Mesianismo
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Mesianismo en las Ciencias Sociales Latinoamericanas
La palabra mesianismo se emplea actualmente para designar dos hechos sociales diferentes: la creencia en la venida de un enviado divino que traerá a los hombres la justicia, la paz, condiciones felices de existencia; y la acción de todo un grupo obediente a las órdenes del guía sagrado para instaurar en la tierra el estado de felicidad soñado. La creencia nace del descontento cada vez más profundo de ciertas colectividades ante las desgracias y las injusticias sociales que las abruman y afirma formalmente la esperanza de que va a haber un trastorno completo de las condiciones penosas de existencia, aportado por un personaje sagrado que volverá a ponerlo todo en orden. Así pues, la creencia equivale a una toma de conciencia aún vaga de los conflictos sociopolíticos, económicos que no se da más que en un tipo de religión definida (Pereyra de Queiroz I. Historia y Etimología de los movimientos mesiánicos, Siglo XXI, México, 1969).
Sin embargo, se hace necesario recurrir a la historia de las religiones para ampliar su significado. El término deriva de la palabra hebrea mashiah que significa el ungido (de Dios) y es el nombre de una creencia religiosa que aparece tanto en movimientos de salvación herederos de grandes tradiciones religiosas como el mosaísmo, el profetismo hebraico del exilio, el cristianismo, el islamismo, el zoroastrismo y el budismo, como en movimientos proféticos de libertad y salvación cuyas raíces religiosas son independientes de aquellas tradiciones.
La idea fundamental del mesianismo es la espera y la llegada de un redentor que instaurará un nuevo orden de justicia y felicidad, y esto parece responder a una preocupación esencial de la humanidad por liberar al mundo de las imperfecciones o sufrimientos conectadas con la esperanza de un héroe semidios que procurará la salvación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Las creencias mesiánicas judías que han sido las más estudiadas y analizadas tienen raíces profundas y lejanas que se hunden en el mismo estrato mosaico y seguramente más atrás, ya que el mosaísmo es una síntesis nueva de elementos más antiguos.
Entender la naturaleza del mesianismo de tradición judía significa tener presente la característica del pueblo judío que desde el comienzo tiene conciencia de la historia. Dios no es Dios de la naturaleza, es Dios de la historia y la historia es el trabajo de una fuerza creadora que le da sentido y dirección al tiempo, De manera que el futuro mesiánico no será jamás el paraíso sino una fase de la historia humana cumplida en la tierra cuando Dios solo reinará sobre los hombres purificados. Y como la historia no se refiere a la vida colectiva de un grupo, el mesianismo no significa la salvación de un individuo, sino siempre la salvación de un grupo o de la humanidad. Es decir, que la salvación última del individuo está conectada a la salvación de su pueblo y depende de su pertenencia a la nación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La fase político nacional del mesianismo no es anterior ni posterior a la fase ético universal; el mesías se transforma pues en un héroe nacional, que puede ser un profeta o un rey o también el más pobre y piadoso siervo de Dios según el tiempo mesiánico que puede acarrear solución a la miseria presente o estar acompañado de catástrofes y guerras. Entonces el advenimiento del mesías depende de la piedad y la ‘vida santa del pueblo.
El cristianismo primitivo es un mesianismo que hereda todas las formas judías del ambiente en que se desarrolla, Jesús (el salvador) predica la inminencia de reino de Dios y no se considera a sí mismo como un mesías sino como alguien que anuncia un período lleno de deberes éticos que preparará la era mesiánica. El y sus discípulos creyeron que pronto regresaría como mesías a inaugurar el reino de Dios. Como él no llegó la Iglesia se vio obligada a. institucionalizar su poder y creció en el seno mismo de la comunidad una corriente de vida cristiana en rebeldía con la Iglesia a lo largo de los siglos. Esa corriente dio lugar a movimientos mesiánicos posteriores en conflicto con la Iglesia y la creencia, o con el Estado. o bien como gérmenes de movimientos político-nacionales, especialmente en el siglo XIX.
