Sagrado
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Sagrado en Sociología
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Revisor: Lawrence
Lo Sagrado en el Cristianismo
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]
Visión general
Desde la primera hasta la última de sus páginas, el Nuevo Testamento anuncia una verdad central (para los creyentes): Dios llama al hombre a su intimidad. Las promesas veterotestamentarias han sido no sólo cumplidas, sino trascendidas, y a participar de ellas se llama no sólo a Israel, sino a la humanidad entera. Cristo, Hijo eterno de Dios Padre, haciéndose en el tiempo hombre por nosotros, con su obediencia llevada hasta la muerte (Philp 2,5-11), ha vencido al pecado y merecido la exaltación suprema. Como mediador y sacerdote perfecto (1 Tim 2,5; Heb 4,14; 5,10) ha ofrecido, muriendo en la Cruz, un sacrificio definitivo, capaz de «llevar a perfección para siempre a los santificados» (Heb 10,14). Resucitado en espíritu vivificante (1 Cor 15,45) ha sido constituido para nosotros fuente de toda salvación. Su cuerpo, muerto, resucitado y subido a los cielos, es el Templo nuevo y definitivo (lo 2,20-21; Heb 9,1-5; 9,11-12): ló que el Templo antiguo simbolizaba -la unión de Dios con la humanidad- se realiza con toda verdad en Cristo, nuevo Adán, cabeza y primogénito de la humanidad redimida (Rom 8,29; Col 1,18; 2,10; Rom 5, 14; 1 Cor 15,21.45).
Ante el hombre se abre así una perspectiva de plena y total comunión con Dios, el advenimiento de un estado en el que los hombres podrán contemplar a Dios no entre sombras y en el espejo de sus criaturas, sino cara a cara, conociéndolo con la misma inmediatez con que somos de Él conocidos (1 Cor 13,12-13; 1 lo 3,2). Ese estado se realizará en su plenitud e integridad más allá de la muerte, culminando cuando se cierre la historia y Cristo, con su aparición en gloria y majestad (véase en esta plataforma: PARUSÍA), juzgue todas las cosas y establezca la plenitud del Reino (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Si, Pero: Pero ya ahora se anticipa de algún modo: Cristo, sentado a la diestra de Dios Padre y lleno del Espíritu Santo, dador de toda santidad, lo derrama sobre la humanidad necesitada de salvación (Act 2,1 ss..; 2 Thes 2,13; Rom 15,16, etcétera) (pondere más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fruto de esa acción de Dios Padre por Cristo en el Espíritu Santo es la edificación de la Iglesia, «nación santa» (1 Pet 2,9), casa de Dios (1 Cor 3,9-11; 1 Tim 3,15), cuerpo de Cristo (Rom 5,4-5; 1 Cor 12,1-11; Eph 4,4-16), templo del Espíritu Santo (Eph 2,19-22), y la justificación de cada cristiano que, habiendo recibido las primicias del Espíritu (Rom 8,23), es hijo de Dios (1 lo 3,1-2; Gal 4,1-7; Rom 8,14-17), alguien en cuyo corazón, como en un templo, habita la Trinidad entera (lo 14,17.23; 1 Cor 3,16; 6,19).
En este contexto general se sitúan los datos que los textos neotestamentarios nos ofrecen sobre el rito y el culto, y que podemos resumir en tres apartados:
- Cristo vivió según la Ley. Cristo vivió según la Ley (véase en esta plataforma: LEY v[t, 3), sujetándose a todas sus prácticas, incluidas las rituales (Lc 2,21-24; 41-42; lo 2,13; 5,1; etc.), manifestando celo por el Templo, al que acudía para predicar (lo 2,14-17; 10, 23 ss.), y participando en las reuniones sinagogales (Mt 9,35; lo 6,59, etc.). Se situó, sin embargo, por encima de la Ley y de la liturgia judía, anunciando la superación de sus prácticas rituales y de sus instituciones más específicas, como son el sábado (Mc 2,27; Mt 12,9-14; lo 16-17) y el Templo (lo 2,19-20), y la instauración de un culto más espiritual (Mt 15,10-20; Me 7,1-13; lo 4,21-23), más aún, la traslación a un pueblo nuevo del privilegio de la elección reservado hasta entonces a Israel (Mt 2133-43 y passim; v. LEY VII, 4).
