Metáfora
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la metáfora y su aplicación en campos como la salud y la economía.
[aioseo_breadcrumbs]Metáforas en Salud
Nota: Véase también acerca de la “Comunicación del Equipo Médico” y un análisis sobre la Comunicación en Salud.
Las metáforas se utilizan habitualmente para hablar y pensar sobre experiencias que son subjetivas, complejas y sensibles en términos de experiencias que son menos subjetivas, más simples y más concretas. La salud y la enfermedad, y las emociones asociadas a ellas, se encuentran entre las experiencias de las que solemos hablar mediante metáforas. Como ocurre de forma más general, estas metáforas tienden a basarse en las similitudes percibidas entre distintos tipos de experiencias. Por ejemplo, el uso metafórico de “batalla” en “murió tras una larga batalla contra el cáncer” se basa en la percepción de una similitud entre estar enfermo de cáncer y luchar en una guerra: ambas experiencias son difíciles y potencialmente mortales, ambas requieren perseverancia, etcétera. Sin embargo, como sugiere nuestro uso del término similitud “percibida”, las metáforas no reflejan similitudes dadas objetivamente, sino que pueden crear similitudes entre cosas distintas: pueden reflejar, transmitir y reforzar distintas formas de ver y experimentar distintos aspectos de nuestras vidas. En los términos utilizados en la Teoría de la Metáfora Conceptual, la elección de diferentes dominios fuente ‘enmarca’ el dominio meta de diferentes maneras, resaltando algunos aspectos y dejando en segundo plano otros.
El poder ‘enmarcador’ de la metáfora es especialmente importante cuando las metáforas se utilizan en relación con la enfermedad, y en concreto con la enfermedad física, el tema de este texto (véase en otro lado de esta plataforma digital para la metáfora y la salud mental). La enfermedad física tiende a ser una experiencia desagradable e inoportuna, durante la cual somos vulnerables y necesitamos apoyo. Aunque las metáforas pueden ayudarnos a expresarnos y a dar sentido a lo que nos ocurre, también pueden contribuir a generar sentimientos negativos, como la ansiedad y la vergüenza.
Por ejemplo, el uso de ‘batalla’ sitúa a la enfermedad en el papel de un oponente al que el paciente tiene que vencer individualmente. El uso de ‘viaje’, por el contrario, construye potencialmente el cáncer como un camino que puede recorrerse colectivamente. Estos diferentes encuadres tienen consecuencias potenciales sobre cómo el paciente puede percibir y dar sentido a su propia experiencia y también sobre cómo la enfermedad y el paciente pueden ser abordados por otras personas, incluidos familiares, amigos y profesionales médicos. Por ejemplo, la metáfora del Viaje 1 podría conducir más fácilmente a una aceptación final, mientras que la metáfora de la Batalla, como las metáforas relacionadas con la violencia en general, invita a una actitud de resistencia y a la búsqueda de más tratamientos invasivos, y puede sugerir que no recuperarse es una derrota personal. Por estas razones, las metáforas de Guerra para el cáncer han sido ampliamente criticadas (por ejemplo, Sontag 1979/1991; Miller 2010; Granger 2014).
En la siguiente sección, analizamos las principales tendencias de la investigación previa sobre la metáfora y la enfermedad física, con especial atención a las aplicaciones prácticas en el ámbito médico. A continuación, presentamos algunos de los debates y controversias en este ámbito, seguidos de un proyecto de investigación actual sobre metáforas para el cáncer y una aplicación práctica prevista de las conclusiones del proyecto. En la sección final ofrecemos algunas reflexiones sobre las implicaciones prácticas y las futuras investigaciones y aplicaciones.
La investigación sobre la metáfora y la enfermedad, y sus aplicaciones prácticas
Los debates sobre la metáfora y la experiencia de la enfermedad suelen comenzar con referencias a los tratados clásicos de Susan Sontag sobre las metáforas del cáncer y la tuberculosis (Sontag 1979/1991) y el sida (Sontag 1989/1991). Para Sontag, las metáforas oscurecen la experiencia de las enfermedades y crean mitologías que perpetúan el miedo y la vergüenza. Más concretamente, Sontag (1979/1991) argumentó que las metáforas militares en torno al cáncer (por ejemplo, “invasivo”, “agresivo”, “colonización”) fomentan una visión punitiva de la enfermedad, construyendo al paciente como víctima y a la enfermedad como culpable. Al mismo tiempo, el paciente también puede convertirse en culpable si es ‘vencido’ por la enfermedad y ‘no consigue’ mejorar. Según Sontag (1989/1991), las metáforas militares en torno al sida tienen un efecto similar, pero tienden a centrarse en agentes infecciosos ‘invasores’ desde el exterior, que ‘inmovilizan’ ciertas ‘defensas’, permitiendo así que otras enfermedades oportunistas ‘ataquen’ (Sontag 1989/1991). La solución propuesta por Sontag a las deficiencias de estas metáforas es la eliminación total de las metáforas de la comunicación en torno a la salud y la enfermedad, en favor únicamente del lenguaje literal.
