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Tradicionalismo

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Tradicionalismo: Doctrina Política

Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Doctrina política

Aunque el tradicionalismo, como toda doctrina política, ha pasado por diversas tendencias e interpretaciones, sin embargo, puede definirle como la doctrina política que se basa fundamentalmente en los principios tradicionales de la religión y la monarquía pura. El tradicionalismo encierra, a su vez, cierta tendencia regionalista –libertad municipal y reconocimiento de fueros–, propugna un estado estamental; detesta el liberalismo y subraya el sentido de autoridad representada por el monarca, como recibida de Dios. No es tampoco concebible un tradicionalismo que no sea católico.

Trayectoria histórica

El tradicionalismo, como ideología conjunta, capaz de movilizar hombres y regiones enteras, no surge en España hasta principios del siglo XIX y tiene su escenario en las primeras Cortes de Cádiz. Las decisiones que allí se tomaron y que dieron como resultado la Constitución de 1812 no agradaron a una porción de asambleístas. Frente al signo de apertura que marcaban los «afrancesados», se señaló la parte contraria, que estimaba más bien que había de volverse hacia la esencia española más presente en nuestra Edad Media, en nuestras costumbres y nuestra religión, que en la ideología que comenzaba a imperar en el mundo y que Francia se había encargado de hacer presente. Este conjunto fue calificado de «serviles» y sus ideas fueron expuestas con claridad por vez primera al discutirse en las Cortes el proyecto de ley de imprenta con su secuela de libertades. Naturalmente, los tradicionalistas se oponían a ello, así como al resto de las medidas liberales adoptadas por la Asamblea, como la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) de la Inquisición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Fernando VII se encargó de restablecer el absolutismo, pero tampoco con las medidas del monarca quedó satisfecha la facción tradicional y es conocido el manifiesto que dirigieron a Fernando VII, llamado el «manifiesto de los persas», porque comenzaba diciendo: «Era costumbre de los antiguos persas pasar cinco días en anarquía después del fallecimiento de su rey…» En conjunto, el manifiesto resume la ideología absolutista de los disidentes de las primeras Cortes de Cádiz. Puede asegurarse que de aquí brotaría lo que más adelante en la Historia de España, se conoce, con el nombre de carlismo (ver).

Sus puntos más esenciales son: el soberano ha de tener una autoridad absoluta.Si, Pero: Pero no puede usar de ella sin razón. La monarquía habrá de estar sometida siempre al derecho divino, a la justicia y a las leyes fundamentales del Estado. Piden al rey que convoque nuevas Cortes, pero no al estilo liberal, sino de acuerdo con la tradición medieval española. Las restantes peticiones, en cuanto al cumplimiento de la justicia, rendición de cuentas de todos los que habían utilizado armas en la guerra, acabar con el despotismo ministerial, &c., apenas sí agrega algún matiz nuevo a esta ideología esbozada.

La tendencia más absolutista que liberal del tradicionalismo hizo que sus seguidores se constituyeran en oposición contrarrevolucionaria durante el trienio constitucional.Entre las Líneas En 1823, los «serviles» son ya conocidos con el nombre de «apostólicos» y son ellos los que enarbolan la bandera del tradicionalismo.

Pronto se va a mezclar en la esencia del tradicionalismo un nuevo matiz que arrastrará hasta nuestros días: en el fondo del carlismo –reconoce un doctrinario– hay dos cuestiones, ideología y pleito dinástico mezclados y una conciencia propia. La dirección tomó dos caminos: el absolutista, con el rey restablecido, y el tradicionalista, con un nuevo pretendiente.

Desde 1825 a 1830, don Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, se fue convirtiendo en símbolo para los tradicionalistas, por su tendencia más absolutista que la del monarca. A la muerte de Fernando VII y derogada (en el caso de una norma, cuando se suprime una parte; si se elimina en su totalidad es una ley abrogada; véase abrogación o abrogatio) la «Pragmática sanción» había de subir al trono Isabel II. Las tendencias entonces se dividieron en fernandinos y carlistas. Tres días después de que la esposa de Fernando VII, María Cristina, subiera al trono como reina gobernadora, en la minoría de Isabel, estalló un conflicto en Talavera de la Reina, y luego en numerosos lugares de España.