- Al mismo tiempo, se rodea de discípulos, entre los que designa a doce, dándoles el nombre de Apóstoles (véase en esta plataforma:; cfr. Mt 10,1-2; Le 6,12-13), constituyéndolos en fundamento del nuevo pueblo mesiánico o Iglesia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que É1 así fundaba; instituye unos nuevos ritos -a los que llamamos sacramentos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)- destinados a comunicar la vida nueva que Él traía; promete a los suyos la asistencia del Espíritu Santo (lo 14,16-17; 16,7-15); y, resucitado, antes de subir a la diestra de Dios Padre manda a los suyos que se dispersen por el mundo para que sean sus testigos ante todas las gentes y las incorporen al nuevo pueblo de Dios (Mt 28,16-18; Me 16,15-16).
- Los primeros cristianos en un principio continúan acudiendo al Templo (Act 3,1 ss.; 21,26, etc.) y practicando la Ley ritual judía, hasta que, bajo la inspiración del Espíritu Santo, decretan su abandono, reduciéndola a simple práctica lícita para aquellos cristianos que provengan del judaísmo (Act 15,22-29). Ya desde el inicio tienen plena conciencia de ser el nuevo pueblo de Dios, y se dirigen a quienes les rodean, primero judíos, después gentiles, para llamarlos e incorporarlos a ese pueblo por medio del Bautismo (Act 3,38.41, cte.), seguido de la Confirmación por la imposición de manos (Act 6,15-17). A la vez desarrollan una liturgia, específicamente cristiana, centrada en la Eucaristía (Act 2,42, 20,7; 1 Cor 11,17-34; cte.), y que comprende además otros ágapes y reuniones (cfr. 1 Cor 14,26-40, p. ej.), así como oraciones y cantos espirituales (Col 3,16). Los Apóstoles, y, junto a ellos, los obispos, presbíteros y diáconos -constituidos en esos ministerios por la imposición de las manos (Act 6,6; 13,3; 1 Tim 4,14; 2 Tim 1,6)- cuidan y gobiernan la comunidad.
Niveles o formas de lo sagrado
Los textos citados ponen de relieve dos líneas de fondo: los ritos mosaicos han sido superados, porque lo que ellos anunciaban y preparaban -el Mesías y su obra- ha llegado ya; pero la plenitud mesiánica no nos es comunicada todavía en la totalidad de sus virtualidades, sino sólo en arras o en germen. Convenía, pues, que el complicado ritual mosaico, que tenía por misión anunciar lo futuro, desapareciera y fuera sustituido por un culto nuevo, más sencillo y pleno, en el que lo ya acontecido -la Muerte y Resurrección de Cristo- fuera hecho presente y comunicado a los fieles.Entre las Líneas En la economía cristiana, como economía propia del Yiempo que media entre la Ascensión a los cielos y la Parusía, durante la cual Dios es alcanzado en la fe (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la esperanza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y no todavía en la visión, ocupan un papel central la palabra que anuncia la realidad que Dios quiere comunicar al hombre y el signo que, evocando esa realidad, la comunica; y, por tanto, hay en ella lugar para lo sagrado. Dejando para un apartado posterior una ulterior elucidación de la peculiaridad cristiana de lo sagrado, detengámonos ahora a precisar los niveles o formas que adopta.
