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Transición Política

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Transición Política

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Sistemas políticos Transicionales

Una transición es un intervalo entre dos regímenes. Muchos sistemas políticos entran en una transición porque su antiguo régimen, es decir, sus normas, procedimientos e instituciones, se ha vuelto insostenible, y permanecen en la transición porque ningún nuevo régimen logra consolidarse. A principios del siglo XXI los politólogos se interesaron especialmente por las diferentes pautas, formas y resultados de las transiciones de los regímenes totalitarios y autoritarios a los regímenes democráticos.

Puntualización

Sin embargo, las diversas transiciones no siempre dan lugar a regímenes democráticos. Muy a menudo una transición pasa de un tipo de régimen autoritario a otro tipo de autoritarismo. Cuando una transición se dirige hacia la inauguración de un régimen democrático, el proceso general se define como democratización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Puntualización

Sin embargo, debe quedar claro que no todas las democratizaciones dan lugar a la consolidación democrática, es decir, a regímenes que puedan considerarse a la vez democráticos y estables. Sólo deben considerarse consolidados los regímenes democráticos en los que las reglas de juego políticas e institucionales generales no se cuestionan, salvo por una pequeña minoría.

Detalles

Por último, las transiciones del autoritarismo terminan en regímenes democráticos consolidados exclusivamente cuando la democracia aparece a la mayoría de los actores políticos como “el único juego de la ciudad”. Entonces no será el marco democrático como tal el que se cuestione, sino la actuación de las autoridades democráticas.

Las olas de la democratización

La democracia no sólo es un concepto nacido en el pensamiento político occidental, sino que durante mucho tiempo ha sido una práctica occidental confinada a los sistemas políticos occidentales.Entre las Líneas En una amplia y convincente perspectiva histórico-comparativa, Samuel P. Huntington (1991) ha sostenido que el mundo de los sistemas políticos ha pasado por tres oleadas específicas de democratización y dos oleadas inversas. La primera ola larga de democratización (1828-1926) apareció a ambos lados del Atlántico y abarcó treinta y tres países. Fue fundamentalmente el producto de tres factores: 1) el reconocimiento de la disidencia religiosa y política; 2) la expansión gradual del sufragio y la organización de asociaciones; 3) la promoción y protección de los derechos civiles y políticos. La posibilidad de absorber todos estos cambios durante un período de tiempo bastante largo y un grado significativo de crecimiento socioeconómico la potenciaron. La primera ola inversa (1922-1942) redujo el número de democracias a once. Afectó a los regímenes democráticos que no habían logrado consolidarse y que habían permanecido frágiles e ilegítimos a los ojos de muchos actores políticos. Fue en gran medida consecuencia de los trastornos producidos por la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Revolución Bolchevique en Rusia (1917) y los movimientos fascista y nazi en Europa (a partir del decenio de 1930).Entre las Líneas En esos veinte turbulentos años entre dos guerras mundiales, todas las democracias se encontraron con muchas dificultades y tuvieron que luchar en un mundo muy peligroso en el que los regímenes autoritarios y totalitarios parecían expandirse y prosperar y pocas democracias, esencialmente las más antiguas, sobrevivieron.

La segunda ola de democratización (1943-1962) fue en su mayor parte consecuencia de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Se reinstalaron algunos regímenes democráticos, como en Italia, Austria, Alemania y varios países de América Latina; otros fueron creados recientemente, como en Japón. La segunda ola aumentó el número de regímenes democráticos a cincuenta y uno.

Puntualización

Sin embargo, en el segundo período de posguerra no sólo toda la zona de Europa central y oriental quedó bajo el control del comunismo soviético, sino que también se produjo una importante expansión comunista en Asia, con regímenes comunistas que asumieron el poder en China, Corea del Norte y, más tarde, en Vietnam. La segunda ola inversa se produjo entre 1958 y 1975 y afectó prácticamente a todos los regímenes democráticos de América Latina, con la excepción de Colombia y Venezuela, reduciendo el número de democracias supervivientes a veintinueve. La Guerra Fría y el miedo real o manipulado al comunismo desempeñaron un papel importante en la mayoría de los casos de intervención y gobierno militar. La tercera ola de democratización comenzó en el sur de Europa en 1974. Fue responsable, en primer lugar, del retorno de Portugal, Grecia y España a la democracia, y luego, tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, de la inauguración de regímenes democráticos en la mayoría de los países comunistas de Europa central y oriental. La tercera ola viajó mucho más allá de las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) occidentales; afectó a países tan distantes como Corea del Sur, la República de Sudáfrica y Taiwán y alcanzó el mayor número de regímenes democráticos registrado: sesenta y dos.

