Corriente Ortodoxa del Desarrollo
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Véase también el Supuesto de Beneficio Mutuo en la Economía del Desarrollo.
La inaplicabilidad de la Monoeconomía ortodoxa a las áreas subdesarrolladas
Una vez que se establece firmemente una corriente de ideas genuinamente nueva y se desarrolla activamente por un grupo grande de académicos e investigadores, se vuelve casi imposible la apreciación de la dificultad de su nacimiento y fortalecimiento. Tales dificultades son particularmente marcadas en la ciencia económica, dados su paradigma (modelo, patrón o marco conceptual, o teoría que sirve de modelo a seguir para resolver alguna situación determinada) dominante y su tradición analítica que constituyen una fuente bien conocida de fortaleza y debilidad para esa ciencia social.Entre las Líneas En consecuencia, se requiere una explicación del surgimiento y el éxito por lo menos temporal de la tesis herética -aunque ahora familiar- de que grandes porciones del cuerpo convencional del pensamiento económico y las recetas de política económica no son aplicables a los países más pobres, sobre todo en vista de que este movimiento intelectual surgió en buena medida precisamente en el ambiente “anglosajón” que había sido durante largo tiempo el hogar de la tradición ortodoxa.
En efecto, encontramos sin dificultad algunos elementos de tal explicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La economía del desarrollo aprovechó el descrédito sin precedente en que había caído la economía ortodoxa como resultado de la depresión de los años treinta y del éxito, también sin precedente, de un ataque a la ortodoxia proveniente del interior del establishment de la ciencia económica. Por supuesto, me refiero a la Revolución keynesiana de los años treinta, que se convirtió en la “nueva economía” y casi en una nueva ortodoxia en los años cuarenta y cincuenta. Keynes había establecido firmemente la idea de la existencia de dos clases de ciencia económica: la tradición ortodoxa o clásica, que se aplica, como gustaba de subrayar Keynes, al “caso especial” en que la economía se encuentra plenamente empleada; y un otro sistema muy diferente de proposiciones analíticas y de prescripciones de política (reformadas por Keynes) que se aplica cuando hay un gran desempleo de recursos humanos y materiales. El paso keynesiano de una a dos ciencias económicas fue decisivo: se había roto el hielo de la monoeconomía y de pronto resultaba verosímil la idea de la posible existencia de otra ciencia económica, sobre todo entre el grupo de economistas keynesianos, muy influyente a la sazón. Entre las diversas observaciones fundamentales para la nueva economía del de arrollo, y que en forma implícita o explícita justificaban el tratamiento de los países subdesarrollados como un grupo de economías sui generis, resaltan dos: la del subempleo rural y la que subraya el síndrome de los países que, llegan tarde a la industrialización.
El subempleo rural
Es posible que los primeros autores de nuestro tema hayan buscado una conexión con el sistema keynesiano aún más estrecha y específica que la proveída por la proposición general de que diversas clases de economías requieren diferentes clases de análisis económicos. Tal conexión derivó del énfasis unánime de las contribuciones pioneras -de Kurt Mandelbaum, Paul Rosenstein-Rodan y Ragnar Nurkse- en el subempleo como una característica fundamental del subdesarrollo. El énfasis en el subempleo rural era suficientemente similar a la preocupación keynesiana por el desempleo para dar a los pioneros una sensación muy apreciada de afinidad con el sistema keynesiano, pero también era suficientemente diferente para generar expectativas de un desarrollo eventualmente (finalmente) independiente de nuestra naciente rama del conocimiento económico.
En efecto, las afinidades eran impresionantes. Como es bien sabido, el sistema keynesiano tomó el desempleo mucho más en serio que la economía tradicional y elaboró una teoría del equilibrio macroeconómico con desempleo. De igual modo, los primeros economistas del desarrollo escribieron ampliamente acerca del “círculo vicioso de la pobreza”, un estado de equilibrio a bajo nivel que puede prevalecer en medio de un subempleo rural generalizado.
Otros Elementos
Además, se sostuvo que tanto las características del equilibrio de una economía avanzada con desempleo urbano como las de una economía subdesarrollada con subempleo rural justificaban las políticas públicas intervencionistas que hasta ahora había proscrito estrictamente la economía ortodoxa. Los keynesianos hicieron hincapié en la tarea de la política fiscal expansiva para combatir el desempleo. Los primeros economistas del desarrollo llegaron, incluso, a defender alguna forma de planeación de la inversión pública que movilizara a los subempleados hacia la industrialización, de acuerdo con un patrón de “crecimiento equilibrado”.
En estas formas diversas, la pretensión de la economía del desarrollo de constituir un cuerpo separado de análisis económico y de política económica obtenía legitimidad y fortaleza intelectual del éxito anterior y las características paralelas de la revolución keynesiana.
