Prestación de los Servicios de Salud
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¿Qué elementos culturales influyen en la prestación de los servicios de salud a nivel global?
La manera en que los seres humanos perciben su entorno físico, social, y la forma como
viven y se relacionan con él, están determinadas por la cultura. La cultura es una manera
de codificar la realidad. La salud como producto físico y social responde también a
códigos culturales. Lo que son conductas saludables, higiénicas en una cultura, no
necesariamente son consideradas como tales en otras culturas. La salud y la enfermedad
solo pueden ser entendidas en el contexto de la cultura.
El conocimiento, es decir la forma como los seres humanos perciben, entienden y
organizan sus respuestas al entorno, está condicionado por la cultura. Las diferencias en
la percepción y en el conocimiento, en la cultura occidental fueron consideradas
desviaciones, incapacidad y argumento de inferioridad de las “otras culturas”.
Sin embargo, esta dicotomía entre una lógica primitiva atrasada, “subdesarrollada” y
una lógica moderna “desarrollada” ha estado presente a lo largo de los últimos 60 años
en el discurso del desarrollo. Escobar (1996) argumenta cómo se ha realizado un tipo de
“colonización de la realidad”, por la cual, “ciertas representaciones se vuelven
dominantes y dan forma indeleble a los modos de imaginar la realidad e interactuar con ella”. Siguiendo a Foucault (1979) el discurso del desarrollo construye el sujeto
colonial/tercermundista y niega las diferencias raciales/culturales e históricas.
En el sistema de salud se expresa un modelo monocultural que corresponde a la visión
etnocéntrica (el etnocentrismo se refiere a actitud de juzgar otras culturas como inferiores a partir de sobrevalorar la propia) de la salud y de la medicina, que tiende a percibir la salud desde el patrón
cultural occidental. Esta forma de entender la salud se aplica también para juzgar los
conocimientos y prácticas de otras culturas, como la indígena. Una es la perspectiva del
médico occidental y el personal de salud y otra la de las mujeres indígenas que acuden
a los servicios. Sin embargo y pese a las diferencias entre estas dos visiones, no se trata
de dos mundos contrapuestos, porque la cultura no es una estructura rígida e
impermeable, tanto el personal de salud como la población indígena se influyen
recíprocamente.
La modernización con su promesa de ciencia y tecnología y el desarrollo visto como un
proceso gradual y evolutivo (Rostow 1960), fueron el escenario para el surgimiento de
un discurso de la salud, donde los valores culturales modernos debían superar las
prácticas tradicionales y los conocimientos ancestrales presentes en las comunidades del
Tercer Mundo. “El etnocentrismo y el patriarcado influyeron en la forma que tomó el
desarrollo. Las poblaciones indígenas tenían que ser “modernizadas”, y aquí la
modernización significaba la adopción de los valores “correctos”, es decir, los
sustentados por la minoría blanca o la mayoría mestiza y, en general, de los valores
implícitos en el idea del europeo culto” (Escobar 1996, 92)
Este discurso del desarrollo en el campo de la salud, determina quién y cómo habla, qué
es legítimo y qué no, quién tiene autoridad y quien no para hablar de la salud; este
discurso requiere además de instituciones, profesionales y expertos que puedan aplicar
el enfoque moderno de la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] Los discursos sobre salud se expandieron no solo a los
Ministerios de Salud, hospitales y centros de atención, sino a las universidades y
centros académicos donde éstos se producen, registran y legitiman. La
institucionalización necesitaba además profesionales capaces de generar y reproducir el
discurso moderno de la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”]
Este es el contexto en que se genera el modelo biomédico en salud, como “un modelo
de práctica e intervención científica, caracterizado por sus pretensiones de objetividad
positivista y su enfoque eminentemente biológico y técnico en el abordaje (delito de piratería o colisión entre dos buques; véase presa marítima)del fenómeno
salud-enfermedad-atenciòn” (Caramés García 2004, 35). Este modelo pretende entender
la salud como un proceso biológico, un “hecho sanitario” desligado de la realidad
social, cultural, política, económica que la rodea. El modelo biomédico esconde junto
con la desigualdad social, la desigualdad de género, la desigualdad étnica y las presenta
como productos “naturales” propios de los individuos, disociados de su realidad social y
de sus relaciones.
La crítica al “modelo biomédico” incluye también la crítica a la epistemología, a una
forma de conocer, de hacer ciencia desde el positivismo, donde los datos cuantitativos,
la evidencia se constituye en el único referente de verdad desde una pretendida
objetividad que asume ser neutra. Este “modelo biomédico” se nutre del determinismo
biológico que explica las diferencias sociales, las jerarquías y la desigualdad a partir de
la “naturaleza humana”. Igualmente, el modelo se construye a partir de las nociones de progreso y modernidad, del desarrollo científico y tecnológico donde la universalidad trató de borrar cualquier diferencia cultural o social.
