
placer (1920) la relación del pensamiento con lo real.Entre las Líneas En la repetición, el automatismo determina
el retorno de los significantes que marcan el destino de un sujeto. Más allá de lo que el sujeto
repite, lo real que es de él se caracteriza por no ser encontrado, por escapar a la captación del
pensamiento. Puede también ser registrado en la clínica como el «mal encuentro» experimentado
por el sujeto: en el caso del accidente citado por Freud y retomado como ejemplo por Lacan. Un
padre sueña que su hijo, muerto en la realidad a consecuencia de una fiebre, lo interpela:
«¡Padre!, ¿no ves que ardo?», sin despertarse, mientras en la otra habitación arden [al haberse
caído una vela] los despojos mortales del niño, cuidados por un viejo.Si, Pero: Pero enuncia para sí en el
sueño una frase que es en sí misma una brasa «en el punto más cruel del objeto», dice Lacan.
Pues da testimonio de su deseo imposible de que todavía viva. El fuego recae sobre lo que aquí
es sustraído a los significantes mismos: lo real del sufrimiento y la muerte («Sueño del niño
muerto que arde», en La interpretación de los sueños, 1900).
Lo real presentado por la escritura. Si vuelve siempre en ese lugar en que el sujeto no lo
encuentra, o tropieza con él, es porque este lugar mismo existe y sostiene a lo simbólico en esta
existencia por la que el sujeto lo ha expulsado de su representación y ha construido su realidad.
Lacan llega entonces a decir que «lo imposible es lo real», y completa su definición afirmando
que lo imposible «no cesa de no escribirse». Esta definición permite precisar lo que significa lo
real con relación al lenguaje. El significante, soporte de lo simbólico, permite inscribir la
castración simbólica, que constituye el marco de la percepción de la realidad. El lugar de lo real
siempre es pifiado por el sujeto, y lo imposible, en tanto real, ya no es, como lo era en la filosofía
aristotélica, lo que no puede ser. Con el discurso psicoanalítico, deviene aquello que existe para
un sujeto y que solo puede ser registrado por él, porque lo simbólico, al inscribirse para un
sujeto, ha instalado al mismo tiempo a lo real. Es que el sujeto, al conferirle un marco simbólico a
su percepción de la realidad, rechaza fuera de ese campo algo real que a partir de allí instala y
que para él permanece siempre presente. No puede tener de él una aprehensión directa porque
la dimensión simbólica recubre eso real al mismo tiempo que lo cierne. Ahora bien, lo simbólico
procede de una necesidad que no cesa de escribirse, en particular en el uso que hace el lógico
de la escritura (su redacción) formal. Se comprende así por qué Lacan usó el escrito, para intentar, por medio
del escrito, cernir lo real con que el analista se las ve privilegiadamente en la clínica. Lacan
define, por lo tanto, al lado de lo que «no cesa de escribirse» (necesidad de una primera
inscripción simbólica), algo real que, por su parte, no cesa de no escribirse, porque lo simbólico
mismo lo ha establecido: algo real que subyace en toda simbolización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es así como, a través de
una escritura (su redacción) formal, Lacan se esfuerza por cernir eso real con lo que trata la clínica
psicoanalítica.
Pero esta escritura (su redacción) tomada de la lógica permanece tributaría no de las concepciones de la lógica
sino de su uso de los símbolos (cuantificadores, variables) y, por lo tanto, de una formalización
simbólica. Por eso Lacan va a inventar una escritura (su redacción) que no le debe nada a los símbolos, sino a
su materialidad únicamente, y que le permite no solo cernir lo real sino también presentarlo
materialmente. Esta escritura (su redacción) es tributaria de la teoría matemática de los nudos y se presenta
bajo la forma de redondeles anudados conjuntamente: el redondel de lo real, el de lo simbólico y
el de lo imaginario.Entre las Líneas En última instancia, el nudo borromeo demuestra, por su sola materialidad, la
existencia de lo real definido treinta años antes. Si se quiere simplemente prestar atención a este
dibujo, se comprueba, dice Lacan, que, al ser diferentes, los redondeles de lo real, de lo
simbólico y de lo imaginario se mantienen juntos gracias solo a la materialidad «real» de su
anudamiento. Si se corta uno, todos se liberan. Una vez que se ha admitido que este
anudamiento está en el origen mismo del deseo humano, es forzoso notar que ninguno de los
tres registros es reducible a los otros y que lo real existe con relación a lo simbólico, es decir, al
lado, anudado a él gracias a lo imaginario. La especificidad de esta escritura (su redacción) borromea está en
que permite demostrar materialmente la existencia de una estructura que se sostiene en algo real
irreductible para siempre a lo simbólico, pero ligado a él. Al mismo tiempo, vuelve caduca la
ambición de una ciencia exacta que pudiese cerrar el paso a lo real hasta en sus últimos
escamoteos, intentando reducirlo a un puro juego de símbolos físico-matemáticos, por ejemplo.
