Urbanización Latinoamericana
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]
Los Sistemas Urbanos y el Proceso de Urbanización
[rtbs name=”area-urbana”]Urbanización Latinoamericana y en los Países en Vía de Desarrollo
Por urbanización se entiende, en un sentido estricto del término, al proceso por el cual una proporción creciente de la población pasa a residir en agrupaciones humanas con determinadas características demográficas, económicas, sociales y espaciales.
Los criterios usados para identificar una población como urbana son convencionales y tienen todos en común el hecho de considerar solo uno o dos elementos, que no siempre pueden definir correctamente a esas poblaciones en su contenido global. Cualquiera de las definiciones convencionales resulta de aplicación simple, siendo el criterio más adaptable el que toma en cuenta el número de habitantes; en este caso el problema reside, entonces, en elegir una cifra mínima, que no sea subjetiva ni arbitraria, y que permita considerar una población como urbana (Lattes, Zulma R. de; Aspectos demográficos del proceso de urbanización en América Latina en: J. E. Hardoy y C. Tobar, ed. La urbanización en América Latina, Editorial del Instituto, Buenos Aires, 1969). Los límites más comunes que se toman en los diferentes países son, por ejemplo, 2.000, 10.000 o 20.000 habitantes, no existiendo aún un criterio homogéneo que permita fácilmente establecer comparaciones.
Pero esta definición tiene solo una connotación ecológico demográfica; el proceso así presentado debe ser estudiado, en cambio, como parte de una dinámica general de la sociedad que afecta los órdenes económico, social, político y cultural, teniendo en cuenta que se trata de un fenómeno multidimensional como consecuencia del cual tienden a alterarse también las relaciones urbano rurales dentro de la sociedad (Quijano; “Dependencia, cambio social y urbanización en América Latina”, en: Martha Schteingart Urbanización y dependencia en América Latina, Ediciones SIAP, Buenos Aires, 1973).
Puede decirse que, en general, todo el mundo asiste a un proceso de urbanización, pero mientras en los países desarrollados disminuye el ritmo de ésta, es en los subdesarrollados, que representan las tres cuartas partes de la humanidad, conde ese proceso se acelera notablemente.
El violento ritmo de crecimiento de la urbanización en estos países y las grandes transformaciones que la acompañan han llevado a la multiplicación de estudios e investigaciones, a la proliferación de datos parciales y análisis particularizados y a algunos intentos de interpretación global del proceso, sobre todo tratando de establecer su relación con el que sufrieron, el siglo pasado, los países hoy desarrollados.
Sin embargo, la urbanización en los países subdesarrollados no puede repetir el proceso por el que pasaron los países industriales, así como tampoco podría afirmarse que su desarrollo económico presente las mismas etapas y alcance las mismas metas y niveles que las naciones desarrolladas. Ello supondría una visión “evolucionista” del desarrollo histórico de las sociedades; implicaría ignorar la coyuntura mundial (o global) en la cual los diferentes países comienzan su desarrollo, así como la existencia de un sistema internacional de dependencia entre países centrales y periféricos.
El proceso de urbanización en las regiones subdesarrolladas se presenta con características propias, tanto en sus aspectos ecológico demográfico como en su relación con los aspectos económicos, sociales, políticos y culturales del desarrollo de la sociedad.
Detalles
Las estadísticas muestran que la urbanización de los países europeos durante el siglo pasado se produjo, sobre todo, por las grandes migraciones del campo a las ciudades, siendo reducido el crecimiento vegetativo de la población, particularmente en “el medio urbano, debido a la alta tasa de mortalidad provocada por las filas condiciones de vida en las ciudades del comienzo de la Revolución Industrial (véase también sus consecuencias y la industrialización).
Indicaciones
En cambio, el crecimiento urbano de los países subdesarrollados deriva, en gran medida, del alto ritmo de crecimiento demográfico A pesar de las migraciones hacia las ciudades, sus zonas rurales manifiestan un aumento de población que, aunque menor que la de los centros urbanos, significa en muchos casos una fuerte presión demográfica sobre las mismas.