El trabajo de Sontag plantea al menos tres cuestiones principales que se han tratado ampliamente en trabajos posteriores y que también serán centrales en este capítulo: (a) la naturaleza de las metáforas dominantes para diferentes enfermedades en diferentes contextos; (b) las implicaciones de las metáforas dominantes para las percepciones del público y para la experiencia de los pacientes en particular; y (c) cómo deberían abordarse los problemas asociados a las metáforas dominantes.
En la actualidad existe una amplia y variada bibliografía académica sobre el uso de metáforas en relación con las enfermedades físicas (cf. Gibbs y Franks 2002). En términos generales, la investigación sobre la metáfora en contextos de salud(cuidados) física se divide en cuatro tipos principales:
- la metáfora y la comunicación pública sobre la enfermedad, como en los informativos (por ejemplo, Koteyko et al. 2008) y la publicidad farmacéutica;
- las metáforas utilizadas por diferentes grupos de interesados, como los pacientes y los médicos de cabecera (por ejemplo, Skelton et al. 2002), o los pacientes, los familiares cuidadores y los profesionales médicos (por ejemplo, Demmen et al. 2015);
- la metáfora como herramienta práctica en la comunicación sobre la salud y la enfermedad, por ejemplo, para mejorar el bienestar general (por ejemplo, Taylor y McLaughlin 2011) o para aumentar la comprensión de la propia enfermedad y de los regímenes de tratamiento (por ejemplo, Aanand et al. 2011).
- la metáfora y la “experiencia vivida” de la enfermedad y la salud (atención).
Esta última, la metáfora y la “experiencia vivida” de la enfermedad y la salud, se centra en:
- diferentes enfermedades, como el cáncer (por ejemplo, Gibbs y Franks 2002) y las enfermedades de las neuronas motoras (por ejemplo, Locock et al. 2012); o
- diferentes aspectos de la experiencia de la enfermedad, incluidos síntomas físicos como el dolor (por ejemplo, Loftus 2011), otras experiencias como las emociones (por ejemplo, Locock et al. 2012) y la visión que los pacientes tienen de sí mismos y de sus vidas (por ejemplo, Appleton y Flynn 2014);
Diferentes estudios se centran en distintos tipos de datos, incluidas las interacciones médico-paciente (por ejemplo, Skelton et al. 2011), las entrevistas (por ejemplo, Gibbs y Franks 2002), los grupos de discusión (por ejemplo, Appleton y Flynn 2014) y la redacción en línea (por ejemplo, Semino et al. 2015). Dependiendo de la elección de los datos y de las preguntas de investigación, algunos estudios adoptan un enfoque cualitativo (por ejemplo, Appleton y Flynn 2014), mientras que otros implican análisis cuantitativos, incluidos los métodos asistidos por ordenador de la lingüística de corpus (por ejemplo, Crawford et al. 2008; Demmen et al. 2015). Aunque la mayoría de los estudios se centran en datos en lengua inglesa, algunos incluyen otras lenguas, como el estudio de Stibbe (1996) sobre las metáforas de la enfermedad en chino, el trabajo de Lascaratou (2007) sobre las metáforas y metonimias del dolor en griego y el estudio de Schwabe et al. (2008) sobre las descripciones de pacientes de convulsiones en alemán.
En el resto de esta sección, presentamos algunos estudios representativos de cada una de las principales direcciones de investigación mencionadas.
Metáfora y enfermedad en la comunicación pública
Varios estudios han considerado las metáforas utilizadas en los medios de comunicación para distintos tipos de enfermedades, y sus posibles implicaciones para las opiniones y el comportamiento del público. Los estudios sobre las metáforas en la cobertura periodística de enfermedades infecciosas como el Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM) (por ejemplo, Crawford et al. 2008) o la gripe aviar (por ejemplo, Koteyko et al. 2008) suelen girar en torno a la función explicativa de las metáforas y las conexiones entre la metáfora y el “encuadre”. Enmarcar en este sentido es “seleccionar algunos aspectos de una realidad percibida y hacerlos más destacados en un texto de comunicación, de tal forma que se promueva una definición particular del problema, una interpretación causal, una evaluación moral y/o una recomendación de tratamiento para el elemento descrito” (Entman 1993: 52).
