Causas Profundas de la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial
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Antes de la Primera Guerra Mundial
En la década anterior a la Primera Guerra Mundial, los militares de Europa habían llegado a creer que la ofensiva tenía la ventaja. Se asumía que la victoria iría al lado que “llegara primero, con más”. Los presupuestos de defensa, los planes de movilización y los planes de guerra de las potencias terrestres estaban influenciados por esta simple noción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se pensó poco en si el terreno o la tecnología militar del entorno europeo realmente hizo que llegar primero “con más” fuera muy decisivo. Simplemente se convirtió en un artículo de fe.
Como se ha señalado anteriormente, las doctrinas ofensivas contribuyen a la carrera de armamentos. Proporcionan un incentivo para dar un gran y decisivo primer golpe. El aumento de los presupuestos de defensa europeos durante la vigencia de estas doctrinas ofensivas ciertamente lo confirma. El dinero extra se gastó para crear organizaciones de combate más grandes y efectivas. El armamento no sólo se volvió más letal, sino que apareció en mayor cantidad y se organizó en un número cada vez mayor de formaciones de combate.
Puntualización
Sin embargo, el golpe deseado sólo podía lograrse movilizando millones de hombres de sus ocupaciones civiles o de sus cuarteles en tiempos de paz, organizándolos en formaciones militares, empaquetándolos en trenes y entregándolos en el frente.
El estado que lograra esta tarea primero podría iniciar su ofensiva primero, derivando las supuestas ventajas de estar en el ataque. Este cálculo impulsó dos carreras de movilización.
En primer lugar, en tiempo de paz los estados mayores perfeccionaron continuamente sus planes para aumentar la velocidad de la movilización una vez que se declaró.Entre las Líneas En segundo lugar, si había una crisis se podía confiar en que los soldados explicarían a sus “amos” civiles que la parte que iniciara su movilización primero obtendría una ventaja significativa.
Lo importante de estas creencias es que cada bando sabía que el otro veía la situación de la misma manera, lo que aumentaba la percepción del peligro de que el otro atacara y daba a cada uno razones adicionales para precipitar una guerra si las condiciones parecían favorables. Se podría añadir la cláusula “o si la guerra parecía probable”. Si por alguna razón un estado llegaba a la conclusión de que sus adversarios se acercaban a la guerra, había un poderoso incentivo para poner en marcha su propia gran máquina.
El sistema de doctrinas ofensivas, estrechamente ligado, comprendía cuatro potencias: Alemania, Francia, Rusia y Austria-Hungría. Todos tenían doctrinas ofensivas. El Plan Schlieffen de Alemania se había vuelto más o menos conocido por sus potenciales adversarios. Su propósito era derrotar a sus enemigos en forma secuencial, primero a Francia y luego a Rusia, porque los alemanes percibían que la combinación del poder militar francés y ruso totalmente movilizado le daría a la Entente una superioridad decisiva. La tasa de movilización de Francia y la proximidad de sus ferrocarriles la convertían en la mayor amenaza. La movilización más lenta de Rusia y la escasez de su red ferroviaria cerca de la frontera alemana le daría tiempo a Alemania. Rusia se enfrentó a dos enemigos en sus fronteras, Alemania y Austria-Hungría. Su conflicto político fundamental era con este último, pero dada la Triple Alianza no podía estar segura de que un conflicto con Austria-Hungría no atraería a los alemanes.
Otros Elementos
Además, para frustrar el plan alemán de derrotar a Francia y a Rusia secuencialmente, Rusia quería encontrar una manera de prepararse para una ofensiva contra Alemania que tuviera lugar lo suficientemente pronto como para aliviar a los franceses. Esto animó a Rusia a tratar de superar la velocidad de la movilización alemana desarrollando formas de obtener una ventaja no detectada. Finalmente, el Conde Helmuth von Moltke, el jefe de personal alemán, se había esforzado por desligar a Austria-Hungría de un plan de movilización parcial que se había dirigido principalmente contra Serbia. Moltke, consciente de que los rusos se esforzarían por atacar pronto las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) orientales de Alemania, debilitadas por el fuerte compromiso de tropas del plan Schlieffen, presionó a Austria para una pronta ofensiva contra Rusia.
Estos eventos ilustran cómo el comportamiento de cada uno estaba condicionado por sus peores temores de lo que los demás probablemente harían, si llegara una guerra. Prepararse para esa guerra en un contexto de crisis era hacerse más capaz de cometer un peligroso acto ofensivo contra los vecinos. Viendo tales preparativos, los estados vecinos estaban obligados a responder de la única manera que se creía eficaz: preparándose para ejecutar sus propias doctrinas ofensivas. Tales preparativos a su vez asustaban a los demás; y así se fue creando una espiral. Con cada ronda de preparativos, el requisito de ejecutar el siguiente conjunto, y de ejecutarlo rápidamente, se hizo más apremiante. El tiempo era un bien escaso. Malentendidos, retrasos y pérdida de temperamento podían fácilmente iniciar la espiral. Una vez empezada, era difícil de detener. La moneda de la diplomacia es el diálogo, y a distancias de cientos de millas, el diálogo lleva tiempo. Los militares habían acaparado el mercado a tiempo.
Datos verificados por: Marck
Causas Profundas de la Gran Guerra
[rtbs name=”conflicto-armado”] En la actualidad viajar por casi toda Europa occidental supone cruzar un paisaje marcado por la prosperidad y la paz. Entre las zonas comerciales, las autopistas y los grandes bloques de viviendas construidos a partir de 1950, se encuentran las fábricas, los ferrocarriles (existen varios acuerdos multilaterales internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidos en este ámbito: Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a pasajeros y equipajes transportados por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a mercaderías transportadas por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Acuerdo europeo sobre los principales ferrocarriles internacionales (AGC, Ginebra, 31 de mayo de 1985; Acuerdo sobre una red ferroviaria internacional en el Machrek árabe, Beirut, 14 de abril de 2003; Convenio sobre la facilitación de los procedimientos de cruce de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) para los pasajeros, el equipaje y el equipaje de carga transportados en el tráfico internacional por ferrocarril, Ginebra, 22 de febrero de 2019) y las casas de vecindad de la industrialización decimonónica, y en medio de todo ello perviven algunas reliquias de un mundo más antiguo hecho de iglesias, casitas rústicas y palacios: un mundo desaparecido hace ya mucho tiempo. Al contemplar ese paisaje, el viajero podría concebir la historia de Europa, sin que nadie pudiera reprocharle nada, como una amplia y tranquila carretera hacia el desarrollo económico y la integración supranacional de la actualidad. Y, sin embargo, entre las oleadas de expansión y prosperidad del siglo XIX y de las últimas décadas del XX el continente sufrió treinta años de ruina y de empobrecimiento, de estancamiento industrial y cataclismo político.Más Información
Las huellas de esa época también han quedado grabadas en el escenario actual, aunque distinguirlas requiere un examen más atento. La impronta dejada en la generación que la vivió no se borraría en toda su vida. Supuso dos grandes contiendas separadas por veinte años, aunque a medida que se alejan de nosotros parecen mezclarse como si fueran episodios de un único conflicto, que empezó con la guerra de 1914-1918.
