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Prusia

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Prusia

Este elemento es un complemento a las guías y cursos de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y un análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Nota: puede ser de interés la lectura sobre el Imperio Alemán (1871-1918).

Introducción a Prusia

Prusia, antiguo reino centroeuropeo, cuya existencia como tal dio comienzo en 1701, que ya a partir de 1525 se había constituido en ducado y que desde mediados del siglo XIX se convirtió en el núcleo fundamental del proceso de la primera unificación alemana que en 1871 originó el II Imperio Alemán (1871-1918).

Después de pertenecer a Brandeburgo, el ducado de Prusia se convirtió en reino en 1701 y reunió un gran Ejército. Hacia 1871, el rey prusiano Guillermo I había hecho del Imperio Alemán (1871-1918) la potencia más poderosa de Europa.

Durante su época de máxima expansión (finales del siglo XIX), se extendía a lo largo de las costas del mar Báltico y del mar del Norte y limitaba con Bélgica, los Países Bajos, Francia y Luxemburgo por el oeste, con el Imperio Ruso por el este, con el Imperio Austro-Húngaro por el este, el sur y el sureste, y con Suiza por el sur.

Las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) de Prusia sufrieron distintas modificaciones durante las edades moderna y contemporánea, y su entidad política se transformó sucesivamente: fue un reino independiente desde 1701 hasta 1871; más adelante, se convirtió en el reino más grande del II Imperio Alemán (1871-1918) (1871-1918); pasó a ser un estado (land) perteneciente a la República de Weimar (1919-1933); y finalmente fue una división administrativa que comprendía trece provincias dentro del sistema centralizado del III Reich alemán (1933-1945).

Después de la I Guerra Mundial, finalizada en 1918, Prusia tuvo que ceder parte de su territorio a Polonia. La zona oriental quedó separada del resto de la Prusia alemana en 1919 —según lo establecido en el Tratado de Versalles (véase un resumen y las condiciones plasmadas en el mismo)— mediante una franja, anteriormente en poder de Prusia, conocida como el “pasillo” o “corredor polaco”, cuyo objetivo era proporcionar a Polonia una salida al mar Báltico. Las provincias que formaban Prusia durante el periodo de entreguerras (1918-1936) eran: Renania (región desmilitarizada), Brandeburgo, Pomerania, Berlín, Sajonia, Schleswig-Holstein, Hannover, Westfalia, Grenzmark Posen-Westpreussen (en la actualidad, perteneciente a Polonia), Hesse-Nassau y Hohenzollern (ambas pertenecientes a Alemania en la actualidad) y Silesia (una parte de su territorio pertenece hoy a Polonia y la otra a la República Checa).

En 1947, dos años después de la conclusión de la II Guerra Mundial, Prusia quedó abolida como entidad política y, a excepción del sector oriental, se dividió en varias partes integradas en las cuatro zonas de ocupación de Alemania, gobernadas por Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la cual, por su parte, se anexionó el norte de Prusia Oriental, mientras que los territorios restantes quedaron supeditados al control de Polonia. La capital se estableció en Berlín y sus principales ciudades eran Frankfurt del Main, Colonia, Essen, Dortmund, Düsseldorf, Magdeburgo, Stettin (en la actualidad Szczecin, en Polonia) y Königsberg (en la actualidad Kaliningrado, en Rusia).

2. SU HISTORIA

El pueblo del que se deriva el nombre de Prusia era conocido como prusi o borusi en tiempos remotos. Mantenía lazos de sangre con los lituanos y habitaba la región comprendida entre el río Vístula y los afluentes inferiores del Nemunas (en alemán, Niemen). Los sajones, de origen germánico, llegaron al este de Europa en el siglo X y no consiguieron convertir a los prusianos al cristianismo.Entre las Líneas En el 997, el obispo de Praga (Bohemia) san Adalberto fue martirizado por su actividad misionera en Prusia. La religión cristiana no se implantó hasta mediados del siglo XIII, cuando la Orden Teutónica se hizo con el país y llevó pobladores alemanes y holandeses a los territorios conquistados; la región había sido completamente sojuzgada a finales de ese siglo, siendo gobernada por los miembros de esta orden como un feudo papal.

