Conservación de la Naturaleza
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Conservación de la Naturaleza
Describe la enciclopedia Rialp, sobre conservación de la naturaleza lo siguiente:Conservación de la Naturaleza es una expresión con la que se han querido significar, a lo largo de los últimos 150 años, protecciones o acciones de distinto alcance en el ámbito de las relaciones entre el hombre y la N.; su contenido se va concretando a la vez que aumenta su esfera de aplicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La Conservación de la Naturaleza fue inicialmente poco más que una actitudnacida de la observación de los efectos que habían producido las prácticas agrícolas y pastoriles y, sobre todo, de los que comenzaba a producir el desarrollo industrial; tal actitud se circunscribía principalmente a la protección de la fauna y de la flora. Hoy, la Conservación de la Naturaleza se extiende, además, al conjunto de los recursos naturales, incluyendo aguas, suelo, subsuelo y atmósfera, y es un concepto operativo con derivaciones en los órdenes económico, científico y cultural, estrechamente ligado a la buena conformación del hábitat humano; su contenido no es ya de simple protección, sino de reconstrucción y de planificación (véase más en esta plataforma general) del uso óptimo, de defensa y ordenación de la biosfera (véase esta voz en la plataforma digital).
Historia
Como cualquier ser vivo, el hombre forma parte de un ambiente en el que se integra y sobre el que actúa; su acción sobre la N. comenzó, en este sentido, con su aparición sobre la Tierra.Entre las Líneas En sus actividades como pescador y cazador, como pastor y como agricultor, citadas por orden de antigüedad de ejercicio, su impacto sobre el medio va creciendo; aunque no cuenta con más instrumento de acción violenta que el fuego, lo aplica con frecuencia a los bosques para cazar más fácilmente y para obtener pastos y tierras de cultivo, como todavía puede verse hoy en pueblos poco evolucionados y en las situaciones conflictivas entre ganaderos y forestales. Fuera del caso del fuego, la acción sobre los recursos naturales es, en apariencia, poco consistente, al estar muy localizada y ser poco profunda; no obstante, adquiere importancia en la realidad por su continuidad en el tiempo y en el espacio. Un ejemplo claro es la degradación de la cuenca del Mediterráneo, asiento de las culturas más desarrolladas, que no puede atribuirse únicamente, ni siquiera principalmente, a las condiciones climatológicas, ya que la intervención humana ha sido factor decisivo.
Detalles
Los aspectos más visibles son la considerable disminución de la cubierta forestal, debida a una explotación excesiva -de algunos pasajes del Antiguo Testamento puede sacarse idea de las talas a que fueron sometidos los famosos cedros del Líbano- y también a una consideración general del bosque como espacio hostil, y la desaparición de algunos animales como el uro, buey salvaje abundantísimo en la Europa Central en la época diluvial, que se extinguió en 1627, así como la situación próxima a la extinción de muchos otros: osos, águilas, etc. Estos hechos, aunque de importancia evidente, pasan a ser de valor relativo al llegar el s. xix, momento en que la explotación desordenada de los recursos naturales se hace intensiva y corre paralelamente al rápido desarrollo de la civilización industrial; el hombre cuenta ya con instrumentos «eficaces» de acción sobre la N., frutos del progreso tecnológico, e incide fuertemente sobre el medio a través de los fenómenos de la urbanización y de la industrialización.
