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Sociedad Moderna

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Sociedad Moderna

Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

La sociedad en una era global

El estudio de la política internacional ha prestado convencionalmente poca atención a las fuerzas sociales o a los factores sociales. Los “Estados”, más que las “sociedades”, se consideraban los principales actores de la escena mundial, y se pensaba que las relaciones entre ellos estaban determinadas por consideraciones estrictamente políticas (relacionadas con el poder y la seguridad), no sociológicas.Entre las Líneas En cierto modo, el advenimiento de la globalización acentuó este desprecio por “lo social”, ya que los hiperglobalistas, en particular, presentaron la globalización como un fenómeno estrictamente económico, o incluso tecnológico.

Puntualización

Sin embargo, ambos puntos de vista no reconocen hasta qué punto instituciones como el Estado y la economía están integradas en una red de relaciones sociales, que contribuyen a dar forma a los acontecimientos políticos y económicos y que, a su vez, son moldeados por ellos. De hecho, las sociedades modernas están cambiando tan rápida y radicalmente como las economías modernas. Entre los cambios más importantes se encuentra la naturaleza cambiante de las conexiones sociales, especialmente a la luz del surgimiento de las llamadas sociedades postindustriales y el crecimiento masivo de la tecnología de las comunicaciones. ¿Las formas “densas” de conexión social están siendo sustituidas por formas “finas” de conexión? Por otra parte, el avance de la globalización cultural está modificando las normas y los valores sociales, sobre todo, pero no exclusivamente, en el mundo en desarrollo, sobre todo a través de la difusión del consumismo y el aumento del individualismo.

Detalles

Por último, el crecimiento de los grupos transnacionales y los movimientos globales ha llevado a algunos a sugerir que las relaciones sociales y las identidades están en proceso de reconfiguración mediante la aparición de lo que se ha denominado “sociedad civil global”. ¿Existe la sociedad civil global y cuáles son sus implicaciones para la futura configuración de la política global?

Las sociedades se forman a partir de un conjunto de relaciones generalmente estables entre sus miembros.

Puntualización

Sin embargo, la conexión social “gruesa” de vínculos estrechos y lealtades fijas está dando paso a la conexión “fina” de acuerdos sociales más fluidos e individualizados. Esto refleja el impacto del post-industrialismo y el uso más amplio de la tecnología de la comunicación.
El adelgazamiento y la ampliación de las conexiones sociales se han asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) a un aumento general del riesgo, la incertidumbre y la inestabilidad. Los riesgos e inestabilidades de la sociedad moderna incluyen las crecientes amenazas medioambientales, las crisis económicas debidas al aumento de la interconexión económica y la aparición de nuevas amenazas a la seguridad.
La globalización cultural es el proceso por el que la información, las mercancías y las imágenes que se han producido en una parte del mundo entran en un flujo global que tiende a “aplanar” las diferencias culturales entre naciones, regiones e individuos. A menudo se asocia con la difusión mundial (o global) del consumismo y el auge del individualismo.

Sin embargo, la imagen de una monocultura global emergente ha sido cuestionada. La diversidad y la pluralización han aumentado en las sociedades modernas debido a factores como la adaptación de los productos culturales a las tradiciones y entendimientos locales para facilitar su difusión y debido a la reacción contra la percepción de la dominación de ideas, valores y estilos de vida extranjeros.

El surgimiento, durante la década de 1990, de un mosaico de nuevos grupos, organizaciones y movimientos que pretendían desafiar la globalización “corporativa” se ha interpretado como la aparición de la sociedad civil global.

Puntualización

Sin embargo, la sociedad civil global se ha interpretado de forma diferente según se haya considerado a los movimientos sociales transnacionales o a las ONG como sus agentes clave.

