Paz Armada
En América, una serie de tres conferencias panamericanas celebradas en 1889, 1901 y 1906 contribuyeron al desarrollo de un sistema de arbitraje internacional para todo el continente americano. En Europa, Nicolás II, zar de Rusia, inició dos conferencias de La Haya. Es posible que Nicolás II pensara que el tiempo estaba del lado de Rusia. Pero de la falta de voluntad general de las Grandes Potencias para afrontar la perspectiva de una fusión de potencias soberanas, sin la cual los proyectos de paz permanente son absurdos, no puede haber ningún tipo de duda. No era el cese de la competencia internacional con su fase aguda de guerra lo que deseaban, sino un abaratamiento de la guerra, que se estaba volviendo demasiado costosa. Cada uno quería economizar el despilfarro de disputas y conflictos menores, y establecer leyes internacionales que pusieran en aprietos a sus oponentes más formidables en tiempos de guerra sin incomodarse a sí mismo. Estos eran los fines prácticos que buscaban en la Conferencia de La Haya. Fue una reunión a la que asistieron para complacer a Nicolás II, del mismo modo que los monarcas de Europa habían suscrito las propuestas evangélicas de la Santa Alianza para complacer a Alejandro I; y como habían asistido a ella, trataron de sacarle alguna utilidad.