Por otra parte, el ritmo de urbanización de los países subdesarrollados es actualmente más acelerado que el evidenciado por las naciones industriales, aun en sus épocas de máximo crecimiento. Las diferencias son mayores si se comparan las cifras correspondientes al aumento bruto anual de la población urbana.Entre las Líneas En 34 países subdesarrollados de los que se posee datos relativos a las décadas del 40, 50 y 60 el aumento medio anual de la población fue de un 4,5 %, en cambio en nueve países europeos, durante el período de más rápido crecimiento de su población urbana, el promedio anual de incremento fue solo de un 2,7 % (Davis, Kingsley, “La urbanización de la población humana, en La ciudad”, Scientific American, Alianza Editorial, Madrid, 1967).
Pero una de las diferencias fundamentales en el carácter de la urbanización de los países subdesarrollados respecto de la ocurrida en los países industriales en las primeras fases de su desarrollo es que el nivel de industrialización alcanzado por éstos fue mucho mayor que el que se advierte actualmente en los primeros; o sea que los. países subdesarrollados no se han urbanizado con un crecimiento correlativo de la industrialización, produciéndose, entonces grandes desajustes por el escaso desarrollo de las fuerzas productivas y la incapacidad del sector moderno de la economía de absorber a las nuevas masas incorporadas al medio urbano.
El proceso de urbanización en América Latina
América Latina es, desde hace mucho tiempo, la región más fuertemente urbanizada del Tercer Mundo. Ya en 1960 su población urbana (considerando aquélla concentrada en núcleos de 2.000 habitantes y más) llegó a equilibrar a la población rural mientras que, en Asia y África, con 30% y 15 % de población urbana respectivamente, predominaba aún el sector rural.Si, Pero: Pero América Latina no es un continente homogéneo y las estadísticas que expresan promedios para el conjunto encubren enormes disparidades regionales en cuanto a niveles y ritmos de urbanización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Sin embargo, a pesar de la variedad de situaciones que aparecen al observador (…), puede hablarse de una especificidad del espacio latinoamericano y del proceso de estructuración de este, como consecuencia de su posición dentro del sistema internacional de dependencia del mundo capitalista.
Así, el proceso de urbanización aparece como resultado y parte de un modelo de crecimiento dependiente y no es concomitante, por lo tanto, con un desarrollo autónomo y autosostenido ni con una industrialización integral. La estructura y dinámica de ese proceso solo puede explicarse en relación con otras configuraciones y procesos de tipo social, económico, político y cultural, en las diferentes etapas de desarrollo de los países latinoamericanos y con los modos correlativos de inserción de aquéllos en el sistema internacional (Castells, Manuel; “La urbanización dependiente en América Latina”, en: Martha Schteingart, Urbanización y …, en la obra citada).
l. Rasgos más salientes del proceso de urbanización (de los años 70 y 80).
a) El alto nivel de urbanización y el acelerado ritmo de crecimiento de las ciudades en América Latina se explica, en parte, por la transferencia de la población rural hacia las ciudades (migraciones) y por el acentuado ritmo de crecimiento de la población, consecuencia del brusco descenso de la mortalidad y en particular de la mortalidad infantil.
Los procesos médicos introducidos durante la Segunda Guerra Mundial hicieron sentir sus efectos primero en los países más próximos a Estados Unidos y a partir de los años 50 ellos se generalizaron a Brasil, Venezuela, Colombia y Chile. La disminución de la mortalidad se hizo aún más rápida durante la década del 60 y probablemente seguirá disminuyendo, lo cual hace presumir que el fuerte crecimiento demográfico latinoamericano se atenuará poco entre 1970 y 1980.
El fenómeno de las migraciones ha sido ampliamente estudiado en América Latina por su gran incidencia en el crecimiento de las grandes ciudades y. por el impacto que él produce en la sociedad urbana; se ha tratado de determinar el origen y condiciones económicas, sociales y culturales de los migrantes, la dirección de los movimientos migratorios y sobre todo el camino seguido por aquéllos en su adaptación al medio urbano. La variedad de situaciones nacionales, regionales y locales impide sacar conclusiones generales sobre los temas investigados y existen en este momento diferentes posiciones en cuanto a la interpretación del fenómeno.Si, Pero: Pero puede afirmarse que la mitad o más del aumento de la población de las grandes ciudades puede atribuirse a la emigración del campo y pequeños pueblos, variando apreciablemente la relación entre el aumento migratorio y el aumento natural de las poblaciones urbanas, de país a país. Como hemos indicado, los niveles de urbanización son muy variados. Argentina, Uruguay y Chile, los tres países más urbanizados del continente, tenían en 1970 un 80, 78 y 73 %, respectivamente, de población concentrada en núcleos de más de dos mil habitantes, mientras Paraguay solo tenía un 39% y Haití, el menos urbanizado, un 18 %. También las tasas de crecimiento de la población urbana acusan marcadas diferencias, desde valores de más del 5 % en algunos países centroamericanos, Ecuador y Colombia, hasta las más bajas de la región, correspondientes a Argentina, Uruguay y Cuba, con tasas que oscilan entre el 2,6 y el 2,0%.