Problemas actuales
La urbanización
En menos de dos siglos el hombre cambia radicalmente su modus vivendi, los hábitats rurales se despueblan, mientras crecen los urbanos en superficie y población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). A principios del s. XIX solamente un 2% de la humanidad vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes; en la segunda mitad del XX, la población urbana supera a la rural en los países más adelantados y tiende a alcanzar el 75 u 80% del total. Junto a este crecimiento porcentual, hay que considerar el crecimiento absoluto, la explosión demográfica, que trae consigo un aumento en superficie de los suelos urbanizados y un espectacular crecimiento de las grandes ciudades, que pasan de metrópolis a megalópolis y anuncian de alguna manera la llamada ecumenópolis. La repercusión de la explosión demográfica sobre los recursos naturales se enfoca, en ocasiones, en un tono patético que suele ir acompañado de una visión apriorística, parcial y poco rigurosa científicamente, patrocinando la tesis del control de la natalidad si no se quiere acabar con nuestros medios de subsistencia. Abundan, por el contrario, las opiniones y los estudios científicos que, sin dejarse llevar por una hipotética solución cómoda y sin recurrir tampoco a la argumentación moral, mantienen que los recursos naturales pueden sostener, aun cón los medios actuales de explotación, una población muchísimo mayor que la existente, y que el progreso y el bienestar son función directa del número de hombres.
La industrialización
El desarrollo de la industria, efectuado muchas veces sin más consideración que el provecho’ inmediato, ha dado lugar a una importante y continua fuente de contaminación del ambiente. El empleo de combustibles fósiles introduce en la atmósfera productos gaseosos -óxidos de carbono y de azufre, con muchos más- y sólidos en suspensión; el vertido de residuos industriales en ríos y mares crea serios problems a la flora y fauna acuáticas; los desechos orgánicos contribuyen en gran manera a acelerar la eutrofización del agua: «proceso de fertilización de las aguas superficiales, que da lugar a un desarrollo exuberante de la microflora, a la degradación de la fauna acuícola y, en general, al empeoramiento de la calidad del agua para cualquier uso» (1. Ruiz de la Torre). La utilización’ de plaguicidas ha crecido de forma impresionante desde 1942, fecha en que se descubrieron las propiedades del DDT en este campo, y su uso, justificable pero poco controlado, provoca la ruptura de equilibrios biológicos y una evolución muchas veces imprevisible, afectando también a animales y plantas no considerados como perjudiciales. A ello hay que añadir que estas sustancias entran fácilmente en las cadenas tróficas de los ecosistemas y en el suelo, concentrándose sucesivamente al ascenderen la escala y alcanzando niveles que pueden llegara ser peligrosos para la salud del hombre y de los animales. Como caso expresivo, entre otros muchos semejantes, se cita el del mirlo Turdus migratorius; el proceso comienza al efectuarse tratamientos insecticidas con DDT, parte del cual cae al suelo, donde las lombrices, que son muy poco sensibles a esta sustancia, lo incorporan a su organismo y lo concentran de forma que resulta mortal para el ave que se alimenta de ellas y es particularmente sensible al DDT. Importante es también el hecho de encontrarse DDT en la leche humana. De aquí la trascendencia de descubrir sustancias que sean biodegradables, que no penetren en las cadenas tróficas. Algo semejante ocurre con la radiactividad, cuyo nivel, aunque muy controlado por las extraordinarias precauciones que se toman, va aumentando en los pasos de un ser vivo a otro: el plancton es 10.000 veces más radiactivo que el agua que lo contiene y la trucha 20.000 veces más. Junto a estas contaminaciones, muy conocidas, se concede ya atención a otras cuyo relieve se ha ido descubriendo: el ruido, que afecta muy directamente al hombre, la contaminación térmica, el mercurio, el plomo, etc.
Soluciones
La conciencia de la magnitud del problema es general y se refleja en la adopción de medidas en el plano nacional y en el internacional. El Consejo de Europa declaró 1970 como año de la Conservación de la Naturaleza y 1971 como el de lucha contra la contaminación atmosférica. Francia cuenta en su gobierno, desde 1971, con un ministro encargado de la protección de la N.; el Presidente de los EE. UU. anuncia la creación de un superministerio de los recursos naturales; el III Plan de Desarrollo español concede singular importancia a la protección de la N. y a la lucha contra la contaminación. [rtbs name=”contaminacion”] Se crean Sociedades de ámbito internacional, que han adquirido gran prestigio, como la UICN (Unión Int. para la Conservación de la Naturaleza) y el WWF (World Wildlife Fund). Se establecen controles legales para la actividad industrial y se combate la amenaza que pende sobre los espacios naturales, reservando lugares donde la N. pueda mantenerse con una intervención mínima o nula del hombre.