En el orden de la epifanía o manifestación de Dios
En el orden de la epifanía o manifestación de Dios, podemos hablar, de lo sagrado con respecto a la Humanidad de Cristo, a su Cuerpo, tanto en su realidad física como en su prolongación eclesial y en su presencia eucarísticá. Ciertamente al referirse a Cristo y a la Iglesia hay que hablar ante todo de santidad, de unión con Dios, pero en la medida en que esa gracia está en Cristo para ser comunicada a la Iglesia y en la Iglesia para ser difundida sobre la humanidad, nos encontramos también ante una función de signo revelador. Así Cristo, en quien «reside la plenitud de la divinidad corporalmente» (Col 2,9), «nos da a conocer con su vida y sus obras la verdad de Dios» (lo 1,14; 14,9); y al hacerse presente, por la transustanciación, en la Santa Eucaristía da a la Iglesia entera un signo y prenda supremos del amor de Dios y de la realidad y hondura con que llama a su intimidad. Y la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, es a su vez signo levantado ante las naciones (Is 11,12; cfr. Conc. Vaticano I, Denz.Sch. 3014), que invita a los hombres a acoger la llamada salvífica de Dios. Conviene subrayar que lo que estos signos nos manifiestan no es meramente la realidad de Dios como Creador y autor de la naturaleza, sino la de Dios que se comunica sobrenaturalmente a los hombres, es decir, la de Dios como autor de la nueva creación, de la nueva vida que quiere dar a los hombres (véase en esta plataforma: SOBRENATURAL). Son por eso signos que no sólo significan, sino que contienen la realidad significada, haciéndola presente no sólo en un sentido manifestativo, sino total, ya que esa realidad no es una realidad que estuviera oculta y que el signo desvela, sino una realidad nueva que antes no estaba. Por eso más que de un sagrado meramente epifánico o manifestativo, hay que hablar aquí de un sagrado fontal.
En el orden del rito
En el orden del rito incide profundamente lo que acabamos de decir: en el rito cristiano el protagonista no es el hombre que, reconociendo a Dios en la naturaleza, se vuelve hacia Él, sino, en primer lugar, Dios que se hace presente para comunicar una vida nueva, y, sólo en segundo lugar, el hombre que, renovado por Dios, se vuelve hacia Él en acción de gracias, amor y entrega. Hay, pues -por emplear las expresiones clásicas-, un movimiento descendente de Dios al que sigue el ascendente de la humanidad. Por eso en el rito cristiano -y especialmente en algunos de ellos: los siete sacramentos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)se incluye una nota de eficiencia y causalidad divinas. Podemos, por eso, hablar no sólo de un sagrado ritual, sino también de un sagrado instrumental, ya que se trata de ritos de los que Cristo se sirve para realizar su obra santificadora.Entre las Líneas En términos generales cabe en esta línea hablar de lo sagrado con respecto:
- la Santa Escritura, inspirada por el Espíritu Santo, y la predicación de la Iglesia, a la que Cristo mismo asiste garantizando su verdad y con ocasión de la cual el Espíritu Santo actúa en los corazones humanos como maestro interior que atrae hacia la conversión y la fe;
- los siete sacramentos, signos sensibles por los que Cristo se hace presente en un determinado lugar del espacio y en un momento concreto del tiempo con toda su fuerza redentora a fin de comunicar esa vida hacia la que la fe ordena;
- la liturgia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) entera, como acto por el que la Iglesia, uniéndose a la oración de Cristo, alaba a Dios, le da gracias e implora su misericordia;
- el sacerdocio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) ministerial, por el que un hombre queda constituido en ministro del que Cristo se sirve para actuar en cuanto cabeza de la Iglesia;
- cada cristiano, dotado, por el Bautismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la Confirmación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), de un sacerdocio real que le capacita para ofrecer a Dios un culto espiritual prolongación del de Cristo mismo.