Pero al mismo tiempo enriquece al psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) con un instrumento más exacto para abordar
esto real en la cura de un paciente.
Fuente: Diccionario del Psicoanálisis
Realidad en Relación a Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El término realidad procede del latino res, que significaba en primer lugar «cosa». Ya para los juristas romanos res son no sólo las cosas materiales, sino también entes inmateriales como, p. ej., el derecho de propiedad. De res deriva realis, real, a partir del cual se formará el vocablo abstracto «realidad», común en las lenguas modernas, pero inexistente en latín. Según su procedencia etimológica, pues, realidad debía significar en primer lugar la esencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de la cosa, aquello por lo que la cosa es tal.Si, Pero: Pero como otros vocablos abstractos (humanidad, p. ej.), éste se ha matizado como colectivo, por lo que, en el lenguaje ordinario, se utiliza para designar el conjunto de las cosas; r., así, equivale a «lo real», la totalidad de lo que es.Entre las Líneas En este amplísimo sentido, por realidad entendemos no sólo el conjunto de los entes materiales, sino también el de los seres espirituales, las ideas, los valores, las sustancias (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y los accidentes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la potencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el acto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la materia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la forma (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y cualquier cosa que tenga algún modo o grado de ser.
En este sentido el concepto de realidad es tan amplio como el de ente, y, como éste, no es unívoco; es decir, dentro del conjunto de «lo real» no todo tiene o es la misma clase o categoría de r., como no todo ente tiene el mismo grado o modo de ser (véase en esta plataforma: SER; PLURALISMO). La realidad es así analógica(v. ANALOGÍA), según el diferente modo de ser de las múltiples cosas reales; multiplicidad que no es sólo numérica sino específica y trascendental (que va desde la fugacidad de un pensamiento momentáneo, de un rayo de sol, o de una partícula radiactiva, a la de un amor estable, una roca o un hombre inmortal). La realidad no puede ser identificada con o inducida de un tipo determinado de entidades o cosas; entonces se tendría un monismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) distorsionador de la r., que sería materialismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) si toma como realidad modélica o primigenia las cosas asibles y materiales, que son un tipo de realidad pero no la r., o que sería espiritualismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) si considera como única realidad la del espíritu, etc.Entre las Líneas En estos casos se estaría en una postura de racionalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o idealismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), lejos de la actitud realista (véase en esta plataforma: REALISMO) que trata de conocer y comprender la realidad tal como es.
En ese sentido amplísimo lo no real (o irreal) sería simplemente la nada.
Puntualización
Sin embargo, con frecuencia se contrapone la palabra realidad no sólo a la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), sino a otra u otras palabras que de alguna forma entrañan una cierta «irrealidad». Lo irreal es a veces la nada; pero en otras ocasiones no se da tanta fuerza a la irrealidad, aunque se sigue apuntando con esa palabra a cierta carencia ya de entidad ya de verdad. La realidad puede definirse en estos casos por vía negativa, en cuanto queda delimitada por el ámbito de lo ilusorio, el de la apariencia, el de la idealidad, el de la posibilidad o el de la potencialidad.Si, Pero: Pero ninguna de tales limitaciones invalida por completo aquel primer sentido amplísimo de la palabra, ya que estos modos de irrealidad constituyen a la vez otros tantos modos de r., y en su conjunto articulan las diversas maneras en que, analógicamente, se dice este término.
