Cultura desde el punto de vista Filosófico
El papel de la filosofía en la cultura
La filosofía es una parte integral de la cultura humana, y ya sea que esa cultura esté dividida en sí misma o no, el estudio de la misma requiere filosofía.
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La filosofía es una tónica de la cultura, una herramienta para la renovación cultural. Por sí sola, la cultura no es más que una materia prima para la filosofía.
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La relación simbiótica entre ellas es uno de los sellos distintivos de la filosofía y una de las cuestiones más controvertidas de la filosofía es la definición de la filosofía en sí misma.Si, Pero: Pero a pesar del desacuerdo entre los filósofos, la filosofía suele estar relacionada con la valoración crítica de nuestras ideas, valores y costumbres preconcebidas. La filosofía es una reflexión consciente y crítica sobre las cuestiones fundamentales de la vida y el mundo en el que vivimos, una reflexión crítica sobre nuestras experiencias. Es la búsqueda imparcial de la verdad. [rtbs name=”verdad”] La filosofía intenta dar respuesta a algunas de las preguntas fundamentales sobre la vida, el conocimiento, el cosmos, la moralidad, la naturaleza humana, etc. La filosofía está ligada a una forma de vida; una forma de pensar que pretende guiar el comportamiento, agudizar y ampliar nuestro horizonte intelectual, escudriñar nuestras suposiciones y clarificar las creencias y los valores por los que vivimos. Desde esta perspectiva, por lo tanto, la filosofía promueve la investigación inteligente y el autoexamen, que ayudan a liberar al individuo del encarcelamiento de la ignorancia, el prejuicio, la superstición, la estrechez de miras y el despotismo de la costumbre. Hablando sobre la naturaleza y el valor de la filosofía, Bertrand Russell escribe: Tan pronto como comenzamos a filosofar… encontramos… que incluso las cosas más cotidianas conducen a problemas a los que solo se pueden dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir muchas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y los liberan de la tiranía de la costumbre. Así, al disminuir nuestra sensación de certeza sobre lo que son las cosas, aumenta en gran medida nuestro conocimiento sobre lo que pueden ser; elimina el dogmatismo un tanto arrogante de quienes nunca han viajado a la región de la duda liberadora, y mantiene viva nuestra sensación de asombro al mostrar las cosas familiares en un aspecto poco familiar. Si la filosofía es así interpretada, puede ser correcto decir que el papel de la filosofía en la cultura es cuestionar, valorar y revalorizar los valores, creencias, costumbres y prácticas establecidas desde hace mucho tiempo con el fin de mejorarlos para el bienestar humano. La filosofía está latente en las acciones cotidianas de las personas; la filosofía, como tal, es también la cosmovisión que guía y mantiene una cultura. La cultura, por otra parte, es el conjunto de la vida, el comportamiento, las creencias y los valores, y las instituciones de un pueblo. La cultura es la totalidad de la forma de vida de un pueblo, reforzada por la adaptación a un entorno común, y de formas de pensar comunes.
Cultura Secular
Este artículo, anclado en las tendencias ideológicas y filosóficas que desde hace dos milenios animan la autocomprensión y los valores culturales del hombre; y tomando del dicho socrático “el hombre se conoce a sí mismo”, busca una evaluación y comprensión de la identidad y misión del hombre en la sociedad secularizada actual. Propone un “replanteamiento” de los valores tradicionales, no solo canonizándolos como los mejores, sino dejando de lado los que vale la pena preservar y diseñando un camino a seguir para una existencia y un destino humanos coherentes y auténticos.
Ya a mediados del siglo V a.C., con el atractivo de Sócrates (469-399 a.C.), “El hombre se conoce a sí mismo”, el curso de Filosofía experimentó una reorientación definitiva, desde la preocupación cosmológica de los jonios (Thales, Anaximander y Anaximenes) hasta una consideración centrada en el hombre. La sociedad contemporánea está separada del gran pensador griego Sócrates por una herencia filosófica activa de más de dos milenios y, sin embargo, la pregunta “¿Quién es el hombre?1 parece en gran medida sin respuesta y cada vez más urgente.Entre las Líneas En este escenario, la Cultura se reduce a nosotros como un rico patrimonio con enormes cambios generacionales: progresiones y regresiones en cuanto al conocimiento y apreciación de la Persona Humana, su origen, naturaleza, existencia, meta y destino. La filosofía se divide tradicionalmente en cuatro épocas: Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea, a pesar de las posibles variaciones de perspectivas sobre esta división. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Detrás de cada época filosófica y que surge de cada época filosófica hay un patrimonio cultural marcado por costumbres, creencias, valores y cosmovisiones distintivas que conforman y determinan la relación del hombre consigo mismo, con los demás y con el mundo, con sus comienzos y su fin inminente. El tema bajo consideración, “Existencia humana y destino en una cultura de secularismo: Repensar los valores culturales tradicionales”, busca una evaluación de las tendencias ideológicas e incluso filosóficas que desde hace dos milenios han animado la autocomprensión y los valores culturales del hombre: el hombre está progresando en su tarea de responder a esa pregunta socrática básica: El hombre se conoce a sí mismo o se aleja cada vez más de su identidad y de su misión? ¿Ha sido la cultura una expresión progresiva de la perfección del hombre, son las culturas más “avanzadas” una prueba de crecimiento o debemos redescubrir el germen del punto más alto del hombre de las expresiones culturales coherentes con su origen, naturaleza, objetivo y destino en el pasado lejano? Toda corriente filosófica o ideológica ha producido en cierto modo su propia cultura, que a su vez depende de ella y se sustenta en ella. Entre las preguntas que se destacan se encuentran las siguientes: ¿Cómo afectan estas culturas la apreciación de la existencia y el destino del hombre? ¿Es absoluto el sistema de valores de cada cultura o existen normas objetivas con las que comparar y evaluar cada tendencia cultural? Todo intento de responder a estas preguntas exige un conocimiento justo del hombre, de su origen, de su existencia y de su destino en el seno de una cultura determinada, y de la forma en que las distintas filosofías han animado y siguen influyendo en las distintas culturas. La amplia gama de culturas, abordadas desde diversas perspectivas, impide un estudio completo de todas las culturas posibles; sin embargo, se considerarán algunas marcas representativas en lo que se podría llamar una “lista interminable” de culturas. Lo que realmente está en juego ahora es un examen de la interrelación entre cultura y filosofía, en el que se encuentran las respuestas a estas preguntas de interés. Esto implica responder a otras preguntas como: ¿Es la’Filosofía’ una ‘Cultura’? ¿Es la “cultura” una “filosofía”? Qué es la Cultura: Una Filosofía? Junto con Gottfried Lang, podemos distinguir seis cobertizos de significado del fenómeno de la Cultura, destacando diversas áreas de énfasis: 1. La cultura es una enumeración de aspectos del comportamiento grupal e individual, así como un producto de ambos. Aquí se hace hincapié en el contenido de la cultura. Así pues, la cultura se basa en la vida de un pueblo y de una sociedad y, por lo tanto, puede aprenderse. Aquí se hace hincapié en el papel del simbolismo (especialmente en el lenguaje) y en la profundidad histórica de la cultura. 2. La cultura puede entenderse como la historia o la idea de un patrimonio social o una tradición.