El énfasis puesto en el subempleo rural como la característica principal del subempleo encontró su expresión más clara en la obra de Arthur Lewis.Entre las Líneas En su poderoso artículo titulado “Desarrollo económico con dotaciones ilimitadas de mano de obra”, se las arregló Lewis -casi milagrosamente- para derivar de una proposición simple acerca del subempleo un conjunto completo de “leyes del movimiento” aplicables al país subdesarrollado típico, así como un amplio conjunto de recomendaciones para la política económica interna e internacional.
En virtud de que el concepto del subempleo rural constituía el fundamento teórico decisivo de la separación de la economía del desarrollo, no resulta sorprendente que haya sido escogido como objetivo favorito por los defensores de la ortodoxia y la monoeconomía. Por ejemplo, Theodore W. Schultz dedicó un capítulo completo de su conocido libro titulado “Transforming Traditional Agriculture” (Yale, 1964) a la refutación de lo que llamó “La doctrina del valor nulo de los trabajadores agrícolas”. Su principal argumento empírico era la disminución experimentada por la producción agrícola cuando se reduce de pronto la fuerza de trabajo en un país que supuestamente tenía mano de obra redundante en la agricultura, como ocurrió en la India durante la epidemia de influenza de 1918-1919. Arthur Lewis señaló más tarde que las consecuencias que habían derivado del supuesto de una productividad marginal nula en la agricultura conservarían toda su fuerza si la oferta de mano de obra superara a la demanda al salario dado en la industria, una condición mucho más débil que la de una productividad marginal nula.
Esto sugiere una observación interesante acerca de la posición científica de la ciencia económica y de la ciencia social en general. Mientras que en las ciencias naturales o médicas comparten a menudo los premios Nobel dos personas que han colaborado en un adelanto científico dado, o merecen un crédito conjunto por tal adelanto, en el campo de la ciencia económica se divide a menudo el premio entre una persona que ha desarrollado cierta tesis y otra que se ha esforzado denodadamente por demostrar su incorrección.
Al inicio de su famoso artículo, Lewis diferenció la economía subdesarrollada frente a la economía keynesiana señalando que en el sistema keynesiano hay subempleo de mano de obra y de otros factores productivos, mientras que en una situación de subdesarrollo solo la mano de obra es redundante.Entre las Líneas En este sentido, mi propia obra puede considerarse como un intento de generalización del diagnóstico del subempleo como la característica principal del subdesarrollo. Afirmé que los países subdesarrollados tienen reservas ocultas, no solo de mano de obra, sino también de ahorros, espíritu de empresa y otros recursos.Si, Pero: Pero los remedios keynesianos serían inadecuados para activar tales reservas. Lo que se requería eran “instrumentos graduales” y “mecanismos de presión”, y de allí mi estrategia del crecimiento desequilibrado.
Es posible que mi generalización del argumento del subempleo haya minado hasta cierto punto la pretensión de autonomía y separación de la economía del desarrollo. Como lo demuestran la obra de Herbert Simon sobre la “satisfacción” y la de Harvey Leibenstein sobre la “eficiencia X”, también el desempeño de las economías avanzadas “depende menos de las combinaciones óptimas de recursos dados que de la atracción y utilización [ . . ] de recursos y capacidades que se encuentran ocultos, dispersos, o mal utilizados”, según lo expresé en “The Strategy of Economic Development” con referencia a los países menos desarrollados Una característica que yo había presentado como algo específico de la situación de un grupo de economías se descubrió más tarde también en otras economías. Aunque tal hallazgo propicia una reunificación de nuestra ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), lo que tenemos aquí no es un retorno del hijo pródigo a un padre inmutable, siempre acertado y justo. Más bien, nuestro entendimiento de las estructuras económicas de Occidente habrá sido modificado y enriquecido por el examen de otras economías.
Por supuesto, esta clase de movimiento dialéctico -el examen de grupos distintos produce primero el descubrimiento asombrado de la “otredad”, al que sigue luego el descubrimiento más asombroso aún de que nuestro propio grupo no es tan diferente después de todo- ha caracterizado los estudios antropológicos de las sociedades “primitivas” desde sus inicios y ha constituido, en efecto, uno de sus atractivos principales.Entre las Líneas En el campo de la economía del desarrollo, ha ocurrido algo parecido también con las ideas planteadas por Arthur Lewis. La dinámica del desarrollo con dotaciones “ilimitadas” de mano de obra, que se suponía típica de los países menos desarrollados, ha prevalecido, en efecto, en muchas economías “nórdicas” durante el periodo de crecimiento rápido de la posguerra, debido en gran parte a la inmigración masiva, temporal o permanente, espontánea u organizada, proveniente del “Sur”. Una de las respuestas analíticas más interesantes ante esta situación ha sido la teoría del mercado laboral doble de Michael Piore y otros.