1. La realidad como trascendental. Al enfrentar distintos conceptos con el de r., ésta se va iluminando desde diversas perspectivas, no necesariamente antagónicas, sino más bien complementarias. Al oponer lo real a lo ilusorio (a lo que es fruto de alucinación o de sobreautoestimación) la realidad se manifiesta como mundo tal como es en sí mismo, o al menos tal como es conocido por una persona sana en condiciones normales, y como el yo integrado en su circunstancia y ambiente. Al oponer realidad y apariencia, lo real se considera como permanente y estable, como lo en sí causa de la apariencia mudable, o como lo inmediatamente presente al pensamiento distinto de las impresiones de los sentidos (para el idealismo, la realidad sería únicamente lo presente al pensamiento; v. infra, 3). Al comparar lo real con lo ideal, o realidad con idealidad, la realidad se considera como lo inmediatamente presente a los sentidos (y así para el empirismo, al revés de la contraposición de realidad con apariencia en el sentido idealista, lo real se toma como mundo sensible, externo o distinto de la idea o conocimiento del mismo; v. infra, 2-3). Si se opone realidad a posibilidad, la realidad se toma como existencia, como lo que es, distinto de lo que puede ser; si se opone a potencialidad la realidad se manifiesta como actualidad (véase en esta plataforma: infra, 4-5).Si, Pero: Pero lo ilusorio, la apariencia, la idealidad, la posibilidad y la potencialidad, que se utilizan dialécticamente para perfilar el concepto de r., no son ajenos a lo real, sino que también forman parte de ese ámbito, como decíamos antes. Nada hay, en efecto, «fuera de» lo real.
En este sentido amplísimo, realidad es, ciertamente, un concepto trascendental, según advirtió con perspicacia S. Tomás de Aquino. Son trascendentales (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) aquellos conceptos que expresan modalidades «connaturales» del ente, es decir, aspectos del ente, visto desde diferentes perspectivas. Estos conceptos trascendentales son cinco: res o realidad (cosa), unidad, algo, verdad y bondad; y se consideran también como propiedades trascendentales del ente en cuanto indican aspectos no explícitos en la idea del ente. «Nada puede decirse en forma afirmativa del ente en sí (absolute) que convenga a todo ente sino su esencia, según la cual se dice que es; y en función de ella se dice que es real. La realidad (res, cosa) difiere del ente en que éste apunta al acto de existir, mientras que con el término realidad se expresa la quididad o esencia del ente» (De veritate, 1,1). Parece claro, por tanto, que si ente es «lo que es», esta expresión hay que interpretarla subrayando el ejercicio, la actividad, de ser, de acuerdo con el carácter originario del participio presente (véase en esta plataforma: SER). La distinción que se hará luego clásica entre ente considerado como participio y ente considerado como nombre no parece que refleje plenamente el hallazgo de S. Tomás. Para expresar aquello que ejerce el ser (véase en esta plataforma: ESENCIA), éste prefería la palabra res, cosa.
De hecho, sin embargo, pensadores posteriores, incluyendo a muchos seguidores del Doctor de Aquino, concebían el ente como cosa, con lo que esta noción trascendental fue perdiendo contenido y sentido, hasta quedar en los sedicentes tomistas como un concepto vacío, al que se alude por respeto formalista a los textos del maestro. Véase, p. ej., el razonamiento de F. Suárez: «cosa y ente se emplean comúnmente como sinónimos; y unas veces se predican del ente actualmente existentes, mientras que, en otras ocasiones, prescinden de la existencia actual; por eso, ninguno de ellos es pasión del otro» (Disputationes rnetaphysicae, III, 11,4). La progresiva deteriorización posterior del accidente (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) hacia lo accesorio, junto con otros enfoques característicos del racionalismo, contribuyó no sólo a «esencializar» más sino incluso a «sustancializar» la concepción del ente (y con ella la del acto de ser), y, por tanto, a restar carácter filosófico a la palabra «cosa», a la que, desde otro ángulo, se le avecinaba en significado «objeto», por pérdida también del sentido originario de ésta (véase en esta plataforma: COSA; OBJETO). El fuerte sabor sustancialista que ha impregnado la concepción esencialista del ente, y el olvido del acto de ser, acto último actualizante de las diversas esencias (véase en esta plataforma: 2), ha dado lugar a una cierta inversión de sentidos. Así, mientras hoy resulta chocante afirmar, p. ej., que la relación paternofilial es un ente, justamente porque no es una cosa en sentido sustancialista, nadie manifiesta extrañeza si se dice de ella que es una realidad.
