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Autoritarismo

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Autoritarismo

Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] En inglés: Authoritarianism

Autoritarismo: Introducción al Concepto Jurídico

De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:

Cuando en un país un solo partido tiene el monopolio de la actividad política legal y no admite ninguna excepción a su poder, se habla de un régimen político totalitario. Cuando ese régimen monopartidista ejerce un gobierno fuerte pero tolera la existencia y actuación política de ciertos grupos de intereses bien definidos (terratenientes, industriales, militares, eclesiásticos) se habla de un régimen político autoritario. Por otra parte, el concepto de autoritarismo se aplica a tres contextos diferentes: la estructura de los sistemas políticos, las disposiciones psicológicas relacionadas con el poder y las ideologías políticas.

Poder y Obediencia en el Autoritarismo

Los regímenes autoritarios privilegian el mando, el poder, y menosprecian el consenso. Como disposición psicológica, la personalidad autoritaria se caracteriza por la íntima fusión de dos características aparentemente opuestas: la disposición a la obediencia y a la obsecuencia respecto de los que tienen poder y la arrogancia y el desprecio respecto de los subordinados y los débiles. Finalmente, las ideologías autoritarias niegan la igualdad de los hombres, enfatizan la jerarquía como fuente de orden y evaluan como virtudes los rasgos de la personalidad autoritaria.

Sistema de Gobierno

En ciencia política, sistema de Gobierno e ideología donde todas las actividades sociales, políticas, económicas, intelectuales, culturales y espirituales se hallan supeditadas a los fines de los dirigentes y de la ideología inspiradora del Estado. Varias características importantes distinguen el autoritarismo -que es una forma de autocracia propia del siglo XX-, de otras formas anteriores, como el despotismo, el absolutismo (siglos XVII y XVIII en Europa; consulte también la información respecto a la historia del derecho natural) y la tiranía.Entre las Líneas En las formas anteriores de autocracia, la gente podía vivir y trabajar con una cierta independencia, siempre y cuando no se inmiscuyera en política.

Puntualización

Sin embargo, en el autoritarismo moderno el pueblo se ve obligado a depender por entero de los deseos y caprichos de un partido político y de sus dirigentes, por regla general a causa de la adhesión de éstos a una ideología que lo engloba todo.

Pormenores

Las autocracias anteriores estaban gobernadas por un monarca o por cualquier otro aristócrata, que gobernaba basado en un principio, como por ejemplo el derecho divino de los reyes, mientras que el Estado autoritario moderno está con frecuencia dirigido por un partido político, que encarna una ideología que dice tener la autoridad universal y no permite ninguna discrepancia de lealtad o conciencia.

Autoritarismo

Describe la enciclopedia Rialp, sobre autoritarismo, lo siguiente:

Concepto

Forma de régimen político en la que se da preferencia al principio de autoridad. Frecuentemente se emplea como sinónimo de totalitarismo (véase esta voz en la plataforma digital).

Puntualización

Sin embargo, desde la obra de F. L. Neumann, The Democratic and the Authoritarian State (Glencoe 1957), se distinguen, siguiendo en esto a K. Lówenstein, que ya en su obra Brazil under Vargas (Nueva York 1942), los utilizara como contrapuestos, diciendo que el régimen de Getulio Vargas (véase esta voz en la plataforma digital) no era fascista ni totalitario, pero sí autoritario. Autoritarismo no debe ser confundido tampoco con «dictadura», «despotismo», «autocracia» o «tiranía», ya que connota una cierta actitud mental opuesta al cambio. De ahí que los regímenes considerados autoritarios se preocupen más de la estructura del gobierno, es decir, de la jerarquización del poder, que del orden social propiamente dicho. Se satisfacen con el control político del Estado, sin pretender dominar la totalidad de la vida socioeconómica (LSwenstein).Entre las Líneas En todo caso, el sufijo mismo indica cómo una autoridad particularmente enérgica aplasta la libertad en lugar de hallarse en equilbrio con ésta. Posee, pues, un sentido peyorativo, si bien «autoridad», de la cual deriva, tiende a tener una connotación favorable. Resulta claro que Autoritarismo es una forma opuesta a democracia en cuanto ésta supone un equilibrio entre libertad y autoridad (cfr. G. Sartori, Aspectos de la democracia, México 1965, cap. VII).

Término Perturbador

Por lo demás podemos señalar que Sartori considera que Autoritarismo es un término perturbador. Primero, porque tiende a convertir en ambivalente y vacilante nuestra actitud respecto a la idea de autoridad. Segundo, porque la incongruencia proviene del hecho de que Autoritarismo proyecta sobre los problemas actuales la sombra de una «raída y gratuita filosofía de la historia» de sabor marcadamente antihistárico. Y, tercero, porque «nos vemos obligados a convertirnos en verdaderos virtuosos del lenguaje para poder emplear correctamente nuestra terminología». Mientras la autoridad resulta esencial a la democracia, su derivado introduce un elemento de confusión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Distingue, por tanto, Sartori la autoridad autoritaria (no democrática) de la autoridad autoritativa (democrática). Así, p. ej., dice, Autoritarismo ha sugerido el término «personalidad autoritaria» para indicar un tipo de estructura de la personalidad que no se adapta a la manera de vivir democrática. La dificultad está en que esa expresión da la sensación de que el tipo de personalidad que mejor puede servir a la democracia sería el tipo sin autoridad; de ahí que proponga distinguir entre personalidad autoritaria y autoritativa.

La personalidad autoritaria

Uno de los temas que la Sociología y la Psicología social actuales se han planteado es el de los factores que explican el surgir de personalidades y gobiernos autoritarios. El tema tiene una particular relevancia en el contexto democrático moderno, ya que, supuesto éste, surge la pregunta: ¿qué causas profundas permiten que, en medio del consensus universal respecto a la democracia, aparezcan, sin embargo, regímenes claramente antidemocráticos bien del tipo autoritario o bien del tipo totalitario o formas híbridas de ambos? E. Fromm (Ética y Psicoanálisis, México 1953), resumiendo, no sin discrepar a veces, numerosas opiniones, distingue la conciencia autoritaria de la conciencia humanista. Aquélla «es la voz de una autoridad externa interiorizada, los padres, el Estado o cualesquiera que sean las autoridades de una cultura determinada». Las leyes y las sanciones de la autoridad externa llegan a formar parte de uno mismo de modo que uno se siente responsable por ellas ante la propia conciencia. La fuerza de la autoridad radica en las emociones de temor y de admiración a la autoridad.

La buena conciencia autoritaria produce un sentimiento de bienestar y de seguridad al implicar la aprobación de la autoridad y una intimidad mayor con ella; la conciencia culpable produce temor e inseguridad: obrar contra la voluntad de aquélla implica el peligro de ser castigado y abandonado por la autoridad. Por ello, en los sistemas autoritarios la autoridad se establece como fundamentalmente distinta de los sujetos, poseyendo poderes que no están al alcance de todos (magia, saber, fuerza). La desigualdad entre el detentador de la autoridad (sea una sola persona o «dictador», una asamblea, un comité, una junta o un partido) y los demás hombres, constituye el dogma básico de la conciencia autoritaria. Aquél es el único que no se somete a la voluntad de otro imponiendo la suya a los demás.Entre las Líneas En resumen, la conciencia autoritaria culpable es, paradójicamente, la del sentimiento de poder, independencia, productividad y orgullo, mientras que la buena conciencia autoritaria surge del sentimiento de obediencia, dependencia, impotencia y culpabilidad.

