Ello en Psicología
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Al.: Es.
Fr.: ça (subst.).
Ing.: Id.
It.: es.
Por.: id.
Instancia psíquica, en la segunda teoría del aparato psíquico enunciada por S (se puede examinar algunos de estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Freud, que es la más antigua, la más importante y la más inaccesible de las tres.
El ello está en una relación estrecha y conflictiva con las otras dos instancias, el yo y el
superyó, que son sus modificaciones y diferenciaciones.
Para Freud, el ello es desconocido e inconciente. Reservorio primero de la energía psíquica,
representa la arena en la que se enfrentan pulsiones de vida y de muerte. La necesidad
imperiosa de la satisfacción pulsional rige el curso de sus procesos. Expresión psíquica de las
pulsiones, sus contenidos inconcientes son de diferentes orígenes. Por una parte, se trata de
tendencias hereditarias, de determinaciones innatas, de exigencias somáticas, y, por otra parte,
de adquisiciones, de lo que proviene de la represión.
La conquista del ello, ese núcleo de nuestro ser, para Freud, ese lugar de ser, para J. Lacan, es
facilitada por el psicoanálisis.
Freud y Gromeck. Es en 1923 cuando Freud, mientras trabaja su segunda teoría del aparato
psíquico, propone en El yo y el ello el pronombre demostrativo (impersonal) Es, que toma de G.
Groddeck. Acordándole a su manera de ver «el lugar que le corresponde en el terreno de la
ciencia», e interesado por la idea que este defiende, según la cual estamos habitados por
fuerzas desconocidas e indominables a las que llama Es, Freud le toma prestado ese término,
aunque no sigue a Groddeck en cuanto a lo que define y representa. Groddeck mismo señala el
préstamo y sus divergencias, particularmente en su libro La enfermedad, el arte y el símbolo,
donde recuerda que Freud le reconoce la invención del término e insiste en la diferencia radical
de los usos respectivos de ambos. Como lo dirá en la trigésima primera de las Nuevas
conferencias de introducción al psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) (1932), Freud se apropia del término pues le
parece el más adecuado para expresar el carácter radicalmente distinto, extraño e impersonal
de «la parte oscura, inaccesible de nuestra personalidad».
Ello e inconciente. En su primera teoría del aparato psíquico, Freud proponía para el inconciente
fronteras que la segunda teoría del aparato psíquico lo lleva a reconsiderar. Las características
atribuidas al inconciente en la primera teoría son retomadas globalmente por Freud para calificar
al ello. Pero se corrobora que el inconciente ya no es considerado un sistema sino que se da
como una propiedad del ello: «Lo inconciente es la única cualidad dominante en el interior del
ello», escribe Freud en Esquema del psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) (1938). Esta cualidad, en esta segunda
teoría, es también una propiedad de una parte del yo y una parte del superyó. Así, el ello no es el
todo de lo inconciente, pero tiene la propiedad de ser totalmente inconciente, como el yo y el
superyó no son totalmente, sino en su mayor parte, inconcientes. Pero, aunque inconcientes
como el ello, el yo y el superyó, dice Freud en Nuevas conferencias, no tienen «las mismas
características primitivas e irracionales».
Lo que proviene de la represión, lo reprimido, que en su primera teoría Freud asimila al
inconciente, aunque se confunda con el ello, es sólo una parte del ello. Porque el ello también
representa el lugar donde las exigencias de orden somático encuentran un primer modo de
expresión psíquica, de la misma manera que las tendencias hereditarias, las determinaciones
constitucionales, y el pasado orgánico y filogenético, lo que lleva a Freud a hablar de un «ello
hereditario». Esta expresión retorna en parte lo que Freud entendía en la primera teoría por
«núcleo del inconciente», donde alojaba los contenidos no adquiridos, filogenéticos.
El ello y el inconciente están en una relación muy estrecha y tienen lazos casi exclusivos el uno
con el otro. Sus propiedades son similares y conocen los mismos procesos. Pero, si «en el
origen todo era ello», como dice Freud en Esquema del psicoanálisis, hay empero una primera
represión que marca un primer momento en el origen de las primeras formaciones inconcientes,
inaugurales del inconciente. Sin represión, no hay inconciente tal como lo teoriza la primera
tópica del aparato psíquico. Y sin el ello, inconciente, no hay un psiquismo que constituya su
primer fondo originario.