Las ideas mesiánicas también se encuentran en el Islam pero no como inherentes a la doctrina de Mahoma ya que ni en el Corán ni en Al Bujari se hace referencia al Mahdi (el enviado) que aparece solo en las tradiciones populares bajo influencia judíocristiana. Esas tradiciones dicen que al final de los tiempos aparecerá el Mahdi, un hombre de la familia del profeta que llenará la tierra de justicia y equidad en la medida en que ha estado llena de iniquidad, de tiranía y de opresión, y en su lucha contra el demonio tendrá la ayuda de Jesús para vencerlo e instaurar la edad de oro. La creencia Mahdista no es aceptada por el sunismo por estar fuera de la ortodoxia musulmana, pero cabe muy bien en la tradición chiíta que justifica la presencia de Alí en su lucha contra los usurpadores y la esperanza en los imanes ocultos, sus sucesores. El Mahdi para los creyentes está investido de cualidades más que humanas, es el lazo entre Dios y los hombres, es infalible y fuente de todo conocimiento, sin embargo, no ha sido jamás considerado más que el guardián de las enseñanzas de Mahoma deformadas por la incapacidad de los hombres; no ha sido visto como profeta de una nueva salvación distinta de la predicada por Mahoma.
Las otras religiones que también acusan vertientes mesiánicas son el zoroastrismo y el budismo. El primero revela mayor semejanza con el mesianismo judío en la doctrina de Saosyant, el futuro salvador que librará una lucha decisiva contra el Dios del mal Amgramaniu para el triunfo final del bien. Zoroastro creía originalmente, como Jesús que estaba cerca el fin de los tiempos que el reino de Ormuz (el reino de Dios) se cumpliría durante su vida.Si, Pero: Pero como en el cristianismo, ese triunfo se pospuso a un segundo advenimiento: el de un nuevo Saosyant tres mil años después de la muerte de Zoroastro. De esta concepción combinada con las teorías indoiránicas de la progresiva corrupción de los orígenes cósmicos, hasta la reanudación de un nuevo ciclo del tiempo, nacía en el seno del budismo popular la concepción del buda futuro, Maitreya, que descenderá un día a la tierra para restablecer el reino del bien, cuando el mal haya saturado la tierra. Otra teoría muy importante es la de Vishnu, que desciende a la tierra de vez en cuando, en diferentes formas “cuando la justicia desaparece y domina la injusticia yo me recreo a mí mismo. ” Se conocen dos descensos (Avatares) de Vishnu en la teología hindú, el último, el décimo será cuando Vishnu vuelva con Kalki y entonces se destruirá el mundo.
Por otra parte, la espera de un Dios sobrenatural que deberá volver para comenzar una nueva era de liberación o salvación es común a otras religiones situadas fuera de la tradición judío cristiana,o también preexistente a su influencia y cuya proyección es actualmente uno de los problemas más importantes en sociología de la religión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Los últimos estudios sobre movimientos mesiánicos han estado íntimamente ligados a la necesidad de explicar la reacción de algunas sociedades al impacto occidental como una forma de resistencia a la destribalización, a la dominación o a la posible pérdida de identidad y un anhelo de unificación y recuperación de un medio social armónico. Y han surgido (…)”dioses que nacen hoy y que son auténticas expresiones de aspiraciones a la emancipación y a la libertad” (Chesneaux, J. “Heresies coloniales et millenarismes de Iibération nationale” en Suret Canale J. La Naissance des dieux, les Editeurs de l’Union Rationaliste, París, 1966).
Estos cultos mesiánicos que aparecen durante el siglo XIX esencialmente en el área de dominación colonial participan de principios cristianos o judíos en África, en Asia y en América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Recuperan en general la prédica mesiánica de la religión instaurada, sincretizan con los elementos propios algunas características fundamentales de su religión y las confieren todas a profetas locales como el gran profeta Bakongo Simon Kimangu visto’ como el fundador de una religión con los mismos títulos que Moisés, el Cristo, Mahoma y Buda (Balandier, G. Sociologie actuelle de l’Afrique Morie, París, 1953), o como el padre Cicero en Brasil, que según sus seguidores hablaba con Dios en el cielo y debía volver trayendo la edad de la bondad perfecta (Pereyra de Queiroz Rosaura Historia y etnología de los movimientos mesiánicos, siglo XXI, México, 1969), o como Hong Xiuchuan, jefe de los Taifung que se proclamaba hijo de Dios y heunano menor de Cristo (Cbsneaux, J.), o como el Hayy Ornar que fue popularizado como profeta enviado a los Africanos igual que Mahoma para restaurar la pureza del Islam y hacer de los africanos una gran nación (Willis, J., Jihad fi sahil alah its docirinal basis in Islam and sorne aspects of this evolution in nineteenth century West Ajrica, “Journal of Áfrican History”, VIII, 3, 1967).