En fecha reciente X. Zubiri (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) ha publicado una larga meditación (Sobre la esencia) que continúa, actualiza y cierra el ciclo abierto en el pensamiento tradicional por la obra de Francisco Suárez (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La obra es una investigación metafísica sobre la esencia en el plano trascendental de la res, pero al presentarse, en la introducción, como exordio de la metafísica, se transforma en una metafísica fundamental que es una teoría de la ciencia. Zubiri concibe el conocimiento intelectual (véase en esta plataforma: CONOCIMIENTO I, 7) desde una perspectiva meramente «conceptivo-constructa», de forma que no sobrepasa el plano del concepto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) complejo y rechaza explícitamente el logos predicativo. Esta sistemática eliminación del plano trascendental del ens conlleva la supresión de todo dinamismo trascendental (sustitución de la sustancialidad por la sustantividad, minusvaloración del problema de la causalidad, etc.). Así, el primum transcendentale, más que el ente, es la esencia, por la cual no sólo la cosa es tal, sino también la cosa es real. «El orden trascendental en cuanto trascendental no es el orden de la objetualidad, ni el orden de la entidad, ni el orden del ser, sino el orden de la realidad en cuanto realidad» (o. c., 453). La esencia era en el pensamiento clásico «un momento de la realidad; pero ahora, esencia no es unmomento de la realidad, sino que es la realidad misma» (45), y «realidad es la trascendental ¡dad misma» (460). Pues bien, la esencia -o «momento estructural físico de la cosa» (10)- «es `de suyo’ principio de la sustantividad como estructura» (514), esto es, principio estructural del sistema de notas o caracteres físicos interdependientes que constituye la sustantividad.
2 (examine más sobre estos temas en la presente plataforma en línea de ciencias sociales y humanidades). Realidad como extra-nihilidad y como extra-animidad. Como se ha señalado, en un sentido muy amplio, realidad es lo que se opone a la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y en este sentido puede identificarse con ente. realidad equivale así a extra-nihilidad, a todo lo que de alguna manera es, a todo lo que de algún modo participa del ser. No en vano proviene realitas (acuñada al parecer por Duns Escoto) de res (cosa), entendida como una de las nociones trascendentales (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que convienen de manera universal y necesaria a todo ente. Cuando el ens (ente) es considerado en sí mismo y de modo positivo, es obvio que no se Ic puede aplicar más que su propia naturaleza o esencia, la cual se expresa por el nombre de res (cosa): ens dice referencia inmediata al acto de existir; res connota de manera inmediata la esencia (S. Tomás, De Veritate, ql al). Por tanto, res significa la naturaleza del ente, no algo que deriva de su naturaleza (véase en esta plataforma: SER). Aunque res figure como noción trascendental, no se le llama propiedad trascendental del ente, ya que no conecta a él de modo derivado; res es el ente «rato» en su esencia o naturaleza de ente.
Ahora bien, aunque realidad pudiera quedar muy justamente caracterizada como extra-nihilidad, puede plantearse la duda acerca de la legitimidad de ese omnímodo abarcamiento al considerar la oposición que frecuentemente suele hacerse entre lo real y lo ideal; entonces el campo del ente se considera disyuntivamente ocupado por el entereal y el ente-ideal. El ente ideal (la idealidad) se configura también en el ámbito de la extra-nihilidad, y, por tanto, parece oportuno no identificar sin más realidad con extranihilidad. De este modo, qué sea lo que se denomine realidad debe enfocarse con un criterio desde el cual se proyecte, de un lado, lo que se llama r., y, de otro lado, lo que se dice idealidad. Semejante criterio ha venido reiteradamente dado por la contraposición entre lo intra-anímico y lo extra-anímico. Según este criterio, realidad sería extra-animidad.
La consideración de la realidad como extra-animidad requiere ulterior esclarecimiento. Como primera aproximación puede decirse que el modo de ser (o de existencia) que conviene a lo extra-anímico hace que éste actúe o produzca efectos, independientemente de que sea concebido o tenido intra-anímicamente; el fuego pensado (intra-anímico) no quema; pero sí el fuego real (extra-anímico). Como efecto, el calor es, en el pensamiento, efecto concebido, pero en la realidad es efecto efectuado. Es obvio que la extra-animidad conviene a todo ente que no se agota en poseer un modo de ser objetivo o una existencia objetiva en el concepto, o sea, la extra-animidad conviene a lo que no depende puramente de esa existencia objetiva (como objeto de conocimiento). Lo real, como extra-anímico, equivale así a lo extra-objetivo.