La psicología social prolonga esta temática en el estudio de la familia autoritaria (cfr., p. ej., T. Parsons, Democracia y estructura social en la Alemania prenazi y Algunos aspectos sociológicas de los movimientos Íascistas, incluidos ambos en Ensayos de teoría sociológica, Buenos Aires 1967) y de toda la gama de actitudes asociadas. El estudio más famoso y punto de partida para muchos otros ha sido el trabajo dirigido por T. Vd. Adorno, The Authoritarian Personality (Nueva York 1950) al que habría que añadir el del propio Fromm, El miedo a la libertad (Buenos Aires 1959). Al valorar estos trabajos conviene no obstante tener en cuenta que sus autores están influidos por el planteamiento freudiano, con lo que caen en diversos equívocos al tratar el tema de la libertad (véase esta voz en la plataforma digital) y tienden a confundir autoridad y autoritarismo.

El régimen autoritario

Según Lüwenstein los regímenes autoritarios se caracterizan por excluir a los destinatarios del poder de la participación en el mismo. No es, en cambio, rasgo distintivo el que el poder esté: concentrado en un órgano único o en varios; puede darse en efecto Autoritarismo existiendo otros órganos estatales al lado del supremo detentador del poder: suele tratarse, p. ej., de alguna asamblea o de tribunales sometidos al control total del único detentador del poder o que, en caso de conflicto, tienen que ceder. Este tipo suele formalizar su configuración del poder en una constitución escrita. Incluso es posible que se respeten los principios del Estado de Derecho tal como están articulados en la constitución o leyes fundamentales.

Informaciones

Los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad de los destinatarios se garantizan mientras no entren en colisión con el objetivo y el ejercicio del poder político.Entre las Líneas En la terminología de E. Fraenkel (The Dual State, Nueva York 1941) el Estado «nominativo» coexiste con el Estado de «prerrogativa». El régimen autoritario posee una ideología, pero dado su carácter, su contenido material resulta vago e inconcreto caracterizándose por el oportunismo: como su objetivo es continuar detentando el poder, suelen legitimarse mediante una amalgama de tradicionalismo con la idea según la cual ese régimen resulta el más adecuado para el bien de la comunidad dada la idiosincrasia y las condiciones generales del país, todo ello teñido, por tanto, de un fuerte ingrediente de emotividad nacionalista.

Historia

De hecho, el Autoritarismo es un sistema o realidad política muy moderno, casi típico de la transición del absolutismo (siglos XVII y XVIII en Europa; consulte también la información respecto a la historia del derecho natural) monárquico al constitucionalismo, así como del proceso regresivo del Estado constitucional al predominio del ejecutivo. Justamente la invocación de la conveniencia de un ejecutivo fuerte en lugar del control parlamentario del poder (e incluso del control judicial), descubre el carácter autoritario de los regímenes. El parlamentarismo, en efecto, podrá ser bueno o malo en sí mismo, pero no cabe duda que es lo contrario tanto del Autoritarismo como del totalitarismo. La elección entre un orden democrático y un orden autocrático no radica, pues, en un argumento de utilidad o de «eficacia», sino en un juicio de valor que se decide por una actitud de confianza hacia el pueblo o hacia líderes cualificados en uno u otro caso.

Esa opción urge ante todo en tiempo de crisis, lo que explica que los regímenes autoritarios cuyo principio es el Autoritarismo han surgido, por tattto, al desvanecerse el Antiguo Régimen. El primero fue implantado por Napoleón I al situar su personal dictadura bajo la ideología burguesa de la Revolución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Su ejemplo fue seguido por muchos: la historia de Francia del pasado siglo hasta la tercera República se puede decir que es la de sus regímenes autoritarios revivida por la quinta República gaullista. Casi lo mismo en España con los interregnos del Trienio constitucional, la primera República y la Restauración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Y así en Alemania cuando fracasó definitivamente el liberalismo revolucionario en 1848. Quizá el que más se acerca al tipo ideal de Autoritarismo sea el Reich de Bismarck, que camuflaba bajo una fachada de instituciones y técnicas democráticas esta forma de neoabsolutismo. Otros regímenes contemporáneos son el de Horthy en Hungría, el de Kemal Atatürk en Turquía y los de Seipel, Dollfuss y Schuschnigg en Austria; el de Pilsudski en Polonia, el de Perón en Argentina, el de Nasser en Egipto, el de S. Rhee en Corea, etc. Muchas veces acaba en franco totalitarismo, con el cual tiene muchos rasgos comunes.Si, Pero: Pero se diferencia de éste por su menor rigidez.

Autoritarismo como estilo de gobierno y como rasgo de personalidad

El término autoritarismo ha sido empleado en varios contextos diferentes.

Informaciones

Los dos usos más prominentes serán discutidos en esta entrada: autoritarismo como estilo de la regla y como tipo de la personalidad.

Autoritarismo como estilo de gobierno

El autoritarismo se refiere a un estilo de regla caracterizado por un pluralismo político limitado, poca movilización política y pocas salvaguardias para los derechos individuales. Un régimen autoritario, a veces llamado dictadura, es a menudo contrastado con una forma democrática de gobierno.

El término autoritarismo fue creado para describir una base intermedia entre los regímenes democráticos, como Estados Unidos y el Reino Unido, y los regímenes totalitarios, como Alemania, Italia y la Unión Soviética en la primera mitad del siglo XX. Los regímenes totalitarios utilizan el terror para mantener el poder y reorganizar completamente la vida social y política mediante la prohibición del pluralismo, la movilización de manifestaciones masivas de apoyo y la construcción de ideologías en torno a los líderes carismáticos. Los regímenes autoritarios, en cambio, permiten un pluralismo limitado al tiempo que prohíben la movilización política y desenfatizan la ideología y el carisma.

El autoritarismo es una categoría amplia, y se han identificado diversos subtipos de regímenes autoritarios. El autoritarismo burocrático describe varios regímenes latinoamericanos liderados por coaliciones de oficiales militares y burócratas. El sultán es un tipo de autoritarismo caracterizado por un patrimonialismo extremo, una regla personal desenfrenada a menudo alrededor de un culto de la personalidad, y el uso del terror y las recompensas. El autoritarismo competitivo es una combinación de democracia y autoritarismo, en virtud de la cual las instituciones democráticas formales son la forma principal en que se obtiene la autoridad política, pero los titulares a menudo violan las reglas y emplean el soborno (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “bribery” en derecho anglosajón, en inglés) y el acoso.

Varias cuestiones dominan el estudio de los regímenes autoritarios. ¿en qué condiciones los países pasan con éxito de regímenes autoritarios a democráticos? ¿por qué los países retrovienen de la democracia hacia el autoritarismo? ¿Cómo obtienen y mantienen los regímenes autoritarios legitimidad y poder? ¿es más probable que los regímenes autoritarios realicen transiciones económicas exitosas que los países democráticos?

Autoritarismo como rasgo de personalidad

La personalidad autoritaria es un estudio de los prejuicios escritos por Theodor Adorno y sus colegas en 1950 como un esfuerzo para explicar el antisemitismo durante el surgimiento del fascismo, el comunismo y el Macartismo. La personalidad autoritaria es un tipo particular de disposición hacia la autoridad que se caracteriza simultáneamente por la sumisión hacia los líderes por encima y la dureza y la agresión hacia los que están abajo. Las características adicionales de una personalidad autoritaria incluyen un enfoque en las relaciones de poder y una visión pesimista de la naturaleza humana. Este enfoque psicoanalítico y cultural para entender el autoritarismo produjo numerosas pruebas y medidas para estudiar esta característica de la personalidad.