Durante la segunda mitad del siglo XIV surgió una fuerte oposición a los alemanes en el este de Europa. Polonia y Lituania se unieron en 1386 en un único reino bajo el reinado de Ladislao II Jagellón y su ejército derrotó a los caballeros teutónicos en 1410 en la batalla de Tannenberg (o de Grunwald). La guerra prosiguió durante cierto tiempo hasta que en 1466 se firmó el Tratado de Toruń, por medio del cual los caballeros teutónicos podían conservar la parte oriental de Prusia, que se mantuvo como un feudo de Polonia; la zona occidental fue cedida a Polonia, y Prusia Oriental se convirtió en un ducado secular gobernado por el último de los grandes maestres de la Orden Teutónica, Alberto de Brandeburgo, un luterano que se autoproclamó duque de Prusia en 1525.

En 1618 el ducado, que todavía era un Estado vasallo de Polonia, pasó a manos de Juan Segismundo, un miembro de la familia Hohenzollern y elector del Sacro Imperio Romano Germánico, con lo que el ducado quedó vinculado al margraviato (condado) de Brandeburgo. El nieto de Juan Segismundo, Federico Guillermo, el Gran Elector, consiguió la independencia del ducado de Prusia respecto del dominio polaco gracias a la Paz de Oliva de 1660. Centralizó la administración y asumió poderes ejecutivos que anteriormente eran ejercidos por la nobleza y la oligarquía urbanas.

3. EL REINO DE PRUSIA

Federico I, hijo de Federico Guillermo, convirtió el ducado soberano en el reino de Prusia en 1701 y fue reconocido como tal a cambio de comprometerse a enviar ayuda militar al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Leopoldo I. Federico Guillermo I, hijo de Federico I, formó un gran Ejército y reorganizó los estados atendiendo a criterios militares. Su hijo, Federico II el Grande, heredó enormes reservas económicas y el mejor Ejército de Europa; gracias a su talento militar, Prusia se convirtió en una de las grandes potencias europeas. Invadió la provincia austriaca de Silesia en 1740 y provocó la guerra de Sucesión austriaca. Federico II convirtió su país en una de las principales potencias militares, a la vez que se ganaba el favor de la elite cultural de su época. Consiguió la Prusia polaca en el primer reparto (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “distribution” o “sharing” en el contexto anglosajón, en inglés) de Polonia y libró tres guerras contra Austria. Gobernó de forma autocrática y se dedicó al estudio de la filosofía, la historia, la poesía, la música y la literatura francesa. Fue un músico de talento.

Cuando concluyó la guerra de los Siete Años (1763), Silesia formaba parte de Prusia; Federico II se anexionó la Prusia polaca en 1772 en el llamado primer reparto (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “distribution” o “sharing” en el contexto anglosajón, en inglés) de Polonia, con lo que unió el reino de Prusia Oriental con Brandeburgo y el conjunto principal de sus posesiones alemanas en occidente. El régimen implantado por Federico II se consideró como un modelo del despotismo ilustrado propio del Siglo de las Luces.

Federico Guillermo III sucedió en el trono a su padre, Federico Guillermo II (sobrino de Federico II) en 1797 e instituyó una serie de reformas liberales en el reino prusiano con ayuda de sus ministros, el barón Karl von Stein y el príncipe Karl August von Hardenberg. Desde 1801 hasta 1805 —durante las Guerras Napoleónicas— Prusia estuvo dominada por Napoleón Bonaparte (emperador de los franceses desde 1804).

Aviso

No obstante, Federico Guillermo III se unió en 1806 a la Cuarta Coalición antinapoleónica, formada originalmente por Rusia, Gran Bretaña y Suecia. Tras la derrota de la Coalición en Auerstedt, Jena (octubre de 1806) y Friedland (junio de 1807) perdió una gran parte de su territorio según lo acordado en el Tratado de Tilsit (julio de 1807). La suerte de los prusianos cambió con motivo de la batalla de Waterloo (1815), que ocasionó la definitiva derrota de Napoleón.

4. EL DOMINIO DE PRUSIA EN ALEMANIA

Nota: Ver la entrada sobre Otto von Bismarck. El político prusiano Von Bismarck unificó los estados alemanes en un único Imperio. Señaló en una ocasión que los grandes problemas de Alemania no se resolverían con discursos ni decisiones parlamentarias, sino con “sangre y acero”.