La explícita apelación que acaba de hacerse a las modalidades o flexiones del acto de ser, o de la existencia, para aclarar la índole de lo real y de lo ideal, de lo intraanímico y lo extra-anímico, obliga a recordar brevemente las funciones propias que el acto de ser y la esencia tienen como constitutivos del ente. Al igual que cualquier otro concepto de nuestra inteligencia, la noción de ente implica dos elementos: el sujeto que tiene una forma, y la forma habida por el sujeto. Esta forma es, en el caso del ente, el «acto de ser», también llamado «existencia» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); en cambio, el sujeto es la «esencia» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); aunque no hay que confundir el «acto de ser» o «existencia» como acto intensivo y elemento o principio constitutivo del ente con la existencia como resultado de esa constitución (esencia existente); por eso, dados los dos sentidos que puede tener la palabra existencia, se hace preferible usar la expresión «acto de ser» para referirse al primero. El ente se concibe, pues, como «sujeto que tiene ser (o existencia)». La esencia es el constitutivo mediante el cual algo es lo que es o se constituye como especie; el acto de ser es el constitutivo mediante el cual la cosa es, o sea, se pone fuera de la nada.
El acto de ser es así la posición absoluta de una cosa; esta posición absoluta puede darse tanto en el ámbito de las cosas naturales, singulares y activas, como en el de las cosas intencionales, universales e inactivas. El acto de ser natural es el que las cosas tienen en sí mismas, con independencia de que sean conocidas (por eso los medievales hablaban de esse in rerum natura); el acto de ser intencional es el que las cosas tienen en la inteligencia al ser conocidas. Tanto uno como otro acto de ser (tanto una como otra «existencia») son actos actualizantes, no determinantes. Mas entre ellos media una radical diferencia: el acto de ser natural es siempre subjetivo, ya que hace de una cosa un sujeto activo propiamente dicho; el acto de ser intencional, en cambio, es objetivo, en el sentido de que hace a las cosas «objetos» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), o sea, términos de la actividad intelectiva. No siendo el acto de ser determinación o acto determinante, sino acto actualizante (acto sin determinación o restricción; V. ACTO), la función determinante o limitante proviene de la esencia. El acto de ser puede actualizar cualquier esencia, porque de suyo es indiferente a una o a otra. El acto de ser es así un prius absoluto como actualidad de todos los actos; incluso ese acto determinante que es la esencia debe recibir su actualidad del acto de ser. La esencia tiene, pues, un carácter derivado, ya que es determinación del acto de ser o acto de existir. Pues bien, el ámbito de la realidad es lo actualizado por el acto de ser natural (existencia natural); el de la idealidad es lo actualizado por el acto de ser intencional (existencia intencional). Esta última impone también una donación absoluta en las cosas conocidas por la inteligencia, aunque no se siga de ello una donación en las cosas naturales y singulares. Desde el punto de vista del acto de ser y de la existencia, se abre así el ámbito natural (la r.) y el intencional (la idealidad).
Por otra parte, con la esencia no se significa la posición absoluta de algo, sino únicamente la determinación o las notas que ese algo tiene; justamente la esencia es lo que objetivamente concibe el entendimiento (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o inteligencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), pues ésta se vuelca completamente sobre las determinaciones o las notas constitutivas de las cosas.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Indicaciones
En cambio, el acto de ser, tanto intencional como natural, no es conocido objetivamente, sino sólo de modo inobjetivo, atemático, en la medida en que la inteligencia capta una esencia objetivamente. Pues bien, en tanto que la esencia es correlato de la inteligencia se reviste de las condiciones de ésta, a saber: universalidad y necesidad. Este «revestimiento» debe entenderse en sentido estricto, pues no opera una transformación intrínseca en la estructura de tales notas o determinaciones, sino sólo una elevación a condiciones de inteligibilidad; por el hecho de darse objetivamente en la inteligencia, las cosas se muestran con caracteres universales y necesarios. La necesidad es propiade la esencia pensada en tanto que pensada, aunque en sí misma sea contingente.
Esta breve descripción de los constitutivos del ente era necesaria para detectar y comprender la realidad como extraobjetividad; la r., en este sentido restringido, se identifica con el ámbito de esencias actualizadas por el acto de ser natural (existencia natural).
3 (examine más sobre estos temas en la presente plataforma en línea de ciencias sociales y humanidades). Realidad e idealidad. Si se compara la r., en el sentido restringido de realidad extra-anímica o de extra-objetividad, con la idealidad, se encuentra que difieren por tres caracteres radicales: la realidad es activa (y, correspondientemente, en muchos casos pasiva), positiva y singular.
a) La realidad es activa; la idealidad, en cambio, no es activa (el fuego pensado en cuanto pensado no quema) y, por ende, tampoco pasiva (la madera pensada en cuanto pensada no arde ni se consume). «El obrar corresponde a las cosas según el ser real por el que subsisten en sí mismas, y no según el ser intencional por el que se dan en la inteligencia, pues no calienta el calor que está en la inteligencia, sino el que está en el fuego» (De Veritate, q22 al2c). Esto es lo que se quiere decir cuando se afirma que el objeto de la inteligencia (lo pensado en cuanto pensado) es necesario, o sea: inmutable, invariable, inactivo. Este carácter activo de la realidad se expresa claramente en el verbo reflexivo «realizarse», que equivale a hacer pasar al acto las propias virtualidades: vivir es realizarse.