b) Si bien puede observarse que el proceso de urbanización en América Latina no se produce de la misma forma que en los países desarrollados y que el ritmo de urbanización es más rápido que el de industrialización, no puede afirmarse, sin embargo, que no existe una relación entre los dos procesos: en general los países industrializados son también los más urbanizados. Las disparidades entre los dos ritmos se acentúan al tomarse el empleo como indicador del crecimiento industrial, lo cual puede no resultar muy adecuado, ya que este indicador estaría ocultando la modernización del sector manufacturero y el aumento de la productividad que se acelera en los últimos años, durante el período de dominio monopolista.
Hacia el fin de la década de 1960 la industria emplea mejor del 14% de la mano de obra en América Latina (menos del 8 % de la industria moderna). Esta tasa de empleo en la industria es comparable a aquella del período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, evidenciándose una agudización del estancamiento del empleo secundario durante los años 60.
Por el contrario, las actividades indirectas de producción, de naturaleza terciaria, han progresado sostenidamente absorbiendo en 1925 el 26% de la población activa, el 32%en 1960 y el 38,5%en 1969 (Lambert, de la era común y Martín, J. M., L’Amerique Latine. Economies et Sociétés, Ed. Armand Colin, París, 1971).
La relación entre el empleo en el sector terciario o de servicios y en el sector secundario es por lo tanto mucho mayor que la observada en Europa Occidental acercándose, en cambio, a la relación prevaleciente en los Estados Unidos, donde el aumento de los servicios es consecuencia de un proceso de complejización de la economía industrial.
Indicaciones
En cambio, el sector terciario latinoamericano está compuesto en gran parte por comercio pequeño y ambulante, servicio doméstico, trabajos no especializados y transitorios y desempleo disfrazado.Entre las Líneas En 1965 podía estimarse, que el 20 % del empleo total y el 50 % de los empleos terciarios en América Latina correspondían a las actividades llamadas de ”terciario refugio”.
e) La concentración urbana se produce sobre todo en las grandes ciudades, siguiendo un doble proceso de absorción (véase su concepto jurídico) del campo por las ciudades y de las ciudades pequeñas y medias por las grandes metrópolis. La macrocefalia y la inarticulación de la red urbana, que tiene ya su origen en la época colonial, se agudiza marcadamente con la aceleración más reciente de las migraciones internas. Esta evolución refuerza la distancia social y cultural entre la sociedad urbana y con mundo rural.
Informaciones
Los desequilibrios tienden a reforzarse siguiendo un proceso acumulativo en el cual juega un papel importante la atracción de los grandes polos creadores de economías externas y localización privilegiada de mercado de consumo. La población urbana de América Latina se repartía en 1960 entre 580 ciudades de más de veinte mil habitantes. La mayoría de ellas tenía menos de 100.000 habitantes; 89 ciudades variaban entre 100.000 y 1.000.000 de habitantes y trece aglomeraciones superaban el millón de habitantes. Esta estructura está profundamente influida por el peso relativo de las ciudades brasileñas y mexicanas lo cual esconde, en cierta medida, los desequilibrios de la red urbana de otros países de primacía relativa y absoluta, como son por ejemplo el caso de la Argentina por un lado y de Uruguay, Paraguay y Costa Rica por otro (Lambert, de la era común y Martín, J. M., L’Amerique Latine…, en la obra citada).