Según Huntington, cinco factores explicaron la tercera ola de democratización:

  • Los profundos problemas de legitimidad de los sistemas autoritarios.
  • El crecimiento socioeconómico mundial (o global) sin precedentes del decenio de 1960.
  • Los sorprendentes cambios en la doctrina y las actividades de la Iglesia Católica.
  • Cambios en las políticas de los agentes externos, a saber, el apoyo de la Comunidad Europea a los reformadores democráticos de Europa meridional y la retirada de Mijail Gorbachov (nacido en 1931) de los regímenes comunistas de Europa central y oriental.
  • El impacto de la disidencia pública y sus secuelas en la sociedad. A principios del siglo XXI era peligroso tratar de predecir si se estaba gestando una tercera ola inversa.Entre las Líneas En general, parece poco probable que se produzca una ola inversa general, aunque muchos países -entre ellos, por ejemplo, Nigeria- siguen entrando y saliendo de la democracia.[rtbs name=”democracia”] Sin embargo, uno también se pregunta si la expansión de la democracia puede haber alcanzado, al menos por el momento, sus límites exteriores.

Más concretamente, hay tres zonas geográficas en las que la democracia se enfrenta a dificultades extremadamente graves de penetración: el África subsahariana, el Oriente Medio y varias zonas de Asia, especialmente China. La mayor parte de África ni siquiera puede definirse como una región con regímenes que están al borde de la transición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). De hecho, una multitud de regímenes autoritarios más o menos anodinos domina todos los sistemas políticos africanos, con algunas excepciones. Esos sistemas políticos no tienen las condiciones socioeconómicas necesarias para crear las condiciones previas para una transición a la democracia.[rtbs name=”democracia”] Es decir, el nivel de educación no es lo suficientemente bueno ni difundido como para garantizar la existencia de ciudadanos políticamente informados y activos, y la falta de crecimiento económico impide el desarrollo de grupos sociales dispuestos a promover y sostener cualquier transición a la democracia.[rtbs name=”democracia”] Además, en demasiados casos las diversas comunidades políticas no están definidas con precisión y siguen siendo cuestionadas por una pluralidad de lealtades étnicas que no favorecen ninguna política de compromiso. Aunque inestables y a menudo represivos y depredadores, algunos gobernantes autoritarios africanos parecen constituir una solución temporal al problema del orden político. La única democracia, asediada, en el Oriente Medio es Israel. Todos los demás países de esa región son monarquías tradicionales, sultanatos, regímenes autoritarios o incluso, como en el Irán, teocracias. La mayoría de ellos comparten con el resto del mundo musulmán un papel muy importante, si no decisivo, atribuido al clero musulmán, los ulamas, las escuelas religiosas musulmanas, las madrazas, y su interpretación del Corán.

En algunos casos los actores no democráticos, un partido único, o una organización militar proporciona la única barrera contra el fundamentalismo religioso . Los regímenes que estos grupos crean y apoyan son casi inevitablemente autoritarios. A menos que se establezca una clara línea divisoria entre la esfera de la religión y la esfera de la política, la democratización del mundo musulmán seguirá siendo prácticamente imposible. La mayoría de las transiciones abrirán más oportunidades políticas para los fundamentalistas y no para los modernizadores, y menos aún para los reformistas democráticos. La versión asiática del comunismo es el único obstáculo político no religioso para la democratización de varios países de ese continente. Algunos creen que el crecimiento socioeconómico llevará inevitablemente a los países asiáticos, más concretamente a China, a una transición hacia regímenes democráticos. Una vez que la población asiática haya obtenido un nivel de educación decente, haya adquirido un ingreso per cápita significativo, se haya trasladado a las zonas urbanas y haya estado expuesta a las comunicaciones de masas, habrá que dar cabida a las presiones en favor de la democratización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Puntualización

Sin embargo, aunque sea próspero y con una población altamente educada, Singapur sigue siendo un ejemplo de una situación autoritaria estable.

También hay quienes creen que el proceso democrático es esencialmente el producto de un acuerdo y un compromiso entre las elites que han aprendido el costo (o coste, como se emplea mayoritariamente en España) de la confrontación, tanto para ellas como para el sistema político en general. Esto significa que, incluso en un país que ha experimentado con éxito un desarrollo socioeconómico, si las élites se mantienen cohesionadas y no democráticas, no se producirá ninguna transición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Hasta ahora, este parece ser el caso en la China comunista.Entre las Líneas En el lado opuesto del espectro cohesivo, aunque electoralmente competitivas, las élites pueden lograr mantener un marco y unas instituciones democráticas contra todos los obstáculos socioeconómicos, como en la India contemporánea. La esencia de la controversia sobre los orígenes y la supervivencia de los regímenes democráticos puede simplificarse afirmando que el desarrollo económico hace posible la democracia; pero que el liderazgo (véase también carisma) político la hace real. Otros han ofrecido una perspectiva diferente, según la cual la democracia puede surgir en cualquier etapa, pero las democracias “pobres” mueren con mayor frecuencia.

