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Ciudad Inteligente

Ciudad Inteligente

Véase también la información sobre invernadero inteligente.

A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto y servicios de la Ciudad Inteligente

El mercado (económico) de la Ciudad Inteligente se estima en cientos de miles de millones de dólares para el año 2020, con un gasto anual que alcanza casi 16 mil millones. Este mercado surge de la interconexión sinérgica de sectores clave de la industria y los servicios, como la gobernanza inteligente, la movilidad inteligente, los servicios públicos inteligentes, los edificios inteligentes y el medio ambiente inteligente. Estos sectores también han sido considerados en el proyecto europeo Smart Cities (https://www.smart-cities.eu) para definir un criterio de clasificación que pueda utilizarse para evaluar el nivel de «inteligencia» de las ciudades europeas.

Puntualización

Sin embargo, el mercado de las Ciudades Inteligentes aún no ha despegado realmente, debido a una serie de barreras políticas, técnicas y financieras.

En la dimensión política, el principal obstáculo es la atribución del poder de decisión a los diferentes actores. Una posible forma de eliminar este obstáculo es institucionalizar todo el proceso de decisión y ejecución, concentrando la planificación (véase más en esta plataforma general) estratégica y la gestión de los aspectos de la ciudad inteligente en un único departamento dedicado a la ciudad.

En el aspecto técnico, la cuestión más relevante consiste en la no interoperabilidad de las heterogéneas tecnologías que se utilizan actualmente en la ciudad y en los desarrollos urbanos. A este respecto, la visión de la IO puede convertirse en la piedra angular para realizar una plataforma unificada de TIC a escala urbana, liberando así el potencial de la visión de la Ciudad Inteligente.

Por último, en lo que respecta a la dimensión financiera, todavía falta un modelo de negocio claro, aunque recientemente se han emprendido algunas iniciativas para colmar esta laguna. La situación se ve agravada por la adversa situación económica mundial, que ha determinado una reducción general de las inversiones en los servicios públicos. Esta situación impide que el potencialmente enorme mercado de la Ciudad Inteligente se haga realidad. Una posible salida a este punto muerto es desarrollar primero aquellos servicios que conjuguen la utilidad social con un retorno de la inversión muy claro, como el aparcamiento inteligente y los edificios inteligentes, y que por lo tanto actuarán como catalizadores de los otros servicios de valor añadido.

En el resto de esta sección, se presenta una visión general de algunos de los servicios que podrían ser habilitados por un paradigma (modelo, patrón o marco conceptual, o teoría que sirve de modelo a seguir para resolver alguna situación determinada) de IO urbana y que son de interés potencial en el contexto de la Ciudad Inteligente, porque pueden hacer realidad la situación beneficiosa para todos de aumentar la calidad y mejorar los servicios ofrecidos a los ciudadanos, al tiempo que aportan una ventaja económica para la administración de la ciudad en términos de reducción de los costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) operativos. Para apreciar mejor el nivel de madurez de las tecnologías habilitadoras de estos servicios, en el Cuadro I se presenta una visión sinóptica de los servicios en términos de tipo(s) de red(es) que se sugiere(n) desplegar, tráfico esperado generado por el servicio, demora máxima tolerable, alimentación de los dispositivos y una estimación de la viabilidad de cada servicio con las tecnologías actualmente disponibles. Del cuadro se desprende claramente que, en general, la realización práctica de la mayoría de esos servicios no se ve obstaculizada por cuestiones técnicas, sino más bien por la falta de una arquitectura de comunicaciones y servicios ampliamente aceptada que pueda abstraerse de las características específicas de las distintas tecnologías y proporcionar un acceso armonizado a los servicios.

Salud estructural de los edificios

El mantenimiento adecuado de los edificios históricos de una ciudad requiere la vigilancia continua de las condiciones reales de cada edificio y la identificación de las zonas más sujetas al impacto de los agentes externos. La IO urbana puede proporcionar una base de datos distribuida de mediciones de la integridad estructural de los edificios, recogidas por sensores adecuados situados en los edificios, como sensores de vibración y deformación para vigilar la tensión del edificio, sensores de agentes atmosféricos en las zonas circundantes para vigilar los niveles de contaminación, y sensores de temperatura y humedad para tener una caracterización completa de las condiciones ambientales. Esta base de datos debería reducir la necesidad de costosas pruebas estructurales periódicas por parte de operadores humanos y permitirá llevar a cabo acciones de mantenimiento y restauración selectivas y proactivas (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, será posible combinar las lecturas de vibración y sísmicas para estudiar y comprender mejor el impacto de los terremotos leves en los edificios de las ciudades. Esta base de datos puede hacerse accesible al público para que los ciudadanos sean conscientes del cuidado que se pone en la preservación del patrimonio histórico de la ciudad.

Puntualización

Sin embargo, la realización práctica de este servicio requiere la instalación de sensores en los edificios y las zonas circundantes y su interconexión a un sistema de control, lo que puede requerir una inversión inicial para crear la infraestructura necesaria.

Gestión de desechos

La gestión de los desechos es una cuestión primordial en muchas ciudades modernas, debido tanto al costo (o coste, como se emplea mayoritariamente en España) del servicio como al problema del almacenamiento de la basura en los vertederos.

Puntualización

Sin embargo, una penetración más profunda de las soluciones de las TIC en este ámbito puede dar lugar a importantes ahorros y ventajas económicas y ecológicas. Por ejemplo, el uso de contenedores de residuos inteligentes, que detectan el nivel de carga y permiten optimizar la ruta de los camiones recolectores, puede reducir el costo (o coste, como se emplea mayoritariamente en España) de la recolección de residuos y mejorar la calidad del reciclado. Para realizar ese servicio de gestión inteligente de los residuos, la IO conectará los dispositivos finales, es decir, los contenedores de residuos inteligentes, a un centro de control donde un software de optimización procesará los datos y determinará la gestión óptima de la flota de camiones recolectores.

Calidad del aire

La Unión Europea adoptó oficialmente una Directiva sobre energías renovables 20-20-20 en la que se establecen objetivos de reducción del cambio climático para el próximo decenio.

Más Información

Los objetivos exigen una reducción del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2020 en comparación con los niveles de 1990, una reducción del 20% del consumo de energía mediante una mayor eficiencia energética para el año 2020 y un aumento del 20% en el uso de energías renovables para el año 2020.Entre las Líneas En tal medida, una IO urbana puede proporcionar medios para vigilar la calidad del aire en zonas concurridas, parques o pistas de deportes.

Otros Elementos

Además, se pueden proporcionar instalaciones de comunicación para permitir que las aplicaciones sanitarias que funcionan con dispositivos para correr se conecten a la infraestructura. De esa manera, las personas pueden encontrar siempre el camino más saludable para las actividades al aire libre y pueden estar continuamente conectadas a su aplicación de entrenamiento personal preferida. La realización de ese servicio requiere que se desplieguen sensores de calidad del aire y de contaminación en toda la ciudad y que los datos de los sensores se pongan a disposición de los ciudadanos.

Vigilancia del ruido

El ruido puede considerarse una forma de contaminación acústica tanto como el óxido de carbono (CO) lo es para el aire.Entre las Líneas En ese sentido, las autoridades de la ciudad ya han emitido leyes específicas para reducir la cantidad de ruido en el centro de la ciudad a horas específicas. Un IO urbano puede ofrecer un servicio de vigilancia del ruido para medir la cantidad de ruido producido a una hora determinada en los lugares que adoptan el servicio [14].

Observación

Además de construir un mapa espacio-temporal de la contaminación acústica en la zona, este servicio también puede utilizarse para reforzar la seguridad pública, mediante algoritmos de detección de sonido que pueden reconocer, por ejemplo, el ruido de los choques o las peleas de cristales. Este servicio puede, por lo tanto, mejorar tanto la tranquilidad de las noches en la ciudad como la confianza de los propietarios de establecimientos públicos, aunque la instalación de detectores de sonido o micrófonos ambientales es bastante controvertida, debido a las obvias preocupaciones de privacidad de este tipo de vigilancia.

Congestión del tráfico

En la misma línea de monitoreo de la calidad del aire y el ruido, un posible servicio de Ciudad Inteligente que puede ser habilitado por la IO urbana consiste en monitorear (vigilar) la congestión del tráfico en la ciudad. Aunque los sistemas de vigilancia del tráfico basados en cámaras ya están disponibles y desplegados en muchas ciudades, la comunicación generalizada de baja potencia puede proporcionar una fuente de información más densa. La vigilancia del tráfico puede realizarse utilizando las capacidades de detección y el GPS instalado en los vehículos modernos, y también adoptando una combinación de sensores de calidad del aire y acústicos a lo largo de una carretera determinada. Esta información es de gran importancia para las autoridades municipales y los ciudadanos: para los primeros, para disciplinar el tráfico y enviar funcionarios cuando sea necesario, y para los segundos, para planificar de antemano la ruta para llegar a la oficina o para programar mejor un viaje de compras al centro de la ciudad.

Consumo de energía de la ciudad

Junto con el servicio de vigilancia de la calidad del aire, una IO urbana puede proporcionar un servicio para controlar el consumo de energía de toda la ciudad, permitiendo así a las autoridades y a los ciudadanos obtener una visión clara y detallada de la cantidad de energía que requieren los diferentes servicios (alumbrado público, transporte, semáforos, cámaras de control, calefacción/refrigeración de edificios públicos, etc.). A su vez, esto permitirá identificar las principales fuentes de consumo de energía y establecer prioridades para optimizar su comportamiento. Esto va en la dirección indicada por la directiva europea para la mejora de la eficiencia energética en los próximos años. Para obtener este servicio, los dispositivos de control del consumo de energía deben integrarse a la red eléctrica de la ciudad.

Otros Elementos

Además, también será posible mejorar este servicio con funcionalidades activas para controlar las estructuras locales de producción de energía (por ejemplo, paneles fotovoltaicos).

Aparcamiento inteligente

El servicio de estacionamiento inteligente se basa en sensores de carretera y pantallas inteligentes que dirigen a los automovilistas por el mejor camino para estacionarse en la ciudad. Los beneficios que se derivan de este servicio son múltiples: un tiempo más rápido para localizar una plaza de aparcamiento significa menos emisiones de CO del coche, menos congestión de tráfico y ciudadanos más felices. El servicio de estacionamiento inteligente puede ser integrado directamente en la infraestructura urbana de IO, porque muchas compañías en Europa están proporcionando productos de mercado para esta aplicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Otros Elementos

Además, mediante el uso de tecnologías de comunicación de corto alcance, como los identificadores de radiofrecuencia (RFID) o la comunicación de campo cercano (NFC), es posible realizar un sistema de verificación electrónica de los permisos de aparcamiento en las plazas reservadas para residentes o discapacitados, ofreciendo así un mejor servicio a los ciudadanos que pueden utilizar legítimamente esas plazas y una herramienta eficaz para detectar rápidamente las infracciones.

Iluminación inteligente

Para apoyar la directiva 20-20-20, la optimización de la eficiencia del alumbrado público es una característica importante.Entre las Líneas En particular, este servicio puede optimizar la intensidad del alumbrado público según la hora del día, las condiciones meteorológicas y la presencia de personas. Para que funcione correctamente, ese servicio debe incluir el alumbrado público en la infraestructura de la Ciudad Inteligente. También es posible aprovechar el aumento del número de puntos de conexión para proporcionar una conexión WiFi a los ciudadanos.

Otros Elementos

Además, se podrá realizar fácilmente un sistema de detección de fallas encima de los controladores del alumbrado público.

Automatización y salubridad de los edificios públicos

Otra aplicación importante de las tecnologías de IO es la vigilancia del consumo de energía y la salubridad del medio ambiente en los edificios públicos (escuelas, oficinas de la administración y museos) mediante diferentes tipos de sensores y actuadores que controlan las luces, la temperatura y la humedad. El control de estos parámetros permite, en efecto, mejorar el nivel de confort de las personas que viven en estos ambientes, lo que puede tener también un rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) positivo en términos de productividad, reduciendo al mismo tiempo los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de calefacción/refrigeración.

Revisor: Lawrence

Diseño de la Ciudad Inteligente

«Los principales desafíos del siglo XXI son el rápido crecimiento de muchas ciudades y la decadencia de otras, la expansión del sector no estructurado y el papel de las ciudades en la causa o la mitigación del cambio climático.

El calentamiento global es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la humanidad hoy en día, y el fenómeno climático fue objeto de titulares una y otra vez mientras la gente seguía observando extrañas pautas meteorológicas y mientras los debates se ensañaban en los ámbitos políticos sobre si debíamos abordar el tema y cómo hacerlo.

El calentamiento global es real, y está cambiando el clima. Hay pruebas significativas de que los climas de todo el mundo están cambiando y que esos cambios están ocurriendo debido a las actividades humanas. Esa es una de las razones por las que es tan importante estar informado sobre qué actividades humanas contribuyen al calentamiento global y qué actividades humanas pueden ayudar a evitar que progrese.

Política pública sobre el calentamiento global
Desde el siglo XIX, muchos investigadores que trabajan en una amplia gama de disciplinas académicas han contribuido a mejorar la comprensión de la atmósfera y del sistema climático mundial. La preocupación de los científicos prominentes del clima por el calentamiento global y el cambio climático inducido por el hombre (o "antropogénico") surgió a mediados del siglo XX, pero la mayor parte del debate científico y político sobre la cuestión no comenzó hasta el decenio de 1980. Hoy en día, los principales científicos del clima están de acuerdo en que muchos de los cambios que se están produciendo en el sistema climático mundial se deben en gran medida a la liberación a la atmósfera de gases de efecto invernadero, gases que potencian el efecto invernadero natural de la Tierra. La mayoría de los gases de efecto invernadero son liberados por la quema de combustibles fósiles para la calefacción, la cocina, la generación de electricidad, el transporte y la fabricación, pero también son liberados como resultado de la descomposición natural de los materiales orgánicos, los incendios forestales, la deforestación y las actividades de limpieza de tierras. Quienes se oponen a este punto de vista han subrayado a menudo el papel de los factores naturales en la variación climática del pasado y han acentuado las incertidumbres científicas relacionadas con los datos sobre el calentamiento de la Tierra y el cambio climático. No obstante, un creciente número de científicos ha pedido a los gobiernos, las industrias y los ciudadanos que reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Todos los países emiten gases de efecto invernadero, pero los países altamente industrializados y los países más poblados emiten cantidades significativamente mayores que otros. Los países de América del Norte y Europa que fueron los primeros en someterse al proceso de industrialización han sido responsables de la liberación de la mayoría de los gases de efecto invernadero en términos acumulativos absolutos desde el comienzo de la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII. Hoy en día, a estos países se les están sumando grandes países en desarrollo como China y la India, donde la rápida industrialización va acompañada de una creciente liberación de gases de efecto invernadero. Los Estados Unidos, que poseen aproximadamente el 5% de la población mundial, emitieron casi el 21% de los gases de efecto invernadero mundiales en 2000. Ese mismo año, los entonces 25 Estados miembros de la Unión Europea (UE) -con una población combinada de 450 millones de personas- emitieron el 14 por ciento de todos los gases de efecto invernadero antropogénicos. Esta cifra era aproximadamente la misma que la fracción liberada por los 1.200 millones de personas de China. En 2000, el estadounidense medio emitió 24,5 toneladas de gases de efecto invernadero, la persona media que vivía en la UE emitió 10,5 toneladas, y la persona media que vivía en China emitió sólo 3,9 toneladas. Aunque las emisiones de gases de efecto invernadero per cápita de China siguieron siendo considerablemente inferiores a las de la UE y los Estados Unidos, fue el mayor emisor de gases de efecto invernadero en 2006 en términos absolutos.

