Reformas del Zar Alejandro II de Rusia
Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Las “grandes reformas” de Alejandro II destacan entre los acontecimientos más significativos de la historia rusa del siglo XIX. Alejandro se hizo conocido como el’ Zar Libertador’ porque abolió la servidumbre en 1861.
Puntualización
Sin embargo, 20 años después fue asesinado por terroristas. ¿Por qué Alejandro introdujo un programa de reformas y por qué no satisfizo al pueblo ruso? Este artículo demostrará que las reformas fueron una respuesta directa a la derrota de Rusia en la Guerra de Crimea. Su objetivo era liberar a la sociedad rusa de algunas de sus prácticas más arcaicas, mejorar la eficacia económica y militar de la guerra y preservar la estructura sociopolítica existente mediante un proceso de modificación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La naturaleza esencialmente conservadora de las reformas de Alejandro es traicionada por la continuidad de la política del reinado de su predecesor Nicolás I (1825-1855).
Puntualización
Sin embargo, este conservadurismo, lejos de garantizar la seguridad de la aristocracia, puso en peligro la estabilidad de Rusia porque dejó un legado de insatisfacción social y política de 50 años a los sucesores de Alejandro.
Autor: Black
Abolición de la servidumbre
Sobre la abolición de la servidumbre en Rusia, véase aquí.
Uniones de zemstvos y ciudades en Ucrania
Organizaciones en el Imperio Ruso establecidas después del estallido de la Primera Guerra Mundial con el propósito de ayudar al ejército ruso con suministros y construcción de carreteras en la zona de guerra y ayudar a los soldados heridos y (a partir de 1915) a los refugiados de guerra. Hasta julio de 1915, la Unión Rusa de Zemstvo (Vserossiiskii zemskii soiuz) y la Unión Rusa de Ciudades (Vserossiiskii soiuz gorodov) actuaron independientemente unas de otras. Luego su trabajo fue coordinado por el Comité Unido de Sindicatos. Cada sindicato tenía su oficina central en Moscú, que representaba una red de comités de condado, gobierno y frente de guerra.Entre las Líneas En Ucrania, la Unión de Ciudades del Frente del Suroeste estaba encabezada por Teodor Shteingel y contaba entre sus empleados a Mykola Biliashivsky, Andrii Viazlov, Dmytro Doroshenko, Ivan Kraskovsky, Volodymyr M. Leontovych, Fedir Matushevsky, Andrii Nikovsky y V. Ulianytsky. La Unión Zemstvo del Frente del Suroeste estaba encabezada por S. Shlykevych. Desde 1916 Symon Petliura fue plenipotenciario de las uniones de zemstvos y ciudades del frente occidental. Subvencionados por el gobierno, los sindicatos ayudaron a la población de Galicia y Bukovyna durante la ocupación rusa, así como a los refugiados de Galicia. Las mujeres ucranianas organizaron varios hospitales (incluso en Petrogrado) para los soldados ucranianos. Cientos de ucranianos trabajaron en los sindicatos y adquirieron habilidades administrativas y de gestión, que más tarde resultaron útiles para la creación de un Estado ucraniano. Los sindicatos zemstvo y municipales de Ucrania continuaron su trabajo de forma modificada bajo la Rada Central y el gobierno de Hetmán (ver Unión de Zemstvos de Ucrania). Hasta junio de 1915 sus oficinas principales estaban en Lviv y luego en Kiev.
Autor: Black
Congreso de los Zemstvos en la Revolución de 1905
Mirski le señaló a Nicolás la necesidad de instaurar la tolerancia religiosa, ampliar la competencia del autogobierno (hablaba de sí mismo como un «hombre de los zemstvos»), limitar el concepto de delito político a los actos terroristas y la incitación al terror, mejorar el trato dispensado a las minorías, moderar la censura y llamar a consultas a los representantes de los zemstvos. Nicolás, cuya educación excluía el desacuerdo explícito, pareció aprobar todo lo que Mirski le había dicho.
La designación de este último para ocupar el cargo administrativo más importante de Rusia gozó de una acogida muy favorable. Como funcionario experimentado y con una amplia base de apoyo popular, Mirski parecía el hombre ideal para resolver la crisis política. Sus principales defectos eran su debilidad de carácter y una falta de decisión en virtud de la cual enviaba señales que inducían a la oposición a creer que el gobierno estaba dispuesto a hacer concesiones más amplias de lo que era realmente su intención.