El aparato psíquico y las pulsiones. Con el ello, «provincia psíquica», como dice Freud, sin
organización, sin voluntad general, el sistema inconciente, organizado, «estructurado como un
lenguaje», según Lacan, presenta entonces diferencias notables, aunque el lugar que ocupa en
la primera teoría sea aproximadamente el mismo que el del ello en la segunda, y que, para uno y
otro, procesos y contenidos se correspondan.
Además, con el ello, Freud reconoce toda una dimensión de lo pulsional que su teorización del
inconciente en la primera teoría había dejado en la sombra.
La admisión de un conjunto de consideraciones clínicas, el choque incesante contra oscuros
obstáculos que hacen fracasar el trabajo de la cura, obligan a Freud a lo que se presenta como
una necesidad especulativa, y lo llevan especialmente a retomar la teoría del aparato psíquico y
a refundir la teoría de las pulsiones. Con el ello, Freud delimita y reconoce, en el psiquismo, un
papel hasta entonces descuidado: el de las pulsiones de destrucción y de muerte. En el ello, que
él a menudo representa con su fondo abierto sobre lo orgánico, reinan salvajemente,
oscuramente, sostiene, estas pulsiones que se enfrentan con las pulsiones de vida. Caos,
marmita hirviente llena de excitaciones: estas son las comparaciones, las imágenes que acuden
a Freud para intentar expresar ese ello habitado por potencias ciegas, indominables, y que
representa «la arena» donde se traban en lucha las pulsiones. Es por lo tanto una referencia
determinante e inevitable a lo pulsional y, más allá, a lo biológico, la que Freud formula con el
término ello. ¿No llega por otra parte a afirmar, en el Esquema del psicoanálisis, que la energía,
la potencia del ello traducen en el psiquismo «el verdadero fin de la vida orgánica»? Así, es un
punto de vista «biologizante», un modelo vitalista, evolucionista, naturalista, a veces próximo a
ciertas formulaciones de Groddeck, el que Freud sostiene con esta segunda teoría del aparato
psíquico. Con ello, acentúa y reargumenta lo que ha descubierto en el curso de la experiencia de
la cura y que no deja de ser reacio a toda captación plena: algo actúa, algo piensa en nosotros,
extraño a nosotros mismos, neutro e impersonal, procediendo sin que lo sepamos.
Expresiones comunes tales como «eso [ello] me agarró de golpe», «eso me hizo sufrir» o el
famoso «eso habla» de Lacan confluyen con esta perspectiva de Freud. Al reflexionar sobre lo
que allí se enuncia como ello, Lacan llega a formular, en su seminario sobre la Lógica del
fantasma, que «ello es lo que. en el discurso en tanto estructura lógica» (aquí estructura
gramatical), «es todo lo que no es yo [«je», yo de la enunciación distinto del «moi», yo del
enunciado], es decir, todo el resto de la estructura».
Un trabajo de civilización. Lo poco que sabemos del ello «lo hemos aprendido por el estudio del
trabajo del sueño y de la formación del síntoma neurótico, y la mayor parte de lo que conocemos
es de carácter negativo, sólo puede describirse por oposición al yo», escribe Freud en Nuevas
conferencias de introducción al psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) (1933). El yo, que incita a la represión, es un trozo
del ello «modificado convenientemente por la proximidad del mundo exterior», agrega todavía
Freud. No hace más que tomar su energía del ello, reservorio primero de energía pulsional. En su
parte inconciente, se mezcla con el ello, al igual que lo reprimido. Tampoco el superyó está por
completo separado del ello. En gran parte inconciente, «Se hunde en el ello», con el que tiene
relaciones estrechas y complejas.
En el origen, por consiguiente, «todo era ello», y yo y superyó se constituyeron por
diferenciación progresiva.