Autor: Black
Civilización y Cultura en Filosofía
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Concepto de civilización
Según la etimología de la palabra, civilización procede del latín civis, ciudadano, vocablo que alude y designa al habitante de una ciudad, en contraposición a los pobladores de los campos, denominados rura.Si, Pero: Pero en el Derecho romano se amplía el nombre de ciudadano (en el año 212) a todos los habitantes del Imperio, incluidas las provincias, sin distinguir entre los del campo y la ciudad. No obstante esta identificación jurídica, se diferencian por sus costumbres, grado de instrucción, honores, etc., los pobladores de ciudades y los del campo, existiendo también matices entre los primeros, según su status social, económico, etc. Quedan excluidos del derecho de ciudadanía los esclavos y los hombres libres sin status civitatis. Los que recibían el derecho de ciudadanía se llamaban ciudadanos y disfrutaban de derechos públicos y del ius civile.
La existencia del ciudadano supone, ciertamente, la de la ciudad, en latín civitas. La civilitas, equivalente a urbanitas, se interpreta como el modo de ser propio de la ciudad y de sus habitantes, con arreglo a unas normas. (…)
De civilitas deriva la palabra italiana civiltà, con el mismo significado que la española civilización, pues a pesar de los distintos significados de esta palabra, casi todos coinciden en su referencia a la ciudad. Durante mucho tiempo, desde el siglo XVII, el adjetivo civilizado era sinónimo de pulido, instruido, educado; desde el siglo XVIII, ilustrado.Entre las Líneas En este sentido se usan en francés e inglés los adjetivos poli y polished respectivamente, derivados a su vez del griego polis (ciudad). Con un significado de sociable, urbano, atento, se emplea en español la palabra civil, procedente del latín civilis. Significado parecido a sociabilidad, urbanidad, tienen los términos civilidad y civismo.
Han sido los franceses los primeros en emplear el término civilización (civilisation), derivado del verbo civilizar (civiliser), en el sentido de progreso material, intelectual, social, etc. Voltaire fue quien, en Le Siècle de Louis XIV (1751), se refirió antes que nadie a una civilización de época. Condorcet, en 1787, alude a la civilización como remedio contra la guerra, la esclavitud y la miseria. Estos y otros autores hablan de civilización como lo más opuesto a barbarie, concepto que adquiere gran estima hasta finalizar el siglo XVIIl. Marx y Engels, en su Manifiesto del Partido Comunista (1848) entienden por civilización medios de subsistencia. Ya en el siglo XX, Ferdinand Tönnies y Alfred Weber engloban bajo el término civilización todos los medios que permiten al hombre obrar sobre la naturaleza.
No es posible pretender dar una definición de civilización que recoja los elementos comunes contenidos en los distintos conceptos de civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”](Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Detalles
Los antropólogos A. L. Kroeber y Clyde Klukhohn enumeran 161 definiciones. Philip Bagby, que se ha dedicado a la antropología cultural, propone reservar el término civilización a lo relacionado con las ciudades, en contraposición a cultura como propio del campo no urbanizado, de modo que la civilización viene a ser una cultura superior. Es muy de tener en cuenta esta opinión por cuanto se ha dicho anteriormente sobre el significado etimológico.
El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define civilización como «conjunto de ideas, creencias religiosas, ciencias, artes y costumbres que forman y caracterizan el estado social de un pueblo o de una raza». Tal definición da idea del concepto que se quiere expresar, pero falla al referirse a lo racial.
Ciertamente, la civilización no se refiere a un individuo, sino a una colectividad, bien sea un pueblo (civilización eslava), una nación (civilización española), un grupo religioso (civilización cristiana), un grupo lingüístico (civilización árabe), una serie de pueblos de una determinada área geográfica (civilización europea), pero no una raza, que es solo el presupuesto biológico primero. No existe una civilización blanca o amarilla, ni tampoco puede hablarse de raza europea o española, aunque con frecuencia circulen estos términos por influencia de doctrinas racistas. (…)
Puede entenderse por civilización, en un sentido amplio, la manifestación extensiva de la actividad humana, colectivamente considerada. Para E. Weber, civilización es equivalente de cultura material o conjunto de medios materiales y externos que utiliza el hombre.Entre las Líneas En este orden de ideas se encuentra la mayor parte de los autores que han estudiado el fenómeno de civilización, que tienden a usar el término cultura para aludir a las realizaciones más íntimas y vitales del progresar humano y el término civilización para referirse a los aspectos más técnicos y exteriores. Es también frecuente considerar la civilización como la última fase del proceso cultural, de tal modo que éste desemboca siempre en la civilización.
Así, todo proceso cultural desemboca en una cultura, y por relación entre culturas, nace una civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”](Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Tal es el caso de la occidental, resultado de las culturas de los pueblos. occidentales, su manifestación más externa y técnica. Hasta ahora, no es posible hablar de una civilización universal, porque no se ha llegado a un resultado, a escala mundial, de las culturas de todos los pueblos de Oriente y Occidente.Si, Pero: Pero la conexión y dependencia de las civilizaciones es cada vez mayor, por influencia de los medios de comunicación, por contactos más intensivos a nivel individual, etc.
Historia de la civilización
Si se parte de la base que civilización es el resultado y la manifestación más externa de la cultura, formulamos un concepto dinámico y por ello objeto de la Historia. Efectivamente, al incorporarse en el siglo XII el concepto de civilización a la Historia, han surgido formas de Historia tales como Historia de la civilización, objeto y sujeto a la vez de un mismo historiar. Hasta entonces, solo se habían ocupado de la civilización, en sí misma, los sociólogos y filósofos. Consecuencia de la ampliación del campo de investigación histórica es el nacimiento de la Historia comparada, en cuyo marco son objeto de estudio y análisis las civilizaciones. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”] Despojar a éstas de sus accesorios, integrarlas en sus elementos comunes, es un afán historiográfico que ha dado como fruto síntesis de civilización y ha permitido elaborar los conceptos de civilización europea, occidental, etc.
