Fortaleza Mental
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la “Fortaleza Mental” en el contexto de la salud mental. Véase también la información acerca de la “Salud Mental de los Niños Inmigrantes en el Siglo XXI“. [aioseo_breadcrumbs]
Fortaleza Mental en el Deporte
La fortaleza mental es un término utilizado tanto por profesionales como por legos en la materia, en particular por aquellos individuos implicados o interesados en el deporte, para describir las cualidades psicológicas de las personas que logran un rendimiento sobresaliente. Aunque el significado de la fortaleza mental puede parecer claro a primera vista, un examen más detallado tanto de las connotaciones cotidianas como de las conceptualizaciones científicas revela la complejidad de este concepto.
Primera etapa (1950-2000): el conocimiento de la práctica profesional
El interés científico y práctico por la fortaleza mental ha cobrado impulso en la última década, a pesar de que los primeros relatos sobre este concepto se remontan a hace más de 50 años. Originalmente discutido como un componente de la personalidad (es decir, la resistencia o fortaleza mental), gran parte de los primeros escritos sobre la dureza mental se basaban en las experiencias y observaciones de profesionales con atletas y entrenadores. Esta primera etapa dio lugar a un surtido diverso de definiciones y conceptualizaciones de la fortaleza mental que se caracterizaban por las opiniones de los profesionales sobre las cualidades psicológicas positivas (por ejemplo, la autoconfianza, la motivación) y las habilidades mentales (por ejemplo, la imaginería, la regulación de la excitación) consideradas importantes para el éxito o que proporcionaban un mecanismo defensivo contra la adversidad.
Reflexiones críticas. El examen de las formas en que los profesionales han utilizado los términos y sus percepciones de los aspectos clave de un concepto constituyen un primer paso importante en la conceptualización de un constructo. Algunas de las teorías psicológicas más influyentes, como la teoría cognitiva de la depresión de Beck (1967), se han fundamentado en las experiencias, observaciones y autorreflexiones de los profesionales sobre su práctica. Sin embargo, el enfoque poco sistemático de la construcción y la comunicación de estos conocimientos en esta primera etapa dio lugar a una confusión conceptual y, por lo tanto, obstaculizó la integración de estos conocimientos en un relato teórico de la fortaleza mental.
Segunda etapa (2000-2015): identificación de atributos personales (inobservables)
No fue hasta el cambio de siglo XXI cuando la fortaleza mental se convirtió en objeto de un trabajo empírico sistemático. Debido a la escasez de conocimientos básicos sobre la fortaleza mental en la literatura académica, los investigadores se embarcaron en una corriente de investigación descriptiva destinada a generar información que pudiera servir de base para la teoría. Esta segunda etapa se caracterizó por trabajos centrados en identificar y describir atributos personales inobservables considerados fundamentales para la fortaleza mental (por ejemplo, la confianza, el optimismo), así como fuentes de influencia (por ejemplo, entrenadores, padres) y los procesos (por ejemplo, el clima motivacional) mediante los que contribuyen al desarrollo de estos recursos. El hecho de centrarse en la identificación de un grupo básico de recursos personales (es decir, comunes a todos los individuos) que se emplean para regular el propio comportamiento es congruente con las perspectivas teóricas del estrés.
Dos corrientes de investigación son evidentes en esta etapa, que difieren en su enfoque metodológico. El trabajo fundacional de Jones, Hanton y Connaughton (2002) es el que recibe más citaciones por la literatura. Pero se han localizado más de una docena de estudios cualitativos publicados en medios revisados por pares que se han llevado a cabo para explorar las percepciones de los individuos sobre los atributos fundamentales de la fortaleza mental en el deporte.
La mayoría de estos trabajos pretendían ofrecer un relato rico y en profundidad de la fortaleza mental del deportista utilizando entrevistas transversales diseñadas para generar una visión de las experiencias retrospectivas de los participantes con el concepto. Se han utilizado diferentes términos para describir conceptos similares, produciendo así una lista aparentemente interminable de atributos individuales. A pesar de las aparentes incoherencias terminológicas entre los distintos estudios, la mayoría de estos atributos individuales reflejan un grupo básico de recursos que incluyen la autoeficacia, la flotabilidad, la mentalidad de éxito, el estilo optimista, el conocimiento del contexto y la regulación de la atención y las emociones.