Los tradicionalistas se pasaron todos al bando de don Carlos, quien desde Abrantes (Portugal) lanzó un manifiesto en el que se intitulaba Carlos V, rey de España, mientras los liberales se adhirieron a María Cristina. Fue entonces cuando se iniciaron las guerras carlistas. Unas guerras que disputaban una cuestión dinástica como pretexto, ya que la lucha era por el triunfo de una de las dos ideologías que dividió la última historia del país: o los liberales o los tradicionalistas. Desde entonces cada uno de ellos tenía un programa político concreto. Cuando el carlismo fue derrotado, la reina se inclinó por un régimen constitucional, preferido por los liberales. Entonces la porción tradicional, que había permanecido a su lado, desertó para pasarse al carlismo, único sistema que llevaría a la práctica el absolutismo (siglos XVII y XVIII en Europa; consulte también la información respecto a la historia del derecho natural) buscado por ellos, tan pronto subiera el pretendiente al trono e hiciese realidad el lema de los tradicionalistas: «Dios, Patria y Rey».

Las libertades que concedió la revolución de 1868 hizo que los tradicionalistas comenzaran a divulgar ampliamente su doctrina y su programa. La doctrina hasta entonces sostenida se concreta en un verdadero programa político de partido, el cual recibe el nombre de «Comunión Tradicionalista». Los más decididos postulados del partido son: el Gobierno habría de ser obra del rey, sujeto solo a los límites de la ley de Dios, la justicia y las libertades y fueros de los pueblos; descentralización del gobierno, con libertad a cada provincia y al municipio en el aspecto administrativo; la familia tiene que ser independiente e inviolable; las libertades no han de ser escritas en constituciones, sino practicadas por la sociedad; la tiranía no se tolera; la única religión sería la católica; en las Cortes estarían representados los estamentos sociales y no los partidos, que no habría.

Frente al afrancesamiento y el liberalismo vigente, la doctrina tradicionalista fue capaz de movilizar a muchas regiones y a un verdadero ejército.Si, Pero: Pero no se alimentaron solo de voluntarios guerreros capaces de combatir hasta cansar al Gobierno, sino que en sus filas combatieron auténticos doctrinarios que fueron perfilando su teoría. Entre ellos se destacaron al principio Aparisi Guijarro, Navarro Villoslada, Pallés, Cerralbo, Brunet, quienes a través de los periódicos de que disponían alentaron [458] continuamente a los seguidores de don Carlos y la Comunión Tradicionalista.

El manifiesto de la Restauración promovió las consiguientes escisiones. Parece que el nuevo monarca llegaba con el ánimo de evitar los sentimientos encontrados por fanatismos que tanto mal producían en la España de entonces.

La Restauración exponía el futuro programa del monarca español, Alfonso XII, y, entre otras cosas, prometía «ser buen católico» y «buen liberal».Si, Pero: Pero el tradicionalismo no pudo convencerse. La más importante separación dibujada entonces, aparte de la provocada por Pidal, fue la del integrismo de Nocedal, quien acusaba a don Carlos de liberalizarse. El integrismo combatía el liberalismo en cualquier terreno, incluso prescindiendo de la que para algunos, parecía cuestión principal, pero que en realidad, según se ha dicho, era mero pretexto: la cuestión dinástica.

El Siglo Futuro era el más importante periódico integrista, y el primer círculo se fundó en Madrid en 1892. Las palabras de Nocedal pronunciadas en el Congreso de 1902 para combatir el gabinete reunido por Sagasta resumen claramente la doctrina del integrismo: «No predico la guerra ni el motín, ni la algarada, pero a ésos y a cuantos oigan mi voz quiero decir que si no se deciden a ejercitar sus derechos, desoyen la voz venida del cielo y desobedecen la voluntad soberana que nos manda unirnos en apretado haz y lanzarnos en falange a reivindicar nuestros derechos conculcados, a defender la verdad desconocida, a restaurar el imperio absoluto de nuestra fe íntegra y pura y a pelear con los partidos liberales, a quienes no yo, sino León XIII, llama imitadores de Lucifer, hasta derribar y hacer astillas el árbol maldito». El integracionismo no fue más allá de Nocedal.

A su muerte quedó como principal cabeza Senantes, y prácticamente en el golpe de Estado de 1923 quedó extinguida esta organización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Otro de los que provocaron la división interna del tradicionalismo fue don Jaime de Borbón y de Parma, hijo de Carlos María de los Dolores. La mayor parte de los carlistas se hicieron «jaimistas» a la muerte de don Carlos. Fue reconocido por ellos como Jaime III (1909), pero durante la guerra europea se mostró partidario de los aliados, mientras que una de las cabezas más poderosas del tradicionalismo, Juan Vázquez de Mella, era germanófilo.

