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Causas de la Revolución Rusa

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Causas de la Revolución Rusa

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] ¿Cuándo comenzó la Revolución rusa? En su análisis del naufragio de la Rusia imperial, Piotr Struve, un importante publicista liberal del cambio de siglo, llegó a la conclusión de que la suerte ya estaba echada en 1730, cuando la emperatriz Ana renegó de la promesa de acatar una serie de limitaciones constitucionales que la aristocracia le había impuesto como condición para dejarla subir al trono. También puede argumentarse que la revolución se inició en 1825, con el abortado levantamiento decembrista. Es indudable que en la década de 1870 había en Rusia un movimiento revolucionario con todas las de la ley; los hombres que lideraron la Revolución de 1917 consideraban a los radicales de esa época como sus precursores.

Sin embargo, si queremos identificar acontecimientos que no solo hayan presagiado 1917, sino que hayan llevado directamente a él, la elección tiene que recaer en los disturbios que estallaron en las universidades rusas en febrero de 1899. Si bien pronto fueron sofocados por la habitual combinación de concesiones y represión, estos disturbios pusieron en marcha un movimiento de protesta contra la autocracia que no menguó hasta el levantamiento revolucionario de 1905-1906. A la larga, esta primera revolución también fue aplastada, pero a costa de importantes concesiones políticas que debilitaron mortalmente a la monarquía rusa. Si es cierto que los acontecimientos históricos tienen un comienzo, el de la Revolución rusa bien pudo ser la huelga general universitaria de febrero de 1899.

Y fue, no cabe duda de ello, un comienzo azaroso. Desde la década de 1860, las instituciones rusas de enseñanza superior habían sido el principal centro de la oposición al régimen zarista; en su mayor parte, los revolucionarios eran, o bien estudiantes universitarios, o bien desertores de la universidad. Hacia finales de siglo había en Rusia diez universidades, así como unas cuantas escuelas especializadas que enseñaban teología, derecho, medicina e ingeniería. El alumnado lo integraban 35.000 estudiantes, en su inmensa mayoría pertenecientes a las clases bajas.Entre las Líneas En 1911, el contingente más grande estaba compuesto por hijos de sacerdotes, seguidos de los hijos de burócratas y campesinos; los integrantes de la nobleza hereditaria constituían menos del 10 por ciento, la misma proporción que los judíos. El gobierno imperial necesitaba una élite instruida y promovía la educación superior, pero, con escaso realismo, deseaba limitarla estrictamente a la formación profesional y vocacional. Esa política satisfacía a la mayoría de los estudiantes, que, aunque fueran críticos con el régimen, no querían que la política se inmiscuyera en sus estudios; lo sabemos por encuestas realizadas en 1905, un año revolucionario.Si, Pero: Pero cada vez que las autoridades reaccionaban exageradamente ante la minoría radical, algo que solían hacer, los estudiantes cerraban filas.

En 1884, en medio de las «contrarreformas» que siguieron al asesinato de Alejandro II, el gobierno revisó los liberales estatutos universitarios promulgados veintiún años antes. Las nuevas regulaciones despojaron a las universidades de gran parte de su autonomía y las pusieron bajo la supervisión directa del Ministerio de Educación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Sus cuerpos docentes ya no podían elegir a los rectores. La autoridad disciplinaria sobre los estudiantes fue puesta en manos de un inspector estatal externo, que ejercía funciones de policía. Se declararon ilegales las organizaciones estudiantiles, aun en la forma de zemliachestva, asociaciones formadas por estudiantes de la misma provincia con fines de asistencia mutua. Como es fácil de imaginar, esas nuevas regulaciones no fueron del agrado de los estudiantes, y su disgusto creció en 1897 con la designación, como ministro de Educación, de Nikolái P (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bogolépov, un profesor de derecho romano que, si bien fue el primer académico en ese cargo, era un conservador adusto e indiferente a quien aquellos apodaron «el convidado de piedra». Aun así, las décadas de 1880 y 1890 fueron un período de relativa calma en las instituciones de enseñanza superior.