Las reservas naturales
Son espacios que los poderes públicos recaban para sí y donde se limita o excluye la intervención humana por razones de interés general, principalmente de orden científico o cultural (Conferencia Int. para la Protección de la N., Brunnen 1947). Se distinguen dos tipos de reservas naturales: generales y de objetivo definidó. Las primeras se dividen, a su vez, en: 1) integrales, de protección absoluta y acceso prohibido; 2) dirigidas, con una intervención científica y también de acceso reservado; 3) parques nacionales, lugares de gran calidad estética (lo artístico, o lo relacionado con el arte o la belleza) y ambiental en que se da una intervención encaminada, por un lado, a la Conservación de la Naturaleza y por otro hacia el incremento de su interés científico y turístico; en ellos, contrariamente a lo que suele pensarse, se fomenta el acceso del público en determinadas condiciones. Las reservas de objetivo definido pueden ser: 1) parciales, dedicadas a la conservación de uno o varios elementos concretos (geológicas, botánicas, zoológicas, antropológicas); 2) especiales, con una finalidad cultural o biológica (sitios y monumentos naturales, reservas de caza, reservas de pesca).xxxxEl primer parque nacional, Yellowstone, en los EE. UU., se creó por una ley de 1872, que se refería a él como «dominio reservado por la Nación para las aspiraciones estéticas, morales y deportivas de todos sus miembros». Desde esa época, se llevó a cabo en todo el mundo una delimitación más o menos amplia de reservas naturales, con dificultades en Europa y en el Japón por razones de escasez de espacio, y con relativa facilidad en los continentes americano, africano y australiano. Entre los más renombrados figuran: el Gran Paradiso, Italia; La Vanoise, Francia; Engadine, Suiza; Krüger, en el Transvaal; Albert, en el Congo ex belga; Isavo, Kenya; Nahuel Huapí, Argentina; Rancho Grande, Venezuela; Iguazú, Argentina-Brasil; Fuji-Hakone-Izu, con muchos otros, en el Japón; Yellowstone, Yosemite, Sequoia, Everglades,. etc., en los EE. UU.
Parques nacionales españoles
En España, la figura de los parques nacionales fue contemplada en la Ley de 7 dic. 1916 con una orientación dirigida, más que a la concreta Conservación de la Naturaleza, a ensalzar unos lugares de gran belleza natural y de gran interés histórico o artístico (datos del Servicio Nacional de Pesca Fluvial, Caza y Parques Nacionales).xxxxParque Nacional de la Montaña de Covadonga o de Peña Santa. Creado en 1918; comprende el macizo occidental de los Picos de Europa con 16.925 Ha. Especie arbórea principal, el haya; osos, corzos, rebecos, jabalíes y lobos forman parte de su fauna, en la que se encuentran también animales de menor tamaño, como urogallos, tejones, zorros y gatos monteses. Se prolonga sin solución de continuidad por el Coto Nacional de los Picos de Europa (1932). Parque Nacional del Valle de Ordesa o del río Ara. 1918; Huesca, 2.175 Ha. El río Arazas lo cruza, formando cascadas de gran belleza. Entre los árboles, abundan pinos, pinabetes y hayas; merece destacarse también la presencia de rododendros y del edelweiss (Leontopodium alpinum).Entre las Líneas En la fauna figuran bucardo, rebeco y jabalí. Parque Nacional del Teide. 1954; Sta. Cruz de Tenerife, 11.000 Ha.Entre las Líneas En su interior, el Pico del Teide y el Gran Circo de las Cañadas.Entre las Líneas En la flora se encuentran frecuentes endemismos, como el pino canario, el cedro(Juniperus cedrus) y el taginaste. La fauna no ofrece interés. Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. 1954. Isla de la La Palma, 3.500 Ha. Topografía muy movida, con numerosos barrancos de laderas muy pendientes. Flora muy notable. Parque Nacional de Aigües Tortes y Lago de San Mauricio. 1955; Pallars Subirá, Lérida, 10.500 Ha. Zona de acusados contrastes, con abundantes picos y lagos. La flora es la típica pirenaica.Entre las Líneas En la fauna, destacan el rebeco, el urogallo y la perdiz blanca. Parque Nacional de Doñana. 1969; provincias de Sevilla y Huelva, en las marismas del Guadalquivir, llegando hasta la costa, 39.225 Ha. Flora y fauna ricas, con el extraordinario interés de ser lugar donde se refugian o anidan las más valiosas aves migratorias que sobrevuelan nuestro continente. Colindante con la Reserva Biológica del Coto de Doñana, bajo la dirección del CSIC y el WWF. Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. 28 jun. 1973. Comprende las más valiosas características de la Mancha húmeda.Entre las Líneas En su interior se ha creado una zona de reserva integral de aves acuáticas. Véase: Contaminación Atmosférica; Ecología.