Cuando se habla de la civilización europea en África o en América, se hace referencia a una dinámica de proyección. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ciertamente, es la cultura, aunque no solamente ésta, la que se proyecta o se intenta proyectar, pero el acto de proyección y su resultado son civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”](Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En el acto de proyección se incluyen elementos que no son propiamente culturales, vitales, profundos; sino técnicos (medios de transporte, explotación de minerales), económicos (moneda, comercio), sociales, etc. (…)
Concepto de cultura
El sentido que hoy día se da corrientemente a la palabra cultura guarda muy poca relación con su etimología. Del verbo latino colere (cultivar), en el mundo romano se empleaba la palabra cultura para las labores agrícolas, es decir, como equivalente del actual término español agricultura. Por similitud entre el cuidado que había que tener con la tierra (roturación, siega, siembra, etc.) y con el hombre para conseguir su formación intelectual, ya desde la Edad Moderna se comenzó a usar la palabra cultura en el aspecto intelectual que hoy la consideramos. Y del mismo modo que se habla del cultivo de las facultades mentales, se habla también del cultivo del espíritu, de cultura religiosa, etc., debiéndose entender por hombre culto un hombre integralmente formado, aunque en la práctica se aplica este adjetivo a los que poseen amplios conocimientos humanísticos. Esto ocurre, en parte, por la desvalorización que están experimentando las palabras; desvalorización similar a la de los conceptos, y ocurre también, por un cambio de apreciación en la jerarquía de valores.
El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la cultura como «resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre».Entre las Líneas En este sentido, y en contraste con el término más colectivo de civilización, la cultura se refiere más directa y propiamente al individuo. Un concepto más amplio y distinto, pero referido también al individuo, ha elaborado Ch. Dawson, al observar que los elementos biológicos e intelectuales cooperan en la formación de una cultura. Teniendo en cuenta esto, define la cultura diciendo que es «un modo de vida común, es la adaptación particular del hombre a su medio ambiente natural y a sus necesidades económicas» (La dinámica de la Historia universal). Este autor hace intervenir en la cultura los mismos factores: genérico (población), geográfico (lugar) y económico (trabajo), que conforman las especies animales. A estos factores hay que añadir el psicológico, propio de la especie humana, que libera al hombre de una dependencia ciega al medio ambiente. Para Ch. Dawson, el lenguaje es elemento fundamental de la cultura, el que distingue al hombre de los animales irracionales, el que diferencia una cultura de otra. «El factor lingüístico es, en cierto sentido, el más importante, puesto que el lenguaje es el medio psicológico del que se valen los restantes elementos y mediante el cual adquieren forma y continuidad» (o. c.). Cuando Dawson afirma que el elemento intelectual es «el alma y el principio formativo de la cultura» coincide con un concepto de cultura ya generalizado; pero al mismo tiempo que considera la cultura como manifestación de la vida del espíritu, no pierde de vista la parte que tiene de respuesta de la vida biológica a las condiciones del medio ambiente. Este aspecto es digno de tenerse en cuenta, si se quiere elaborar un concepto amplio de cultura, aplicable a cualquier estadio de la vida del hombre. Así ocurre con las llamadas culturas primitivas, más relacionadas con la tierra y lo social que con el intelecto.Entre las Líneas En síntesis, Ch. Dawson llega a un concepto de cultura amplio y particularmente interesante desde el punto de vista sociológico: «en realidad, la cultura no es ni un proceso puramente físico ni una formación ideal. Es un conjunto vivo que tiene sus raíces en la tierra y en la vida simple e instintiva del pastor, del pescador y del labrador no menos que en los logros superiores del artista y del filósofo; del mismo modo que el individuo humano combina, en la unidad sustancial de su personalidad, la vida de la nutrición y la reproducción con las actividades superiores de la razón y el intelecto» (o. c.).
Éste es, además, un concepto de cultura cualitativo y no cuantitativo. No mide tampoco la cultura por cantidad de conocimientos, sino en razón del hombre y sus circunstancias. Tal concepto antropológico y ecológico se aleja un tanto del ya tradicional de cultura referido casi exclusivamente a las facultades superiores del hombre, que hace que el vulgo traduzca en términos cuantitativos lo que tan solo son distintas manifestaciones de cultura.
La relación de un grupo humano con su medio ambiente y sus funciones determina el carácter de una cultura, objeto de estudio por parte de los antropólogos y sociólogos. De ahí que, en Antropología, se hable de cultura material, relacionando íntimamente ésta con el suelo y entendiéndola como sinónimo de civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”](Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ha sido en Alemania donde primero se ha empleado el término cultura (Kultur) como sinónimo de civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”](Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Aviso
No obstante, J. G. Herder considera como cultura el progreso intelectual y científico, separado de todo contexto sociológico.
Fuente: Carlos R. Eguía, Gran Enciclopedia Rialp (GER), Tomo 5, páginas 714 a 720
Otras Consideraciones sobre la Civilización y Cultura en Filosofía
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En ese despliegue o proyección de la cultura intervienen multitud de factores: demográficos, ya que un pueblo al crecer numéricamente puede tender a expandir su territorio o a dar origen a un fenómeno de emigración; económicos, como son la búsqueda de nuevos mercados o de fuentes de materias primas; ideológicos o filosóficos, por el deseo de expandir la propia concepción de la vida, etcétera. Papel importante han ocupado los factores religiosos, en la medida concretamente que han puesto de relieve la unidad radical del género humano.Entre las Líneas En la historia de la civilización, globalmente considerada en su acontecer, el afán misionero de la Iglesia ha dado sentido y espiritualizado una honda actividad civilizadora condenada de otro modo al fracaso. Y ello porque aun cuando la civilización es un acto colectivo e institucional (trasplante de instituciones) se ejerce sobre el hombre en su doble dimensión física y espiritual, más permanente y decisiva ésta. Las motivaciones científicas y técnicas constituyen más bien vehículo de civilización y han contribuido a acelerar el proceso civilizador a partir del siglo XVl. Por lo que respecta a las motivaciones políticas, intervienen en ellas factores psicológicos y sociológicos nada despreciables.
Pretender trazar aquí un cuadro, aunque fuera somero, de la historia de la civilización humana, es tarea ilusoria. Tanto más cuanto que la historia de la civilización no es una historia lineal, y es incluso discutible que sea una historia unitaria o reducible a unidad. Lo que el panorama de la historia real nos ofrece es más el de una multiplicidad de líneas que se entrecruzan, en el que algunas de ellas mueren o se extinguen sin dejar continuidad (piénsese, por ejemplo, en la antigua cultura egipcia o en la maya), otras triunfan incorporando elementos de culturas anteriores o limítrofes, pero dejando caer otros, que se pierden, etc.Entre las Líneas En el siglo XII, bajo la influencia hegeliana, se intentaron varias síntesis absolutizadoras: todas ellas han sido abandonadas, ya que era claro su apriorismo.
Detalles
Los autores contemporáneos tienen en ese sentido una mentalidad más crítica y son más conscientes de la inabarcabilidad de la historia por parte del hombre.