Los partidarios de la sociedad civil global sostienen que ha reconfigurado eficazmente el poder global, proporcionando una especie de visión democrática “desde abajo” de un orden mundial (o global) civilizador. Los críticos, en cambio, han cuestionado las credenciales democráticas de los movimientos sociales y las ONG, han condenado su uso de la acción directa y los han acusado de distorsionar las agendas políticas nacionales y mundiales.

Datos verificados por: Cox

Sociedad Moderna: Introducción al Concepto Jurídico

De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:

Es una sociedad que ya ha atravesado la fase inestable del proceso de modernización y ha logrado un nivel general de organización y desarrollo que le confiere cierta estabilidad, desde la cual sigue evolucionando con más seguridad. Sus características generales son: instituciones políticas democráticas estables, administración pública racionalmente organizada, organización nacional legalmente resuelta y estable, desarrollo científico-tecno lógico autónomo, economía industrial o post-industrial, universalización del proceso educativo básico, alto nivel de ingreso per capita, aceptable desigualdad del ingreso (índice de Gini inferior a 0,5), eficiente sistema de salud, con buen nivel de esperanza de vida y baja morbilidad, baja natalidad y muy baja mortalidad infantil, activa presencia en el comercio internacional con productos de alto valor agregado, presencia en las decisiones políticas internacionales, al menos en cuestiones que la afectan.

Sociedad e Individuo en la Edad Moderna

¿Cuáles son, desde nuestro punto de vista, los acontecimientos que van a modificar las mentalidades, en particular la idea que las personas tienen de sí mismas y de su papel en la vida diaria de la sociedad?

Tres acontecimientos externos, pertenecientes a la gran historia político-cultural, entraron en juego.

El más importante tal vez sea el nuevo cometido del Estado, que no dejó de imponerse desde el siglo XV con modos, representaciones y medios diferentes.

El Estado y su justicia van a intervenir con más frecuencia, al menos nominalmente, e incluso cada vez con más frecuencia efectivamente durante el siglo XVIII, en el espacio social que antes quedaba abandonado a las comunidades.

Una de las principales misiones del individuo era todavía adquirir, defender o acrecentar el papel social que la comunidad social podía tolerar; pues, sobre todo desde los siglos XV y XVI, había más margen en una comunidad que, debido al enriquecimiento y la diversidad de los oficios, se iba haciendo cada vez más desigual. Las posibilidades de actuar consistían en ganar la aprobación, la envidia o, por lo menos, la tolerancia de la opinión pública gracias a la apariencia; esto es, al honor. Conservar o defender el honor era mantener el prestigio.

El individuo no era lo que era, sino lo que aparentaba, o más bien lo que conseguía aparentar. Todo se disponía con ese objeto: el gasto excesivo, la prodigalidad (por lo menos en los momentos adecuados, juiciosamente escogidos), la insolencia, la ostentación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La defensa del honor llegaba hasta la participación activa y peligrosa en un duelo (véase más información, y sobre sus dos significados) o hasta un intercambio en público de palabras y de golpes que desencadenaban un ciclo de venganza, pues acudir a las instituciones estatales como la justicia estaba excluido. Ahora bien, desde el reinado de Luis XIII al menos, el Estado pasó a tomar en cuenta tanto como pudo el control de la apariencia. Por ejemplo, prohibió los duelos so pena de muerte (Richelieu) y, mediante las leyes suntuarias, pretendió proscribir el lujo del vestido y que, gracias a éste, se usurpara un puesto que no correspondía por derecho. Revisaba las listas de nobles para eliminar a los usurpadores. Intervenía cada vez más en las relaciones internas, en lo que nosotros consideramos el centro mismo de lo privado, la vida familiar, por medio de las lettres de cachet: en realidad, ponía su poder a disposición de uno de los miembros de la familia contra otro, saltándose el aparato ordinario de Estado, más infamante.