Las trece áreas metropolitanas que actualmente han sobrepasado el millón de habitantes son; en orden decreciente de población: México, Buenos Aires, San Pablo y Río de janeiro, que superan los cinco millones; Santiago de Chile, Lima Callao, Caracas y Bogotá, que superan los dos millones y La Habana, Montevideo, Recife, Porto Alegre y Bello H9rizonte, con una población entre uno y dos millones de habitantes. El acelerado ritmo de crecimiento de estas metrópolis, en la mayor parte de los casos los grandes centros económicos, sociales, políticos y culturales de sus respectivos países, se hace sobre todo a expensas del resto del país y particularmente de las regiones más atrasadas. El carácter parasitario o “modernizante” e irradiador de las grandes metrópolis o ciudades primadas está en discusión, pero habría una mayor tendencia a firmar que su función de drenaje de recursos es mayor que la de redistribución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Asimismo, puede constatarse que la discontinuidad en el interior de la red urbana produce una transferencia creciente de funciones urbanas desde los niveles de ciudades de rango inferior hacia aquellas de rango superior, transferencia que siempre beneficia a estas últimas.
Los desniveles socioeconómicos entre las grandes ciudades de América Latina y el resto de los respectivos países pueden ser analizados a través de un trabajo realizado por la CEPAL (CEPAL, Algunos aspectos regionales del desarrollo de América Latina vinculados con la metropolización, 1972). Allí se demuestra, por ejemplo, que el gasto medio en las grandes ciudades supera en un tercio o más a los promedios nacionales y en ciertos casos los duplica; además el mayor ingreso de que se dispone en las áreas metropolitanas permite que los gastos en alimentación, vestuario, y otros bienes de consumo no duradero represente una fracción del ingreso o del gasto menor que la media nacional, disponiéndose por lo tanto de un mayor excedente para la compra de bienes duraderos y servicios.Entre las Líneas En cuanto a educación, el análisis muestra que por ejemplo Santiago y México registran tasas de analfabetismo inferiores a la mitad del promedio nacional mientras en San Pablo y Río de Janeiro la escolaridad media (7 años) es casi el doble de la del resto del país. Las condiciones de habitabilidad de las viviendas presentan un cuadro similar siendo mucho menor la proporción de viviendas deficientes en las grandes ciudades que en el resto del país respectivo. Santiago y México tienen un 17 % de viviendas deficientes mientras que esa proporción para el conjunto del país llega a un 33% o más.
Contrastes similares se advierten en relación con las condiciones sanitarias y la concentración de los servicios médicos y asistenciales.
Pero a las grandes diferencias en cuanto a uniones de vida entre regiones metropolitanas y el resto del país, se agregan los enormes contrastes sociales que se dan dentro de aquellas regiones; así, el estudio de CEPAL demuestra que con la excepción de Caracas, en el resto de las metrópolis analizadas (Río de Janeiro, San Pablo, San José y Distrito Federal de México) el 5 % más rico de la población tiene un túnel de ingreso 20 veces superior al del 20 % más pobre de las mismas.
d) El flujo de la población hacia las grandes ciudades, desproporcionado, como ya dijimos, en relación a las nuevas oportunidades de empleo urbano estable, ha traído aparejada la presencia de grandes grupos desocupados y subocupados, no absorbidos por el sistema productivo urbano y por consiguiente tampoco integrado dentro del sistema social.
Sólo en cierta medida esta situación de “marginalidad” se refleja espacialmente en las áreas llamadas de “emergencia” o “marginales”. Estas áreas se caracterizan por su especificidad en aspectos ecológicos como ser la segregación (concepto: separación forzada de razas o separación de fincas) de grandes agrupamientos de viviendas precarias desprovistas de servicios, ubicadas por lo general en la periferia urbana, muchas veces asentadas sobre terrenos poco habitables, inundables o con fuerte pendiente, ocupados en forma ilegal, ya sea individual o colectivamente. El lenguaje popular de las distintas metrópolis latinoamericanas ha bautizado este tipo urbano como “villas miseria”, “callampas”, “barriadas”, “jacales”, ”favelas”, ”cantegriles”.
Estas poblaciones expresan, sobre todo, la segregación (concepto: separación forzada de razas o separación de fincas) residencial del espacio urbano y la incapacidad del sistema de producir viviendas y servicios para los sectores más necesitados de la sociedad.