El IPCC y el consenso científico
Un primer paso importante en la formulación de políticas públicas sobre el calentamiento global y el cambio climático es la recopilación de datos científicos y socioeconómicos pertinentes. En 1988 la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente establecieron el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). El IPCC tiene el mandato de evaluar y resumir los datos científicos, técnicos y socioeconómicos más recientes sobre el cambio climático y de publicar sus conclusiones en informes que se presentan a las organizaciones internacionales y a los gobiernos nacionales de todo el mundo. Muchos miles de los principales científicos y expertos del mundo en las esferas del calentamiento de la Tierra y el cambio climático han trabajado en el marco del IPCC, produciendo importantes conjuntos de evaluaciones en 1990, 1995, 2001, 2007 y 2014, y varias evaluaciones especiales adicionales. En esos informes se evaluaron las bases científicas del calentamiento de la Tierra y el cambio climático, las principales cuestiones relacionadas con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y el proceso de adaptación a un clima cambiante.

En el primer informe del IPCC, publicado en 1990, se afirmaba que una buena cantidad de datos mostraba que la actividad humana afectaba a la variabilidad del sistema climático; sin embargo, los autores del informe no pudieron llegar a un consenso sobre las causas y los efectos del calentamiento de la Tierra y el cambio climático en ese momento. El informe del IPCC de 1995 afirmaba que el balance de las pruebas sugería "una influencia humana discernible en el clima". El informe del IPCC de 2001 confirmó las conclusiones anteriores y presentó pruebas más sólidas de que la mayor parte del calentamiento de los 50 años anteriores era atribuible a las actividades humanas. En el informe de 2001 también se señalaba que los cambios observados en los climas regionales estaban empezando a afectar a muchos sistemas físicos y biológicos y que había indicios de que los sistemas sociales y económicos también se estaban viendo afectados.

La cuarta evaluación del IPCC, publicada en 2007, reafirmó las principales conclusiones de los informes anteriores, pero los autores también declararon -en lo que se consideró un juicio conservador- que estaban seguros, al menos en un 90%, de que la mayor parte del calentamiento observado durante el medio siglo anterior había sido causado por la liberación de gases de efecto invernadero a través de una multitud de actividades humanas. Tanto el informe de 2001 como el de 2007 afirmaban que durante el siglo XX se había producido un aumento de la temperatura superficial media mundial de 0,6 °C (1,1 °F), dentro de un margen de error de ±0,2 °C (0,4 °F). Mientras que el informe de 2001 preveía un aumento adicional de la temperatura media de 1,4 a 5,8 °C (2,5 a 10,4 °F) para 2100, el informe de 2007 refinó esta previsión hasta un aumento de 1,8 a 4,0 °C (3,2 a 7,2 °F) para finales del siglo XXI. Esas previsiones se basaron en el examen de una serie de hipótesis que caracterizaron las tendencias futuras de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La quinta evaluación del IPCC, publicada en 2014, refinó aún más los aumentos previstos de la temperatura media mundial y del nivel del mar. El informe de 2014 afirmaba que en el intervalo entre 1880 y 2012 se produjo un aumento de la temperatura media mundial de aproximadamente 0,85 °C (1,5 °F) y que en el intervalo entre 1901 y 2010 se produjo un aumento del nivel medio del mar mundial de unos 19-21 cm (7,5-8,3 pulgadas). El informe predijo que para finales del siglo XXI las temperaturas superficiales en todo el mundo aumentarían entre 0,3 y 4,8 °C (0,5 y 8,6 °F), y el nivel del mar podría subir entre 26 y 82 cm (10,2 y 32,3 pulgadas) en relación con el promedio de 1986-2005.

Cada informe del IPCC ha contribuido a crear un consenso científico en el sentido de que las elevadas concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera son los principales impulsores del aumento de las temperaturas del aire cerca de la superficie y de los cambios climáticos asociados en curso. A este respecto, se considera que el actual episodio de cambio climático, que comenzó a mediados del siglo XX, es fundamentalmente diferente de los períodos anteriores en el sentido de que los ajustes críticos han sido causados por actividades derivadas del comportamiento humano y no por factores no antropogénicos. En la evaluación de 2007 del IPCC se proyectó que cabría esperar que los futuros cambios climáticos incluyeran un calentamiento continuo, modificaciones de las pautas y cantidades de precipitaciones, elevación del nivel del mar y "cambios en la frecuencia e intensidad de algunos fenómenos extremos". Esos cambios tendrían efectos importantes en muchas sociedades y en los sistemas ecológicos de todo el mundo (véase Investigación sobre el clima y los efectos del calentamiento mundial). Véase en este recurso la Convención Marco de las Naciones Unidas y el Protocolo de Kyoto.

Futura política sobre el cambio climático
Los países difieren en cuanto a la forma de proceder en materia de política internacional con respecto a los acuerdos climáticos. Los objetivos a largo plazo formulados en Europa y los Estados Unidos buscan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80 por ciento para mediados del siglo XXI. En relación con estos esfuerzos, la UE estableció el objetivo de limitar el aumento de la temperatura a un máximo de 2 °C (3,6 °F) por encima de los niveles preindustriales. (Muchos científicos del clima y otros expertos coinciden en que se producirán importantes daños económicos y ecológicos si el promedio mundial de las temperaturas del aire cercano a la superficie se eleva más de 2 °C (3,6 °F) por encima de las temperaturas preindustriales en el próximo siglo).

A pesar de las diferencias de enfoque, los países iniciaron las negociaciones sobre un nuevo tratado, basado en un acuerdo alcanzado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en 2007 en Bali (Indonesia), que sustituiría al Protocolo de Kyoto una vez que éste expirara. En la 17ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP17), celebrada en Durban (Sudáfrica) en 2011, la comunidad internacional se comprometió a elaborar un tratado climático amplio y jurídicamente vinculante que sustituyera al Protocolo de Kyoto para 2015. Dicho tratado exigiría a todos los países productores de gases de efecto invernadero -incluidos los principales emisores de carbono que no se atienen al Protocolo de Kyoto (como China, la India y los Estados Unidos)- que limitaran y redujeran sus emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Este compromiso fue reafirmado por la comunidad internacional en el 18º período de sesiones de la Conferencia de las Partes (CP 18), celebrado en Doha (Qatar) en 2012. Dado que los términos del Protocolo de Kyoto se fijaron para que terminaran en 2012, los delegados de la CP 17 y la CP 18 acordaron prorrogar el Protocolo de Kyoto para salvar la brecha entre la fecha de expiración original y la fecha en que el nuevo tratado sobre el clima pasaría a ser jurídicamente vinculante. En consecuencia, los delegados de la COP18 decidieron que el Protocolo de Kyoto terminaría en 2020, año en el que se esperaba que el nuevo tratado climático entrara en vigor. Esta prórroga tenía el beneficio añadido de proporcionar un tiempo adicional para que los países cumplieran sus objetivos de emisión para 2012.

Convocados en París en 2015, los líderes mundiales y otros delegados de la COP21 firmaron un acuerdo global pero no vinculante para limitar el aumento de la temperatura media mundial a no más de 2 °C (3,6 °F) por encima de los niveles preindustriales y, al mismo tiempo, esforzarse por mantener este aumento a 1,5 °C (2,7 °F) por encima de los niveles preindustriales. El Acuerdo de París fue un acuerdo histórico que ordenó un examen de los progresos cada cinco años y la creación de un fondo de 100.000 millones de dólares para 2020 -que se repondría anualmente- para ayudar a los países en desarrollo a adoptar tecnologías que no produzcan gases de efecto invernadero. El número de partes (signatarios) del convenio ascendía a 197 en 2019, y 185 países habían ratificado el acuerdo. A pesar de que Estados Unidos había ratificado el acuerdo en septiembre de 2016, la toma de posesión de Donald J. Trump como presidente en enero de 2017 anunció una nueva era en la política climática de Estados Unidos, y el 1 de junio de 2017 Trump señaló su intención de sacar a Estados Unidos del acuerdo climático después de que concluyera el proceso de salida formal. Su sucesor, Biden, es un firme defensor de la lucha por el medio ambiente.

Un número cada vez mayor de ciudades del mundo está iniciando una multitud de esfuerzos locales y subregionales para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Muchos de esos municipios están adoptando medidas como miembros del Consejo Internacional para las Iniciativas Ambientales Locales y su programa Ciudades para la Protección del Clima, que esboza principios y medidas para adoptar medidas a nivel local. En 2005, la Conferencia de Alcaldes de los Estados Unidos aprobó el Acuerdo de Protección del Clima, en el que las ciudades se comprometieron a reducir para 2012 las emisiones a un 7 por ciento por debajo de los niveles de 1990. Además, muchas empresas privadas están desarrollando políticas corporativas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Un ejemplo notable de un esfuerzo liderado por el sector privado es la creación del Chicago Climate Exchange como medio para reducir las emisiones a través de un proceso de comercio.

A medida que las políticas públicas relativas al calentamiento global y al cambio climático continúan desarrollándose a nivel mundial, regional, nacional y local, se dividen en dos grandes tipos. El primer tipo, la política de mitigación, se centra en diferentes formas de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Dado que la mayoría de las emisiones proceden de la quema de combustibles fósiles para la energía y el transporte, gran parte de la política de mitigación se centra en el cambio a fuentes de energía menos intensivas en carbono (como la energía eólica, solar e hidroeléctrica), la mejora de la eficiencia energética de los vehículos y el apoyo al desarrollo de nuevas tecnologías. En cambio, el segundo tipo, la política de adaptación, trata de mejorar la capacidad de diversas sociedades para hacer frente a los desafíos de un clima cambiante. Por ejemplo, algunas políticas de adaptación están concebidas para alentar a los grupos a modificar las prácticas agrícolas en respuesta a los cambios estacionales, mientras que otras políticas están concebidas para preparar a las ciudades situadas en las zonas costeras para un nivel de mar elevado.

En cualquier caso, la reducción a largo plazo de las descargas de gases de efecto invernadero requerirá la participación tanto de los países industriales como de los principales países en desarrollo. En particular, la liberación de gases de efecto invernadero de fuentes chinas e indias está aumentando rápidamente en paralelo con la rápida industrialización de esos países. En 2006 China superó a los Estados Unidos como principal emisor del mundo de gases de efecto invernadero en términos absolutos (aunque no en términos per cápita), en gran medida debido a la mayor utilización de carbón y otros combustibles fósiles por parte de China. De hecho, todos los países del mundo se enfrentan al reto de encontrar formas de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero al tiempo que promueven un desarrollo económico ambiental y socialmente deseable (conocido como "desarrollo sostenible" o "crecimiento inteligente"). Mientras que algunos opositores de los que piden medidas correctivas siguen sosteniendo que los costos de la mitigación a corto plazo serán demasiado elevados, un número cada vez mayor de economistas y encargados de la formulación de políticas sostienen que será menos costoso, y posiblemente más rentable, para las sociedades adoptar medidas preventivas tempranas que abordar los graves cambios climáticos en el futuro. Es probable que muchos de los efectos más nocivos del calentamiento del clima se produzcan en los países en desarrollo. Combatir los efectos nocivos del calentamiento de la Tierra en los países en desarrollo será especialmente difícil, ya que muchos de esos países ya están luchando y poseen una capacidad limitada para hacer frente a los desafíos de un clima cambiante.

Se prevé que cada país se verá afectado de manera diferente por el creciente esfuerzo por reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Los países que son emisores relativamente grandes tendrán que hacer frente a mayores exigencias de reducción que los emisores más pequeños. Del mismo modo, se prevé que los países que experimentan un rápido crecimiento económico se enfrentarán a mayores exigencias para controlar sus emisiones de gases de efecto invernadero a medida que consuman cantidades cada vez mayores de energía. También se producirán diferencias entre los distintos sectores industriales e incluso entre las distintas empresas. Por ejemplo, los productores de petróleo, carbón y gas natural -que en algunos casos representan porciones importantes de los ingresos nacionales por exportación- pueden ver reducida la demanda o los precios de sus productos a medida que sus clientes disminuyen el uso de combustibles fósiles. En cambio, es probable que muchos productores de tecnologías y productos nuevos y más respetuosos del clima (como los generadores de energía renovable) vean aumentar la demanda.

Para hacer frente al calentamiento del planeta y al cambio climático, las sociedades deben encontrar la manera de modificar fundamentalmente sus pautas de utilización de la energía en favor de la generación de energía, el transporte y la ordenación de los bosques y el uso de la tierra con menor intensidad de carbono. Un número cada vez mayor de países ha asumido este desafío, y hay muchas cosas que los individuos también pueden hacer. Por ejemplo, los consumidores tienen más opciones para adquirir electricidad generada a partir de fuentes renovables. Entre las medidas adicionales que reducirían las emisiones personales de gases de efecto invernadero y también conservarían la energía figuran el funcionamiento de vehículos más eficientes desde el punto de vista energético, el uso del transporte público cuando esté disponible y la transición a productos domésticos más eficientes desde el punto de vista energético. Las personas también podrían mejorar el aislamiento de sus hogares, aprender a calentar y enfriar sus residencias de manera más eficaz, y comprar y reciclar productos más sostenibles desde el punto de vista ambiental.

La Convención Marco de las Naciones Unidas y el Protocolo de Kyoto
Los informes del IPCC y el consenso científico que reflejan han proporcionado una de las bases más prominentes para la formulación de la política sobre el cambio climático. A escala mundial, la política sobre el cambio climático se rige por dos grandes tratados: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) de 1992 y el correspondiente Protocolo de Kyoto de 1997 de la CMNUCC (que lleva el nombre de la ciudad de Japón donde se concertó).

La CMNUCC se negoció entre 1991 y 1992. Fue adoptada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en Río de Janeiro en junio de 1992 y se convirtió en legalmente vinculante en marzo de 1994. En el Artículo 2 la CMNUCC establece el objetivo a largo plazo de "estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida una interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático". El artículo 3 establece que los países del mundo tienen "responsabilidades comunes pero diferenciadas", lo que significa que todos los países comparten la obligación de actuar, aunque los países industrializados tienen la responsabilidad particular de tomar la iniciativa en la reducción de las emisiones debido a su contribución relativa al problema en el pasado. Con este fin, el Anexo I de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático enumera 41 países industrializados específicos y países con economías en transición, además de la Comunidad Europea (CE; sucedida oficialmente por la UE en 2009), y el Artículo 4 establece que estos países deben trabajar para reducir sus emisiones antropogénicas a los niveles de 1990. Sin embargo, no se ha establecido un plazo para este objetivo. Además, la CMNUCC no asigna ningún compromiso de reducción específico a los países no incluidos en el Anexo I (es decir, los países en desarrollo).