Tal estrategia tuvo importantes consecuencias. El Estado de justicia dividía la sociedad en tres zonas:

— La sociedad cortesana, verdadero fórum en el que, bajo una envoltura moderna, se mantenía la mezcla arcaica de acción política o estatal, festividad, compromiso personal, servicio y jerarquía, muchos de cuyos elementos constitutivos existían ya en la Edad Media.
— En el otro extremo de la escala social, las clases populares del campo y de las ciudades, en las que persistieron durante mucho tiempo la tradicional mezcla del trabajo y de la fiesta, las voluntades de ostentación y de prestigio, y una sociabilidad amplia, cambiante, renovada. Es el mundo de la calle, del tenderete, de la alameda o de la plaza mayor, al lado de la iglesia.
— La corte, la plebe: dos obstáculos para la extensión de un nuevo espacio privado que va a desarrollarse entonces en los grupos sociales intermedios y, por lo general, cultivados —la pequeña nobleza de toga y la pequeña nobleza municipal, los notables de rango medio—, que encuentran un placer desconocido en quedarse en casa y en mantener en ella una relación agradable con una pequeña société —es la palabra que se empleaba— de amigos muy selectos.
El segundo acontecimiento es el desarrollo de la alfabetización y la difusión de la lectura, en particular gracias a la imprenta.

Naturalmente, la práctica más generalizada de la lectura en silencio no ha eliminado la lectura en voz alta, que durante mucho tiempo había sido la única manera de leer. Charles de Sevigné era un lector excelente.Entre las Líneas En el campo, durante las veladas, se leen pasajes de los “libros azules”[3], literatura de cordel. Eso no es óbice para que la lectura en silencio posibilite que más de uno se haga por sí solo su idea del mundo, que adquiera conocimientos empíricos, como Montaigne o Henri de Campion, pero también como Jamerey-Duval o el molinero que ha estudiado Carlo Ginzburg. Esta lectura permite una reflexión solitaria que de otro modo hubiera resultado más difícil fuera de los espacios piadosos, de los conventos o de los lugares de retiro, acondicionados para la soledad.
Por último, tercer acontecimiento, que es el mejor conocido y que no deja de estar relacionado con los dos anteriores: las nuevas formas de religión que se establecen en los siglos XVI y XVII. Desarrollan una piedad interior, el examen de conciencia, en la forma católica de la confesión o en la puritana del diario íntimo, sin excluir, sino todo lo contrario, otras formas colectivas de la vida parroquial. La oración adopta con más frecuencia, entre los laicos, la forma de la meditación solitaria en un oratorio privado o, simplemente, en un rincón de la cámara, sobre un mueble adecuado a este uso, el reclinatorio.

Los indicios de la privatización

A riesgo de repetirnos, preguntémonos por qué caminos van a penetrar estos acontecimientos en las mentalidades.
Voy a distinguir seis categorías de datos importantes, que agrupan alrededor de elementos concretos los cambios producidos y permiten discernirlos de una forma elemental.

1°. La literatura de civilidad es uno de los buenos indicadores de cambio, porque en ella se ve la transformación de los usos caballerescos medievales en reglas de buena crianza y en código de cortesía. Norbert Elias la analizó hace mucho tiempo: en esta literatura encontró uno de los principales argumentos de su tesis sobre el gradual alumbramiento de la modernidad. Roger Chartier le ha dado un enfoque nuevo. Jacques Revel la estudiará aquí.
Todo el mundo está de acuerdo en observar en dicha literatura, desde el siglo XVI hasta el XVII, una serie de pequeñas evoluciones que revelan, a la larga, una actitud nueva frente al cuerpo, frente al cuerpo propio y al ajeno. No se trata ya de enseñar cómo debe servir a la mesa un mocito, o cómo debe servir a su amo, sino más bien de extender alrededor del cuerpo un espacio preservado, para alejarlo de otros cuerpos, para sustraerlo al contacto y a la mirada del prójimo.