Desde su creación, el estudio de la personalidad autoritaria ha abierto las puertas a los siguientes debates: ¿Podemos generalizar sobre las personalidades antidemocráticas (izquierda o derecha)? ¿Existen características psicológicas comunes que conducen al extremismo? ¿Cuál es la relación entre la personalidad autoritaria y el comportamiento político? ¿bajo qué condiciones se presentarán las predisposiciones autoritarias? ¿debe entenderse el autoritarismo como un rasgo de personalidad enraizado en la psicología freudiano o una característica del comportamiento colectivo en grupo o fuera del grupo?

Autor: Williams
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Historia Contemporánea

En los años transcurridos desde que el comunismo cayó en Europa del Este, los científicos políticos han seguido el autoritarismo con celo y frustración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Mientras esperaban la caída de los regímenes, han visto a los dictadores torcer las elecciones y los líderes electos distorsionar las constituciones. Las perspectivas son ahora tan sombrías como siempre para el período posterior a la Guerra Fría. Golpes en Mauritania, Tailandia y Honduras han demostrado que las camarillas militares todavía amenazan la soberanía popular. Las objeciones silenciadas a las adquisiciones subrayan un desafío normativo.Entre las Líneas En el medio de la “Guerra contra el Terror”, las maniobras autocráticas pueden parecer cada vez más defendibles (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bajo los auspicios de la seguridad nacional, los gobernantes han amortiguado la defensa de los derechos y han usado medidas “excepcionales” para mejorar el control.

Este artículo no ofrece una explicación general de por qué la búsqueda de la emancipación política global parece haber fracasado.Entre las Líneas En su lugar, analiza la empresa académica que registró un aumento en la democracia y ahora se enfrenta a una “Era del autoritarismo”. Examino los costos (o costes, como se emplea mayoritariamente en España) analíticos, que se han hecho evidentes en las últimas dos décadas, de tratar la democracia y el autoritarismo como “régimen mutuamente excluyente”. tipos “, que los observadores pueden contar a medida que los estados pasan de una categoría a la otra. Entonces me aventuro una interpretación alternativa.Entre las Líneas En lugar de sufrir una revolución democrática o un resurgimiento autocrático, el período posterior a la Guerra Fría se ha visto afectado por corrientes democráticas y autoritarias que se unen dentro de las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) nacionales y fluyen a través de ellas. La ciencia política aún tiene que aprehender tales procesos transnacionales.

Al definir la democracia de manera procesal como la presencia de elecciones competitivas, los académicos observaron que los estados-nación democráticos aumentaron en número hasta principios del siglo XXI. Cuando la democracia procesal llegó a una meseta numérica, la misma comunidad intelectual renovó su enfoque en los estados-nación autoritarios. Los estudiantes de autoritarismo se basan en el tratamiento dicotómico que sus precursores aplicaron a las transiciones democráticas; desde ese punto de vista, el autoritarismo es exclusivo e históricamente anterior a la democracia procesal. Tal análisis puede generar rendimientos (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) decrecientes, gracias a una mezcla de obstáculos conceptuales, empíricos y normativos.

Picos de la democracia

Durante décadas, los científicos políticos se han esforzado por identificar la democracia de una manera replicable y consistente. La convención aceptada ha sido aplicar un estándar de procedimiento basado en el trabajo del economista Joseph Schumpeter. Hace más de 60 años, Schumpeter escribió que las democracias se distinguen por una “lucha competitiva por el voto popular”. A través del proceso electoral, los líderes son responsables por las personas que gobiernan. Aunque los científicos políticos agregan libertades civiles en su definición mínima de democracia, el factor decisivo es la existencia de elecciones competitivas para seleccionar a los principales responsables de la toma de decisiones. Los estados nacionales cumplen con este estándar (como los Estados Unidos, el Reino Unido y la India) o no (como Egipto, Zimbabwe y China).

Después de la Guerra Fría, el número de democracias procesales aumentó rápidamente, y la democratización se convirtió en una preocupación primordial. A principios de la década de 1990, docenas de nuevos gobiernos cumplieron con el estándar, ya que los sistemas multipartidistas reemplazaron a las juntas militares y al comunismo de un solo partido. Esta “ola” afectó no solo a Europa oriental sino también a América Latina (Chile, Nicaragua y Paraguay), África subsahariana (Benin y Sudáfrica) y Asia meridional (Bangladesh). Freedom House, una profesa “organización de vigilancia que apoya la expansión de la libertad en todo el mundo”, aplica el criterio schumpeteriano para mantener una cuenta corriente de las democracias. Entre 1990 y 1994, la organización registró un aumento del 50 por ciento, de 76 gobiernos democráticos a 114. Después de ese momento, el total mundial (o global) aumentó lentamente, llegando a 120 en 2000.

El ascenso de las democracias procesales alimentó pronósticos triunfantes sobre la expansión del liberalismo. El cierre de la Guerra Fría no había evitado que estallaran conflictos violentos en Ruanda y Bosnia, pero los científicos políticos podrían señalar logros sin precedentes, por sus métricas, en el ascenso de la democracia sobre la dictadura. Las monografías, los artículos académicos y un nuevo Journal of Democracy (iniciado en 1990) convirtieron las “transiciones democráticas” y la “consolidación democrática” en una agenda de investigación completa, que se conoció como “transitología”.

Justo cuando estaban golpeando su zancada, los vértices de este campo hicieron un cambio de actitud. A la vuelta del siglo XXI, la línea de tendencia de la democratización comenzó a aplanarse. A principios de 2002, los colaboradores del Journal of Democracy cuestionaron algunas de las suposiciones en transitología. También identificaron una tendencia perturbadora. Los gobernantes elegidos nominalmente, cuyos gobiernos cumplían previamente con el estándar procesal, estaban subvirtiendo las constituciones, socavando las legislaturas y actuando como autócratas de facto. El año siguiente, el conteo de Freedom House se redujo de 121 democracias procesales a 117, la caída más marcada desde que la organización comenzó a reportar datos y una señal de que la democratización global casi había alcanzado su punto máximo.

Detalles

Los académicos seguían considerando la democracia como la forma ideal de gobierno y el resultado final, aunque distante, del desarrollo. Ellos giraron hacia atrás, sin embargo, estudiar el autoritarismo, una categoría residual para todo lo no democrático, incluidas las monarquías absolutas, los presidentes dictatoriales y los sistemas de partido único. Los paneles y artículos de la conferencia pronto ofrecieron cuentas por la ausencia de democracia procesal en Medio Oriente, Asia Central y gran parte de África y Asia.

Dos problemas distintos devolvieron el autoritarismo a la ciencia política.Entre las Líneas En primer lugar, si ya se hubiera recogido el bajo fruto de la democratización, los científicos políticos tendrían que explicar por qué los casos autoritarios restantes quedaban fuera de su alcance. Pronto se concentraron en la cohesión de las élites, la desunión de la oposición, la desigualdad económica y los recursos naturales (principalmente el petróleo) como causas de la persistencia de la no democracia.Entre las Líneas En segundo lugar, algunos gobiernos que habían “hecho la transición” a la democracia procesal parecían moverse en la otra dirección, retrocediendo a la dictadura. De diferentes maneras, las elites en Nepal (un golpe de estado de palacio), Rusia (toma de posesión gradual de Vladimir Putin) y Tailandia (un golpe de estado) despojaron a los votantes de su papel schumpeteriano en el arbitraje de la política nacional. Los científicos políticos pronto reclasificaron estos estados como no-democracias.