El acuerdo de seguimiento de la CMNUCC, el Protocolo de Kyoto, se negoció entre 1995 y 1997 y se adoptó en diciembre de 1997. El Protocolo de Kyoto regula seis gases de efecto invernadero liberados por las actividades humanas: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), perfluorocarbonos (PFC), hidrofluorocarbonos (HFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). En virtud del Protocolo de Kyoto, los países del Anexo I deben reducir sus emisiones agregadas de gases de efecto invernadero a un 5,2 por ciento por debajo de sus niveles de 1990 a más tardar en 2012. Para alcanzar este objetivo, el protocolo establece objetivos de reducción individuales para cada país del Anexo I. Estos objetivos requieren la reducción de los gases de efecto invernadero en la mayoría de los países, pero también permiten el aumento de las emisiones de otros. Por ejemplo, el protocolo requiere que los entonces 15 estados miembros de la UE y otros 11 países europeos reduzcan sus emisiones a un 8 por ciento por debajo de sus niveles de emisión de 1990, mientras que Islandia, un país que produce cantidades relativamente pequeñas de gases de efecto invernadero, puede aumentar sus emisiones hasta un 10 por ciento por encima de su nivel de 1990. Además, el Protocolo de Kioto exige a tres países -Nueva Zelanda, Ucrania y Rusia- que congelen sus emisiones a los niveles de 1990.

El Protocolo de Kyoto establece cinco requisitos por los que las partes del Anexo I pueden optar por cumplir sus objetivos de emisión para 2012. En primer lugar, exige la elaboración de políticas y medidas nacionales que reduzcan las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero. En segundo lugar, los países pueden calcular los beneficios de los sumideros de carbono nacionales que absorben más carbono del que emiten. En tercer lugar, los países pueden participar en planes de intercambio de emisiones con otros países del Anexo I. Cuarto, los países signatarios pueden crear programas de aplicación conjunta con otras partes del Anexo I y recibir créditos por los proyectos que reduzcan las emisiones. Quinto, los países pueden recibir créditos por reducir las emisiones en los países no incluidos en el Anexo I a través de un mecanismo de "desarrollo limpio", como la inversión en la construcción de un nuevo proyecto de energía eólica.

Para entrar en vigor, el Protocolo de Kyoto tenía que ser ratificado por al menos 55 países, incluidos suficientes países del Anexo I para representar al menos el 55 por ciento del total de las emisiones de gases de efecto invernadero de ese grupo. Más de 55 países ratificaron rápidamente el protocolo, incluyendo todos los países del Anexo I, excepto Rusia, Estados Unidos y Australia. (Rusia y Australia ratificaron el protocolo en 2005 y 2007, respectivamente.) No fue hasta que Rusia, bajo la fuerte presión de la UE, ratificó el protocolo que éste se convirtió en legalmente vinculante en febrero de 2005.

La política regional de cambio climático más desarrollada hasta la fecha ha sido formulada por la UE en parte para cumplir sus compromisos en virtud del Protocolo de Kyoto. En 2005, los 15 países de la UE que tienen un compromiso colectivo en virtud del protocolo redujeron sus emisiones de gases de efecto invernadero a un 2 por ciento por debajo de sus niveles de 1990, aunque no es seguro que cumplan su objetivo de reducción del 8 por ciento para 2012. En 2007 la UE estableció un objetivo colectivo para los 27 estados miembros de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 20 por ciento por debajo de los niveles de 1990 para el año 2020. Como parte de su esfuerzo por lograr este objetivo, la UE estableció en 2005 el primer plan de comercio multilateral de emisiones de dióxido de carbono del mundo, que abarca más de 11.500 grandes instalaciones en todos sus Estados miembros.

En los Estados Unidos, en cambio, el presidente George W. Bush y la mayoría de los senadores rechazaron el Protocolo de Kyoto, citando como motivo de queja particular la falta de reducciones obligatorias de emisiones para los países en desarrollo. Al mismo tiempo, la política federal de los Estados Unidos no estableció ninguna restricción obligatoria para las emisiones de gases de efecto invernadero, y las emisiones de los Estados Unidos aumentaron más del 16 por ciento entre 1990 y 2005. En parte para compensar la falta de dirección a nivel federal, muchos estados individuales de los EE.UU. formularon sus propios planes de acción para abordar el calentamiento global y el cambio climático y tomaron una serie de iniciativas legales y políticas para frenar las emisiones. Entre esas iniciativas cabe citar: la fijación de un límite máximo a las emisiones de las centrales eléctricas, el establecimiento de normas de carteras de energía renovable que exigen a los proveedores de electricidad que obtengan un porcentaje mínimo de su energía de fuentes renovables, la elaboración de normas sobre emisiones de vehículos y combustibles, y la adopción de normas de "construcción ecológica".

Desde el final de la última edad de hielo, los humanos han desarrollado herramientas y máquinas y han modificado la tierra para la agricultura y el asentamiento a largo plazo. A medida que la población ha ido creciendo y las nuevas tecnologías se han ido extendiendo por las culturas y los continentes, cada vez más recursos del planeta se han visto presionados para servir a la especie. En el proceso, las actividades humanas han alterado el orden natural del medio ambiente al despoblar y eliminar especies y añadir sustancias químicas nocivas al aire, el agua y el suelo, actividades que están cambiando el clima y la estructura y función de los ecosistemas, así como las comunidades biológicas que contienen.

Resolver los problemas ambientales críticos del calentamiento global, la escasez de agua, la contaminación y la pérdida de biodiversidad son quizás los mayores desafíos del siglo XXI.

Los grandes problemas del planeta
La acción humana ha desencadenado una vasta cascada de problemas ambientales que ahora amenazan la continua capacidad de los sistemas naturales y humanos para prosperar. Aquí hay cuatro grandes problemas ambientales:

  • Contaminación. La contaminación es uno de los problemas más serios que enfrenta el planeta, pero puede ser uno de los más fáciles de superar. Aprenda cómo los humanos causan y pueden remediar nuestros problemas de contaminación.
  • Crisis del agua. Esta crisis plantea el riesgo más inmediato para la vida humana y la estabilidad regional. Conozca las causas y los efectos de la escasez de agua a nivel mundial, y algunas de las estrategias para enfrentarla.
  • Calentamiento global. Las emisiones de gases de efecto invernadero de las actividades humanas están cambiando la faz de la Tierra. Explora las formas en que se está produciendo el cambio climático y lo que podemos hacer al respecto.
  • Pérdida de biodiversidad. La vida no humana en la Tierra está sufriendo enormemente en manos humanas. Conozca las principales amenazas a la biodiversidad y lo que se puede hacer para evitar que nuestros organismos se pierdan para siempre.

La fluctuación climática, la variación climática o el cambio climático es la modificación periódica del clima de la Tierra provocada por los cambios en la atmósfera, así como las interacciones entre la atmósfera y otros factores geológicos, químicos, biológicos y geográficos del sistema terrestre.

Causas del cambio climático
Es mucho más fácil documentar las pruebas de la variabilidad del clima y el cambio climático pasado que determinar sus mecanismos subyacentes. El clima está influenciado por una multitud de factores que operan en escalas de tiempo que van desde horas hasta cientos de millones de años. Muchas de las causas del cambio climático son externas al sistema de la Tierra. Otras son parte del sistema de la Tierra pero externas a la atmósfera. Otras implican interacciones entre la atmósfera y otros componentes del sistema terrestre y se describen colectivamente como retroalimentaciones dentro del sistema terrestre. Las retroalimentaciones se encuentran entre los factores causales más recientemente descubiertos y difíciles de estudiar. No obstante, se reconoce cada vez más que esos factores desempeñan un papel fundamental en la variación del clima. En esta sección se describen los mecanismos más importantes.

Variabilidad solar
La luminosidad, o brillo, del Sol ha ido aumentando constantemente desde su formación. Este fenómeno es importante para el clima de la Tierra, porque el Sol proporciona la energía para impulsar la circulación atmosférica y constituye el aporte para el presupuesto de calor de la Tierra. La baja luminosidad solar durante el tiempo del Precámbrico subyace a la tenue paradoja del joven Sol, descrita en la sección Climas de la Tierra temprana.

La energía radiante procedente del Sol es variable en escalas de tiempo muy pequeñas, debido a las tormentas solares y otras perturbaciones, pero las variaciones en la actividad solar, en particular la frecuencia de las manchas solares, también están documentadas en escalas de tiempo que van de decenios a milenios y probablemente se producen también en escalas de tiempo más largas. Se ha sugerido que el "mínimo de Maunder", un período de actividad de manchas solares drásticamente reducida entre 1645 y 1715 d.C., es un factor que contribuye a la Pequeña Edad de Hielo. (Ver abajo Variación y cambio climático desde la aparición de la civilización).

La actividad volcánica
La actividad volcánica puede influir en el clima de varias maneras y en diferentes escalas de tiempo. Las erupciones volcánicas individuales pueden liberar grandes cantidades de dióxido de azufre y otros aerosoles en la estratosfera, reduciendo la transparencia atmosférica y, por tanto, la cantidad de radiación solar que llega a la superficie y la troposfera de la Tierra. Un ejemplo reciente es la erupción del Monte Pinatubo en Filipinas en 1991, que tuvo influencias mensurables en la circulación atmosférica y los balances de calor. La erupción de 1815 del Monte Tambora en la isla de Sumbawa tuvo consecuencias más dramáticas, ya que la primavera y el verano del año siguiente (1816, conocido como "el año sin verano") fueron inusualmente fríos en gran parte del mundo. Nueva Inglaterra y Europa experimentaron nevadas y heladas durante todo el verano de 1816.

Los volcanes y los fenómenos conexos, como el desgarramiento y la subducción de los océanos, liberan dióxido de carbono tanto en los océanos como en la atmósfera. Las emisiones son bajas; incluso una masiva erupción volcánica como la del Monte Pinatubo libera sólo una fracción del dióxido de carbono emitido por la combustión de combustibles fósiles en un año. Sin embargo, a escala geológica, la liberación de este gas de efecto invernadero puede tener efectos importantes. Las variaciones en la liberación de dióxido de carbono por los volcanes y las grietas oceánicas a lo largo de millones de años pueden alterar la química de la atmósfera. Esta variabilidad en las concentraciones de dióxido de carbono probablemente explica gran parte de la variación climática que ha tenido lugar durante el Eón Fanerozoico.

Actividad tectónica
Los movimientos tectónicos de la corteza terrestre han tenido profundos efectos en el clima en escalas de tiempo de millones a decenas de millones de años. Estos movimientos han cambiado la forma, el tamaño, la posición y la elevación de las masas continentales, así como la batimetría de los océanos. A su vez, los cambios topográficos y batimétricos han tenido fuertes efectos en la circulación tanto de la atmósfera como de los océanos. Por ejemplo, el levantamiento de la meseta tibetana durante la era cenozoica afectó las pautas de circulación atmosférica, creando el monzón de Asia meridional e influyendo en el clima de gran parte del resto de Asia y las regiones vecinas.

La actividad tectónica también influye en la química atmosférica, en particular en las concentraciones de dióxido de carbono. El dióxido de carbono se emite desde los volcanes y las fumarolas de las zonas de fisura y de subducción. Las variaciones en la tasa de propagación en las zonas de fisuras y el grado de actividad volcánica cerca de los márgenes de las placas han influido en las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono a lo largo de la historia de la Tierra. Incluso la meteorización química de la roca constituye un importante sumidero de dióxido de carbono. (Un sumidero de carbono es cualquier proceso que elimina el dióxido de carbono de la atmósfera mediante la conversión química del CO2 en compuestos de carbono orgánicos o inorgánicos). El ácido carbónico, formado a partir de dióxido de carbono y agua, es un reactivo en la disolución de silicatos y otros minerales. Las tasas de meteorización están relacionadas con la masa, la elevación y la exposición del lecho rocoso. La elevación tectónica puede aumentar todos estos factores y, por lo tanto, conducir a un aumento de la meteorización y la absorción de dióxido de carbono. Por ejemplo, la meteorización química de la meseta tibetana en ascenso puede haber desempeñado un papel importante en el agotamiento del dióxido de carbono en la atmósfera durante un período de enfriamiento global a finales del Cenozoico.

Variaciones orbitales
La geometría orbital de la Tierra se ve afectada de manera predecible por las influencias gravitatorias de otros planetas del sistema solar. Tres características primarias de la órbita de la Tierra se ven afectadas, cada una de ellas de manera cíclica o recurrente. Primero, la forma de la órbita de la Tierra alrededor del Sol, varía de casi circular a elíptica (excéntrica), con periodicidades de 100.000 y 413.000 años. En segundo lugar, la inclinación del eje de la Tierra con respecto al Sol, que es el principal responsable de los climas estacionales de la Tierra, varía entre 22,1° y 24,5° con respecto al plano de rotación de la Tierra alrededor del Sol. Esta variación se produce en un ciclo de 41.000 años. En general, cuanto mayor es la inclinación, mayor es la radiación solar recibida por los hemisferios en verano y menor la recibida en invierno. El tercer cambio cíclico en la geometría orbital de la Tierra resulta de dos fenómenos combinados: 1) El eje de rotación de la Tierra se tambalea, cambiando la dirección del eje con respecto al Sol, y 2) la orientación de la elipse orbital de la Tierra gira lentamente. Estos dos procesos crean un ciclo de 26.000 años, llamado precesión de los equinoccios, en el que la posición de la Tierra en los equinoccios y solsticios cambia. Hoy en día la Tierra está más cerca del Sol (perihelio) cerca del solsticio de diciembre, mientras que hace 9.000 años el perihelio se produjo cerca del solsticio de junio.

Estas variaciones orbitales causan cambios en la distribución latitudinal y estacional de la radiación solar, que a su vez impulsan una serie de variaciones climáticas. Las variaciones orbitales juegan un papel importante en el ritmo de los patrones glaciales-interglaciales y monzónicos. Sus influencias se han identificado en los cambios climáticos de gran parte del Fanerozoico. Por ejemplo, los ciclomotores -que son lechos marinos, fluviales y de carbón intercalados característicos del subperíodo de Pensilvania (hace 318,1 millones a 299 millones de años)- parecen representar los cambios impulsados por Milankovitch en el nivel medio del mar.

Los gases de efecto invernadero son moléculas de gas que tienen la propiedad de absorber la radiación infrarroja (energía térmica neta) emitida desde la superficie de la Tierra y volverla a radiar hacia la superficie terrestre, contribuyendo así al fenómeno conocido como efecto invernadero. El dióxido de carbono, el metano y el vapor de agua son los gases de efecto invernadero más importantes, y tienen un profundo efecto en el presupuesto energético del sistema terrestre a pesar de que constituyen sólo una fracción de todos los gases atmosféricos. Las concentraciones de gases de efecto invernadero han variado sustancialmente durante la historia de la Tierra, y estas variaciones han impulsado cambios climáticos sustanciales en una amplia gama de escalas de tiempo. En general, las concentraciones de gases de efecto invernadero han sido particularmente altas durante los períodos cálidos y bajas durante las fases frías. Varios procesos influyen en las concentraciones de gases de efecto invernadero. Algunos, como las actividades tectónicas, operan en escalas de tiempo de millones de años, mientras que otros, como la vegetación, el suelo, los humedales y las fuentes y sumideros oceánicos, operan en escalas de tiempo de cientos a miles de años. Las actividades humanas -especialmente la combustión de combustibles fósiles desde la Revolución Industrial- son responsables del aumento constante de las concentraciones atmosféricas de diversos gases de efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono, el metano, el ozono y los clorofluorocarbonos (CFC).