De hecho es por un verdadero artificio como Freud separa estas tres instancias en tres
«provincias». Más bien, como dice en Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, se
las podría «representar con zonas de color que se esfuman, como en las pinturas modernas».
Para retomar esta imagen de Freud, la zona de color del ello es, para él, de lejos, la más
importante. El psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) puede facilitar y permitir la conquista progresiva de ese campo que,
para Freud, constituye «el núcleo de nuestro ser». Este es, para Freud, un trabajo de civilización
y de construcción comparable al de los pólders, a la desecación de tierras que salen a la luz en
lugar del mar, justo donde este estaba antes. «Wo Es war, soll Ich werden», escribe Freud, lo
que la última versión francesa de las Nuevas conferencias se traduce como «Là où était du ça
doit advenir du moi [allí donde estaba algo del ello debe advenir algo del yo». Lacan sostiene que
se trata ahí no del «moi», «constituido en su núcleo por una serie de identificaciones alienantes»,
sino del «je», del «Sujeto verdadero del inconciente». que debe emerger a la luz en ese lugar de
ser que es ello.
Ello
Una de las tres instancias distinguidas por Freud en su segunda teoría del aparato psíquico. El
ello constituye el polo pulsional de la personalidad; sus contenidos, expresión psíquica de las
pulsiones, son inconscientes, en parte hereditarios e Innatos, en parte reprimidos y adquiridos.
Desde el punto de vista económico, el ello es para Freud el reservorio primario de la energía
psíquica; desde el punto de vista dinámico, entra en conflicto con el yo y el superyó que, desde
el punto de vista genético, constituyen diferenciaciones de aquél.
El término das Es fue introducido en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923). (Nota: En las primeras traducciones francesas, das Es se tradujo por le so¡. Esta traducción se vuelve a encontrar,
aunque cada vez más raramente, en algunos autores franceses; en general se reserva más bien para
transcribir la palabra inglesa self o la alemana das Selbst.)
Freud lo tomó de Georg Groddeck(120) y cita el precedente de Nietzsche, que designaba con este
término «[…] lo que existe de impersonal y, por as! decirlo, de necesario por naturaleza en
nuestro ser».
(Nota: Groddeck era un psiquiatra alemán, próximo a los medios psicoanalíticos; escribió varias obras inspiradas en
las ideas de Freud, especialmente El libro del ello (Das Buch vom Es: psychoanalytische Briefe an eine
Freundin, 1923), traducido al francés con el título de Au fond de Vhomme, cela, Gallimard, 1963.)
Freud conserva la expresión das Es por cuanto ilustra la idea, desarrollada por Groddeck, de
que «[…] lo que llamamos nuestro yo se comporta en la vida de un modo completamente pasivo y
que […]somos “vividos” por fuerzas desconocidas e ingobernables»; esta expresión concuerda
también con el lenguaje espontáneo de los pacientes en frases como «ello ha sido superior a mí,
ello me ha venido de golpe, etcétera».
El término «ello» es introducido con la reestructuración a que somete Freud su tópica durante los
años 1920-1923. El lugar que ocupa el ello en la segunda tópica puede considerarse
aproximadamente equivalente al del sistema inconsciente (Ics) en la primera tópica; esto, sin
embargo, con algunas diferencias que pueden precisarse del siguiente modo:
1.ª Dejando aparte ciertos contenidos o esquemas adquiridos filogenéticamente, el inconsciente
de la primera tópica coincide con lo reprimido.
En El yo y el ello (capítulo I), por el contrario, Freud pone de relieve el hecho de que la instancia
represora (el yo) y sus operaciones defensivas son igualmente en su mayor parte
inconscientes. De ahí resulta que, en lo sucesivo, el ello incluirá los mismos contenidos que
anteriormente el Ics, pero ya no el conjunto del psiquismo inconsciente.