Después de las negociaciones del Congreso de Viena (finalizadas en 1815), Prusia emergió como la principal potencia alemana de la Confederación Germánica (liderada por el Imperio Austriaco y sucesora del Sacro Imperio), al ocupar Pomerania, Westfalia y zonas de Sajonia, hasta alcanzar el Rin como frontera occidental. Casi todos los estados alemanes estaban vinculados económicamente a Prusia en 1844. La cima de su poder la alcanzó durante el reinado de Guillermo I (iniciado en 1861) y el gobierno de su canciller, Otto von Bismarck, quien promovió la guerra de los Ducados contra Dinamarca en 1864, la guerra Austro-prusiana en 1866 y la Guerra Franco-prusiana en 1870. Estos enfrentamientos consiguieron consolidar el liderazgo (véase también carisma) de Prusia en la unificación alemana que condujo a la formación del II Imperio Alemán (1871-1918) (1871). A partir de esa época, la historia de Prusia coincide con la de Alemania. El estado de Prusia quedó legalmente abolido en 1947 por el Consejo de Control aliado, un organismo creado después de la II Guerra Mundial para resolver los problemas que afectaban a Alemania. (1)

Prusia Oriental

Prusia Oriental, la provincia más oriental del antiguo reino de Prusia que fue dividida, después de la II Guerra Mundial, entre Polonia y la Unión Soviética. La capital era Königsberg (hoy Kaliningrado, territorio integrado en la Federación Rusa). (2)

Discursos a la nación alemana

Discursos a la nación alemana, principal obra política escrita por el filósofo Johann Gottlieb Fichte. Publicada en alemán (título original: Reden an die deutsche Nation) en 1808, reunía 14 discursos pronunciados por su autor desde el 15 de diciembre de 1807 hasta el 20 de marzo de 1808 en Berlín, tiempo durante el cual dicha ciudad, en el contexto de las Guerras Napoleónicas, se encontraba ocupada por tropas francesas.

Discursos a la nación alemana: Educación de la nación alemana

Frente a los soberanos prusianos, atormentados por el recuerdo del Sacro Imperio Romano Germánico, hizo una auténtica apología del tercer estado, que identifica con la población urbana alemana: “La nación alemana es la única de las naciones de la nueva Europa que ha demostrado de hecho, con el ejemplo de su burguesía, que es capaz de sostener la constitución republicana”. De inspiración protestante, y heredero en este sentido de Gotthold Ephraim Lessing, el llamamiento a la regeneración democrática de Alemania supone una religión de Estado que Fichte denomina “cristianismo simple” y que no está basada ni en las Sagradas Escrituras ni en la autoridad del papa. La referencia a la Reforma da lugar a una interpretación histórica poco realista de los respectivos destinos de Francia y Alemania; así, por ejemplo, Voltaire, padre del libre pensamiento, es identificado con Martín Lutero, considerado a su vez como precursor del racionalismo crítico.

Tales son los límites teóricos y prácticos de esta obra, que incide en la necesidad de aplicar su lógica nacionalista en una coyuntura específica.Entre las Líneas En su condición de defensor de la Revolución Francesa que se siente traicionado por la historia contemporánea, Fichte advierte acerca de la oportunidad histórica que se presenta a los alemanes de recuperar su esencia original de Urvolk (pueblo original). Puesto que “los alemanes, como tales, no tienen historia durante los últimos siglos (…): han crecido sin historia”, es imprescindible que, agotada la vía de la reforma política, se inicie la de la regeneración espiritual. Una vez conseguida ésta, y asumida su condición de pueblo elegido, la nación alemana debe guiar la salvación del resto de la humanidad. Para materializar esa regeneración, los alemanes deben desarrollar su potencial aptitud metafísica originaria, conforme a un programa educativo, concebido y prescrito por filósofos.Entre las Líneas En este último sentido, Fichte retoma y renueva la mayéutica socrática, en tanto que su programa educativo (en el que hace valer su fe absoluta en la libertad humana) tiene como rasgo fundamental el poder de la palabra. (3)

Discursos a la nación alemana: Fracaso revolucionario

Tras la derrota militar de Prusia ante los ejércitos de Napoleón I Bonaparte, Fichte cuestionaba en primer lugar la ocupación cultural y militar francesa que aquéllos trajeron consigo y que trataron de justificar en virtud de los ideales de la Revolución Francesa y de la Ilustración, que él en cambio consideraba traicionados. Fichte responsabilizaba de esta inconsecuencia histórica al escepticismo ilustrado, causante del derrumbamiento de la moral y de la religión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esta última consiste en la búsqueda de la instauración del Reino de Dios en la Tierra, pero sin recurrir a coacciones políticas o militares exteriores, sino mediante el llamamiento a la autodeterminación moral de las personas y de los pueblos.

