Guerra de los Diez Años
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Guerra de los Diez Años (Historia)
Guerra de los Diez Años, también conocida como Guerra Grande, primera de las denominadas guerras de Cuba que ese país libró para conseguir la independencia del dominio español, y que tuvo lugar entre 1868 y 1878.
La rebelión, provocada principalmente por la negativa española de establecer ciertas reformas políticas en Cuba, estalló el 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes, un rico plantador que estaba a favor de la independencia cubana, de la emancipación gradual de los esclavos y del sufragio (el derecho al voto) universal, lanzó el denominado grito de Yara, que suponía el inicio de una revolución contra España. No todos los rebeldes cubanos estaban a favor de la independencia; algunos querían la anexión a Estados Unidos, mientras que otros reclamaban un gobierno y reformas sociales, pero preferían seguir bajo soberanía española. El 20 de abril de 1869 se organizó un gobierno republicano. La rebelión se caracterizó por la lucha de guerrillas que se hizo cada vez más brutal y las escaramuzas se limitaron, casi exclusivamente, al este de Cuba. La esperada intervención estadounidense no llegó a producirse y, en febrero de 1878, tras contabilizar 200.000 bajas, se firmó la Paz de Zanjón, que estipulaba que la esclavitud sería abolida en Cuba y que se llevarían a cabo reformas que proporcionarían una mayor capacidad de autogobierno a la isla. La falta de cumplimiento del tratado por parte de España provocó el inicio de la segunda guerra de Cuba, conocida como Guerra Chiquita (1879), y una tercera, la guerra de la Independencia cubana (1895-1898), que desembocó en la Guerra Hispano-estadounidense (1898).
[1]Consideraciones Jurídicas y/o Políticas
[rtbs name=”politicas”]Guerras de Cuba Guerra de los diez años (1868- 1878) (Historia)
Al calor de los acontecimientos que se estaban viviendo en España después del triunfo de la revolución de 1868, un grupo de hacendados, dirigidos por Carlos Manuel de Céspedes, proclamaron la independencia cubana. Fue el llamado grito de Yara, lanzado en el ingenio de La Demajagua el 10 de octubre de 1868. Pronto se sumaron a los hacendados insurgentes importantes grupos de la burguesía cubana y el movimiento fue adaptando su cadencia y sus objetivos reivindicativos a los de la propia revolución española de septiembre.Entre las Líneas En febrero de 1869 se reunió un Congreso Constituyente en Camagüey y se declaró, entre otras medidas, la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) de la esclavitud. El 10 abril, en Guáimaro, era aprobada la nueva Constitución y Céspedes fue nombrado presidente de la llamada República en armas.
El capitán general español de Cuba, Lersundi, se vio pronto superado por los acontecimientos, aunque bajo su gobierno se constituyó un grupo de 35.000 hombres, los denominados Voluntarios de la isla de Cuba, formado en torno al casino de La Habana, que en su manifiesto fundacional proclamó: ‘Cuba será española o la abandonaremos convertida en cenizas’.
Lersundi fue sustituido a principios de 1869 por Domingo Dulce, que intentó una política de conciliación sin éxito alguno y se vio obligado a dimitir en junio de ese año. Por aquellas fechas, el enviado estadounidense, Sickle, propuso al presidente del gobierno español, Juan Prim, la compra de la isla por Estados Unidos. Fracasados los intentos de pacificación y rechazada la oferta estadounidense, el gobierno español adoptó una política de “guerra sin cuartel” frente a los independentistas cubanos.
