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Pesimismo

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Pesimismo

Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Pesimismo y Libre Albedrío

Para que uno sea verdaderamente o en última instancia responsable de cómo es, de tal manera que pueda ser verdaderamente responsable moralmente de lo que hace, tiene que ser cierto algo imposible: tiene que haber, y no puede haber, un punto de partida en la serie de actos que hacen que uno tenga una determinada naturaleza, un punto de partida que constituya un acto de auto-origen último.

Hay una forma más concisa de plantear la cuestión: para ser verdaderamente responsable moralmente de lo que uno hace, parece que uno tendría que ser la causa u origen último de sí mismo, o al menos de alguna parte crucial de su naturaleza mental. Uno tendría que ser causa sui, en la antigua terminología. Pero nada puede ser verdadera o finalmente causa sui en ningún aspecto. Incluso si se permite que la propiedad de ser causa sui pertenezca (ininteligiblemente) a Dios, no se puede suponer plausiblemente que la posean los seres humanos finitos ordinarios. La causa sui es la mejor autocontradicción que se ha concebido hasta ahora”, como señaló Nietzsche en Más allá del bien y del mal:

“es una especie de violación y perversión de la lógica. Pero el extravagante orgullo del hombre ha conseguido enredarse profunda y espantosamente precisamente con este sinsentido. El deseo de la “libertad de la voluntad” en el sentido metafísico superlativo, que aún prevalece, por desgracia, en las mentes de los semidesconocidos; el deseo de cargar uno mismo con la responsabilidad total y última de sus actos, y de absolver a Dios, al mundo, a los antepasados, al azar y a la sociedad, implica nada menos que ser precisamente esta causa sui y, con más audacia que el barón de Münchhausen, subirse a la existencia por los pelos, desde los pantanos de la nada.” (Traducción mejorable)

De hecho, casi todos los que creen en el libre albedrío fuerte lo hacen sin pensar conscientemente que éste requiere una auto-originación última. Sin embargo, esto es lo único que podría fundamentar realmente el tipo de libre albedrío fuerte en el que se cree habitualmente, y parece que una de las formas en las que se manifiesta la creencia en el libre albedrío fuerte es en la creencia muy vaga y (necesariamente) no examinada que tienen muchos de que son de alguna manera u otra radicalmente responsables de su naturaleza mental general, o al menos de ciertos aspectos cruciales de la misma. “Libre albedrío” es el nombre convencional de un tema (véase más) que se discute mejor sin referencia a la voluntad.

El argumento de los pesimistas puede parecer artificioso, pero esencialmente el mismo argumento puede darse de una forma más natural como sigue.

  • Es innegable que uno es como es, inicialmente, como resultado de la herencia y la experiencia temprana.
  • Es innegable que se trata de cosas de las que no se puede responsabilizar de ninguna manera (esto podría no ser cierto si existiera la reencarnación, pero la reencarnación sólo desplazaría el problema hacia atrás).
  • Uno no puede, en ninguna etapa posterior de su vida, esperar acceder a la responsabilidad verdadera o última por la forma en que uno es, tratando de cambiar la forma en que uno ya es como resultado de su herencia y experiencia previa.
  • Porque uno puede intentar cambiarse a sí mismo, pero tanto la forma concreta en la que uno se siente movido a intentar cambiarse a sí mismo, como el grado de éxito en su intento de cambio, estarán determinados por cómo uno ya es como resultado de la herencia y la experiencia previa.
  • Y cualquier otro cambio que uno pueda realizar sólo después de haber provocado ciertos cambios iniciales estará a su vez determinado, a través de los cambios iniciales, por la herencia y la experiencia previa.
  • Puede que esto no sea todo, ya que es posible que algunos cambios en la forma de ser de una persona se deban a la influencia de factores indeterministas o aleatorios.
  • Pero es una tontería suponer que los factores indeterministas o aleatorios, de los que uno no es responsable ex hypothesi, puedan contribuir por sí mismos a que uno sea verdadera o finalmente responsable de cómo es.