Principios y elementos de la civilización
Si intentamos preguntarnos cuáles son las fuerzas que mueven el proceso que conduce a la cultura y la civilización, deberemos responder en última instancia remitiendo a una sola: el espíritu humano, el hombre en cuanto que se advierte llamado a una perfección en la que se desplieguen sus posibilidades nativas y capacitado para dominar el ambiente o mundo que le rodea ordenándolo a sus fines espirituales. Pero, partiendo de esa afirmación general, podemos intentar precisar algo más señalando algunas de las dimensiones de la dinámica humana que está en la raíz del proceso civilizador.
Un primer elemento que puede mencionarse es la tendencia que el hombre advierte en sí a encauzar lo instintivo. El hombre participa de lo biológico y de lo animal, que son una fuerza presente en él, pero conoce a la vez -y en ello estriba su espiritualidad- que esa fuerza instintiva no es criterio por sí misma, sino que debe ser ordenada a la realización de los valores que su inteligencia le hace percibir y hacia los que reconoce que debe orientar su decisión volitiva. La cultura aparece así como integración de la persona, que asume y unifica todas sus fuerzas nativas en torno a una unidad espiritual.
Desde esa perspectiva se ha dicho que una de las metas alcanzadas por la civilización es la supeditación de la sensualidad a la razón.
Supeditación que -importa advertirlo- no es aniquilación ni destrucción, sino reconciliación armónica. Vemos así el valor y a la vez el riesgo de la civilización, si degenera en afirmación de un intelectualismo vacío, desconocedor de la creatividad imaginativa, de la emocionalidad, etc. La auténtica civilización surge en cambio cuando, afirmado el espíritu, se ordena según él la totalidad del vivir con todo lo que implica de amistad, de amor, de juego, de pasionalidad, etc.Si, Pero: Pero si debe denunciarse un intelectualismo mal entendido, debe dejarse a la vez absolutamente claro que la civilización depende, en su raíz más básica, de la inteligencia humana, como facultad capaz de abrir el hombre al ser y a los valores.Entre las Líneas En la decadencia de algunas civilizaciones (romana, por ejemplo), se reflejan las consecuencias de la liberación sin control de los instintos, del mismo modo que la actual civilización occidental en evolución se debate en una lucha entre liberalización y represión, sin haber podido encontrar hasta el momento el equilibrio, el justo medio, que ha permitido una mayor continuidad y el asentamiento de las civilizaciones orientales. Los valores espirituales y religiosos, contra los que reniega parte de Occidente por influencia del materialismo ateo, por reacción contra formas de aburguesamiento del espíritu, son los que han dado apoyo y firmeza a civilizaciones milenarias, los que han liberado internamente al individuo aun en medio de una sociedad oprimida.
Es obvio por otra parte que cuando una civilización en lugar de ordenar toda la vida pasional al servicio de ideales y valores se convierte en meramente coactiva y represiva, es decir, cuando no se eleva al hombre sino que se anula la espontaneidad individual, cuando la sociedad decae en sistema de controles sociales que ahogan la libertad del individuo, cuando éste se convierte en objeto de enajenación mental, la civilización en cuyo seno se producen estas circunstancias se encuentra en crisis, anuncia su propia extinción y deja, en fin, de cumplir la esencial misión de instrumento al servicio del hombre y para el hombre. Éste es el caso de antiguas civilizaciones, desaparecidas desde el momento en que dejaron de prestar un servicio, y sustituidas por otras que aportaban nueva energía, valores e ideas, realizaciones, en fin, que algunos historiadores explican por un proceso de difusión cultural.
Otro principio que explica el proceso de la aparición y desarrollo de las civilizaciones es el esfuerzo humano por superar la necesidad o, en términos más generales, los límites de orden material, técnico o económico que puede experimentar. El trabajo de los individuos es uno de los fundamentos de la civilización. [rtbs name=”civilizacion-occidental”] [rtbs name=”renacimiento-de-la-civilizacion-occidental”](Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Ésta surge, en parte, al intentar el hombre vencer las dificultades, dominar la naturaleza, extender su dominio y ampliar zonas de influencia. La civilización es progreso en el trabajo, que se realiza, por motivos humanos, para satisfacer cada vez más y mejor las necesidades de la vida.Si, Pero: Pero conviene subrayar que este aspecto civilizador del trabajo aparece con tanta más fuerza cuando se ha superado el estadio primero de satisfacción de las necesidades inmediatas. Es entonces cuando el trabajo se revela en todo su alcance de expresión de la creatividad humana, dando origen al arte, a la elegancia en el vestido, al gusto por lo aparentemente inútil, etc. Hay en ello un peligro de que el hombre se pierda en lo superfluo, denunciado por los moralistas desde siempre y modernamente por los estudios sociológicos sobre la sociedad de consumo; pero ello es solo una desviación de algo en sí positivo: la espiritualidad humana y su capacidad de expresión.
La civilización puede, desde esta perspectiva, ser definida como poder sobre la Naturaleza, dominio del medio físico ordenándolo a los valores morales que sustentan la vida del hombre.
Mencionemos un tercer principio: la comunicabilidad humana. El hombre se relaciona con otros hombres no solo para satisfacer sus necesidades individuales, sino llevado de un deseo de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El hombre aspira a entrar en relaciones con otros seres, a comunicar con ellos sus experiencias y sentimientos, encuentra en el amor, en la amistad, en la mutua compenetración su realización más completa. Y esto manifiesta de nuevo la enorme importancia que los valores espirituales tienen en el proceso cultural. Cuando una sociedad, aunque sea muy elevado su standard técnico, decae en sociedad de masas, carente de auténtica participación, o en sociedad represiva en la que el temor al castigo es la condicionante más decisiva del comportamiento humano, factor de inhibición, que anula la voluntad, enajena la mente y convierte a los individuos en instrumentos pasivos (véase más en esta plataforma general) de civilización, manejados por los dominadores, entonces el grado de civilización de estas sociedades es mínimo, aunque materialmente hayan progresado, pues la civilización es tal solo cuando está acompañada de la cultura espiritual, es decir, cuando el progreso material está al servicio de la participación de todos en un auténtico vivir humano.
Factores del desarrollo de las culturas
Como ya antes señalábamos al precisar el concepto de cultura, es éste un tema muy estudiado por C. Dawson, que frente al reduccionismo (la selección previa de un nivel de la realidad como fundamental, y la interpretación, de todo lo demás, en términos de ese único nivel; véase sus críticas) propio del positivismo ha estado constantemente preocupado por precisar cómo se integran los factores materiales y los espirituales en el proceso del desarrollo cultural humano. Exponemos a continuación sus ideas, citando casi por entero un resumen hecho por él mismo (cfr. Dinámica de la historia universal).
