La escasa comprensión de las cuestiones básicas de economía y finanzas personales ha dejado a millones de estudiantes y adultos sumidos en deudas de tarjetas de crédito, presa de agentes hipotecarios sin escrúpulos y propensos a hacer apuestas arriesgadas con su dinero para la jubilación. Los estudiantes de último año de secundaria sólo responden correctamente a la mitad de las preguntas de las encuestas sobre finanzas personales, y los que siguen cursos de finanzas personales no suelen obtener mejores resultados que los que no lo hacen. Los estudios muestran déficits similares entre los adultos. Sin embargo, los expertos no se ponen de acuerdo en la solución. Sólo un puñado de estados exigen al menos un curso semestral sobre finanzas personales, y algunos defensores quieren que el Congreso o las legislaturas estatales obliguen a impartir educación financiera a todos los estudiantes de primaria y secundaria. Otros cuestionan la eficacia de los programas de educación financiera en las escuelas, y a algunos les preocupa que las empresas tengan demasiada influencia en el plan de estudios y la instrucción. Algunos sostienen que un mejor enfoque para mejorar la educación financiera es reforzar la regulación gubernamental para que las tarjetas de crédito, las hipotecas y otros productos sean más fáciles de entender. Pero su historia viene de unas décadas atrás.