Tal vez el tema más intensamente discutido e investigado sobre la variabilidad del clima sea el papel de las interacciones y retroalimentaciones entre los diversos componentes del sistema terrestre. Las retroalimentaciones implican diferentes componentes que operan a diferentes velocidades y escalas de tiempo. Las capas de hielo, el hielo marino, la vegetación terrestre, las temperaturas oceánicas, las tasas de meteorización, la circulación oceánica y las concentraciones de gases de efecto invernadero están todas influidas directa o indirectamente por la atmósfera; sin embargo, todas ellas también retroalimentan a la atmósfera, influyéndola así de manera importante. Por ejemplo, las diferentes formas y densidades de vegetación en la superficie terrestre influyen en el albedo, o reflectividad, de la superficie de la Tierra, afectando así al balance global de radiación a escalas locales y regionales. Al mismo tiempo, la transferencia de moléculas de agua del suelo a la atmósfera está mediada por la vegetación, tanto directamente (por la transpiración a través de los estomas de las plantas) como indirectamente (por las influencias de la sombra y la temperatura en la evaporación directa del suelo). Esta regulación del flujo de calor latente por parte de la vegetación puede influir en el clima a escalas locales y globales. Como resultado, los cambios en la vegetación, que están parcialmente controlados por el clima, pueden a su vez influir en el sistema climático. La vegetación también influye en las concentraciones de gases de efecto invernadero; las plantas vivas constituyen un importante sumidero de dióxido de carbono atmosférico, mientras que actúan como fuentes de dióxido de carbono cuando se queman por incendios o se descomponen. Estas y otras retroalimentaciones entre los diversos componentes del sistema terrestre son fundamentales tanto para comprender los cambios climáticos del pasado como para predecir los futuros.

Las actividades humanas
El reconocimiento del cambio climático mundial como una cuestión ambiental ha llamado la atención sobre el impacto climático de las actividades humanas. La mayor parte de esta atención se ha centrado en la emisión de dióxido de carbono mediante la combustión de combustibles fósiles y la deforestación. Las actividades humanas también producen emisiones de otros gases de efecto invernadero, como el metano (procedente del cultivo de arroz, el ganado, los vertederos y otras fuentes) y los clorofluorocarbonos (procedentes de fuentes industriales). Hay pocas dudas entre los climatólogos de que estos gases de efecto invernadero afectan al presupuesto de radiación de la Tierra; la naturaleza y la magnitud de la respuesta climática son objeto de una intensa actividad de investigación. Los registros paleoclimáticos de los anillos de los árboles, los corales y los núcleos de hielo indican una clara tendencia al calentamiento que abarca todo el siglo XX y la primera década del siglo XXI. De hecho, el siglo XX fue el más cálido de los últimos 10 siglos, y la década 2001-10 fue la década más cálida desde el comienzo de los registros instrumentales modernos. Muchos climatólogos han señalado este patrón de calentamiento como una clara evidencia de los cambios climáticos inducidos por el hombre como resultado de la producción de gases de efecto invernadero.

Un segundo tipo de impacto humano, la conversión de la vegetación por la deforestación, la forestación y la agricultura, está recibiendo una creciente atención como una fuente adicional de cambio climático. Cada vez es más evidente que los impactos humanos sobre la cubierta vegetal pueden tener efectos locales, regionales e incluso mundiales sobre el clima, debido a los cambios en el flujo de calor sensible y latente hacia la atmósfera y la distribución de la energía dentro del sistema climático. La medida en que estos factores contribuyen al cambio climático reciente y en curso es una importante área de estudio emergente.

El cambio climático en el transcurso de la vida humana
Independientemente de su ubicación en el planeta, todos los seres humanos experimentan la variabilidad y el cambio climático durante sus vidas. Los fenómenos más familiares y predecibles son los ciclos estacionales, a los que las personas ajustan su ropa, las actividades al aire libre, los termostatos y las prácticas agrícolas. Sin embargo, no hay dos veranos o inviernos exactamente iguales en el mismo lugar; algunos son más cálidos, húmedos o tormentosos que otros. Esta variación interanual del clima es en parte responsable de las variaciones de un año a otro en los precios del combustible, el rendimiento de los cultivos, los presupuestos de mantenimiento de las carreteras y los riesgos de incendios forestales. Las inundaciones provocadas por las precipitaciones en un solo año pueden causar graves daños económicos, como los de la cuenca de drenaje del río Misisipí superior durante el verano de 1993, y pérdidas de vidas, como las que devastaron gran parte de Bangladesh en el verano de 1998. También pueden producirse daños y pérdidas de vidas similares como resultado de incendios forestales, tormentas graves, huracanes, olas de calor y otros acontecimientos relacionados con el clima.

La variación y el cambio climático también pueden ocurrir en períodos más largos, como décadas. Algunos lugares experimentan múltiples años de sequía, inundaciones u otras condiciones duras. Esas variaciones decenales del clima plantean problemas para las actividades humanas y la planificación. Por ejemplo, las sequías plurianuales pueden perturbar el suministro de agua, inducir a la pérdida de cosechas y causar trastornos económicos y sociales, como en el caso de las sequías de Dust Bowl en el medio continente de América del Norte durante el decenio de 1930. Las sequías plurianuales pueden incluso causar una hambruna generalizada, como en la sequía del Sahel que se produjo en el norte de África durante los años setenta y ochenta.

Variación estacional
Todos los lugares de la Tierra experimentan una variación estacional del clima (aunque el cambio puede ser leve en algunas regiones tropicales). Esta variación cíclica es impulsada por los cambios estacionales en el suministro de radiación solar a la atmósfera y la superficie de la Tierra. La órbita de la Tierra alrededor del Sol es elíptica; está más cerca del Sol ( 147 millones de km [unos 91 millones de millas]) cerca del solsticio de invierno y más lejos del Sol (152 millones de km [unos 94 millones de millas]) cerca del solsticio de verano en el Hemisferio Norte. Además, el eje de rotación de la Tierra se produce en un ángulo oblicuo (23,5°) con respecto a su órbita. Por lo tanto, cada hemisferio está inclinado lejos del Sol durante su período de invierno y hacia el Sol en su período de verano. Cuando un hemisferio está inclinado lejos del Sol, recibe menos radiación solar que el hemisferio opuesto, que en ese momento está apuntado hacia el Sol. Así, a pesar de la mayor proximidad del Sol en el solsticio de invierno, el hemisferio norte recibe menos radiación solar durante el invierno que durante el verano. También como consecuencia de la inclinación, cuando el Hemisferio Norte experimenta el invierno, el Hemisferio Sur experimenta el verano.

El sistema climático de la Tierra está impulsado por la radiación solar; las diferencias estacionales en el clima resultan en última instancia de los cambios estacionales en la órbita de la Tierra. La circulación del aire en la atmósfera y del agua en los océanos responde a las variaciones estacionales de la energía disponible del Sol. Los cambios estacionales específicos del clima que se producen en cualquier lugar determinado de la superficie de la Tierra resultan en gran medida de la transferencia de energía de la circulación atmosférica y oceánica. Las diferencias en el calentamiento de la superficie que tienen lugar entre el verano y el invierno hacen que las vías de las tormentas y los centros de presión cambien de posición y fuerza. Estas diferencias de calentamiento también provocan cambios estacionales en la nubosidad, las precipitaciones y el viento.

Las respuestas estacionales de la biosfera (especialmente la vegetación) y la criosfera (glaciares, hielo marino, campos de nieve) también contribuyen a la circulación atmosférica y al clima. La caída de hojas de los árboles de hoja caduca al entrar en el letargo invernal aumenta el albedo (reflectividad) de la superficie de la Tierra y puede conducir a un mayor enfriamiento local y regional. De manera similar, la acumulación de nieve también aumenta el albedo de las superficies terrestres y a menudo amplifica los efectos del invierno.

Variación interanual
Las variaciones climáticas interanuales, incluidas las sequías, las inundaciones y otros acontecimientos, son causadas por una compleja serie de factores e interacciones del sistema terrestre. Una característica importante que desempeña un papel en estas variaciones es el cambio periódico de las pautas de circulación atmosférica y oceánica en la región del Pacífico tropical, conocido colectivamente como variación de El Niño-Oscilación Austral (ENSO). Aunque sus principales efectos climáticos se concentran en el Pacífico tropical, la ENOS tiene efectos en cascada que a menudo se extienden a la región del Océano Atlántico, al interior de Europa y Asia, y a las regiones polares. Estos efectos, denominados teleconexiones, se producen porque las alteraciones en las pautas de circulación atmosférica de baja latitud en la región del Pacífico influyen en la circulación atmosférica de los sistemas adyacentes y descendentes. Como resultado, las trayectorias de las tormentas se desvían y las crestas de presión atmosférica (zonas de alta presión) y las canalizaciones (zonas de baja presión) se desplazan de sus patrones habituales.

Como ejemplo, los eventos de El Niño ocurren cuando los vientos alisios del este en el Pacífico tropical se debilitan o invierten su dirección. Esto cierra el afloramiento de las aguas profundas y frías de la costa occidental de América del Sur, calienta el Pacífico oriental e invierte el gradiente de presión atmosférica en el Pacífico occidental. Como resultado, el aire de la superficie se desplaza hacia el este desde Australia e Indonesia hacia el Pacífico central y las Américas. Estos cambios producen grandes precipitaciones e inundaciones repentinas a lo largo de la costa normalmente árida del Perú y una grave sequía en las regiones normalmente húmedas del norte de Australia e Indonesia. Los fenómenos de El Niño particularmente graves provocan el fracaso de los monzones en la región del Océano Índico, lo que da lugar a una intensa sequía en la India y en África oriental. Al mismo tiempo, las trayectorias del oeste y de las tormentas se desplazan hacia el Ecuador, lo que proporciona a California y al desierto del sudoeste de los Estados Unidos un clima invernal húmedo y tormentoso y hace que las condiciones invernales en el noroeste del Pacífico, que suelen ser húmedas, se vuelvan más cálidas y secas. El desplazamiento de los vientos del oeste también provoca sequías en el norte de China y desde el noreste de Brasil a través de secciones de Venezuela. Los registros a largo plazo de la variación del ENOS a partir de documentos históricos, anillos de árboles y corales de arrecifes indican que los eventos de El Niño ocurren, en promedio, cada dos a siete años. Sin embargo, la frecuencia e intensidad de estos eventos varían a lo largo del tiempo.

La Oscilación del Atlántico Norte (OAN) es otro ejemplo de una oscilación interanual que produce importantes efectos climáticos dentro del sistema terrestre y puede influir en el clima en todo el hemisferio norte. Este fenómeno es el resultado de la variación del gradiente de presión, o la diferencia de presión atmosférica entre el máximo subtropical, situado normalmente entre las Azores y Gibraltar, y el mínimo islandés, centrado entre Islandia y Groenlandia. Cuando el gradiente de presión es pronunciado debido a un fuerte máximo subtropical y un bajo islandés profundo (fase positiva), Europa septentrional y Asia septentrional experimentan inviernos cálidos y húmedos con frecuentes y fuertes tormentas invernales. Al mismo tiempo, el sur de Europa es seco. El este de los Estados Unidos también experimenta inviernos más cálidos y menos nevados durante las fases positivas de la NAO, aunque el efecto no es tan grande como en Europa. El gradiente de presión se atenúa cuando la NAO está en un modo negativo, es decir, cuando existe un gradiente de presión más débil a partir de la presencia de un débil máximo subtropical y un mínimo islandés. Cuando esto sucede, la región del Mediterráneo recibe abundantes precipitaciones invernales, mientras que el norte de Europa es frío y seco. El este de los Estados Unidos es típicamente más frío y con más nieve durante una fase negativa de la NAO.

Durante los años en que la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) se encuentra en su fase positiva, el este de los Estados Unidos, el sudeste del Canadá y el noroeste de Europa experimentan temperaturas invernales más cálidas, mientras que en estos lugares se encuentran temperaturas más frías durante su fase negativa. Cuando tanto el Niño/Oscilación Austral (ENSO) como la NAO se encuentran en su fase positiva, los inviernos europeos tienden a ser más húmedos y menos severos; sin embargo, más allá de esta tendencia general, la influencia del ENSO sobre la NAO no se comprende bien.

Los ciclos del ENSO y la NAO son impulsados por las retroalimentaciones e interacciones entre los océanos y la atmósfera. La variación climática interanual es impulsada por estos y otros ciclos, interacciones entre ciclos y perturbaciones en el sistema terrestre, como las que resultan de grandes inyecciones de aerosoles de las erupciones volcánicas. Un ejemplo de perturbación debida al vulcanismo es la erupción del Monte Pinatubo en Filipinas en 1991, que provocó una disminución de la temperatura mundial media de aproximadamente 0,5 °C (0,9 °F) el verano siguiente.

Variación decenal
El clima varía en escalas de tiempo decenales, con grupos de varios años de condiciones húmedas, secas, frescas o cálidas. Estos grupos plurianuales pueden tener efectos dramáticos en las actividades y el bienestar humanos. Por ejemplo, una grave sequía de tres años a finales del siglo XVI probablemente contribuyó a la destrucción de la "Colonia Perdida" de Sir Walter Raleigh en la isla de Roanoke, en lo que hoy es Carolina del Norte, y una posterior sequía de siete años (1606-12) provocó una elevada mortalidad en la colonia de Jamestown, en Virginia. Además, algunos estudiosos han implicado a las sequías persistentes y graves como la principal razón del colapso de la civilización maya en Mesoamérica entre 750 y 950 d.C.; sin embargo, los descubrimientos de principios del siglo XXI sugieren que las perturbaciones del comercio relacionadas con la guerra desempeñaron un papel, posiblemente interactuando con las hambrunas y otras tensiones relacionadas con la sequía.

Aunque la variación climática a escala decenal está bien documentada, las causas no están del todo claras. Gran parte de la variación decenal del clima está relacionada con las variaciones interanuales. Por ejemplo, la frecuencia y la magnitud del ENOS cambian a lo largo del tiempo. Los primeros años de la década de 1990 se caracterizaron por repetidos eventos de El Niño, y se han identificado varias agrupaciones de este tipo que tuvieron lugar durante el siglo XX. La pendiente del gradiente del NAO también cambia en escalas temporales decenales; ha sido particularmente pronunciada desde el decenio de 1970.