Crawford et al. (2008) y Nerlich y Koteyko (2009) rastrearon cómo los escenarios de las metáforas en la cobertura de prensa sobre el SARM cambiaron con el tiempo, desde que la enfermedad era relativamente desconocida y una amenaza remota, hasta que se convirtió en una cuestión política debido al espectacular aumento del número de infecciones. Al principio, el riesgo del SARM se comunicaba mediante la personificación de las bacterias y la atribución de intenciones malignas a las mismas. Sin embargo, a medida que aumentaba el número de casos, la responsabilidad pasó de las bacterias personificadas a los médicos y los hospitales, que se convirtieron en culpables a través de lo que Nerlich y Koteyko denominaron un “delito de omisión”, por ejemplo, al no prestar suficiente atención al lavado de manos en los hospitales (2009: 156). Estos diferentes encuadres facilitaron diferentes cursos de acción: mientras que la acción se centró inicialmente en una batalla entre los médicos y las bacterias, el segundo encuadre llevó a centrarse en la limpieza, con consecuencias para las decisiones políticas. Koteyko et al. (2008) plantean una cuestión similar tras examinar el uso de las metáforas del “viaje”, la “guerra” y la “casa” en la cobertura periodística británica de la gripe aviar (H5N1) entre 2005 y 2006.
Ampliando el abanico de enfermedades, Hanne y Hawken (2007) compararon las metáforas utilizadas en el New York Times durante un periodo de nueve meses para cinco enfermedades diferentes: gripe aviar, cáncer, diabetes, cardiopatías y VIH/SIDA. Informaron de algunas diferencias cuantitativas generales, con la diabetes y la gripe aviar atrayendo las frecuencias más altas de uso de metáforas, y las enfermedades cardiacas las más bajas. También observaron diferencias en las frecuencias de metáforas concretas para las distintas enfermedades: las metáforas relacionadas con la guerra sobre los efectos de la enfermedad fueron las más altas para la gripe aviar, por ejemplo, y las más bajas para las cardiopatías, mientras que las metáforas mecanicistas relacionadas con las tuberías (por ejemplo, “déficit de flujo” y “bloqueos”) fueron las más frecuentes para las cardiopatías. Los autores observaron que las metáforas relacionadas con la guerra utilizadas en la información sobre el cáncer y el VIH/sida parecían ser menos emotivas que las observadas por Sontag unas décadas antes; en cambio, las metáforas mecánicas de “fontanería” que predominan en la información sobre las enfermedades cardiacas pueden restar importancia a la gravedad de la propia enfermedad. En general, los autores destacan las consecuencias de las distintas metáforas tanto para el comportamiento individual como para la política pública, y sugieren que es necesaria una mayor concienciación sobre estas consecuencias por parte de los profesionales médicos, los educadores y los periodistas. También proponen una nueva metáfora de “conducción de automóviles” para explicar al público en general la interacción de las elecciones de estilo de vida y otros factores (por ejemplo, la herencia genética, las infecciones fortuitas) en la salud y la longevidad. La mayoría de la gente está familiarizada con el modo en que nuestra seguridad al conducir un coche depende de una combinación de factores bajo nuestro control (por ejemplo, no exceder la velocidad) y factores fuera de nuestro control (por ejemplo, otros automovilistas). Una metáfora que explote este tipo de conocimiento, sugieren Hanne y Hawken, podría ser más eficaz para fomentar comportamientos saludables que las metáforas convencionales existentes para afecciones importantes como la diabetes y las enfermedades cardiacas.
Varios estudios recientes documentan el uso generalizado y persistente de metáforas relacionadas con la guerra para referirse al cáncer en los medios de comunicación. Camus (2009) señala que el cáncer es la guerra es la metáfora más utilizada en un corpus de artículos sobre el cáncer del periódico británico The Guardian. Reisfield y Wilson (2004) señalan cómo lo que ellos denominan la “metáfora marcial” del cáncer no sólo es generalmente dominante, sino que también es explotada por las empresas farmacéuticas para promocionar los medicamentos de quimioterapia. En una página web de información para pacientes sobre un tipo concreto de medicamento, por ejemplo, se anima a las mujeres a “LUCHAR DURO y DEVOLVER LA LUCHA en su batalla contra el cáncer de mama avanzado” (Reisfield y Wilson 2004: 4025). Aunque reconocen las posibles consecuencias negativas de estas metáforas, Reisfield y Wilson también señalan que pueden tener efectos positivos para algunas pacientes. Volveremos sobre este punto en relación con éstas y otras metáforas en el transcurso del capítulo.