Mientras que pocos en la ciencia política de los Estados Unidos cuestionaban la norma procesal, los políticos expresaron una profunda ambivalencia acerca de su idoneidad y beneficios. Líderes como Putin invocaron el espectro de la inestabilidad social para sostener que el rápido cambio político, incluso en la búsqueda de libertades individuales, no debería poner en peligro la seguridad interna. Presentó este argumento durante una conferencia de prensa conjunta del verano de 2006 con el presidente de los Estados Unidos, George W (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bush. Al preguntársele sobre su defensa de la reforma política en Rusia, Bush respondió: “Hablé sobre mi deseo de promover el cambio institucional en partes del mundo, como Irak, donde hay una prensa libre y una religión libre, y le dije que mucha gente en nuestro país espera que Rusia haga lo mismo “. Putin respondió de manera casual:” Desde luego, no queremos tener el mismo tipo de democracia que tienen en Irak. Te lo diré con toda honestidad ”. Incluso cuando los corresponsales reunidos se echaron a reír, el intercambio transmitió una realidad aleccionadora.Entre las Líneas En medio de dos guerras lideradas por Estados Unidos en el Medio Oriente, las perspectivas de discordia violenta eclipsaron los dividendos abstractos de la democracia procesal.

Detalles

Los autócratas aspirantes como Putin podrían explotar tales preocupaciones para concentrar el poder.Entre las Líneas En privado, los funcionarios clave de la administración Bush compartieron algunos de los principios de Putin. Argumentaron que su presidente no debería estar abarrotado por instituciones compensatorias y que en tiempos de guerra debería gozar de una autoridad virtualmente ilimitada. Como los funcionarios de los gobiernos autoritarios y libremente elegidos reificaron los reclamos sobre la seguridad y la autoridad ejecutiva, pusieron en duda el dominio de los procedimientos democráticos. El intercambio transmitió una realidad aleccionadora.Entre las Líneas En medio de dos guerras lideradas por Estados Unidos en el Medio Oriente, las perspectivas de discordia violenta eclipsaron los dividendos abstractos de la democracia procesal.

Detalles

Los autócratas aspirantes como Putin podrían explotar tales preocupaciones para concentrar el poder.Entre las Líneas En privado, los funcionarios clave de la administración Bush compartieron algunos de los principios de Putin. Argumentaron que su presidente no debería estar abarrotado por instituciones compensatorias y que en tiempos de guerra debería gozar de una autoridad virtualmente ilimitada. Como los funcionarios de los gobiernos autoritarios y libremente elegidos reificaron los reclamos sobre la seguridad y la autoridad ejecutiva, pusieron en duda el dominio de los procedimientos democráticos.

Estos desarrollos molestaron a los académicos que buscaron y predijeron nuevas transiciones democráticas. Hoy en día, el número de democracias procesales ronda los 120.Entre las Líneas En 2007, Freedom House contaba con 121; el año siguiente, el total fue de 119. Reflejando en parte a este estado moribundo, los académicos comenzaron a estudiar los problemas que ocurren tanto en los gobiernos democráticos como en los autoritarios, como el terrorismo, las guerras civiles, los disturbios o la delincuencia.

Otros científicos políticos continúan sumándose al campo de los estudios de autoritarismo, donde los retornos intelectuales están disminuyendo rápidamente. Los filósofos políticos Michael Hardt y Antonio Negri emitieron un veredicto sombrío sobre la literatura académica del régimen anterior: “Las numerosas estanterías de nuestras bibliotecas que están llenas de análisis del totalitarismo deberían considerarse hoy solo como vergonzosas y podrían desecharse sin vacilación”.

Pormenores

Los humanistas podrían algún día Llegar a una conclusión similar sobre el autoritarismo de la literatura. Incluye textos importantes, incluidas las obras de Juan Linz y Guillermo O’Donnell, pero sigue definido por la antinomia entre autoritarismo y democracia procesal.

Si bien los especialistas en autoritarismo afirman que no están estudiando la falta de democracia, pocos han conceptualizado el autoritarismo sin hacer referencia, al menos implícitamente, al estándar schumpeteriano. Sobre este concepto negativo, los estudiantes pueden colocar descriptores de capas (“competitivos”, “militares”, “electorales” y “liberales”), pero el núcleo sigue siendo un vacío: la ausencia de procesos democráticos. Incluso cuando los científicos políticos intentan explicar cómo funciona el autoritarismo, y no solo cómo cambia, no pueden escapar a una dependencia ontológica de la democracia procesal.

Otros Elementos

Además, los dos no son sujetos iguales. Los regímenes autoritarios no solo son no democráticos, son pre-democráticos. Se supone que son impermanentes y entran en el análisis en la metamorfosis media.

Para resumir el problema, las tendencias actuales no sugieren una nueva ola de democracias procesales.Entre las Líneas En el futuro previsible, los transitólogos están estancados con aproximadamente el mismo conjunto de casos. Si la década de 2010 se parece a la década pasada, una meseta democrática caracterizará el comienzo del siglo 21 para aquellos que lo tienen en cuenta. Los políticos influyentes que priorizan el poder ejecutivo han desafiado la norma de la democracia procesal y han cuestionado cuánto importan realmente los procesos democráticos. Esta situación confunde numerosos pronósticos sobre el período posterior a la Guerra Fría. Los tratamientos lineales del autoritarismo y la democracia no nos ayudarán a dar sentido a la nueva era.Entre las Líneas En su lugar, pueden llevar a los académicos a repetir viejos debates sobre avances, pausas y retiros del desarrollo.

Revisando la historia contemporánea

La literatura sobre transiciones democráticas se originó en América Latina y el sur de Europa, pero su preeminencia siguió a los cambios en Europa oriental y la antigua Unión Soviética. Los eventos de 1989 a 1991 produjeron más de una docena de democracias procesales y una imagen convincente de cómo se veía la democratización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los Transitólogos concibieron su tema como un cambio binario del autoritarismo a la democracia, impulsado por las relaciones domésticas de las elites y las masas, y este último, en forma de sociedad civil, proporcionó un ímpetu crucial.

Detalles

Las elites gobernantes, consideradas fundamentales en las transiciones latinoamericanas, desempeñaron un papel más pequeño en las cuentas de Europa del Este. Esta narrativa particular sobre la democratización, basada en gran medida en el ejemplo polaco, convirtió a la sociedad civil en un elemento de análisis político comparativo en los años noventa. Igualmente significativos fueron los elementos que se deslizaron de la vista. Los Transitólogos rara vez tratan los fenómenos internacionales como parte integral de los procesos que explicaron. Los gobiernos y grupos extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) podrían entrar en los márgenes, presionando a los titulares o ayudando a la oposición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los principales agentes y sus efectos, sin embargo, se encuentran dentro de los estados-nación.

El enfoque dominante de la democratización proporcionó una lente de investigación útil, ya que, como cualquier enfoque teórico, filtraba cierta información. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La relativa parsimonia de la transitología lo hizo eminentemente portátil; los estudiantes de muchas regiones podrían emplearlo al generar y responder sus preguntas de investigación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El campo también facilitó el trabajo interregional al destacar las decisiones y la agencia humanas, negando el determinismo cultural que trataría algunas áreas como primordialmente hostiles a la soberanía popular. Otros aspectos del cambio político no se destacaron y no se reconocieron en las experiencias destacadas de Europa del Este. Estas dimensiones ayudan a explicar el actual estancamiento en democracia y autoritarismo.