Antonio Caballero y Fernández de Rodas ocupó el cargo de capitán general de Cuba desde julio de 1869 hasta que también hubo de presentar su dimisión en diciembre de 1870. Le sucedió al frente del gobierno colonial de la isla Blas de Villate, conde de Valmaseda. Ambos intentaron someter la isla a sangre y fuego, especialmente el segundo. Un conjunto de operaciones, como la denominada “campaña de los cien días” de Caballero o las acciones del conde de Valmaseda contra el patriota cubano Antonio Maceo en la provincia de Oriente (integrada por lo que en la actualidad son las provincias de Granma, Guantánamo, Holguín, Santiago de Cuba y Las Tunas) y frente al también independentista Ignacio Agramonte en la zona de Camagüey, fueron favorables a los españoles.Si, Pero: Pero las dos partes contendientes veían como se iban desgastando sus fuerzas poco a poco, víctimas de las enfermedades en la manigua y de las continuas escaramuzas, sin que la guerra viera cercano su fin: ni el conde de Valmaseda recibió de la metrópoli los 8.000 hombres que juzgaba necesarios para dominar la insurrección, ni los estadounidenses intervinieron de modo decisivo a favor de los cubanos.
A partir de 1873 la guerra tomó un nuevo impulso. Estados Unidos aprovechó la confusión que vivía España tras la renuncia del rey Amadeo I y la proclamación de la I República, en febrero de ese año, para hacer llegar armas y pertrechos a los insurgentes.
El 31 de octubre de 1873, en las costas de Jamaica, cerca de la ciudad de Santiago de Cuba, la fragata española Tornado capturó al Virginius, un buque mercante estadounidense que, al parecer, transportaba armas y municiones. Sometidos a juicio sumarísimo, el capitán y parte de la tripulación y del pasaje fueron fusilados. A duras penas logró el gobierno español calmar el belicismo estadounidense, animado por la prensa intervencionista, con la devolución del buque y la liberación del resto de los tripulantes. Ciertamente, en beneficio de España actuó la inquietud de Gran Bretaña, que recelaba del expansionismo estadounidense en el Caribe y temía que la anexión de Cuba fuera el primer paso para apoderarse de las Antillas británicas.
En Cuba, el conde de Valmaseda, cuyo mandato finalizó en junio de 1872, fue sucedido brevemente por otros dos capitanes generales, sustituido el último de ellos a su vez por Joaquín Jovellar (que desempeñó el cargo desde 1872 hasta 1874, periodo durante el cual tuvo lugar el llamado asunto Virginius), sin que ninguno de ellos obtuviera ningún resultado tangible en su lucha contra los independentistas. El conde de Valmaseda fue nombrado capitán general a principios de 1875, por segunda vez, y el conflicto se fue dilatando en el tiempo, mientras ganaba en atrocidad, al ordenarse el fusilamiento de los prisioneros rebeldes y ser puesta a precio la cabeza de sus dirigentes.
Los cubanos, mandados por Antonio Maceo y Máximo Gómez, lograron apoderarse de la línea fortificada (trocha) que discurría desde la localidad portuaria de Júcaro (en lo que hoy es la provincia de Ciego de çvila) hasta Morón y extender la rebelión a la provincia de las Villas (formada por lo que en la actualidad son las provincias de Cienfuegos, Sancti Spíritus, Villa Clara y una parte de la de Matanzas). No faltaban, empero, divisiones entre los mismos independentistas. Céspedes había sido depuesto a finales de octubre de 1873 en la presidencia de la República en armas, y su sucesor, Salvador Cisneros Betancourt, fue cesado en junio de 1875. Tras la breve presidencia de Juan Bautista Spotorno, en marzo de 1876 accedió a la misma Tomás Estrada Palma.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El fin de la primera guerra independentista cubana se produjo después de que a principios de 1875 tuviera lugar el regreso de la Casa de Borbón al trono español en la persona de Alfonso XII.Entre las Líneas En 1876, tras liquidar los últimos bro
tes de resistencia carlista en el norte de España, el general Arsenio Martínez Campos fue nombrado general en jefe de las fuerzas españolas en Cuba. Al frente de un ejército de 20.000 hombres, Martínez Campos venció a los insurrectos en Oriente y Las Villas y negoció con los sectores más moderados un indulto general, la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) de la esclavitud y medidas de reforma político-administrativa que facilitaran el autogobierno. El 10 de febrero de 1878 se firmó la Paz de Zanjón y se dio por concluida la llamada guerra de los Diez Años, aunque las hostilidades no cesarían completamente hasta el verano.
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- Información sobre guerra de los diez años de la Enciclopedia Encarta
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