La Primera Guerra Mundial se convirtió en una lucha global que se originó en Europa. Acabó con un siglo entero de paz. Desde la derrota de la Revolución francesa y de Napoleón en 1792-1815 —el conflicto denominado hasta ese momento en inglés «the Great War» (la Gran Guerra)»— no había habido ningún enfrentamiento general en el que participaran todas las grandes potencias. Los gobiernos y la población de Europa estaban acostumbrados a las posibles guerras imaginarias plasmadas en los proyectos de los forjadores de planes militares y en la popularísima literatura de carácter futurista que proliferó en las décadas anteriores a 1914. Ni unos ni otros estaban mejor preparados para hacer frente a la realidad de lo que lo estaríamos nosotros en caso de que se produjera un ataque nuclear.Si, Pero: Pero las convenciones y los rituales de la guerra eran elementos familiares de la vida europea, y la memoria de contiendas anteriores formaba parte integrante de su cultura. Hasta el siglo XVIII, Europa había conocido pocos años en los que alguna de sus grandes potencias no estuviera involucrada en algún conflicto. Solo entonces surgió el modelo actual de largas décadas de paz interrumpidas periódicamente por guerras de carácter más total. La paz —incluso en el sentido más simple de ausencia de matanzas— era un fenómeno moderno, y Europa no había conocido nunca nada comparable a la gran paz que llegó a su fin en 1914.
Sin embargo, esa paz era frágil. A mediados del siglo XIX se produjeron cinco conflictos armados de alcance más limitado: la guerra de Crimea de 1854-1856, la guerra de Italia de 1859, la guerra de las Siete Semanas de 1866, la guerra franco-prusiana (1870-71; véase un resumen del conflicto, y también sus causas) de 1870-1871, y la guerra ruso-turca de 1877-1878. La guerra de Crimea se cobró 400.000 vidas humanas, y en la franco-prusiana se llevaron a cabo batallas campales en el corazón de Europa occidental, así como el asedio y el bombardeo de París durante seis meses, que produjo la muerte de miles de civiles. Las guerras que se desarrollaron fuera de Europa fueron incluso más cruentas. La guerra de Secesión norteamericana de 1861-1865 causó 600.000 muertos y en China fueron millones los que murieron en el curso de la rebelión de los Taiping de 1850-1864.
Otros Elementos
Además, durante los años anteriores a 1914 varias potencias europeas se enzarzaron en guerras importantes fuera del viejo continente: Gran Bretaña contra los bóers de Sudáfrica en 1899-1902, Rusia contra Japón en 1904-1905, e Italia contra los turcos en Libia en 1911-1912. Los países balcánicos lucharon primero contra Turquía y luego unos con otros en el curso de las guerras de los Balcanes de 1912-1913.Si, Pero: Pero la falta de guerras no excluía el peligro de que se desencadenara alguna, como sabían perfectamente los lectores de los periódicos. Las décadas anteriores a la guerra se vieron salpimentadas con crisis diplomáticas cada vez que las potencias chocaban por lo que consideraban que eran sus intereses vitales y los hombres de Estado discutían si debían conformarse con soluciones de compromiso o combatir. A veces las crisis no eran más que incidentes aislados; otras se producían en rápida sucesión como parte de la intensificación general de las tensiones internacionales. Así fue en la década de 1880 y luego de nuevo entre 1905 y 1914.
Solo las grandes potencias pueden hacer grandes guerras, y seis estados europeos se reconocían unos a otros como tales: Gran Bretaña, Francia, Rusia, Austria-Hungría (imperio dividido a partir de 1867 en dos mitades, Austria y Hungría, que compartían un mismo soberano), Italia (creada bajo la hegemonía del Piamonte en 1861), y Alemania (forjada bajo el dominio de Prusia en 1871). Aunque desiguales por su influencia política y su poderío militar, todas ellas (al menos sobre el papel) eran más fuertes que cualquiera de sus vecinas. Todas eran fruto de la violencia y todas estaban dispuestas a utilizarla. Esa predisposición acabó siendo el talón de Aquiles de la brillante, aunque deficiente civilización moldeada durante los siglos de primacía de Europa (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bien es verdad que tras la derrota de Napoleón sus enemigos victoriosos habían acordado en las reuniones cumbre celebradas regularmente fomentar el consenso entre ellos.Si, Pero: Pero el sistema se vino abajo al cabo de una década, y a comienzos del siglo XX sus restos —lo que habitualmente se llama el «Concierto de Europa»— eran casi irreconocibles. El concierto no tenía reglas escritas ni instituciones permanentes. Consistía en un acuerdo entre las grandes potencias para que cualquiera de ellas en momentos de crisis pudiera proponer la celebración de una conferencia de representantes. Su canto del cisne fue la Conferencia de Londres de 1912-1913, que se reunió para discutir las guerras de los Balcanes.Si, Pero: Pero en 1914, aunque Gran Bretaña propuso celebrar un congreso, Austria-Hungría y Alemania rechazaron la invitación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El sistema falló a consecuencia de la presión —y no era la primera vez—, lo que vino más si cabe a poner de relieve su debilidad. El concierto podía funcionar solo cuando las potencias estaban de acuerdo en que funcionara; era un mecanismo muy conveniente para salvar la cara, pero poco más. Europa carecía de instituciones políticas comunes (y fuera de Europa no existía siquiera nada equivalente al concierto), y poseía solo un marco rudimentario de derecho internacional. Los movimientos progresistas, especialmente en Gran Bretaña y Estados Unidos, instaban a las potencias a resolver sus desacuerdos mediante el arbitraje y a humanizar el combate mediante un marco de leyes.Si, Pero: Pero aunque la Conferencia de Paz de La Haya de 1899 estableció un tribunal internacional de arbitraje, los gobiernos recurrían a él solo cuando les convenía, lo que sucedía raras veces.5 Análogamente, aunque en 1914 se había desarrollado un conjunto de convenciones ratificadas internacionalmente para proteger a los combatientes y a la población civil durante las hostilidades,6 cuando estalló la guerra nadie hizo caso de estas normas.