El acontecimiento que hizo añicos esa calma fue insignificante. Por tradición, la Universidad de San Petersburgo celebraba el 8 de febrero el aniversario de su fundación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Era habitual que ese día, tras participar en los festejos formales organizados por el cuerpo docente, los estudiantes lo celebraran en el centro de la ciudad. Se trataba solo de divertirse, sin que la política desempeñara papel alguno en ello.Si, Pero: Pero en la Rusia de esa época cualquier hecho público que no contara con la aprobación oficial era considerado un acto de insubordinación y, como tal, era político y subversivo. Resueltas a poner fin a esos alborotos, las autoridades solicitaron al rector, el conocido y popular profesor de derecho Vasili I. Serguéievich, que advirtiera a los estudiantes de que dichas celebraciones ya no serían toleradas. La advertencia, difundida en toda la universidad y publicada en la prensa, merece ser citada en su totalidad porque refleja de manera muy fiel la mentalidad policial del régimen:

“No ha sido infrecuente que el 8 de febrero, aniversario de la fundación de la Universidad Imperial de San Petersburgo, los estudiantes perturbaran la paz y el orden tanto en las calles como en lugares públicos de la ciudad. Estos disturbios comienzan inmediatamente después de terminadas las celebraciones universitarias, cuando los estudiantes, al son de canciones y hurras, marchan en multitud hacia el puente del Palacio y toman luego la perspectiva [avenida] Nevski. Al anochecer se registran intrusiones ruidosas en restaurantes, lugares de esparcimiento, el circo y el Pequeño Teatro. Ya entrada la noche, las calles adyacentes a estos establecimientos son cortadas por una multitud excitada, que genera altercados lamentables y el enfado del público. Hace tiempo ya que la sociedad de San Petersburgo ha tomado nota de esos desórdenes; los considera indignantes y culpa a la universidad y a todo el alumnado, aunque solo una pequeña parte de este participa en ellos.”

La ley ha tomado medidas preventivas para evitar estos desórdenes e impone a los culpables de violar el orden público una pena de 7 días de cárcel y multas de hasta 25 rublos. Cuando en los tumultos participa una vasta multitud que ignora las órdenes policiales de dispersarse, los participantes quedan sujetos a penas de cárcel de hasta un mes y multas de hasta 100 rublos. Y si es menester apelar a la fuerza para apaciguar el desorden, los culpables deben cumplir sentencias de cárcel de hasta tres meses y pagar multas de hasta 300 rublos.
El 8 de febrero, la policía está obligada a preservar la paz de la misma manera que cualquier otro día del año.Entre las Líneas En caso de alteraciones del orden, tiene la obligación de sofocarlas a cualquier precio.

Otros Elementos

Además, la ley prevé el uso de la fuerza para poner fin a los desórdenes. Los resultados de ese choque con la policía pueden ser sumamente desafortunados. Los culpables serán objeto de arresto, pérdida de privilegios, despido y expulsión de la universidad, así como deportación de la capital. Me siento en la obligación de advertir al alumnado sobre ello. Los estudiantes deben respetar la ley a fin de defender el honor y la dignidad de la universidad.

La imprudente admonición enfureció a los estudiantes. Cuando el 8 de febrero Serguéievich subió al estrado de los oradores, lo abuchearon y silbaron durante veinte minutos. Luego salieron en tropel al son de «Gaudeamus igitur» y La Marsellesa. La multitud intentó cruzar el puente del Palacio para entrar en la ciudad, pero, al encontrarlo bloqueado por la policía, se encaminó en cambio hacia el puente Nikoláiev.Entre las Líneas En él, más policías la esperaban. Los estudiantes declararon que en la refriega resultante habían recibido latigazos, mientras que la policía sostenía haber sido bombardeada con bolas de nieve y pedazos de hielo.

Muy enardecidos, los estudiantes celebraron durante los dos días siguientes asambleas en las que votaron a favor de hacer huelga hasta que el gobierno les garantizara que la policía respetaría sus derechos. Hasta ese momento, las demandas eran bien específicas y de fácil solución.