La afirmación, pues, no es que las personas no puedan cambiar su forma de ser. Sí pueden, en ciertos aspectos (que tienden a ser exagerados por los norteamericanos y subestimados, quizás, por los miembros de muchas otras culturas). La afirmación es sólo que no se puede suponer que las personas se cambien a sí mismas de forma que sean o se conviertan en verdaderas o últimas responsables de su forma de ser y, por tanto, de sus acciones. Se puede decir que la forma de ser es, en última instancia, hasta el último detalle, una cuestión de suerte, buena o mala.

Desafíos al pesimismo

La discusión sobre este tema (por ejemplo, en relación al compatibilismo, a la responsabilidad moral y a la teoría incompatibilista) ilustra la dinámica interna del debate sobre el libre albedrío, y explicar por qué es probable que el debate continúe mientras los seres humanos puedan pensar. El punto básico es el siguiente: las poderosas razones lógicas o metafísicas para suponer que no podemos tener un fuerte libre albedrío siguen chocando con razones psicológicas igualmente poderosas por las que no podemos dejar de creer que lo tenemos. Las conclusiones de los pesimistas o de los teóricos de la no-libertad pueden parecer irresistibles durante la discusión filosófica, pero es probable que pierdan su fuerza, y parezcan obviamente irrelevantes para la vida, cuando uno deja de filosofar.

Se han propuesto varias impugnaciones al argumento de los pesimistas, algunas de las cuales parecen apoyarse en la experiencia o “fenomenología” de la elección. Una de las impugnaciones admite que uno no puede ser responsable en última instancia de su naturaleza mental -su carácter, su personalidad o su estructura motivacional-, pero niega que de ello se derive que uno no pueda ser realmente responsable moralmente de lo que hace.

Este desafío tiene al menos dos versiones. Una ya se ha señalado: nos atrae la idea de que nuestra capacidad de deliberación autoconsciente plenamente explícita, en una situación de elección, basta por sí misma para constituirnos como agentes verdaderamente responsables moralmente en el sentido más fuerte posible. La idea es que esa plena conciencia de sí mismo hace de algún modo irrelevante el hecho de que uno no sea ni pueda ser responsable en última instancia de ningún aspecto de su naturaleza mental. Desde este punto de vista, el mero hecho de la presencia autoconsciente de uno en la situación de elección puede conferir una verdadera responsabilidad moral: puede ser innegable que uno está, en el análisis final, totalmente constituido como el tipo de persona que es por factores de los que uno no puede ser de ninguna manera responsable en última instancia; pero la amenaza que este hecho parece plantear a la pretensión de una verdadera responsabilidad moral es simplemente borrada por la conciencia autoconsciente de la propia situación.

Los pesimistas responden: Esto puede describir correctamente una fuerte fuente de creencia en la responsabilidad (moral) última, pero no es un relato de algo que podría constituir la responsabilidad (moral) última. Cuando uno actúa tras una deliberación explícita y autoconsciente, actúa por determinadas razones. Pero qué razones pesan finalmente en uno es una cuestión de la propia naturaleza mental, que es algo de lo que uno no puede ser de ninguna manera responsable en última instancia. Ciertamente, uno puede ser un agente moralmente responsable en el sentido de ser consciente de consideraciones claramente morales cuando actúa. Pero uno no puede ser moralmente responsable de tal manera que en última instancia merezca un castigo o una recompensa por lo que hace.

La convicción de que la conciencia plenamente explícita de la propia situación puede ser un fundamento suficiente de un fuerte libre albedrío es extremadamente poderosa. El argumento de los teóricos de la no-libertad parece mostrar que es erróneo, pero es una convicción que es más profunda que el argumento racional, y sobrevive intacta, en la conducta diaria de la vida, incluso después de que se haya admitido la validez del argumento de los teóricos de la no-libertad.

Otra versión del desafío es la siguiente. La razón por la que uno puede ser verdadera o finalmente (moralmente) responsable de lo que hace es que el propio yo -lo que podríamos llamar el “yo agente”- es, en algún sentido crucial, independiente de la naturaleza mental general de uno (su carácter, personalidad, estructura motivacional, etc.). 62La naturaleza mental de una persona le inclina a hacer una cosa en lugar de otra, pero no le obliga a hacer una cosa en lugar de otra. (La distinción entre inclinación y necesidad proviene de Leibniz (1686. 1704-5). Como agente-yo, uno incorpora un poder de decisión libre que es independiente de todas las particularidades de la propia naturaleza mental, de tal manera que uno puede, después de todo, contar como verdadera y finalmente responsable moralmente en sus decisiones y acciones, aunque no sea responsable en última instancia de ningún aspecto de su naturaleza mental.