Tal sincretismo logra paganizar y reelaborar la doctrina en una perspectiva indígena y por lo general antiblanca, que afirma la autonomía cultural contra la desculturación operada por los misioneros extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) (Lanternari V., Movimientos religiosos de libertad y salvación de los pueblos oprimidos, Seix Barral, Barcelona, 1965).
Pero no solamente se produce el movimiento mesiánico de salvación entre los pueblos que han recibido influencias religiosas extranjeras, sino también en aquellas sociedades donde la mitología precristiana tradicional es dominante (Worsley, P., The Trumpet shall Sound, New York, 1968).
Allí los profetas anuncian el advenimiento o retomo de algunos seres míticos que se consignan como los demiurgos de la augurada renovación del mundo. Según Lanternari (Occidente y Tercer Mundo, siglo XXI, México, 1974) los principales temas en las reelaboraciones modernas de estos mesianismos son, en primer lugar, el retorno del héroe cultural desaparecido que coincide con el fundador, protagonista de mitos que en el origen de los tiempos instauró los elementos de la cristianización; su retorno significa una renovación del mundo.Entre las Líneas En segundo lugar, la espera mesiánica del ser supremo que desapareció después de crear el mundo y prometió a los hombres que volvería.
A veces la esperanza recae sobre los espíritus de los muertos que ofician descontinuación entre lo antiguo y lo nuevo y es vehículo de renovación de la tradición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Hay otros sucesos míticos: que también tienen función mesiánica porque restablecen una condición histórica antigua, actualmente en decadencia, Se espera el retorno de una época histórica lejana en el tiempo y en la experiencia colectiva, mitificada y proyectada hacia el futuro inmediato. Ella continuaría la época paradisíaca de liberación y salvación (retorno al África, retorno a la perdida tierra de Sión).
En todas las formas de movimientos mesiánicos. se advierte un programa revolucionario renovador que no expresa una necesidad puramente mística ni Una simple nostalgia de épocas míticas y de condiciones antiguas (como afirma Eliade M en Dimensions religieuses du renouvellement cosmique, Eranos Jahrbuch, 1960), sino una dinámica histórica vuelta enérgicamente hacia el futuro. Ese programa renovador está completado por un universalismo (la creencia de que es posible descubrir ciertos valores y principios que son aplicables a todas las personas y a todas las sociedades, independientemente de las diferencias históricas, culturales y otras) nuevo basado en alianzas nuevas. Y este universalismo (la creencia de que es posible descubrir ciertos valores y principios que son aplicables a todas las personas y a todas las sociedades, independientemente de las diferencias históricas, culturales y otras) de los movimientos mesiánicos es el que propone una convergencia entre las creencias mesiánicas y algunos aspectos del marxismo, como resultado de las relaciones orgánicas entre movimientos mesiánicos y movimientos revolucionarios modernos (Hodgkin, The Mahdisme, messianisme et marxisme dans le conteste Áfricain, “Presence Áfricaine”, París, 1970). [1]
Mesianismo
Mesianismo, doctrina o creencia que fundamenta sus principios en la futura llegada de un mesías caracterizado por sus condiciones salvadoras y liberadoras, que pondrá fin a un periodo connotado de forma negativa e inaugurará otro caracterizado por la bonanza y prosperidad.
El término “mesianismo” apareció en el siglo XIX, siendo empleado por primera vez en 1848 por el historiador francés Jules Michelet para definir la esperanza en una salvación o una liberación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Si bien los pensamientos mesiánicos pueden remontar sus orígenes a la aspiración bíblica de la liberación por el Mesías, en la actualidad, y especialmente en ciencia política, el mesianismo designa el comportamiento volitivo de un individuo que, asumiendo un liderazgo (véase también carisma) aceptado y deseado por sus seguidores, se convierte en liberador de un pueblo o un Estado, al que rescata de una situación de opresión política. Es evidente la relación que existe entre el mesianismo y el retorno a un pasado mejor, en el cual se reconoce un bien superior.