Para apoyar su tesis, criticó la lengua y la civilización francesas, pero también el pangermanismo de los románticos alemanes. Respecto a la lengua francesa, negaba la posibilidad de que ésta pudiera lograr sus pretendidas aspiraciones literarias y, particularmente, filosóficas. Aducía, en cambio, que solo la lengua alemana “está únicamente creada para expresar la verdad”. Por ello, creía que había llegado la hora de que Alemania asumiera el liderazgo (véase también carisma) espiritual del mundo, tanto en el orden del saber como en el político, al que estaba predestinada. Así, Discursos a la nación alemana se convirtió en una de las más firmes proclamas del nacionalismo alemán. Opuesto a los románticos católicos (Johann Gottfried von Herder, Novalis y August Wilhelm von Schlegel, entre otros) y al Sturm und Drang y su glorificación del pasado medieval alemán, Fichte asignaba a la cultura alemana la misión ejemplar de “transformar a todo el genero humano”. (4)

Golpe contra Prusia, la Constitución de Weimar y la fallida reforma del Reich

Como era de esperar, los teóricos del derecho del Estado del período de Weimar no solo comentaron todas las crisis de la República, sino que desde el principio también discutieron la cuestión de las posibles reformas constitucionales (de Weimarreformas constitucionales (de Weimarreformas constitucionales (de Weimar). El espectro abarcó desde el examen académico hasta la participación activa en el proceso, abarcando los primeros anteproyectos constitucionales privados que comenzaron alrededor de 1917 y los intentos finales de salvar a la República en el otoño de 1932. Incluso si el profesor alemán como parlamentario se estaba extinguiendo, ciertamente no se había vuelto apolítico. Incluso los positivistas más comprometidos entre los teóricos de la ley estatal eran muy activos políticamente y se pronunciaron sobre cuestiones de política legal. Gerhard Anschütz, Hugo Preuß y Willibalt Apelt, en particular, contribuyeron a la redacción de la Constitución del Reich. Apelt fue también un ministro de Estado activo, Johann Victor Bredt fue parlamentario y el Ministro de Justicia del Reich, Wilhelm Kahl y Axel von Freytagh-Loringhoven sirvieron como miembros del parlamento, Fritz Poetzsch-Heffter fue un funcionario ministerial, Carl Schmitt actuó como asesor de los gabinetes presidenciales, y muchos teóricos del derecho internacional (Schücking, Strupp, Fleischmann, Triepel, Bruns, Kaufmann, Kraus, y otros) sirvieron como asesores (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “assessors” en derecho anglo-sajón, en inglés) del gobierno del Reich.

Se prepararon innumerables opiniones de expertos en derecho estatal, y teóricos del derecho público participaron en comisiones gubernamentales. La participación de profesores de derecho estatal y administrativo en la política partidista, y no en el sentido más estricto de “pertenencia”, era más o menos de dominio público. La membresía o el registro de votación relevante fue ciertamente de importancia también para su trabajo académico en el caso de Hubrich (DVP), Triepel (DNVP), Smend (DNVP), Helfritz (DNVP), Freytagh-Loringhoven (DNVP), Giese (DDP), DStP (Partido del Estado alemán)), Koellreutter (primera DVP, después de 1932 NSDAP), Ritterbusch, Höhn, Walz (todos NSDAP después de 1932), Heller (SPD), Bredt (partidos de clase media), Anschütz (DDP), Thoma (DDP), y Preuß (DDP).

Lo mismo puede decirse de Austria, especialmente de Viena, donde era aún más común que en el Reich que los individuos pasaran del servicio administrativo a la academia y al Tribunal Administrativo Superior (Verwaltungsgerichtshof), de allí a la política, y de nuevo a la academia.

