Este texto se ocupa de las consecuencias de la industrialización en Rusia. La industrialización rusa ofrece un importante contraste con las historias de desarrollo industrial de otras economías ricas en tierras y escasas en mano de obra y capital, como Estados Unidos, Canadá y Australia. A diferencia de estas sociedades (y quizás más como Brasil y China), Rusia comenzó el proceso de crecimiento industrial con una economía agraria, tecnológicamente atrasada, financieramente subdesarrollada y políticamente autoritaria. La industrialización rusa exigía hacer frente a estas limitaciones (a la manera de Gerschenkron), pero también suponía un conflicto constante entre seguir las ventajas comparativas y emprender políticas activas para apoyar a los sectores subdesarrollados con mayor potencial de crecimiento, un tema que se explora en varios capítulos de este volumen. Así, la comprensión de las experiencias rusas y soviéticas también contribuye al debate sobre las raíces y las implicaciones políticas de la “industrialización tardía” y la “desindustrialización”.
La industrialización tuvo algunos efectos positivos y negativos en Rusia, porque creó riqueza, puestos de trabajo y una producción rápida y barata de productos. La rápida industrialización provocó el descontento del pueblo, el crecimiento de las fábricas trajo nuevos problemas, malas condiciones de trabajo, salarios realmente bajos, trabajo infantil, sindicatos proscritos. La guerra y la revolución destruyeron la economía rusa. La ola de industrialismo provocó una migración masiva a las grandes ciudades, como San Petersburgo y Moscú, ya que eran los centros del industrialismo en Rusia.