La política lingüística consiste en la asignación autorizada de recursos a la lengua y se refiere al estatus o al corpus de la lengua para la que se diseña la política. [rtbs name=”introduccion-a-la-politica”]Las políticas de estatus pueden ser prohibitivas, permisivas o de apoyo, y se dan varios ejemplos de cada una (y compromisos entre ellas) a lo largo de una línea de tiempo que se extiende desde la Revolución Francesa hasta la actualidad. La cultura lingüística local puede establecer límites a lo que la política lingüística intenta conseguir, pero a menudo es posible una variación sustancial dentro de esos límites, lo que da lugar a guías teóricas y prácticas para la formulación, aplicación, evaluación y revisión de las políticas. La política lingüística se refiere también a la gestión de la diversidad derivada de las configuraciones históricas, de la inmigración reciente o de ambas. Aunque la lengua lleva mucho tiempo preocupando a los Estados, las cuestiones de política lingüística han alcanzado una importancia sin precedentes como consecuencia de la expansión de la actividad gubernamental y de la participación ciudadana, así como del advenimiento de las condiciones postindustriales que aumentan el valor de las competencias lingüísticas como forma de capital cultural.