En un manifiesto publicado por don Jaime en 1918 desautorizó a los germanófilos, por lo que Vázquez de Mella y los principales representantes de la ideología tradicionalista se separaron del jaimismo. Jaime III murió sin sucesión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Vázquez de Mella quiso reunir a cuantos habían militado en el primitivo carlismo y hasta trató de que se unieran los católicos sociales. El carlismo, sin embargo, fue perdiendo virtualidad en gran parte de España, conservando mucha de su fuerza en las provincias vascongadas y su centro en Navarra, con algunos ramalazos considerables en Cataluña, Aragón y Valencia.

…Don Carlos Hugo de Borbón y de Parma, casado con la princesa Irene de Holanda, es quien se considera(ba) pretendiente al supuesto trono de España al que aspiraba don Carlos María Isidro a la muerte de Fernando VII.

Doctrinarios tradicionalistas

El pensamiento político del tradicionalismo se encuentra diseminado entre varios autores –no muy numerosos– y expuesto con harta frecuencia en un tono patriótico y efusivo.Entre las Líneas En la línea del carlismo, por afiliación patriótica, se destaca Antonio Aparisi Guijarro (ver). Está ligado a las contiendas carlistas. Aparisi Guijarro fue la voz tradicional que proclamó con más fuerza la necesidad de solucionar los conflictos mediante la unidad. El problema de la política española era el de la unidad. «Si proclamáis unión moderada, viviréis un año; si proclamáis unión liberal, podréis vivir año y medio; si queréis vivir más, tenéis que proclamar unión española.» Como elementos de la tradición en Aparisi Guijarro hay que señalar el militarismo y una cierta democracia campesina y municipal.

Hay en el tradicionalismo, sobre todo, dos pensadores que destacan sobre los demás y que, sin embargo, desde el punto de vista político no militaron en las mismas filas del carlismo. Se trata de Jaime Balmes (ver) y Juan Donoso Cortés (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Balmes es conocido como escritor de sus propias revistas, La Civilización, La Sociedad y El Pensamiento de la Nación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Como filósofo y apologista, con sus libros El Criterio y El protestantismo comparado con el catolicismo.

Pero hay en toda su obra una constante preocupación social y política. «Las teorías políticas de Balmes, desperdigadas en libros y en artículos, pueden ser condensadas sobre la línea de la sociabilidad y contra el pactismo, acatando a la autoridad, apoyada por Dios, y en la espera de que la resistencia haya de ser deber; la libertad ha de concertarse con la verdad y con el orden… Las referencias más concretas al régimen democrático-liberal se encuentran en la disección que hace del protestantismo. Hay, dice, dos democracias: la protestante y la cristiano-católica. El sufragio (el derecho al voto) es combatido porque confunde las opiniones y las verdades, el número y el objeto.

Quiere unas Cortes tradicionales y un constitucionalismo, eficaz. Se lanza en contra de los parlamentos que encubren camarillas. La soberanía es del monarca; las Cortes poseen competencia hacendística y fiscalizadora» (Beneyto).Entre las Líneas En su gran amor a la unidad coincide con Aparisi y Guijarro. Para Balmes es esencial la concordia en el pueblo y, por tanto, es imprescindible la unidad. Por lo que tiene de orden en el mundo, Balmes se confiesa monárquico y católico en perfecta interrelación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

El contenido de la tradición en Balmes no hay que buscarlo en la continuidad de los hechos, ni en las instituciones, ni en las creaciones literarias a artísticas (aunque pueden ser válidos todos esos elementos), sino en ese espíritu, en esa armónica unidad de la religión, la moral, el derecho, el honor y la conciencia histórica de un pueblo, «que hemos de considerar al mismo tiempo como la matriz de sus realizaciones históricas, como el espíritu de sus instituciones, como el alma de sus creaciones artísticas. Este concepto de tradición es el que se encuentra implícito en el pensamiento de Balmes y que de alguna manera hasta va expresado en el título de su obra sobre el protestantismo y el catolicismo» (Sánchez Agesta).

Juan Donoso Cortés (ver) dejó entre sus escritos el más importante, titulado Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo. [rtbs name=”socialismo”] [rtbs name=”revolucion-social”] La interpretación política de su pensamiento hay que examinarla, sobre todo, a la luz de su famoso discurso sobre la dictadura, en la revolución de febrero, que echa abajo la monarquía francesa. «La revolución –sostiene– llega de improviso, como la muerte. [rtbs name=”muerte”] [rtbs name=”pena-de-muerte”] [rtbs name=”pena-capital”] [rtbs name=”muerte”] Tras sí va sembrando un total desorden (trastorno) al que únicamente se le podrá dominar mediante la dictadura.