El carácter uniformizante del progreso conlleva relaciones de dominación y de colonización de unos grupos, de unos
pueblos, de unos individuos sobre otros.
El poder en la salud
Una sociedad no existe en el vacío sino en medio de relaciones entre seres humanos,
atravesadas por el poder. Qué es el poder? Según Foucault (1992) es una fuerza y es
una relación de fuerzas. Si es una relación, nadie escapa al poder, todos estamos insertos
en ellas. Las relaciones de poder atraviesan todos los espacios, los públicos y privados,
la política y la vida cotidiana, las relaciones de pareja, las instituciones, la generación de
conocimientos y por supuesto la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] El poder se relaciona con las jerarquías que se
establecen entre aquellos que poseen un conocimiento legitimado sobre aquellos que
tienen otro tipo de conocimiento, no reconocido como legítimo.Entre las Líneas En el establecimiento
de saberes legitimados el lenguaje biomédico no es técnico ni es neutro, el lenguaje
construye realidades, los discursos trazan las líneas maestras de políticas y por supuesto
de las instituciones de salud.
En el modelo biomédico el conocimiento especializado goza de prestigio, validez y
reconocimiento científico, es decir tiene autoridad de verdad, pero además “tiene el
poder de hacerse él mismo verdadero. Todo conocimiento, una vez aplicado en el
mundo real, tiene efectos reales y en ese sentido al menos, “se vuelve verdadero” (Hall
2002: pp31)
“La verdad no está por fuera del poder…la verdad es una cosa de este mundo, es
producida solo en virtud de múltiples formas de construcción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). E induce efectos para
regular le poder. Cada sociedad tiene sus regímenes de verdad, sus políticas generales
de verdad” (Foucault 1980, 131)
Foucault (1980) analizó la relación entre conocimiento y poder y la forma como éste
opera dentro de las instituciones, en sus regulaciones, leyes, medidas administrativas,
organización de servicios, disposiciones y más entramado institucional. El conocimiento
no opera en el vacío, por el contrario, está inserto en contextos históricos precisos y en
instituciones concretas que se encargan de dar legitimidad, propagar el conocimiento
elevado al estatus de verdad.
En la construcción del modelo biomédico, el discurso cumple un papel central como
legitimador de una determinada practica institucional. Siguiendo a Foucault el
conocimiento no es solo una forma de poder sino también hay que analizarlo en la
forma de su aplicación y en efectividad. “El discurso produce objetos de conocimiento”
y nada existe fuera del discurso. Es éste el que da sentido a las cosas. De allí que temas
como salud, sexualidad, reproducción, salud de las mujeres, existen en el contexto de
los discursos sobre ellos, es decir, existen y se entienden en su contexto histórico que
los produce.
Los discursos legitimados sobre la salud, provienen en la cultura occidental del personal
de salud quien tiene la autoridad de definir lo que es saludable.
Más Información
Las instituciones a su
vez reproducen los discursos y se organizan para atender la salud bajo reglas establecidas. El médico posee el poder del conocimiento, los pacientes siguen prescripciones, las instituciones aseguran las condiciones para que se cumpla el proceso.
Foucault estudió como los conocimientos operaban por medio de discursos en contextos
institucionales específicos que regulaban la conducta de otros.Entre las Líneas En su análisis sobre los
micropoderes, Foucault (1992) señala cómo el control de la sexualidad lleva a la
persecución del cuerpo. El cuerpo se convierte en el centro de luchas y control en la
familia, en la escuela, los medios de comunicación, las instituciones y el Estado. (…)
El sesgo de género en la salud
El etnocentrismo y el patriarcado reforzaron el modelo biomédico y el sesgo sexista en
las ciencias de la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] El feminismo (compromiso con una mejora del papel social de la mujer, que suele reflejarse en el sentido de promover la igualdad sexual) develó las relaciones de poder y las jerarquías que
se establecen en base a las diferencias sexuales y culturales de hombres y mujeres y que
se reproducen en las instituciones que reproducen, enseñan, difunden, vigilan y
controlan el orden de género.