Pero el movimiento de protesta no tardó en quedar bajo la dirección de radicales a cargo de un fondo de ayuda mutua ilegal (Kassa vzaimopomoshchi), que vieron en él una oportunidad de politizar al cuerpo estudiantil. Dirigían el fondo los socialistas, algunos de los cuales desempeñarían más adelante un papel protagonista en el movimiento revolucionario, entre ellos Borís Sávinkov, un futuro terrorista; Iván Kaliáiev, que en 1905 asesinaría al gran duque Sergio, gobernador general de Moscú, y Gueorgui Nosar (Jrustalev), que en octubre de 1905 presidiría el Sóviet de Petrogrado.Entre las Líneas En un principio, los dirigentes del fondo desestimaron la huelga como un ejercicio «pueril», pero tomaron las riendas al comprender que el movimiento disfrutaba de un amplio respaldo. Crearon un comité organizador para dirigir la huelga y despacharon emisarios a las otras universidades con peticiones de apoyo. El 15 de febrero, la Universidad de Moscú se unió a la huelga; la siguió la de Kiev, el 17 del mismo mes, y no mucho después todas las grandes instituciones de enseñanza superior del Imperio estaban cerradas. Alrededor de 25.000 estudiantes boicotearon las clases.

Pormenores

Los huelguistas llamaban a poner fin a la disciplina arbitraria y la brutalidad policial, sin plantear por el momento exigencias políticas.

Las autoridades respondieron con el arresto de los dirigentes de la huelga. Con todo, funcionarios más liberales se las ingeniaron para convencerlas de que las protestas no tenían una finalidad política y de que lo mejor para contenerlas era satisfacer las legítimas demandas estudiantiles. De hecho, los propios estudiantes huelguistas creían actuar en defensa de la ley y sin cuestionar al régimen zarista. Se formó una comisión encabezada por Piotr S. Vannovski, un ex ministro de la Guerra y venerable general con impecables credenciales conservadoras. Mientras la comisión investigaba, los estudiantes volvieron a clase, ignorando las protestas del comité organizador. La Universidad de San Petersburgo decidió por votación poner fin a la huelga el 1 de marzo, y en Moscú se volvió a las aulas cuatro días después.

Disgustados por el giro de los acontecimientos, los socialistas del comité organizador difundieron el 4 de marzo, en nombre del cuerpo estudiantil, un manifiesto según el cual los hechos del 8 de febrero de 1899 no eran sino «un episodio más del régimen que impera en Rusia, [un régimen] que se apoya en la arbitrariedad, el secreto [bezglasnost] y la más absoluta falta de seguridad, incluida la ausencia de los derechos más indispensables y, en rigor, más sagrados del desarrollo de la individualidad humana».

El manifiesto convocaba a los opositores rusos a «organizarse para la lucha venidera», que solo terminaría «con la consecución de su principal objetivo, el derrocamiento de la autocracia».[8] A juicio del oficial de policía que informaba de estos sucesos, el documento era no tanto la expresión de los desórdenes estudiantiles como un «preludio a la Revolución rusa».

El episodio recién descrito es un microcosmos de la tragedia de la Rusia tardoimperial: demuestra hasta qué punto la revolución fue el resultado, no de condiciones intolerables, sino de actitudes irreconciliables. El gobierno decidió tratar una manifestación inofensiva de personas jóvenes como un acto sedicioso, y en respuesta los intelectuales radicales transformaron las denuncias estudiantiles sobre el maltrato policial en un rechazo general del «sistema». Era absurdo, desde luego, insinuar que las demandas de los estudiantes que dieron origen a la huelga universitaria no podían satisfacerse sin el derrocamiento del régimen político del país; el restablecimiento de los estatutos universitarios de 1863 habría contribuido en gran medida a dar respuesta a dichas demandas, como debieron de creerlo la mayoría de los estudiantes dado que regresaron a las aulas tras la designación de la comisión Vannovski. La técnica de traducir demandas específicas en exigencias políticas generales se convertiría en un procedimiento habitual de los liberales y radicales rusos. Excluía los acuerdos y las reformas parciales; nada, se alegaba, podría mejorar mientras el sistema existente siguiera en pie, lo cual significaba que la revolución era un requisito previo necesario de cualquier tipo de mejora.