Investigaciones recientes han revelado que las variaciones del clima a escala decenal son el resultado de las interacciones entre el océano y la atmósfera. Una de esas variaciones es la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO), también conocida como Variabilidad Decadal del Pacífico (PDV), que implica cambios en las temperaturas de la superficie del mar (SST) en el Océano Pacífico Norte. Las TSM influyen en la fuerza y la posición de la Baja Aleutiana, que a su vez afecta fuertemente los patrones de precipitación a lo largo de la costa del Pacífico de Norteamérica. La variación de las TSM consiste en una alternancia entre los períodos de "fase fría", en los que la costa de Alaska es relativamente seca y el noroeste del Pacífico relativamente húmedo (por ejemplo, 1947-76), y los períodos de "fase cálida", caracterizados por una precipitación relativamente alta en la costa de Alaska y una precipitación baja en el noroeste del Pacífico (por ejemplo, 1925-46, 1977-98). Los registros de anillos de árboles y corales, que abarcan al menos los últimos cuatro siglos, documentan la variación del DOP.

Una oscilación similar, la Oscilación Multidecadal del Atlántico (OMA), se produce en el Atlántico Norte e influye fuertemente en los patrones de precipitación de América del Norte oriental y central. Una AMO de fase cálida (TSM del Atlántico Norte relativamente cálida) se asocia con precipitaciones relativamente altas en Florida y bajas en gran parte del Valle de Ohio. Sin embargo, el AMO interactúa con el PDO, y ambos interactúan con variaciones interanuales, como el ENSO y la NAO, en formas complejas . Tales interacciones pueden llevar a la amplificación de sequías, inundaciones u otras anomalías climáticas. Por ejemplo, las graves sequías que se produjeron en gran parte de los Estados Unidos conterminosos en los primeros años del siglo XXI se asociaron con la OMA de fase cálida combinada con la DOP de fase fría. Los mecanismos que subyacen a las variaciones decenales, como el PDO y la AMO, no se conocen bien, pero probablemente estén relacionados con las interacciones océano-atmósfera con constantes temporales más grandes que las variaciones interanuales. Las variaciones climáticas decenales son objeto de un intenso estudio por parte de los climatólogos y los paleoclimatólogos.

Los datos de todo el mundo indican que la planificación (véase más en esta plataforma general) urbana contemporánea no ha logrado en gran medida hacer frente a esos desafíos». Informe Mundial sobre los Asentamientos Humanos 2009, Planificación de Ciudades Sostenibles Prólogo de Ban Ki-Moon Secretario General, Naciones Unidas.

Más de la mitad de la población del planeta vive actualmente en ciudades. Se prevé que esta cifra aumente a más del 70% para la segunda mitad del siglo, una cifra aún más sorprendente por el hecho de que la población humana habrá aumentado en dos mil millones en el mismo período.

Ciudades Inteligentes es un ámbito de actualidad y de no poca importancia. Con los cambios demográficos que se están produciendo en todo el mundo, el impacto del cambio climático y la volatilidad (véase su definición en el diccionario y más detalles, en esta plataforma, sobre este término) de la demanda de recursos y la producción, la necesidad de centrarse en la planificación, el diseño y la ejecución del desarrollo urbano sostenible nunca ha sido tan grande. La aplicación adecuada de las tecnologías emergentes ofrece cierta esperanza de lograr una mayor eficiencia en la forma en que las ciudades funcionan y los ciudadanos viven sus vidas.Si, Pero: Pero con demasiada frecuencia se pierde el centro del debate. La tecnología y la «inteligencia» deben ser tomadas en contexto – son otra capa para ayudar a mejorar la sostenibilidad de los proyectos, no la respuesta en sí misma.

Definición

«Ciudades inteligentes» se define en PAS 180: 2014 Ciudades Inteligentes. Vocabulario como «…la integración efectiva de los sistemas físicos, digitales y humanos en el entorno construido para ofrecer un futuro sostenible, próspero e inclusivo a sus ciudadanos».

Las ciudades inteligentes optimizan el uso de la tecnología en el diseño y la operación de la infraestructura y los edificios de manera que se satisfagan las necesidades actuales y futuras de sus ciudadanos. Las ciudades verdaderamente inteligentes deben ser algo más que el mero aprovechamiento de la tecnología; requieren que se tengan en cuenta la gobernanza y el crecimiento, el desarrollo urbano y la infraestructura, el medio ambiente y los recursos naturales, la sociedad y la comunidad. (Ref Buro Happold:Definición y evaluación comparativa de ciudades SMART)

Algunos expertos creen que la noción de ciudades inteligentes ha sido impulsada en exceso por las empresas de alta tecnología. Hay un número de razones para esto:

  • El entusiasmo de las empresas de alta tecnología para identificar soluciones que su propio hardware y software puede ofrecer a las ciudades ineficientes.
  • Los profesionales (arquitectos, planificadores y especialmente ingenieros) no se involucran adecuadamente en el debate. Los ingenieros son señalados aquí como la profesión que históricamente ha tenido el papel de aprovechar la ciencia y la tecnología emergentes para mejorar el medio ambiente.
  • La falta de comprensión a nivel de la dirección municipal.

Dada esta situación y la creencia de algunos de que la planificación, el diseño y la construcción de las ciudades futuras requiere un enfoque integrado para lograr resultados satisfactorios, se ha sugerido una terminología alternativa. El término «La ciudad viva» se refiere a un enfoque en el que la tecnología desempeña un papel importante pero de apoyo (Ref Buro Happold: La ciudad viva).

Antecedentes

A medida que las redes de comunicaciones y las conexiones de transporte hacen que el planeta parezca cada vez más pequeño, los «nodos» de las ciudades se están convirtiendo en nuestros centros de poder económico; compiten para atraer a las empresas mundiales, a los empleados cualificados y a los consumidores ansiosos. La base de esta competencia es amplia e incluye: acceso a la educación y al trabajo, seguridad personal, asistencia sanitaria eficaz, transporte eficiente, un entorno físico atractivo y comunidades vibrantes.

Las ciudades se esfuerzan por diferenciarse, desarrollando marcas que destacan sus ventajas económicas, culturales, físicas e incluso climáticas. Las ciudades pueden mejorar su atractivo, y por tanto su éxito económico, mediante el diseño y la gestión eficientes de los servicios e infraestructuras básicas, así como mediante la mejora de su aspecto físico.

Si bien algunas ciudades en esta competencia mundial (o global) se enfrentan a problemas derivados de la reducción de la población, a medida que los residentes y las empresas se ven atraídos a buscar mejores oportunidades en otros lugares, muchas más crecen con demasiada rapidez para que su infraestructura y sus servicios puedan hacer frente a ello.

Pormenores

Las autoridades de las ciudades están siendo forzadas a llegar a un punto de ruptura simplemente cumpliendo con los requisitos básicos de agua limpia, tratamiento adecuado de los desechos y el suministro de energía y alimentos.

Existe un amplio acuerdo en que las zonas urbanas densamente pobladas deberían ser más sostenibles que los asentamientos rurales menos concentrados.

Puntualización

Sin embargo, aunque alrededor del 50% de la población mundial (o global) vive en ciudades, éstas representan más del 75% del consumo de recursos no renovables y crean alrededor de tres cuartas partes de la contaminación mundial.

La creación de ciudades exitosas que empiecen a mitigar algunos de estos impactos es un equilibrio entre las oportunidades sociales, ambientales y económicas que se ofrecen a través de una planificación, diseño y construcción inteligentes, y que se sustentan en una tecnología inteligente.

Gobernanza y crecimiento

La creación de ciudades inteligentes es un proceso complejo y a largo plazo, y su éxito depende de un compromiso sostenido con un claro curso de acción que implica:

  • Liderazgo unificado.
  • Una clara visión inspiradora.
  • Un conjunto de estrategias y objetivos bien definidos.
  • La creación de un modelo de gobierno apropiado y aceptable.
  • La elaboración de un estudio de viabilidad y evaluaciones económicas para valorar los efectos del desarrollo.
  • Una clara comprensión de las estrategias de desarrollo urbano, transporte e infraestructura y de los modelos de regeneración.
  • Una comprensión profunda de cómo la tecnología puede ser integrada a través de las funciones y departamentos de la ciudad para crear nuevas sinergias y conocimientos.
  • Una apreciación de las mejores prácticas actuales y emergentes en el uso de sistemas inteligentes en servicios, infraestructura y edificios.
  • Una apreciación del contexto y una comprensión de los intereses de las partes interesadas, la cultura y las costumbres locales que pueden tener una gran influencia en lo que es aceptable.
  • Una comprensión de la propiedad, la seguridad y la utilización de los datos, así como de los modelos de financiación (o financiamiento) de las nuevas infraestructuras.

Las estrategias para las ciudades inteligentes deberían incluir lo siguiente:

  • Una comunicación clara.
  • Una visión unificadora a través de todo el ciclo de vida.
  • Integración con las políticas y la estructura de gobierno.
  • Una clara comprensión holística de la forma en que se transfieren y capturan los datos entre las tecnologías y los sistemas y de cómo los utilizan los encargados de la adopción de decisiones.

Desarrollo urbano e infraestructura

Los equipos de diseño deben operar a lo largo de todo el ciclo de vida del proyecto, desde la evaluación de las oportunidades y limitaciones físicas de un sitio y la consideración de la viabilidad de las diferentes opciones de desarrollo, hasta la colaboración con los planificadores y desarrolladores para diseñar y construir la mejor solución.

Desde los proyectos de regeneración urbana hasta la creación de nuevas ciudades, se requiere un enfoque integrado y multidisciplinario para asegurar que se cubran todos los aspectos de la ingeniería civil y la planificación (véase más en esta plataforma general) ambiental:

  • Condiciones del suelo.
  • Riesgo de inundaciones.
  • Energía.
  • Infraestructura y estrategias de servicios públicos.
  • Infraestructura y estrategias de residuos.
  • Transporte y acceso.
  • Evaluaciones de los impactos ambientales y cómo pueden ser minimizados.

En la actualidad, muchos sistemas inteligentes, o redes inteligentes vinculadas a la infraestructura, funcionan en silos funcionales, con su propio hardware y software específico, operados por empresas con conocimientos especializados en ese campo en particular. Cada sistema tiene sus propios controles y redes de sensores dedicados.

Lo ideal sería que un sistema de control único, «inteligente» y compartido no solo evitara la duplicación -con importantes ahorros de costos- sino que también proporcionara una imagen mucho más rica de lo que está sucediendo; permitiendo una toma de decisiones más informada y un despliegue más rápido de las medidas para hacer frente a las situaciones emergentes. Este concepto ha dado lugar a la noción de un «sistema operativo urbano» (ref. Living PlanIT: Urban Operating System), algo parecido a los sistemas operativos utilizados por la industria informática y que implica una capa de «middleware» que se sitúa entre el «hardware» de infraestructura de la ciudad y los controles de «software» operativos y (en el futuro) las aplicaciones de la ciudad.

Hay una serie de problemas asociados a la integración de los sistemas individuales centrados en la función, incluida la falta de interfaces y sistemas operativos comunes y la capacidad de hacer frente a la gran cantidad de datos generados.

Puntualización

Sin embargo, las empresas de tecnología están vivas al potencial y varias están tratando de desarrollar sistemas operativos urbanos o de ciudad integrados que tienen por objeto aprovechar la conectividad mejorada e inteligente de la máquina-2. Es evidente que una arquitectura informática abierta con protocolos de interfaz estándar y la capacidad de conectar y utilizar nuevas aplicaciones y equipos facilitará mucho la conexión de los sistemas y abrirá el mercado a nuevos participantes con valiosas ideas nuevas.

En la actualidad todavía hay muy pocos ejemplos de trabajo de enfoques de TIC inteligentes en toda la ciudad.Si, Pero: Pero a pesar de ello, los avances en las TIC ya están contribuyendo de manera significativa a la eficiencia de la ciudad, incluyendo la gestión del tráfico, los sistemas de gestión de edificios y campus y el suministro de servicios públicos.
Medio ambiente y recursos naturales

Los recursos naturales se están agotando a un ritmo alarmante. La llegada del «pico del petróleo», que según algunos es inminente, hará que los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) del combustible y otros productos basados en el carbono aumenten mucho más, incrementando los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de transporte, dañando las cadenas logísticas y los modelos económicos existentes e impidiendo que los países en desarrollo alcancen niveles de prosperidad y oportunidades comparables a los de los países desarrollados.

Al mismo tiempo, la explotación de las reservas de petróleo restantes significa que el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero seguirán siendo bombeados a la atmósfera. El daño que estas emisiones están causando a la atmósfera terrestre ha quedado demostrado por la creciente volatilidad (véase su definición en el diccionario y más detalles, en esta plataforma, sobre este término) de las pautas meteorológicas que provocan sequías, inundaciones, cambios de temperatura fuera de temporada y grandes rangos de velocidades de viento. Algunas autoridades sugieren que la gestión del aumento de la temperatura media mundial (o global) a menos de dos grados ya es una causa perdida (Conferencia roja de Doha sobre el cambio climático – noviembre de 2012).

Incumbe a todos los que trabajan en el medio construido detener esta espiral de agotamiento de los recursos y producción de desechos y comenzar a reparar algunos de los daños:

  • Identificar enfoques de desarrollo urbano que reduzcan las entradas de recursos y la producción de desechos.
  • Diseñar edificios y barrios que consuman menos recursos.
  • Optimizar los procesos de generación y las redes de distribución.
  • Introducir fuentes de energía renovables.
  • Diseñar edificios y barrios para reutilizar o reciclar los subproductos del calor y reciclar el agua.
  • Usando tecnología inteligente para crear edificios eficientes.
  • Adoptar la ingeniería de sistemas integrados.
  • Asegurando que la demanda y la oferta coincidan.

Se puede lograr una mayor eficiencia ambiental y un enfoque más sostenible adoptando el desarrollo de manera más coherente. Una de esas iniciativas, titulada «Mean Lean Green», está diseñada para establecer un proceso rentable y lógico para mejorar la sostenibilidad del desarrollo y comenzar a lograr reducciones significativas de las huellas de carbono y agua.

Para ser plenamente eficaz, cualquier enfoque de ese tipo requiere más trabajo en una serie de esferas clave y un marco más amplio en el que operar. Ya sea que se trate del cumplimiento de una buena política de desarrollo o de la autorregulación para alcanzar los objetivos de la gobernanza empresarial, es necesario vigilar los resultados reales, alentar las mejoras en curso y ajustar los comportamientos.Entre las Líneas En cada punto de este enfoque integrado existe la oportunidad de introducir tecnologías en funciones habilitadoras clave: en la detección, la vigilancia, el almacenamiento de datos, el control y la gestión, en el análisis, el autoaprendizaje y a través de interfaces entre máquinas.

Sociedad y comunidad

Ya 3.500 millones de personas, es decir, el 50% de la población mundial, viven en ciudades, y esa cifra aumentará entre 2.000 y 2.500 millones más en los próximos 25 años. Para acomodar estos números, necesitaremos construir diez ciudades del tamaño de Londres cada año. El principal motor de esta «urbanización» es la oportunidad económica, pero hay otros factores en juego, entre ellos:

  • El acceso a una mejor educación.
  • Acceso a instalaciones de salud.
  • Mayor seguridad comunitaria.
  • Mayor autoexpresión individual.
  • Mejor accesibilidad.
  • Mejor movilidad.