Así pues, la organización internacional no hacía mucho por reprimir a las potencias.Entre las Líneas En este sentido, el sistema europeo podría parecer una reliquia anacrónica de tiempos pretéritos.Si, Pero: Pero el dilatado período de paz había sido testigo de enormes cambios que —según suponían los comentaristas más optimistas— iban a hacer que la guerra fuera cada vez más improbable. El progreso tecnológico y económico había estimulado lo que hoy día llamaríamos globalización y democratización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Había hecho también que la guerra fuera muchísimo más destructiva, lo que potencialmente reforzaba la disuasión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Si, Pero: Pero aunque todas estas novedades pudieran influir en las circunstancias y las condiciones en las que los gobiernos decidieran recurrir a la fuerza, ninguna de ellas impedía que así lo hicieran.
El período anterior a 1914 fue una época de globalización cuyos niveles de interdependencia económica no se repetirían hasta mucho después de que acabara la Segunda Guerra Mundial. La Europa noroccidental fue el epicentro de este fenómeno, basado en la revolución de las comunicaciones de la época victoriana —el ferrocarril, el telégrafo y el barco de vapor—, así como en el crecimiento masivo de la producción agrícola y manufacturera.Entre las Líneas En 1913 las exportaciones suponían entre una quinta y una cuarta parte de la producción nacional de Gran Bretaña, Francia y Alemania. La inversión extranjera mundial (o global) —más de las tres cuartas partes de la cual procedía de Europa— casi se dobló entre 1900 y 1914, aunque eso sí, mientras que los países continentales exportaban bienes y capitales de unos a otros, el comercio y la inversión de Gran Bretaña se situaba principalmente fuera de Europa. Esos mismos años fueron testigos de una oleada de emigración, que abrió nuevas fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) agrícolas desde la Pampa hasta las montañas Rocosas y el interior de Australia, y que situó a Europa en el centro de una cadena mundial (o global) de interconexiones económicas.8 En la década anterior a 1914, todos los países europeos habían pasado a formar parte de un ciclo económico intercontinental que se extendía hasta el otro lado del Atlántico.9 Francia, Alemania y los Países Bajos participaron en la creación de un complejo interdependiente de industrias pesadas en la cuenca del Rin, unido por diversas empresas multinacionales, trabajadores emigrados (polacos en el Ruhr, italianos en Lorena) y el tráfico internacional del carbón y del acero.
El incremento de la interdependencia económica quizá favoreciera la cooperación de las potencias, pero en realidad su impacto fue limitado. Los gobiernos firmaron convenciones internacionales en materia de correos, telégrafos y radio y armonizaron los horarios de los ferrocarriles (existen varios acuerdos multilaterales internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidos en este ámbito: Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a pasajeros y equipajes transportados por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a mercaderías transportadas por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Acuerdo europeo sobre los principales ferrocarriles internacionales (AGC), Ginebra, 31 de mayo de 1985; Acuerdo sobre una red ferroviaria internacional en el Machrek árabe, Beirut, 14 de abril de 2003; Convenio sobre la facilitación de los procedimientos de cruce de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) para los pasajeros, el equipaje y el equipaje de carga transportados en el tráfico internacional por ferrocarril, Ginebra, 22 de febrero de 2019) transfronterizos, pero su contribución más importante a la nueva economía consistió en no ponerle obstáculos. La recesión industrial y las importaciones de grano estadounidense hicieron aumentar los aranceles aduaneros a partir de la década de 1870, pero poco antes de que estallara la Primera Guerra Mundial esos aranceles eran más bajos de lo que volverían a ser varias décadas después. Desde la década de 1890, las potencias europeas (junto con Estados Unidos y Japón) estaban ligadas por una unión monetaria de facto, el patrón oro internacional, en virtud de cuyas reglas no escritas sus monedas podían convertirse libremente una en otra y en oro a un precio fijo. Pero, además, este sistema fue establecido por una serie de decisiones individuales más que por acuerdos multilaterales de obligado cumplimiento. Para mantenerlo bastaban acciones conjuntas ad hoc llevadas a cabo ocasionalmente por los bancos centrales. La economía mundial (o global) abierta, al igual que el Concierto de Europa, se basaba en una cooperación organizada mínima, y en 1914 perecieron juntos. Contrariamente al análisis que hacía un libro publicado antes de la guerra, La grande ilusión, de Norman Angell, que llegó a ser todo un superventas, la interdependencia financiera no hacía que la ruptura de las hostilidades fuera impensables, y el desarrollo de un mercado internacional de deuda facilitaría en realidad la financiación (o financiamiento) de la guerra.13 En Londres el Almirantazgo calculaba que la guerra económica haría más daño a Alemania que a Gran Bretaña, y en Berlín el Estado Mayor del Ejército esperaba que Alemania siguiera comerciando con el extranjero mientras aplastaba a sus enemigos continentales.
La globalización antes de 1914 no era solo económica. También era cultural y política, y la expansión imperial sería su manifestación más notable. El imperialismo proyectó en todo el mundo las rivalidades de Europa. Entre 1800 y 1914, la proporción de la superficie del planeta ocupada por los europeos, ya fuera en colonias o en antiguas colonias, se situaba entre el 35 y el 84,4 por ciento. Si Gran Bretaña entraba en una guerra continental, sus colonias —incluidos los dominios autónomos— se verían envueltas en ella automáticamente. La expansión europea también afectaba al resto de los estados independientes. Tras el reparto de África en la década de 1880, a comienzos del nuevo siglo daba la impresión de que China estaba destinada a correr la misma suerte y, al igual que el Imperio otomano y Persia, ya había sido dividida de manera informal en esferas de influencia. A decir verdad, había dos estados extraeuropeos que asimismo habían adquirido atributos de grandes potencias. Estados Unidos derrotó a España en 1898, echándola de Cuba y de las Filipinas. Y Japón derrotó a Rusia en 1904-1905.Si, Pero: Pero ninguno de estos dos países tenía demasiado peso en los proyectos estratégicos europeos. La economía de Japón seguía estando atrasada y sus fuerzas armadas eran eficaces, pero estaban demasiado lejos. La economía estadounidense era ya la más fuerte del mundo, y su marina era grande y moderna, si bien se esperaba que Washington permaneciera neutral en un conflicto europeo, y su ejército era muy pequeño. Si los estados europeos se enfrentaban, al parecer no habría potencia exterior lo bastante fuerte para obligarlas a ponerse de acuerdo.