Indicaciones
En cambio, resulta un poco aventurado establecer una correspondencia estricta entre estas poblaciones marginadas ecológicamente y los grupos sociales económicamente “marginados” de la sociedad urbana. Por una parte las investigaciones concretas realizadas recientemente en distintos países muestran una apreciable diversidad de situaciones en cuanto a la relación de sus miembros con los cuadros típicamente urbanos; por otra parte grandes grupos de desempleados o subempleados, no integrados por lo tanto dentro de la economía urbana, residen en áreas no “marginales”, ya sea en tugurios centrales u otro tipo de viviendas deterioradas y hacinadas.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Para muchos, las poblaciones “marginales” constituyen los rasgos más dramáticos y espectaculares de la composición social de una metrópoli latinoamericana y del proceso de urbanización dependiente de ese continente. La proporción que esos barrios representan en el total de viviendas de clase baja varía de ciudad en ciudad, constituyendo amplios sectores urbanos que contrastan violentamente con aquellos donde. se localizan los estratos afluentes de la sociedad, como en el caso de Lima, o solo “bolsones” ubicados en áreas intersticiales, como en el caso de Buenos Aires (Schteingart, M. y Torres, H., “Estructura interna y centralidad en metrópolis latinoamericanas. Estudio de Casos”, en Imperialismo y urbanización en América Latina, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1972). Las “barriadas” de Lima pasaron de absorber el 10 % de la población metropolitana en 1955 al 25% en 1967; se estima que actualmente los “rancheríos” de Caracas comprenden el 30 % de la población metropolitana mientras en Río de Janeiro la población de las “favelas” creció de cuatrocientos mil habitantes en 1947 a novecientos mil en 1961 concentrando el 38% de la población de la ciudad.
Distintas políticas de erradicación de estas poblaciones han sido ensayadas, con mayor o menor éxito, con el objeto de eliminar un espectáculo de pobreza demasiado visible y dramático como para no molestar a las clases dominantes o a los grupos “afectados por su presencia”. Otras políticas han intentado, sobre todo, controlar políticamente a estos grupos y frenar la amenaza de su reacción violenta contra el sistema.
2. Balance y perspectivas. El desarrollo desigual y combinado se ha realizado en América Latina solo en beneficio de ciertos sectores y grupos sociales y de ciertas regiones o centros privilegiados que responden, en gran medida, a los intereses del sistema capitalista monopólico. Se agudizan así las diferencias entre campo y ciudad, entre regiones ricas y pobres, entre las metrópolis y el resto del país (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente a esta crítica situación y a la agudización de las tendencias negativas, algunos se preguntan si acaso habría entonces que frenar el proceso de urbanización limitando por ejemplo el crecimiento demográfico o impidiendo las migraciones.
Evidentemente, la superación de la problemática realidad actual no puede encontrarse por ese lado así como carece de relevancia discutir si la urbanización en las actuales condiciones del continente constituye por sí misma un proceso de modernización o de estancamiento y retroceso de la sociedad.
La urbanización es un fenómeno irreversible del mundo contemporáneo y pensar que se puede dar marcha atrás en ese proceso constituye una utopía (idealista, irreal: derivado del griego “u-topos”, significa “ningún lugar así”) reaccionaria. Como resultado y parte integrante de un crecimiento dependiente y distorsionado multiplica y acentúa sus efectos negativos y limita y desvirtúa los positivos. Cuba es el único país de América Latina que ha logrado a través de su experiencia revolucionaria transformar las tendencias negativas del proceso de urbanización y crear las precondiciones para producir a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) una integración del espacio nacional en beneficio de la mayoría de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Frente a los problemas heredados del pasado (la enorme concentración en La Habana, la carencia de poblaciones intermedias, la dispersión de población urbana en localidades pequeñas, el predominio de la población rural dispersa y la ausencia de comunidades, la presencia de una red de comunicaciones deformadas) (Acosta, M. y Hardoy, J. E.; Reforma urbana en Cuba revolucionaria, Síntesis Dos Mil, Caracas, 1971) se diseña y ejecuta una vasta operación para actuar sobre las causas y consecuencias estructurales del proceso urbano regional, en sí mismo y en el contexto nacional global. Así, la política de transformación del espacio se acompaña de un conjunto de cambios estructurales a todos los niveles y en estrecha relación de interdependencia. La Reforma Urbana, los planes de desarrollo regional y la organización del espacio rural a través de centros interrelacionados, se ejecutan en los marcos de una estrategia global y de un plan integral de desarrollo acelerado y coactivamente inducido.
Estas experiencias permiten mirar con mayor optimismo el futuro, que aparece sombrío si las tendencias actuales, observadas en la gran parte de América Latina, siguen su curso sin drásticos cambios sociales. (1)
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Martha Schteingart (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
Véase También
Bibliografía
▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.