Miguelistas
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Miguelistas
Exposición que realiza la enciclopedia Rialp sobre miguelistas:Partido político portugués defensor de los derechos sucesorios del infante D. Miguel a la corona portuguesa frente a su sobrina María de la Gloria (v. María II de Portugal).
El infante D. Miguel (1802-66) era el tercer hijo de Juan VI y de Carlota Joaquina de Borbón, hermana del monarca español Fernando VII. Al invadir los franceses por primera vez Portugal (1807), hubo de abandonar el país con el resto de la familia real, refugiándose en Brasil, de donde regresó en 1821, cuando el gobierno liberal impuso a los monarcas el retorno a la metrópoli. La implantación del nuevo régimen dividió tanto a los habitantes del país como a los miembros de la familia del monarca.Entre las Líneas En esta situación, D. Miguel optó por el partido de su madre, extremada absolutista, y se opuso con ella a la moderación con que Juan VI trataba de gobernar. El 27 mayo 1823 (Vilafrancada) contra los liberales, a los que logró derrocar, y el 30 abr. 1824 (Abrilada) contra este moderantismo de su padre, D. Miguel organizó, o al menos dirigió, sendos movimientos absolutistas que le convirtieron en la cabeza de este partido.
Aviso
No obstante, durante el último de éstos la protección de Juan VI encontró en el cuerpo diplomático, encabezado por Hyde de Neuville, embajador francés, le permitió neutralizar el alzamiento, contrarrestar las medidas de los sublevados y castigar a su hijo con la expulsión del reino, ordenándole viajar por Europa (13 mayo).
Problema sucesorio. La muerte de Juan VI en 1826, al plantear definitivamente el pleito dinástico portugués, trajo de nuevo a D. Miguel al primer plano de la política del país. Antes de morir, el monarca había nombrado una regencia presidida por su hija Isabel María con el cometido de gobernar hasta que resolviese su legítimo heredero. Con esta medida apartaba a la reina del gobierno, pero dejaba sin solucionar el grave problema sucesorio. Evidentemente, la situación era extremadamente confusa. Si D. Pedro, como primogénito, tenía todos los derechos de sucesión, como Emperador de Brasil podía ser considerado extranjero a tenor de las leyes portuguesas y, por tanto, imposibilitado de heredar la corona del reino (v. PEDRO I DE BRASIL). Aquí radicaban los derechos de D. Miguel y las exigencias de su partido. Con todo, la regencia desde, los primeros momentos pareció desconocer a D. Pedro, al que envió una comisión con la.efo, noticia del fallecimiento del monarca y con el encargo de recibir sus órdenes. Mientras, en el país en tensión los m. aguardaban.
Anónimo: D. Miguel de Portugal. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa.
La oposición de este partido no surgió coherentemente hasta el instante en que el Emperador, olvidándose de estas consideraciones, ratificó la regencia establecida por su padre, otorgó una Carta constitucional y abdicó en su hija María de la Gloria, que, por un acuerdo políticodinástico entonces establecido, casaría con su tío D. Miguel al cumplir la mayoría de edad. La jura de la Carta por el gobierno de la regencia (31 jul. 1826) fue la señal para que en distintos puntos del país se produjeran alzamientos m., pero sus elementos fueron rechazados y obligados a refugiarse en España. Mientras que en ésta se organizaban para realizar una acción definitiva con la oculta, pero total, colaboración del Gobierno de Madrid, el infante, desde Viena, en donde residía, aceptó y realizó todas las disposiciones de su hermano: juró la Carta, celebró esponsales con su sobrina y prometió respeto y obediencia a D. Pedro. Fracasada la invasión m. desde España (noviembre 1826-enero 1827) y el intento del Emperador brasileño para llevar al infante a Río de Janeiro, D. Pedro nombró a éste su lugarteniente en Portugal cediendo en todo a las presiones de las principales potencias europeas. Pocos meses después D. Miguel, conforme a lo estipulado en las conferencias de Viena (18-23 oct. 1827), emprendió el regreso pasando por París y Londres y llegando a Lisboa el 22 feb. 1828.
Absolutismo frente a constitucionalismo. Desde el primer momento el nuevo regente, pese a haber jurado otra vez la Carta constitucional a los cuatro días de su llegada, inició el proceso que concluiría con su aclamación como rey absoluto. Cambió el ministerio, disolvió las Cámaras (14 marzo) y preparó la maniobra que iba a otorgar la pretendida legalidad a sus plenos poderes.Entre las Líneas En medio de una gran agitación absolutista y entre continuas manifestaciones populares, los ayuntamientos de Lisboa, Coimbra y Aveiro, instigados desde el propio Gobierno, aclamaron a D. Miguel como rey absoluto (25 abril) sin que éste lo aceptara.