Conservación de la Naturaleza en Relación a Política
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] C. de la naturaleza es una expresión con la que se han querido significar, a lo largo de los últimos 150 años, protecciones o acciones de distinto alcance en el ámbito de las relaciones entre el hombre y la N.; su contenido se va concretando a la vez que aumenta su esfera de aplicación. La c. de la naturaleza fue inicialmente poco más que una actitudnacida de la observación de los efectos que habían producido las prácticas agrícolas y pastoriles y, sobre todo, de los que comenzaba a producir el desarrollo industrial; tal actitud se circunscribía principalmente a la protección de la fauna y de la flora. Hoy, la c. de la naturaleza se extiende, además, al conjunto de los recursos naturales, incluyendo aguas, suelo, subsuelo y atmósfera, y es un concepto operativo con derivaciones en los órdenes económico, científico y cultural, estrechamente ligado a la buena conformación del hábitat humano; su contenido no es ya de simple protección, sino de reconstrucción y de planificación del uso óptimo, de defensa y ordenación de la biosfera (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Historia. Como cualquier ser vivo, el hombre forma parte de un ambiente en el que se integra y sobre el que actúa; su acción sobre la naturaleza comenzó, en este sentido, con su aparición sobre la Tierra.Entre las Líneas En sus actividades como pescador y cazador, como pastor y como agricultor, citadas por orden de antigüedad de ejercicio, su impacto sobre el medio va creciendo; aunque no cuenta con más instrumento de acción violenta que el fuego, lo aplica con frecuencia a los bosques para cazar más fácilmente y para obtener pastos y tierras de cultivo, como todavía puede verse hoy en pueblos poco evolucionados y en las situaciones conflictivas entre ganaderos y forestales. Fuera del caso del fuego, la acción sobre los recursos naturales es, en apariencia, poco consistente, al estar muy localizada y ser poco profunda; no obstante, adquiere importancia en la realidad por su continuidad en el tiempo y en el espacio. Un ejemplo claro es la degradación de la cuenca del Mediterráneo, asiento de las culturas más desarrolladas, que no puede atribuirse únicamente, ni siquiera principalmente, a las condiciones climatológicas, ya que la intervención humana ha sido factor decisivo.
Detalles
Los aspectos más visibles son la considerable disminución de la cubierta forestal, debida a una explotación excesiva -de algunos pasajes del Antiguo Testamento puede sacarse idea de las talas a que fueron sometidos los famosos cedros del Líbano- y también a una consideración general del bosque como espacio hostil, y la desaparición de algunos animales como el uro, buey salvaje abundantísimo en la Europa Central en la época diluvial, que se extinguió en 1627, así como la situación próxima a la extinción de muchos otros: osos, águilas, etc. Estos hechos, aunque de importancia evidente, pasan a ser de valor relativo al llegar el siglo Xix, momento en que la explotación desordenada de los recursos naturales se hace intensiva y corre paralelamente al rápido desarrollo de la civilización industrial; el hombre cuenta ya con instrumentos «eficaces» de acción sobre la N., frutos del progreso tecnológico, e incide fuertemente sobre el medio a través de los fenómenos de la urbanización y de la industrialización.