Una Conclusión

Por consiguiente, las personas dejan de abrazarse, de besarse la mano, el pie, de correr a “postrarse de hinojos” ante una dama a quien quieren ofrecer sus respetos. Estas demostraciones vehementes y patéticas se sustituyen por ademanes discretos y furtivos; no se trata ya de aparentar ni de afirmarse ante los demás sino, por el contrario, de estar presente en la atención de los demás solo lo necesario para que no se olviden totalmente de uno, sin imponerse con un ademán excesivo. La literatura de civilidad, la manera de tratar el propio cuerpo y el de los demás explican un pudor nuevo, una nueva preocupación por disimular determinadas partes del cuerpo, determinados actos como la excreción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). “Cubríos ese seno que no debo ver”, dice Tartufo. Ya ha pasado el tiempo en que los hombres del siglo XVI se recubrían el sexo con una prótesis que servía de bolsillo y que simulaba poco más o menos la erección. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Del mismo modo, causará repugnancia acostar a los recién casados en su cama, en público, la noche de bodas, y regresar a su cámara la mañana siguiente. Incluso sucederá que este pudor nuevo, sumado a antiguas prohibiciones, dificultará el acceso del cirujano varón al lecho de la parturienta, lugar de reunión esencialmente femenino.

2°. Otro indicio de una voluntad más o menos consciente, a veces obstinada, de apartarse, de conocerse mejor uno mismo mediante la escritura, sin que necesariamente haya que comunicar ese conocimiento a otros que no sean los propios hijos para que conserven el recuerdo, y con mucha frecuencia manteniendo en secreto las confidencias y exigiendo a los herederos su destrucción: es el diario íntimo, o las cartas, las confesiones, la literatura autógrafa en general, que da fe de los avances de la alfabetización y del establecimiento de una relación entre lectura, escritura (su redacción) y conocimiento de uno mismo.

Son escritos sobre uno mismo y, con mucha frecuencia, para uno mismo y solo para uno mismo. No siempre se intenta publicarlos. Incluso cuando no se destruyen, sobreviven solo por casualidad, en el fondo de un baúl o de un desván. Son, pues, escritos redactados únicamente por gusto. Un artesano vidriero de finales del siglo XVIII lo confiesa al principio de sus memorias: “Lo que he escrito fue solo por mi gusto y por el de recordarlo”. La autobiografía correspondía tan bien a una necesidad de la época que se convirtió en género literario (como el testamento en la Edad Media), en medio de expresión literaria o filosófica, de Maine de Biran a Amiel.

No es casual que el diario íntimo estuviese tan generalizado desde finales del siglo XVI en Inglaterra, cuna de la privacy.Entre las Líneas En Francia, donde, salvo en algunos casos aislados, no tenemos nada comparable, los livres de raison[4] son, sin embargo, más numerosos y tal vez más densos.

3º. El gusto por la soledad. Antes no era conveniente que un hombre distinguido estuviera solo, salvo para rezar —y esto seguirá así aún por mucho tiempo—. Los más humildes tenían tanta necesidad de compañía como los grandes: la peor de las pobrezas era el aislamiento; por eso el eremita lo buscaba como privación y disciplina. La soledad engendra el tedio: es un estado contrario a la condición humana. Como se ve, ya no es así a fines del siglo XVII. Madame de Sevigné que, sin embargo, no estaba nunca sola en París, escribe en las cartas de la última parte de su vida el placer que le causa en Bretaña quedarse sola tres o cuatro días seguidos, pasearse por las alamedas plantadas de árboles de su parque, con un libro. Todavía no se ha llegado a los grandes recorridos en medio de la naturaleza, pero el parque arbolado adopta, sin embargo, un aire de naturaleza. Pronto llegarán Las confesiones y Los pensamientos de un paseante solitario.