En contra de lo esperado, la comisión Vannovski se puso del lado de los estudiantes y responsabilizó a la policía de los acontecimientos de febrero. La conclusión a la que llegó fue que las huelgas no tenían ni un origen conspirativo ni una intención política; solo eran una manifestación espontánea de la insatisfacción estudiantil a causa del trato recibido. Vannovski propuso un retorno a los estatutos universitarios de 1863, así como una serie de reformas específicas que incluían la legalización de las asambleas estudiantiles y las zemliachestva, la reducción del tiempo dedicado al estudio del latín y la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) de la obligatoriedad del griego.

Pormenores

Las autoridades decidieron rechazar estas recomendaciones y prefirieron recurrir a medidas punitivas.

El 29 de julio de 1899, el gobierno promulgó «normas provisionales» por las cuales se disponía que los estudiantes culpables de mala conducta política perderían la prórroga militar.Entre las Líneas En el momento de su publicación, casi todo el mundo supuso que la medida pretendía atemorizar a los estudiantes y que no sería llevada a la práctica.Si, Pero: Pero se equivocaban.Entre las Líneas En noviembre de 1900, tras un año y medio de calma, estallaron nuevos disturbios estudiantiles, esta vez en Kiev, en protesta por la expulsión de dos estudiantes.Entre las Líneas En varias universidades se celebraron mítines de protesta en apoyo de Kiev. El 11 de enero de 1901, invocando la ordenanza de julio de 1899, Bogolépov dispuso la incorporación al ejército de 183 estudiantes de esa ciudad. Cuando la Universidad de San Petersburgo fue a la huelga en solidaridad con ellos, 27 de sus estudiantes recibieron un castigo similar. Un mes después, un estudiante llamado Piotr A. Karpóvich mató a tiros a Bogolépov; el ministro fue la primera víctima de la nueva oleada de terrorismo que en los años siguientes se cobraría miles de ellas. Para sus contemporáneos, las medidas de Bogolépov contra los estudiantes y su asesinato marcaron el inicio de una nueva era revolucionaria.

Se declararon más huelgas universitarias en Járkov, Moscú y Varsovia, y centenares de estudiantes fueron expulsados mediante procedimientos administrativos.Entre las Líneas En 1901, con la esperanza de calmar la situación, el gobierno designó a Vannovski, que por entonces tenía setenta y ocho años, como sustituto de Bogolépov. El nuevo ministro introdujo modificaciones en las normas universitarias, que autorizaban las reuniones estudiantiles y suavizaban las exigencias respecto de las lenguas antiguas.Si, Pero: Pero las concesiones no lograron apaciguar a los estudiantes; en efecto, sus organizaciones las rechazaron con el argumento de que eran una muestra de debilidad y había que aprovecharlas con fines políticos. Incapaz de sosegar a las universidades, Vannovski fue destituido.

En lo sucesivo, las instituciones rusas de enseñanza superior se convirtieron en la plataforma de lanzamiento de la oposición política. Viacheslav Pleve, el archiconservador director del Departamento de Policía, opinaba que «casi todos los regicidas y muchos de los involucrados en crímenes políticos» eran estudiantes. Según el príncipe Yevgueni Nikoláievich Trubetskoi, un académico liberal, las universidades estaban completamente politizadas; los estudiantes se mostraban cada vez menos interesados en los derechos y libertades académicos y solo les importaba la política, lo cual hacía imposible una vida académica normal.Entre las Líneas En 1906 describió las huelgas universitarias de 1899 como el comienzo de la «crisis general del Estado».

La agitación en las instituciones de enseñanza superior se producía contra el telón de fondo de un creciente sentimiento opositor en los zemstvos, órganos de autogobierno local creados en 1864.Entre las Líneas En 1890, durante la época de las «contrarreformas», se limitaron sus derechos, medida que suscitó entre sus representantes tanta insatisfacción como los estatutos universitarios de 1884 entre los estudiantes. A finales de la década de 1890, los zemtsi comenzaron a celebrar cónclaves nacionales semilegales de visos políticos.