Problemas actuales. La urbanización.Entre las Líneas En menos de dos siglos el hombre cambia radicalmente su modus vivendi, los hábitats rurales se despueblan, mientras crecen los urbanos en superficie y población. A principios del siglo XIX solamente un 2% de la humanidad vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes; en la segunda mitad del XX, la población urbana supera a la rural en los países más adelantados y tiende a alcanzar el 75 u 80% del total. Junto a este crecimiento porcentual, hay que considerar el crecimiento absoluto, la explosión demográfica, que trae consigo un aumento en superficie de los suelos urbanizados y un espectacular crecimiento de las grandes ciudades, que pasan de metrópolis a megalópolis y anuncian de alguna manera la llamada ecumenópolis. La repercusión de la explosión demográfica sobre los recursos naturales se enfoca, en ocasiones, en un tono patético que suele ir acompañado de una visión apriorística, parcial y poco rigurosa científicamente, patrocinando la tesis del control de la natalidad si no se quiere acabar con nuestros medios de subsistencia. Abundan, por el contrario, las opiniones y los estudios científicos que, sin dejarse llevar por una hipotética solución cómoda y sin recurrir tampoco a la argumentación moral, mantienen que los recursos naturales pueden sostener, aun cón los medios actuales de explotación, una población muchísimo mayor que la existente, y que el progreso y el bienestar son función directa del número de hombres.
La industrialización. El desarrollo de la industria, efectuado muchas veces sin más consideración que el provecho’ inmediato, ha dado lugar a una importante y continua fuente de contaminación del ambiente. El empleo de combustibles fósiles introduce en la atmósfera productos gaseosos -óxidos de carbono y de azufre, con muchos más- y sólidos en suspensión; el vertido de residuos industriales en ríos y mares crea serios problems a la flora y fauna acuáticas; los desechos orgánicos contribuyen en gran manera a acelerar la eutrofización del agua: «proceso de fertilización de las aguas superficiales, que da lugar a un desarrollo exuberante de la microflora, a la degradación de la fauna acuícola y, en general, al empeoramiento de la calidad del agua para cualquier uso» (1. Ruiz de la Torre). La utilización’ de plaguicidas ha crecido de forma impresionante desde 1942, fecha en que se descubrieron las propiedades del DDT en este campo, y su uso, justificable pero poco controlado, provoca la ruptura de equilibrios biológicos y una evolución muchas veces imprevisible, afectando también a animales y plantas no considerados como perjudiciales. A ello hay que añadir que estas sustancias entran fácilmente en las cadenas tróficas de los ecosistemas y en el suelo, concentrándose sucesivamente al ascenderen la escala y alcanzando niveles que pueden llegara ser peligrosos para la salud del hombre y de los animales. Como caso expresivo, entre otros muchos semejantes, se cita el del mirlo Turdus migratorius; el proceso comienza al efectuarse tratamientos insecticidas con DDT, parte del cual cae al suelo, donde las lombrices, que son muy poco sensibles a esta sustancia, lo incorporan a su organismo y lo concentran de forma que resulta mortal para el ave que se alimenta de ellas y es particularmente sensible al DDT. Importante es también el hecho de encontrarse DDT en la leche humana. De aquí la trascendencia de descubrir sustancias que sean biodegradables, que no penetren en las cadenas tróficas. Algo semejante ocurre con la radiactividad, cuyo nivel, aunque muy controlado por las extraordinarias precauciones que se toman, va aumentando en los pasos de un ser vivo a otro: el plancton es 10.000 veces más radiactivo que el agua que lo contiene y la trucha 20.000 veces más. Junto a estas contaminaciones, muy conocidas, se concede ya atención a otras cuyo relieve se ha ido descubriendo: el ruido, que afecta muy directamente al hombre, la contaminación térmica, el mercurio, el plomo, etc.