2.ª La reestructuración de la teoría de las pulsiones y la evolución del concepto de yo implican
otra diferencia. El conflicto neurótico se había definido, en un principio, por la oposición entre
pulsiones sexuales y pulsiones del yo, correspondiendo a éstas un papel primordial en la
motivación de la defensa (véase: Conflicto). A partir de los años 1920-1923, el grupo de
pulsiones del yo pierde su autonomía y queda absorbido en la gran oposición pulsional de
vida-pulsiones de muerte. El yo ya no se caracteriza por un tipo de energía pulsional específica,
sino que en lo sucesivo la nueva instancia del ello incluirá, desde un principio, ambos tipos de
pulsiones.
En resumen, la instancia contra la cual se ejerce la defensa ya no se define como el polo
inconsciente, sino como el polo pulsional de la personalidad.
En este sentido el ello se concibe como «el gran reservorio» de la libido y, de un modo más
general, de la energía pulsional. La energía que utiliza el yo la toma de aquel fondo común,
especialmente en forma de energía «desexualizada y sublimada».
3.ª Los límites de la nueva instancia, en relación con las otras instancias y con el ámbito de lo
biológico, se definen de distinto modo y, en general, de forma menos clara que en la primera
tópica:
a) En relación con el yo, el límite es menos tajante de lo que anteriormente lo era la frontera de la
censura entre Ics y Pcs-Cs: «El yo no está netamente separado del ello; en su parte inferior, se
mezcla con él. Pero lo reprimido se mezcla también con el ello, del cual es sólo una parte. Lo
reprimido sólo se separa de un modo tajante del yo por las resistencias de la represión, y puede
comunicar con él a través del ello».
Esta confluencia del ello con la instancia represora afecta ante todo a la definición genética que
se da de ésta, siendo el yo « […] la parte del ello que ha sido modificada bajo la influencia directa
del mundo exterior, por mediación del sistema percepción-conciencia».
b) Tampoco el superyó es una instancia claramente autónoma; en gran parte inconsciente, «se
sumerge en el ello».
c) Finalmente, la distinción entre el ello y un substrato biológico de la pulsión es menos neta que
la existente entre el inconsciente y la fuente de la pulsión: el ello está «abierto en su extremo del
lado somático». La idea de una «inscripción» de la pulsión, que venía confirmada por el concepto
«representante», si bien no es francamente rechazada, por lo menos no es reafirmada.
4.ª ¿Tiene el ello un modo de organización, una estructura interna específica? El propio Freud
afirmó que el ello era «un caos»: «Está lleno de una energía proveniente de las pulsiones, pero
carece de organización, no ofrece ninguna voluntad general … ». Los caracteres del ello sólo se
definirían en forma negativa, por oposición al modo de organización del yo.
Conviene subrayar que Freud, al referirse al ello, repite la mayoría de las propiedades que, en la
primera tópica, caracterizaban el sistema Ics y que representan un modo positivo y original de
organización: funcionamiento según el proceso primario, organización compleja, estratificación
genética de las pulsiones, etc. Asimismo, el dualismo, nuevamente introducido, de las pulsiones
de vida y pulsiones de muerte, implica que éstos se hallan organizados en forma de una
oposición dialéctica. Así, pues, la falta de organización del ello es meramente relativa, y
encuentra su sentido en la ausencia de las relaciones propias de la organización del yo. Se
caracteriza ante todo por el hecho de que las «mociones (pulsionales) contradictorias coexisten,
sin suprimirse ni excluirse mutuamente». Lo que mejor caracteriza la organización del ello, como
ha subrayado D. Lagache, es la ausencia de un sujeto coherente, lo que connota el pronombre
neutro «ello» elegido por Freud para designarlo.
5.ª Finalmente, como mejor se comprende el paso del inconsciente de la primera tópica al ello de
la segunda tópica es en virtud de la diferencia de perspectivas genéticas en las cuales se
inscriben.
El inconsciente tenía su origen en la represión que, bajo su doble aspecto histórico y mítico,
introducía en el psiquismo la escisión radical entre los sistemas Ics y Pcs-Cs.
Con la segunda tópica, este factor de la separación entre las instancias pierde su carácter
fundamental. La génesis de las diferentes instancias se concibe más bien como una
diferenciación progresiva, una emergencia de los distintos sistemas. De ahí que Freud insista
tanto en la continuidad, dentro de la génesis que conduce de la necesidad biológica al ello y de
éste al yo, así como al superyó. En este sentido la nueva concepción freudiana del aparato
psíquico se presta, más fácilmente que la primera, a una interpretación «biologizante» o
«naturalizante».