Durante los últimos 20 años, los historiadores y periodistas que escribieron sobre Europa del Este han producido abundantes relatos sobre el colapso del comunismo que sus compañeros envidiarán. Muchos contribuyentes participaron o observaron directamente la agitación en Europa del Este. Después, los documentos desclasificados y los archivos recién abiertos proporcionaron un tesoro a los investigadores con las habilidades lingüísticas adecuadas. Los trabajos resultantes, y los parámetros de desacuerdo entre ellos, presentan la transitología con un tratamiento más amplio de la historia. Cuando se trata de 1989, una visión de las transiciones democráticas de base local no habría descifrado, y mucho menos anticipado, los eventos y las repercusiones de ese año. Numerosos factores fueron importantes, entre ellos la llamada Doctrina Sinatra por la cual Mijaíl Gorbachov retiró la promesa de intervención soviética del bloque oriental. A nivel masivo, las redes transnacionales de apoyo entre los residentes del este también fueron cruciales. Timothy Garton Ash, cronista de Europa del Este durante el último cuarto de siglo, calificó las transformaciones de 1989 como “un evento internacional” impulsado por “no solo las relaciones diplomáticas entre los estados, sino también las interacciones de los estados y las sociedades a través de las fronteras”.

La investigación sobre democratización ha restado importancia a los componentes no domésticos del cambio político.Entre las Líneas En la medida en que tales variables han importado todo el tiempo, antes, durante y desde 1989, la imagen de Europa del Este que hizo de las transiciones democráticas una preocupación dominante puede haber malinterpretado aspectos importantes de sus casos seminales. Mientras que la experiencia vivida en 1989 fue única, la versión de ese año absorbida por científicos políticos recientes puede haber sido inexistente.

Más Información

Las historias revisionistas poscomunistas brindan la oportunidad de revisar los supuestos y abordar los múltiples dilemas en la investigación sobre democracia y autoritarismo. Desde aquí, bosquejo una dirección para esa actividad, basada en mi experiencia como participante en estudios de autoritarismo y mis reflexiones, como un europeista no oriental, sobre el conocimiento en evolución de 1989.

Desmontaje del régimen

Un enfoque binario, basado en el país, permite un conjunto de democracias procesales país por país, pero puede pasar por alto los tipos de dinámicas transnacionales que impulsaron la revolución de Europa del Este. Donde los transitólogos ven regímenes limitados a nivel nacional que cambian de un tipo de gobierno a otro, la historiografía de 1989 revela procesos constitutivos de represión y resistencia. Sugiere formas en que “el régimen” puede ceder a un concepto más fluido y abierto de autoridad política y emancipación.

Abordando el campo de la ciencia política, los profesores Timothy Mitchell y Lisa Wedeen han advertido que no se suscriban, y por lo tanto refuercen, las representaciones mistificadoras de quienes se encuentran en posiciones de poder. Por ejemplo, las representaciones de “el estado” oscurecen los intereses materiales al atribuir una influencia autónoma a una construcción metafísica. Los científicos políticos hacen algo similar cuando tratan a los regímenes como un conjunto de reglas y un conjunto de gobernantes. Los regímenes son constructos que parecen externos a los tomadores de decisiones individuales.Entre las Líneas En el verano de 2008, cuando los líderes del G8 condenaron al “régimen de Mugabe”, denunciaron al presidente de Zimbabue, que había ganado la reelección en un clima de violencia e intimidación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esta combinación entre individuos y una entidad que parece trascenderlos puede revertirse al acercarse al autoritarismo como agentes y prácticas, en lugar de categorías. Deshacer la sustitución de los regímenes por personas revela un pequeño número de funcionarios principales: jefe ejecutivo, ministro del interior, ministro de defensa, jefe de inteligencia y, tal vez, un ministro de información independiente. Si bien la constelación específica de cifras variará de un país a otro, existe una similitud instructiva en cómo los gobiernos organizan el poder y preservan las jerarquías.

Llamar a un conjunto de individuos un “régimen autoritario” envuelve las fuentes inteligibles y con frecuencia mundanas de sus posiciones y prácticas. Desmontar el régimen revela sus componentes: el ejecutivo dirige; el ministro del interior, políticas y disciplinas; el ministro de defensa se prepara para la guerra; el jefe de inteligencia espía; el ministro de información censura y educa. Los estudiantes pueden formar categorías de cualquiera de estas áreas. La definición de democracia procesal se centra en el puesto del jefe ejecutivo y si se llena mediante elecciones competitivas.Entre las Líneas En otras áreas, sin embargo, los gobiernos con responsabilidad electoral y no electoral presentan paralelos. similitudes operacionales en, por ejemplo, seguridad y vigilancia, puede confundir y sustituyen a la división de la democracia / autoritarismo.

Todos los gobiernos emplean coerción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Algunos lo hacen mientras escapan de una responsabilidad significativa a sus súbditos, y son esos ejemplos los que más rápidamente invitan a la etiqueta de “autoritario”. El estado policial de la Alemania Oriental sería un ejemplo; la falta de democracia procesal coincidió con un exceso de intrusión policial en la vida privada.

Puntualización

Sin embargo, la producción de violencia irresponsable no se limita a las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) del estado que detiene, tortura y asesina. Los instrumentos e instrucciones de represión fluyen a través de los territorios nacionales; Involucran a funcionarios en otros países. Así como los analistas de 1989 enfatizan la relación del primer ministro soviético con la Stasi de Alemania Oriental, el estudio de la coacción no contabilizada debe abarcar las relaciones que la producen.

La naturaleza transnacional del autoritarismo se puede observar en las prácticas coercitivas no responsables de las democracias ostensibles.Entre las Líneas En lugar de ser antagonistas naturales, colaboran a menudo funcionarios de democracias y regímenes autoritarios. Sin prestar atención a los tipos de régimen que se les asignan, los presidentes, los ministros del interior y los spymasters comulgan y se confabulan al perseguir intereses compartidos y actuar sobre temas compartidos. La simbiosis caracteriza la relación entre los líderes elegidos y los medios represivos.

Los enlaces entre los Estados Unidos y Egipto ilustran esta codependencia. Durante los últimos treinta años, el gobierno de Egipto ha recibido más de US $ 60 mil millones en asistencia militar y económica, sin embargo, la nación nunca se ha calificado como una democracia procesal. Los funcionarios de la administración Bush calificaron a Egipto como un modelo a seguir en la lucha contra el terrorismo, incluso cuando el Departamento de Estado censuró a los servicios de seguridad de Egipto por continuar “maltratando y torturando a los prisioneros”. Tales abusos han sido una parte importante de la relación entre Estados Unidos y Egipto desde 1995, cuando la Casa Blanca comenzó a utilizar Egipto como un depósito para “entregas extraordinarias”, según el cual un gobierno detiene y transfiere a un individuo a través de los límites estatales sin arrestar y extraditar formalmente a la persona.Entre las Líneas En el destino, las fuerzas de seguridad son libres de interrogar al prisionero fuera de la vista pública o las restricciones legales.Entre las Líneas En lugar de “hacer la vista gorda” ante tal represión, las administraciones de los EE. UU. Han recurrido a los gobiernos conocidos por maltratar a los disidentes. Los periodistas de investigación han demostrado que los puntos de entrega más comunes son países infames por su brutalidad en las prisiones, como Egipto, Uzbekistán, Jordania y Siria. A través del uso de entregas extraordinarias, se informa que Estados Unidos entregó al menos 22 hombres a Egipto entre 1995 y 2008, un período de actividad frenética por parte de funcionarios estadounidenses que promueven la democracia en el Medio Oriente. Esta mezcla de secuestro y defensa de los derechos oculta la imagen de un reino autoritario separado del dominio de los gobiernos electos.