Si bien su origen es religioso, el mesianismo ha trascendido su esencia inicial para adquirir un profundo sentido político. Principalmente porque, al conceder al individuo la capacidad de transformar el mundo, ha estado asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) con frecuencia a la rebelión, considerada ésta como el paso necesario para erradicar la injusticia por parte de un líder carismático. Pese a ello, dimensión política y espiritual han convivido en las distintas revueltas mesiánicas sucedidas a lo largo de la historia; tal es el caso de las acontecidas en Perú, Bolivia o México durante el periodo colonial.[2]
Mesianismo en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Es la creencia en el Mesías o expectación de su venida. Su concepto varía, como es lógico, según se considere desde el punto de vista judaico o cristiano, pero ambos coinciden en las esperanzas mesiánicas del Antiguo Testamento Para un cristiano, éstas tuvieron su total cumplimiento en la persona de Jesucristo, reconocido como el Mesías prometido y esperado, «el deseado de las naciones» (véase en esta plataforma: tvtESíAS). El pueblo judío, por el contrario, continúa en su expectativa, y esta actitud es la clave de su historia, desde que la profecía calló hasta nuestros días: dos largos milenios. El mesianismo así entendido, con todas sus consecuencias, es la gran muralla que separa irreductiblemente al judaísmo del cristianismo, a pesar de las profundas vinculaciones que entre uno y otro establece el A. T
Fundamento del mesianismo. EJ término se deriva de mesías (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), voz de origen arameo (con duplicación de s, conservada en varias lenguas), adoptada del hebreo tnasiñh, ungido -untado, en el ladino sefardí-, helenizado en Xristós, de donde deriva el latino Christus, que pasó a las lenguas modernas.Entre las Líneas En consonancia con su etimología, se aplicó a los miembros del sacerdocio, que recibían la unción, al quedar incorporados a sus funciones y consagrados a Dios; al Sumo Sacerdote, distinguido con una unción especial; al rey, ungido con óleo y considerado como inviolable; y a veces tiene una acepción muy general, p. ej., en el salmo 105,15 habla de christos meos, «mis ungidos», refiriéndose al clan de los abrahámi- . das, consagrados a Dios por un pacto solemne.Entre las Líneas En el Salmo 2,2: «contra Yahwéh y contra su Ungido», se encuentra por vez primera en la Biblia el término Masiáh, aplicado al lugarteniente de Yahwéh en los tiempos mesiánicos. Fundándose en este texto, la literatura apócrifa judaica, a partir de los Salmos de Salomón (s. íi antes de la era común, o tal vez 1) reservó este título de Mas`iáh al esperado representante de Yahwéh en los tiempos de su manifestación mesiánica.Entre las Líneas En el ánimo de todos los israelitas estaba la creencia de que el Mesías recibiría una especial unción o consagración solemne de parte de Dios. Así el nombre común de masiáh se convirtió en nombre propio aplicado a su persona. Es el Ungido, el Cristo del Señor (Biblia Comentada, BAC, Madrid 1962, 204-205; cfr. Le 2,11). A partir, pues, del s. lI o el i antes de la era común, el término Mesías se emplea para designar el esperado redentor y en ese sentido se habla de expectación mesiánica reinante en Israel desde la antigüedad.Entre las Líneas En los escritos de los Profetas se presenta a menudo al Gran Rey justo y misericordioso que al final de los siglos establecerá el reino universal de la paz, la santidad y la grandeza (cfr. Is 7-12: Libro del Enmanuel; Miq 4-5; Ier 33; Zach 9,9 ss.)
En los comienzos de la era cristiana estaba muy en boga, incluso entre los piadosos israelitas, la creencia en un Mesías político, ben David, hijo de David, que «restablecería el reino de Israel» definitivamente en toda su grandeza (cfr. Mt 26,63-64; Me 14,61-62; Le 22,67-69 y Act 1,6). El concepto espiritualista de los profetas, cuando hablaban de la servidumbre del pecado, recogido en el concepto cristiano del Mesías, quedaba postergado ante la idea de un libertador que los redimiera del yugo extranjero, que tan penosamente soportaban. Los mismos doctores judíos en la época de Jesucristo insistían en esta interpretación: el Mesías sería un rey temporal, que instauraría un reino de santidad, pero también de poderío terreno en favor de Israel. También hay atisbos de un Mesías sacerdotal. Asimismo se habla de falsos mesías (mésiáh séger), como hubo falsos profetas en la época bíblica