Los pesimistas responden: Incluso si se concede la validez de esta concepción del yo-agente en aras del argumento, no puede ayudar a establecer la responsabilidad moral última. Según esta concepción, el yo agente decide a la luz de la naturaleza mental del agente, pero no está determinado por la naturaleza mental del agente. Inmediatamente surge la siguiente pregunta: ¿Por qué el yo-agente decide como lo hace? La respuesta general es clara. Sea lo que sea lo que decida el yo-agente, lo decide así por su forma general de ser; y esta verdad necesaria nos devuelve al punto de partida. Porque, una vez más, parece que el yo-agente debe ser responsable de ser como es, para ser una fuente de responsabilidad verdadera o última. Pero esto es imposible, por las razones dadas en §3: nada puede ser causa sui de la manera requerida. Cualquiera que sea la naturaleza del yo-agente, es en última instancia una cuestión de suerte (o, para los que creen en Dios, una cuestión de gracia). Se puede proponer que el yo-agente decida como lo hace en parte o en su totalidad debido a la presencia de sucesos indeterministas en el proceso de decisión. Pero está claro que los sucesos indeterministas nunca pueden ser una fuente de verdadera responsabilidad (moral).

Algunos creen que el libre albedrío y la responsabilidad moral son, sobre todo, una cuestión de estar gobernado en sus elecciones y acciones por la razón, o por la Razón con mayúscula. Pero la posesión de la propiedad de estar gobernado por la Razón no puede ser un motivo de responsabilidad moral radical tal como se entiende habitualmente. No puede ser una propiedad que haga que el castigo (por ejemplo) sea, en última instancia, justo o equitativo para los que lo poseen, e injusto para los que no lo poseen. ¿Por qué no? Porque ser moralmente responsable, desde este punto de vista, es simplemente poseer un tipo de conjunto motivacional entre otros. Es valorar o responder naturalmente a las consideraciones racionales, que a menudo son consideradas como consideraciones morales por aquellos que proponen este punto de vista. Es tener un conjunto motivacional general que puede ser atractivo, y que puede ser más beneficioso socialmente que muchos otros. Pero no se puede evitar el hecho de que alguien que posee tal conjunto de motivaciones es simplemente afortunado por poseerlo -si es que es algo bueno- mientras que alguien que carece de él es desafortunado.

Esto puede negarse. Se puede decir que algunas personas se esfuerzan por ser más responsables moralmente y hacen un enorme esfuerzo. Su responsabilidad moral no es entonces una cuestión de suerte, sino que es un logro que han conseguido con mucho esfuerzo.

La respuesta de los pesimistas es inmediata. Supongamos que usted es alguien que se esfuerza por ser moralmente responsable, y hace un enorme esfuerzo. Bueno, eso también es cuestión de suerte. Tienes suerte de ser alguien que tiene un carácter que te dispone a hacer ese tipo de esfuerzo. Quien carece de ese carácter es simplemente desafortunado. Kant es un ejemplo famoso de un filósofo que se sintió atraído por la idea de que mostrar el libre albedrío es ser gobernado por la Razón en sus acciones. Pero se dio cuenta del problema que acabamos de describir, e insistió, en una obra posterior (1793: 89), en que “el hombre mismo debe hacerse o haberse hecho a sí mismo lo que, en un sentido moral, sea bueno o malo, vaya a ser. Cualquiera de las dos condiciones debe ser un efecto de su libre elección; de lo contrario, no podría ser considerado responsable de ella y, por tanto, no podría ser moralmente ni bueno ni malo”. Puesto que estaba comprometido con la creencia en la responsabilidad moral última, Kant sostenía que tal autocreación tiene lugar, y escribió en consecuencia sobre “el carácter del hombre, que él mismo crea” (1788: 101), y sobre “el conocimiento [que uno tiene] de sí mismo como persona que… es su propio originador” (1793: 213). Aquí hizo la demanda de autocreación que es natural para alguien que cree en la responsabilidad moral última y que piensa en lo que se requiere para ello.