El desarrollo económico transformó también la política interior europea. Enfrentadas al vertiginoso crecimiento de las ciudades, a una burguesía y a una clase obrera cada vez más seguras de sí mismas, una tras otra, las monarquías de los distintos países habían concedido parlamentos elegidos democráticamente y libertades civiles para conseguir una anuencia más activa de sus súbditos.Entre las Líneas En Gran Bretaña la Ley de Reforma de 1832 intentó unir a la clase media al amparo de la Constitución; en el Reich alemán creado en 1871 la monarquía prusiana llevaba una coexistencia bastante incómoda con un Reichstag (o Cámara Baja del Parlamento), cuyos miembros eran votados por todos los varones del país; incluso en Rusia, el zar había aceptado desde 1905 una asamblea elegida democráticamente.Entre las Líneas En 1914 los varones adultos de toda Europa tenían en general libertad para formar sindicatos, grupos de presión y partidos políticos, aunque bajo supervisión de la policía.Entre las Líneas En la mayoría de los países había medios de comunicación, lo que significaba fundamentalmente prensa escrita, sin censura. Los periódicos, conectados con los acontecimientos de todo el mundo a través del telégrafo y de las agencias de noticias y repartidos a través del ferrocarril y de los barcos de vapor a precios accesibles, eran el principal canal de comunicación y de información. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Las cifras lo reflejaban con claridad: una ciudad avanzada como Berlín tenía más de cincuenta periódicos, y en el pequeño y empobrecido Reino de Serbia había veinticuatro diarios. La guerra y la política exterior eran tema de acalorados debates.
Desde la desintegración del bloque soviético a comienzos de la década de 1990, los analistas políticos occidentales triunfalistas han insistido en que las democracias nunca lucharon entre sí. Esta tesis era ya moneda corriente entre los liberales antes de 1914.Si, Pero: Pero en realidad la democratización no logró erradicar los conflictos armados. Ello se debió en parte a que el proceso fue incompleto. La III República francesa, establecida en 1870, probablemente había sido la Constitución más progresista de Europa, pero incluso en ella el control parlamentario de la diplomacia y de la planificación (véase más en esta plataforma general) militar fue escaso.Entre las Líneas En Austria-Hungría, en Alemania y en Rusia, las dinastías reinantes, los Habsburgo, los Hohenzollern y los Romanov, ejercían un amplio poder discrecional en materia de asuntos exteriores.
Otros Elementos
Además, si la opinión pública ejercía alguna influencia, no era desde luego de corte pacifista.Entre las Líneas En la mayoría de los países occidentales había partidos socialistas que (junto con los progresistas de clase media) se oponían a la guerra salvo en caso de autodefensa. Los partidos de centro y de derechas, sin embargo, normalmente exigían firmeza a la hora de afirmar los intereses nacionales, y la mayoría de los periódicos y una multitud de grupos de presión los apoyaban.Entre las Líneas En 1914 la mayoría de los políticos y de las autoridades militares reconocían que una guerra de gran envergadura necesitaba el apoyo de la opinión pública, pero ni la globalización ni la democratización hacían impensable la ruptura de las hostilidades.
La tercera consecuencia de la industrialización moderna fue la transformación de la tecnología militar. Y lo hizo principalmente en dos fases. La primera se centró en la propulsión a vapor. A partir de la década de 1840, los barcos de guerra cambiaron las velas por el vapor (los cascos de madera por los de acero), y el ferrocarril empezó a transportar y a aprovisionar unos ejércitos mucho más numerosos. Después de la guerra franco-prusiana (1870-71; véase un resumen del conflicto, y también sus causas), durante la cual las levas alemanas trasladadas por tren superaron numéricamente y se impusieron a los regulares franceses, los grandes ejércitos de reclutas y la intensificación de la construcción de vías ferroviarias se convirtieron en la norma. La segunda fase de la transformación se centró en la potencia de fuego. A finales del siglo XIX, los explosivos químicos de gran potencia hicieron que la pólvora resultara obsoleta.
Pormenores
Las armas de retrocarga (a diferencia de las de avancarga) de ánima rayada (esto es, provistas de estrías helicoidales en el hueco del cañón para hacer girar el proyectil sobre sí mismo) disparaban más lejos, más deprisa y con mejor puntería.
Pormenores
Las armadas equiparon sus buques de vapor con telescopios y cañones de tiro rápido que disparaban bombas de alto poder explosivo. A comienzos del siglo XX pudieron combatir por primera vez en alta mar, lejos de la costa, y a una distancia de hasta cinco millas.Si, Pero: Pero en 1905 la batalla de Tsushima, en la que la artillería japonesa aniquiló a la armada rusa, no sería ningún portento del futuro, pues otra serie de innovaciones —los torpedos, las minas y los submarinos— harían que los buques de guerra resultaran más vulnerables y fueran más reacios a buscar el enfrentamiento.
Por tierra, una revolución equivalente en materia de potencia de fuego aumentó de modo parecido la capacidad destructiva de los ejércitos a cambio de su libertad de maniobra. Los mosquetes fueron sustituidos por las carabinas de retrocarga, que los soldados de infantería podían accionar estando cuerpo a tierra y —cuando las recámaras y la pólvora sin humo se hicieron habituales— disparar repetidamente sin revelar su posición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El desarrollo a partir de la década de 1880 de la ametralladora Maxim, capaz de disparar seiscientas balas por minuto, multiplicó todavía más la potencia de fuego defensivo. Desde la década de 1890, los ejércitos introdujeron el cañón de campaña de fuego rápido, provisto de un pistón hidráulico que frenaba el retroceso de la culata. Disparaba hasta veinte bombas de explosivo de alta potencia por minuto sin necesidad de volver a posicionarse.Si, Pero: Pero el cañón de campaña era tan útil para la defensa como para el ataque, aumentando los estragos causados por las ametralladoras y los fusiles, mientras que la artillería pesada moderna capaz de volar por los aires a los defensores se desarrolló con mucha más lentitud. Los cambios introducidos en la tecnología de la marina y de los ejércitos de tierra iban en contra de los conflictos breves, baratos y decisivos.
Estas innovaciones deberían de haber estabilizado el equilibrio de poder haciendo que el uso de la fuerza pareciera menos atractivo.Si, Pero: Pero en la práctica no fue así. Los líderes europeos estaban familiarizados con la idea de que los preparativos militares podían desaconsejar llevar a cabo una ofensiva: después de 1870, los alemanes creyeron durante muchos años que su ejército era lo bastante fuerte para conseguir ese efecto.