Mirski se puso de inmediato a trabajar para granjearse el apoyo del público. Abolió los castigos corporales, relajó la censura y devolvió sus cargos a unos cuantos zemtsi prominentes deportados por Pleve. Manifestó asimismo su intención de eliminar las inhabilitaciones que afectaban a los viejos creyentes y mejorar la suerte de los judíos. Suscitó una fuerte impresión con un discurso a los funcionarios del Ministerio del Interior, publicado en la prensa, en el cual decía que la experiencia le había enseñado que el gobierno debía tener una «actitud auténticamente bienintencionada y de confianza hacia las instituciones cívicas y estamentales y hacia la población en general».
Parecía estar naciendo una nueva era. Los zemtsi interpretaron en las observaciones de Mirski una invitación a celebrar un congreso nacional. Habían organizado una reunión de ese tipo en 1902, pero de manera clandestina porque era ilegal. La idea de un congreso público de los zemstvos se planteó a finales de agosto de 1904, inmediatamente después del nombramiento de Mirski, y obtuvo con rapidez la adhesión de los sectores liberal (constitucionalista) y conservador (eslavófilo) del movimiento.Entre las Líneas En un principio, los organizadores pretendieron limitar el orden del día a los asuntos de los zemstvos, pero, enterados de las observaciones de Mirski, llegaron a la conclusión de que el gobierno recibiría con beneplácito sus opiniones sobre los problemas nacionales y, en consecuencia, ampliaron el orden del día para incluirlos. Los zemtsi estimaban esencial institucionalizar los últimos cambios de las políticas gubernamentales; Mirski, después de todo, podía demostrar ser un mero instrumento de las «fuerzas oscuras» —en particular, las camarillas cortesanas— y quedar desplazado tan pronto como hubiera cumplido el objetivo de pacificar el país.Entre las Líneas En palabras de Dmitri Shípov, el más destacado de los zemtsi conservadores, muchos de sus aliados tenían la impresión de que hasta ese momento, la confianza en la sociedad solo había sido la expresión del individuo puesto a la cabeza del Ministerio del Interior […] era necesario que todo el gobierno asimilara el sentido de la confianza de ese único funcionario, le diese una forma legal y lo protegiera con salvaguardias, lo cual impediría que sus cambios de actitud ante la sociedad dependieran de circunstancias tan fortuitas como las modificaciones del personal al frente de los organismos gubernamentales. Se dijo, además, que era apremiante tomar las medidas pertinentes para la existencia de una actividad legislativa y otorgar participación en esta a un cuerpo representativo nacional.
Según estas palabras, se aspiraba a una Constitución y un Parlamento que legislara. Algunos zemtsi conservadores consideraban que esto era ir demasiado lejos, pero, convencidos de que el gobierno quería escuchar todo el abanico de opiniones, aceptaron incluir las propuestas constitucionales en el orden del día del congreso, previsto para comienzos de noviembre.
Cuando tuvo noticia de que los zemtsi estaban organizando un congreso nacional, Mirski no solo lo aprobó, sino que pidió y recibió la bendición del zar para que se celebrara. Con ello obtuvo la impresión errónea de que la asamblea se limitaría —como, en los hechos, se habían previsto originalmente— a tratar los asuntos de los zemstvos; convencido de ello, confundió sin advertirlo al zar. Al tener noticia de la modificación del orden del día, solicitó a Shípov la postergación del congreso por varios meses. Este juzgó imposible que tuviera el tiempo necesario para ello, por lo cual el ministro le pidió que lo trasladara a Moscú. Como también en esto recibió una negativa, Mirski aceptó que el congreso se celebrara según lo programado, pero bajo la apariencia de una «consulta privada» (chastnoye soveshchaniye). Su aprobación daba la impresión engañosa de que el gobierno estaba dispuesto a considerar la posibilidad de un régimen constitucional y parlamentario.
Como esperaba que el Congreso de los Zemstvos elaborara un proyecto constitucional, Mirski le pidió a Serguéi Krizhanovski, un funcionario de su ministerio, que redactara una contrapropuesta. Su intención era confeccionar un programa que incluyera la mayor cantidad posible de demandas de la oposición que resultaran aceptables para el zar.
En este clima de grandes expectativas, los grupos opositores sintieron que había llegado el momento de aunar fuerzas. El 17 de septiembre, representantes de la Unión de Liberación, de tendencia constitucionalista, celebraron una reunión secreta en París con socialistas revolucionarios y con nacionalistas polacos y finlandeses, para forjar un frente unido contra la autocracia.
La Conferencia de París fue un preludio al gran Congreso de los Zemstvos celebrado en San Petersburgo entre el 6 y el 9 de noviembre de 1904, un acontecimiento que desde el punto de vista de su importancia histórica puede compararse con los Estados Generales franceses de 1789. La analogía no pasó inadvertida para algunos de los contemporáneos.