Con esto no se proclama un criterio ulterior y más estrecho para detectar la r., aunque varias corrientes de pensamiento lo hayan hecho. Así, p. ej., se ha reducido la realidad a un determinado tipo de actividad: a la sensible (empirismo, kantismo) o a la temporal (fenomenología).Entre las Líneas En todo tipo de empirismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es realidad solamente el objeto de experiencia sensible (esse est percipi, diría Berkeley). También Kant (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se inclina por un criterio similar: «Aquello que se conecta con las condiciones materiales de la experiencia (de la sensación) es real» (Kritik der reinen Vernunft, 111,158). A través de la percepción (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se atestigua la realidad de algo; y es que para Kant la realidad se distingue de la posibilidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) no por el contenido (así, cien táleros reales no se diferencian en nada de cien táleros posibles), sino por la referencia: es real el contenido que se refiere a la sensibilidad; es posible el contenido que se refiere tan sólo al entendimiento. Por otra parte, la fenomenología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en algunos de sus más ilustres representantes -como Husserl (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Hartmann (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)- acepta a grandes rasgos el criterio de la actividad temporal para indicar la r., distinguiendo inicialmente dos esferas categoriales: la real y la ideal. Las cosas reales serían extra-objetivas, individuales y positivas, pero en el tiempo. La realidad está internamente afectada por la duración y la sucesión, sometida a un proceso reactivo.
Indicaciones
En cambio, la esfera ideal no es temporal; los objetos ideales son intemporales, como la esencia «hombre» o «raíz cuadrada de tres»; no se transforman ni están sometidos a procesos reactivos; el punto no causa la línea, ni el círculo causa la esfera, aunque aquél venga implicado en ésta. Idealidad no es causalidad, sino implicación. De modo que, frente a lo ideal, lo real sería lo temporal e individual, en donde también se incluiría, de manera abusiva según los fenomenólogos, el espíritu (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Volveremos luego sobre esto (véase en esta plataforma: infra, 5).
b) La realidad es positiva, pero lo ideal no es siempre positivo, pues muchas veces es una negación o entraña una negación; en la realidad no hay negaciones: las cosas reales no son negativas. La negación real es justo la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), el no-ser; por consiguiente, no pueden darse negaciones reales, pero sí negaciones pensadas: la misma nada absoluta puede pensarse. Por otra parte, también es verdad que las negaciones pensadas pueden tener un fundamento en lo real, a saber: los límites (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de las cosas (las cosas son finitas), los cambios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de las cosas (las cosas comienzan a ser y dejan de ser) o las diferencias entre las cosas (una cosa se distingue de las otras, no es las otras); pero todos estos fundamentos reales no son propiamente negaciones, sino algo positivo.
Si la negación sólo se da propiamente en la razón, es obvio que, para el sistema de pensamiento que identifique lo real con lo racional (véase en esta plataforma: RACIONALISMO; IDEALISMO), la realidad tendrá carácter negativo. Es lo que ocurre en el pensamiento de Hegel (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y en sus derivaciones. Para Hegel «la razón lógica misma es lo sustancial de lo real» (Logik, Einleitung). Así, la presencia de lo negativo hace que lo real, en su entraña, sea constitutivamente mediado: realidad es mediación: «La mediación no es sino la igualdad consigo misma en movimiento o la reflexión en sí misma, el momento del yo que es para sí, la pura negatividad, o, reducida a su abstracción pura, el simple devenir» (Phiinomenologie des Geistes, Vorrede, 1807, XXIV). No debe tampoco olvidarse que en la constitución hegeliana de la dialéctica (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) -como método de acceso a lo real y como proceso mismo de la r.- lo negativo juega un papel central. [rbts name=”filosofia”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre realidad en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Eduardo Giorlandini y Rodolfo Capon Filas, Diccionario de derecho social: derecho del trabajo y la seguridad social: relaciones colectivas profesionales, voz “Realidad”, (autor de la voz: E. G.), Rubinzal-Culzoni Editores, Argentina, 1991
Véase También
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