Al final, la suerte se lo traga todo. Esta es una forma de plantear que no puede haber responsabilidad última, dada la concepción natural y fuerte de la responsabilidad que se caracterizó al principio de §4. En relación con esa concepción, ningún castigo o recompensa es en última instancia justo o equitativo, por muy natural o útil o humanamente apropiado que pueda ser o parecer.

Los hechos son claros y se conocen desde hace mucho tiempo. En lo que respecta a la metafísica del libre albedrío, la observación de André Gide es acertada: “Todo se ha dicho antes, pero como nadie escucha tenemos que volver atrás y empezar de nuevo”. Parece que la única libertad que podemos tener es la libertad compatibilista. Si -ya que- eso no es suficiente para la responsabilidad final, no podemos tener responsabilidad final. La única alternativa a esta conclusión es apelar a Dios y al misterio – esto para respaldar la afirmación de que algo que parece ser probadamente imposible no sólo es posible sino real.

El debate continúa; algunos han pensado que la filosofía debería seguir adelante. Hay pocas razones para esperar que lo haga, ya que cada nueva generación surge cargando con filósofos atenazados por la convicción de que pueden tener la responsabilidad última. ¿Sería bueno que la filosofía avanzara, o que tuviéramos la cabeza más clara de lo que la tenemos sobre el tema del libre albedrío? Es difícil decirlo.

Pesimismo en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]

Pesimismo psicológico-moral y pesimismo filosófico

Etimológicamente derivado del superlativo latino pessimus (muy malo, el peor), pesimismo se contrapone a optimismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Entre las Líneas En su significación usual, pesimismo se suele considerar desde un punto de vista psicológico-moral, como una disposición anímica o un estado de ánimo en virtud de los cuales el sujeto percibe sub ratione mal¡ (bajo la razón de mal) todos los fenómenos que le rodean.Entre las Líneas En este sentido, el pesimismo es contrario a la virtud de la esperanza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y al optimismo psicológico correspondiente, que se manifiestan, pesimismo ej., en la alegría (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y otras virtudes o actitudes anímicas como la fortaleza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la audacia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) e incluso la misma humildad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Estas virtudes, humanas y sobrenaturales, que tienen su fundamento en la misma libertad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y responsabilidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) humanas y en la realidad de la filiación divina (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), son opuestas al p., el cual como disposición psicológica o estado de ánimo sería un vicio, emparentado con la desesperanza, e incluso con formas de soberbia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y hasta de vanidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

En un sentido filosófico técnico, que es el que trataremos aquí, el pesimismo es un modo de concebir la realidad, una Weltanschauung, según la cual el ser se identifica con el mal. El pesimismo no descubre que el ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) tiene razón de bien (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (ens et bonum convertuntur), y piensa que en la raíz última del ser se halla el mal. De ahí la íntima ligazón que tiene el pesimismo con el problema del mal (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), hasta el punto que puede afirmarse que el pesimismo ha surgido como un intento, fallido, de adoptar una solución al mismo. Aunque el pesimismo como postura filosófica es antiguo, el término como tal es de moderna factura; se atribuye a Coleridge (1772-1834) la creación del mismo. E igualmente, pese a los numerosos antecedentes que pueden encontrarse en la historia del pensamiento, el pesimismo en cuanto teoría sistematizada es un producto del siglo XIX. Cierto es que con anterioridad, según se verá, habían existido concepciones pesimistas con relación a algunos aspectos de lo real; pero únicamente en el citado siglo se intentará construir el pesimismo como un sistema metafísico que pretenderá dar una explicación del mundo y de la vida prescindiendo de la creación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

El pesimismo como doctrina filosófica o ideología puede fácilmente producir el pesimismo psicológico, una actitud anímica amarga ante la vida y ante la realidad. Pueden distinguirse diversos tipos o formas de pesimismo ideológico.Entre las Líneas En efecto, dado que la esencia del mismo es la identificación del ser con el mal, y dado que el ser se puede considerar de diversas maneras, en principio se podrían establecer tantos tipos de pesimismo como tipos de ser.