La salud de las mujeres no se explica por la biología, sino por la posición social, roles,
identidad sexual, valores y normas que estructuran los significados del ser hombre y ser
mujer. Lo masculino y femenino son construcciones culturales que varían de cultura a
cultura y que asignan los papeles sexuales. La dominaciòn genérica sobre las mujeres
está presente en los sistemas de salud que se encargan de reproducir formas de relaciòn
autoriaria y estereotipada. Históricamente los servicios de salud privilegiaron la función
reproductiva de las mujeres en tanto madres y responsables del cuidado de otros. Cuidar
de la familia implica preocupación por la alimentación e higiene, por lo que la
perspectiva higienista en la salud que se desarrolló a principios del siglo XX, puso en
ellas la responsabilidad del cuidado de los hábitos y costumbres familiares, el cuidado
de los niños, la planificación (véase más en esta plataforma general) familiar. Son las mujeres quienes de manera general,
asumen el cuidado de los miembros de la familia, como una responsabilidad inherente
al ser mujer. Es así que los programas materno infantiles que se desarrollan en los
Ministerios de Salud, tengan a las mujeres como principales protagonistas y
responsables del cuidado de la salud, sobre todo de sus hijos. Ellas deben acompañar la
alimentación, vacunación, vigilancia de crecimiento, la planificación (véase más en esta plataforma general) familiar, cuidado
de enfermos, ancianos, el cuidado del agua, de la nutrición, etc.
La crítica al modelo biomédico desde las mujeres, incluyó las prácticas alrededor del
embarazo, parto, postparto, procesos medicalizados en las que el cuerpo de las mujeres
es manipulado por el personal de salud que es el que decide qué hacer, cómo hacer y
cuándo hacer, generalmente sin que medie mayores explicaciones sobre dichos
procesos. El protagonista es el médico, portador del conocimiento, quien tiene el poder
de decisión, mientras que el/la paciente es objeto de estudio, de manipulación y de
disciplinamiento por parte del médico. El proceso reproductivo está controlado en la
medicina occidental por profesionales de la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] En este contexto, el parto, se
convierte en un hecho individual, solitario, controlado por los médicos, donde la opinión de las mujeres cuenta muy poco, especialmente en los servicios públicos de
salud.
El develamiento del sesgo sexista en las ciencias de la salud, provino del feminismo
desde donde se cuestionó el pensamiento androcéntrico (el androcentrismo viene del griego Andros (hombre), se refiere a la “mirada masculina en el centro del universo, como medida de todas las cosas y representación global de la humanidad, ocultando otras realidades, entre ellas la de la mujer”) y el considerar al hombre como
la medida de lo humano. El feminismo (compromiso con una mejora del papel social de la mujer, que suele reflejarse en el sentido de promover la igualdad sexual) incluyó la diferencia sexual como fuente de
comprensión de la salud-enfermedad y colocó las relaciones entre los géneros
caracterizadas por poder-subordinación, como factores explicativos a considerar en la
salud de hombres y mujeres. El feminismo (compromiso con una mejora del papel social de la mujer, que suele reflejarse en el sentido de promover la igualdad sexual) develó cómo a partir de la diferencia sexual
se legitima la desigualdad, cómo se construyen culturalmente los papeles de hombres y
mujeres y cómo esta división sexual del trabajo asegura la continuidad de la
organización social. El feminismo (compromiso con una mejora del papel social de la mujer, que suele reflejarse en el sentido de promover la igualdad sexual) cuestionó también el enfoque centrado en las mujeres
en tanto madres, y el desconocimiento de sus necesidades de salud a lo largo del ciclo
vital y no solo en la edad reproductiva. Otra crítica presente es que el modelo biomédico
se centró exclusivamente en las mujeres, dejando fuera la responsabilidad y
participación de los hombres en el proceso reproductivo.(Rodríguez 2006, 205).
La subordinación por género sin embargo, no explica por sí misma por ejemplo, cómo
junto a la diferencia sexual operan otros dispositivos de opresión y exclusión como la
condición étnica, la edad, región, clase, país. De allí que, de la universalidad de la
subordinación femenina se pasa a la deconstrucción de estas generalizaciones, para
tratar de entender la desigualdad de género, atravesada por otras desigualdades.Entre las Líneas En el
campo de la salud, se trata de comprender la situación de la salud de las mujeres signada
por determinantes de clase, edad, etnia, región, superando tanto las premisas esencialitas
que explican el ser mujer por la biología y no por la construcción social y cultural, como
las premisas universalistas que suponen una identidad común a todas las mujeres. [rtbs name=”historia-de-las-mujeres”]
Fuente: Factores Sociales y Culturales Determinantes en Salud: La Cultura como una Fuerza para Incidir en Cambios en Politicas de Salud Sexual y Reproductiva, de Lilia Rodríguez. Publicado con autorización del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva de la Argentina
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
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¿Qué elementos culturales influyen en la prestación de los servicios de salud a nivel global? Aquí son considerados en los estudios demográficos, como los aspectos sociales y culturales que son determinantes en la salud, en particular en los países andinos. Respecto a los Determinantes sociales y ambientales, son importantes los factores de accesibilidad y calidad de atención en los servicios de salud, incluido de sus familias. Durante el embarazo, la pobreza puede causar que el feto se desarrolle por debajo del nivel óptimo. Se ha demostrado que la privación social y afectiva es nociva.