Esta es la concentración en una sola mano de las fuerzas resistentes frente a las fuerzas invasoras. C. Schmitt ha considerado al marqués de Valdegamas como el primer teorizante del Estado que saca la consecuencia de que la dictadura es la única solución vital para un país, cuando se ha destruido el concepto tradicional de la legitimidad.»

Su contacto más directo con los tradicionalistas lo tuvo en 1837, para discutir la negociación de un empréstito. La obra de Donoso, robusta y profunda, ha tenido, sin embargo, poca influencia, no solo en su tiempo, sino después. Quizá como reconoce uno de sus comentaristas, por la ausencia de estilo romántico en sus páginas y porque las ideas que combatió también desaparecieron.

Pero quizá la máxima figura española del tradicionalismo, desde el punto de vista de teorización política, sea sin duda Juan Vázquez de Mella (ver). Su contacto con el carlismo lo tuvo a través del marqués de Cerralbo. Escribió en diversos periódicos carlistas, siempre con un estilo profundo y efusivo.Entre las Líneas En 1893 salió diputado por Estella.

Su doctrina política puede resumirse en que «la verdadera voluntad nacional es la de las generaciones que se han sucedido, por eso se manifiesta en los hechos constantes de la Historia, que tiene su exacta expresión en las tradiciones esenciales de un pueblo». «La tradición –sostiene Vázquez de Mella– supone algo permanente que se transmite, un caudal de ideas e instituciones que pasan de unas generaciones a otras como una herencia social.» «Hay una ley social importantísima que expresa la continuidad histórica de un pueblo.» Y esto último entraña en sí el que si esa transmisión social se interrumpe, caerá la continuidad histórica de un pueblo. Por eso agrega Vázquez de Mella: «Que se despoje (un pueblo) de lo que ha recibido de sus ascendientes, y verá que lo que queda no es [459] lo mismo, sino una persona mutilada que reclama la tradición como complemento de su ser».

La época culminante de España, de donde ha de arrancar la tradición, es para Vázquez de Mella la época imperial, desde Cisneros a Felipe II. Entonces es cuando ve mejor vibrar el alma de la patria. Las más importantes tradiciones por las que hay que velar son: la unidad católica, la monarquía cristiana y la libertad municipal. Al contrario de lo que pueda pensarse, cuando Vázquez de Mella insiste en su idea de reivindicación tradicionalista, es porque piensa que es el único método de un verdadero progreso y muy diferente a una rutina recibida de nuestros antepasados: «El progreso individual no llega a ser social si la tradición no les recoge en sus brazos».

Vázquez de Mella fundó el partido tradicionalista, y lo definió, al separarse de los jaimistas, en el casino de Archanda en un acto celebrado en 1919, durante el mes de agosto. También fundó el periódico El Pensamiento Español, de corta duración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Un pensador español de la generación del 98 que ha escrito sobre doctrinas tradicionalistas ha sido Ángel Ganivet.Entre las Líneas En su Idearium afirma que cuando España se construya con carácter nacional debe de estar sustentada sobre los sillares de la tradición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El romperla para iniciar una nueva vida sería algo ficticio, incluso sería «una violación de las leyes naturales, un cobarde abandono de nuestros deberes, un sacrificio de lo real por lo imaginario».

Sin embargo, he aquí un claro ejemplo de lo que anteriormente se decía de que no es concebible en España un tradicionalismo que no sea católico. Para Ganivet lo tradicional es algo bien distinto a cuanto afirmaban los teóricos anteriores.

Pormenores

Los hechos sobre los que ha de basarse la tradición no son precisamente la unidad católica y su monarquía hereditaria. Su sentido de tradición es «como una fuerza que vive en estado latente en nuestra nación».

Tradicionalista es Marcelino Menéndez y Pelayo (ver) al defender la doctrina patria de una ortodoxia de fe y costumbres y examinar dónde ha estado a lo largo de los tiempos situada la España de la innovación, de la heterodoxia, «la otra España», según la denomina Menéndez Pidal.Si, Pero: Pero Menéndez y Pelayo no militó en las filas políticas del carlismo, sino que perteneció al partido conservador.

…(P)ueden llamarse teóricos del tradicionalismo Enrique Gil Robles, catedrático de Derecho Político, para quien la tradición hay que buscarla en la misma Historia de la Edad Media española si se quiere encontrar en toda su pureza. Ramiro de Maeztu (ver), que, cuando en sus madurez escribe la Defensa de la Hispanidad, sostiene que es tradición todo lo que es capaz de remontar su propio tiempo, «es el valor el que crea el pasado y lo que vale está por encima del tiempo». Víctor Pradera (ver), muy ligado al movimiento monárquico conocido por «Acción Francesa», es otro de los teóricos del tradicionalismo español, para quien la tradición es todo el pasado que sobrevive y tiene virtud para hacerse nuevo futuro (el nuevo Estado). Para él, si se quiere una mayor pureza en las fuentes tradicionalistas, habría que buscar en el Estado nacido con los Reyes Católicos.