La metáfora y la “experiencia vivida” de la enfermedad por los pacientes
Varios estudios han investigado el uso de la metáfora por parte de los pacientes, y en particular de las personas que han recibido tratamiento contra el cáncer. Gibbs y Franks (2002) y Appleton y Flynn (2014) adoptan distintos enfoques sobre las metáforas en la vida de los pacientes tras el tratamiento contra el cáncer. Gibbs y Frank estudiaron las metáforas utilizadas en las entrevistas con seis mujeres que habían sobrevivido a un cáncer, mientras que Appleton y Flynn analizaron los debates de grupos de discusión con 18 personas que habían recibido tratamiento contra el cáncer recientemente. Ambos estudios hacen hincapié en las múltiples funciones que pueden tener las metáforas en la experiencia de la enfermedad, entre ellas: expresar emociones, dar sentido a la enfermedad como parte de la propia vida, gestionar un nuevo sentido del yo y planificar el futuro. Gibbs y Franks (2002) observan cómo todos los entrevistados utilizan metáforas muy convencionales que se basan en experiencias corporales ordinarias. Entre ellas se incluyen, por ejemplo, que el cáncer es un obstáculo en el viaje de la vida (“me llevó a una especie de… borde del abismo”), que el cáncer es un fluido dentro del contenedor del yo (“fue como si me acabaran de quitar el tapón y me quedara vacía”), que el cáncer y su tratamiento son un juego (“una opción era no hacer nada y simplemente vivir con las probabilidades”) y que el cáncer aclara la visión y permite una nueva comprensión (“me permitió ver la vida de una forma diferente”). Estas metáforas permiten integrar la experiencia del cáncer en la vida de las personas, dándole sentido y destacando el potencial de la experiencia para estimular el crecimiento intelectual y emocional. Appleton y Flynn señalan cómo los participantes tuvieron diferentes respuestas a expresiones metafóricas comunes como “viaje” o “superviviente” del cáncer, pero también destacan que las metáforas parecían ser sistemáticamente fundamentales en la forma en que los participantes gestionaban sus emociones e identidades durante y después del tratamiento oncológico. Concluyen que una cuidadosa atención al uso de metáforas por parte de los pacientes “puede ayudar a las enfermeras y a otros profesionales sanitarios a lograr intercambios más claros y significativos a la hora de planificar las intervenciones asistenciales” (Appleton y Flynn 2014: 381).
También se ha demostrado que la metáfora desempeña un papel importante en la transmisión de la experiencia de los síntomas físicos, y en particular del dolor, para los pacientes. Más concretamente, las sensaciones de dolor se expresan a menudo en términos de referencias a causas de daños en el cuerpo, como en “un dolor punzante” y “un dolor de cabeza punzante” (por ejemplo, Schott 2004). Esto da lugar a metonimia cuando el dolor está causado de hecho por ese tipo concreto de daño en el cuerpo (por ejemplo, un “dolor ardiente” causado por el contacto con una llama), o a metáfora cuando no se aplica esa causa concreta de daño físico (por ejemplo, un “dolor ardiente” sentido en el estómago sin contacto con ninguna llama) (Lascaratou 2007; Kövecses 2008; Semino 2010). Loftus (2011) habla de las metáforas no sólo como una forma de expresar cómo se siente el propio dolor, sino también como una forma de entenderlo y de afrontarlo. Analiza en particular la metáfora de que el cuerpo es una máquina, que, según argumenta, es fundamental en la atención médica occidental. Cuando se aplica al dolor agudo, argumenta Loftus, esta metáfora podría considerarse adecuada: un dolor de muelas implica una “avería” que puede ser “arreglada” por un dentista, con la consiguiente desaparición del dolor. Sin embargo, esta metáfora no da cuenta adecuadamente del dolor crónico, en el que nada puede describirse de forma realista como ‘roto’ y, por tanto, no puede ‘arreglarse’. Sin embargo, al enmarcar su experiencia de este modo, los pacientes con dolor crónico pueden “verse arrastrados fácilmente a la espiral descendente de la búsqueda de un arreglo técnico que creen que debe existir y que deben tener” (Loftus 2011: 220), lo que provoca frustración y decepción. En estos casos, sostiene Loftus, hay pruebas de que los pacientes se benefician de que se les anime a ver su dolor en términos de diferentes metáforas, como la vida es un viaje o el dolor es una molestia, que facilitan la aceptación del dolor como parte de la propia vida y la búsqueda de formas de vivir con él.
La metáfora y los distintos grupos de interesados en la atención médica
Varios estudios han investigado las diferencias en el uso de la metáfora por parte de miembros de distintos grupos de partes interesadas en la atención médica. Skelton et al. (2002) construyeron un corpus de 373 consultas de medicina general del Reino Unido e identificaron casos de uso de metáforas mediante la búsqueda de una variedad de lo que Goatly (1997) denomina “expresiones de señalización”, incluidos comparadores (por ejemplo, “como”, “como si”) y verbos seleccionados (por ejemplo, “sentir”, “mirar”, “parecerse”). Se observó que tanto los médicos como los pacientes hablaban de las enfermedades utilizando metáforas relacionadas con la guerra (por ejemplo, ‘batalla’ y ‘ataque’). Sin embargo, los médicos tendían a utilizar más metáforas relacionadas con la maquinaria como herramientas explicativas y hablaban de sí mismos como “solucionadores de problemas” y “controladores de enfermedades”. Por el contrario, los pacientes utilizaron principalmente metáforas para describir sus síntomas y estados emocionales/psicológicos. Los autores sugieren que esta diferencia puede no ser mala, ya que refleja cómo los médicos reinterpretan las descripciones individuales de los pacientes como relatos de algo familiar y comprensible. Esto permite a los médicos presentarse como autoritarios, lo que los pacientes pueden encontrar tranquilizador.