Puntualización
Sin embargo, todavía no se había convertido en un lugar común la idea de que la ruptura de las hostilidades podía llegar a ser tan destructiva que nadie saldría ganando con ella. De hecho, el banquero ruso Iván Bloch insinuaba algo parecido en su libro La guerra futura, que fue muy leído. Pronosticaba una matanza prolongada y ruinosa en la que la defensa era más poderosa que el ataque y que provocaba un caos social y económico.
Aviso
No obstante, la mayoría de los ejércitos europeos sacaron de sus observaciones de la guerra ruso-japonesa la conclusión de que la infantería podía capturar trincheras protegidas con alambre de espino y ametralladoras, siempre y cuando su moral resistiera.
Los estados mayores de los ejércitos comprendían que una guerra europea sería extremadamente sangrienta y que no era probable que fuera breve, pero ocultaron sus temores a sus dirigentes políticos. Cuando aconsejaban en contra de correr un riesgo, era porque veían pocas oportunidades de salir victoriosos, no porque pensaran que los cambios tecnológicos habían hecho de la guerra algo obsoleto. Si los dos bandos creían que la guerra era necesaria y uno y otro pensaba que podían ganarla, las medidas disuasorias fracasarían. Los nuevos factores que suponían la globalización, la participación popular, la industrialización y el armamento científico harían el conflicto tanto más devastador.
Los grandes bloques de alianzas eran fundamentales para los cálculos de las medidas disuasorias y de la ventaja estratégica.
Pormenores
Las asociaciones básicas eran la alianza austro-alemana, firmada en 1879, y la franco-rusa, negociada entre 1891 y 1894. Se trataba de alianzas defensivas, e iban dirigidas en principio contra Rusia y Alemania respectivamente. Desde 1882 Italia se había unido de forma bastante vaga con el primer bloque y desde 1907 Gran Bretaña se había asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) en términos todavía más vagos con el segundo. Estas alineaciones a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) en tiempos de paz eran una novedad en la política europea, tanto en el bloque occidental como en el oriental. De hecho, durante muchos años tales tratados fomentaron el temor mutuo, pues aunque sus términos eran secretos, su existencia no lo era.
Puntualización
Sin embargo, también podían suponer que cualquier choque entre dos potencias desencadenara un enfrentamiento de las dos coaliciones, y se basaban en los supuestos de otro fenómeno nuevo de la época: la planificación (véase más en esta plataforma general) estratégica institucionalizada. Una vez más, las guerras de la unificación de Alemania de 1866 y 1870 fueron las que marcaron la pauta. Aparentemente habían sido un triunfo no solo de la tecnología, sino también de la superioridad de la preparación del Estado Mayor prusiano al mando de Helmuth von Moltke el Viejo, que estuvo al frente de él durante toda una generación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
En el futuro, las fuerzas armadas serían todavía mayores y más complejas, y controlarlas y coordinarlas supondría un reto aún mayor.
Una Conclusión
Por consiguiente, las otras potencias imitaron más o menos el modelo prusiano, que comportaba la creación de un conjunto de oficiales de élite seleccionados mediante un examen muy competitivo. Algunos oficiales del Estado Mayor serían asignados a jefes de división o de cuerpo para asegurarse de que sus decisiones reflejaban una filosofía estandarizada.
Otros rotaban en el Estado Mayor, en el que estudiaban historia militar, simulaban ejercicios de campaña mediante ejercicios militares, maniobras y estudios de campo (staff rides), formulaban doctrinas tácticas y elaboraban planes. La planificación (véase más en esta plataforma general) requería información acerca de los enemigos potenciales y su acopio (buena parte de la cual era revisada luego por oficiales del Estado Mayor destinados en el extranjero como agregados militares) se convirtió en una rutina. Preparados como medidas de emergencia más que como actividades pensadas necesariamente para ser aplicadas, los planes estratégicos habrían podido convertirse en curiosidades históricas como los contraplanes de bombardeos nucleares a uno y otro lado del Elba durante la guerra fría.Si, Pero: Pero la idea que se ocultaba tras ellos era que, si las medidas disuasorias fracasaban, era perfectamente adecuado ponerlos en práctica. Y, de hecho, entre 1905 y 1914 las bases de la disuasión (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “deterrence” en el derecho anglosajón, en inglés) se vinieron abajo a medida que las dos grandes alianzas fueron acercándose cada vez más a la igualdad militar, al tiempo que la competitividad armamentista entre ellas se intensificaba y aumentaba el antagonismo político, alimentado por una serie de crisis diplomáticas a uno y otro lado del Mediterráneo y en los Balcanes. Aunque ningún bando consideraba la guerra inevitable, los dos estaban cada vez más dispuestos a contemplar la posibilidad.
En 1914 Austria-Hungría se sentía rodeada (véase más sobre su papel en las causas de la guerra) y en peligro en el sudeste de Europa, y Alemania tenía la misma sensación respecto al equilibrio europeo en general. Los conflictos regionales y la tensión general existente en Europa llegaron a su punto culminante al mismo tiempo.(…)
La carrera armamentista por tierra adquirió toda su significación a la luz de los planes de guerra de los dos bloques. Hasta 1912-1913, los de Francia y Rusia fueron en general de carácter defensivo, lo que reflejaba su posición de mayor debilidad.
Puntualización
Sin embargo, el Plan XVII de Francia, aprobado en 1913, reflejaba la seguridad cada vez mayor del Estado Mayor al prever una ofensiva inmediata, en concomitancia con un ataque de Rusia por el este. Análogamente, la Variante «A», la versión por defecto del Plan 19 Revisado de Rusia, de 1912, preveía emprender ofensivas contra Austria-Hungría y Alemania.
Detalles
Los austríacos, por su parte, también planeaban llevar a cabo un ataque inicial, aunque como no estaban seguros de si su principal enemigo iba a ser Serbia o Rusia tuvieron que disponer más de una variante.
El programa de los alemanes recibe a menudo el nombre de Plan Schlieffen, por el jefe del Estado Mayor de Alemania de 1890 a 1905, Alfred Schlieffen, pero su sucesor, Helmuth von Moltke el Joven (sobrino de Moltke el Viejo), lo corrigió significativamente, de modo que sería más exacto denominarlo Plan Schlieffen-Moltke.