Últimamente han estudiado el tradicionalismo español intelectuales y catedráticos, tanto desde el punto de vista de investigación histórica como de recopilación doctrinal.

Puede señalarse la obra de Francisco Elías de Tejada, como La monarquía tradicional. Luis Sánchez Agesta, catedrático de Derecho Político, al desentrañar El concepto de España, estudia el contenido de la tradición en los clásicos doctrinarios españoles y en las diversas interpretaciones históricas. Rafael Gambra ha escrito, entre otros libros, La monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional. Santiago Galindo Herrero ha ofrecido la más reciente recopilación de textos de Vázquez de Mella y Aparisi y Guijarro, con un estudio sobre los mismos. Federico Suárez Verdaguer ha realizado varios estudios sobre la tradición, como La crisis política del antiguo régimen en España. Y Rafael Calvo Serer, entre otros, ha estudiado La aproximación de los neoliberales a la actitud tradicional.

Fuente: “Tradicionalismo”, Enciclopedia de la Cultura Española, Editora Nacional, tomo 5, páginas 456-459.

Véase También

Juan Donoso Cortés
Tradicionalismo: Doctrina Filosófica´
Pensamiento de la Nación

Bibliografía

L. Martínez Gómez S.J., Bosquejo de Historia de la Filosofía española, Apéndice a la «Historia de la filosofía», de J. Hirschberger, Barcelona 1965; Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, B.A.C., tomo II, Madrid.

Bibliografía: Fernando Díaz-Plaja, Historia de España en sus documentos. El siglo XIX; A. Aparisi y Guijarro, En defensa de la libertad, Estudio y selección de Santiago Galindo Herrero; Juan Vázquez de Mella, Regionalismo y Monarquía, Estudio y selección de Santiago Galindo Herrero; J. de Encinas, La tradición española y la revolución; S. Galindo Herrero, Los partidos monárquicos bajo la segunda república, Madrid 1954; J. Torras y otros, La actitud tradicional en cataluña; Francisco Elías de Tejada, La monarquía tradicional, Madrid 1954; Rafael Gambra, La monarquía social y representativa en el pensamiento tradicional, Madrid 1954; Luis Sánchez Agesta, En torno al concepto de España, col. «O crece o muere», núm. 5, Madrid; F. Suárez Verdaguer, La crisis política del antiguo régimen en España; id., Donoso Cortés en el pensamiento europeo del siglo XIX, col. «O crece o muere», núm. 64, Madrid; edmund Schramm, Donoso Cortés, ejemplo del pensamiento de la tradición, col. «O crece o muere», núm. 28, Madrid; Víctor Pradera, El nuevo Estado, Burgos 1937; e. Gil Robles, Tratado de Derecho Político, Madrid 1961; Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, 6ª ed., Madrid 1952; Juan Beneyto, Historia de las doctrinas políticas, Madrid 1948; «Diccionario de Historia», Revista de Occidente.

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Tradicionalismo

Describe la enciclopedia Rialp, sobre tradicionalismo lo siguiente:Generalidades. El término tradicionalismo es derivado de tradición, cuya realidad reivindica o defiende. Tradición procede del latín trado, entregar; traditio, acción de entregar. Paradójicamente, esta etimología coincide con la de traiéión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En ambos casos se trata de la entrega de algo valioso y respetable que se posee o se ha recibido. Entrega en un caso a los hijos o discípulos para que lo guarden, acrecienten y transmitan a su vez (tradición); entrega, en otro caso, al enemigo para que destruya esa realidad o la profane (traición). La tradición es así la acumulación temporal de las experiencias del pensar y de la vida que se realiza a través de las generaciones hasta la formación de un común patrimonio espiritual, sea científico, cultural, religioso, etc.

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El cristianismo -como todas las religiones- ha sostenido el carácter venerable de las tradiciones, viendo en ellas, como recepción cordial y transmisión de una cultura patria, un aspecto de la virtud de la pietas y del mandamiento de honrar padre y madre. San Pablo decía: tenete traditiones, mantened las tradiciones; y la Iglesia católica ha sostenido siempre a la Tradición (véase esta voz en la plataforma digital) como fuente auxiliar (secundario, subordinado)
de la fe (véase esta voz en la plataforma digital), junto a la Revelación (v), como una decantación de la verdad sostenida por la acción providente e iluminadora del Espíritu Santo.