En el orden de lo sagrado latréutico y pedagógico
En el orden de lo sagrado latréutico y pedagógico, hay que recordar que esa presencia absolutamente nueva de Dios, esa divinización del hombre que implica lo cristiano, no borra en modo alguno la diferencia entre el hombre y Dios: es don, y don absoluta y supremamente gratuito. El cristiano lo reconoce así, y, por tanto se vuelve hacia Dios con actitud de especial agradecimiento y veneración. Hay por eso lugar en la economía cristiana -y lugar necesario- para un sagrado también en su sentido latréutico y pedagógico con respecto a todo lo que acompaña al rito y a la presencia nueva de Dios (edificios, arte, música, vestiduras, gestos, cte.) de modo que sea el hombre entero, y con la plenitud de sus virtualidades, quien alabe a Dios, y se cumpla la función de educación e impulso de la fe que es inseparable de todo acto de culto plenamente entendido.Entre las Líneas En este tercer nivel nos encontramos ante algo que, aunque fluye directamente de lo enseñado e instituido por Cristo, no ha sido específicamente establecido por Él. De ahí que pueda darse -y se haya dado de hecho- una variabilidad histórica, que será legítima siempre que refleje verdaderamente el espíritu de Cristo, y -lo que garantiza lo anterior- mantenga la obediencia al Magisterio eclesiástico (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el sentido de la Tradición (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general):
Presupuestos de lo Sagrado en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [2]
Habiendo caracterizado lo sagrado, intentemos analizar ahora lo que presupone, a fin de llegar a una definición más precisa y estar en condiciones de conocerlo y valorarlo en profundidad.
Sentido de la trascendencia
Lo sagrado presupone, en primer lugar y ante todo, la realidad de Dios, distinto del mundo y trascendente a él, y a la vez presente en el mundo con su acto creador; y, paralelamente, la realidad del hombre como ser espiritual capaz de elevarse al conocimiento de Dios y, consiguientemente, de sentirse llamado a tener relaciones personales con Él. Por eso conducen a una incomprensión de lo sagrado no sólo el ateísmo (véase, si se desea, más sobre ateismo en la plataforma general) -que si es radicalmente asumido, como sucede en el positivismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o en el marxismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), tenderá a presentarse a sí mismo como la negación y superación de toda sacralidad y trascendencia-, sino también una consideración meramente moral del hombre, es decir, toda visión de la moralidad que no se abra a una metafísica de la participación y a la vivencia religiosa, ya que entonces el hombre queda o enfrentado con una ley impersonal y abstracta, o invitado a la búsqueda de una autenticidad (véase qué es, su concepto; y también su definición como “authentication” en el contexto anglosajón, en inglés) entendida como coherencia con los propios postulados, es decir, de una forma u otra, encerrado en una pura inmanencia. Aunque el vocabulario sacral no desaparezca, sino que sea incluso empleado con profusión, también deforma lo sagrado todo sistema que, desconociendo y oscureciendo la libertad divina, presente la historia como un proceso necesario y caiga en un ambiguo «todo es sagrado» de tono panteísta, lo que -como han puesto de relieve las reducciones radicales de Feuerbach (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Marx (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Nietzsche (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)- no es sino la antesala de la negación atea de Dios; y, finalmente, las posiciones irracionalistas que, negando todo conocimiento racional de Dios, intentan abrir al hombre hacia la trascendencia por una vía transracional, lo que les permite llegar tan sólo a un vago y confuso «lo divino» carente de verdadera consistencia.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
La vivencia de lo sagrado no nace de la ignorancia o del temor del hombre ante lo desconocido, sino del conocimiento -tal vez germinal y mezclado con deficiencias y errores, pero real y verdadero- de la realidad de Dios. Es entonces, al verse situado ante el Todopoderoso y al tomar de esa forma conciencia más clara de su propia pequeñez -en cuanto distinto de Dios- y dignidad -en cuanto que capaz de relaciones con Él-, como en el hombre surge ese entremezclarse de admiración, temor reverencial, deseo y agradecimiento que acompañan a la vivencia de lo sagrado. Precisamente porque la afirmación de Dios nace de una positividad y no de una carencia, el desarrollo intelectual del hombre no desemboca de por sí -como pretende el racionalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y los sistemas de pensamiento con él relacionados- en una superación de la afirmación de Dios para ser sustituida por la afirmación de la autosuficiencia del conocer humano, sino al contrario, en el reconocimiento cada vez más claro de la relación de dependencia con respecto a Dios y, supuesto el encuentro con la Revelación, en la apertura a Él en la fe. Lo que, en términos de sacralidad, equivale a decir que la vivencia de lo sagrado no es propia de etapas infantiles de la humanidad, sino consustancial a ésta, de modo que el crecimiento de la vida humana no implica la superación de la sacralidad, sino, en todo caso, su purificación, profundización y elevación.