La cultura -dice- es un sistema común de vida, una adaptación particular del hombre a su medio ambiente y a sus necesidades económicas. Tanto en su desarrollo como en sus modificaciones se asemeja a la evolución de las especies biológicas que se debe fundamentalmente no a un cambio de estructura, sino a la formación de una comunidad, bien con nuevas costumbres o en un ambiente nuevo y limitado. Y así, al igual que cada región natural tiende a poseer sus formas características de vida vegetal y animal, también poseerá su propio tipo de sociedad humana. Ello -advierte- no significa que el hombre sea meramente una materia plástica sometida a la acción de su medio ambiente, antes al contrario el hombre moldea su medio. Por eso puede decirse que cuanto más inferior es una cultura, mayor pasividad manifiesta. La cultura superior se revela mediante su dominio de la condición material en la que nace y se desarrolla, manifestándose tan dominante y triunfal como un artista frente a la materia con que trabaja.
Desde esa perspectiva puede decirse que son tres las fuerzas principales presupuestas, como condición material, para la formación de una cultura humana. A saber:
• la raza, es decir, el factor genético;
• el medio ambiente, o factor geográfico; y
• la función o la ocupación, o sea, el factor económico.
Pero existe además un cuarto elemento, el pensamiento, o factor psicológico, cuya presencia libera al hombre de su dependencia ciega del medio ambiente, característica de todas las formas inferiores de vida. Este factor es precisamente el que hace posible la formación de una reserva siempre creciente de tradiciones sociales, de forma que los bienes logrados por una generación se transmiten a la siguiente y los descubrimientos o nuevas ideas de un individuo se convierten en propiedad común de la sociedad, y es el que da origen a la cultura. La formación de una cultura se debe a la acción recíproca de todos esos factores; es una comunidad cuádruple, pues contiene en proporciones variables comunidades de trabajo y de pensamiento, así como de lugar y de sangre. Cualquier tentativa de definir el desarrollo social haciendo uso de una de ellas con exclusión de las demás, conducirá a un error de determinismo racial, geográfico o económico, o a teorías más o menos falsas de progreso intelectual abstracto.
Sobre esa base intenta Dawson trazar un cuadro de las líneas de desarrollo cultural. Frente a la tendencia a limitar la cultura a tipos sociales inmutables, sostiene que es imposible negar la existencia e importancia del progreso cultural.Si, Pero: Pero añade que ese progreso no es, como creían los filósofos del siglo XVIII, un movimiento uniforme y continuo, común a la raza general y tan universal y necesario como las leyes de la naturaleza, sino que es más bien una realización excepcional debida a un número de causas distintas que actúan a menudo de forma espasmódica e irregular. Así como la civilización en sí no es un todo único, sino la unificación o integración de un número de culturas históricas, el progreso no es más que la idea abstracta con la que expresamos, por medio de una simplificación, los cambios múltiples y heterogéneos sufridos por las sociedades a lo largo de la Historia.
De ahí que, en lugar de una ley uniforme de progreso, sea necesario distinguir varios tipos principales de evolución cultural. Dawson señala concretamente cinco:
• El caso simple del pueblo que crea su propio modo de vida en su medio ambiente original, sin la intervención de factores humanos ajenos a él. Un ejemplo de ello son las «preculturas» primitivas formadas de razas, de las que hemos hablado antes.
• El caso del pueblo que se establece en un medio ambiente geográfico nuevo para él y que, en consecuencia, ha de adaptar su cultura a aquél. Es éste el tipo más simple de evolución cultural, pero, no obstante, reviste gran importancia. Existe un proceso constante de pueblos de la estepa que penetran en la zona de los bosques y viceversa, de montañeses que descienden a la llanura y de pueblos del interior que se asoman al mar. Cuando las diferencias climáticas entre las dos regiones son realmente acusadas (como en el caso de la invasión de la India por los pueblos de las estepas y de las mesetas del Asia central), los resultados suelen ser sorprendentes.
• El caso de dos pueblos diferentes, cada uno con su propio modo de vida y organización social, que se mezclan entre sí, usualmente como consecuencia de una conquista y, ocasionalmente, de un contacto pacífico.Entre las Líneas En cualquier caso, el factor señalado en el caso precedente está también presente aquí, al menos por lo que a uno de los dos pueblos se refiere. Por lo demás éste es el caso más típico e importante de las causas de evolución cultural, ya que en él tiene lugar un proceso orgánico de fusión y evolución que transforma tanto al pueblo como a la cultura y origina una nueva entidad cultural en un espacio de tiempo comparativamente breve. De hecho constituye el punto de partida de todas las floraciones repentinas de nuevas civilizaciones que nunca dejan de impresionarnos como algo maravilloso (ejemplo: el caso griego). Si se comparan los diversos ejemplos que de ese proceso de fusión de pueblos y culturas nos ofrecen las diferentes edades en distintas partes de la tierra, observamos siempre que el ciclo de evolución pasa a través de las mismas fases y dura aproximadamente el mismo tiempo. Primero tiene lugar un periodo de varios siglos de crecimiento silencioso durante el cual el pueblo vive de las tradiciones y de una cultura anterior que, o bien es la que él mismo ha aportado, o la que ha encontrado en la tierra donde se estableció. Después sigue un periodo de actividad cultural intensa, en el que florecen repentinamente nuevas formas de vida originadas por la unión vital de dos pueblos y culturas diferentes, y en el que contemplamos el despertar de las formas de la antigua cultura, fertilizada por el contacto de un pueblo nuevo, o la actividad creadora del pueblo nuevo estimulada por el contacto con la cultura autóctona. Es un periodo de grandes logros, de vitalidad exuberante, pero también de violentos conflictos y revueltas, de acción espasmódica y de brillantes promesas que nunca llegan a cristalizar. Finalmente, la cultura alcanza su madurez bien por la absorción (véase su concepto jurídico) de elementos nuevos por parte del pueblo y la cultura originales, o por la consecución de un equilibrio permanente entre ambos pueblos, es decir, la estabilización de una nueva variante cultural.
• El caso del pueblo que adopta ciertos elementos de cultura material que han sido creados y desarrollados por algún otro pueblo. Este cambio es comparativamente superficial con respecto al anterior, pero de gran importancia para demostrar hasta qué punto es activa la acción recíproca entre las culturas. Así, en el pasado, el empleo de los metales, la práctica de la agricultura y de la irrigación, el uso de un arma nueva o del caballo en la guerra, son usos y técnicas que se extendieron con extraordinaria rapidez de un extremo a otro del mundo antiguo. Más aún, tales cambios materiales trajeron consigo profundos cambios sociales, ya que incluso, en ocasiones, alteraron todo el sistema de la organización social.Entre las Líneas En nuestra época tenemos otros ejemplos, que van desde la adopción del caballo por los indios de las llanuras norteamericanas y la propagación del empleo de las armas de fuego y del vestido europeo entre los pueblos primitivos, hasta la universal difusión de la técnica industrial.