A esas alturas, el gobierno tenía dos alternativas: podía procurar aplacar con concesiones a la oposición, hasta el momento reducida en su mayor parte a los elementos instruidos, o recurrir a medidas represivas aún más duras. Las concesiones habrían sido, qué duda cabe, la elección más prudente, porque la oposición era una alianza poco firme de elementos diversos entre los cuales debería haber sido posible, con un coste (o costo, como se emplea mayoritariamente en América) relativamente bajo, satisfacer a los más moderados y apartarlos de los revolucionarios. La represión, por otra parte, lanzó a unos en brazos de otros y radicalizó a los moderados. El zar, Nicolás II, se aferraba al absolutismo, en parte porque en virtud de su juramento de coronación se creía obligado a sostener ese sistema y, en parte, porque estaba convencido de que los intelectuales eran incapaces de administrar el imperio. No contrario del todo a hacer algunas concesiones si con ellas se restablecía el orden, no tenía paciencia; cada vez que las concesiones no producían de inmediato el resultado deseado, las abandonaba y recurría a medidas policiales.

Cuando en abril de 1902 un estudiante radical mató al ministro del Interior, Dmitri S. Sipiaguin, se resolvió otorgar a la policía facultades prácticamente ilimitadas. La designación de Viacheslav Pleve como sucesor de Sipiaguin marcó el comienzo de una política de confrontación inflexible con la «sociedad», una declaración de guerra contra todos los que desafiaran el principio de autoridad. Durante los dos años de actuación de Pleve en ese cargo, Rusia estuvo cerca de convertirse en un Estado policial en el sentido moderno y «totalitario» de la expresión.

Para sus contemporáneos, Pleve era un hombre misterioso; se desconocían hasta la fecha y el lugar de su nacimiento. Su pasado solo salió a la luz recientemente a raíz de unas investigaciones en los archivos.[16] De origen alemán, se había criado en Varsovia. Estudió derecho y luego ejerció durante un tiempo como fiscal. El verdadero inicio de su carrera burocrática se sitúa en 1881, cuando fue nombrado director del recién creado Departamento de Policía, cuyo objetivo era combatir la sedición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se dice que fingió ser liberal para aspirar al cargo, dependiente del ministerio relativamente ilustrado entonces en funciones.Entre las Líneas En adelante vivió y trabajó en el fantasmagórico mundo de la contrainteligencia política. La técnica de la infiltración y la provocación le valió éxitos brillantes, ya que con ella logró penetrar en diversas organizaciones revolucionarias y destruirlas. Tenía una excelente comprensión de los problemas relacionados con la seguridad del Estado, una indómita capacidad de trabajo y una gran destreza para acomodarse a los vaivenes de la política de la corte. Personificación del conservadurismo burocrático, no estaba dispuesto a dar voz a la población en los asuntos del Estado. Los cambios que fueran necesarios —y en principio no se oponía a ellos— debían venir de arriba, de la Corona; en palabras de su biógrafo, «no se oponía tanto al cambio como a la pérdida del control».

Si bien intolerante con las iniciativas públicas, se avenía a que el gobierno se encargara directamente de todo lo que exigiera reformas del statu quo. A su modo de ver, la policía no tenía meramente una función negativa —a saber, impedir la sedición (kramola)—, sino también la misión positiva de actuar con energía en la dirección de las fuerzas que la vida llevaba a la superficie y que, libradas a sí mismas, podían socavar el monopolio político del gobierno.Entre las Líneas En esta extraordinaria ampliación de las funciones policiales al ámbito de la administración positiva de la sociedad está la semilla del totalitarismo moderno. Como Pleve se negaba a distinguir entre la oposición moderada (leal) y la radical, forjó sin advertirlo un frente unido que, bajo el nombre de Movimiento de Liberación (Osvoboditelnoye Dvizheniye), forzaría al gobierno, en 1904-1905, a dejar de lado sus prerrogativas autocráticas.

Al asumir el cargo, Pleve intentó granjearse el apoyo del ala más conservadora del movimiento de los zemstvos, pero siguió tratando a sus representantes como funcionarios gubernamentales y cualquier signo de independencia por su parte como una muestra de insubordinación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Sus esfuerzos por hacer de los zemstvos una rama del Ministerio del Interior no solo lo llevaron a perder las simpatías de los miembros conservadores de esos órganos, sino que también radicalizaron a sus constitucionalistas, y como consecuencia de ello hacia 1903 tuvo que abandonar su única iniciativa conciliadora.