Pautas de transición y consolidación

La plena comprensión de los procesos de transición debe basarse en el conocimiento del régimen cuestionado por los liberalizadores. Las monarquías tradicionales están destinadas a perder el poder político si y cuando sus intentos de modernización se resisten dentro del círculo real y no son considerados de suficiente alcance por los sectores movilizados de la sociedad que favorecen la modernización . De hecho, las monarquías tradicionales no parecen capaces de sobrevivir a una transición política y democrática, y mucho menos de dirigirla. Los regímenes totalitarios, especialmente los que se basan en el dominio absoluto y el poder total de un solo partido, están abocados al colapso si pierden la capacidad de controlar su sociedad y de gestionar su sistema económico. El colapso de un régimen totalitario abre el camino a una compleja transición caracterizada por el desorden político porque no existe ninguna otra organización capaz de obtener legitimidad y adquirir y ejercer legítimamente el poder político. Los regímenes autoritarios parecen estar en mejor situación al entrar en una transición porque, por definición, han conservado y se han caracterizado, como ha dicho Juan Linz, por un pluralismo limitado. El resurgimiento del pluralismo, transformado en la variedad competitiva y responsable, permite transiciones a la democracia que han sido, como en los muy diferentes casos de España (1975-1982) y Polonia (1988-1990), más fáciles y conducentes a resultados democráticos viables.

Parece que la variable decisiva en todos los casos de transiciones exitosas es la existencia de una pluralidad de grupos sociales, económicos y políticos que compiten en una sociedad sustancialmente homogénea. Las fuertes y fragmentadas identidades étnicas, comunitarias y religiosas constituyen el obstáculo más importante no tanto para la transición en sí como para la propia consolidación del régimen sucesor. De hecho, tanto en Occidente como en todos los demás continentes, los conflictos basados en las afiliaciones étnicas, comunitarias y religiosas a menudo han demostrado ser intratables.

Una Conclusión

Por lo tanto, suelen desembocar en guerras sangrientas y en la creación de comunidades más pequeñas y homogéneas, pero también algo conformistas y represivas. Cuando esos conflictos no pueden resolverse mediante acuerdos interelectoriales o consociados o mediante escisiones y secesiones, el sistema político no logrará consolidarse y permanecerá en un estado de transición atormentada.

Las transiciones repetidas pueden, de hecho, caracterizar varios sistemas políticos en los que no se materializan las condiciones para la democratización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Un régimen puede experimentar una transición para alejarse del autoritarismo pero al mismo tiempo ser incapaz de institucionalizar un resultado democrático, para luego encontrarse en una situación autoritaria renovada. La transición puede tener lugar desde una insípida dictadura civil autoritaria a un régimen militar o desde un sultanato a un régimen de partido único o un arreglo teocrático. La mayoría de los sistemas políticos no democráticos suelen ser incapaces de mantener su antigua y autoritaria configuración y se ven obligados, al menos temporalmente, a pasar a una situación democrática.

Puntualización

Sin embargo, en ausencia de un estado de derecho y de un número suficiente de defensores comprometidos con la democracia, la nueva situación potencialmente democrática también se vuelve insostenible. Caracterizada por el desorden político y la represión aleatoria, las transiciones hacia y desde la democracia se suceden con frecuencia, si no periódicamente. La globalización ha creado un entorno mundial (o global) en el que la información sobre las condiciones de la mayoría de los sistemas políticos está ampliamente disponible.

Existen interpretaciones diferentes y contrapuestas de la alternancia entre los regímenes autoritarios y los experimentos democráticos. Si bien es cierto que los autoritarios se vuelven más hábiles en sus intentos de derrocar los frágiles regímenes democráticos y endurecer su régimen, también es cierto que la democracia puede aprenderse mediante la experimentación y la adaptación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Informaciones

Los demócratas aprenderán de sus errores pasados y llegarán a compromisos constructivos. La población en general comenzará a apreciar los beneficios de un entorno democrático. La lección comparativa parece ser que para llegar a ser y permanecer democráticos, todos los sistemas políticos en transición deben encontrar los recursos necesarios dentro de sí mismos.

