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Instintos en Relación a Psicología

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Muchas cuestiones han suscitado en Psicología una controversia tan larga y prolija como la de los instintos En el hombre se califica como instintivo cualquier comportamiento complejo que escapa a la comprensión. Para la psicología fisiológica (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) la instintividad correspondería a una especie de conducta refleja motivada. La etología, denominación propuesta por el psicólogo alemán Konrad Lorenz para el estudio del comportamiento, replantea la investigación del papel de la instintividad como radical básico de la conducta. Los psicólogos anglosajones tratan de evitar el término instintos utilizando expresiones como «necesidad vital», «tendencia natural» o «impulso específico».
La mayoría de los investigadores, no obstante, siguen manteniendo el concepto de instintos como algo indispensable en psicología comparada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y en el estudio de la dinámica de la personalidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Ni la psicología pedagógica (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), ni la psicología clínica (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), pueden hoy prescindir de lo instintivo como característica de uno de los modos del ser psíquico. Las principales razones son las siguientes: 1) El análisis de la conducta en las más diversas especies animales, al demostrar que el papel de la inteligencia es mucho menor de lo que suele artibuírsele, revela la existencia de ciertas condiciones internas comunes a los seres vivos en general, incluido el hombre, que predisponen a actuar naturalmente según patrones ajenos a la plasticidad característica de la especie humana. 2) Es indudable que el comportamiento que llamamos instintivo puede expresarse conceptualmente empleando los término de «necesidad», «tendencia», «impulso», «conducta refleja», etc., pero si tales nociones se aplican a factores constitutivos de la experiencia y el comportamiento entendidos como totalidad, función o modo del ser psíquico, la utilización de dichos vocablos adolece del defecto de soslayar las condiciones básicas del fenómeno. Lo instintivo es, desde esta perspectiva, más abarcativo y genérico. 3) El estudio de los procesos de aprendizaje (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) revela su relación con la cualidad biológica que denominamos instintos, sigularmente en cuanto son dirigidos e influidos por la misma. S. Tomás utilizaba la expresión vis estimativa, con un significado semejante al de la palabra i:, para designar la innata capacidad que hace posible el reconocimiento de un objeto como útil o nocivo, demostrando así la intervención de lo instintivo en los procesos superiores del psiquismo. 4) El hecho de la sociabilidad, al ser admitido como realidad naturalmente constitutiva del ser personal, acredita que, independientemente de argumentos empíricos, el ser social emerge como tendencia de los más profundos niveles psicobiológicos. 5) Por último, y con independencia del papel causal atribuido a ciertos fenómenos extraconscientes, la psicología profunda (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la fenomenología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) han demostrado la realidad de lo instintivo y su posible distinción conceptual.
Antecedentes de la teoría de la instintividad. J. Drever realizó, junto a una completa exposición psicológica del tema, su pesquisa histórica (cfr. o. c. en bibl.).Entre las Líneas En Darwin (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) aparece la noción de instintos como algo que se cumple sin experiencia previa y sin conocimiento del propósito. W. James define el instintos como «la facultad de actuar de manera que se alcancen ciertos fines, sin tener previsión de éstos y sin una educación anticipada acerca de la acción correspondiente»; defiende la existencia de una organización neurofisiológica subyacente al mismo, inclinándose a favor de una explicación mecanicista, pero introduciendo en su doctrina de la experiencia instintiva, junto a factores sensoperceptivos, un elemento de cognición. Lloyd Morgan defiende el comportamiento instintivo como «aquel que comprende esos grupos complejos de actos coordinados que, aun cuando contribuyen a la experiencia, no están, al ocurrir por primera vez, determinados por la experiencia individual; son adaptativos y tienden al bienestar del individuo y a la conservación de la especie; resultan de la cooperación de estímulos internos y externos; son practicados de manera similar por todos los miembros de un determinado y más o menos restringido grupo de animales; pero están sujetos a variación y a la subsiguiente modificación bajo la guía de la experiencia individual». Esta definición es preferentemente biológica, aun cuando admite en forma implícita el valor de los factores psicológicos subrayados por Darwin y W. James.
Los estudios de McDougall sobre la instintividad fueron más extensos y alcanzaron mayor difusión. Con una preferente perspectiva psicológica, basada, sobre todo, en términos de experiencia, abordó en su obra Social Psychology el estudio de los instintos Según él: «la psique humana tiene ciertas tendencias innatas o heredadas, que son los resortes esenciales o las fuerzas motivadoras de toda acción y todo pensamiento». Tales tendencias o instintos son comunes a todos los miembros de cualquier especie dada; no pueden ser erradicadas de la constitución psíquica ni adquiridas por los individuos en el transcurso de su vida.
Para el psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y las diferentes direcciones de la psicología profunda la doctrina de los instintos se desarrolla en torno a dos proposiciones fundamentales. La primera afirma que la instintividad es la realidad básica, percibida en términos de energía, del ser personal. La segunda, elaborada como crítica de las concepciones anteriores, subestima, sin negarlo, el carácter hereditario o innato de los instintos a favor de la adquisición de patrones de comportamiento originados en el ambiente del sujeto durante las primeras etapas del desarrollo.
Estado actual de la cuestión. La doctrina de los instintos, compartida por la mayoría de los psicólogos, se funda, además de lo anteriormente expuesto, en los datos proporcionados por la clínica de determinados trastornos y en el punto de vista de la psicopatología fenomenológica.
Como caracteres de la conducta instintiva destacan: a) El ser innata, es decir, no aprendida, ni siquiera por imitación. Nace con el ser vivo y se mantiene sin variación sensible de pautas comunes para todos los individuos según sus especies. No se afirma que las diversas variedades del instintos se manifiesten desde el principio. La diferenciación cualificadora de la instintividad se realiza de modo sucesivo, adquiriendo diversas modalidades en el curso posterior de la vida. b) Todo acto instintivo es teleológico, ordenándose a finalidades concretas. La tensión emocional, que parece mantener la acción instintiva, sólo desaparece con el alcance o supresión, en el ámbito de la experiencia, de su fin específico. c) El instintos sobrepasa por su alcance la propia individualidad del ser vivo. Dicho en términos psicológicos: las finalidades instintivas se encuentran más allá de los intereses vivenciables de inmediato. d) La conducta instintiva, aun cuando en el ser psíquico consciente -que es el hombre- sea ordinariamente advertida, no requiere, en principio, la intervención de la inteligencia. De hecho, la excesiva atención frente al fenómeno puede llegar a condicionarlo de modo negativo. Justamente en esta singular y paradójica relación de lo instintivo y lo intelectual reside tanto la posibilidad de rechazamiento o inhibición del proceso como la de su conversión en anomalía perversiva.
Respecto de los actos reflejos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) los instintos suponen cierto enriquecimiento biológico. Lo que hizo posible el desarrollo de la reflexología (v_.) fue el aislamiento experimental de ciertos fragmentos o sectores del organismo. La conducta instintiva, sin embargo, implica la ‘totalidad del ser vivo, realidad manifiesta en el concluyente carácter transitivo de la misma; mientras que los reflejos se cierran, por así decir, sobre el propio sujeto de experiencia. Cuando se pretendió explicar la conducta instintiva apelando a la existencia de cadenas de reflejos, se insistía en la regularidad con que unos y otros se ofrecen al observador; pero basta observar la influencia existente entre los instintos concretos y esa plasticidad que hace posible que la satisfacción de los mismos pueda alcanzarse de distintos modos, para advertir que el modelo funcional de la acción refleja es rebasado siempre por cualquier i.
La conducta instintiva tiene un significado que desborda todo tipo de explicación mecanicista (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente a las hipótesis que consideran al animal como un objeto divisible en partes, protesta siempre la realidad, que se sirve de lo instintivo para regular una conducta que en el animal se ordena siempre a la concreta finalidad de conservar la vida. Así, la instintividad resulta ser el modo primario común a todos los seres vivos de realizarse como tales y de alcanzar sus fines específicos. Instintivo es aquello que en una circunstancia concreta y en un individuo singular hace que la vida se actúe.
2. Psicología comparada de la instintividad. Para establecer las diferencias psicológicas entre los animales y el hombre se ha de partir de la correspondiente biología. El carácter transitivo de los instintos revela la existencia de un ambiente o mundo propio, cuya forma y extensión delimita el lugar común de la actividad vital.