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Es vieja la sentencia “nihil innovatur nisi quod traditum est”, que coincide con la luminosa expresión de Eugenio d’Ors: lo que no es tradición es plagio. Y con la impugnación de Gustave Thibon a quienes niegan la tradición: se puede saltar en el vacío, pero no se puede saltar desde el vacío.

El tradicionalismo político

El tradicionalismo político nace, como escuela y como movimiento, por oposición a la Revolución (véase esta voz en la plataforma digital), especialmente a la Revolución francesa (véase esta voz en la plataforma digital), a su ideología y a sus realizaciones históricas. El racionalismo (véase esta voz en la plataforma digital) concebía a la sociedad civil en forma individualista y contractual -pactismos de Locke (véase esta voz en la plataforma digital) y Rousseau (ver CONTRATO SOCIAL)- La bondad natural del hombre y la voluntad general, origen de todo poder, se han visto siempre, según estas teorías, estorbadas o inhibidas por los prejuicios y los poderes del pasado, esto es, por «el irracional histórico». La nueva sociedad revolucionaria ha de conformarse a los solos principios de la razón y de la convención, o voluntad constituyente. El mismo espíritu hereda el marxismo: «del pasado abjuremos», dice La Internacional.

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Frente a esta actitud y a sus realizaciones surge el tradicionalismo político como reivindicación de la tradición, con diversos matices, a la que consideraba como sabiduría acumulada de los siglos y como fidelidad a una continuidad dotada de sentido. Un antecedente de la escuela tradicionalista en su oposición – a la mentalidad revolucionaria puede hallarse a raíz de la revolución inglesa en la polémica Filmer-Locke sobre el origen del poder y la obediencia política. Robert Filmer defiende, frente a la «voluntad general» de Hobbes (Y.) y el pactismo liberal de Locke (véase esta voz en la plataforma digital), el carácter natural y patriarcal del poder. Locke dedicaría a refutar la teoría del patriarca su Segundo tratado sobre el gobierno civil.

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Pero el proceso genético del tradicionalismo político se halla más bien en el último decenio del s. XVIII, en lo que se ha llamado primera reacción contra la Revolución, que es también la primera autoconciencia de lo que suele llamarse (quizá con excesiva simplificación) Antiguo Régimen, hasta entonces indiscutido en sus fundamentos políticos y espirituales. Probablemente ha de hallarse ésta en el irlandés Edinund Burke (véase esta voz en la plataforma digital).Entre las Líneas En sus Reflexiones (1793) expresa ya el horror que le produjo el ideologismo abstracto de la Revolución, idea que pervivirá en el pensamiento tradicionalista. La toma de la Bastilla en nombre de la Libertad,con mayúscula, le apareció como el asalto contra un poder multisecular, políticamente irreemplazable, y la sustitución de un régimen nacido de la historia y adaptado a las necesidades concretas de los grupos humanos por un apriorismo ideológico forzosamente débil e irreal. Como la irrupción, asimismo, de una nueva clase directora formada de teóricos y utopistas, exclusivamente ciudadana e intelectual (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Burke critica los Derechos del Hombre de la Revolución, en su consideración abstracta. Existen derechos concretos de hombres y grupos determinados, reconocidos por franquicias y libertades históricas; lo demás -dice- es literatura destructiva. Critica también el carácter impersonal y pseudogeométrico de las nuevas instituciones y del Derecho nuevo, origen de una mecanización de la vida política y destrucción de los vínculos humanos de lealtad y de respeto.

Pocos años más tarde el conde Maistre (véase esta voz en la plataforma digital) publicaba sus Consideraciones sobre Francia (1796) mostrando, no en espectador y «desde fuera» como Burke, sino «desde dentro» y por razones que estimaba necesarias, el inevitable fracaso de la Revolución en razón del mismo orden natural que conculcaba. El mismo acento convencido y, en cierto modo, místico, adopta la contrarrevolución en labios de Bonald (véase esta voz en la plataforma digital), la otra figura importante de la primera reacción monárquica en Francia.Entre las Líneas En su pensamiento, la razón individual no puede conducir a un saber auténtico y eficaz si no está fecundada por la palabra divina transmitida por la tradición, «sabiduría misteriosa de los siglos». Así, en la vida colectiva, la tradición forjó un régimen adaptado a la naturaleza del hombre. La Revolución, en cambio, queriendo fundarlo todo sobre la razón humana, ha laicizado la convivencia social y creado un artilugio político que ahogará la vida de los pueblos. La obra de la tradición, de la monarquía antigua, fue santificar el poder y vincularlo hereditariamente a una familia. La sociedad se penetraba así de impulsos morales, la caridad circulaba más fácilmente por ella y su espíritu interno la convertía en una gran familia.