La reputación de Pleve entre la opinión pública sufrió un nuevo golpe con el estallido de un feroz pogromo antijudío el Domingo de Pascua (4 de abril) de 1903 en la ciudad de Kishinev, en Besarabia. El balance fue de unos cincuenta judíos muertos, otros muchos heridos y gran parte de sus bienes saqueados o destruidos. No era ningún secreto que a Pleve le disgustaban los judíos, actitud que justificaba por su presunta responsabilidad en la agitación revolucionaria (afirmaba que constituían el 40 por ciento de los revolucionarios). Aunque jamás ha salido a la luz prueba alguna de que hubiera instigado el pogromo de Kishinev, sus conocidos sentimientos antijudíos, así como su tolerancia con las publicaciones antisemitas, alentaron a las autoridades de Besarabia a creer que no pondría reparos a un hecho de esas características. Por eso, no hicieron nada por impedirlo y tampoco por detenerlo una vez desencadenado. Esta inercia, así como la pronta liberación de los fanáticos cristianos, fortalecieron la convicción, ampliamente compartida, de que él era el responsable. Pleve perdió aún más el favor de la opinión pública con sus políticas de rusificación en Finlandia y Armenia.

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El epítome de su régimen fue un singular experimento de creación de sindicatos manejados por la policía y conocidos como Zubatovshchina, nombre que aludía a Serguéi V. Zubátov, el jefe de la policía política de Moscú (la Ojrana). Se trataba de un audaz intento de alejar a los trabajad5ores rusos de la influencia de los revolucionarios mediante la satisfacción de sus demandas económicas. Los trabajadores rusos se habían estado movilizando desde la década de 1880. El naciente movimiento obrero era apolítico y limitaba sus demandas a mejoras en las condiciones de trabajo, los salarios y otras cuestiones propiamente sindicalistas.Si, Pero: Pero como en la Rusia de esos tiempos toda actividad gremial organizada era ilegal, las acciones más inocuas (como la creación de círculos educativos o de ayuda mutua) adquirían automáticamente una connotación política y por lo tanto sediciosa. Este hecho fue aprovechado por intelectuales radicales que en la década de 1890 desarrollaron la técnica «de agitación» consistente en incitar a los trabajadores a hacer huelgas económicas, con la esperanza de que la inevitable represión policial los empujara a la política.

Zubátov era un antiguo revolucionario convertido en acérrimo monárquico (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bajo las órdenes de Pleve, había llegado a dominar la técnica de «trabajar» psicológicamente a los jóvenes revolucionarios para inducirlos a cooperar con las autoridades.Entre las Líneas En esta tarea había aprendido mucho sobre las demandas obreras y concluido que eran políticamente inofensivas y que solo adquirían un carácter político debido a que las leyes en vigor las consideraban ilegales. Le parecía absurdo que el gobierno, al transformar las legítimas aspiraciones económicas de los trabajadores en delitos políticos, les siguiera el juego a los revolucionarios.Entre las Líneas En 1898 presentó un informe al jefe de policía de San Petersburgo, Dmitri F. Trépov, en el que sostenía que, para frustrar a los agitadores radicales, era preciso brindar a los trabajadores oportunidades lícitas de mejorar su suerte. Los intelectuales radicales no serían una amenaza seria para el sistema a menos que tuvieran acceso a las masas, y esto podía impedirse si se legitimaban las aspiraciones económicas y culturales de los trabajadores.