Si bien se puede pensar que el traslado a las ciudades mejora la situación personal de los que se desplazan, puede ejercer una gran presión sobre otros individuos, sus comunidades y la sociedad en general. Esto puede verse en la creciente brecha entre los ricos y los pobres, por el crecimiento de los guetos y los barrios marginales, por la marginación de los individuos y grupos, por los niveles más bajos de educación y por el aumento en muchas zonas urbanas de las tasas de delincuencia, enfermedad y mortalidad.

Las ciudades deben aspirar a ampliar el acceso a estilos de vida que proporcionen un nivel común de educación, formación y empleo, para mejorar la calidad del medio ambiente y así mejorar la salud y el bienestar, y proporcionar seguridad y protección.

También es importante captar los beneficios de la vida urbana, en la que la escala y la densidad deberían facilitar la consecución de progresos inteligentes basados en la tecnología y compartirlos con comunidades más aisladas.Entre las Líneas En el ámbito de la educación, el software libre en formato de código abierto y las tutorías gratuitas en línea ya están dando un acceso más amplio a una enseñanza de calidad y ofreciendo normas más elevadas.

La atención que se presta al diseño para mejorar la movilidad está logrando mejoras significativas y necesarias en los estilos de vida y la salud.

La salud y el bienestar son asuntos profundamente personales. Nada es más íntimo que la experiencia de concebir y dar a luz a un niño, y dar a luz a un ser humano único; ninguno de nosotros puede vivir el miedo o el dolor de otro; y la muerte misma es algo que no podemos compartir, por muy real que sea el dolor que sufrimos.

Y sin embargo, es precisamente cuando nosotros o quienes están cerca de nosotros se enfrentan a la enfermedad o al sufrimiento crónico cuando percibimos que la salud es en realidad un asunto muy público. Las políticas que dictan qué nivel de prestación de atención de la salud se garantiza, qué tipos de servicios se ofrecerán, cómo se establecen las prioridades entre las reclamaciones en pugna, dónde se concentran los recursos y qué alternativas existen, se hacen mucho más inmediatas cuando nos afectan a nosotros o a nuestros seres queridos. Enfrentarse a una determinada afección relacionada con la salud y luego ser el destinatario de las decisiones o los prejuicios de otros -ya sean profesionales de la salud, autoridades religiosas, familiares, vecinos, empleadores o compañías de seguros- es algo que a menudo nos da una nueva conciencia de lo limitada que es nuestra capacidad para controlar algunos de los aspectos más centrales de nuestras vidas.

Derecho a la Salud de los Niños
UNICEF sigue dando prioridad a las desigualdades y llegando a los niños más vulnerables con los servicios de salud que necesitan para sobrevivir y prosperar, pero es evidente que los organismos multilaterales, incluidos UNICEF, los gobiernos nacionales y la comunidad de donantes, deben hacer más para obtener mejores resultados en materia de salud para los niños.

La salud está muy poco dotada de recursos en todo el mundo, y muchos presupuestos nacionales de salud están muy por debajo de los niveles recomendados. En los diez países con las tasas medias de mortalidad infantil más elevadas en 2018 (donde se estima que han muerto entre 1 y 55 millones de menores de cinco años), el gasto público medio en salud en 2016 fue de apenas el 1-4% del producto interno bruto, mucho menos del 5% recomendado4. Para poner en práctica la atención primaria de la salud en los países de ingresos bajos y medianos se necesitan entre 200.000 y 300.000 millones de dólares anuales adicionales5. Si bien la abrumadora mayoría del gasto sanitario en los PRMB es nacional, UNICEF (y los organismos multilaterales en general) son incuestionablemente importantes para colmar los déficits de financiación y complementar los esfuerzos nacionales para mejorar los resultados, en particular en contextos de bajo rendimiento o frágiles con importantes limitaciones técnicas y operacionales. Con una asignación adecuada de recursos nacionales y de los donantes y un uso eficiente de los mismos, podríamos lograr mucho más.

La carga de mortalidad restante se concentra en un puñado de países; éstos necesitan una respuesta continua similar a la de los objetivos de desarrollo del Milenio, con un apoyo coordinado de los donantes centrado en la supervivencia. Al mismo tiempo, en la mayoría de los países, también es apropiado el enfoque más amplio de la salud y el bienestar para todos a través de los SDG. Los desafíos sanitarios son cada vez más complejos y diversos; necesitamos respuestas contextualizadas en las que los asociados mundiales en la esfera de la salud colaboren para alentar y apoyar a los gobiernos a que den prioridad y supervisen unos servicios de salud eficaces y de calidad. Los asociados deberían contribuir de manera más amplia al establecimiento de sistemas de salud sólidos que presten una atención primaria de salud de calidad cerca de donde viven y trabajan las personas. La cobertura sanitaria universal mediante la atención primaria de salud debería evaluarse no sólo por la cobertura de los servicios y la protección financiera, sino también por la reducción de la mortalidad, incluida la causada por enfermedades desatendidas como la neumonía (que sigue siendo la principal causa de muerte en los niños), y mediante medidas de bienestar de los niños y los adolescentes.

UNICEF está firmemente decidido a apoyar este programa más amplio de ayuda a los niños no sólo para que sobrevivan sino también para que prosperen, durante toda la infancia y la adolescencia, y a aprovechar su compromiso multisectorial para hacerlo. Esto se refleja en el Plan Estratégico del organismo para 2018-21, elaborado bajo la dirección del director ejecutivo y el equipo directivo superior. También se refleja en nuestro presupuesto: más de dos quintas partes del presupuesto de UNICEF se gastan en salud materna e infantil, tanto en entornos de desarrollo como humanitarios.

Tras más de 30 años de la Convención sobre los Derechos del Niño, el derecho a la salud debe ser defendido y aplicado en todos los países. El sistema multilateral y los gobiernos de los países deben rendir cuentas de este derecho. Siempre vale la pena celebrar los progresos realizados, pero es preciso redoblar los esfuerzos para reducir rápidamente los millones de muertes infantiles y maternas fácilmente evitables que siguen produciéndose cada año y asegurar que todos los niños alcancen su pleno potencial.

El derecho de la mujer a la salud
Además de las complejidades asociadas al derecho a la salud en general, la consideración del derecho a la salud de la mujer debe tener en cuenta al menos dos dimensiones adicionales. El acceso a los servicios de salud reproductiva también se menciona en la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 24[2][d]).

Derechos de los Pacientes
Además de conceder a los pacientes los medios para la reparación efectiva de las lesiones por negligencia (lo que aumenta el costo del seguro contra la negligencia para los médicos y, por consiguiente, el costo de la atención médica), los litigios por negligencia también han promovido lo que se ha dado en llamar los derechos de los pacientes.

Los derechos de los pacientes se basan en dos premisas fundamentales:

  • el paciente tiene ciertos intereses, muchos de los cuales pueden describirse adecuadamente como derechos, que no se pierden automáticamente al entablar una relación con un médico o un centro de atención de la salud; y
  • los médicos y los centros de atención de la salud pueden no reconocer la existencia de esos intereses y derechos, no prever su protección o afirmación y con frecuencia limitan su ejercicio sin recurso.

Tal vez la novedad más importante en cuanto a los derechos de los pacientes ha sido la que se ha producido en los Estados Unidos en relación con la doctrina del consentimiento informado. Originalmente articulada en el Código de Nuremberg de 1947 como aplicada a la experimentación humana, hoy en día se aplica también al tratamiento médico. Esta doctrina exige que los médicos compartan cierta información con los pacientes antes de pedirles su consentimiento para el tratamiento. La doctrina es particularmente aplicable al uso de la cirugía, las drogas y los procedimientos de diagnóstico invasivos que conllevan riesgos. Requiere que el médico describa el procedimiento o tratamiento recomendado y que enumere sus principales riesgos, beneficios, alternativas y posibles perspectivas de recuperación. El propósito es promover la autodeterminación de los pacientes sobre la base de la teoría de que es el paciente el que más se juega en el tratamiento y el que depende en gran medida del médico para obtener esa información. Los tribunales británicos han rechazado esta formulación sobre la base de que el ciudadano británico medio no desea esa información, y los médicos británicos generalmente no la proporcionan a menos que se les solicite.

Aunque el movimiento en pro de los derechos de los pacientes comenzó en los Estados Unidos a principios del decenio de 1970, la declaración más articulada y completa sobre los derechos de los pacientes aparece en el Convenio sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina del Consejo de Europa de 1997. El propósito general del convenio es "proteger la dignidad e identidad de todos los seres humanos y garantizar a todos, sin discriminación, el respeto de su integridad y otros derechos y libertades fundamentales con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina". Los derechos humanos específicos incluidos en la convención son el acceso equitativo a la atención médica, el consentimiento informado, el derecho a la atención de emergencia y el respeto a la privacidad y la confidencialidad. La convención también contiene normas específicas relativas al genoma humano, la experimentación humana y la donación de órganos. Las disposiciones de la convención deben ser aplicadas judicialmente por los tribunales de los países que son parte de la convención.

El Convenio sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina de 1997 forma parte de una tendencia internacional, en particular en el ámbito de la salud pública, en la que médicos y abogados trabajan juntos para mejorar la salud de las poblaciones y garantizar los derechos humanos. El epidemiólogo estadounidense Jonathan M. Mann lo denominó el movimiento "Salud y Derechos Humanos". Este movimiento surgió a raíz de la epidemia de VIH/SIDA y del reconocimiento de que una respuesta eficaz a la epidemia requería tomar en serio los derechos humanos, especialmente los derechos a la no discriminación, a la educación, a la igualdad de la mujer y al acceso a la atención de la salud. Los médicos y los abogados a menudo colaboran en organizaciones no gubernamentales, como Médicos sin Fronteras, Médicos por los Derechos Humanos y Abogados y Médicos Mundiales, para tratar de mejorar la salud y los derechos humanos a nivel internacional. Aunque es una tarea de enormes proporciones, dada la variedad de problemas específicos y los entornos institucionales en los que se presta la atención médica en todo el mundo, es posible que en el futuro se elabore una carta internacional de derechos del paciente.

Muchos hospitales y organizaciones de atención de la salud han adoptado su propia carta de derechos del paciente, modificando a menudo los derechos para adaptarlos a las necesidades de los servicios de atención de la salud y a las necesidades de los pacientes. Los derechos básicos de un paciente deben incluir los derechos a una comunicación clara; información precisa sobre la posible atención y procedimientos médicos; participación informada en todas las decisiones sobre el programa de atención de salud del paciente; y una explicación clara y concisa de todos los procedimientos propuestos, incluidos los posibles riesgos, efectos secundarios y problemas relacionados con la recuperación.

Los pacientes también deben tener derechos con respecto a la calidad de la atención, incluidos los derechos a una evaluación exacta de su condición y pronóstico sin tratamiento; el conocimiento de la identidad y la situación profesional de quienes prestan los servicios; la información contenida en su expediente médico; el acceso a especialistas consultores; y la negativa a recibir tratamiento.

El paciente debe tener derechos humanos básicos, incluido el derecho a la intimidad tanto de la persona como de la información, el derecho de acceso a personas ajenas al centro de atención de la salud y el derecho a abandonar el centro de atención de la salud independientemente de su estado.

Hasta el decenio de 1960, el derecho y la medicina se reunían únicamente en la sala de audiencias, e incluso entonces se reunían habitualmente sólo en casos relacionados con la patología o la psiquiatría. Sin embargo, desde entonces, los litigios civiles, la financiación pública y las cuestiones éticas han aumentado, al menos en parte como resultado de los increíbles éxitos de la medicina. Estos éxitos han aumentado las expectativas públicas y los costos de la atención médica y han hecho más ambiguas las decisiones sobre la terminación de la atención. La importancia de la salud y los derechos humanos y la mejora de los derechos de los pacientes son dos preocupaciones contemporáneas en las que coinciden tanto los médicos como los juristas.

La competencia para decidir, también llamada capacidad de decisión, es la capacidad de una persona para tomar y comunicar una decisión de consentir un tratamiento médico. Así pues, la competencia es fundamental para determinar el consentimiento y refleja la preocupación de la ley por la autonomía individual. La decisión de una persona con respecto a un tratamiento médico debe respetarse cuando esa persona es competente para tomar esa decisión. A la inversa, si una persona no es competente para dar su consentimiento informado, es necesario emplear un proceso alternativo de adopción de decisiones, como el uso de un apoderado, para determinar si se debe proporcionar el tratamiento.

La prueba de competencia es legal y no médica. Si bien se utilizan muchas pruebas médicas y de salud para determinar la capacidad (por ejemplo, el Mini-Examen del Estado Mental o la Prueba de Evaluación de la Competencia MacArthur), la cuestión fundamental es si la persona es competente con arreglo a la ley. Por lo tanto, no se debe presumir automáticamente que una persona es incompetente porque tenga una discapacidad o un trastorno mental. Más bien, la incompetencia debe determinarse examinando si la enfermedad o la discapacidad de una persona afecta a la capacidad de tomar una decisión hasta el punto de que la persona deba ser tratada como incompetente. Del mismo modo, no se debe tratar a una persona como incompetente porque actúe de manera inusual o no corresponda a las expectativas de la comunidad. El comportamiento inusual o irracional puede obligar a que se investigue la competencia de una persona, pero no es sinónimo de incapacidad.

La prueba de competencia funcional
Para ser competente, una persona debe ser capaz de comprender y retener la información sobre el tratamiento. El derecho anglosajón presume que los adultos son competentes y que los menores son incompetentes (aunque en algunas jurisdicciones se ha rebajado la edad de competencia para consentir el tratamiento médico). Ambas presunciones pueden refutarse poniendo a prueba la competencia de una persona, lo que refleja una preocupación por el nivel de comprensión del paciente.

Comprensión y retención de la información sobre el tratamiento
Hay dos cuestiones principales en las pruebas de competencia. La primera es qué tipo de información debe ser comprendida por el paciente. Las opiniones difieren en cuanto a si la información debe ser sólo los datos básicos sobre el tratamiento o debe ser más detallada en consonancia con la doctrina del consentimiento informado. Los comentaristas y los tribunales británicos suelen exigir únicamente que el paciente comprenda información muy básica sobre el tratamiento. En cambio, los comentaristas y tribunales estadounidenses han exigido que el paciente comprenda no sólo la naturaleza y los efectos generales del tratamiento, sino también los beneficios y los riesgos del tratamiento, de los tratamientos alternativos y de la ausencia de tratamiento.

La segunda cuestión se refiere al tipo de comprensión que se requiere de la persona. Algunos comentaristas exigen una comprensión real de la información sobre el tratamiento, pero otros requieren una capacidad general para comprender el tratamiento que se ofrece. La razón para adoptar una norma de "comprensión real" es que se centra en el problema de tratamiento al que se enfrenta la persona. Por otra parte, el enfoque de comprensión real se presta a abusos en la medida en que un profesional médico puede retener información y luego afirmar que la persona no comprende lo que se propone. Un enfoque de "capacidad de comprensión" evita ese abuso porque no depende de que la persona posea una comprensión específica del tratamiento que se le ofrece. En la práctica, los tribunales parecen considerar ambos factores, y la Comisión de Reforma Legislativa del Canadá ha sugerido que se puede emplear cualquiera de las dos normas.