Evaluación provisional

Después de dos siglos de desarrollo democrático, no sólo hay más no democráticos que regímenes democráticos, sino también muchos más individuos que viven en países no democráticos que democráticos, aunque esta situación se debe en gran medida al extraordinario tamaño de la población de la República no democrática de China. Lo que es difícil de predecir a principios del siglo XXI no es la próxima oleada inversa, sino si a corto plazo (véase más en esta plataforma general) habrá otra oleada de transiciones a la democracia en varios otros sistemas políticos. Por un lado, la mayoría de las democracias existentes parecen estar suficientemente consolidadas como para no temer la aparición de una tercera ola inversa; por otro lado, la expansión de la democracia parece haber alcanzado un límite superior. Las nuevas democracias pueden hacer su aparición de forma aleatoria siempre y cuando las condiciones socioeconómicas y la capacidad de los dirigentes políticos se refuercen mutuamente. De ahí que la mayoría de los estudiosos se hayan interesado más por la calidad de las democracias existentes que por la transición a nuevas democracias. Por ejemplo, se ha establecido una importante distinción entre las democracias “electorales” y las democracias “liberales”.

Las elecciones constituyen un paso indispensable en la transición a un régimen democrático. Deben ser libres, justas, competitivas, periódicas y consecuentes; es decir, deben producir consecuencias políticas como la posibilidad de derrotar a los titulares .

Puntualización

Sin embargo, hay una clara distinción entre los sistemas políticos en

que se celebran elecciones pero las campañas electorales no son libres y los resultados electorales son manipulados y los regímenes en los que se aplica plenamente el estado de derecho. Estos últimos regímenes deben llamarse democracias liberales.Entre las Líneas En términos más precisos, las democracias liberales requieren, conceden y protegen:

  • La libertad de creencia, expresión, organización, protesta y otras libertades civiles.
  • Trato igualitario de todos los ciudadanos ante la ley y el debido proceso.
  • La independencia política y la neutralidad del poder judicial.
  • Una sociedad civil abierta y pluralista, que incluya medios de comunicación libres.
  • El control civil sobre los militares

En demasiados países los gobernantes e instituciones de gobierno siguen sin poder o sin querer proteger y promover los derechos de sus ciudadanos, para mantener el estado de derecho y acatarlo.Entre las Líneas En esas situaciones, las elecciones libres y competitivas son intrínsecamente imposibles, y esos países siempre serán susceptibles de volver a cruzar la frontera hacia un gobierno no democrático. El éxito de la transición a los regímenes democráticos debe apoyarse mediante la promoción y protección de los derechos individuales. Mucho más que en contextos electorales a menudo prematuros, esos derechos constituyen la base sólida sobre la que se puede iniciar una transición y construir un régimen democrático duradero.

Datos verificados por: Chris

Transición Política: Introducción al Concepto Jurídico

De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:

En términos generales, es todo período de cambio entre dos situaciones políticas estables.Entre las Líneas En un enfoque más específico, las transiciones políticas que han sido objeto de frecuentes estudios politológicos son: la transición al autoritarismo y la transición a la democracia.[rtbs name=”democracia”] La transición al autoritarismo en general se produce como fase de reacción en procesos de democratización de tipo dialéctico, tardío o formas combinadas (ver “proceso de democratización”). El análisis de casos muestra dos situaciones paradigmáticas: – Sociedades tradicionales, atrasadas respecto de su contexto continental, en las que tomó la forma de un rechazo al incipiente proceso de modernización, vivenciado como alienante de la propia esencia tradicional, y sirvió a la vez como resguardo de antiguos privilegios. Por ejemplo, España y Portugal. – Sociedades más avanzadas en la vía capitalista de la modernización y sometidas a intensas frustraciones históricas (derrotas militares, pérdida de prestigio) y a la falta de canales (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “canals” en el contexto anglosajón, en inglés) adecuados de participación política de las masas. Por ejemplo, Alemania e Italia.

Tipos de Transición Política

En esos países, probables revoluciones marxistas fueron bloqueadas por la aparición de regímenes autoritarios corporativos mesiánicos, que en definitiva preservaron intereses dominantes y terminaron en una orgía de sangre y violencia. La transición a la democracia se produce, dentro de los mismos tipos de procesos de democratización ya indicados, por diversos motivos, que se analizan a continuación y que sirven para formular una tipología de estas transiciones. Generalmente suele usarse la expresión transición a la democracia para mencionar el período que va desde las postrimerías de la vigencia del régimen autoritario a la vigencia del régimen democrático; y la expresión transición democrática para el período de consolidación posterior a la vigencia de la democracia.[rtbs name=”democracia”] Según Share y Mainwaring hay tres tipos de transición a la democracia: – La transición por colapso, causada por una derrota militar externa, o por una profunda crisis interna, que desacredita totalmente al régimen autoritario y que generalmente produce importantes cambios estructurales y una ruptura de las normas de la autoridad política. [rtbs name=”autoridad-politica”] La salida democrática es impuesta por el vencedor o responde a una tradición política anterior al período autoritario.