Cabe observar que tales cambios externos conducen, a menudo, no hacia el progreso, sino hacia la decadencia social. El hecho de que todo cambio constructivo debe proceder del interior es una ley cuya realización se constata fácilmente.
• El caso del pueblo que modifica su modo de vida a causa de la adopción de nuevos conocimientos y creencias, o de ciertos cambios en su interpretación de la vida y en su concepto de la realidad. Caso éste que termina de subrayar que el proceso de la evolución cultural no es rígidamente determinativo sino que depende del progreso intelectual y de la práctica libre de la moral. Algunos historiadores y sociólogos, de procedencia materialista, hablan como si los productos más preciados de una cultura fueran los frutos de un organismo social que afianza sus raíces bajo circunstancias geográficas y etnológicas particulares, como si las grandes obras del pensamiento y del arte no fueran más que la simple reproducción, de forma más alambicada, de los resultados de las pasadas experiencias del organismo. Ciertamente, se debe admitir que toda condición anterior influye en las posteriores manifestaciones de una cultura y en el concepto que ésta tiene de la vida y que, por tanto, las realizaciones culturales de un pueblo resultan condicionadas, en mayor o menor medida, por el pasado.Si, Pero: Pero esto no se produce de forma mecánica. La existencia de la razón aumenta el número de posibilidades hacia la realización del propósito originante. Un impulso ya experimentado que actúa en un medio ambiente inédito, diferente de aquel al que se había manifestado en un principio puede ser no una reliquia decadente, sino una piedra angular para la adquisición de fuerzas nuevas y para la formación de una comprensión renovada de la realidad.Entre las Líneas En consecuencia, se produce una expansión continua en el campo de la experiencia y, en virtud de la razón, lo nuevo no reemplaza simplemente a lo antiguo, sino que se compara y combina con él. La historia de la humanidad -o más bien, precisa Dawson, de la humanidad civilizada- muestra un proceso continuo de integración que, aunque a veces parezca avanzar irregularmente, nunca cesa en su movimiento.
En ese proceso -señala el historiador inglés- tiene especial relieve un factor: el religioso.
La religión implica, con especial hondura, una actitud ante la vida y una visión de la realidad; cualquier modificación que a ese nivel se produzca trae consigo un cambio en el carácter general de la cultura, como puede comprobarse en el caso de la transformación por el islamismo de la sociedad pagana arábiga, o en la transformación introducida por el cristianismo en el mundo grecorromano. Desde esta perspectiva puede decirse que el profeta y el reformador religioso -en los que aparece de forma explícita y honda una profundización religiosa- son quizá los agentes más importantes de la evolución social, y eso aun cuando ellos mismos sean el vehículo de una tradición antigua, en cuyo núcleo penetran con particular fuerza.
En resumidas cuentas las grandes fases de la cultura humana están ligadas a los cambios en la visión que el hombre tiene de la realidad. De otra parte, y teniendo presente que toda empresa civilizadora implica en algún grado un dominio del medio circundante, puede decirse a modo de resumen que los grandes saltos que jalonan la historia humana se dan cuando la conciencia que el hombre tiene de su ser, de la realidad de Dios, de la relación con Él, etc., se completan con el descubrimiento de las leyes de la naturaleza, o más bien con la posibilidad de una colaboración fructífera entre el hombre y las fuerzas de la naturaleza. Un fenómeno de ese tipo está presente en todo movimiento cultural, aun en los más primitivos y, de modo especial, en las culturas superiores.
Autor: Cambó
Nietzsche y la cultura
Nota; véase la crítica de Nietzsche a la cultura de masas.
La cultura para Nietzsche consistía fundamentalmente en un “orden de rango” (Rankordnung) que establecía valores más altos y más bajos y pedía una revalorización de los valores, un vuelco (Umwertung) de los valores más altos y el establecimiento de valores superiores que promovieran individuos más fuertes y una cultura más vital. Su “Ubermensch”, por lo tanto, es un individuo superior que supera los valores decadentes de la cultura de masas, y es capaz de crear valores que afirmen la vida y una cultura más fuerte y que afirme la vida.
El desarrollo de una individualidad superior requiere la superación de las formas dominantes de cultura y conformidad, lo que enfrenta al individuo con la sociedad y la cultura de masas. Nietzsche creía que algunos individuos podían ejercer su voluntad de poder para crear yoes más elevados y refinados, por lo que, en última instancia, defiende una forma de individualismo y esteticismo aristocrático. Haciendo una distinción implícita entre el arte alto y bajo, Nietzsche sostiene que el arte auténtico permite “la libertad por encima de las cosas” y las exigencias de la moral y otras instituciones represivas:
“necesitamos todo el arte exuberante, flotante, bailable, burlón, infantil y dichoso para no perder nuestra libertad por encima de las cosas que nuestro ideal nos exige… También debemos ser capaces de estar por encima de la moral, y no solo de estar con la ansiosa rigidez de un hombre que tiene miedo de resbalarse y caer en cualquier momento, sino también de flotar por encima de ella y jugar. ¿Cómo podríamos entonces prescindir del arte — y del tonto?.”
El arte auténtico fue privilegiado por Nietzsche precisamente porque cultivaba los sentidos, la imaginación y otros aspectos de la mente y el cuerpo, permitiendo a los individuos entrar en un reino que trascendía la moralidad convencional y las normas sociales. Nietzsche defendió el arte como el enemigo más poderoso del ideal ascético y la fuente última de vitalidad cultural. La crisis de la cultura moderna está parcialmente enraizada en el hecho de que las sensibilidades estéticas han sido salvajemente atacadas por las fuerzas represivas de la racionalidad instrumental, la racionalización social y la cultura y sociedad de masas, por lo que el arte ha sido relegado a los márgenes de la sociedad. Para Nietzsche, sin embargo, estas fuerzas racionalizadoras deben estar limitadas por valores estéticamente arraigados. Se necesitaban espíritus libres que experimentaran con el arte, las ideas y la vida y que crearan nuevos valores y una cultura superior que produjera a su vez seres humanos más elevados.
En última instancia, Nietzsche quería una cultura de afirmación de la vida que creara individuos superiores. Él es un revolucionario cultural que busca una cultura sana y vibrante y cree que la cultura es el modo más poderoso de transformación social e individual. Su crítica radical de la cultura de masas está alimentada, en parte, por la convicción de que representa una degeneración de la cultura, que es una forma degradada precisamente de ese modo de existencia que se supone que produce seres humanos mejores, más altos y más sanos.
Una Conclusión
Por lo tanto, Nietzsche afirma resueltamente una distinción normativa entre alta y baja cultura y es un elitista cultural descarado. Como han sugerido mis colaboradores parenéticos, Nietzsche probablemente se horrorizaría ante el estado degradado de la cultura contemporánea[16], y los impulsos nietzscheanos han contribuido a que los estudios culturales radicales de hoy en día lleven a cabo un asalto sistemático a la cultura contemporánea en su conjunto, a menudo mediado por motivos marxistas, feministas o postestructuralistas.