Aviso

No obstante, las formas de pesimismo que históricamente han tenido importancia se pueden reducir a tres, de acuerdo con los tres sentidos que se han dado a ese ser que se identifica con el mal:

  • el pesimismo metafísico, en el que ser es considerado como ser en cuanto tal, el ser en toda su plenitud y extensión;
  • el pesimismo antropológico, en el que ser se toma como ser humano;
  • el pesimismo social, en el que ser alcanza la significación de ser social, de sociedad.

Cualquier forma que históricamente ha adoptado el pesimismo puede, sin dificultad, reducirse a una de estas tres.

Pesimismo metafísico

Para él, el ser en cuanto ser se identificaría con el mal. El fundamento último de todo lo real sería el mal. El bonum, como propiedad trascendental (véase en esta plataforma: TRASCENDENTALES), es sustituido por el malum. Podría verse un precedente de este tipo de pesimismo en las doctrinas del cirenaico Hegesias (véase en esta plataforma: SOCRÁTICOS), para quien el deseo de placer es el motor último de toda la actividad humana y dado que este deseo, por su propia naturaleza, es insaciable e inextinguible, llega a la consecuencia de que el dolor, el mal, prevalece sobre el placer, el bien.

No obstante, el pesimismo metafísico es un producto del siglo XIX.

A. Schopenhauer

Como creador, sistematizador y culminador de este tipo de pesimismo hay que considerar a A. Schopenhauer (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Sus restantes defensores no fueron otra cosa que continuadores de las doctrinas schopenhauerianas, desarrolladas fundamentalmente en Die Welt als Wille und Vorstellung (El mundo como voluntad y representación), über den Willen in der Natur (Sobre la voluntad y la naturaleza) y Parerga und Paralipomena (Parerga y Paralipomena). La identificación del nóumeno kantiano con la voluntad, entendida como deseo y no como decisión deliberada, es lo que llevó a Schopenhauer a su pesimismo La Voluntad universal, deseo ciego, es considerada raíz prístina del ser; inconsciente en sí misma, se haría consciente en el hombre, en cuanto éste sería una pura manifestación fenoménica de ella. El hombre sería, por tanto, deseo y tendencia.Si, Pero: Pero el ser deseo y tendencia implica necesariamente el dolor, ya que toda tendencia y todo deseo, en cuanto constitutivos últimos de un ser, no pueden satisfacerse, pues su satisfacción llevaría consigo su extinción y, en consecuencia, la destrucción de dicho ser. La vida sería, pues, un deseo constante e insatisfecho; y esto es el dolor; dolor (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y existencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se identificarían. El hombre aspira a superar el dolor v ascender al placer; pero esta ascensión es tan irrealizable como la subida de la roca por Sísifo. Sólo en la extinción del deseo consciente puede paliarse el dolor; la pérdida de la individualidad y de la conciencia es el único camino que Schopenhauer propone al hombre para su liberación. De ahí el aprecio que tuvo por el pensamiento budista y la exaltación del nirvana (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como estado ideal al que el ser humano ha de tender, si quiere salvarse de las cadenas del deseo.

Eduard von Hartmann

Otro pesimista es Eduard von Hartmann, n. en Berlín el 23 feb. 1842 y m. en Berlín el 5 jun. 1906. Su filosofía, contenida de un modo primordial en su obra Philosophie des Unbeuvussten. Versuch einer Weltanschauung (Filosofía de lo Inconsciente. Ensayo de una concepción del mundo), está influida por Schopenhauer, fundamentalmente, y por Hegel (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Schelling (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Del primero tomará la noción de Voluntad, del segundo la de Idea, del tercero la de Absoluto, con lo que construirá los tres pilares básicos de su doctrina. La raíz última de lo real sería un principio absoluto e incondicionado, lo Inconsciente; este principio, activo y creador, se manifiesta según él mediante dos atributos, la Idea y la Voluntad. El mundo que nos rodea sería un producto conjunto de ambos atributos; las cosas deben a la Idea su esencia y a la Voluntad su existir.Entre las Líneas En cuanto la Voluntad, entendida al modo schopenhaueriano como deseo ciego, está en la raíz de lo real, marca el imperio del dolor, pues, por su misma naturaleza, la Voluntad ha de ser un deseo insatisfecho; así la vida humana, en la que el deseo se hace consciente, se desenvuelve en un ambiente de tragedia.Si, Pero: Pero lo real es también manifestación y producto de la Idea, y en esto verá E. Hartmann un principio de esperanza. El mundo es una especie de campo de batalla en la que polemizan Voluntad e Idea; el nacimiento de la conciencia humana representaría, de un lado (tesis), el triunfo del dolor; de otro lado (antítesis), la posibilidad de que la Idea domine a la Voluntad, o, si se quiere, la reflexión al deseo; la síntesis en esta oposición de contrarios consistirá en la aniquilación de la Voluntad gracias a la Idea, en lo que E. Hartmann ve la salvación del hombre.Si, Pero: Pero esta esperanzadora salvación es bien pobre; se cifra en que la conciencia, mediante la reflexión producida por la Idea, lleve al convencimiento de que el deseo es insaciable y el dolor inextinguible en el ámbito del vivir. Sólo en la aniquilación de la existencia humana y en que la Voluntad pierda la individuación realizada en el ser humano puede alcanzarse la liberación del dolor; la salvación se viene a identificar con una especie de suicidio universal. Es difícil distinguir, dentro del pensamiento hartmanniano, qué es más cruel, si su concepción de la existencia como puro dolor o el camino soteriológico que marca.