Mientras que el presidente Obama, hablando desde El Cairo en junio de 2009, ordenó al mundo musulmán que la autoridad debe provenir del “consentimiento, no de la coerción”, ha sintetizado los dos en su acercamiento a Pakistán, otro importante aliado de Estados Unidos. Mientras apuntaba a “fortalecer la democracia de Pakistán”, Obama ha intensificado el uso de drones Predator en el territorio de Pakistán. Estos aviones no tripulados, bajo control remoto por agentes de inteligencia dentro de los Estados Unidos, pueden disparar sin ser vistos desde dos millas por encima de sus objetivos. Se estima que los ataques de depredadores mataron a aproximadamente 300 civiles entre 2006 y 2009, con un tercio de esas muertes ocurriendo desde que Obama asumió el cargo. La letalidad y el alcance del programa ayudan a explicar por qué una encuesta de Gallup en julio de 2009 mostró que dos tercios de los pakistaníes se oponían a los ataques con aviones no tripulados y el 59 por ciento consideraba a los Estados Unidos como la “mayor amenaza” para su país (en comparación con el 18 por ciento preocupado por la India y el 11 por ciento identificaba al pakistaní). Los talibanes como la mayor amenaza). La presencia estadounidense en el espacio aéreo, los barrios y la conciencia pakistaníes refleja una proclividad oficial para la coacción ante la oposición pública.

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Estas aparentes contradicciones entre discurso y política son la regla, no la excepción, y sugieren nuevas formas de entender la democracia y el autoritarismo. Acercarse al autoritarismo como prácticas transnacionales dinámicas y no como regímenes internos estáticos puede ayudar a interpretar el significado de entregas extraordinarias o el uso expandido de los Depredadores en los Estados Unidos. Las preguntas correspondientes incluirían: ¿A qué constituyentes transnacionales responden los gobernantes? ¿Sobre qué temas, en casa y en el extranjero, actúan?

Estudiando la represión sin fronteras

Cuando los científicos políticos dividen y categorizan a los regímenes como entidades a nivel de país, obstaculizan su capacidad de observar, y mucho menos explicar, las acciones detrás de las construcciones de democracia y autoritarismo.Entre las Líneas En lugar de tipos de régimen binarios, nacionales y básicamente secuenciales, el autoritarismo y la democracia se pueden entender como procesos coexistentes, transnacionales y abiertos. La democracia implica una rendición de cuentas significativa y regular a los gobernados, mientras que el autoritarismo es una coerción irresponsable. La rendición pública de cuentas es un problema internacional, solo hay que presenciar la votación del año pasado en Irán, Afganistán y Honduras. La coacción irresponsable también atraviesa las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) y une a miembros de comunidades políticas aparentemente separadas, produciendo refugiados iraquíes, detenidos en Bagram y contratistas de Blackwater/Xe.

Las teorías transnacionales prevalecen en la antropología y la historia, pero su potencial permanece sin explotar en la investigación de la ciencia política sobre el autoritarismo. Los científicos políticos han escrito mucho sobre gobernantes represivos que emplean elecciones, y mucho menos sobre gobernantes elegidos que emplean la represión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los líderes de las democracias procesales pueden coaccionar a los miembros de su propio electorado. También pueden infligir violencia a las personas que carecen de derechos de voto en su política y que no pueden expresar su disidencia en un colegio electoral. Obviamente, los líderes no elegidos pueden hacer lo mismo. La postura de Gorbachov hacia el Bloque del Este mostró el impacto de un gobierno no democrático por el procedimiento que reduce sus prácticas autoritarias en el extranjero.

Los científicos políticos recogen el autoritarismo a través de sus vestigios, la huella que deja la represión transnacional en las vidas y los cuerpos. Contemplan efectos cuyas raíces se extienden a los responsables de la toma de decisiones fuera del régimen, a actores que pueden reprender a quienes abusan de los derechos humanos, incluso mientras los reabastecen. Las tendencias posteriores a la Guerra Fría en la coacción irresponsable, donde los gobiernos electos están muy involucrados, pueden arrojar luz sobre por qué los cambios de 1989 siguen siendo tan raros. Rara vez un gran poder puede rescindir su respaldo a la violencia en toda una región.

Autor: Williams, febrero de 2010

Su Abandono

En 2011 y 2012, en todo Oriente Medio, Birmania (Myanmar) y otros lugares, ha vuelto a plantearse una de las grandes cuestiones de la política mundial (o global) contemporánea: ¿cómo pueden pasar los países de un autoritarismo desfalleciente a alguna forma de pluralismo autónomo? A su vez, los ministros de Asuntos Exteriores de todos los países afrontan cuestiones normativas fundamentales: cuando un país lanza semejante transición política, ¿cuándo deben ayudar otros países y cuál es la forma mejor de hacerlo?

Las transiciones logradas son, parafraseando a Tolstói, todas iguales, pero todas las transiciones no logradas lo son a su modo. Las transiciones logradas en gran parte de la Europa central a raíz del fin de la Guerra Fría se vieron facilitadas por el desplome del antiguo orden comunista de la noche a la mañana y su entrega del poder pacíficamente, lo que, junto con un apoyo generoso de la Europa occidental, los Estados Unidos y otros, contribuyó a infundir un talante favorable para la reconciliación, al permitir que cada uno de los países abordara de forma mesurada y no vengativa las numerosas cuestiones morales resultantes del obscuro pasado reciente.

Tal vez sobre todo, esas transiciones se produjeron dentro de una red más amplia de instituciones legítimas –la Unión Europea, la OSCE, la OTAN y el Consejo de Europa– y adalides del Estado de derecho. Ese marco de apoyo brindó una hoja de ruta para las autoridades nacionales, a las que ayudó a construir instituciones democráticas y marginar a los extremistas.

Autor: Cambó

Las clases medias del sudeste asiático

En 1848, Karl Marx abrió su manifiesto con una frase elocuente: “Un espectro está acechando a Europa, el espectro del comunismo”. Ciento setenta años después, Laos y Vietnam se encuentran entre las economías de más rápido crecimiento del capitalismo del siglo XXI y El Partido Comunista Chino planea abandonar la doctrina posterior a Mao de poner su asamblea por encima de cualquier líder individual. El comunismo, que una vez se materializó de manera tan prominente en el este de Asia, es poco más que un fantasma descolorido, que no persigue a nadie. Otro espectro más ha tomado su lugar en Asia: el espectro del autoritarismo.

Ya sea en términos de los intentos de China por establecer una presidencia de por vida, el despido sistemático de habeas corpus por parte de Filipinas o, como analiza mi trabajo Propietarios del Mapa, las nuevas formas de dictadura constitucional de Tailandia, un nuevo viento de autoritarismo sopla sobre el este de Asia. Contrariamente a las teorías existentes sobre el “fin de la historia” o la “transición democrática”, este viento no sopla contra el deseo de las clases medias, sino más bien con su apoyo, y no es una brisa temporal, destinada a extinguirse, pero Más bien un viento estable, uno que lleva adelante un sistema alternativo de gobierno.