La crítica negativa de Nietzsche atraviesa y se opone al giro populista de los estudios culturales que afirmarían y celebrarían la cultura popular.Entre las Líneas En general, la crítica cultural de Nietzsche es dialéctica, afirmando lo que él considera que mejora la vida y la potenciación, y criticando lo que él cree que es negador de la vida y desempoderador. No se trata, por tanto, de la contraposición entre lo negativo y lo afirmativo de Nietzsche, sino de una relación dialéctica de ambos, ya que el sí y el no siempre se complementan necesariamente en el pensamiento de Nietzsche.
En opinión de algunos autores, la crítica radical y negativa de Nietzsche a la cultura de masas es valiosa y ciertamente encuentra muchos objetivos hoy en día.Si, Pero: Pero yo argumentaría contra Nietzsche en favor de una óptica más dialéctica que vea lo que yo llamo cultura mediática como un terreno disputado, como un sitio de lucha social, que contiene rasgos reaccionarios y progresistas, de afirmación de la vida y opresivos. Una teoría crítica de la cultura mediática sería, por tanto, tan implacablemente negativa como Nietzsche, pero también afirmaría momentos socialmente críticos, subversivos y democratizadores. Su política cultural no sería solo para individuos superiores, sino que intentaría desarrollar una pedagogía cultural que atacara todas las formas de opresión y dominación e intentara producir una sociedad y una cultura más democráticas, justas y pedagógicas.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Revisor: Lawrence.
Civilización y Cultura en la Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre civilización y cultura en la filosofía que se haya en otra parte de esta plataforma online). 5. Factores del desarrollo de las culturas. Como ya antes señalábamos al precisar el concepto de cultura, es éste un tema muy estudiado por civilización Dawson, que frente al reduccionismo (la selección previa de un nivel de la realidad como fundamental, y la interpretación, de todo lo demás, en términos de ese único nivel; véase sus críticas) propio del positivismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) ha estado constantemente preocupado por precisar cómo se integran los factores materiales y los espirituales en el proceso del desarrollo cultural humano. Exponemos a continuación sus ideas, citando casi por entero un resumen hecho por él mismo (cfr. Dinámica de la historia universal, 14-19).
La cultura -dice- es un sistema común de vida, una adaptación particular del hombre a su medio ambiente y a sus necesidades económicas. Tanto en su desarrollo como en sus modificaciones se asemeja a la evolución de las especies biológicas que se debe fundamentalmente no a un cambio de estructura, sino a la formación de una comunidad, bien con nuevas costumbres o en un ambiente nuevo y limitado. Y así, al igual que cada región natural tiende a poseer sus formas características de vida vegetal y animal, también poseerá su propio tipo de sociedad humana. Ello -advierte- no significa que el hombre sea meramente una materia plástica sometida a la acción de su medio ambiente, antes al contrario el hombre moldea su medio. Por eso puede decirse que cuanto más inferior es una cultura, mayor pasividad manifiesta. La cultura superior se revela mediante su dominio de la condición material en la que nace y se desarrolla, manifestándose tan dominante y triunfal como un artista frente a la materia con que trabaja.
Desde esa perspectiva puede decirse que son tres las fuerzas principales presupuestas, como condición material, para la formación de una cultura humana. A saber: 1) la raza, es decir, el factor genético; 2) el medio ambiente, o factor geográfico; y 3) la función o la ocupación, o sea, el factor económico.Si, Pero: Pero existe además un cuarto elemento, el pensamiento, o factor psicológico, cuya presencia libera al hombre de su dependencia ciega del medio ambiente, característica de todas las formas inferiores de vida. Este factor es precisamente el que hace posible la formación de una reserva siempre creciente de tradiciones sociales, de forma que los bienes logrados por una generación se transmiten a la siguiente y los descubrimientos o nuevas ideas de un individuo se convierten en propiedad común de la sociedad, y es el que da origen a la cultura. La formación de una cultura se debe a la acción recíproca de todos esos factores; es una comunidad cuádruple, pues contiene en proporciones variables comunidades de trabajo y de pensamiento, así como de lugar y de sangre. Cualquier tentativa de definir el desarrollo social haciendo uso de una de ellas con exclusión de las demás, conducirá a un error de determinismo racial, geográfico o económico, o a teorías más o menos falsas de progreso intelectual abstracto.
Sobre esa base intenta Dawson trazar un cuadro de las líneas de desarrollo cultural. Frente a la tendencia a limitar la cultura a tipos sociales inmutables, sostiene que es imposible negar la existencia e importancia del progreso cultural.Si, Pero: Pero añade que ese progreso no es, como creían los filósofos del siglo XVIIt, un movimiento uniforme y continuo, común a la raza general y tan universal y necesario como las leyes de la naturaleza, sino que es más bien una realización excepcional debida a un número de causas distintas que actúan a menudo de forma espasmódica e irregular. Así como la civilización en sí no es un todo único, sino la unificación o integración (véase en esta plataforma: ii) de un número de culturas históricas, el progreso no es más que la idea abstracta con la que expresamos, por medio de una simplificación, los cambios múltiples y heterogéneos sufridos por las sociedades a lo largo de la Historia.
De ahí que, en lugar de una ley uniforme de progreso, sea necesario distinguir varios tipos principales de evolución cultural. Dawson señala concretamente cinco:
A) El caso simple del pueblo que crea su propio modo de vida en su medio ambiente original, sin la intervención de factores humanos ajenos a él. Un ejemplo de ello son las «preculturas» primitivas formadas de razas, de las que hemos hablado antes.
B) El caso del pueblo que se establece en un medio ambiente geográfico nuevo para él y que, en consecuencia, ha de adaptar su cultura a aquél. Es éste el tipo más simple de evolución cultural, pero, no obstante, reviste gran importancia. Existe un proceso constante de pueblos de la estepa que penetran en la zona de los bosques y viceversa, de montañeses que descienden a la llanura y de pueblos del interior que se asoman al mar. Cuando las diferencias climáticas entre las dos regiones son realmente acusadas (como en el caso de la invasión de la India por los pueblos de las estepas y de las mesetas del Asia central), los resultados suelen ser sorprendentes.