Soluciones. La conciencia de la magnitud del problema es general y se refleja en la adopción de medidas en el plano nacional y en el internacional. El Consejo de Europa declaró 1970 como año de la c. de la naturaleza y 1971 como el de lucha contra la contaminación atmosférica. Francia cuenta en su gobierno, desde 1971, con un ministro encargado de la protección de la N.; el Presidente de los EE. UU. anuncia la creación de un superministerio de los recursos naturales; el III Plan de Desarrollo español concede singular importancia a la protección de la naturaleza y a la lucha contra la contaminación. Se crean Sociedades de ámbito internacional, que han adquirido gran prestigio, como la UICN (Unión Int. para la C. de la N.) y el WWF (World Wildlife Fund). Se establecen controles legales para la actividad industrial y se combate la amenaza que pende sobre los espacios naturales, reservando lugares donde la naturaleza pueda mantenerse con una intervención mínima o nula del hombre.
Las reservas naturales. Son espacios que los poderes públicos recaban para sí y donde se limita o excluye la intervención humana por razones de interés general, principalmente de orden científico o cultural (Conferencia Int. para la Protección de la N., Brunnen 1947). Se distinguen dos tipos de reservas naturales: generales y de objetivo definidó. Las primeras se dividen, a su vez, en: 1) integrales, de protección absoluta y acceso prohibido; 2) dirigidas, con una intervención científica y también de acceso reservado; 3) parques nacionales, lugares de gran calidad estética (lo artístico, o lo relacionado con el arte o la belleza) y ambiental en que se da una intervención encaminada, por un lado, a la c. de la naturaleza y por otro hacia el incremento de su interés científico y turístico; en ellos, contrariamente a lo que suele pensarse, se fomenta el acceso del público en determinadas condiciones. Las reservas de objetivo definido pueden ser: 1) parciales, dedicadas a la conservación de uno o varios elementos concretos (geológicas, botánicas, zoológicas, antropológicas); 2) especiales, con una finalidad cultural o biológica (sitios y monumentos naturales, reservas de caza, reservas de pesca).
El primer parque nacional, Yellowstone, en los EE. UU., se creó por una ley de 1872, que se refería a él como «dominio reservado por la Nación para las aspiraciones estéticas, morales y deportivas de todos sus miembros». Desde esa época, se llevó a cabo en todo el mundo una delimitación más o menos amplia de reservas naturales, con dificultades en Europa y en el Japón por razones de escasez de espacio, y con relativa facilidad en los continentes americano, africano y australiano. Entre los más renombrados figuran: el Gran Paradiso, Italia; La Vanoise, Francia; Engadine, Suiza; Krüger, en el Transvaal; Albert, en el Congo ex belga; Isavo, Kenya; Nahuel Huapí, Argentina; Rancho Grande, Venezuela; Iguazú, Argentina-Brasil; Fuji-Hakone-Izu, con muchos otros, en el Japón; Yellowstone, Yosemite, Sequoia, Everglades,. etc., en los EE. UU.
Parques nacionales españoles.Entre las Líneas En España, la figura de los parques nacionales fue contemplada en la Ley de 7 dic. 1916 con una orientación dirigida, más que a la concreta c. de la N., a ensalzar unos lugares de gran belleza natural y de gran interés histórico o artístico (datos del Servicio Nacional de Pesca Fluvial, Caza y Parques Nacionales).
Parque Nacional de la Montaña de Covadonga o de Peña Santa. Creado en 1918; comprende el macizo occidental de los Picos de Europa con 16.925 Ha. Especie arbórea principal, el haya; osos, corzos, rebecos, jabalíes y lobos forman parte de su fauna, en la que se encuentran también animales de menor tamaño, como urogallos, tejones, zorros y gatos monteses. Se prolonga sin solución de continuidad por el Coto Nacional de los Picos de Europa (1932).
