Reflexionando sobre los acontecimientos del siglo XVIII, el jurista estadounidense Henry Wheaton se refirió a las particiones de Polonia como “la violación más flagrante de la justicia natural y del derecho internacional” que se había producido “desde que Europa emergió de la barbarie”. Esta era una opinión con la que William Hall estuvo de acuerdo, calificando la partición de “acto inmoral de apropiación”, mientras que Thomas Lawrence pensó que estaba “tan llena de maldad” que no encontró “ninguna garantía en el derecho internacional”. En Francia, Henry Bonfils y Paul Fauchille tenían un punto de vista similar, llamando a las particiones’ce grand crime politique’. Robert Redslob también condenó las particiones de Polonia y se refirió a ellas como un sangriento ataque a los derechos humanos y como un insulto que se había caracterizado por un espíritu de cinismo. Como estas opiniones podrían indicar, sería difícil encontrar un abogado internacional que escribiera en los siglos posteriores a las particiones que tuvieran una opinión favorable de lo sucedido. Y sin embargo, en el siglo XVIII pocos se habían quejado durante el intento de partición del Imperio Español (en 1698 y 1700) o cuando Polonia fue dividida por primera vez (en 1772). ¿Qué provocó este cambio de opinión?