Demmen et al. (2015) utilizaron la herramienta de anotación semántica del programa informático Wmatrix (Rayson 2008) para estudiar el uso de metáforas relacionadas con la violencia en un corpus de 1,5 millones de palabras compuesto por entrevistas y mensajes en foros en línea de miembros de tres grupos interesados en la atención oncológica y los cuidados al final de la vida: personas con cáncer avanzado, familiares cuidadores de un ser querido con cáncer y profesionales médicos (véase ucrel.lancs.ac.uk/melc/). Se observó que el uso de metáforas entre los tres grupos variaba tanto en términos de selección y función de las metáforas de la Violencia como en la frecuencia de uso. Los profesionales médicos utilizan las metáforas de la Violencia con menos frecuencia que los otros dos grupos, lo que posiblemente refleja una toma de conciencia de las deficiencias de estas metáforas. Además, los miembros de cada grupo utilizan estas metáforas para expresar sus diferentes perspectivas en la experiencia del cáncer y el final de la vida. Por ejemplo, los pacientes utilizan el verbo “golpear” metafóricamente para describir los efectos del tratamiento contra el cáncer (por ejemplo, “Me golpearon con radiación durante 10 días”), mientras que los cuidadores lo utilizan para describir su experiencia del duelo tras la muerte de su ser querido (“Ahora el duelo me golpea todos los días”). Estos hallazgos sugieren diferencias en los puntos de vista, los retos y las necesidades, que deben tenerse en cuenta en el contexto de la atención médica.
Intervenciones basadas en la metáfora en la atención médica
La mayoría de los estudios sobre la metáfora en el contexto de la enfermedad física reflexionan sobre las implicaciones de sus hallazgos para la experiencia de los pacientes y para la formación y la práctica en la comunicación médica. En particular, los profesionales sanitarios hacen hincapié en la necesidad de que médicos y enfermeros sean sensibles a sus propios usos de la metáfora y a los de sus pacientes, con el fin de evitar metáforas potencialmente dañinas y, de forma más positiva, utilizar las metáforas como herramientas para contribuir al bienestar y a la comprensión mutua. Algunos de los estudios que hemos comentado anteriormente también hacen sugerencias específicas sobre cambios en el uso de metáforas que beneficiarían a los pacientes, como en el caso de la metáfora de Hanne y Hawken (2007) sobre la “conducción de automóviles” y la discusión de Loftus (2011) sobre experimentos que implican la introducción de nuevas metáforas sobre el dolor crónico en beneficio de los enfermos.
Un estudio de Hauser y Schwartz (2015) ha confirmado de forma más específica cómo las metáforas pueden afectar al comportamiento de las personas en relación con la salud y la enfermedad. En una serie de experimentos, se demostró que el encuadre metafórico del cáncer como un enemigo reducía la intención de las personas de atraer conductas de prevención autolimitantes (por ejemplo, no fumar) mientras que no aumentaba la intención de atraer conductas de prevención autolimitantes (por ejemplo, hacer ejercicio con regularidad). Esto confirma que las metáforas pueden utilizarse potencialmente para explicar y fomentar comportamientos que pueden tener efectos positivos en la salud y la esperanza de vida de las personas. Los estudios que comentamos en el resto de esta sección ofrecen más ejemplos concretos de cómo las metáforas pueden utilizarse o se han utilizado en entornos médicos con distintos fines.
Krieger et al. (2010) estudiaron cómo las metáforas que utilizan los médicos para explicar la idea de la aleatorización en los ensayos clínicos pueden influir en la decisión de los pacientes de participar en dichos ensayos. Consideraron dos metáforas para explicar el papel del azar en los ensayos clínicos: la metáfora estándar que compara las posibilidades de la persona de ser asignada al grupo clínico o de control con el lanzamiento de una moneda, y una metáfora “derivada culturalmente” que compara el papel del azar en los ensayos con tener un niño o una niña cuando se está embarazada. Descubrieron que cuando se explicaba la aleatorización utilizando la metáfora del “sexo del bebé” en condiciones de poca atención, más personas estaban dispuestas a inscribirse en ensayos clínicos que si simplemente se definía o explicaba la aleatorización utilizando metáforas estándar del azar, como la metáfora de “lanzar una moneda al aire”. Para las mujeres mayores con un trasfondo cultural de fuertes valores familiares (el grupo objetivo), la metáfora del ‘sexo del bebé’ fue más eficaz porque ambos resultados se perciben no sólo como igualmente probables, sino también como igualmente bienvenidos, en las comunidades a las que pertenecían las participantes. Sin embargo, la metáfora estándar de “lanzar una moneda al aire” podría sugerir que existe la misma probabilidad de que el tratamiento en sí no sea útil. Aanand et al. (2011) compararon de forma similar dos intervenciones educativas destinadas a explicar a los pacientes diabéticos la importancia de tres marcadores metabólicos: el nivel de azúcar, la presión arterial y el colesterol. Se comprobó que una intervención que incluía el uso de una metáfora de “previsión meteorológica” aumentaba sustancialmente la comprensión y el posterior recuerdo de la información sobre los tres marcadores y su importancia.