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También Julius August Bahnsen, n. en Tondern (Schleswig-Holstein) en 1830 y m. en Lauenburg (Pomerania) en 1881, defiende un pesimismo sobre bases hegelianas y schopenhauerianas en diversos escritos y especialmente en Der Widerspruch im Wissem und Wesen der Welt, Prinzip und Einzelbewührung der Realdialektik (La contradicción en el saber y en la esencia del mundo. Principio y prueba singular de la dialéctica real). La última raíz de lo real sería, según él, una Voluntad ciega, que, a lo largo de un devenir de carácter hegeliano, adopta sucesivas manifestaciones, hasta hacerse consciente en el hombre. Sobre bases análogas a las de Schopenhauer, Bahnsen establece la necesidad del dolor.Si, Pero: Pero su pesimismo es superior, incluso, al de su maestro; ya que para Bahnsen el conocimiento es incapaz de llegar a captar la esencia de lo real y el imperio del dolor, de lo que deduce la imposibilidad de alcanzar una vía de salvación.

Análogamente, Philipp Batz, más conocido con el pseudónimo de pesimismo Mainliinder, n. en Offenbach (Main) en 1841 y m. en el mismo lugar en 1876, en su obra fundamental, Die Philosophie der Erldsung (La filosofía de la salvación) sostiene un pesimismo místico-filosófico. En el origen de lo real sitúa una Unidad originaria, Dios; la ruptura y fragmentación de esta unidad, según él, produce, junto a la muerte de Dios, el nacimiento del mundo. El universo es, pues, el producto de un pecado, la muerte de Dios; por ello -dice- en el mundo impera el dolor, la desgracia y el absurdo. La única vía de salvación sería la destrucción de la fragmentación divina que es el mundo; esto es lo que, según él, percibe la conciencia humana, y de ello se deriva el que la única actitud coherente para el hombre sea colaborar en la resurrección de Dios, la Unidad originaria, negándose a perpetuar la vida de la especie y autoaniquilándose mediante el suicidio. Mainlánder, efectivamente, se suicidó.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Finalmente, mencionemos a Paul Deussen, n. en Oberdries (Westerwald) en 1845 y m. en Kiel en 1919, que defendió el pesimismo de Schopenhauer en su obra Die Elemente der Metaphysik sin aportar nada interesante. Intentó entroncar el pesimismo con el pensamiento de las diversas religiones, en especial de la hindú, siendo uno de los primeros que la dio a conocer a Occidente.

Pesimismo antropológico

Es el que identifica el mal con el ser del hombre. La naturaleza humana sería, por esencia, malvada; el hombre se mueve exclusivamente por impulsos egoístas; el altruismo únicamente tendría sentido como una hipócrita manifestación de los mismos. Esta concepción de la naturaleza humana, que, dato curioso, se ha simbolizado en diversas especies animales -el lobo antisocial de Hobbes, el ave de rapiña de O. Spengler, el mono mendaz de T. Lessing-, ha tenido numerosos defensores, entre los que hay que destacar a Hobbes y Spengler.