4º. La amistad. Esa disposición a la soledad invita a compartirla con un amigo querido, retirado del círculo de los asiduos, por lo general amo, pariente, sirviente o vecino, pero elegido de manera más especial, separado de los demás. Otro yo. La amistad ya no es únicamente la fraternidad de armas de los caballeros de la Edad Media: no obstante, queda mucho de ella en la camaradería militar de estas épocas en las que las guerras ocupan a la nobleza desde la más tierna edad. Sin duda, solo excepcionalmente se da la gran amistad que se encuentra en Shakespeare o en Miguel Ángel. Es un sentimiento más civil, un trato afable, una fidelidad apacible, del cual existe, además, toda una gama de variedades y de intensidad.

5°. Todos estos cambios —y muchos otros— convergen en una nueva manera de concebir y disponer la vida diaria, no ya según el azar de las etapas, la utilidad más trivial o incluso como complemento de la arquitectura y del arte, sino como una exteriorización de sí mismo y de los valores que uno cultiva en sí.

Esto lleva a conceder mucha atención y a dedicar muchos cuidados a lo que ocurre en la vida diaria, en el interior de la casa o en el comportamiento propio, y a introducir en ello exigencias de refinamiento que llevan tiempo y acaparan el interés; es el gusto que entonces se convierte en un verdadero valor.

Durante mucho tiempo las personas se habían limitado a recubrir las paredes de las habitaciones con tapices movibles, a instalar cuando era posible mostradores de objetos preciosos. El resto del mobiliario era sencillo, desmontable, seguía al propietario en sus desplazamientos, conservaba un carácter de utilidad, como es el caso de camas, arcas y bancos. Luego las cosas cambian. La cama se instala en la ruelle[5], el arca se convierte en un objeto artístico o (y esto es más significativo) cede el puesto al armario, a la cómoda. El sillón ya no es una silla con brazos destinada a indicar y a subrayar una posición social eminente. Madame de Sevigné está en la frontera de las dos épocas y en sus cartas se encuentran ejemplos de sendas actitudes. Lleva consigo su cama en su primer viaje a Les Rochers, y aunque todavía es bastante indiferente al arte de los mueblecitos, los admira en casa de su hija. Ya Samuel Pepys conocía suficientemente a los mercaderes para comprar como entendido grabados, muebles y cama. Este arte menor del interior se convierte en fuente de inspiración para el arte excelente del pintor. La pintura holandesa del siglo XVII gusta de representar el interior doméstico en su perfección —ideal de un nuevo arte de vivir—. Entonces es cuando se desarrolla un arte de la mesa y de los vinos, que requiere una iniciación, una cultura, un espíritu crítico; es lo que se sigue llamando el gusto. ¿No será entonces cuando se desarrolla una gran cocina de maestros, pero también cuando la cocina común se hace más exigente, más refinada, cuando los platos rústicos y toscos se convierten en las hornillas en recetas tradicionales, pero cuidadas y a menudo sutiles? Las mismas observaciones podrían hacerse acerca del vestido y, más concretamente, acerca del vestido de interior.
6º. La historia de la casa resume quizá todo el movimiento de esas constelaciones psicológicas que acabamos de evocar, sus innovaciones y sus contradicciones. Es una historia muy compleja cuya importancia no podemos por menos que señalar. No deja de cambiar hasta nuestros días, tras haber sido, entre los siglos XII y XV, relativamente estable.

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Creo que los elementos más importantes son:

— la dimensión de las habitaciones, que se hace más pequeña; la multiplicación de espacios pequeños, que aparecen primero como apéndices de las habitaciones principales, pero en los que se concentra la actividad y que muy pronto adquieren autonomía: estudio, alcôve, ruelle;
— la creación de espacios de comunicación que permiten entrar o salir de una habitación sin pasar por otra (escalera privada, pasillo o corredor, vestíbulo…);
— la especialización de las habitaciones (Samuel Pepys tenía una nursery, una cámara para sí, otra para su mujer, un living room, mientras que madame de Sevigné no conocía nada de eso ni en Carnavalet ni en Les Rochers); además hay que hacer constar que, en muchos lugares —y tal vez también en Inglaterra—, el cierre de la casa y la especialización de las habitaciones corresponden más bien a una “funcionalización”;
— las habitaciones están reservadas a una especie de trabajo antes que a una búsqueda de intimidad;
— la distribución de la calefacción y de la luz. La historia de la chimenea parece particularmente importante, a la vez para la calefacción y para la cocina; citemos únicamente el paso de la chimenea grande, elemento arquitectónico, a la chimenea pequeña, con sus conductos y su pantalla, que tal vez sea una adaptación occidental de la estufa de Europa central.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