En ese sentido, se podría decir que la teoría del derecho estatal y la política estaban estrechamente entrelazadas, incluso si muchos de los profesores y investigadores académicos en el campo del derecho público, que eran unos 100 al final de la República, bien podrían haberse considerado a sí mismos como investigadores académicos callados. El campo en su conjunto fue llamado, como ningún otro, a comentar la política desde una perspectiva constitucional, y a preparar y dar seguimiento a los diseños de las reformas de la constitución y del Reich.Entre las Líneas En ella se plantean grandes desafíos y a veces es difícil identificar los logros de la mediación y de la “canalización” legal, pero también las tentaciones y los peligros, que regularmente se derivan de la participación en el poder político. Después de 1933, muchos teóricos del derecho público intentaron en consecuencia invocar esta participación para demostrar que su orientación siempre había sido nacional y social.

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Por el contrario, los nacionalsocialistas, si desconfiaban de alguien o querían derribarlo, le reprochaban su anterior participación, como hicieron, por ejemplo, con Carl Schmitt en 1936-7 en la revista Das Schwarze Korps. Esto continuó después de 1945, con todas las vergüenzas y estrategias de exoneración e incriminación que ello implicaba.

Entre todas las muchas actividades prácticas de este tipo, solo destacaré el caso de ‘Prusia contra el Reich’ que se escuchó ante la Casa de los Staatsgerichts en 1932, tras el golpe del gobierno del Reich con la ayuda de un decreto de emergencia del presidente del Reich el 20 de julio de 1932. La decisión ambigua y aparentemente mediadora, que en última instancia capituló ante los hechos políticos, es un hito en la historia constitucional de la caída de la República. Los comentaristas de la época ya lo percibieron, y los observadores posteriores lo vieron aún más claramente.272 Carl Schmitt y Carl Bilfinger se apresuraron a justificar los hechos, y se unieron a ellos teóricos del derecho público que se mantuvieron cerca de ellos políticamente. Los profesores universitarios que se involucraron por parte de Prusia y Baviera proclamaron una vez más sus posiciones opuestas;275 otros declararon en términos inequívocos que esto era una violación de la constitución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En este caso altamente político, las líneas fueron trazadas de acuerdo con consideraciones políticas y no metodológicas. La verdadera confrontación ocurrió entre los dos “anti-positivistas” Carl Schmitt y Hermann Heller.Si, Pero: Pero es sorprendente que en las figuras de Anschütz, Giese y Nawiasky, tres positivistas muy prominentes construyeran la posición defensiva de Prusia, y que Walter Jellinek y Kelsen se unieran a su campo.

Tal vez la solución violenta de 1932 al dualismo entre Prusia y el Reich, que en la fase final de la República se había intensificado aún más por las tensiones entre partidos políticos, ya estaba prevista desde Brüning y, en cierto modo, se había convertido en “inevitable” como reacción a la crítica situación de la política interna, según Ernst Rudolf Huber. Sea como fuere, fue ciertamente un acto de fuerza, que trascendió y puso fin a los intentos anteriores de lograr una reforma del Reich a través de negociaciones. Los nacionalsocialistas en el parlamento prusiano, bajo el liderazgo (véase también carisma) de Hans Kerrl, cooperaron con Franz v. Papen, y el 18 de julio de 1932, Kerrl alentó a Papen a tomar el poder policial en Prusia. El “golpe contra Prusia” fue al mismo tiempo un anticipo de la igualmente violenta “Gleichschaltung” (alineación política) de los Länder por parte de los nacionalsocialistas una vez que llegaron al poder. La República no había sido capaz de reunir la energía ni de encontrar una oportunidad para resolver lo que había sido el virulento problema de “Prusia” desde el primer plan constitucional de Hugo Preuß. Lo que había sido fusionado en las circunstancias constitucionales del Imperio por un gobierno con la doble función de abarcar Prusia y el Reich se disolvió de nuevo en las tensiones entre 1929 y 1932.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Las esperanzas de una reorganización territorial pacífica y de una reforma institucional del Reich (voto constructivo de censura, reforma de la franquicia) movilizaron una gran cantidad de energía entre expertos administrativos, políticos y teóricos del derecho estatal. Fritz Poetzsch-Heffter (1881-1935)279 y Arnold Brecht (1884-1977)280 incluso presentaron un proyecto de ley. El gobierno del Reich remitió los problemas que no podía resolver por sí solo a una “conferencia de los Länder”, que a su vez estableció comités. Los resultados se publicaron281 y provocaron una avalancha de respuestas y opiniones hasta 1933.282 Esas voces reflejan toda la impotencia de los expertos jurídicos, cuyas contribuciones presuponían una voluntad política de reforma que ya no existía.