La relevancia potencial del uso de metáforas por parte de los pacientes en el diagnóstico se pone de manifiesto en el análisis de Schwabe et al. (2008) de una serie de estudios interdisciplinares de consultas médico-paciente sobre convulsiones, realizados en Alemania. La distinción entre las crisis de origen epiléptico y las que no lo son es crucial, ya que tiene implicaciones para el tratamiento: las crisis epilépticas se tratan con fármacos, mientras que las no epilépticas suelen responder a intervenciones psicoterapéuticas. Sin embargo, las dos afecciones suelen tener manifestaciones físicas similares y sólo pueden distinguirse a partir de las descripciones que los propios pacientes hacen de su historia y experiencia. Schwabe et al. descubrieron que, entre otras cosas, los pacientes con crisis epilépticas tendían a utilizar descripciones metafóricas coherentes de sus experiencias, “siguiendo un único concepto metafórico a lo largo de toda la consulta” (Schwabe et al. 2008: 65), como “la crisis como una entidad agresiva con voluntad propia”. Por el contrario, los pacientes con crisis no epilépticas fueron menos coherentes en su uso de metáforas.
Un último tipo prometedor de intervención basada en metáforas en la atención médica física tiene como objetivo fomentar el bienestar de los pacientes y sus familias, y facilitar la comunicación con los profesionales médicos. Gallagher et al. (2013), por ejemplo, descubrieron que el suministro de materiales educativos basados en la metáfora ayudaba a las personas con dolor crónico a reconceptualizar su dolor de forma que se redujeran los “procesos de pensamiento catastrófico”, que están relacionados con el aumento de la experiencia del dolor, la preocupación por los síntomas, el uso de analgésicos, etc.. En el contexto de los cuidados al final de la vida, algunos autores hablan del uso de metáforas como una de las “herramientas de atracción” para establecer cuáles son las preocupaciones más importantes de los pacientes y sus familias, lo que es especialmente importante cuando el tiempo apremia. En sus debates sobre la enfermedad grave, la muerte y los cuidados al final de la vida con los pacientes y sus familiares, Taylor y McLaughlin utilizan la metáfora del “río de la vida con cascada”. Este escenario se basa en cierta medida en la metáfora convencional de que la vida es un viaje, pero es algo más específico para dar cuenta de lo que ocurre cuando alguien recibe un diagnóstico terminal:
“Un diagnóstico grave o una recaída le hacen caer por el borde de una cascada a un remolino. Usted se cae de la barca, pierde los remos y casi se ahoga. Sin embargo, vuelve a subir a su barca y encuentra sus remos y quizás otras personas están ahora en su barca con usted. Otros le observan con interés en el camino de sirga. Inevitablemente se producirá otra crisis y la barca pasará por encima de otra cascada y el ciclo se repite.”
Taylor y McLaughlin señalan que el escenario tiene una serie de implicaciones potenciales positivas (por ejemplo, el paisaje en el nuevo tramo del río puede ser diferente, pero igual de hermoso que antes), que pueden ayudar a las personas a aceptar una enfermedad grave y su propia mortalidad.
Cuestiones críticas, debates y controversias
Las principales áreas de controversia en relación con la metáfora y la enfermedad física son: (i) un debate mayoritariamente histórico sobre si las metáforas de la enfermedad deberían utilizarse en absoluto y (ii) un debate muy actual sobre si algunas metáforas deberían eliminarse y otras promoverse.
En su famoso ensayo de 1979, Sontag abogaba y esperaba un futuro en el que la comunicación en torno a la enfermedad pudiera ser totalmente no metafórica. Consideraba la metáfora como un medio para la ofuscación y la vaguedad en los casos en los que la profesión médica aún no tenía clara una enfermedad concreta, y hacía hincapié en las consecuencias negativas de las metáforas dominantes para los pacientes en particular. En la actualidad, esta postura se considera poco realista e innecesariamente negativa. En primer lugar, ahora se acepta ampliamente, incluso entre los investigadores y profesionales médicos y sanitarios, que la metáfora es un aspecto omnipresente e importante del lenguaje y el pensamiento, que no puede erradicarse. En segundo lugar, Sontag se centra en el potencial de las metáforas para tener consecuencias negativas, pero ignora las múltiples formas en que las metáforas pueden tener funciones y efectos positivos en la comunicación sanitaria, como se ha demostrado a lo largo de este capítulo (por ejemplo, Czechmeister 1994; Reisfield y Wilson 2004; Hanne y Hawken 2007; Loftus 2011). Czechmeister (1994), en particular, describe la metáfora como un “arma de doble filo”, que puede ser un “recurso rico” o una “carga potencial”, dependiendo de cómo se utilice (1231). Esto desplaza la atención hacia cómo garantizar que las metáforas constituyan efectivamente un “recurso rico” para todos los implicados en la atención médica.