El individuo, el grupo, la familia

Todo lo que se acaba de decir se refiere al repertorio analítico. Ahora es preciso preguntarse cómo se reunieron en la vida diaria todos esos elementos dentro de estructuras coherentes, dotadas de fuerte unidad, y cómo pudieron evolucionar dichas estructuras. Advierto tres fases importantes:

1°. La conquista de la intimidad individual. Los siglos XVI y XVII me parece que marcan, desde cierto punto de vista, el triunfo de cierto individualismo de costumbres; en la vida diaria, quiero decir (y no en la ideología: hay un desfase entre ambas). Los espacios sociales que la conquista del Estado y los retrocesos de la sociabilidad de comunidad han dejado libres van a ceder el puesto al individuo para instalarse aparte, en la sombra. Los espacios materiales que corresponden a esos espacios sociales son muy diversos, todos poco funcionales. (…)

Evidentemente, la búsqueda de la intimidad suele estar ligada a la conquista de un amor.Si, Pero: Pero no siempre. Otro lugar privilegiado, nuevo en este caso pues corresponde a un acondicionamiento nuevo de la cámara y de la cama, es la ruelle; lugar tanto de las confidencias amorosas como de las políticas o de las referentes a negocios, lugar del secreto al fondo de una cámara que todavía, a veces, está llena de gente.

A finales del siglo XVII, el pequeño Jamerey-Duval, a los siete u ocho años, huye de su madrastra y encuentra refugio durante algún tiempo en el bosque, entre un pequeño grupo (una petite société) de pastores que le enseñan a leer. Luego se hace criado de una comunidad de eremitas que le disponen un rincón de soledad en el que acumulará una ciencia de autodidacta. Más tarde, el vidriero Ménétra tendrá una cámara para sí, pero ¡es para recibir a sus amantes, como un burgués del siglo siguiente! Breves paréntesis en lo que sigue siendo su vida verdadera: la jarana, el trabajo o el paseo con sus compañeros, la participación en la vida callejera de su barrio. Por lo demás, Arlette Farge ha mostrado la persistencia de una sociabilidad pública de la calle en los espacios de acceso a las casas.

Yo voy a defender gustosamente la tesis de que ese individualismo de costumbres declinó desde finales del siglo XVIII en provecho de la vida familiar. Debió de haber resistencias, adaptaciones (la especialización de las habitaciones permitía el aislamiento), pero la familia absorbió todas las preocupaciones del individuo, incluso cuando le dejaba un espacio material.

2°. La segunda fase es la formación de grupos de convivencia social, entre los siglos XVI y XVII, en los medios que no pertenecían a la corte y que estaban por encima de las clases populares; grupos que desarrollaron una verdadera cultura de “pequeñas sociedades” consagradas a la conversación, y también a la correspondencia y a la lectura en voz alta. Las memorias y las cartas de este periodo abundan en ejemplos. Me conformaré con citar este texto de Fortin de La Hoguette: “La diversión más común y más honesta de la vida es la de la conversación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El retiro de un hombre solo podría resultar demasiado horrible, y la multitud demasiado tumultuosa, si no hubiera algún medio [subrayo yo] entre ambos [que, observémoslo, no es la familia, totalmente ajena a esta primera privatización], compuesto de la selección de algunas personas particulares [la palabra “particular” es la más cercana a nuestra palabra “privado”] con quienes uno se comunica para evitar el aburrimiento de la soledad y el trastorno de la multitud”. Estas reuniones podían celebrarse en habitaciones más íntimas, más retiradas, con una disposición especial, o bien, simplemente, alrededor del lecho de una señora, pues las señoras desempeñaron un importante papel, al menos en Francia y en Italia, en estas petites sociétés. Los presentes no siempre se conformaban con hablar, leer, comentar sus lecturas o discutir. Se dedicaban a juegos de sociedad (la expresión es significativa), a cantar o a tocar música, a discutir (en Inglaterra: the country parties).