Esta teoría se conecta sin dificultad con el modelo de Lewis, aunque tal conexión no se ha hecho explícita, hasta donde yo sé.
La industrialización tardía
He sugerido (…) que el concepto del subempleo alcanzó su posición como cimiento de la economía del desarrollo a causa de su afinidad con el sistema keynesiano y del deseo de los primeros autores de nuestro tema de colocarse, por decirlo así, bajo la protección de una heterodoxia que acababa de alcanzar el éxito.
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Además, había también algo de arcano en este concepto, llamado también a menudo el “desempleo disfrazado”, lo que servía para acentuar la aureola científica y la calidad intelectual del nuevo campo.
Pero junto con los misterios, el sentido común del desarrollo sugería también que se requería cierta revisión de las nociones tradicionales. Durante la depresión de los años treinta, y más aún durante la segunda Guerra Mundial, se puso en claro que la industrialización iba a ocupar un lugar importante en toda política activa de desarrollo de muchos países subdesarrollados. Éstos se habían especializado durante largo tiempo -o se habían visto forzados a especializarse- en la producción de bienes primarios para su exportación a los países industriales avanzados que les enviaban a cambio manufacturas, La erección de una estructura industrial bajo estas condiciones de “llegada tardía” constituía obviamente una tarea formidable, lo que condujo al cuestionamiento de la doctrina recibida, en cuyos términos los adelantos industriales apropiados para cualquier país serían aprovechados rápidamente por empresarios perspicaces y atraerían el financiamiento requerido a resultas del funcionamiento regular de los mercados de capital. La larga demora de la industrialización, la ausencia de espíritu empresarial para aventuras más grandes, y la presencia real o supuesta de muchos otros factores adversos, generaban la convicción de que la industrialización de las áreas subdesarrolladas necesitaba un esfuerzo deliberado, intensivo, guiado. La denominación y caracterización de este esfuerzo condujo a una competencia de metáforas: el gran impulso (Paul Rosenstein- Rodan), el despegue (Walt W. Rostow), la gran explosión (Alexander Gerschenkron), el esfuerzo mínimo crítico (Harvey Leibenstein), y los enlaces hacia atrás y hacia adelante (Albert O. Hirschman). La discusión de estos conceptos utilizó argumentos teóricos -se elaboraron argumentos nuevos en favor del proteccionismo, la planeación y la industrialización misma y la experiencia de la industrialización europea en el siglo XIX.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
En este último aspecto, la lucha entablada entre partidarios y adversarios de la monoeconomía se reflejó en el debate planteado entre Rostow y Gerschenkron. Aunque Rostow había acuñado la metáfora más popular (el “despegue”), había asumido en realidad una posición monoeconómica.Entre las Líneas En efecto, dividió el proceso de desarrollo en sus famosas cinco “etapas”, de contenido idéntico para todos los países, independiente mente del momento en que tornaran el camino de la industrialización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Gerschenkron criticó la noción “de que el proceso de industrialización se repite de un país a otro con un ritmo pentamétrico”, y demostró que, por el contrario, la industrialización tardía de países europeos corno Alemania y Rusia, difería en algunos sentidos fundamentales de la Revolución Industrial (véase también sus consecuencias y la industrialización) inglesa, en gran medida debido a la intensidad del esfuerzo de los países de industrialización tardía por “recuperar el terreno”. Aun cuando se limitó a la Europa del siglo XX, la obra de Gerschenkron tuvo gran importancia para la economía del desarrollo al aportar un apoyo histórico a la, posición opuesta a la monoeconomía. A medida que avanzaba la industrialización del Tercer Mundo a mediados del siglo XX, asumía características diferentes de las identificadas por Gerschenkron como típicas de los países europeos de industrialización tardía.Si, Pero: Pero quienes gustan de los argumentos históricos encontraron en la obra de Gerschenkron la misma clase de apoyo que el keynesianismo había dado a quienes gustan de los argumentos analíticos: tal obra demostraba definitivamente que puede haber más de un camino hacia el desarrollo; que los países que tratan de industrializarse tenderán a forjar sus propias políticas, secuencias e ideologías para tal fin.
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Detalles
Los avances de la industrialización se veían acompañados con frecuencia por persistentes presiones inflacionarias y de balanza de pagos, lo que ponía en duda la adecuación de los remedios tradicionales, y hacía surgir, en América Latina, las tesis “sociológicas” y “estructuralistas” de la inflación que, curiosamente, han ganado cierta popularidad ahora en los países industrializados, de ordinario sin otorgar el crédito debido.10 De igual modo, el desarrollo vigoroso de la corporación transnacional en el periodo de la posguerra planteaba interrogantes enteramente nuevos de “economía política” acerca de la medida en que un país debiera atraer, restringir o controlar a estos transmisores de la tecnología y los productos modernos.
Fuente: Hirschman, “De la Economía a la Política y Más Allá”
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