De hecho, cuando Sontag retomó su argumento original, reconoció que la metáfora no puede evitarse por completo, pero añadió: “eso no significa que no haya algunas metáforas de las que bien podríamos abstenernos o tratar de retirar” (1989/1991: 93). También reitera su tesis de que “las metáforas militares contribuyen a la estigmatización de ciertas enfermedades y, por extensión, de los enfermos” (99). Esta observación está relacionada con el segundo ámbito de debate: si algunas metáforas, como las militares, tienen consecuencias abrumadoramente negativas, especialmente para los pacientes, y por tanto deben evitarse.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Las metáforas de la enfermedad relacionadas con la violencia han sido objeto de críticas periódicas y sistemáticas en las décadas transcurridas desde la publicación de los ensayos de Sontag. Tras discrepar del planteamiento general de Sontag sobre la metáfora, Gwyn (1999), por ejemplo, coincide con la acusación de la metáfora militar:
“En su errónea exageración, la metáfora militar nos proporciona a todos (y los medios de comunicación de masas en particular prosperan con ello) un mal identificable que se transfiere con demasiada facilidad a las propias personas que son objeto de las enfermedades.”
Miller (2010) critica la palabra “agresivo” como término utilizado en oncología, sugiriendo que, aunque es un término técnico para los profesionales médicos, puede asustar innecesariamente a los pacientes. Del mismo modo, sugiere que las metáforas militares en general son un aspecto del lenguaje relacionado con el cáncer que desagrada a algunos pacientes. Kate Granger, una consultora médica del Reino Unido que falleció de cáncer en 2016, escribió repetidamente en los medios de comunicación en contra del uso de metáforas como “lucha” y “batalla” para referirse a la experiencia de las personas en su situación:
“”Ella perdió su valiente lucha”. Si alguien murmura esas palabras después de mi muerte, esté donde esté, le maldeciré. Me gustaría que me recordaran por el impacto positivo que he tenido en el mundo, por los momentos divertidos y por mis relaciones con los demás, no como una perdedora. Cuando muera, habré desafiado el pronóstico de mi tipo de cáncer y habré logrado mucho con mi vida. No quiero sentirme fracasada por algo que escapa a mi control. Me niego a creer que mi muerte se deba a que no luché lo suficiente.”
Semino et al. (2014) descubrieron que los directores de hospicios del Reino Unido utilizan “luchar” y “batallar” metafóricamente para describir una forma de abordar la fase terminal de la enfermedad que conduce a una muerte “mala”. Lisa Bonchek-Adams, que escribía regularmente en Internet sobre su experiencia de cáncer de mama progresivo, recibió críticas similares en el periódico británico The Guardian y en el New York Times por un enfoque de su enfermedad que se describió como excesiva e inapropiadamente bélico. Aunque las metáforas bélicas sobre el cáncer en particular parecen seguir utilizándose habitualmente en los medios de comunicación y las campañas benéficas del Reino Unido, la toma de conciencia de los defectos de estas metáforas ha influido en la redacción de recientes documentos políticos del Sistema Nacional de Salud británico. La Estrategia de Reforma del Cáncer del NHS (2007), por ejemplo, no contiene ningún caso de las expresiones “batalla” y “guerra”, y habla en su lugar de un “viaje” metafórico del cáncer, con “vías” clínicas de atención (véase también Reisfield y Wilson 2004).
Sin embargo, el principal peligro de estas voces críticas es que pueden marginar y, potencialmente, silenciar a quienes encuentran motivadoras o útiles las metáforas relacionadas con la guerra. Reisfield y Wilson (2004: 4025) comentan el caso de un historiador de la Segunda Guerra Mundial para quien fue “habilitador” abordar la experiencia del cáncer de próstata metastásico como una guerra personal. Del mismo modo, en una charla TED de 2013 titulada “Necesitamos una narrativa heroica para la muerte”, la periodista estadounidense Amanda Bennett reivindica con orgullo el derecho a haber interpretado el cáncer de su marido como una lucha conjunta y estimulante, hasta su muerte final (ted.com/talks/amanda_bennett_a_heroic_narrative_for_letting_go). De hecho, existe un consenso emergente en la literatura sobre la metáfora y la enfermedad sobre la necesidad de reconocer la variación individual a la hora de responder e introducir metáforas cuando se interactúa con los pacientes (por ejemplo, Czechmeister 1994; Reisfield y Wilson 2004; Loftus 2011; Appleton y Flynn 2014). Gwyn (1999) subraya más concretamente la necesidad de dar a los pacientes con enfermedades crónicas la oportunidad de utilizar metáforas que se inspiren en ámbitos de la vida que sean significativos para ellos. En una redacción del Times de 2014, la periodista hace especial hincapié en este punto al hablar de su experiencia como tetrapléjica: “Se nos debe permitir considerar nuestra aflicción como queramos: controlarla con nuestras propias palabras. Después de todo, es exclusivamente nuestra”.