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Detalles

Las experiencias de J. J. von Uexküll (cfr. o. c. en bibl.) demostraron que no sólo cabía diferenciar el mundo de las distintas especies animales, sino el de éstas considerado en su conjunto y el del hombre. El mundo o habitat del animal se enriquece, en cuanto a los elementos que lo constituyen, en forma paralela a la complicación de las estructuras biológicas de la especie a que pertenece. El mundo del hombre no es sólo más rico cuantitativamente, sino distinto.
Bolk, biólogo alemán, formuló, hacia los años veinte, una original y sorprendente teoría sobre el origen del hombre, según la cual el proceso morfológico de «humanización» fue esencialmente una «fatalización»; la situación del recién nacido humano es más precaria que la de cualquier animal. Este retraso es sólo un signo de lo que esencialmente caracteriza al ser humano; a saber, el tiempo extremadamente lento de su desarrollo biológico, fenómeno denominado por Bolk «principio de retardación». Comparado el hombre con los individuos de cualquier especie animal, resulta evidente la rapidez con que éstos alcanzan la forma y modo de su ser adulto. El hombre nace sin «acabar»: de hecho necesita aprenderlo todo. Y es precisamente esto lo que le abre a las nuevas y mayores posibilidades de un mundo más amplio. La constitutiva seguridad biológica que el instintos confiere a los animales hace del mundo de éstos un habitat cerrado, concluido, tanto más cuanto más rápido es el proceso de mutua adaptación vital. La integración vital del hombre y su mundo no acaba nunca. [rbts name=”psicologia”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre instintos en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

L. BOLK, La humanización del hombre, «Rev. de Occidente», Madrid 1950; M. CRUz HERNÁNDEZ, Lecciones de Psicología, Madrid 1965; 1. DREVER, cit. por R (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FLETCHER, en El instinto en el hombre, Buenos Aires 1962; R. JOLIVET, Psicología, Buenos Aires 1956; W. STERN, Psicología general, Buenos Aires 1957; 1. 1. VON UEXKÜLL, Theoretische Biologie, Berlín 1920 (trad. cast. Ideas biológicas para una concepción del mundo); íD, Cartas biológicas, «Rev. de Occidente», Madrid 1945; T. vox UEXKÜLL, El hombre y la naturaleza, Barcelona 1961; PH. LERSCH, La estructura de la personalidad, 3 ed. Barcelona 1964.

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