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Las innovaciones fundamentales de Schlieffen eran la doctrina de que, en caso de una guerra en dos frentes, el principal ataque debía llevarse a cabo por el oeste, y la tesis de que para rebasar las fortalezas fronterizas de Francia el ala derecha alemana debía lanzar la invasión a través de Bélgica y del extremo meridional del territorio holandés alrededor de Maastricht. Moltke, en cambio, reforzó el ala izquierda que lindaba con Francia y abandonó la idea de pasar por Holanda (Países Bajos) (con la esperanza de continuar comerciando a través de este país, si se mantenía neutral). Mantuvo, por tanto, sus opciones abiertas; pero, por otra parte, las cerró al planear tomar el importantísimo nudo ferroviario (existen varios acuerdos multilaterales internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidos en el ámbito del transporte ferroviario: Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a pasajeros y equipajes transportados por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a mercaderías transportadas por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Acuerdo europeo sobre los principales ferrocarriles internacionales (AGC), Ginebra, 31 de mayo de 1985; Acuerdo sobre una red ferroviaria internacional en el Machrek árabe, Beirut, 14 de abril de 2003; Convenio sobre la facilitación de los procedimientos de cruce de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) para los pasajeros, el equipaje y el equipaje de carga transportados en el tráfico internacional por ferrocarril, Ginebra, 22 de febrero de 2019) de Lieja por medio de un ataque desde la posición de salida en los primeros días de la movilización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Alemania era, pues, la única potencia para la que la movilización y la guerra eran casi lo mismo, y el Estado Mayor mantuvo en secreto el ataque contra Lieja sin comunicárselo al canciller hasta el 31 de julio de 1914; un ejemplo palmario de la deficiente comunicación entre las autoridades civiles y las militares.Si, Pero: Pero Bethmann, Jagow y el káiser estaban perfectamente al corriente del análisis del equilibrio militar que hacía Moltke, y de las previsiones generales del plan estratégico. Sabían que el factor tiempo era fundamental, pues Alemania se vería abocada al desastre si la mayor parte de sus fuerzas permanecían en el oeste mientras los rusos amenazaban Berlín. La reorganización del ejército ruso en 1910 —y en mayor medida el Gran Programa y el pacto ferroviario (existen varios acuerdos multilaterales internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidos en el ámbito del transporte ferroviario: Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a pasajeros y equipajes transportados por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a mercaderías transportadas por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Acuerdo europeo sobre los principales ferrocarriles internacionales (AGC), Ginebra, 31 de mayo de 1985; Acuerdo sobre una red ferroviaria internacional en el Machrek árabe, Beirut, 14 de abril de 2003; Convenio sobre la facilitación de los procedimientos de cruce de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) para los pasajeros, el equipaje y el equipaje de carga transportados en el tráfico internacional por ferrocarril, Ginebra, 22 de febrero de 2019) franco-ruso— significaba que los días del plan estaban contados.
Pero ¿aquellas previsiones eran meramente hipotéticas? Parece que todas las partes vieron las nuevas leyes relacionadas con el ejército como medidas de precaución y defensa —destinadas a disuadir al enemigo para que no invadiera su territorio so pena de derrotarlo si lo hacía—, y no como preparativos para la ruptura de las hostilidades.54 El gobierno alemán, sin embargo, estaba cada vez más deseoso de considerar la opción de empezar una guerra. Para entender por qué es preciso añadir al cerco al que se veía sometida Alemania y a la carrera armamentista por tierra un tercer elemento del deterioro del ambiente internacional: la sucesión de crisis diplomáticas que llegaron a su punto culminante en julio de 1914.55 Entre 1880 y 1904, esas crisis se produjeron principalmente por rivalidades coloniales y afectaron solo a determinadas potencias: por ejemplo, a Gran Bretaña y Alemania en 1896 por Sudáfrica, o a Gran Bretaña y Francia en 1898 por Sudán.Si, Pero: Pero en la década anterior al estallido de la guerra se produjeron una serie de crisis más cercanas que pusieron a los dos grandes bloques en el disparadero.Entre las Líneas En 1905-1906, durante la primera crisis marroquí, Alemania no logró frustrar los intentos franceses (apoyados por Inglaterra) de establecer su predominio en Marruecos.Entre las Líneas En 1908-1909, en cambio, Austria-Hungría, con el firme respaldo de Alemania, llevó a cabo contra viento y marea la anexión de Bosnia. El primero de estos acontecimientos consolidó el cerco de Alemania y el segundo profundizó el enfrentamiento entre el Imperio austrohúngaro y Alemania, por un lado, y Serbia y Rusia, por otro.
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Además, en plena crisis de la anexión, en marzo de 1909, Bülow y Moltke se comprometieron a apoyar a los austríacos si estos atacaban Serbia y Rusia intervenía, reinterpretando así el carácter originalmente defensivo de la alianza germano-austríaca de 1879 y sentando un precedente que se repetiría en 1914.
Con Bethmann los acontecimientos se precipitaron hacia la catástrofe como si siguieran un reguero de pólvora.Entre las Líneas En 1911, con motivo de la segunda crisis marroquí, Alemania reforzó sus exigencias de entablar negociaciones con Francia enviando un cañonero, el Panther, al puerto de Agadir. Los franceses no se dejaron amedrentar y, de nuevo con el ostentoso respaldo de los británicos, obtuvieron el protectorado de Marruecos a cambio solo de unas cuantas concesiones menores a Alemania en el Congo.56 La decepción por los resultados obtenidos no solo precipitó el replanteamiento de la política armamentista de Alemania, que la llevó a situar de nuevo su prioridad en las fuerzas terrestres: la incorporación de Marruecos a Francia indujo también a Italia a invadir Libia, circunstancia que distrajo la atención del Imperio otomano y decidió a los estados balcánicos a atacarlo. Las guerras de los Balcanes intensificaron todavía más la interacción entre los sucesos turbulentos de carácter local y el aumento de la tensión general. La primera guerra de los Balcanes precipitó la aprobación de la ley alemana del ejército de 1913, que a su vez precipitó la Ley de los Tres Años de Francia y el Gran Programa de Rusia.