Fuente: Diccionario de Psicoanálisis, Daniel Lagache (Francia)
Ello
Un pasaje célebre del trabajo de Freud titulado “El yo y el ello” (1923) da testimonio de que la
noción de «ello» fue tomada de la obra de Groddeck, más exactamente del libro publicado ese
mismo año por la Int. Psycha. Verlag con el título de Das Buch vont Es (El libro del ello). En una
nota, Freud recuerda además la procedencia de este empleo del pronombre impersonal: «El
propio Groddeck se inspiró en tal sentido, según nos lo ha dicho, en el ejemplo de Nietzsche, que
emplea esta expresión gramatical para designar lo que hay de impersonal, de sometido a las
necesidades naturales, en nuestro ser».
El uso que hace Freud del término en la presentación de su segunda tópica (ello, yo, superyó) se aclarará no obstante con algunas precisiones concernientes a su origen, al contexto de este préstamo y al interés que le atribuye Groddeck: «Más allá de Nietzsche, es en efecto de Kant de quien deriva la reconstrucción de la función del ello, en oposición al yo consciente. En el capítulo primero del Libro Segundo de la Dialéctica Trascendental leemos que existen cuatro paralogismos de la psicología trascendental, que se toma de modo erróneo por una ciencia de la razón pura concerniente a la naturaleza de nuestro ser pensante. No podemos darle otro fundamento que esa simple representación, vacía en sí misma de todo contenido, yo (ich), que incluso no podría denominarse concepto, que no es más que una pura conciencia que acompaña a todos los conceptos. Por medio de ese yo, o ese él, o ese ello -la cosa- que piensa (durch dieses ich, oder Er, oder Es -das Ding- welches denkt), no se representa nada más que un sujeto trascendental de los pensamientos = x; este sujeto sólo puede ser conocido por los pensamientos, que son sus predicados, y fuera de ellos no tenemos de él el menor concepto».
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Si nos remitimos a lo que expresa Freud sobre la adopción del término, surge que el ello sólo
responde a la exigencia de una crítica del yo, basada en la consideración de su génesis.
«Después de haber dilucidado las relaciones existentes entre la percepción externa, la
percepción interna y el sistema superficial “percepción-conciencia” -escribe Freud-, podemos
tratar de dar una forma más acabada a nuestra representación del yo. Lo vemos formarse a
partir del sistema P (percepción), que constituye como su núcleo, y comprende al principio el
preconsciente, que se basa en las huellas mnémicas. No obstante, sabemos que el yo es
además inconsciente. Creo que sería ventajoso seguir las sugerencias de un autor que, por
motivos personales, querría persuadirnos, sin lograrlo, de que no tiene nada que ver con la
ciencia rigurosa y elevada. Este autor es Groddeck, quien no deja de repetir que lo que llamamos
nuestro yo se comporta en la vida de una manera esencialmente pasiva, y que nosotros, para
servimos de su expresión, somos “vividos” por fuerzas ignotas, que escapan a nuestro
dominio.»
Aun es preciso añadir que, a lo largo del Libro del ello, el ello se define por su oposición al yo, en
tanto que éste representa la unidad de la conciencia. «Nosotros reservamos la denominación de
ello -escribe el propio Freud- para todos los elementos psíquicos en los cuales el yo se prolonga
comportándose de una manera inconsciente.» Podría parecer que estamos aquí encerrados en
los límites de la primera tópica. En verdad, el interés de la adopción del término por Freud reside
en la insistencia puesta en el problema del yo. La característica descriptiva del inconsciente le
será subordinada, y de esto se sigue la fecundidad de la noción, en cuanto el ello ya no
representará simplemente la raíz inconsciente del yo, sino su matriz no organizada.
Fuente: Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis. El aporte Freudiano. Dirigida por Pierre Kaufmann
Ello
Término introducido por Georg Groddeck en 1923, y conceptualizado por Sigmund Freud ese
mismo año, a partir del pronombre alemán neutro de la tercera persona del singular (Es), para
designar una de las tres instancias de la segunda tópica freudiana, junto con el yo y el superyó.