El fundamento principal del mesianismo en el pueblo de Israel se basa en la alianza pactada con Dios y la intervención constante y providencial de Él en su accidentada y trágica historia. Esta esperanza, profundamente anclada en el alma israelita, aunque muchas veces defraudada por obra de falsos mesías, ha sido el principal baluarte de Israel
Primeros movimientos mesiánicos. Los movimientos mesiánicos, con variedad de tendencias, caracteres, amplitud y vicisitudes, se han sucedido en el pueblo de Israel desde su dispersión por el mundo hasta nuestros días, si tenemos en cuenta que el propio sionismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en su aspecto espiritual, contiene un fondo de sentimientos inspirados en el mesianismo. Estos movimientos se han polarizado siempre en un personaje: son los seudomesías, anunciados por Jesucristo: «Se alzarán falsos mesías y falsos profetas.» (Mt 22,24). Poco después de su muerte y resurrección apareció Teudas (44-48), que reunió algunos centenares de personas con el propósito de iniciar la lucha contra los romanos. Prometió, como señal de su poder taumatúrgico, separar las aguas del Jordán, pero murió decapitado por los romanos, con muchos de sus partidarios, y su facción fue aniquilada. Su cabeza fue llevada a Jerusalén como trofeo y para escarmiento
El más famoso seudomesías de tipo militar fue Simón apellidado Barcoquebas (Bar Kókéba’), «hijo de la estrella», nombre mesiánico, en arameo valeroso y hercúleo caudillo de la segunda gran sublevación contra Roma durante tres años (133-135), en tiempo_ de Adriano (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), quien para sofocarla tuvo que mandar a Palestina al mejor general del Imperio, Julio Severo. Se venía creyendo que el apelativo paronomástico del susodicho, Bar Kozibá («hijo de la mentira», falsario), se le había aplicado después, como título denigrante impuesto por el rabinismo, contrario al mesianismo militar; pero el haberse encontrado entre los descubrimientos del desierto de Judá cartas suyas con esta firma, parece indicar más bien fuera ése su verdadero apellido. La rebelión fue terriblemente aniquilada, y se impusieron durísimas condiciones a los escasos judíos que siguieron en Palestina, sobre todo en las proximidades del solar de la Ciudad Santa, pues fueron muchos los que murieron o fueron vendidos como esclavos. El escalofriante recuerdo de la terrible represión fue un freno poderoso contra nuevos intentos similares durante tres siglos
Sin embargo, las esperanzas mesiánicas seguían latentes. S. jerónimo en su Comentario a Joel atestigua el sentir de sus contemporáneos en estos términos: «Los judíos se prometen, o más bien sueñan, que al final de los tiempos el Señor los reunirá y llevará a Jerusalén, y no contentos con tal ventura, afirman que Dios les entregará los hijos e hijas de los romanos para que los judíos los vendan, no a los persas, etíopes u otras naciones cercanas, sino a un pueblo lejano, los sabeos» (PL 25,982)
Hacia el 440 surgió un nuevo mesías, Moisés de Creta, que anunció su propósito de llevar a sus correligionarios de la isla a la Tierra Prometida, por el mar enjuto, después de dividir las aguas, como el primer Moisés por el mar Rojo; pero fracasó estrepitosamente, pereciendo entre las aguas con muchos de sus secuaces, que, ciegamente confiados, habíanse lanzado al mar desde una roca
El mesianismo en la literatura judía posbíblica.Entre las Líneas En la Misná (véase en esta plataforma: TALMUD, 2) encontramos dos únicas referencias al Mesías; una, fugaz, al solo efecto de interpretar una expresión en el tratado Bérakot (1,5), y otra, al final de Sotá (9,15), donde se detallan, bastante arbitrariamente, las señales que precederán la venida del Mesías, y se repiten en diversos lugares de la literatura rabínica.Entre las Líneas En el Talmud (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) el Mesías y su misión son objeto de innumerables referencias. Como de ordinario, en las infinitas cuestiones que en él se debaten, las más variadas opiniones se entrecruzan y contraponen; pero hay muchos puntos esenciales, en que todos, o un gran número, coinciden. Por ej., dice A. Cohen (o. c. en bibl. cap. XIX): «Los rabinos admiten unánimemente que el Mesías será un ser humano, encargado de cumplir la misión que le incumbe.Entre las Líneas En ninguna parte del Talmud se profesa la creencia en un Mesías sobrehumano».Entre las Líneas En cuanto a designaciones de la persona y nombre, las opiniones son variadísimas, según las escuelas o doctores: Ezequías rey de Judá, David rey de Israel, Siló (Gen 49,10), Yinnón (Subsistirá), Haniná (Gracia), Menahem (Consolador) y muchos más figuran entre los que se proponen en diversos pasajes del Talmud, siempre buscando un apoyo lingüístico en el texto bíblico. El misterioso término Siló se sustituye en el Targum de Onkelos, el de Jonatán y el Jerosolimitano por Mesías, prueba inequívoca de esa interpretación. Aun cuando solamente una vez aparece la mención misteriosa de un Masiáh ben Yosef (Mesías hijo de José), también llamado ben Efraim, la teoría logró cierto arraigo en el judaísmo posterior, y en la literatura se encuentran ecos de esa creencia, e incluso la opinión conciliadora de que habrá un Mesías de la Casa de David, y otro de la Casa de José, es decir, descendiente de estos personajes. El Mesías ben Yosef vendrá antes del verdadero Mesías, y al intentar liberar a los israelitas, será matado; el Mesías ben David será el triunfador, que reinará para siempre. Según expone J. Klausner en su obra Jesús de Nazaret, la teoría de un Mesías hijo de José no aparece hasta el fracaso de la insurrección de Barcoquebas, y se encuentra principalmente en leyendas judaicas tardías. Su fundamento bíblico primero descansa probablemente en Dt 33,17
Objeto de particular atención en el Talmud y en numerosas obras y pasajes de la literatura judaica han sido los cálculos para determinar la época del advenimiento de Mesías (yémot ha-M.: los días del Mesías), en los que resaltan especialmente los cómputos cabalísticos (véase en esta plataforma: CABALISMO). «La mayoría de los rabinos -dice Cohencensuraba los cálculos tendentes a fijar la fecha del “fin”, es decir, la venida del Mesías, porque ellos suscitaban esperanzas que en seguida se verían frustradas» (o. c.). Y añade el mismo autor: «Donde la imaginación no conocía límites es al tratar de contemplar el mundo, tal como aparecería transformado por obra del Mesías». Aparte de sus efectos sobre el mundo material: el sol, la luna, las aguas, los frutos de la tierra, las ciudades destruidas, los animales, etc., se insiste particularmente en la paz inalterable, la alegría, la felicidad que inaugurará el Mesías. Sobre todo, quien más se beneficiará será, naturalmente, Israel; su situación depresiva en un mundo hostil se trocará en la posición eminente que Dios le tiene reservada. Será tan envidiable la suerte de Israel, que muchos extraños tratarán de unirse a la comunidad; pero, por su falta de sinceridad y desinterés, deberán ser rechazados. También se creía firmemente que el Mesías llevaría a cabo la reunión de las tribus de Israel, la restauración de la ciudad santa de Jerusalén, la reconstrucción del Templo; hasta el pecado desaparecerá, por lo cual no habrá lugar a sacrificios expiatorios.Entre las Líneas En suma, la era mesiánica traería una felicidad completa y perfecta
Es curioso observar, como lo hace el susodicho autor, a quien seguimos en esta parte, que al revés de los otros pueblos antiguos, que situaban la edad de oro en un pasado remoto, los judíos la esperaban para el futuro. Al efecto se basaban en la interpretación de textos proféticos en que reiteradamente se alude a los últimos tiempos, que serán testigos del apogeo de la grandeza nacional. Ese glorioso porvenir gravitaba en torno a la persona del Mesías, el Ungido, que Dios enviaría para inaugurar una nueva era y milagrosa
En la liturgia sinagogal vespertina del Sábado se pide: «Envíe al final de los días nuestro Mesías, para redimir a los que esperan el final de su salvación».Entre las Líneas En los himnos de nostalgia de Sión y anhelos de redención, palpita la esperanza en el Mesías, que rescatará a los cautivos, libertará a los oprimidos y cumplirá las promesas
Movimientos mesiánicos en la Edad Media y Moderna. Bajo la dominación del Islam fueron numerosos los mesías que aparecieron en Oriente. Uno de los más famosos fue Sereno (Srini), que puso en grave conmoción a todo el judaísmo oriental y occidental. Muchos judíos de España, incluso bien acomodados, seducidos por el señuelo mesiánico, acudieron a alistarse bajo sus banderas. Apresado por revolucionario, hubo de comparecer ante el califa Yazid II (ca. 720), y, atemorizado, declaró que no abrigaba intenciones contra el poder público y sí solamente burlarse de sus correligionarios, en vista de lo cual fue entregado a la comunidad judía, la cual le castigó. Sus adeptos, decepcionados, sufrieron las consecuencias de su credulidad, perdiendo los procedentes de España sus bienes y la posición que ocupaban