Colapso tras la Transición Política

Generalmente, las autoridades salientes no tienen, en ese momento, ninguna capacidad de negociación y son juzgadas y condenadas por su actuación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es el caso de Alemania e Italia en 1945, de Grecia y Portugal en 1974 y de Argentina en 1982-1983. La experiencia histórica muestra que ese “colapso” puede no ser definitivo, y que la élite autoritaria puede recuperar capacidad participativa, aunque generalmente en un nivel sistémico inferior al anterior. Los motivos de esa recuperación son variados: cambios manipulados en el recuerdo público del pasado, que hace factible intentar su relanzamiento político; frustración de las expectativas generadas por la democracia en su fase agonal; necesidad social de reincorporar al juego social normal a los sectores de la élite autoritaria lesionados por el colapso. – La transición por autoexclusión, en la cual la élite autoritaria intenta inicialmente poner límites y controlar el proceso de transición, pero su alta erosión se lo impide y no puede obtener resultados favorables para su salida negociada en la medida deseada, aunque generalmente se plantean cuestionadas medidas de amnistía, que de todos modos aseguran su autoexclusión.

Es el caso de Perú (1980), de Bolivia (1979-1980) y de Uruguay (1982-1983). – La transición por transacción, que implica una considerable continuidad de las estructuras, de las élites y de las prácticas políticas. La transición es controlada, efectuada por decisión de la élite autoritaria, quien no solo no es sancionada ni amnistiada sino que conserva (al menos por un tiempo más) participación en el poder en la nueva situación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es el caso de España y de Brasil. Las transiciones por colapso o por autoexclusión se realizan por necesidad. Las transiciones por transacción se realizan por decisión de la élite autoritaria. Sus motivos pueden ser: verse a sí misma como un interregno restaurador (creer su propia retórica democrática); el desgaste del régimen que aumenta los costo (o coste, como se emplea mayoritariamente en España) de su mantenimiento y disminuye los de la transición; erosión de la cohesión interna de la élite; desaparición de su legitimación o justificación, tanto si ha cumplido sus objetivos como si no ha podido cumplirlos.

Transición Política en el Derecho Legislativo y Político

Examen de la materia ofrecido por el Diccionario universal de términos parlamentarios, de la Secretaría de Servicios Parlamentarios de la Cámara de Diputados de México:

Origen de la Expresión

Transición posee la misma raíz de transformar, en latín transformare: hacer cambiar de forma o de naturaleza algo (trans-hecho de que se haya completado un cambio, + ikos pertenencia, de. Relativo a cuestiones de gobierno o del Estado. Alemán, übergang, transitió, staatsman; francés, transition politique; inglés, politician transition; italiano, transizione politique, portugués, transiçao politica.

Desarrollo de Transición Política en este Contexto

La transición política alude a los procesos mediante los cuales las sociedades pasan de un tipo de régimen a otro; o de una etapa, a otra considerada más avanzada. La transición, como concepto teórico, se vincula con otras categorías analíticas como cambio político, modernización política, desarrollo político y reforma política. Pese a que el concepto de transición se refiere a movimientos políticos de la sociedad, su contenido y uso más frecuentes tienen que ver con procesos evolutivos y progresivos de carácter pacífico, normalmente pactados entre los grupos políticos que se disputan el poder del Estado. Cabría preguntarse, si el cambio provocado por una revolución en el significado clásico del término, puede ser considerado como una transición en el sentido del lenguaje contemporáneo. Es difícil que se llegue a esta convención, sobre todo porque en los tiempos que corren ya no son frecuentes ni posibles las revoluciones que conoció la humanidad durante el siglo XIX y parte considerable del XX. A este respecto los teóricos más autorizados, como lo son Przeworski y Rustow coinciden en que “las transiciones son exclusivamente el resultado contingente de conflictos sociales que no pueden más que solucionarse de manera pacífica, sin la eliminación del contrario, y con apelación a los métodos democráticos” (CÁRDENAS GRACIA, 1993). La transición política, tal como lo discute la sociedad contemporánea, consiste en la transformación de los regímenes o de los sistemas políticos autoritarios o tradicionales en formas políticas modernas y democráticas. El tránsito de un tipo al otro, al reconocerse como transición democrática, supone una doble instrumentación: En primer lugar, la transición democrática implica la adopción de métodos democráticos para llegar a la democracia, por lo que, en segundo término, es una transición a la democracia, es decir, un recorrido hacia el establecimiento de instituciones democráticas: Régimen representativo, división de poderes, libertades civiles y políticas, partidos, elecciones, Constitución, autonomías regionales (federalismo, municipalismo) pluralismo parlamentario, etc. Desde esta perspectiva, la transición política ha de pasar por un proceso constituyente, a fin de crear un nuevo régimen aún cuando no se construya un régimen inédito.