Al final había una montaña de papel impreso, pero no se había resuelto ningún problema. Prusia no estaba dividida, como Hugo Preuß había imaginado, ni lo estaba, como había sido el caso en la Constitución del Reich de 1871, dominante en el cuerpo representativo de los Länder y vinculada al gobierno del Reich con vínculos de personal superpuestos. Tampoco se limitaron los poderes legislativos del Reich de una manera que respetara a los Länder, ni se eliminaron los pequeños estados inviables. Y, con toda seguridad, no ha habido ninguna simplificación administrativa general. Se discutió el constructivo voto de censura para el Reichstag, pero ya no se pudo implementar.

La verdadera crisis del Reich y la conciencia de crisis que la acompañaba se habían vuelto tan intensas que las deficiencias de la constitución se consideraban secundarias, porque ya no se consideraban una causa de la crisis.285 Estaba claro, especialmente para sus defensores, que la constitución ya no podía ser defendida solo invocando la intención original y la redacción literal de la ley. Ahora solo había dos alternativas: la preservación de la constitución en forma modificada, si era necesario mediante el empleo del estado de emergencia extraconstitucional previsto por Johannes Heckel mediante un golpe de Estado planeado por el gobierno del Reich y los militares; o la transferencia formalmente correcta del poder de gobierno al líder de la facción parlamentaria más fuerte y, por lo tanto, la entrega de la República a su enemigo jurado, a quien se podía oponer solo con medios políticos, pero ya no con medios constitucionales.

En esta situación, los defensores de la República ya se habían dado por vencidos. Realmente no tenían nada que contribuir a la solución de la crisis actual”, al menos sin medios extraconstitucionales, y la mayoría ya no quería escuchar a Kelsen llamando la atención sobre la conexión entre la democracia, la libertad y el relativismo ideológico.Si, Pero: Pero los partidarios de la dictadura presidencial o de otras soluciones autoritarias tampoco ofrecieron nada que fuera realmente útil. La tesis de Heckel no era más que el argumento de que la salvación del Estado consistía en una nueva y completa desempoderamiento del parlamento, que de todos modos había dejado de funcionar en el otoño de 1932. El problema no radica en una debilidad de la Constitución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). No fue derribada por sus contradicciones, por ejemplo, por la irreconciliabilidad de la primera y segunda parte principal, como sugirió Carl Schmitt en un “llamado de advertencia” y “grito de angustia” en 1932. La clase política de la República estaba desanimada. Su cohesión no era lo suficientemente fuerte, las fuerzas estaban divididas, y así la República en cierto sentido se desmoronó cuando un demagogo sin escrúpulos logró entrar por la puerta abierta, no como titular de la mayoría parlamentaria, sino aún en una maniobra legal, y cerrarla detrás de él. Schmitt describió los hechos como el caso modelo de la revolución legal: `Se le permitiría, de una manera legal, cerrar detrás de él la puerta de la legalidad a través de la cual entró, y tratar a su oponente partidario-político, que entonces podría estar pateando contra la puerta cerrada, como un criminal común”.

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Los profesores de derecho estatal estaban tan indefensos en esta situación como todos los demás, de hecho, estaban dispuestos a creer en el hombre fuerte, a quien la mayoría al final prefirió por encima de la mayoría parlamentaria. La declaración terriblemente ambigua de Erich Kaufmann – “¡Sólo quien puede, puede!” – recompensó al hombre que ahora podía. Como fue durante los años anteriores, demasiados teóricos de la ley estatal se habían distanciado con demasiada frecuencia con análisis mordaz e interpretaciones sutiles de esta constitución y sus valores liberales que ahora deberían estar dispuestos a luchar por ella, si la lucha hubiera sido su negocio.

Autor: Black

Recursos

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Notas y Referencias

  1. Información sobre Prusia en la Enciclopedia Online Encarta
  • Información sobre Prusia en la Enciclopedia Online Encarta
  • Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2009. Microsoft Corporation, 2008.
  • Información sobre Prusia en la Enciclopedia Online Encarta
  • Véase También

    República de Weimar
    Alemania
    Congreso de Viena
    Tratado de Tilsit
    Paz de Oliva
    Paul von Hindenburg

    Bibliografía

    Guía sobre Prusia

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