Como en un restaurante, el Menú ofrece una variedad de opciones: a cada persona le parecerán más o menos atractivas unas metáforas u otras, pero no hay que juzgar por preferir una opción a otra. Lo ideal es que cada persona encuentre algo que pueda validar un sentimiento o un punto de vista que ya tiene, articular algo que no ha podido expresar antes o proporcionar una perspectiva nueva y útil.
Recomendaciones para la práctica y orientaciones futuras
La bibliografía que hemos revisado y la investigación específica de la que hemos informado sugieren que las metáforas pueden hacer tanto daño como bien en la comunicación en torno a la enfermedad física. Por lo tanto, los miembros de todos los grupos interesados en la atención médica deberían centrarse en cómo aprovechar la metáfora como un recurso útil, en lugar de esforzarse por erradicarla o intentar censurar algunas metáforas e imponer otras. Alcanzar este objetivo implica una conciencia aguda del lenguaje y el pensamiento metafóricos, especialmente por parte de los profesionales médicos, y prestar atención a las implicaciones de las distintas metáforas, tanto para el público en general como para los pacientes individuales. Dado que los individuos pueden relacionarse y reaccionar a las metáforas de forma diferente, puede ser necesaria una variedad de estrategias dependiendo del contexto de la comunicación. Por ejemplo, la decisión de evitar las metáforas relacionadas con la guerra en los documentos políticos está claramente justificada, y a los profesionales médicos no les convendría introducir estas metáforas en las interacciones con los pacientes. Por otro lado, cuando dichas metáforas son utilizadas positivamente por los pacientes, deberían aceptarse como una de las muchas formas en que los individuos pueden decidir abordar su enfermedad. En general, lo que se requiere es: atención al uso del lenguaje propio y ajeno; receptividad a los sentimientos y puntos de vista expresados por las diferentes elecciones lingüísticas; aceptación y tolerancia de la variación individual; y creatividad a la hora de idear formas de aprovechar el potencial de la metáfora como recurso para la expresión individual, la explicación, la creación de sentido, etc.
📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Los estudios y aplicaciones futuros podrían incluir:
- una mayor investigación sistemática sobre las metáforas utilizadas para diferentes tipos de enfermedades, en diferentes países y lenguas, por diferentes grupos de interesados y en diferentes tipos de comunicación, como por ejemplo: estudios de metáforas en documentos políticos y campañas benéficas, y estudios comparativos de metáforas utilizadas por pacientes que padecen la misma enfermedad pero difieren en edad, sexo y estadio de la enfermedad;
- un mayor uso de los resultados de la investigación y de ejemplos auténticos en la formación de los profesionales médicos;
- creación de recursos que pongan a disposición de los pacientes y de los miembros de los distintos grupos interesados una gama de metáforas diferentes
Revisor de hechos: Cox
Analogía y Metáfora en Economía
En inglés: Analogy and Metaphor in economics. Véase también acerca de un concepto similar a Metáfora en economía.
Introducción a: Analogía y metáfora en este contexto
Decimos que algo A es análogo a algo B si, en algún aspecto relevante, A es similar pero no idéntico a B. Este tema puede ser de interés para los economistas profesionales. Esta es la relación básica de la que depende el uso de la analogía en diversos tipos de razonamiento. Hablamos de razonamiento por analogía cuando sobre la base de alguna similitud que discernimos entre dos cosas o procesos o propiedades, o lo que se quiera, inferimos alguna otra similitud. El razonamiento por analogía es un caso especial del razonamiento inductivo, ya que debemos tener cuidado con la posibilidad de que las otras similitudes que se presuponen en nuestra inferencia no se den realmente. Como toda inferencia inductiva, el razonamiento por analogía va de lo conocido a lo desconocido. Es evidente, pues, que el razonamiento analógico no es demostrativo ni deductivo. Este texto tratará de equilibrar importantes preocupaciones teóricas con debates empíricos clave para ofrecer una visión general de este importante tema sobre: Metáfora. Para tener una panorámica de la investigación contemporánea, puede interesar asimismo los textos sobre economía conductual, economía experimental, teoría de juegos, microeconometría, crecimiento económico, macroeconometría, y economía monetaria.
Datos verificados por: Sam.
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