Creer en la información sobre el tratamiento
Este paso requiere que la persona sea capaz de creer en la información sobre el tratamiento o, si la persona no lo cree, que la incredulidad no debe ser causada por el engaño provocado por una enfermedad o discapacidad mental. Por ejemplo, en el caso Tennessee c. Northern (1978), la paciente fue declarada incompetente porque no podía creer que tuviera gangrena. En cambio, en el caso Re C (Adulto: rechazo de tratamiento) (1994), un paciente esquizofrénico creyó que tenía gangrena pero prefirió morir con dos pies en lugar de vivir con uno y, por lo tanto, fue considerado competente.

Factores de ponderación y evidencia de una elección
Los pacientes deben ser capaces de razonar eficazmente y comunicar una elección. La capacidad de razonar se refiere al proceso de razonamiento subjetivo de la persona y no a si la decisión del paciente sería considerada objetivamente razonable por otras personas. Una vez más, es preocupante que el razonamiento de la persona se vea afectado por una percepción errónea de la realidad o por un engaño. Determinar eso no es fácil, ya que algunas creencias personales y religiosas pueden no distinguirse fácilmente de los delirios, aunque se ha argumentado que las creencias religiosas se distinguen de los delirios porque no son racionales y no son irracionales. Además, es útil ver si la creencia religiosa es anterior a la decisión de tratamiento, si es sostenida por otros y si la persona se ha comportado anteriormente de manera coherente con esa creencia.

La incapacidad de comunicarse es otro factor. En el caso de Nueva Jersey de Matter of Conroy (1985), se dictaminó que los pacientes pueden ser incompetentes porque carecen de la capacidad de comunicar una decisión. Por ejemplo, en el caso de Nueva Zelandia de la Junta de Salud de la Zona de Auckland contra el Fiscal General (1993), se determinó que un paciente con un síndrome de "encierro" era incompetente debido a su completa falta de capacidad para interactuar con el mundo exterior. Por supuesto, debe hacerse todo lo posible por encontrar una forma de comunicarse con la persona discapacitada, y puede ser posible que sistemas como tableros de anuncios o dispositivos electrónicos cubran la brecha de comunicación.

Algunos jueces han sostenido que se debería exigir un mayor nivel de competencia a las personas cuando tomen decisiones de alto riesgo. Otros han afirmado que no se requiere una mayor competencia sino más bien una mayor prueba de competencia. Podría decirse que esto se debe a que una persona tiene competencia para tomar una decisión o no la tiene. No obstante, existe el peligro de que exigir mayores pruebas en los casos de alto riesgo pueda discriminar a las personas que toman decisiones inusuales, ya que sólo ellas serán sometidas a un mayor escrutinio. Es menos probable que alguien que cumpla con las opciones de tratamiento en consonancia con la opinión médica desencadene una evaluación de la competencia. Por otra parte, el requisito de que se refute la competencia en los adultos atenúa la discriminación, porque recae sobre los médicos la responsabilidad de refutar la presunción a favor de que la persona sea competente para decidir.

Definiciones internacionales de competencia
La prueba legal de competencia es sorprendentemente similar en todas las jurisdicciones de los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelandia y el Canadá. En todas esas jurisdicciones se puede encontrar apoyo para una prueba de capacidad funcional que examina la capacidad del paciente para recibir, comprender y procesar la información sobre el tratamiento. Por ejemplo, en el caso de Re C (mencionado anteriormente), un paciente con esquizofrenia se negó a consentir la amputación de una pierna gangrenada. El juez determinó que el paciente era competente para negarse porque era capaz de hacerlo:

  • comprender y retener la información sobre el tratamiento,
  • creen que esa información, y
  • sopesar la información y llegar a una decisión.

Una formulación similar se adoptó en el caso americano de Matter of Schiller (1977), en el que el tribunal estableció la prueba de capacidad de la siguiente manera: ¿Tiene el paciente la mente suficiente para comprender razonablemente la condición, la naturaleza y el efecto del tratamiento propuesto, los riesgos que conlleva seguir el tratamiento y no seguirlo?

Algunas jurisdicciones han consagrado la prueba en la legislación. Por ejemplo, en el estado australiano de Queensland, la Ley de Poderes de 1998 define la capacidad como:

  • entendiendo la naturaleza y el efecto de la decisión sobre el asunto,
  • tomar libre y voluntariamente decisiones sobre el asunto, y
  • comunicando las decisiones de alguna manera.

En Inglaterra, Australia y Nueva Zelandia, la aplicación de la prueba de competencia funcional a los niños se denomina prueba de competencia de Gillick, en honor al caso que declaró que un niño era competente para dar su consentimiento cuando era capaz de comprender los beneficios y riesgos de los tratamientos propuestos (Gillick contra West Norfolk AHA, 1986). Los tribunales de los Estados Unidos y el Canadá aplican una norma casi idéntica pero se refieren a la prueba como la doctrina del menor maduro.

Derecho a la Salud en la Constitución de los Países

El artículo XI de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre establece el derecho a la preservación de la salud mediante medidas sanitarias y sociales (alimentación, vestido, vivienda y atención médica), al tiempo que condiciona su aplicación a la disponibilidad de recursos públicos y comunitarios. El artículo 34 de la Carta de la Organización de los Estados Americanos estipula, entre los objetivos de contribuir al desarrollo integral de la persona, el acceso al conocimiento de la ciencia médica moderna y a condiciones urbanas adecuadas. La Convención Americana de Derechos Humanos alude indirectamente al derecho a la salud cuando en su artículo 26 se refiere al compromiso de los Estados Partes de tomar medidas para garantizar "la plena efectividad de los derechos implícitos en las normas económicas, sociales, educativas, científicas y culturales establecidas en la Carta".

El Protocolo Adicional de San Salvador, en su artículo 10, establece explícitamente el "derecho a la salud" para todas las personas. En él se enumeran seis medidas que deben adoptar los Estados Partes para garantizar este derecho, entre ellas el desarrollo de redes de atención primaria universal. Además, el artículo 11 garantiza el derecho a un medio ambiente sano. No obstante, el Protocolo descarta la posibilidad de presentar peticiones individuales ante los órganos de supervisión del sistema interamericano en relación con el derecho a la salud.

En el sistema europeo, el artículo 11 de la Carta Social Europea se refiere al derecho a la protección de la salud, para cuya consecución estipula actividades de promoción de la salud, educación y prevención de enfermedades. El párrafo 13 de la primera parte garantiza el acceso a la asistencia social y médica a quienes no disponen de recursos suficientes. Asimismo, el artículo 3 del Convenio sobre los Derechos Humanos y la Biomedicina consagra la igualdad de acceso a la atención de la salud.

En el sistema africano, el artículo 16 de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos consagra el derecho al más alto nivel posible de salud, para lo cual se tomarán las "medidas necesarias", al tiempo que se garantizan los servicios médicos en caso de enfermedad. La Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar del Niño también incluye el reconocimiento del derecho a la salud.

El derecho a la salud se fue incorporando gradualmente al derecho interno a partir de la primera mitad del siglo XX. Por ejemplo, la Constitución chilena de 1925 consagra explícitamente el derecho a la salud, distinguiendo entre las garantías para asegurar el bienestar de la persona y para lograr la salud pública. Hasta ahora, un número considerable de Estados con sistemas de derecho civil han incorporado el derecho a la salud en sus constituciones, a menudo definido como el derecho a la protección de la salud de la persona, o estableciendo un papel claro para el Estado en la política de salud. En el caso de Haití, el derecho a la salud está directamente relacionado con el derecho a la vida en el artículo 19 de la Constitución haitiana: "El Estado tiene el deber imperativo de garantizar el derecho a la vida, a la salud y al respeto de la persona". Además, el artículo 23 establece las obligaciones de garantizar a toda la población los recursos necesarios para proteger y recuperar su salud mediante un sistema adecuado de prestación de servicios de salud.

Aunque no es común, otros países dan rango constitucional a una serie de medidas destinadas a proteger la salud. En la Constitución de Panamá, por ejemplo, el artículo 105 consagra el derecho a la salud y la responsabilidad del Estado de protegerla, mientras que el artículo 106 hace referencia al derecho a la alimentación, la educación en materia de salud y la atención de la salud materno-infantil, entre otras cosas. El artículo 70 de la Constitución de Hungría, en su primer párrafo, establece el derecho al más alto nivel posible de salud física y mental, mientras que en el segundo párrafo se enumeran cuatro esferas de responsabilidad. Los países cuyos sistemas jurídicos se basan en el derecho consuetudinario no suelen ofrecer garantías constitucionales en relación con el derecho a la salud, aunque pueden encontrarse referencias implícitas a las responsabilidades públicas en materia de salud en los preámbulos de muchas constituciones, y en parte del contenido relativo a la política social. En esos países, el reconocimiento jurídico del derecho a la salud suele ser necesario en las decisiones de los tribunales, lo que puede afectar al derecho de una u otra manera, dado que se basa esencialmente en la jurisprudencia. Los Estados Unidos, por ejemplo, no incluyen ninguna referencia a la salud en su Constitución, aunque se pueden encontrar decisiones judiciales relativas a la responsabilidad del Estado de regular la salud o su deber de garantizar la igualdad de acceso a los beneficiarios de los sistemas de salud y bienestar social.

En otros países, la referencia a la salud se desarrolla en términos negativos cuando las constituciones o leyes enumeran las limitaciones que pueden aplicarse a determinados derechos civiles y políticos por motivos de salud pública (por ejemplo como en Barbados), al tiempo que se señala la competencia, por no decir la obligación, del Estado respecto de las cuestiones relacionadas con la salud. Al mismo tiempo, prácticamente todos los países con constituciones socialistas incorporan el derecho a la salud como un derecho fundamental, junto con todos los demás derechos económicos, sociales y culturales. En la Constitución de Cuba, el artículo 49 establece el derecho a la atención y protección de la salud, y establece la obligación del Estado de mantener y proveer un sistema de salud pública universal y gratuito a través de programas educativos y preventivos.

El Derecho a la Salud es un Derecho Fundamental
En el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos se hace hincapié en el reconocimiento del derecho de todas las personas a un nivel de vida adecuado, incluidas las garantías de salud y bienestar.

En el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los Estados Partes reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental. En ese artículo se identifican algunas de las medidas que el Estado debe adoptar "para lograr la plena realización de este derecho".

Los artículos 23 y 24 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconocen el derecho a la salud de todos los niños e identifican varias medidas para su realización. Asimismo, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer establece la obligación de adoptar medidas adecuadas para garantizar el acceso de la mujer a la salud y la atención médica, sin discriminación alguna, incluido el acceso a los servicios de planificación familiar.

Muchos otros instrumentos prevén también el derecho a la salud. Estos son: la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, los Convenios de Ginebra, la Declaración sobre la protección de la mujer y el niño en estados de emergencia o de conflicto armado, las Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, la Declaración sobre los Derechos del Retrasado Mental, la Declaración sobre los Derechos de los Impedidos y la Declaración sobre los Derechos de los Pacientes con SIDA.

Derechos reproductivos y salud reproductiva
Los derechos reproductivos son considerados por muchas mujeres como el núcleo de los derechos de la mujer. A lo largo de la historia, las funciones reproductivas de la mujer se han utilizado para controlar a las propias mujeres. Si examinamos por qué se niegan a las mujeres numerosas oportunidades en la vida; por qué se impide a las mujeres asistir a la escuela una vez que alcanzan la pubertad; por qué no se les permite moverse libremente; por qué se les restringe la posibilidad de conseguir un empleo o de seguir una carrera; por qué se les casa pronto sin poder opinar sobre la elección de la pareja, volvemos una y otra vez a la misma respuesta, porque las mujeres tienen cuerpos que pueden ser impregnados.

El significado de los derechos reproductivos y sexuales que ha evolucionado a lo largo de los años es el derecho a gestionar la propia fertilidad de forma segura y eficaz, concibiendo cuando se desee, interrumpiendo los embarazos no deseados y llevando a término los embarazos deseados; el derecho a expresar la propia sexualidad sin enfermedades, violencia, discapacidad, miedo, dolor innecesario o muerte asociados con la reproducción y la sexualidad; y el derecho a las condiciones sociales, económicas y políticas que las hagan posibles.

Es importante aclarar que los derechos reproductivos y la salud reproductiva no son lo mismo. La salud reproductiva es sólo un pequeño componente de los derechos reproductivos. Un mayor acceso a los servicios de salud reproductiva es sólo una parte del derecho a la salud reproductiva, al igual que el acceso a los servicios de salud es sólo un aspecto del derecho a la salud. Para que las mujeres tengan una buena salud reproductiva deben tener una buena salud general y las condiciones físicas, económicas y sociales que hacen posible una buena salud en general.

Salud mental
La enfermedad mental, en su sentido más amplio, es una de las aflicciones más comunes que afectan a la raza humana. El informe del Banco Mundial sobre salud y desarrollo (1993), aunque fue criticado por la falta de fiabilidad de algunos de sus datos, identificó la enfermedad "neuropsiquiátrica" como la segunda causa no transmisible más importante de discapacidad en el mundo en desarrollo. Siguió esta tendencia en años posteriores. De estas enfermedades, la depresión fue el diagnóstico más importante. El informe hace hincapié en un aspecto de la salud que está íntimamente relacionado con el estado de salud y el desarrollo general de una comunidad y que ha sido ignorado por los organismos de desarrollo y los ministerios de salud ante las acuciantes demandas de enfermedades transmisibles. Sin embargo, es imposible separar los componentes mentales y espirituales de la salud de las enfermedades físicas, en particular cuando se trata de enfermedades crónicas y problemas de salud materno-infantil. Es probable, y deseable, señalaba, que la futura labor de desarrollo relacionada con la salud incluya, y deba incluir, la salud mental entre sus prioridades.

El aumento del acceso a los datos y la mejora de las comunicaciones también brindarán a los ciudadanos la oportunidad de interactuar entre sí con mayor eficiencia y establecerán una mayor transparencia entre ellos y quienes gestionan las ciudades en su nombre.

De cara al futuro

La urbanización presenta una especie de dicotomía: la ciudad debería ser el modelo más sostenible para las grandes poblaciones humanas y, sin embargo, las ciudades representan las tres cuartas partes de la huella de carbono mundial. Dado que el cambio climático amenaza a muchas ciudades debido a la subida del nivel del mar, la creciente volatilidad (véase su definición en el diccionario y más detalles, en esta plataforma, sobre este término) de las pautas meteorológicas y la disminución de los recursos, los gobiernos de los países desarrollados y en desarrollo se enfrentan a la demanda no solo de mejores condiciones sociales y mejores perspectivas económicas, sino también de una mayor capacidad de recuperación y de formas de ciudad más respetuosas con el medio ambiente.

La necesidad de garantizar que las ciudades sean sostenibles, eficientes desde el punto de vista energético y de bajo impacto está haciendo cada vez más hincapié en la prestación de un asesoramiento profesional preciso, responsable y objetivo. Es necesario crear «capas de inteligencia», no solo en cuanto a la eficiencia de los recursos sino también en cuanto a la salud, la estabilidad económica, el sentido de comunidad compartida y la capacidad de adaptación a los desafíos futuros. Y más allá de esto, vincular estas capas para aprovechar los datos para mejorar aún más la eficiencia de las operaciones de la ciudad y la vida urbana.