El congreso celebró las sesiones en residencias privadas, entre ellas el piso de Vladímir Nabókov (el padre del futuro novelista) en Bolshaya Morskaya, desde el que se veía el Palacio de Invierno. Cuando los delegados llegaban a la capital, la policía les indicaba su punto de reunión.
En el congreso se sometieron a votación unas cuantas resoluciones, la más importante de las cuales —así como la más polémica— llamaba a constituir un Parlamento electo con voz en la elaboración del presupuesto y control sobre la burocracia. Los conservadores se opusieron a esta moción con el argumento de que la democracia política era ajena a las tradiciones históricas de Rusia; querían un cuerpo estrictamente consultivo a la manera de las Asambleas de la Tierra moscovitas, que pusiera en conocimiento del trono los deseos de sus súbditos pero no se inmiscuyera en la legislación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Fueron derrotados; la resolución a favor de un Parlamento legislativo se impuso por sesenta a treinta y ocho votos. Con todo, se aceptó de manera casi unánime la idea de que el nuevo cuerpo tuviera voz en la confección del presupuesto estatal y supervisara a la burocracia. Era la primera vez en la historia de la Rusia moderna que un cuerpo reunido legalmente —aun cuando fuera bajo la apariencia de una «consulta privada»— emitía resoluciones a favor de una Constitución y un Parlamento, aunque estas palabras tabú no se mencionaran.
A lo largo de las semanas siguientes, el programa adoptado por el Congreso de los Zemstvos fue el texto utilizado por los numerosos cuerpos públicos y privados que se reunieron para pronunciarse sobre las cuestiones nacionales, entre ellos el Consejo Municipal de Moscú, varias asociaciones empresariales y los estudiantes de casi todas las instituciones de enseñanza superior. Para difundir el mensaje lo más ampliamente posible, la Unión de Liberación organizó una campaña de banquetes en todo el país —según el modelo de Francia en 1848—, en los que los invitados brindaban por la libertad y la Constitución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El primero se realizó en San Petersburgo el 20 de noviembre, coincidiendo con el cuadragésimo aniversario de la reforma judicial; 676 escritores y representantes de la intelligentsia firmaron una petición en la que se pedían una Constitución democrática y una Asamblea Constituyente (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Banquetes similares tuvieron lugar en otras ciudades durante noviembre y diciembre de 1904. La intelligentsia socialista, que en un principio había dado rienda suelta a su desprecio por esos asuntos «burgueses», terminó por participar y radicalizar las resoluciones. De los cuarenta y siete banquetes sobre los que existe información, se sabe que treinta y seis se alinearon con el Congreso de los Zemstvos, mientras que los once restantes fueron más allá y exigieron una Asamblea Constituyente.
Pormenores
Las autoridades provinciales, confundidas por las señales contradictorias emitidas desde la capital, no se inmiscuyeron, aun cuando Mirski, en circulares secretas, les había ordenado que impidieran la celebración de los banquetes y los dispersaran si desafiaban las prohibiciones gubernamentales.
Tras la finalización de las sesiones del Congreso de los Zemstvos, Shípov informó a Mirski de sus resoluciones; el ministro escuchó en actitud comprensiva. Más adelante, ese mismo mes, el príncipe Serguéi Trubetskoi, rector de la Universidad de Moscú, presentó a petición de Mirski una propuesta de reforma, que el ministro pasó a Krizhanovski y Lopujin, el director del Departamento de Policía, para que la revisaran con el fin de entregarla al zar.
La propuesta de reforma de Trubetskoi, Krizhanovski y Lopujin que Mirski presentó a Nicolás a comienzos de diciembre de 1904 era una apelación inteligentemente redactada a los instintos conservadores del zar.
Detalles
Los autores consiguieron que las concesiones constitucionales y parlamentarias propuestas parecieran un restablecimiento de viejas prácticas, y no la innovación revolucionaria que realmente eran. Las reformas de Alejandro II, escribían, habían terminado con el régimen «patrimonial» (votchinnyi) mediante la introducción de la idea de «interés público». Marcaban el fin del viejo orden patrimonial y, con él, de las nociones personalizadas de gobierno. Rusia dejaba de ser la propiedad y el feudo personales de su gobernante. […] [Los conceptos] de «interés público» y «opinión pública» indicaban el surgimiento del Estado impersonal […] con su propio cuerpo político, separado de la persona del gobernante.