Democracia

Un aspecto interesante del uso del concepto transición democrática, es resolver si ésta se da cuando el tránsito ocurre a partir no de un régimen autoritario o no democrático, sino de un sistema formalmente democrático, cuyas estructuras se resisten a la plena democratización, o por incapaces e ineficaces para generar la democracia.[rtbs name=”democracia”] Se trata de un planteamiento por demás interesante, pues la oposición a adoptar el concepto cuando se dan las condiciones apuntadas, obedece a cuestiones ideológicas que forman parte del mismo proceso de transición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es decir, sin ser un cuestionamiento de orden teórico, es una afirmación ideológica que forma parte de la lucha por el poder, subyacente en los elementos que integran la transición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Desde esta perspectiva, la transición política y/o democrática no es un paréntesis en la rueda de la historia de las sociedades, sino parte de la dinámica y de la dialéctica de las contradicciones de éstas. Es en estos términos como se desarrolla la definición de transición de O’Donnell y Schmitter, para quienes consiste en…el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro. Las transiciones están delimitadas, de un lado, por el inicio del proceso de disolución del régimen autoritario, y del otro por el establecimiento de alguna forma de democracia, el retorno de algún tipo de régimen autoritario o el surgimiento de alguna alternativa revolucionaria. Lo característico de la transición es que en su transcurso las reglas del juego político no están definidas. No se hallan en flujo permanentemente sino que, además, por lo general son objeto de contienda; los actores luchan no solo por satisfacer sus intereses inmediatos y los de aquellos que dicen representar, sino también por definir las reglas y procedimientos cuya configuración determinará probablemente quiénes serán en el futuro los perdedores y los ganadores. (CÁRDENAS GRACIA, op. cit.) La transición política, como proceso deliberado, tiene un periodo de gestación histórico, durante el cual se van produciendo los factores condicionantes del cambio. Así ocurrió en la España posterior a la muerte de Franco. Aunque este hecho singular desencadenó y apresuró el cambio de la dictadura a la democracia, no puede atribuirse solo a la muerte del caudillo el desenlace político ocurrido.

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Liberalización

Es indudable que la sociedad española había preparado a lo largo de varios lustros los factores que finalmente favorecerían el enraizamiento de una democracia moderna, de manera por demás veloz. Ninguna transición política carece de pasado, ni está exenta de un previo cultivo sociohistórico, así parezca que su surgimiento es súbito y sorpresivo, como el ocurrido en la Unión Soviética y en el resto de los países del este de Europa. El periodo de preparación, que puede en apariencia ser considerado como simultáneo a la transición, es lo que O’Donnell y Schmitter (1988) denominan la “liberalización”, (paso previo a la democratización) la cual inicia según Cárdenas Gracia (1993), en razón de:

  • El régimen autoritario fue cumplido con las necesidades funcionales que dieron origen;
  • Pérdida de legitimidad del régimen;
  • Conflictos internos que no logran conciliarse dentro de la coalición gobernante; y
  • Por presiones externas que obligan al régimen a revertirse de una apariencia democrática.

El propio Cárdenas Gracia considera que la adopción del régimen liberal democrático puede obedecer a la creencia de los líderes gubernamentales de que éste es más apropiado dadas las circunstancias de crisis que se vive, o al colapso de los modelos socioeconómicos que le dan sustento al régimen político, lo cual hace pensar a los gobernantes no democráticos que con la liberalización “tienen poco que perder”, o bien, “se llega a creer que la liberalización repercutirá en su propio beneficio porque al hacerlo ganarán legitimidad”. Otro aspecto sobresaliente del tema, es reconocer que la transición no siempre ocurre del autoritarismo a la democracia sino que en periodos críticos de la misma segunda parte del siglo XX ha tenido lugar lo que Linz llama “la quiebra, bancarrota, o insolvencia, en derecho (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “insolvency” o su significado como “bankruptcy”, en inglés) de las democracias”, o sea, el fracaso del modelo democrático en el que los estados de excepción, Alemania e Italia, son puntos de arranque para análisis muy fructíferos, a los cuales puede agregarse, entre otros, el colapso en 1973 de la democracia chilena.

Puntualización

Sin embargo, el fenómeno más recurrente de transición política es aquel considerado por Huntington la Tercera Ola de la Democracia; la ola que inundó al mundo entre 1974 y los finales de la década de los ochenta, y condujo a la democratización de unos 30 países” (GIUSEPPE DI PALMA, Las transiciones a la democracia, 1993).