Durante el enfrentamiento provocado en 1912 por la resistencia austrohúngara a las pretensiones de acceso al mar Adriático presentadas por Serbia, los gobiernos de Rusia, Austria-Hungría y Alemania celebraron reuniones de alto nivel para discutir si se lanzaban o no al combate. El domingo 8 de diciembre, Guillermo II, furioso ante el aviso de que Gran Bretaña estaba dispuesta a intervenir en un conflicto europeo, convocó una conferencia secreta urgente en Potsdam con sus asesores (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “assessors” en derecho anglo-sajón, en inglés) militares y navales. El káiser dijo que contemplaba la posibilidad de combatir en apoyo de Austria-Hungría y Moltke comentó que cuanto antes empezara la guerra europea, mejor, pero Tirpitz objetó que la armada necesitaba otro año o año y medio para prepararse. Este «consejo de guerra» (como sarcásticamente lo denominó Bethmann, que no fue invitado a él) no decidió en realidad el comienzo de un conflicto en Europa, pero puso de manifiesto que los alemanes consideraban seriamente la posibilidad de iniciar uno para ayudar a su aliado y romper el cerco al que se hallaban sometidos. Aunque durante la primavera de 1913 refrenaron a Berchtold con motivo de la disputa de Scutari, en la confrontación de octubre de ese mismo año por las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) de Albania respaldaron plenamente el ultimátum presentado por el primer ministro austríaco a Serbia, temerosos de que, de lo contrario, Austria-Hungría perdiera su fe en ellos. Esta pesadilla de perder al último aliado que les quedaba les obsesionaría también en julio de 1914.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
En el invierno de 1913-1914, las guerras de los Balcanes dieron lugar a otra prueba de fuerza, el caso Liman von Sanders. Otto Liman von Sanders era un general alemán que había sido enviado al frente de una misión militar reforzada a Constantinopla con el fin de reconstruir el ejército turco.
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Además, debía ponerse al mando de la división turca que protegía la capital otomana y los Dardanelos, punto neurálgico para los rusos, que dependían de esta vía marítima como principal punto de salida de sus exportaciones de grano. Aunque Liman perdió su mando a raíz de las protestas rusas, la misión militar continuó en la ciudad, lo que le otorgaba una poderosa influencia sobre el ejército turco y, por tanto, sobre toda la política turca. El choque de Alemania y Rusia era ahora directo, en vez de producirse en la distancia debido al apoyo prestado por los alemanes a los austrohúngaros. Se desencadenó entonces una guerra ominosa en la prensa entre los dos países, y los líderes alemanes empezaron a sentirse cada vez más nerviosos ante el rearme de los rusos. San Petersburgo reaccionó ante el caso firmando el pacto ferroviario (existen varios acuerdos multilaterales internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidos en el ámbito del transporte ferroviario: Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a pasajeros y equipajes transportados por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) a mercaderías transportadas por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Acuerdo europeo sobre los principales ferrocarriles internacionales (AGC), Ginebra, 31 de mayo de 1985; Acuerdo sobre una red ferroviaria internacional en el Machrek árabe, Beirut, 14 de abril de 2003; Convenio sobre la facilitación de los procedimientos de cruce de fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) para los pasajeros, el equipaje y el equipaje de carga transportados en el tráfico internacional por ferrocarril, Ginebra, 22 de febrero de 2019) estratégico con los franceses (sobre el que previamente se había mostrado indecisa) y reforzando la Triple Entente, al tiempo que los ingleses acordaban entablar conversaciones navales secretas con ellos en junio de 1914. Cuando un informador de la embajada rusa en Londres filtró esta información a los alemanes (y el ministro del Foreign Office ocultó el contenido de esas conversaciones en la Cámara de los Comunes), dio la impresión de que el cerco de Alemania se había estrechado más que nunca y la nueva détente que Bethmann había alcanzado con Gran Bretaña pareció un espejismo.
En 1914 las crisis, la carrera armamentista y la fobia de Berlín por el cerco habían cobrado una intensidad que se reforzaba mutuamente. Ambos bloques se habían consolidado y era muy probable que resistieran cuando se produjera la siguiente prueba: Rusia y Francia se había rearmado lo suficiente para proceder con más audacia, mientras que Alemania y el Imperio austrohúngaro veían cómo el equilibrio se decantaba cada vez más en contra suya. Los enfrentamientos recurrentes indujeron a los hombres de Estado a considerar el ataque una alternativa a los interminables sobresaltos y amenazas.
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Además, las crisis (especialmente en Alemania y en Francia) dieron alas a los grupos de presión nacionalistas y unieron a gran parte de la opinión pública a favor de una política exterior contundente. Las probabilidades iban en contra de la resolución pacífica de cualquier otro nuevo choque, aunque eso no significaba que ninguna potencia hubiera tomado la decisión premeditada de iniciar una guerra general. De hecho, la concesión por parte de Alemania del «cheque en blanco» de julio de 1914 ilustra perfectamente el carácter improvisado del proceso de toma de decisiones. Guillermo II no convocó ninguna sesión del Consejo de la Corona para debatir las opciones con sus asesores (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “assessors” en derecho anglo-sajón, en inglés) antes de dar el paso.Entre las Líneas En lugar de ello, prejuzgó la situación comprometiéndose con el conde Hoyos antes de discutirla con Bethmann, aunque el canciller respaldara su acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Guillermo II había tenido amistad con Francisco Fernando y veía los asesinatos de Sarajevo como una ofensa a la autoridad dinástica. Sus consejeros temían que refrenar a Viena supusiera malquistarse con ella, y parece que se mostraron de acuerdo con la idea de que la guerra era la única opción que quedaba frente a Serbia. Deseaban que se produjera una acción militar del Imperio austrohúngaro y la fomentaron, si bien dudaban de que los austríacos hablaran en serio y concedieron el cheque en blanco con tanta más facilidad debido a la inseguridad de que Berchtold se decidiera a cobrarlo.
Además, tanto Guillermo como Bethmann calculaban que un enfrentamiento austro-serbio probablemente siguiera siendo en todo momento un conflicto localizado. Consideraban muy probable que Rusia se mantuviera al margen, y que Gran Bretaña y Francia la instaran a hacerlo.Si, Pero: Pero aceptaron sin vacilar la perspectiva de una conflagración europea si no lo hacía, y el ministro de la Guerra, Erich von Falkenhayn, dijo que el ejército estaba preparado y Moltke había afirmado repetidamente que era mejor actuar en ese momento que esperar.Entre las Líneas En privado Moltke reconocía que sería difícil derrotar a Francia, y tanto él como los responsables de la planificación (véase más en esta plataforma general) parece que esperaban una lucha larga, pero si la guerra era inevitable al menos empezaría en el momento más oportuno.60 Da la impresión de que Bethmann y Jagow, que se quedaron encargados de manejar (gestionar) la crisis mientras Guillermo se iba de crucero por el Báltico, consideraban que el resultado óptimo sería una Blitzkrieg («guerra relámpago») en los Balcanes que aplastara a Serbia, apuntalara el Imperio austrohúngaro, y quizá rompiera la alianza franco-rusa que tenía cercada a Alemania, pero estaban dispuestos a enzarzarse en una guerra continental si San Petersburgo intervenía. Jugaron con dos barajas, como había hecho Bismarck en 1870.61 Ahora todo dependía de la respuesta de Rusia.
