Absurdo
El absurdo aparece en Filosofía ya desde los griegos en sentido lógico y, más recientemente, en sentido antropológico. Lo que carece de sentido, por ser contradictorio o por alguna otra razón, es absurdo. Consecuentemente lo absurdo, por no consonante o absono, resulta a los ojos de los demás disparatado y enloquecido (stultus), ya que la supuesta locura o estulticia no es ni más ni menos que el aislamiento que se produce cuando el emisor y el receptor no se sitúan en la misma longitud de onda. Ahora bien, si los demás compartieran con nosotros el absurdo, este desaparecería inmediatamente, pues absurdo compartido significa absurdo conjurado, o, si así se prefiere, reducción al absurdo del mismo absurdo, sordera contra sordera.