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Teoría

Dentro de la teoría de la transición, a partir de las explicaciones de Rustow, quien inaugura el concepto y el enunciado, se precisa este fenómeno como un proceso “racional” de “actores políticos”, es decir, como un hecho social de interés y juegos en la disputa de liderazgos. Cárdenas Gracia (1993) concluye de la obra de Rustow que la democracia es el resultado “de los actores políticos que desean resolver los conflictos de la sociedad instrumentando mecanismos, procedimientos y reglas pacíficas y aceptables para todos, de solución de conflictos”; y agrega que:.. en las transiciones no se negocia la totalidad del sistema político, se negocian normas e instituciones jurídicas: normas electorales, tipo de régimen (parlamentario, presidencial o semipresidencial), el tipo de Estado (unitario o federal), controlar al Poder Ejecutivo, derechos de las minorías políticas, etcétera. Cabría preguntarse, en este sentido, si todo esto puede tener lugar no como efecto “racional” de negociaciones, sino a consecuencia de resultados electorales, o sea, de la alternancia, en la medida en que ésta signifique echar del poder a un grupo o partido dominante que ha ejercido el dominio y dirección política del Estado durante un periodo prolongado y no únicamente la llegada al gobierno de un partido diferente al mayoritario hasta entonces.

No cabe duda que apelar tanto en la praxis como en la reflexión a la transición política o a la transición democrática, es manifestar un voto de confianza en el uso de la razón como instrumento de arreglo en la lucha por el poder y más aún en el diálogo y la negociación como mecanismo de creación de regímenes políticos, sobre todo si entendemos a la teoría política que privilegia como factores causales del origen coyuntural de los regímenes políticos a la revolución, el golpe de Estado, la restauración y la revisión integral de la Constitución, mediante los cuales pueden implantarse “en un país dado modos de gobierno ya probados o regímenes políticos inéditos” (QUERMONNE, 1986), criterio que se asemeja a las ideas de Linz acerca de que en las transiciones hay que distinguir entre los procesos de redemocratización y los procesos de aquellos países en donde por primera vez puede aparecer la democracia.

Transformismo

La transición debe diferenciarse de otros procesos políticos de transformación que han tenido lugar en fechas históricamente determinadas y en las cuales se les reconoce con su propio término o vocablo. Este es el caso del transformismo, acaecido en la Italia de fines del siglo XIX y que fue denominado “la revolución parlamentaria”, consistente en la sustitución de la derecha histórica que había gobernado ininterrumpidamente desde la unificación italiana, por la izquierda en la dirección del Estado. Esta sustitución enaltecida en un memorable discurso de 1876 pronunciado por Agustino Depretis, aludía a la “unificación de las partes liberales de la Cámara quienes debían asumir la responsabilidad de “ofrecer respuestas más adecuadas y eficaces” a los viejos problemas no solucionados por la derecha. El transformismo de Depretis se reducirá a proponer desde el parlamento un “gobierno de unidad nacional” caracterizado por el centrismo y la negociación inescrupulosa. La connotación negativa del transformismo se deriva de que la “fecunda transformación” evocada por Depretis y sus seguidores se redujo a “un nuevo tipo de práctica parlamentaria consistente en una continua negociación de votos entre la mayoría y la oposición, en la corrupción elevada a recurso político fundamental y determinante, en algo totalmente distinto de la rara transición de hombres políticos de un sector a otro del parlamento, de un partido a otro”. (ALFIO MASTROPAOLO, Diccionario de política, 1982, pp. 1638-1640).

Es importante la advertencia de no confundir transición con transformismo, pues en éste, como afirma Mastropaolo, “se individualizará el síntoma de un estado patológico de todo el sistema parlamentario, la causa de una ineficiencia como centro neurálgico del sistema político, de su incapacidad para dar vida a alineamientos definidos y compactos, mayorías estables, oposiciones responsables” en América Latina la transición democrática es un fenómeno recurrente en la mayoría de los países de la región durante la década de los ochenta. Su manifestación más destacada ocurrió en el campo electoral y en el de la formación de asociaciones y partidos políticos, pero todo ello tiene lugar en medio de agudas crisis económicas que acusan la debilidad de las instituciones democráticas y lo difícil de su consolidación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esta contradicción paradójica la advierte muy bien Dieter Nohlen, para quien…dentro de esos problemas actuales de la consolidación democrática, aparecen contornos sin precedente en la política latinoamericana.[rtbs name=”historia-latinoamericana”] [rtbs name=”latinoamerica”] Por una parte la crisis socioeconómica es de una profundidad incalculable, debido a la agudización de las carencias financieras, de las dificultades para modernizar la estructura productiva y de los niveles de pobreza y marginalidad social. Por otra parte, paradójicamente, se vive en un renacer del espíritu democrático y de valoración de las instituciones representativas…Entre las Líneas En este medio de esta mezcla entre crudos problemas socioeconómicos y esperanzas democráticas, subsisten, además, amenazas internas a la estabilidad política, especialmente de parte de los militares, pero también de grupos insurgentes o terroristas de distinto signo (Transición democrática en América Latina: reflexiones sobre el debate actual, 1990).