Para la Triple Entente la crisis de julio de 1914 empezó en serio con el ultimátum austrohúngaro (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Berchtold lo retrasó hasta asegurarse el respaldo de Alemania y poner de su lado a Tisza, para que las tropas de Conrad pudieran regresar del permiso concedido con motivo de la recogida de la cosecha, y a la espera de que el presidente francés Raymond Poincaré y su primer ministro, René Viviani, concluyeran su visita de Estado a San Petersburgo, calculando erróneamente que el aplazamiento hasta la vuelta de los dos hombres de Estado paralizara la reacción franco-rusa. De hecho, el retraso reforzó la impresión de que el Imperio austrohúngaro no había reaccionado en caliente, sino que pretendía aprovechar deliberadamente los asesinatos para aplastar a Serbia y presentar ante los rusos un hecho consumado.Si, Pero: Pero el zar Nicolás II y sus consejeros no tenían prisa en lanzarse a una guerra europea, su Estado Mayor necesitaba tiempo para seguir adelante con el rearme, y todos eran conscientes de que lo que le hacía falta al país era paz. Fijaron su atención menos en los aciertos y los errores del conflicto austroserbio que en la política de las potencias europeas en general.
📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Los conflictos internos de Rusia eran los más terribles del continente.Entre las Líneas En febrero de 1914, un profético memorial presentado a Nicolás II por un antiguo primer ministro, Piotr Durnovo, pronosticaba que la guerra acabaría en derrota y en una convulsión social catastrófica. Como el austrohúngaro, el Imperio ruso era un conglomerado multinacional, en el que había finlandeses, bálticos, polacos, rusos blancos, ucranianos, judíos en su extremo occidental, y caucásicos y musulmanes del Asia central en sus confines meridionales, que sumaban más de la mitad del total de la población y habitaban en las provincias más valiosas. Pero, además, se enfrentaba a un movimiento social (un organismo colectivo, en general, que se distingue por un alto nivel de compromiso, y activismo político, pero que a menudo carece de una organización clara) revolucionario de carácter urbano y a la violencia latente de los campesinos. Mientras que el SPD alemán era fundamentalmente un partido respetuoso de la ley y hasta los terroristas de Austria-Hungría como Princip eran contadas excepciones, los zares llevaban décadas librando una guerra interna contra ciertos sectores de su intelligentsia.Entre las Líneas En parte por ese motivo seguían empeñados en la autocracia. Según la opinión más generalizada, los errores en materia de política exterior que habían desembocado en la guerra contra Japón habían llevado a Nicolás II a aceptar a regañadientes llevar a cabo un experimento estableciendo un gabinete de gobierno, el Consejo de Ministros. Para apaciguar el descontento generalizado del país tras la derrota, aceptó introducir un parlamento, la Duma, y una serie de leyes fundamentales, incluidos ciertos derechos civiles limitados. Durante la siguiente década, Rusia gozó de un sistema político más abierto como no volvería a conocer hasta la última década del siglo XX. La mayoría de los partidos políticos fueron legalizados y había numerosos periódicos, a cuál más combativo. Este sistema, sin embargo, no fue particularmente estable. A partir de 1909, una sucesión de buenas cosechas contribuyó a apaciguar las zonas rurales y a incrementar los ingresos fiscales, buena parte de los cuales sirvieron para financiar el rearme.
Aviso
No obstante, el gobierno restringió unilateralmente los derechos de voto de la Duma para volver a una asamblea más acomodaticia, pero aun así en 1914 la cooperación con la Asamblea Legislativa estaba al borde del colapso.Entre las Líneas En febrero de 1914, el Consejo de Ministros era también muy débil, y Nicolás sustituyó a su primer ministro, Vladímir Kokovtsov, por el ineficaz Iván Goremykin, para poder tratar con los ministros individualmente y no en bloque.65 Al igual que en Alemania, la coordinación entre los poderes civiles y los militares era escasa, y esta última medida exacerbó el problema.
Detalles
Por último, a partir de 1912 se había intensificado la nueva oleada de huelgas, y en julio de 1914 se produjo en San Petersburgo una huelga general con barricadas en las calles. La situación interna ofrecía suficientes motivos para no precipitarse.
¿Por qué, pues, no abandonó Rusia sencillamente a Serbia? No había ningún tratado de alianza que la obligara a ayudar a Belgrado. A pesar de los lazos religiosos y lingüísticos y de una tradición histórica de apoyo, la reacción de los rusos no estuvo motivada por una solidaridad eslava sin más.Entre las Líneas En 1908-1909 y en 1912-1913 habían pedido a Serbia que mostrara una actitud moderada.Si, Pero: Pero en 1914 le aconsejaron que no podía «permanecer indiferente» ante lo que se le venía encima, animando probablemente a los serbios a no aceptar el ultimátum en su totalidad, y regalando así al Imperio austrohúngaro un pretexto para la guerra.68 Aunque lo que se jugaba Rusia en Serbia desde el punto de vista económico era superficial, sus líderes creían que tenían intereses comerciales importantísimos en los Dardanelos, que podían verse amenazados si lo que el ministro de Asuntos Exteriores Sazónov llamaba el «equilibrio político» de los Balcanes se decantaba en contra suya. Serbia era importante además desde el punto de vista estratégico, pues podía obligar a los Habsburgo a dividir sus fuerzas en una guerra austro-rusa. Por si fuera poco, en 1914 esa amenaza era mucho más fuerte que en 1909 y 1912, cuando los austríacos habían intentado no ya acabar con la independencia de Serbia, sino frenar su expansión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Así pues, los asuntos de los Balcanes interesaban mucho, pero en una reunión trascendental del Consejo de Ministros celebrada el 24 de julio Sazónov subrayó que detrás de Austria-Hungría estaba Alemania. Durante gran parte del siglo XIX, San Petersburgo y Berlín habían mantenido buenas relaciones, como monarquías conservadoras vecinas que eran, ambas hostiles al liberalismo y con un interés común en mantener a raya a Polonia (cuyos últimos restos se habían repartido en 1815 con Austria).
Autor: David /Stevenson
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