El ello es concebido como un conjunto de contenidos de naturaleza pulsional y de tipo
inconsciente. La traducción francesa fue introducida por Édouard Pichon y la inglesa por James
Strachey.
La introducción por Freud del concepto del ello en la teoría psicoanalítica está intrínsecamente
ligada con la gran reestructuración de los años 1920-1923. Se sabe que ésta se caracterizó por
el reordenamiento de la teoría de las pulsiones, la elaboración de una nueva psicología del yo
que toma en cuenta sus funciones inconscientes de defensa y represión, y por la definición de
una nueva tópica, en la cual el ello ocupa el que había sido el lugar del inconsciente en la tópica
anterior.
Freud introdujo por primera vez esta palabra en su ensayo El yo y el ello, insistiendo en lo bien
fundado de la acepción definida por Groddeck: una vivencia pasiva del individuo confrontado
con fuerzas desconocidas e imposibles de dominar.
La primera tópica era una descripción cómoda de los procesos psíquicos. Permitía distinguir
entre el consciente y dos modalidades de inconsciente: el inconsciente propiamente dicho,
cuyos contenidos sólo muy pocas veces o nunca se podían transformar en pensamientos
conscientes, y el preconsciente, hecho de pensamientos latentes susceptibles de hacerse o
volver a hacerse conscientes.
Progresivamente, a partir de 1915, como consecuencia de una lenta maduración basada en la
experiencia clínica, Freud llegó a la conclusión de que grandes partes del yo y el superyó son
inconscientes. En consecuencia, se hacía imposible afirmar la identidad entre el yo y el
consciente, por una parte, y lo reprimido y lo inconsciente por la otra. De modo que había que
revisar poi completo la concepción de las relaciones consciente/inconsciente expresada por la
primera tópica. De allí la introducción del término “ello” para designar el inconsciente, considerado
como un receptáculo pulsional desorganizado, semejante a un verdadero caos, lugar de
“pasiones indómitas- que, sin la intervención del yo, seguiría siendo juguete de sus aspiraciones
pulsionales y se dirigiría ineluctablemente a su propia pérdida.
Al mismo tiempo, el yo perdía su autonomía pulsional y el ello se convertía en la sede de la
pulsión de vida y la pulsión de muerte. A diferencia del enfoque descriptivo de la primera tópica,
la perspectiva dinámica de la segunda no postula ninguna separación radical entre las instancias
que la componen: los límites del ello no tienen ya la precisión de los que trazaban la frontera
entre el inconsciente y el sistema conscientepreconsciente; el yo no aparece ya estrictamente
diferenciado del ello, en el cual el superyó hunde sus raíces.
En la trigésimo primera de las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, dedicada a
la -disección de la personalidad psíquica”, Freud inaugura una reflexión sobre los devenires
respectivos del yo y el ello, y acerca de la misión que desde este punto de vista le incumbe al
psicoanálisis. En ese marco enuncia su célebre frase -Wo Es war; soll Ich werden”-, que iba a
dar lugar a diversas lecturas, a su vez articuladas con las modalidades de la interpretación de la
segunda tópica. Una primera lectura, la de la Ego Psychology, privilegia el papel del yo, el cual se
considera que debe dominar al ello al término de un análisis bien realizado. A la inversa, Jaeques
Lacan da una traducción de la frase freudiana basada en su propia teoría del lenguaje. Él pone el
acento en la emergencia de los deseos inconscientes a los cuales el análisis debe abrir un
camino contra las defensas del yo, posición que recapituló en 1967 con la fórmula que se ha
vuelto célebre: “(ça parle!” (-ello, o eso, habla-).
Fuente: Diccionario de Psicoanálisis, Elisabeth Roudinesco y Michel Plon
Véase También
Psicoanálisis, Psicología, Psicología Clínica, Psicología Forense, Psicología Social, Salud Mental, Sociología Cultural, Trastornos Psicológicos, Vocabulario Básico de Psicología
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