C) El caso de dos pueblos diferentes, cada uno con su propio modo de vida y organización social, que se mezclan entre sí, usualmente como consecuencia de una conquista y, ocasionalmente, de un contacto pacífico.Entre las Líneas En cualquier caso, el factor señalado en el caso precedente está también presente aquí, al menos por lo que a uno de los dos pueblos se refiere. Por lo demás éste es el caso más típico e importante de las causas de evolución cultural, ya que en él tiene lugar un proceso orgánico de fusión y evolución que transforma tanto al pueblo como a la cultura y origina una nueva entidad cultural en un espacio de tiempo comparativamente breve. De hecho constituye el punto de partida de todas las floraciones repentinas de nuevas civilizaciones que nunca dejan de impresionarnos como algo maravilloso (ejemplo: el caso griego). Si se comparan los diversos ejemplos que de ese proceso de fusión de pueblos y culturas nos ofrecen las diferentes edades en distintas partes de la tierra, observamos siempre que el ciclo de evolución pasa a través de las mismas fases y dura aproXImadamente el mismo tiempo. Primero tiene lugar un periodo de varios siglos de crecimiento silencioso durante el cual el pueblo vive de las tradiciones y de una cultura anterior que, o bien es la que él mismo ha aportado, o la que ha encontrado en la tierra donde se estableció. Después sigue un periodo de actividad cultural intensa, en el que florecen repentinamente nuevas formas de vida originadas por la unión vital de dos pueblos y culturas diferentes, y en el que contemplamos el despertar de las formas de la antigua cultura, fertilizada por el contacto de un pueblo nuevo, o la actividad creadora del pueblo nuevo estimulada por el contacto con la cultura autóctona. Es un periodo de grandes logros, de vitalidad exuberante, pero también de violentos conflictos y revueltas, de acción espasmódica y de brillantes promesas que nunca llegan a cristalizar. Finalmente, la cultura alcanza su madurez bien por la absorción (véase su concepto jurídico) de elementos nuevos por parte del pueblo y la cultura originales, o por la consecución de un equilibrio permanente entre ambos pueblos, es decir, la estabilización de una nueva variante cultural.
D) El caso del pueblo que adopta ciertos elementos de cultura material que han sido creados y desarrollados por algún otro pueblo. Este cambio es comparativamente superficial con respecto al anterior, pero de gran importancia para demostrar hasta qué punto es activa la acción recíproca entre las culturas. Así, en el pasado, el empleo de los metales, la práctica de la agricultura y de la irrigación, el uso de un arma nueva o del caballo en la guerra, son usos y técnicas que se extendieron con extraordinaria rapidez de un extremo a otro del mundo antiguo. Más aún, tales cambios materiales trajeron consigo profundos cambios sociales, ya que incluso, en ocasiones, alteraron todo el sistema de la organización social.Entre las Líneas En nuestra época tenemos otros ejemplos, que van desde la adopción del caballo por los indios de las llanuras norteamericanas y la propagación del empleo de las armas de fuego y del vestido europeo entre los pueblos primitivos, hasta la universal difusión de la técnica industrial. Cabe observar que tales cambios externos conducen, a menudo, no hacia el progreso, sino hacia la decadencia social. El hecho de que todo cambio constructivo debe proceder del interior es una ley cuya realización se constata fácilmente.
E) El caso del pueblo que modifica su modo de vida a causa de la adopción de nuevos conocimientos y creencias, o de ciertos cambios en su interpretación de la vida y en su concepto de la realidad. Caso éste que termina de subrayar que el proceso de la evolución cultural no es rígidamente determinativo sino que depende del progreso intelectual y de la práctica libre de la moral. Algunos historiadores y sociólogos, de procedencia materialista, hablan como si los productos más preciados de una cultura fueran los frutos de un organismo social que afianza sus raíces bajo circunstancias geográficas y etnológicas particulares, como si las grandes obras del pensamiento y del arte no fueran más que la simple reproducción, de forma más alambicada, de los resultados de las pasadas experiencias del organismo. Ciertamente, se debe admitir que toda condición anterior influye en las posteriores manifestaciones de una cultura y en el concepto que ésta tiene de la vida y que, por tanto, las realizaciones culturales de- un pueblo resultan condicionadas, en mayor o menor medida, por el pasado.Si, Pero: Pero esto no se produce de forma mecánica. La existencia de la razón aumenta el número de posibilidades hacia la realización del propósito originante. Un impulso ya experimentado que actúa en un medio ambiente inédito, diferente de aquel al que se había manifestado en un principio puede ser no una reliquia decadente, sino una piedra angular para la adquisición de fuerzas nuevas y para la formación de una comprensión renovada de la realidad.Entre las Líneas En consecuencia, se produce una expansión continua en el campo de la experiencia y, en virtud de la razón, lo nuevo no reemplaza simplemente a lo antiguo, sino que se compara y combina con él. La historia de la humanidad -o más bien, precisa Dawson, de la humanidad civilizada- muestra un proceso continuo de integración que, aunque a veces parezca avanzar irregularmente, nunca cesa en su movimiento.
En ese proceso -señala el historiador inglés- tiene especial relieve un factor: el religioso. La religión implica, con especial hondura, una actitud ante la vida y una visión de la realidad; cualquier modificación que a ese nivel se produzca trae consigo un cambio en eJ carácter general de la cultura, como puede comprobarse en el caso de la transformación por el islamismo de la sociedad pagana arábiga, o en la transformación introducida por el cristianismo en el mundo greco-romano. Desde esta perspectiva puede decirse que el profeta y el reformador religioso -en los que aparece de forma explícita y honda una profundización religiosa- son quizá los agentes más importantes de la evolución social, y eso aun cuando ellos mismos sean el vehículo de una tradición antigua, en cuyo núcleo penetran con particular fuerza.
En resumidas cuentas las grandes fases de la cultura humana están ligadas a los cambios en la visión que el hombre tiene de la realidad. De otra parte, y teniendo presente que toda empresa civilizadora implica en algún grado un dominio del medio circundante, puede decirse a modo de resumen que los grandes saltos que jalonan la historia humana se dan cuando la conciencia que el hombre tiene de su ser, de la realidad de Dios, de la relación con Él, etc., se completan con el descubrimiento de las leyes de la naturaleza, o más bien con la posibilidad de una colaboración fructífera entre el hombre y las fuerzas de la naturaleza. Un fenómeno de ese tipo está presente en todo movimiento cultural, aun en los más primitivos y, de modo especial, en las culturas superiores. [rbts name=”filosofía”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre civilización y cultura en la filosofía en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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Veo que la expresión “Hombre” se utiliza a lo largo de esta entradaen un sentido genérico para referirse a los seres humanos (masculinos y femeninos), excepto cuando el contexto connota explícitamente lo contrario. Lo mismo ocurre con el pronombre personal ‘su’ y sus otros derivados.
En Crepúsculo de los ídolos, Nietzsche escribió: “Fórmula de mi felicidad: un Sí, un No, una línea recta, una meta…”. (“Máximas”). Así, Lyotard se equivoca cuando afirma que Nietzsche es un pensador fundamentalmente afirmativo, ataca la concepción protonietzscheana de Adorno de la filosofía como negación, y él mismo defiende una “economía libidinal” puramente positiva y afirmativa.