Corporalidad del hombre
La realidad de lo sagrado presupone, en segundo lugar, la corporalidad humana entendida en toda su amplitud, es decir, no sólo el hecho de que tenemos cuerpo, sino el hecho de que ese cuerpo, que forma parte de lo íntimo de nuestro ser, nos coloca en especial relación con el cosmos material. Veamos cómo esto se realiza en las dos formas fundamentales de lo sagrado que antes hemos señalado:
- Lo sagrado manifestativo o teofánico está relacionado con el carácter mediato de nuestro conocimiento de Dios. El hombre no tiene una visión intuitiva de Dios, sino que se eleva hasta Él a partir de la realidad sensible. Ese proceso de reconocimiento de Dios es un proceso intelectual, que desemboca en la advertencia no de una simple idea, sino de la realidad viva de Dios; implica por eso una especial participación de toda la persona, provocando admiración, amor, conmoción, temor reverencial, etcétera. Es por eso espontáneo y natural que las realidades, lugares y experiencias que en cada caso concreto en cada tradición religiosa y cultural- han constituido el punto de partida de la elevación a Dios queden asociadas a la relación con Él. De otra parte, la inefalibilidad de Dios, que es inabarcable por ninguno de nuestros conceptos, hace que en nuestro conocimiento y en nuestro lenguaje sobre Dios y en nuestra relación vital con Él, se entremezclen lo conceptual y lo simbólico, a fin de expresar de algún modo la insondable riqueza divina. También por este título las realidades materiales concretas -y de modo especial las que indican riqueza, profundidad, luz, belleza, etc- pueden quedar, y quedan de hecho, incorporadas al vivir religioso y revestidas de ese carácter de excepcionalidad que designamos con el nombre de sagrado.
- Lo sagrado cultual está en conexión con la estructura compleja del ser humano, que no es un espíritu que habita un cuerpo, sino un ser espiritual-corporal en unidad sustancial. Es por ello por lo que no hay en nosotros nada que sea exclusivamente corporal, y, viceversa, por lo que los actos espirituales, las decisiones de la voluntad, el amor, tienden a expresarse en actitudes corporales, en gestos. Y ello no a modo de mera prolongación extrínseca o de simple manifestación exterior de algo que ya estuviera acabado y cerrado en sí mismo, sino como desarrollo al que tiende de por sí la acción humana, que alcanza una plenitud y consumación cuando incorpora el cuerpo y lo que le rodea al movimiento originado por la voluntad. Por eso están tan lejos de la verdad humana un ritualismo formalista que «materializara» el rito separándolo de la actitud interior de la voluntad, como un espiritualismo mal entendido que desconociera la dimensión corporal humana (véase en esta plataforma: Gestos Litúrgicos, Actitudes Litúrgicas).
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre sagrado y profano en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre sagrado y profano en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Templo, Música Sacra, Gestos Litúrgicos, Actitudes Litúrgicas
Bibliografía
R. CAILLOIS, L’homme et le sacré, París 1950; M. ELIADE, Lo sagrado y lo profano, Madrid 1967; 1. GRAND’MAISON, Le monde et le sacré, París 1966; G. MORRA, La riscoperta del sacro, Bolonia 1964; 1. DILLERSBERGER, Das Heilige im Neuen Testament, Kutstein 1926; P. VAN IMSCHOOT, La sainteté de Dieu dans l’Ancien Testament, «Vie Spirituelle» 339 (1946) 30-44; J. P. AUDET, Le sacré et le profane: leur situation en christianisme, «Nouvelle Rev. Théologique» 79 (1957) 29-61; L. BOUYER, Le rite et 1’homme, París 1962; A. G. MARTIMORT, Le sens du sacré, «La Maison-Dieu», 25/1 (1951) 47-74; J. PIEPER, Sacralidad y desacralización, «Palabra» 93 (1973) 13-20.
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