Mucho se ha escrito sobre esta tendencia como resultado del impulso geográfico, militar y económico entre el patrocinio de los Estados Unidos y el de China. Estas explicaciones, aunque importantes, pasan por alto un elemento central evidente para cualquiera que pase tiempo con gerentes de oficina, ejecutivos de negocios y elites tradicionales en Tailandia: la creciente popularidad de la ideología autoritaria entre la clase media local, una popularidad que encuentra sus raíces en los cambios locales y en el significado de palabras como corrupción, buen gobierno y estado de derecho.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Durante la última década, la comprensión de la corrupción entre las clases medias tailandesas sufrió una transformación radical. La corrupción en la actualidad ya no se refiere a alguien que hace uso indebido de un cargo público para obtener ganancias privadas. El universo semántico de la palabra se ha expandido para incluir tres componentes principales.Entre las Líneas En primer lugar, una comprensión tradicional de la corrupción como aprovechar su posición para robar dinero o ganar.Entre las Líneas En segundo lugar, una idea de corrupción moral, relacionada con la naturaleza inmoral intrínseca de la personalidad. Y, en tercer lugar, una visión de la corrupción electoral que replantea cualquier política redistributiva que favorezca a las masas trabajadoras como una forma de compra de votos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bajo estos nuevos significados, las elecciones en sí mismas se convierten en una práctica corrupta, una que favorece a los líderes populistas que, a través de las políticas, obtienen apoyo popular sin necesariamente producir “buen gobierno”.

El discurso del buen gobierno en sí mismo se ha convertido en el centro de los coqueteos ideológicos de las clases medias tailandesas con el autoritarismo. Este mantra entró al país después de la crisis económica de 1997, impulsado por el FMI y el Banco Mundial. Estas instituciones entendieron el concepto como una categoría tecnocrática, que en su mayoría significaba una gobernanza eficiente y transparente.Entre las Líneas En Tailandia, sin embargo, el concepto fue traducido por ideólogos políticos conservadores como thammarat, el gobierno del Dhamma, que transforma el buen gobierno en un gobierno justo, un gobierno que no se basa en el apoyo electoral sino en la alineación con el monarca, el thammaraja.

Si bien estos cambios semánticos en categorías ideológicas pueden tomar formas locales, no ocurren en un vacío internacional. Las fases autoritarias anteriores en Tailandia, particularmente el período entre 1945 y 1992, habían sido apoyadas, tanto económica como ideológicamente, por los Estados Unidos y su retórica anticomunista. Desde el golpe de 2014, la junta ha estado buscando a China un patrocinio similar.

La alineación entre los dos gobiernos no solo ha sido el resultado de políticas reales y de alianzas internacionales cambiantes, sino que también se basa en afirmaciones paralelas sobre el estado de derecho y la corrupción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En 2002, el 16º Congreso del Partido Comunista de China aprobó una nueva retórica del legalismo, como un sistema más eficiente para lidiar con la participación justa y equitativa. El científico político Pan Wei, en un famoso artículo que tomó la forma de un manifiesto político para el legalismo, afirmó que “el estado de derecho responde directamente a la necesidad más urgente de la sociedad china: frenar la corrupción en tiempos de economía de mercado. La competencia electoral para las oficinas gubernamentales no es una forma efectiva de frenar la corrupción; bien podría conducir a la concentración del poder en manos de los líderes electos “.

Si bien no es tan sofisticado como el profesor Pan, y no tiene la misma capacidad de gobernar que el Partido Comunista Chino, el sistema que está surgiendo en Tailandia desde el golpe de 2014 parece bastante similar: un sistema legalista en el que los funcionarios no electos crean y hacen cumplir la ley, Por encima y más allá de la voluntad electoral de su población. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La transición tailandesa de una política en la que la gente establece las reglas a través de parlamentarios electos a una en la que las reglas se imponen desde arriba para que las personas y el parlamento sigan, se ha legitimado en un principio básico: la superioridad de las “buenas personas” no elegidas sobre las Políticos elegidos para prevenir la corrupción y establecer el buen gobierno.
Sería fácil descartar que estos cambios tengan retrocesos temporales.

Puntualización

Sin embargo, mi trabajo sostiene que algo más profundo está cambiando alrededor del sudeste asiático, algo que no veremos ni entenderemos a menos que dejemos de trabajar bajo las teorías preestablecidas de la transición democrática y nos involucremos etnográficamente con los cambiantes paisajes de las alianzas de clase, las ideologías cotidianas y las formas de gobernancia. Estas transformaciones, de hecho, son particularmente resistentes al análisis cuantitativo y a los cuestionarios. A menudo, no implican el surgimiento de nuevas terminologías o conceptos ideológicos, sino el significado de palabras como corrupción, buen gobierno o estado de derecho. Es solo cuando pasamos un largo período de tiempo con las personas y participamos en sus vidas que estos nuevos significados emergen.

El riesgo de no ver estas transformaciones es familiar para las personas en los Estados Unidos: tomar conciencia del surgimiento de un nuevo orden político y social cuando es demasiado tarde para hacer algo al respecto.

Autor: Williams

Autoritarismo en Relación a Política

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]

Concepto

Forma de régimen político en la que se da preferencia al principio de autoridad. Frecuentemente se emplea como sinónimo de totalitarismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