Zubátov persuadió a Trépov y otros funcionarios influyentes, incluido el gran duque Sergio Alexándrovich, el ultrarreaccionario gobernador general de Moscú, con cuya ayuda comenzó en 1900 a organizar sindicatos oficiales.Esta innovación chocó con la oposición de quienes temían que las organizaciones sindicales auspiciadas por la policía no solo molestaran y confundieran a los empresarios, sino que, en caso de conflictos industriales, pusieran al gobierno en la muy incómoda posición de tener que respaldar a los obreros contra sus patronos. El propio Pleve se mostraba escéptico, pero Zubátov disfrutaba del poderoso apoyo de personas cercanas al zar. Se esperaban grandes cosas de su experimento.Entre las Líneas En agosto de 1902 fue ascendido a la dirección de la «Sección Especial» del Departamento de Policía, con lo cual quedaba a cargo de todas las oficinas de la Ojrana. Amplió la red de esta última más allá de sus tres sedes originales (San Petersburgo, Moscú y Varsovia) para establecerla en ciudades de provincia y le asignó muchas funciones antes ejercidas por otros grupos policiales. Exigía que los oficiales se dedicaran a tareas de contrainteligencia política para estar profundamente familiarizados con los escritos de los principales teóricos socialistas, así como con la historia de los partidos europeos de dicha tendencia.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

El plan de Zubátov pareció ser ratificado por la avidez con que los trabajadores se incorporaron a los sindicatos auspiciados por la policía.Entre las Líneas En febrero de 1903, Moscú fue el escenario de un espectáculo extraordinario: 50.000 obreros, encabezados por el gran duque Sergio, marcharon en procesión al monumento de Alejandro II. Trabajadores judíos de la Zona de Reasentamiento, que sufrían una doble desventaja a la hora de organizarse, se afiliaron en un número considerable a los sindicatos de Zubátov.

Sin embargo, el experimento estuvo al borde del fracaso en el verano de 1903, tras el estallido de una huelga general en Odesa. Cuando Pleve ordenó la intervención policial para sofocar el paro, el sindicato local auspiciado por la policía se derrumbó; al respaldar a los patronos, las autoridades revelaban la falsedad de toda la iniciativa. Un mes después, Pleve destituyó a Zubátov, aunque permitió la continuidad de algunos de sus sindicatos e incluso autorizó la creación de otros.

En enero de 1904, Rusia entró en guerra con Japón. (…)

La Organización de Combate Socialista Revolucionario, que dirigía las operaciones terroristas del Partido Socialista Revolucionario, tenía a Pleve a la cabeza de su lista de víctimas potenciales. El ministro tomaba todas las precauciones imaginables, pero creía ser más listo que los terroristas porque había hecho la proeza aparentemente imposible de infiltrar a uno de sus agentes, Yevno Azef, en dicha organización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Azef reveló a la policía un intento de asesinato de Pleve y esto condujo a la detención de Grigori A. Gershuni, el fanático terrorista que había fundado y dirigía el grupo. A petición del propio Gershuni, se designó a Azef como su sucesor.Entre las Líneas En 1903 y 1904 hubo varios otros intentos de asesinar a Pleve, pero por una razón u otra todos fracasaron. A esas alturas, algunos socialistas revolucionarios comenzaban a sospechar de la lealtad de Azef, por lo que este, para salvar su reputación y muy probablemente la vida, se vio por fin en la necesidad de planificar el asesinato. La operación, dirigida por Borís Sávinkov, tuvo éxito; el 15 de julio de 1904, Pleve voló en pedazos por causa de una bomba lanzada contra su carruaje.

Cuando fue asesinado, Pleve era objeto de un odio universal. Hasta los liberales responsabilizaron de su asesinato al gobierno y no a los terroristas. Piotr Struve, que por entonces era el director en Alemania del principal órgano liberal, hablaba en nombre de buena parte de la opinión pública al escribir, inmediatamente después del asesinato:
Los cadáveres de Bogolépov, Sipiaguin, Bogdánovich, Bóbrikov y Von Pleve no son antojos melodramáticos o accidentes románticos de la historia rusa. Esos cuerpos marcan el desarrollo lógico de una autocracia moribunda. La autocracia rusa, en la persona de sus dos últimos emperadores y sus ministros, ha apartado y sigue apartando obstinadamente al país de todos los caminos de un desarrollo político legal y gradual. […] Para el gobierno, lo terrible no es la liquidación física de los Sipiaguin y los Von Pleve, sino la atmósfera pública de resentimiento e indignación generada por estos exponentes de la autoridad, y que engendra en las filas de la sociedad rusa a un vengador tras otro. […] [Pleve] creía posible tener una autocracia que infiltrara a la policía en todo —una autocracia que transformara la legislación, la administración, el saber, la Iglesia, la escuela y la familia en [órganos de la] policía—, y que un régimen de esas características podía dictar a una gran nación las leyes de su desarrollo histórico.