Se describía la legalidad (zakonnost) como algo íntegramente compatible con la autocracia, porque el zar seguiría siendo la fuente exclusiva de las leyes, que podía derogar a voluntad. El órgano representativo propuesto —que se concebía limitado a una función consultiva— se presentaba como un retorno a los días de la «verdadera autocracia», cuando los zares escuchaban la voz del pueblo.
El 7 de diciembre, altos funcionarios, presididos por Nicolás, discutieron el borrador de Mirski. La cláusula más polémica requería la incorporación al Consejo de Estado, por entonces un cuerpo exclusivamente integrado por miembros designados, de diputados elegidos por los zemstvos. Se trataba de una medida muy modesta, pero lo cierto es que introducía el principio electivo en un sistema político en el que la legislación y la administración eran el coto cerrado del monarca y de funcionarios designados por él.Entre las Líneas En defensa de su adopción, Mirski sostenía que «garantizaría la tranquilidad interna de mejor manera que las más resueltas medidas policiales». Según Witte, la reunión fue muy emotiva. La mayoría de los ministros se alinearon con Mirski. El principal adversario era Konstantin Pobedonóstsev, procurador del Santo Sínodo y el conservador más influyente del régimen, que veía en la incorporación de representantes elegidos a las instituciones estatales una ruptura funesta en el sistema político tradicional de Rusia. Tras escuchar a ambas partes, Nicolás aprobó todas las propuestas de Mirski. Los presentes se retiraron de la reunión con la sensación de haber sido testigos de un acontecimiento trascendental en la historia rusa.
A solicitud del zar, Witte preparó un documento formal para su firma.Si, Pero: Pero Nicolás se lo repensó; necesitaba que le dieran alguna garantía. Antes de firmar y convertir el documento en ley, consultó al gran duque Sergio y a Witte. Ambos aconsejaron no sumar representantes elegidos al Consejo de Estado; Sergio por convicción y Witte, más probablemente, por oportunismo. Nicolás no necesitaba mucho para que lo convencieran; aliviado, tachó esta medida. «Jamás, bajo ninguna circunstancia —le dijo a Witte—, aprobaré una forma representativa de gobierno, porque la considero perjudicial para el pueblo cuyo cuidado me ha confiado Dios.»
Al enterarse del cambio de opinión del zar acerca de la principal medida de su borrador, Mirski se hundió en el desánimo. Convencido de que todo estaba perdido, ofreció su renuncia, pero Nicolás lo indujo a permanecer en el cargo.
El 12 de diciembre de 1904, el gobierno hizo pública una ley «concerniente a la mejora del orden político», que, pese a su título, anunciaba todo tipo de reformas, salvo en el ámbito de la política. [rtbs name=”introduccion-a-la-politica”]Un conjunto de medidas se referían a la condición del campesinado, «tan presente en NUESTRO corazón». Otras se ocupaban de los derechos jurídicos y civiles de la población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los funcionarios gubernamentales deberían rendir cuentas de sus faltas. La esfera de actividad de los zemstvos se ampliaría y sus instituciones se incorporarían a unidades administrativas inferiores. Había promesas de un seguro estatal para los trabajadores, una justicia equitativa, tolerancia religiosa y una suavización de la censura. Se modificarían, además, las regulaciones de emergencia de 1881 que habilitaban la suspensión de los derechos civiles en zonas bajo protección.
Todas estas medidas tuvieron una acogida favorable, pero la completa ausencia de concesiones políticas fue considerada en general un rechazo de las demandas del Congreso de los Zemstvos de noviembre de 1904. Por eso se estimó improbable que la ley del 12 de diciembre resolviera la crisis nacional, que era de naturaleza sobre todo política.
Se crearon comisiones para redactar leyes que aplicaran el edicto del 12 de diciembre, pero sin resultado porque ni Nicolás ni la corte querían cambios y preferían dar largas al asunto. Quizá esperaban algún milagro, acaso una victoria decisiva sobre los japoneses ahora que el ministro de la Guerra, Kuropatkin, había asumido personalmente el mando de los ejércitos rusos en el Lejano Oriente. El 2 de octubre la flota del Báltico zarpó para romper el cerco sobre Port Arthur.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Pero no hubo ningún milagro.
Pormenores
Por el contrario, el 20 de diciembre de 1904/2 de enero de 1905, Port Arthur se rindió. Los japoneses capturaron 25.000 prisioneros y lo que quedaba de la flota rusa del Pacífico.