El enfoque de la ciudad inteligente va desde una solución completa para la ciudad que abarca la infraestructura, el transporte, la gobernanza, los negocios, la planificación (véase más en esta plataforma general) económica y del uso del suelo y la planificación (véase más en esta plataforma general) maestra digital hasta proyectos individuales, ya sea de edificios, campus, distritos o ámbito público. El hilo conductor es una comprensión aguda de la forma en que se interrelacionan los servicios profesionales, lo que les permite trabajar de forma más eficaz y, al mismo tiempo, crear mayores oportunidades de eficiencia mediante la aplicación de la tecnología.

Los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) de capital y el rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) de la inversión se convertirán en aspectos cada vez más importantes de la toma de decisiones en el gobierno de las ciudades. La cuantificación de los ingresos generados por la infraestructura empieza a ajustar la economía de las opciones de inversión y tiene el potencial de provocar un cambio importante en el rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) de la ciudad. Un gran ejemplo de ello es el proyecto High Line en Nueva York, donde un proyecto ha transformado una zona deteriorada de la ciudad y ha sido el catalizador de 2.000 millones de dólares de inversión privada, añadiendo miles de nuevas unidades residenciales, miles de nuevos empleos, mil nuevas habitaciones de hotel, nuevos restaurantes, galerías y tiendas.

Mientras que esto comienza a insinuar una nueva forma de enfocar el desarrollo urbano, hay una serie de desafíos que deben ser abordados si se quiere lograr un verdadero progreso:

  • ¿Qué tipos de modelos de gobernanza son apropiados para las ciudades inteligentes y cómo se mide su éxito?
  • ¿Quién financia la inversión necesaria para permitir la creación de ciudades inteligentes y cómo obtiene el financiador los beneficios de esa inversión?
  • ¿Qué garantías hay para la seguridad y la protección de las redes inteligentes?
  • ¿Cómo utilizamos un enfoque de sistemas integrados para sacar el máximo provecho de las redes inteligentes?
  • ¿Quién es el propietario de los datos acumulados por las redes y redes inteligentes?
  • ¿Cómo se adaptan los sistemas a los caprichos del comportamiento humano y siguen cumpliendo la promesa de una eficiencia muy alta?

La urbanización se está produciendo a un ritmo sin precedentes y nos afectará a todos sin importar dónde vivamos. Si colaboramos, y vemos estos desafíos como oportunidades, las soluciones de ciudades inteligentes pueden ofrecernos un camino a seguir.

Revisor: Lawrence

Mercado mundial (o global) de las ciudades inteligentes

El informe de mercado Smart Cities Market – Global Industry Analysis, Size, Share, Growth, Trends and Forecast, 2013 – 2019 revela que se espera que el mercado mundial (o global) de las ciudades inteligentes crezca a una CAGR del 14,0% de 2013 a 2019, alcanzando un valor de 1.265,85 mil millones de dólares. La migración de personas de las zonas rurales a las urbanas es el principal factor que impulsa el crecimiento del mercado de las ciudades inteligentes, a nivel mundial.

América del Norte fue el mayor contribuyente al mercado de las ciudades inteligentes en 2012, con un 34,5%. Esto se atribuye principalmente a: las inversiones en redes inteligentes, las mejoras en la infraestructura de agua y el sector del transporte. Los fabricantes de esta región también están invirtiendo más en medidores y redes inteligentes para proporcionar una base para los programas de ciudades inteligentes.

Entre las diferentes categorías de aplicación, el segmento de transporte inteligente tuvo la mayor participación de alrededor del 16% en 2012. Esto se debió a la creciente demanda de una gestión avanzada del tráfico, la construcción de un entorno superior y la reducción del volumen de vehículos de reparto. Al mismo tiempo, el transporte inteligente vincula diferentes modos de transporte para mejorar el flujo de tráfico en las redes urbanas e interurbanas. Los sistemas de transporte inteligentes también ayudan a reducir las demoras y el consumo de combustible.

La seguridad inteligente es el segmento emergente más rápido, que se espera que crezca a una CAGR del 15,0% durante el período previsto de 2013 a 2019.

En términos geográficos, América del Norte representa el mayor mercado para las ciudades inteligentes y se espera que alcance un tamaño de mercado de 392.410 millones de dólares en 2019. Los gobiernos regionales están adoptando medidas para reducir su huella de carbono mediante el aumento del uso de recursos de energía renovable. Los gobiernos de América del Norte están trabajando actualmente en un objetivo para alcanzar la meta de cero desperdicio de energía para el año 2020.

Revisor: Lawrence

Medir el éxito de las ciudades inteligentes

Cuando se trata de tecnología inteligente, como en otros lugares, tendemos a aborrecer el promedio. El término medio es a menudo visto como un sinónimo de mediocridad. ¿Podría esto estar a punto de cambiar?

En los últimos 60 años, la BSRIA se ha vuelto bastante buena en la evaluación del rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) de los sistemas de construcción, que abarca cada vez más edificios «inteligentes». Esto a pesar del hecho de que los edificios tienen una variedad casi ilimitada de edades, estructuras y funciones, siendo las capacidades de los sistemas de construcción igualmente diversas.

Sabemos que un edificio inteligente será aquel que utilice la tecnología para mejorar la eficiencia, la comodidad, la seguridad y la protección de un edificio de forma rentable, y la mayoría de estos factores pueden, hasta cierto punto, ser medidos.

¿Pero qué pasa con las ciudades inteligentes? Puedes buscar en línea las capacidades «inteligentes» de casi cualquier ciudad significativa y encontrar mucha información interesante y a menudo un programa designado.Si, Pero: Pero para dar sentido a esta información, y mucho menos para medir la «inteligencia» de una ciudad frente a otra, es necesario responder a algunas preguntas fundamentales:

  • ¿Cuáles son los atributos clave de una «ciudad inteligente»?
  • ¿Cómo se califica a una ciudad con respecto a estos?
  • ¿Cómo se ponderan los diversos atributos?

Ninguna de estas preguntas es trivial. Diferentes factores pueden llegar a ser más o menos importantes con el tiempo.Entre las Líneas En un momento de altos precios de la energía y de preocupación por el cambio climático, el uso de soluciones inteligentes para mejorar la eficiencia energética será clave. Si hay grandes preocupaciones sobre la ciberseguridad o las amenazas terroristas, entonces la resistencia de una ciudad inteligente frente a éstas pasará a primer plano. Y en una crisis financiera las soluciones «inteligentes» tenderán a ser las que ahorren más dinero.

En un área de arenas movedizas, algunas organizaciones han tratado de poner en juego. La iniciativa de Ciudades Inteligentes Europeas, apoyada por varias instituciones académicas, incluyendo la Technische Universität Wien, clasifica a las ciudades europeas según seis criterios clave:

  • La economía.
  • La movilidad.
  • El medio ambiente.
  • Las personas (habilidades).
  • La vida (habitabilidad).
  • El gobierno.

Cada uno de ellos se desglosa a su vez en una serie de factores. ¿Pero cuán objetivos son los resultados?

Luxemburgo, que está a la cabeza, resulta ser la capital del país más rico del mundo per cápita. Si bien la correlación entre la riqueza y las ciudades inteligentes es fuerte, la relación causal es menos clara. ¿Cuánto de la tecnología inteligente de una ciudad rica está contribuyendo a la riqueza de la ciudad, y cuánto es «agradable tener» espuma?

Si profundizamos un poco más, podemos empezar a ver cómo diferentes factores contribuyen al éxito de una ciudad inteligente. Por ejemplo, cabe esperar que una gobernanza inteligente eficaz sea más fácil en las ciudades pequeñas, donde los dirigentes pueden mantenerse más fácilmente en contacto con las necesidades reales de los ciudadanos. Y, por supuesto, las ciudades más pequeñas parecen ser más eficaces que las grandes a este respecto, ya que las ciudades del orden de 100.000 a 150.000 ocupan el «punto dorado», y las ciudades con más de 300.000 suelen ocupar un lugar mucho más bajo.

Curiosamente, las ciudades más grandes también salen peor paradas cuando se mide la movilidad inteligente. Las ciudades más grandes, por supuesto, normalmente se enfrentan a retos más serios cuando se trata de gestionar la congestión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Tal vez lo más sorprendente es que las ciudades más pequeñas también se desempeñan menos bien que el promedio, tal vez porque tienen menos recursos a los que recurrir:

Pero seguramente debe haber algunas áreas donde las grandes ciudades encuentran más fácil ser inteligentes. Una pista de esto se encuentra en otra encuesta. El Global Power City Index (GPCI), publicado por la Mori Memorial Foundation, no trata de ciudades inteligentes en sentido estricto, sino que «evalúa y clasifica las principales ciudades del mundo según su ‘magnetismo’, es decir, su poder integral que les permite atraer a personas y empresas creativas de todos los continentes y movilizar sus activos para asegurar el desarrollo económico, social y ambiental».

La encuesta también, por su propia naturaleza, se centra principalmente en las ciudades más grandes. Mide éstas en base a una serie de criterios. Para uno de ellos, la fuerza en investigación y desarrollo, parece haber economías de escala.

La fuerza de las ciudades inteligentes en investigación y desarrollo

Se ha observado durante una investigación que las ciudades más grandes tienen ventaja, especialmente Nueva York, pero también Londres, Los Ángeles y Seúl. Esto refleja la tendencia de los conocimientos técnicos a agruparse en ciudades y regiones donde las empresas y los empleados se alimentan unos a otros. Es significativo que las únicas ciudades más grandes con malos resultados se encuentran en las economías emergentes, por lo que se podría esperar que «maduren» con el tiempo.Entre las Líneas En relación a los resultados de este estudio, no es sorprendente que muestre que las ciudades más grandes tienen un rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) ambiental notablemente inferior, y quizás más sorprendente, un poco menos bueno en cuanto a la capacidad económica general.

Mucho de esto confirma lo que podríamos haber predicho, y claramente el tamaño es solo uno de los factores de la ciudad inteligente, y no es de ninguna manera decisivo.

Puntualización

Sin embargo, cuando estamos viendo la mejor manera de desarrollar ciudades inteligentes donde queremos vivir y trabajar, tiene implicaciones.

Los humanos están muy influenciados por la escala. La investigación ha confirmado que las organizaciones funcionan mejor en grupos de 150 como máximo. ¿Podría ser que alrededor de 100-150.000 es el tamaño «óptimo» para la planificación (véase más en esta plataforma general) de una ciudad inteligente? Si es así, hay implicaciones importantes. La respuesta puede estar no en las megalópolis que estamos viendo en algunas partes del mundo, sino en las ciudades más pequeñas y medianas. Y las ciudades más grandes, como Londres y París pueden ser sabias al delegar gran parte de su trabajo a más distritos y distritos locales como ya lo hacen.

También hay una importante lección en esto para la lista en rápido crecimiento de empresas que ofrecen servicios de ciudades inteligentes, que ayuda a responder a la pregunta de qué ciudades ofrecen las perspectivas más emocionantes y a qué tipos de soluciones son más receptivas. La «ciudad inteligente» del futuro puede terminar pareciéndose menos a Nueva York y más a la antigua York (población 200.000).

Revisor: Lawrence

Véase También

Ambiente inteligente
Bluetooth
Recolección de vacío automatizada
Ciudad
Ciudad sin coches
Red de innovación en colaboración
Inteligencia colaborativa
Software de colaboración
Coche conectado
Ciudad consciente
Crowdsourcing
La brecha digital
E-democracia
Eco-ciudad
La Internet del futuro
Hotspot (Wi-Fi)
El cerebro global
Entorno inteligente
Sistema de transporte inteligente
Ecosistema de conocimiento
Economía del Conocimiento
Derrame de conocimiento
Red del área metropolitana
Red inalámbrica municipal
Datos abiertos
Aparcar y montar
La informática omnipresente
SafeTrek § Colaboración del centro de St. Louis
Coches de auto-aparcamiento
Red inteligente
La autopista inteligente
Puerto inteligente
Un planeta más inteligente
Ciudad sostenible
La sabiduría de las multitudes
Computación omnipresente
Computación urbana
Informática urbana
Planificación urbana
La sociedad de 2000 vatios

Carretera inteligente
Ciudad planificada
Computación urbana
Ciudad con inteligencia
Dustbot
Entorno inteligente
Transporte urbano
Vehículo conectado
WiFi

Ciudad Inteligente

La invasión rusa de Ucrania

La invasión rusa de Ucrania ha transformado bruscamente el mundo. Millones de personas ya han huido. Un nuevo Telón de Acero se está imponiendo. Una guerra económica se profundiza, mientras el conflicto militar se intensifica, las víctimas civiles aumentan y las pruebas de horribles crímenes de guerra se acumulan. Nuestro trabajo en ayudar a descifrar un panorama que cambia rápidamente, sobre todo cuando se trata de una creciente crisis de refugiados y el riesgo de una escalada impensable.

En el contexto de la Guerra de Ucrania, puede interesar a los lectores la consulta de la Enciclopedia de Rusia y nuestro contenido sobre la historia de Ucrania, que proporciona un análisis exhaustivo del pueblo, la política, la economía, la religión, la seguridad nacional, las relaciones internacionales y los sistemas y cuestiones sociales de Rusia y Ucrania. Estos recursos están diseñados para complementar el estudio de la política comparada, la historia mundial, la geografía, la literatura, las artes y la cultura y las culturas del mundo. Los artículos abarcan desde los primeros inicios de la nación rusa hasta la Rusia actual, pasando por el ascenso y la caída de la Unión Soviética y la anexión de Crimea.

Respecto a la Revolución rusa, se examinan los antecedentes y el progreso de la Revolución. Empezando por los movimientos radicales de mediados del siglo XIX, la Enciclopedia abarca el desarrollo del movimiento revolucionario creado por la intelectualidad; la condición de los campesinos, la de la clase obrera y la del ejército; el papel de la policía secreta zarista; los "agentes provocadores"; la propia clandestinidad de los revolucionarios. Se dedica una sección importante a la aparición de movimientos de liberación entre las minorías nacionales de las zonas fronterizas. La Enciclopedia también considera la formación de las instituciones soviéticas y la aparición de la cultura revolucionaria mucho antes de 1917, así como la política y estrategia de seguridad rusa, y sus relaciones con la OTAN y occidente.

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2 comentarios en «Política Pública de Viviendas Abiertas»

  1. La Escuela de Chicago: ¿Es útil pensar en términos de que los lugares son más o menos urbanos que otros? ¿Puedes ver rastros del pensamiento de la Escuela de Chicago en la sociología urbana de hoy? ¿Qué entiendes por el término «entorno creado»?

  2. Declive urbano y crecimiento urbano: ¿Deberían los países en desarrollo dejar de urbanizarse debido a las terribles condiciones de hacinamiento? ¿Es el declive de los centros urbanos un caso de «problemas de lugar» o «problemas de gente»? ¿Por qué Los Ángeles es una ciudad tan peligrosa y dividida?

  3. Se adopta la posición de que, ante todo, el desarrollo urbano necesita equipos capacitados y experimentados que promuevan un caso empresarial eficaz, unido a una planificación y un diseño de primera clase como requisito previo para crear un espacio urbano de éxito.

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