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Según parece, en el siglo XVIII parte de estos grupos tuvieron tendencia a convertirse en instituciones, con reglamentos. Perdieron espontaneidad e informalidad. Se convirtieron en clubes, en sociedades de pensamiento, en academias. Y los que no se institucionalizaban —pasando de este modo al ámbito público— perdían fuerza para convertirse en atractivos secundarios de la vida diaria burguesa: los salones literarios, los “días” de los señores del siglo XIX. Yo voy a formular la hipótesis de que esta convivencia social del siglo XVII ya no es un importante elemento significativo de la sociedad a fines del siglo siguiente.

3°. Tercera fase.Entre las Líneas En realidad, otra forma de vida diaria ha invadido entonces el espacio social, poco a poco, en todas las clases sociales, tendiendo a concentrar todas las manifestaciones de la vida privada. La familia cambia de sentido. Ya no es o ya no es solo una unidad económica, a cuya reproducción ha de sacrificarse todo. Ya no es un lugar de coacción para los individuos, que únicamente podían encontrar libertad fuera de ella, lugar del poder femenino. Tiende a convertirse en lo que nunca había sido anteriormente: un lugar de refugio en donde uno escapa de las miradas del exterior, un lugar de afectividad en donde se establecen relaciones de sentimiento entre la pareja y los hijos, un lugar de atención a la infancia (rosa o negra).

Al desarrollar sus nuevas funciones, la familia, por una parte, absorbe al individuo, al que recoge y defiende; por otra parte, se separa más claramente que antes del espacio público, con el cual se comunicaba. Su expansión se produce a expensas de la sociabilidad anónima de la calle y de la plaza. El padre de familia a lo Greuze, a lo Marmontel, se convierte en una figura moral que inspira respeto a toda la sociedad local.

Con todo, solo se trata del comienzo de una evolución que triunfará en los siglos XIX y XX, y los factores de resistencia o de sustitución son todavía muy potentes. El fenómeno queda circunscrito a determinadas clases sociales y a determinadas regiones o a la ciudad, sin que logre eliminar la sociabilidad anónima que subsiste en sus formas antiguas (como en la calle) o en formas nuevas, tal vez derivadas de la convivencia social del periodo anterior (country parties, clubes, academias, cafés).

Habrá que buscar la emergencia del cometido de esta estructura tan vieja, que poco a poco se transformó por completo, en el corazón de una comunidad que se mantiene, y en competencia con las nuevas formas de convivencia social que se desenvuelven hasta crear una cultura mixta que se desarrollará a lo largo del siglo XIX.

Autor: Philippe /Ariès

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Recursos

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Véase También

Estudio de las Relaciones Internacionales, Geopolítica Mundial, política internacional, Política mundial

Bibliografía

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0 comentarios en «Sociedad Moderna»

  1. ¿Cuáles han sido las implicaciones sociales de la aparición de las sociedades postindustriales y de la revolución de las comunicaciones?
    ¿Por qué el riesgo y la inseguridad se han convertido en rasgos tan destacados de la sociedad moderna?
    ¿Cómo y en qué medida la globalización ha alterado las normas sociales y las creencias culturales?
    ¿Por qué han crecido las ONG y los movimientos sociales en los últimos años?
    ¿Es la sociedad civil global una fuerza para el bien o para el mal?

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