Puntualización

Sin embargo, la policía de Von Pleve no fue siquiera capaz de detectar una bomba. ¡Qué lamentable idiota!

Struve y otros liberales llegarían a arrepentirse de estas palabras imprudentes, porque no tardaría en ser evidente que para los terroristas el terrorismo era un modo de vida, dirigido no solo contra la autocracia, sino también contra los propios «caminos de un desarrollo político legal y gradual».Si, Pero: Pero en la excitada atmósfera de la época, con la política convertida en un espectáculo deportivo, los terroristas eran ampliamente admirados como heroicos paladines de la libertad.

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La muerte de Pleve afectó profundamente a Nicolás; la emotiva entrada de su diario referida a este suceso contrasta de manera llamativa con la fría indiferencia con que registraría, siete años después, la defunción de Stolipin, un estadista de un calibre incomparablemente mayor, pero para quien Rusia ya no podía ser gobernada como una autocracia.Entre las Líneas En dos años, Nicolás había perdido a dos ministros del Interior por obra de las bombas. Una vez más tenía frente a sí la alternativa entre la conciliación y la represión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Sus inclinaciones personales lo empujaban a la represión, y bien podría haber elegido a otro conservador intransigente de no haber sido por la corriente ininterrumpida de malas noticias que llegaban del frente de guerra. El 17 de agosto de 1904, una fuerza japonesa en inferioridad numérica atacó al principal ejército ruso cerca de Liaoyang y lo obligó a retirarse a Mukden.
Esto sucedió el 24 de agosto, y al día siguiente Nicolás ofreció el Ministerio del Interior al príncipe Piotr Dmitriévich Sviátopolk-Mirski.Entre las Líneas En el espectro de la política burocrática, Mirski se situaba en el polo opuesto a Pleve; hombre de la máxima integridad y de temperamento liberal, creía que Rusia solo podría gobernarse con eficacia si el Estado y la sociedad se respetaban y confiaban el uno en la otra. La palabra favorita de su vocabulario era doveriye, «confianza». Oficial del Estado Mayor que había ejercido como gobernador en varias provincias y como viceministro del Interior —esto es, jefe de la policía—, representaba a un tipo de burócrata ilustrado más predominante de lo que suele creerse en la Rusia tardoimperial. Rechazaba por completo los métodos policiales de Sipiaguin y Pleve y, en vez de trabajar bajo su mando en el Ministerio del Interior, se había asignado a sí mismo el cargo de gobernador general de Vilna.

El ofrecimiento de Nicolás no alegró en exceso a Mirski.Entre las Líneas En su vacilación intervenían consideraciones sobre su seguridad personal; seis meses después, al retirarse, brindaría por su buena fortuna, que le había permitido sobrevivir a una misión tan peligrosa. Pero, además, no creía que una persona con puntos de vista como los suyos pudiera trabajar con la corte. Para evitar malentendidos, expuso ante Nicolás su credo político:
Poco sabe usted de mí, y tal vez crea que comparto las opiniones de los dos ministros anteriores. No, al contrario: mis puntos de vista están exactamente en el polo opuesto. Después de todo, a pesar de mi amistad con Sipiaguin, tuve que renunciar al cargo de viceministro porque discrepaba de su política. La situación se ha agravado tanto que cabe considerar que el gobierno está en desacuerdo con Rusia. Es imperativo alcanzar la paz; de lo contrario, el país no tardará en dividirse entre quienes vigilan y quienes son vigilados, ¿y entonces qué?.

Fuente: libro de Richard Pipes

Congreso de los Zemstvos en la Revolución de 1905

Nota: la Revolución Rusa de 1905, en opinión de numerosos autores, fue facilitada por el desastre de Tsushima (ante los japoneses), tras los sucesos del domingo sangriento y antes de la las huelgas (generales a veces) en la Revolución Rusa de 1905. Sobre el Congreso de los Zemstvos en la Revolución de 1905, véase aquí.

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