Consecuencias de la Primera Guerra civil Romana
Este texto se ocupa de las consecuencias y efectos de la Primera guerra civil romana que enfrentó a Sila con Cayo Mario, y que dió lugar al gobierno de Sila. La guerra social había concluido por fin y los enemigos extranjeros estaban bajo control: Metelo Pío, en el 79, se había dirigido a España para enfrentarse a Sertorio, que había regresado allí en el 80 para liderar una revuelta de los lusitanos (no era evidente que fuera a ser una guerra larga). Y, aunque en Oriente Mitrídates había derrotado a L. Licinio Murena en la Segunda Guerra Mitrídica (83-82), el hecho de que la causa de la guerra hubiera sido la secesión del Bósforo y de la Cólquida del imperio de Mitrídates habría sugerido que ya no era una amenaza potencial, al menos a corto plazo.
Está claro que Sila confiaba en sus 10.000 libertos y en sus veteranos, mientras que la mayoría de los senadores le debían su rango y estatus. A pesar de la lista de crímenes de Appiano, sus enemigos estaban proscritos y muertos, y sus hijos y nietos no podían presentarse a las elecciones, por lo que no tenía nada que temer. El elemento constitucional en él -a pesar de sus ilegalidades e innovaciones- era claramente fuerte y es posible que no se le ocurriera pensar en una dictadura de por vida, aunque César comentara que Sila no conocía su “ABC” político. Appiano consideró que eligió deliberadamente una vida en el campo porque estaba cansado de la guerra, del poder y de Roma, y ciertamente rechazó la oportunidad de presentarse al consulado para el 79, y renunció a su poder supremo por decisión propia, además de rechazar un mando provincial.