Puntualización

Sin embargo, desde la obra de F. L. Neumann, The Democratic and the Authoritarian State (Glencoe 1957), se distinguen, siguiendo en esto a K. Lówenstein, que ya en su obra Brazil under Vargas (Nueva York 1942), los utilizara como contrapuestos, diciendo que el régimen de Getulio Vargas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) no era fascista ni totalitario, pero sí autoritario. autoritarismo no debe ser confundido tampoco con «dictadura», «despotismo», «autocracia» o «tiranía», ya que connota una cierta actitud mental opuesta al cambio. De ahí que los regímenes considerados autoritarios se preocupen más de la estructura del gobierno, es decir, de la jerarquización del poder, que del orden social propiamente dicho. Se satisfacen con el control político del Estado, sin pretender dominar la totalidad de la vida socioeconómica (LSwenstein).Entre las Líneas En todo caso, el sufijo mismo indica cómo una autoridad particularmente enérgica aplasta la libertad en lugar de hallarse en equilbrio con ésta. Posee, pues, un sentido peyorativo, si bien «autoridad», de la cual deriva, tiende a tener una connotación favorable. Resulta claro que autoritarismo es una forma opuesta a democracia en cuanto ésta supone un equilibrio entre libertad y autoridad (cfr. G. Sartori, Aspectos de la democracia, México 1965, cap. VII).
Por lo demás podemos señalar que Sartori considera que autoritarismo es un término perturbador. Primero, porque tiende a convertir en ambivalente y vacilante nuestra actitud respecto a la idea de autoridad. Segundo, porque la incongruencia proviene del hecho de que autoritarismo proyecta sobre los problemas actuales la sombra de una «raída y gratuita filosofía de la historia» de sabor marcadamente antihistárico. Y, tercero, porque «nos vemos obligados a convertirnos en verdaderos virtuosos del lenguaje para poder emplear correctamente nuestra terminología». Mientras la autoridad resulta esencial a la democracia, su derivado introduce un elemento de confusión. Distingue, por tanto, Sartori la autoridad autoritaria (no democrática) de la autoridad autoritativa (democrática). Así, p. ej., dice, autoritarismo ha sugerido el término «personalidad autoritaria» para indicar un tipo de estructura de la personalidad que no se adapta a la manera de vivir democrática. La dificultad está en que esa expresión da la sensación de que el tipo de personalidad que mejor puede servir a la democracia sería el tipo sin autoridad; de ahí que proponga distinguir entre personalidad autoritaria y autoritativa.
La personalidad autoritaria. Uno de los temas que la Sociología y la Psicología social actuales se han planteado es el de los factores que explican el surgir de personalidades y gobiernos autoritarios. El tema tiene una particular relevancia en el contexto democrático moderno, ya que, supuesto éste, surge la pregunta: ¿qué causas profundas permiten que, en medio del consensus universal respecto a la democracia, aparezcan, sin embargo, regímenes claramente antidemocráticos bien del tipo autoritario o bien del tipo totalitario o formas híbridas de ambos? E. Fromm (Ética y Psicoanálisis, México 1953), resumiendo, no sin discrepar a veces, numerosas opiniones, distingue la conciencia autoritaria de la conciencia humanista. Aquélla «es la voz de una autoridad externa interiorizada, los padres, el Estado o cualesquiera que sean las autoridades de una cultura determinada». Las leyes y las sanciones de la autoridad externa llegan a formar parte de uno mismo de modo que uno se siente responsable por ellas ante la propia conciencia. La fuerza de la autoridad radica en las emociones de temor y de admiración a la autoridad. La buena conciencia autoritaria produce un sentimiento de bienestar y de seguridad al implicar la aprobación de la autoridad y una intimidad mayor con ella; la conciencia culpable produce temor e inseguridad: obrar contra la voluntad de aquélla implica el peligro de ser castigado y abandonado por la autoridad. Por ello, en los sistemas autoritarios la autoridad se establece como fundamentalmente distinta de los sujetos, poseyendo poderes que no están al alcance de todos (magia, saber, fuerza). La desigualdad entre el detentador de la autoridad (sea una sola persona o «dictador», una asamblea, un comité, una junta o un partido) y los demás hombres, constituye el dogma básico de la conciencia autoritaria. Aquél es el único que no se somete a la voluntad de otro imponiendo la suya a los demás.Entre las Líneas En resumen, la conciencia autoritaria culpable es, paradójicamente, la del sentimiento de poder, independencia, productividad y orgullo, mientras que la buena conciencia autoritaria surge del sentimiento de obediencia, dependencia, impotencia y culpabilidad. La psicología social prolonga esta temática en el estudio de la familia autoritaria (cfr., p. ej., T. Parsons, Democracia y estructura social en la Alemania prenazi y Algunos aspectos sociológicas de los movimientos Íascistas, incluidos ambos en Ensayos de teoría sociológica, Buenos Aires 1967) y de toda la gama de actitudes asociadas. El estudio más famoso y punto de partida para muchos otros ha sido el trabajo dirigido por T. Vd. Adorno, The Authoritarian Personality (Nueva York 1950) al que habría que añadir el del propio Fromm, El miedo a la libertad (Buenos Aires 1959). Al valorar estos trabajos conviene no obstante tener en cuenta que sus autores están influidos por el planteamiento freudiano, con lo que caen en diversos equívocos al tratar el tema de la libertad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y tienden a confundir autoridad y autoritarismo.
El régimen autoritario. Según Lüwenstein los regímenes autoritarios se caracterizan por excluir a los destinatarios del poder de la participación en el mismo. No es, en cambio, rasgo distintivo el que el poder esté: concentrado en un órgano único o en varios; puede darse en efecto autoritarismo existiendo otros órganos estatales al lado del supremo detentador del poder: suele tratarse, p. ej., de alguna asamblea o de tribunales sometidos al control total del único detentador del poder o que, en caso de conflicto, tienen que ceder. Este tipo suele formalizar su configuración del poder en una constitución escrita. Incluso es posible que se respeten los principios del Estado de Derecho tal como están articulados en la constitución o leyes fundamentales.

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Informaciones

Los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad de los destinatarios se garantizan mientras no entren en colisión con el objetivo y el ejercicio del poder político.Entre las Líneas En la terminología de E. Fraenkel (The Dual State, Nueva York 1941) el Estado «nominativo» coexiste con el Estado de «prerrogativa». El régimen autoritario posee una ideología, pero dado su carácter, su contenido material resulta vago e inconcreto caracterizándose por el oportunismo: como su objetivo es continuar detentando el poder, suelen legitimarse mediante una amalgama de tradicionalismo con la idea según la cual ese régimen resulta el más adecuado para el bien de la comunidad dada la idiosincrasia y las condiciones generales del país, todo ello teñido, por tanto, de un fuerte ingrediente de emotividad nacionalista.
Historia. De hecho, el autoritarismo es un sistema o realidad política muy moderno, casi típico de la transición del absolutismo monárquico al constitucionalismo, así como del proceso regresivo del Estado constitucional al predominio del ejecutivo. Justamente la invocación de la conveniencia de un ejecutivo fuerte en lugar del control parlamentario del poder (e incluso del control judicial), descubre el carácter autoritario de los regímenes. El parlamentarismo, en efecto, podrá ser bueno o malo en sí mismo, pero no cabe duda que es lo contrario tanto del autoritarismo como del totalitarismo. La elección entre un orden democrático y un orden autocrático no radica, pues, en un argumento de
utilidad o de «eficacia», sino en un juicio de valor que se decide por una actitud de confianza hacia el pueblo o hacia líderes cualificados en uno u otro caso. Esa opción urge ante todo en tiempo de crisis, lo que explica que los regímenes autoritarios cuyo principio es el autoritarismo han surgido, por tattto, al desvanecerse el Antiguo Régimen. El primero fue implantado por Napoleón I al situar su personal dictadura bajo la ideología burguesa de la Revolución. Su ejemplo fue seguido por muchos: la historia de Francia del pasado siglo hasta la tercera República se puede decir que es la de sus regímenes autoritarios revivida por la quinta República gaullista. Casi lo mismo en España con los interregnos del Trienio constitucional, la primera República y la Restauración. Y así en Alemania cuando fracasó definitivamente el liberalismo revolucionario en 1848. Quizá el que más se acerca al tipo ideal de autoritarismo sea el Reich de Bismarck, que camuflaba bajo una fachada de instituciones y técnicas democráticas esta forma de neoabsolutismo. Otros regímenes contemporáneos son el de Horthy en Hungría, el de Kemal Atatürk en Turquía y los de Seipel, Dollfuss y Schuschnigg en Austria; el de Pilsudski en Polonia, el de Perón en Argentina, el de Nasser en Egipto, el de S. Rhee en Corea, etc. Muchas veces acaba en franco totalitarismo, con el cual tiene muchos rasgos comunes.Si, Pero: Pero se diferencia de éste por su menor rigidez. [rbts name=”politica”]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre autoritarismo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

K. LówENSTEIN, Teoría de la constitución, Barcelona 1965; C. J. FRIEDRICH, El hombre y el gobierno, Madrid 1968; J. L. TALMON, Los orígenes de la democracia totalitaria, México 1956; fD, Mesianismo político, México 1969; B. RussELL, Autoridad e individuo, 3 ed. México 1954; S. M. LIPSET, El hombre político, Buenos Aires 1963.

Recursos

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Notas y Referencias

  1. Información sobre Autoritarismo en la Enciclopedia Online Encarta

Véase También

Comunismo Democratización Legitimidad Patrimonialismo Régimen

Bibliografía

k. Lówenstein, Teoría de la Constitución, Barcelona 1965; c. j. Friedrich, el Hombre y el Gobierno, Madrid 1968; j. l. Talmon, los Orígenes de la Democracia Totalitaria, México 1956; Fd, Mesianismo Político, México 1969; b. Russell, Autoridad e Individuo, 3 Ed. México 1954; s. m. Lipset, el Hombre Político, Buenos Aires 1963.

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