Parque Nacional del Valle de Ordesa o del río Ara. 1918; Huesca, 2.175 Ha. El río Arazas lo cruza, formando cascadas de gran belleza. Entre los árboles, abundan pinos, pinabetes y hayas; merece destacarse también la presencia de rododendros y del edelweiss (Leontopodium alpinum).Entre las Líneas En la fauna figuran bucardo, rebeco y jabalí.
Parque Nacional del Teide. 1954; Sta. Cruz de Tenerife, 11.000 Ha.Entre las Líneas En su interior, el Pico del Teide y el Gran Circo de las Cañadas.Entre las Líneas En la flora se encuentran frecuentes endemismos, como el pino canario, el cedro(Juniperus cedrus) y el taginaste. La fauna no ofrece interés.
Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. 1954. Isla de la La Palma, 3.500 Ha. Topografía muy movida, con numerosos barrancos de laderas muy pendientes. Flora muy notable.
Parque Nacional de Aigües Tortes y Lago de San Mauricio. 1955; Pallars Subirá, Lérida, 10.500 Ha. Zona de acusados contrastes, con abundantes picos y lagos. La flora es la típica pirenaica.Entre las Líneas En la fauna, destacan el rebeco, el urogallo y la perdiz blanca.
Parque Nacional de Doñana. 1969; provincias de Sevilla y Huelva, en las marismas del Guadalquivir, llegando hasta la costa, 39.225 Ha. Flora y fauna ricas, con el extraordinario interés de ser lugar donde se refugian o anidan las más valiosas aves migratorias que sobrevuelan nuestro continente. Colindante con la Reserva Biológica del Coto de Doñana, bajo la dirección del CSIC y el WWF.
Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. 28 jun. 1973. Comprende las más valiosas características de la Mancha húmeda.Entre las Líneas En su interior se ha creado una zona de reserva integral de aves acuáticas.
V. t.: CONTAMINACIÓN ATMOSFÉRICA; ECOLOGÍA 1. [rbts name=”politica”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre conservación de la naturaleza en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
UICN, «Publicaciones de las Reuniones Técnicas», 1950-70; ONU, Trabajos de la Conferencia científica de la ONU para la conservación y utilización de los recursos naturales, 1949, 8 vol.; H. H (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). BENNETT, Soil conservation, Nueva York 1939; YALE UNIVERSITY PRESs, The environmental crisis, Yale 1970; A. L. LILLO y A. RAMOS, Valoración del paisaje natural, Madrid 1969; FAO, La influencia de los montes, Roma 1962; R. CARSON, Printemps silencieux, París 1963; R. CARRINATON, Great National Parks, Londres 1967; B. GRZIMEK, El último para:so de los animales salvajes, Barcelona 1965; G. MUÑOZ GOYANES, Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, Madrid 1967; fD, Parques nacionales españoles, Madrid 1962; J. FDEZ. REYES, Parque Nacional de Ordesa, Madrid 1965; F. VILLAGRÁN, El Coto Doñana, Madrid 1968.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Bibliografía
Uicn, «publicaciones de las Reuniones Técnicas», 1950-70; Onu, Trabajos de la Conferencia Científica de la Onu para la Conservación y Utilización de los Recursos Naturales, 1949, 8 Vol.; h. h (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Bennett, Soil Conservation, Nueva York 1939; Yale University Press, the Environmental Crisis, Yale 1970; a. l. Lillo y a. Ramos, Valoración del Paisaje Natural, Madrid 1969; Fao, la Influencia de los Montes, Roma 1962; r. Carson, Printemps Silencieux, París 1963; r. Carrinaton, Great National Parks, Londres 1967; b. Grzimek, el Último Para:so de los Animales Salvajes, Barcelona 1965; g. Muñoz Goyanes, Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, Madrid 1967; Fd, Parques Nacionales Españoles, Madrid 1962; j. Fdez. Reyes, Parque Nacional de Ordesa, Madrid 1965; f. Villagrán, el Coto Doñana, Madrid 1968.
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