Para Hobbes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) el hombre es un ser hecho de materia vil que, cuando está en estado de libertad, es el más salvaje de los animales salvajes, movido no sólo por el hambre presente, sino también por el hambre futura. El homo homini lupus sintetiza con toda perfección la concepción que de la naturaleza humana tiene el filósofo inglés. Por ello, dirá, el Estado tiene como misión primordial el coartar esa libertad para hacer posible, no ya la convivencia, sino incluso la propia existencia del ser humano; es así un precedente de las modernas, e inhumanas, concepciones totalitarias del Estado (véase en esta plataforma: TOTALITARISMO; MARXISMO; COMUNISMO; etc.).

Por su parte Spengler (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (Herbívoros y animales de rapiña, en El hombre y la técnica y otros ensayos, Buenos Aires 1947) expondrá un pesimismo que tiene como base la propia estructura zoológica del hombre. «E1 hombre es un animal de rapiña», con estas palabras inicia su estudio. Anatómicamente, el animal de rapiña se caracteriza por dominar en él la mirada, frente al herbívoro, en el que predomina el olfato.Si, Pero: Pero la vista es un sentido de ataque, mientras el olfato es defensivo. El mundo, para el animal de rapiña, es una presa, un botín. El alma del animal de rapiña se afirma «luchando, venciendo y aniquilando» (o. c., 23).

Las diversas formas de pesimismo antropológico, generalmente, tienen como consecuencia un ingenuo «optimismo» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sociológico o social, considerando que la «salvación» está en una rígida y totalitaria organización social, como se ha señalado para el caso de Hobbes. Y frecuentemente, también, dicho pesimismo y su consiguiente totalitarismo proceden de su concepción monista (véase en esta plataforma: MONISMO) de la realidad, en el sentido de considerar la realidad como exclusivamente material (véase en esta plataforma: MATERIALISMO I); minusvaloran, o desprecian, así, al hombre (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y son incapaces de admitir cualquier forma de pluralismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

Pesimismo social

Considera a la sociedad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como un mal para el individuo. La vida social, en lugar de perfeccionar al hombre -cosa ya formulada y hecha tesis tradicional desde Aristóteles (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)- le corrompería. Es una constante dentro de este tipo de pesimismo el contraponer un supuesto «estado de naturaleza», en el que el hombre habría vivido aislado y solitario, al estado de convivencia social.

Iniciado por algunos sofistas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) con su contraposición entre naturaleza y ley, continuado por la escuela cínica de los socráticos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), tiene este pesimismo como uno de sus defensores más conspicuos a Rousseau (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Entre las Líneas En dos de sus escritos, el Discours sur les sciences el les arts y el Discours sur l’origine et les fondemenis de 1’ittégalité parmi les hommes, expone una visión pesimista de las consecuencias de la vida en sociedad, distinguiendo entre el estado de naturaleza y el estado social.Entre las Líneas En el primero, el hombre, originariamente bueno, no habría conocido la hipocresía, la mentira, la desigualdad. La vida en sociedad sería la que ha producido en los hombres la maldad, el egoísmo, la insinceridad, las desigualdades, el afán de riquezas. Por ello propone una reforma de la sociedad, basada en una reforma de la educación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que tendrá como aspiración el volver al predominio de todas las virtudes inherentes al hombre en el estado natural. Emparentadas con el pesimismo social, o propugnadoras del mismo, son ciertas formas del liberalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) más clásico.

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Por último, y con referencia a los tres tipos de pesimismo que han sido analizados, se ha de señalar que, en algunos aspectos de los mismos, se ha producido un renacimiento de gran importancia en ciertas formas del existencialismo contemporáneo (véase en esta plataforma: EXISTENCIALISMO), si bien es muy distinta la fundamentación metafísica que se le ha dado. De un modo especial, el pensamiento de Sartre (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) manifiesta un pesimismo que trasciende en toda su obra; algo análogo podría decirse de algunos otros de los representantes del existencialismo francés, como Simone de Beauvoir (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Albert Camus (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Maurice Merleau-Ponty (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). [rbts name=”filosofia”]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre pesimismo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Teorías metafísicas, Libre albedrío, Determinismo
Libertinaje (metafísica)
Semicompatibilismo
CREACIÓN
OPTIMISMO; BIEN; MAL; SER; HOMBRE; SOCIEDAD.

Bibliografía

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