Puntualización
Sin embargo, reunidas las Cortes a la manera tradicional con el mismo propósito, en junio proclamaron al infante rey de Portugal, ante el estupor y la indignación más o menos sinceros de las potencias, que se apresuraron a retirar sus representantes de Lisboa: Las maniobras m. concentraron a los constitucionales en un movimiento de oposición en Oporto, donde se reunieron varios regimientos y gran número de elementos revolucionarios, y en otros alzamientos en territorios insulares (Madera y Azores). Sometidos fácilmente todos ellos, solo la isla Terceira, capital de las Azores, logró mantener la causa constitucional durante todo el reinado de D. Miguel.
A partir de estos acontecimientos inició el nuevo monarca su reinado, caracterizado por la vuelta a las formas de gobierno tradicionales y por la tenaz persecución de los elementos liberales. La muerte y la emigración, la prisión (más de 14.000) y el expolio (se confiscaron los bienes de cerca de 80.000 familias), marcaron la época de terror m.
Pese a todo esto, y en parte debido a ello, fueron cuajando en el extranjero los movimientos liberales de oposición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Durante los primeros años, todos fracasaron en sus intentos de coordinar con los rebeldes de Terceira, debido a la equívoca actitud de las principales potencias, que aun sin reconocer a D. Miguel (tan solo lo hicieron España, EE. UU. y la Santa Sede), tampoco permitieron el desarrollo de aquéllos.
Aviso
No obstante, la instauración de una regencia en la isla rebelde (marzo 1830) y, sobre todo, la coyuntura internacional (revolución liberal francesa, cambio de gobierno inglés y oleada de movimientos revolucionarios) abrieron alentadoras posibilidades a la causa de María de la Gloria.-D. Pedro, que había abdicado la corona brasileña en su hijo, se trasladó a Europa a defenderla; organizó algunos contingentes de tropas en Belle-Isle (Francia), aprovisionó Terceira y, en unión de las tropas allí existentes, emprendió la lucha definitiva (desembarco de Mindelo, 8 jul. 1832). La guerra civil (1832-34) que desde entonces ensangrentó el país fue, sin duda, el último acto de la crisis del Antiguo Régimen en Portugal. Tras la convención de Evora Monte (27 mayo 18,34) con la que concluyó, y especialmente tras el terremoto legislador de Mousinho da Silveira, el país inició una nueva era despojado de la mayoría de sus arcaicas estructuras. D. Miguel fue obligado a abandonar el país y, aunque desde el exilio protestase de las condiciones que se había visto obligado a firmar, su causa estaba ya irremisiblemente perdida.
El movimiento m., aunque escasa y tendenciosamente estudiado hasta nuestros días, no puede ser comprendido ya sin vincularlo a la coyuntura histórica del Portugal del primer tercio del s. xix, durante el cual, el país, destrozado por el desastre económico derivado de las invasiones francesas (1807-11) y de la separación e independencia de Brasil (1822-25), hubo de hacer frente a los efectos de la primera Revolución Industrial (véase también el impacto y las consecuencias de la industrialización) del Occidente europeo (v. PORTUGAL v). Como ya señaló Oliveira Martins (História de Portugal, lib. VII, cap. IV): «D. Miguel era um efeito e náo uma causa; a fúria do seu genio era o desespero de uma sociedade perdida, a que as ideias novas encolerizavam e a fome perseguía já de perto… os comerciantes arruinados, a alfándega deserta, o tesouro vazio enchiam de desespero os cerebros de onde a história de tres séculos varrera a lucidez». Dentro de esta panorámica general, determinadas zonas del interior del país (Tras-os-Montes, Beira, etc.), por su aislamiento, por la supervivencia de arcaicos sistemas de vida, por su atraso económico y cultural, fueron campo abonado para el desarrollo de una ideología que pretendió un estatismo ciego frente a los nuevos sistemas político-económicos de la Europa decimonónica.
Miguelistas en Relación a Política
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Partido político portugués defensor de los derechos sucesorios del infante D. Miguel a la corona portuguesa frente a su sobrina María de la Gloria (véase en esta plataforma: MARíA II DE PORTUGAL).