A lo largo de 1904, las masas de Rusia se mantuvieron en calma; las presiones revolucionarias sobre el gobierno procedían exclusivamente de la élite social, a saber, los estudiantes universitarios y el resto de la intelligentsia, así como de la nobleza de los zemstvos. La tendencia dominante era liberal y «burguesa».Entre las Líneas En esas circunstancias, los socialistas desempeñaron un papel secundario, como terroristas y agitadores. La población en general —tanto los campesinos como los obreros— observaba el conflicto desde fuera. Tal como Struve escribió el 2 de enero de 1905: «En Rusia no hay todavía un pueblo revolucionario». La pasividad de las masas alentó al gobierno a librar un combate de retaguardia contra los opositores, con la esperanza de que, mientras las demandas de cambio político quedaran confinadas en la «sociedad», podría rechazarlas. Todo esto cambió dramáticamente el 9 de enero con la matanza de manifestantes obreros en San Petersburgo. El llamado Domingo Sangriento expandió la fiebre revolucionaria a todos los estratos de la población e hizo de la revolución un verdadero fenómeno de masas; si el Congreso de los Zemstvos de 1904 fue los Estados Generales rusos, el Domingo Sangriento fue su toma de la Bastilla. (…)
Algunos funcionarios instaban ahora al zar a ampliar las promesas hechas en el edicto del 12 de diciembre. Tenían de su lado a los industriales, preocupados por una paralización de la producción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Entre los acontecimientos que sirvieron para suavizar la oposición de Nicolás a hacer más concesiones hay que mencionar el asesinato de su tío, el gran duque Sergio Alexándrovich, amigo y confidente, cometido el 4 de febrero de 1905 a manos de un terrorista.
El 17 de enero, el zar se reunió con Alexéi S. Yermólov, ministro de Agricultura y Bienes del Estado, un funcionario experimentado y prudente. El consejo que le dio Yermólov, primero en persona y luego en un memorándum, causó una fuerte impresión en Nicolás y parece que fue la principal inspiración de los importantes actos legislativos del 18 de febrero. El ministro describía Rusia como un país al borde de la revolución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Para impedir el desmoronamiento debían adoptarse cuanto antes dos medidas: había que crear un gabinete de ministros para dar al gobierno la unidad necesaria y la capacidad de coordinar la política frente a la oposición, y ninguna de las dos cosas era posible en el sistema existente. Al mismo tiempo, había que convocar una Asamblea de la Tierra (de carácter consultivo) conformada por representantes de todos los súbditos del zar, sin distinción de jerarquía social, religión o nacionalidad.
Solo un cuerpo de esas características permitiría al zar establecer un contacto directo con la nación; tras el Congreso de los Zemstvos celebrado en noviembre y dominado por la nobleza de servicio, la esperanza de apoyarse en esta clase, soporte tradicional de la monarquía, ya era improcedente. Yermólov le aseguró a Nicolás que podía confiar en su pueblo. «Sé», le escribió, que Su Majestad también escucha diferentes opiniones de sus asesores (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “assessors” en derecho anglo-sajón, en inglés) más allegados. Sé que existe la idea de que es peligroso convocar a los representantes de la nación, sobre todo en los actuales momentos de zozobra y pasiones desatadas. Se teme que en una reunión de esos representantes puedan hacerse oír voces a favor de un cambio fundamental de los antiguos cimientos de nuestro sistema estatal, de una limitación de la autoridad zarista, de una Constitución; el temor de que la Asamblea de la Tierra se convierta en una Asamblea Constituyente, de que el campesinado plantee la cuestión de una Repartición Negra, de que pueda impugnarse la unidad misma de la tierra rusa. No puede negarse la probabilidad de que esas voces se dejen oír en una asamblea semejante. Pero, por otro lado, no se puede más que confiar en que, en una asamblea donde todas las clases de la población estén representadas, donde las opiniones y el espíritu del pueblo encuentren un verdadero reflejo, esas voces individuales han de ser ahogadas por la vasta mayoría que sigue siendo fiel a las tradiciones nacionales y los fundamentos autóctonos del sistema estatal ruso. Después de todo, dichas voces también se hacen oír hoy, y son más peligrosas porque el silencio de las masas no las refuta. No, Su Majestad, no hay nada que temer de esos fenómenos, que no significan ningún peligro real.
En efecto, Yermólov proponía incorporar la mayoría silenciosa al proceso político para aislar así a la intelligentsia. La alternativa, en su opinión, era un masivo levantamiento campesino como Rusia no había visto desde la rebelión de Pugachov durante el reinado de Catalina la Grande.
Impresionado por estos argumentos, al día siguiente Nicolás informó a Buliguin de que estaba dispuesto a considerar la creación de un cuerpo representativo que discutiera anteproyectos de leyes.
Fuente: libro de Richard Pipes
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