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Después de Bonald, el pensamiento tradicionalista sufre una neta bifurcación por efecto del sistema positivista de Augusto Comte (véase esta voz en la plataforma digital), cuya influencia fue muy honda en su tiempo. La teoría de Comte es quizá la mejor sistematización de ideas que alimentaron a la Revolución francesa, pero también una de las más agudas críticas de ésta como sistema político. Su obra se anticipa al proceso dialéctico que conducirá más tarde desde la democracia liberal (V. LIBERALISMO) hasta el dirigismo totalitario (V. TOTALITARISMO). Su teoría de los tres «estadios» del progreso coincide con la creencia de la Ilustración (movimiento intelectual del siglo XVIII, que también recibe el nombre de Siglo de las Luces; véase sus características) (véase esta voz en la plataforma digital) en un constante triunfo de la razón sobre las nieblas de la superstición y de la ignorancia. La antigua sociedad orgánica y religiosa -«estadio teológico»- es sustituida por un periodo crítico en que las creencias se convierten en principios y teorías metafísicas de carácter más o menos vago. Este «periodo metafísico», que es de mera transición, se resuelve en el «periodo racional» y definitivo -el positivo- de la humanidad.Entre las Líneas En éste no habrá ya ni dogmas ni principios metafísicos -nada absoluto-, sino solo el reino de los hechos concretos y relativos cognoscibles solo por ciencia llamada positiva (v. POSITIVISMO). Para Comte, la época de la Revolución expresa precisamente ese estadio crítico, destructor de la edad orgánica y teológica, mero periodo de transición hacia lo que él piensa fase definitiva y real de la humanidad. Su régimen será efímero porque se basa en abstracciones críticas como el individuo y la voluntad general. La sociedad futura se adaptará científicamente al hombre, a la humanidad, que se componemás de familias que de individuos. Ese tránsito, la causa del progreso (véase esta voz en la plataforma digital), exige la supresión de la libertad individual de pensamiento, del parlamentarismo inorgánico, la crítica de profesión. (
Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es preciso establecer, sobre bases «positivas» o «científicas», una nueva jerarquía social, un poder superior e incluso una religión de la Humanidad o Gran Ser que restaure la disciplina de las almas. Por este camino llega el positivismo a sugerir un régimen semejante al monárquico medieval.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

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Esto abría las puertas a una nueva interpretación del régimen político tradicional que no será ya la de un De Maistre o un Bonald animada por una fe interna, ni tampoco la meramente crítica y amante de la continuidad como en Burke, sino la visión de ese orden histórico como el régimen científico o estrictamente natural, creado por la adaptación misma del hombre a su medio, ajustado a sus necesidades reales. Se trataría de considerarlo más como una formación natural y biológica que como una creación moral del espíritu humano. A partir de esta sugerencia comteana podrán distinguirse en el pensamiento tradicionalista dos corrientes, una de tendencia biologista y otra espiritualista.

La primera de ellas discurre en Francia por vías practicistas y organicistas desde Renan (véase esta voz en la plataforma digital) y Taine (véase esta voz en la plataforma digital), pasando por Maurice Barrés, hasta Charles Maurras (véase esta voz en la plataforma digital) y Paul Bourget, es decir, el movimiento de la Action FranCaise (véase esta voz en la plataforma digital). Taine aportó a esta corriente la vivencia de la libertad concreta de los hombres como algo profundamente amenazado por la ley del número y de las mayorías, por el centralismo inhumano del Estado bonapartista (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Barrés, por su parte, expresa con acento renovado el sentimiento de la patria como una realidad viva, casi carnal.Si, Pero: Pero la figura en que culmina ese tradicionalismo en parte biologista es Charles Maurras. La idea central de su pensamiento es la de que el sistema político científico coincide con el régimen monárquico tradicional (Encuesta sobre la Monarquía).