El infante D. Miguel (1802-66) era el tercer hijo de Juan VI y de Carlota Joaquina de Borbón, hermana del monarca español Fernando VII. Al invadir los franceses por primera vez Portugal (1807), hubo de abandonar el país con el resto de la familia real, refugiándose en Brasil, de donde regresó en 1821, cuando el gobierno liberal impuso a los monarcas el retorno a la metrópoli. La implantación del nuevo régimen dividió tanto a los habitantes del país como a los miembros de la familia del monarca.Entre las Líneas En esta situación, D. Miguel optó por el partido de su madre, extremada absolutista, y se opuso con ella a la moderación con que Juan VI trataba de gobernar. El 27 mayo 1823 (Vilafrancada) contra los liberales, a los que logró derrocar, y el 30 abr. 1824 (Abrilada) contra este moderantismo de su padre, D. Miguel organizó, o al menos dirigió, sendos movimientos absolutistas que le convirtieron en la cabeza de este partido.
Aviso
No obstante, durante el último de éstos la protección de Juan VI encontró en el cuerpo diplomático, encabezado por Hyde de Neuville, embajador francés, le permitió neutralizar el alzamiento, contrarrestar las medidas de los sublevados y castigar a su hijo con la expulsión del reino, ordenándole viajar por Europa (13 mayo).
Problema sucesorio. La muerte de Juan VI en 1826, al plantear definitivamente el pleito dinástico portugués, trajo de nuevo a D. Miguel al primer plano de la política del país. Antes de morir, el monarca había nombrado una regencia presidida por su hija Isabel María con el cometido de gobernar hasta que resolviese su legítimo heredero. Con esta medida apartaba a la reina del gobierno, pero dejaba sin solucionar el grave problema sucesorio. Evidentemente, la situación era extremadamente confusa. Si D. Pedro, como primogénito, tenía todos los derechos de sucesión, como Emperador de Brasil podía ser considerado extranjero a tenor de las leyes portuguesas y, por tanto, imposibilitado de heredar la corona del reino (véase en esta plataforma: PEDRO I DE BRASIL). Aquí radicaban los derechos de D. Miguel y las exigencias de su partido. Con todo, la regencia desde, los primeros momentos pareció desconocer a D. Pedro, al que envió una comisión con la.efo, noticia del fallecimiento del monarca y con el encargo de recibir sus órdenes. Mientras, en el país en tensión los m. aguardaban.
Anónimo: D. Miguel de Portugal. Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa
La oposición de este partido no surgió coherentemente hasta el instante en que el Emperador, olvidándose de estas consideraciones, ratificó la regencia establecida por su padre, otorgó una Carta constitucional y abdicó en su hija María de la Gloria, que, por un acuerdo políticodinástico entonces establecido, casaría con su tío D. Miguel al cumplir la mayoría de edad. La jura de la Carta por el gobierno de la regencia (31 jul. 1826) fue la señal para que en distintos puntos del país se produjeran alzamientos m., pero sus elementos fueron rechazados y obligados a refugiarse en España. Mientras que en ésta se organizaban para realizar una acción definitiva con la oculta, pero total, colaboración del Gobierno de Madrid, el infante, desde Viena, en donde residía, aceptó y realizó todas las disposiciones de su hermano: juró la Carta, celebró esponsales con su sobrina y prometió respeto y obediencia a D. Pedro. Fracasada la invasión m. desde España (noviembre 1826-enero 1827) y el intento del Emperador brasileño para llevar al infante a Río de Janeiro, D. Pedro nombró a éste su lugarteniente en Portugal cediendo en todo a las presiones de las principales potencias europeas. Pocos meses después D. Miguel, conforme a lo estipulado en las conferencias de Viena (18-23 oct. 1827), emprendió el regreso pasando por París y Londres y llegando a Lisboa el 22 feb. 1828.
Absolutismo frente a constitucionalismo. Desde el primer momento el nuevo regente, pese a haber jurado otra vez la Carta constitucional a los cuatro días de su llegada, inició el proceso que concluiría con su aclamación como rey absoluto. Cambió el ministerio, disolvió las Cámaras (14 marzo) y preparó la maniobra que iba a otorgar la pretendida legalidad a sus plenos poderes.Entre las Líneas En medio de una gran agitación absolutista y entre continuas manifestaciones populares, los ayuntamientos de Lisboa, Coimbra y Aveiro, instigados desde el propio Gobierno, aclamaron a D. Miguel como rey absoluto (25 abril) sin que éste lo aceptara.
Puntualización
Sin embargo, reunidas las Cortes a la manera tradicional con el mismo propósito, en junio proclamaron al infante rey de Portugal, ante el estupor y la indignación más o menos sinceros de las potencias, que se apresuraron a retirar sus representantes de Lisboa: Las maniobras m. concentraron a los constitucionales en un movimiento de oposición en Oporto, donde se reunieron varios regimientos y gran número de elementos revolucionarios, y en otros alzamientos en territorios insulares (Madera y Azores). Sometidos fácilmente todos ellos, sólo la isla Terceira, capital de las Azores, logró mantener la causa constitucional durante todo el reinado de D. Miguel.
