Masacre de El Mozote
La prensa americana fue especialmente tímida y servil durante los años de Reagan, como documenta Mark Hertsgaard en su libro On Bended Knee. Cuando el periodista Raymond Bonner continuó informando sobre las atrocidades en El Salvador, y sobre el papel de Estados Unidos, el New York Times le apartó de su tarea. Ya en 1981 Bonner había informado sobre la masacre de cientos de civiles en la ciudad de El Mozote, a manos de un batallón de soldados entrenados por Estados Unidos. La administración Reagan se burló del informe, pero en 1992, un equipo de antropólogos forenses comenzó a desenterrar esqueletos del lugar de la masacre, la mayoría de ellos niños; al año siguiente, una comisión de la ONU confirmó la historia de la masacre de El Mozote.