Otro rasgo recurrente de las mutaciones políticas latinoamericanas es su incidencia sobre la reforma del sistema presidencial y su sustitución por un régimen de tipo parlamentario, sobre lo cual Sartori (1994) expresa una opinión adversa.Entre las Líneas En efecto, éste reconoce que el presidencialismo en Latinoamérica, es un modelo que funciona inadecuadamente, porque se fundamentan en sistemas partidistas equivocados y porque los presidentes tienen “todo el poder, como lo afirma Minwaring, para iniciar las acciones políticas, pero les ha sido muy difícil sostener apoyo para ejecutarlos” Sin embargo, Sartori no considera que el parlamentarismo es el remedio al presidencialismo ineficaz, pues el régimen parlamentario requiere de partidos largamente socializados, cohesivos y disciplinados, pues “con partidos indisciplinados, los sistemas parlamentarios se convierten en sistemas de asambleas no funcionales”. Aunque este autor reconoce que Chile, Argentina y Venezuela podrían permitirse un cambio al parlamentarismo, considera que finalmente fracasarán en el intento.

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Entonces dice lo que importa es saber si, en caso de que los países latinoamericanos adoptaran sistemas parlamentarios, el funcionamiento de éstos será mejor que el de las asambleas de gran parte de la Europa continental hasta las décadas de 1920 y 1930. Lo dudo mucho -enfatiza- porque claramente sabemos que la América Latina no tiene partidos adecuados al parlamentarismo y está lejos de tenerlos (pp. 107-115).

Cualquiera sea el instrumento operativo, lo cierto es que en América Latina existe una probada vocación para la democracia, pues como dice García Laguardia, (Prólogo, 1988) “la actividad democrática es de sentido común”, si bien es necesario que concurran diversos factores favorables para implantarla en nuestros países, tal como ocurrió en el caso español, experiencia que se ofrece como paradigma. Afirma García Laguardia:

“En el tránsito de regímenes autoritarios a sistemas democráticos, no basta que se produzcan elecciones limpias y libres que legitimen las nuevas fuerzas e instituciones. El funcionamiento formal de los nuevos regímenes debe corresponder a una transformación de los votos depositados en las urnas, en poder real, lo cual necesita de concertación que genere consenso, apoyo popular, fuerza de decisión que estructura la estabilidad, la cual es otro presupuesto de la transición.”

Transición Política y Sistemas Parlamentarios

Véase la información sobre los Sistemas Parlamentarios en el Mundo: Diferencias y Analogías.

Transición Política en el Derecho Parlamentario

En esta sección se ofrece un examen y referencias cruzadas de transición política en el ámbito del derecho comparado e internacional, en este contexto.

Nota: Un análisis sobre este tema, referido a México, está contenido en la plataforma digital mexicana.
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Recursos

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Véase También

Bibliografía

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  • Cambio XXI, Fundación Mexicana, Las transiciones a la democracia, Presentación de José Francisco Ruiz Massieu, Miguel. Editorial Porrúa, México, 1993, que contiene trabajos de Giuseppe di Palma, Jaime F. Cárdenas Gracia, Francisco José Paoli.
  • Bolio, Diane E. Davis, José Woldenberg, Carlos Castillo Peraza, Jaime Sánchez Susarrey y Carlos Sirvent.
  • LINZ, J.J., La quiebra, bancarrota, o insolvencia, en derecho (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “insolvency” o su significado como “bankruptcy”, en inglés) de las democracias, Alianza Universidad, Madrid, 1987.
  • MéNDEZ SILVA, Ricardo (comp.), Tendencias del cambio democrático, UNAM, 1994; incluye ensayos de Mario Melgar, Adalid, Ricardo Méndez Silva, Luis Díaz Müller, Pierre le Long, Jorge Turner, Jaime Cárdenas, Carlos Fazio y Manuel Becerra Ramírez.
  • O’DONNELL, Guillermo, C. Schmitter y Laurence Whitehead, Transiciones desde un gobierno autoritario, Paidós, Buenos Aires, 1988.
  • PICADO SOTELA, Sonia, Dieter Nohlen et al., Transición democrática en América Latina: La transición política, IIDH-Capel, San José, Costa Rica, 1990.
  • QUERMONNE, Jean-Louis, Les regímenes politiques occidentaux, Du Seuil, 1986.
  • SARTORI, Giovanni, Ingeniería constitucional comparada, Fondo de Cultura Económica,
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1 comentario en «Transición Política»

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