A partir de estos acontecimientos inició el nuevo monarca su reinado, caracterizado por la vuelta a las formas de gobierno tradicionales y por la tenaz persecución de los elementos liberales. La muerte y la emigración, la prisión (más de 14.000) y el expolio (se confiscaron los bienes de cerca de 80.000 familias), marcaron la época de terror m.
Pese a todo esto, y en parte debido a ello, fueron cuajando en el extranjero los movimientos liberales de oposición. Durante los primeros años, todos fracasaron en sus intentos de coordinar con los rebeldes de Terceira, debido a la equívoca actitud de las principales potencias, que aun sin reconocer a D. Miguel (tan sólo lo hicieron España, EE. UU. y la Santa Sede), tampoco permitieron el desarrollo de aquéllos.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Aviso
No obstante, la instauración de una regencia en la isla rebelde (marzo 1830) y, sobre todo, la coyuntura internacional (revolución liberal francesa, cambio de gobierno inglés y oleada de movimientos revolucionarios) abrieron alentadoras posibilidades a la causa de María de la Gloria.-D. Pedro, que había abdicado la corona brasileña en su hijo, se trasladó a Europa a defenderla; organizó algunos contingentes de tropas en Belle-Isle (Francia), aprovisionó Terceira y, en unión de las tropas allí existentes, emprendió la lucha definitiva (desembarco de Mindelo, 8 jul. 1832). La guerra civil (1832-34) que desde entonces ensangrentó el país fue, sin duda, el último acto de la crisis del Antiguo Régimen en Portugal. Tras la convención de Evora Monte (27 mayo 18,34) con la que concluyó, y especialmente tras el terremoto legislador de Mousinho da Silveira, el país inició una nueva era despojado de la mayoría de sus arcaicas estructuras. D. Miguel fue obligado a abandonar el país y, aunque desde el exilio protestase de las condiciones que se había visto obligado a firmar, su causa estaba ya irremisiblemente perdida.
El movimiento m., aunque escasa y tendenciosamente estudiado hasta nuestros días, no puede ser comprendido ya sin vincularlo a la coyuntura histórica del Portugal del primer tercio del siglo Xix, durante el cual, el país, destrozado por el desastre económico derivado de las invasiones francesas (1807-11) y de la separación e independencia de Brasil (1822-25), hubo de hacer frente a los efectos de la primera revolución industrial del Occidente europeo (véase en esta plataforma: PORTUGAL v). Como ya señaló Oliveira Martins (História de Portugal, lib. VII, cap. IV): «D. Miguel era um efeito e náo uma causa; a fúria do seu genio era o desespero de uma sociedade perdida, a que as ideias novas encolerizavam e a fome perseguía já de perto… os comerciantes arruinados, a alfándega deserta, o tesouro vazio enchiam de desespero os cerebros de onde a história de tres séculos varrera a lucidez». Dentro de esta panorámica general, determinadas zonas del interior del país (Tras-os-Montes, Beira, etc.), por su aislamiento, por la supervivencia de arcaicos sistemas de vida, por su atraso económico y cultural, fueron campo abonado para el desarrollo de una ideología que pretendió un estatismo ciego frente a los nuevos sistemas político-económicos de la Europa decimonónica. [rbts name=”politica”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre miguelistas en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
J. LIBERATO FREIRE DE CARVALHO, Memórias com o Titulo de Anais, pa a História do Tempo Que Durou a Usurpapdo de Dom Miguel, Lisboa 1841; J. P. OLIVEIRA MARTINS, História de Portugal, 8 ed. Lisboa 1913; ID, Portugal Contemporáneo, Lisboa 1953; L. SORIANO, História da Guerra Civil, II y III, Lisboa 1882-83; S. CHANTAL, Historia de Portugal, Barcelona 1960; M. FERRANDIS y C (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). BEIRAO, Historia contemporánea de España y Portugal, Barcelona 1966
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Bibliografía
j. Liberato Freire de Carvalho, Memórias Com o Titulo de Anais, pa a História do Tempo que Durou a Usurpapdo de Dom Miguel, Lisboa 1841; j. p. Oliveira Martins, História de Portugal, 8 Ed. Lisboa 1913; Id, Portugal Contemporáneo, Lisboa 1953; l. Soriano, História da Guerra Civil, ii y Iii, Lisboa 1882-83; s. Chantal, Historia de Portugal, Barcelona 1960; m. Ferrandis y c (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Beirao, Historia Contemporánea de España y Portugal, Barcelona 1966▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.