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Tradicionalismo

Describe la enciclopedia Rialp, sobre tradicionalismo lo siguiente:Volviendo al punto de bifurcación de ambas corrientes, el tradicionalismo que hemos llamado espiritualista y que recoge más la inspiración de Maistre y Bonald que la de Burke, nos ofrece en Francia figuras como Blanc-de-St (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bonnet y Federico Le Play (véase esta voz en la plataforma digital), el gran cantor del arraigo de las existencias a un medio como condición de la vida humana.Entre las Líneas En España hay que señalar un primer defensor del régimen tradicional como tal en Magín Ferrer (La Monarquía española), seguido de las dos grandes figuras Donoso Cortés (véase esta voz en la plataforma digital) y Jaime Balmes (véase esta voz en la plataforma digital). El primero propenderá a una fundamentación de la dictadura como terapéutica posrevolucionaria, y el segundo a temas sociales con una visión del tradicionalismo muy distinta de lo que sería su enfoque demócrata-cristiano.Entre las Líneas En la misma o parecida línea, y con distancia temporal, encontramos a Menéndez Pelayo (véase esta voz en la plataforma digital), gran defensor de la tradición nacional a través de la crítica histórica.Entre las Líneas En Austria se señala, dentro de esta trayectoria de pensamiento, la obra del barón de Vogelsang, gran batallador social católico que aporta al tradicionalismo lo más estimable de la corriente demócrata-cristiana en que peleaban Ketteler (véase esta voz en la plataforma digital), Manning, el conde de Mun (véase esta voz en la plataforma digital) y La Tour de Pin.

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Aspectos Adicionales

Fue en España la Revolución de 1868 (Y.) la que atrajo al campo del tradicionalismo carlista (V. Carlismo) a autores notables dentro de los llamados neocatólicos: Villoslada, Manterola, Gabino Tejado y, sobre todo, Aparisi Guijarro. De esta reviviscencia doctrinal y militar del tradicionalismo surgió la figura de Juan Vázquez de Mella (véase esta voz en la plataforma digital), gran orador y quizá el mejor sistematizador español del tradicionalismo político. Él supo ver la síntesis profunda de fe y de vida, de filosofía política y de historia, que constituye el orden tradicional, el sistema de la antigua monarquía española. Incorpora a su concepción el espíritu medieval, forja. la teoría de las dos soberanías (véase esta voz en la plataforma digital): social y política, la de la soberanía tradicional para la concreción del poder y la idea, por fin, de la tradición en su sentido dinámico y creador.

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Después de Mella, en el primer tercio del s. XX, el tradicionalismo español cuenta con figuras como Marcial Solana, historiador de la filosofía hispana; Víctor Pradera (El Estado nuevo), Hernando de Larramendi (Cristiandad, Tradición, Realeza), Minguijón (Al servicio de la Tradición) y Ramiro de Maeztu (v.; Defensa de la Hispanidad). Este último dirigió durante los años de la segunda República la revista Acción Española, juntamente con Vegas Latapié (Catolicismo y República), revista que puede considerarse como la génesis intelectual del Alzamiento Nacional de 1936 (V. Acción Española).

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En esta época pueden citarse, como más o menos relacionados con el tradicionalismo, en Gran Bretaña, a autores como Chesterton (véase esta voz en la plataforma digital) y H (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Belloc (véase esta voz en la plataforma digital), y en Alemania a Carl Sclunitt (véase esta voz en la plataforma digital), historiador crítico de Donoso Cortés.Entre las Líneas En España fue favorable al tradicionalismo carlista su intervención victoriosa en el Alzamiento de 1936-39; en Francia resultó en cambio perjudicial para el mismo el apoyo moral que durante la ocupación alemana dio el gobierno de Pétain (véase esta voz en la plataforma digital), así como su postura favorable a la resistencia en Argelia. Continúan, sin embargo, publicaciones de tradicionalismo político como Aspects de la France, y religioso como Itinéraires, y figuras como Madiran, Thibon o el filósofo belga Marcel de Corte. El pensamiento de Action Frariffise ha prolongado su influencia a través de Ploncard d’Assac en el salazarismo portugués.Entre las Líneas En los EE. UU. cabe citar los nombres de Kendall y Wilhelmssen, y en la América hispana los del P. Menvielle, Galvao de Sousa y el P. Oswaldo Lira.Entre las Líneas En España, por fin, cabe destacar actualmente dentro del pensamiento tradicionalista a tres profesores o tratadistas del Derecho: Francisco Elías de Tejada, luan Vallet de Goytisolo y Álvaro d’Ors.

Recursos

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Bibliografía

f. Magín Ferrer, las Leyes Fundamentales de la Monarquía Española, Barcelona 1845; Ch. Maurras, L’enquéte Sur la Monarchie, París 1903; j. Vázquez de Mella, Obras Completas, 28 Vol. Madrid 1935; Ferrer Melchor y Otros, Historia del Tradicionalismo Español, 11 Vol. Sevilla 19
45; v. Marrero, el Tradicionalismo Español del Siglo Xix, Madrid 1955- r Gambra, la Monarquía Social y Representativa en el P~nsam’iento Tradicional, 2 Ed. Madrid 1973; f. Egas de Tejada, la Monarquía Tradicional, Madrid 1954.

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