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Vida Cotidiana en el Siglo XIX

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Costumbres y Vida Cotidiana en el Siglo XIX

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

¿Cómo vivían las personas en el Siglo XIX?

El siglo XIX esbozaría (…) una edad de oro de lo privado, en la que se precisan las palabras y las cosas y se afinan las nociones. Entre sociedad civil, lo privado, lo íntimo y lo individual se dibujan círculos idealmente concéntricos y realmente encabestrados. (…)

Cómo se operó, en la Inglaterra del inicio del siglo XIX, bajo la influencia conjugada de los evangélicos, los utilitaristas, y una evolución económica que alejaba progresivamente domicilio y lugar de trabajo, la separación de lo público y lo privado consustancial en adelante en la familia, al mismo tiempo que una diferenciación más estricta de los papeles sexuales, he aquí algo que nos pone de manifiesto Catherine Hall a través de unas cuantas figuras características. Desde Carolina, la reina ultrajada, cuyo proceso de 1820 apasiona a una opinión que exige desde entonces de su rey una conducta ejemplar, hasta el joyero de Birmingham que hace del acondicionamiento de su casa de campo el fin y el sentido de su existencia, lo que aquí se nos cuenta es toda la historia del nuevo ideal doméstico.

En otros sitios: influencias extranjeras y modelo inglés

El papel de las clases medias, que han encontrado en él una verdadera identidad, es esencial en su elaboración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Y desde este foco irradia hacia las clases obreras, a las que se pretende moralizar gracias a las virtudes de la buena ama de casa. Ideal que las clases obreras adoptan, ciertamente, pero a su manera y para sus propios fines. Al tiempo que la “gentry” se convierte a las prácticas de una sociabilidad más íntima y transforma sus castillos en interiores.

Bajo las alas protectoras de aquellas a las que se denominará muy pronto “ángeles del hogar”, entre la nursery y el jardín, va a difundirse la dulzura de la home. Henos aquí en las fuentes de la privacy victoriana, tema de una innumerable literatura, que fascinó a Europa.

¿Qué influencia ejerció este modelo sobre la sociedad francesa, que andaba en busca de un nuevo equilibrio de sus actividades y de su dicha? A través de innumerables canales (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “canals” en el contexto anglosajón, en inglés) diversos, materiales o personajes —viajeros, dandis, exiliados, comerciantes, nurses o misses de buenas familias—, el modelo inglés se infiltraba en el seno de las clases dominantes, una de cuyas formas de distinción era la anglomanía, precisamente. Las prácticas de higiene (el jabón, el W. C., la ducha…), las modas vestimentarias, las maneras de hablar (home, baby, confort…), los juegos, las formas de sentir o de amar, ofrecen de ello numerosas huellas, incluso en las clases populares. El sindicalismo de 1900 aspira a los espacios verdes, a las ciudades-jardín, al deporte y a las diversiones británicas. Los carteles de la CGT en favor de las ocho horas y la “semana inglesa” se parecen mucho a los grabados de Cruikshank. Y todo ello a pesar de una anglofobia recurrente alimentada con cada conflicto económico o político.
La prioridad otorgada a Inglaterra está sin duda justificada, en concreto durante la primera mitad del siglo XIX. Más tarde, Alemania, culturalmente tan poderosa, y, en los comienzos del siglo XX, Estados Unidos, ejercen una atracción creciente y en ocasiones concurrente.

Todo esto lleva a plantearse más ampliamente la cuestión de la intervención de las influencias extranjeras en la vida privada francesa, al margen de las zonas disputadas (Alsacia, Niza y Saboya) o fronterizas. La Italia de los viajes de iniciación adolescentes o amorosos ¿siguió siendo todavía la maestra de las sensibilidades estéticas y de las emociones como lo había sido para Rousseau o Stendhal, testigos en este aspecto de sus épocas respectivas, y como siguió siéndolo, para una Geneviève Breton, por ejemplo? De entre las naciones de la Europa del Norte, del Este o del Mediodía, ¿cuál de ellas dominó en la Francia del siglo XIX, y en qué momento? Cuestión insoluble, tal vez desprovista de sentido. No cabe asimilar, con respecto a la vida privada, influencias culturales e influencias prácticas. Y unos cuantos elementos aislados, más o menos aclimatados, no constituyen un estilo de vida.Si, Pero: Pero viene a ser igualmente difícil no tomarlos en cuenta.

Desde el punto de vista de su apertura a los de fuera, Francia es profundamente contradictoria. Su situación demográfica —descenso precoz de la tasa de natalidad, mantenimiento de una tasa de mortalidad elevada, crecimiento natural muy débil—, única en Europa, la convierte en país de inmigración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Durante la segunda mitad del siglo XIX acuden a ella en forma francamente masiva belgas, italianos y judíos de Europa central acosados por los pogromos (llegan a Francia, entre 1880 y 1925, alrededor de 100.000 judíos, el 80,5% de los cuales se concentran en París).Entre las Líneas En 1851, no pasaban de 380.000, pero son más de un millón en 1901, lo que representa el 2,9% de la población total y un 6,3% de la población parisina. Es algo que se advierte con facilidad por el modo suspicaz con que los judíos asimilados desde antiguo acogen a los recién llegados de los guetos de Europa central; y también por la xenofobia de que son objeto los italianos, sobre todo en tiempo de crisis, en los medios populares. Sus condiciones de supervivencia representan el mantenimiento de sus estructuras familiares y de su modo de vida. A pesar de todo lo cual, la legislación (por ejemplo, la ley de 1889 sobre las naturalizaciones oficiales) era más bien favorable a su asimilación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). ¿Qué impacto tuvieron estas inmigraciones sobre las prácticas y las concepciones de la vida privada?
Por otra parte, qué segura de sí misma parece esta Francia jacobina donde la escuela unificada construye un modelo coherente y un tanto rígido de ciudadanía así como de urbanidad, cuando endereza los cuerpos, elimina los dialectos, corrige los acentos e impone a todos, emigrantes del interior o de fuera, su modelo integrador, por cierto con una indudable eficacia. Un libro, el de Pierre Sansot, La France sensible (1985), testimoniará ulteriormente este eclipse de lo privado ante lo público.

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En otro terreno completamente distinto, la cerrazón ante el pensamiento de Freud —el gran vienés—, la negativa a percibir la sexualidad como una dimensión primordial de la persona, ¿no constituyen acaso otra manifestación de una representación en exceso cerrada de la intimidad y de la relación consigo mismo?.

Los modelos de vida privada, durante el siglo XIX, resultan difícilmente separables de los espacios nacionales.

Autor: Michelle Perrot

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