Los grandes doctores del judaísmo medieval, tales como Saadías y Maimónides (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), consideran al Mesías según la creencia tradicional, como libertador y rey excelso del pueblo judío. También los hubo, incluso de gran talla, que mediante cálculos cabalísticos, matemáticos y astrológicos, se atrevieron a vaticinar la fecha del advenimiento del Mesías al mundo, p. ej., el gran polígrafo Abraham ibn Ezra, el barcelonés Abraham Bara Hiyya y el notable exegeta y estadista Isaac Abravanel, ministro de los Reyes Católicos y de otros soberanos europeos, cuyas obras ejercieron grande influencia en el mesianismo de la primera mitad del s. xvi. Durante la Edad Media y la Moderna, desde el s. xi hasta fines del xvin, aparecieron en varios países de Europa (Francia, Italia, Alemania, Rusia, Polonia, Turquía) varios mesías. Los más famosos fueron David Reubení, secundado por S. Molho, y Sabtay ben Zvi, apoyado por Natán de Gaza. Son interesantes sus novelescas andanzas
David Reubení n. en Jaibar (Arabia) el a. 1490, y efectuó su aparición en Turquía.Entre las Líneas En Portugal, donde residió algún tiempo, se le conocía por David Judeu. Allí encontró un valioso colaborador en el Dr. Diego Pires, n. en 1500, criptojudío que volvió a abrazar abiertamente la religión mosaica, declarándose judío de un modo oficial, y adoptó el nombre de Salomón Molho (o Malco), con el que es conocido entre los judíos. Fue el gran propagador del movimiento mesiánico de D (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Reubení. Éste consiguió una entrevista con el papa Clemente VI, a quien expuso su proyecto sionista, consistente en promover la conquista de Palestina y arrebatársela a los turcos pararestaurar allí el reino de Judá. El proyecto de Reubení, por descabellado que pudiera parecer, llegaba en un momento muy oportuno, los turcos habían llegado a las puertas de Viena, y por eso fue del agrado del Papa y de algunos soberanos cristianos, como Juan II de Portugal. Al parecer, el Papa aconsejó a Reubení se dirigiera a éste, quien podría a su vez recomendarle al emperador Carlos V
La estancia de Reubení en Portugal originó entre los cristianos nuevos un fuerte movimiento de retorno a la fe judaica, que disimuló Juan III durante el tiempo de la embajada del judío, lo cual motivó que el inquisidor Selaya censurara al monarca como «amigo de los judíos y tolerante con los cristianos nuevos».Si, Pero: Pero cuando Reubení salió de Portugal, el rey volvió a su anterior política antijudaica
Molho, convertido en embajador y brazo derecho de Reubení, desplegó una gran actividad visitando varias cortes europeas, y hasta se afirma que intentó convertir al judaísmo a Francisco I, rey de Francia, como también a Carlos V, con quien se reunió en Ratisbona juntamente con Reubení. El emperador mandó prender a los dos inquietos aventureros y los entregó a la Inquisición italiana. Molho fue condenado a muerte como apóstata de la fe cristiana en Mantua (1532). Estando en el cadalso, se le ofreció la libertad, por voluntad del emperador, si abjuraba de la fe judaica; mas él se negó, prefiriendo «morir mártir», como dicen los historiadores judíos.Entre las Líneas En cuanto a Reubení, se declaró incompetente para proceder contra él la Inquisición italiana, por ser judío de nacimiento.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Pormenores
Los historiadores judíos desconocen la suerte final de David Reubení; pero según un documento que se encuentra en Torre do Tombo -escribía el judío polaco avecindado en Portugal Samuel Schwarz (Ver e crer, n° 11, marzo 1946)- puede conjeturarse que la Inquisición española lo entregó a la de Evora, al ser instituido el Tribunal del Santo Oficio en 22 de octubre de 1536, y que David Reubení fue quemado en el primer auto de fe de Evora, en 1542
Otros movimientos mesiánicos. Un siglo después, Sabtay ben Zvi, n. en Esmirna (1626) y mesianismo en Albania (1676), levantó extraordinario revuelo en los países balcánicos, Turquía, Palestina y Egipto, y con la eficaz colaboración de Natán de Gaza, consiguió numerosos adeptos, incluso en la Europa Central e Italia. Muchos llegaron a creer que el sultán cedería la corona a Sabtay, pues le consideraban como verdadero Mesías. Pero, denunciado como conspirador ante el Sultán de Constantinopla, negó cobardemente sus pretensiones mesiánicas, y hasta abrazó, al menos aparentemente, la religión musulmana, aconsejado por un apóstata judío, para salvar la vida.Si, Pero: Pero el movimiento sabataísta no terminó con la deserción y fallecimiento de su portaestandarte; Natán de Gaza buscó nuevos argumentos ideológicos, asaz artificiosos, para explicar el extraño fenómeno de un Mesías apóstata, que tuvieron bastante aceptación. La secta de los doenmeh, criptojudíos mahometanos, arraigada en Salónica y Turquía, que perduró hasta entrado el s. XX, fue la postrera manifestación del movimiento sabataísta.Entre las Líneas En el s. XVIII éste, se renovó en la persona de Jacob Franck (1726-1791), n. en Ucrania y afiliado a una secta sabataísta, que encontró apoyo en algunos sectores católicos y fue un caso típico de versatilidad y adaptación.Entre las Líneas En Turquía abrazó el islamismo, en Polonia se hizo bautizar; acusado de apostasía, sufrió prisión, y, liberado por el ejército ruso al invadir Polonia en 1763, huyó a Moravia y después se estableció en Offenbach, donde vivió como gran señor, rodeado de entusiastas partidarios. Después de su muerte, su hija Eva asumió la dirección de la secta franckista, que desapareció a su muerte (1816), si bien todavía durante la primera mitad del s. xlx se conservaban fermentos en linajudas familias judías de Praga, que después afloraron en los adeptos de la Haskalá o movimiento de renovación cultural judía
En otra dirección respecto a la trayectoria mesiánica, conviene recordar la escuela mística de Safed (Norte de Galilea), uno de cuyos principales maestros fue el cabalista Isaac de Luria (s. XVI), el cual imprimió diferente sesgo a las aspiraciones mesiánicas, opuesto al político, enseñando que la llegada del Mesías únicamente podría realizarse mediante la perfección espiritual y restauración del mundo; sólo el misticismo y la vida ascética pueden acelerar la era mesiánica
No puede faltar aquí una referencia a los documentos esenios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) encontrados entre los Manuscritos del Mar Muerto, cuyo análisis exhaustivo todavía no ha terminado de revelar sus secretos.Entre las Líneas En ellos parece descubrirse una doble expectación mesiánica entre aquellos solitarios: la del «escrutador de la Ley», el Mesías de Aarón, y la del «Príncipe de toda la Congregación», el Mesías de Israel; es decir, un Mesías sacerdotal, y un Mesías laico. Sabido es que en el famoso Documento de Damasco, descubierto en 1896 en la Guenizá del Cairo, ambos se identifican y sólo se habla del «Consagrado de Aarón e Israel» (véase en esta plataforma: QUMRAN, MANUSCRITOS DE)
Una cuestión final, sugestiva e interesante, es la que se plantea respecto a la posición actual del judaísmo en orden a la esperanza mesiánica. La Enciclopedia judaica castellana sintetiza con claridad las tres posiciones actuales en estos términos: «La creencia en el Mesías es el XII de los Trece Artículos de Fe, de Maimónides, y como tal sigue siendo uno de los principios básicos del judaísmo ortodoxo («Creo en la venida del Mesías; y, aunque tarde, espero a diario su llegada»).Si, Pero: Pero la facción ultrarreligiosa entre los judíos rechaza toda conexión entre las ambiciones del Sionismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y la venida del Mesías. Aconseja la paciente espera de los judíos, hasta que Dios estime conveniente cumplir las promesas proféticas y restablecer su Templo en Sión». Por otra parte, los reformistas interpretan las esperanzas mesiánicas en sentido universalista de paz en la humanidad y auge de la civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”]Los nacionalistas consideran al Mesías corno símbolo de la redención del pueblo, sin rasgos personales. Para el Sionismo, sólo el renacimiento nacional y la independencia de Palestina tienen importancia
V. t.: HEBREOS; JUDAísmo; APOCALIPSIS II; JESUCRISTO. [rbts name=”religion-cristiana”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre mesianismo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
The Jewish Encyclopedia, ed. J. SINGER, Nueva York 1901-06, VI11,505-512; Enciclopedia Judaica Castellana, México 1950, VII,410-424; D. CASTELLI, Il Messia secondo gli Ebrei, Florencia 1874; F. FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ, El mesianismo israelita en la Península Ibérica, «Boletín de la Academia de la Historia» VII, Madrid; A. COHEN, Everyman’s Talmud, Londres 1932 (trad. franc. La Talmud, París 1933, cap. XI); J. ALONSO DíEZ, Mesianismo, «Cultura Bíblica» 1963, 323-330
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Celma Agüero (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
- Información sobre Mesianismo en la Enciclopedia Online Encarta
Véase También
Bibliografía
Guía sobre Mesianismo
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