Una corriente de investigación cuantitativa fue instigada por Clough, Earle y Sewell (2002), que integraron las opiniones de atletas y entrenadores con la teoría existente para desarrollar un modelo de fortaleza mental. Su modelo de las 4C de la fortaleza mental se basó en la teoría de la rusticidad en la que se dice que tres actitudes o estrategias de valoración interrelacionadas captan una característica de la personalidad que amortigua a las personas de los efectos deletéreos del estrés vital. Estas tres características son el compromiso (es decir, valorar las actividades o tareas y la propia continuación en ellas), el control (es decir, uno es influyente en los resultados de la vida) y el desafío (es decir, el estrés en la vida es esperado e importante para el desarrollo personal). Clough et al. añadieron una dimensión de confianza al modelo de resistencia para captar las opiniones de los deportistas y entrenadores sobre las exigencias únicas de los contextos deportivos (es decir, la creencia de que uno es capaz de alcanzar sus objetivos). El modelo de las 4C y su herramienta de medición asociada (es decir, el MTQ48) han sido ampliamente adoptados para examinar la fortaleza mental en el deporte.
Reflexiones críticas. Tras casi 15 años de investigación sistemática dedicada a aclarar los atributos fundamentales de la fortaleza mental, ¿qué hemos aprendido? La fortaleza mental refleja un concepto fundamentalmente importante pero insuficientemente comprendido. El trabajo completado en esta segunda etapa sugiere que la fortaleza mental engloba una constelación de recursos personales que las personas llevan consigo a una situación y que se percibe como facilitadora para la consecución de objetivos frente a diversos grados de exigencias situacionales. Cuando se conceptualiza como un atributo personal, esta condición límite ayuda a distinguir la fortaleza mental de otros tipos de recursos. La resiliencia, por ejemplo, no es un atributo de las personas, sino que abarca una interacción entre individuos y situaciones o contextos que implican niveles no normales de riesgo o adversidad significativa. La idea de que la posesión de niveles elevados de un recurso suele estar vinculada a la posesión de otros es coherente con la noción de “caravanas de recursos” en las que las características se agregan e integran a lo largo del tiempo como un colectivo en lugar de existir de forma aislada. Sin embargo, ha habido poca justificación teórica para la combinación de estos recursos como constructo central de la fortaleza mental, incluidos unos criterios claros para su inclusión o exclusión. Puede ser erróneo suponer que los recursos individuales se combinan para formar un todo coherente.
A pesar de los logros de esta segunda etapa de investigación, la fortaleza mental sigue siendo un concepto que necesita una teoría para que pueda considerarse un concepto científico legítimo. Por supuesto, varios investigadores han reconocido esta necesidad durante muchos años, pero se ha trabajado poco para resolver esta cuestión. Un requisito previo importante para el desarrollo de teorías es la clarificación de la naturaleza de un constructo, incluido su dominio conceptual (por ejemplo, se aplica a las personas y no a las organizaciones) y su tema (por ejemplo, dimensionalidad, estabilidad). Sin embargo, se han presentado modelos conceptuales de la fortaleza mental sin prestar una atención sistemática a este aspecto fundamental del desarrollo de conceptos. Aunque un enfoque no sistemático puede ser útil en las fases exploratorias de un programa de investigación, es problemático que los estudiosos se limiten a replicar este enfoque porque contribuye a la desconexión entre la definición y la operacionalización en los estudios empíricos. Por ejemplo, algunos autores definieron la fortaleza mental como la capacidad de ser más consistente y mejor que el oponente permaneciendo determinado, centrado, confiado y en control cuando se está bajo presión y, sin embargo, midieron este concepto con ítems que captan cualidades personales relevantes para el rendimiento típico en lugar de a través de la demostración de la propia capacidad para poner en práctica los mecanismos propuestos (es decir, prueba de rendimiento máximo).
Desde un punto de vista metodológico, el predominio de los estudios de “una sola toma” en comparación con los manuscritos y programas de investigación de varios estudios ha limitado el grado en que los hallazgos de todos los estudios se han integrado en un marco teórico unificador. Además, los estudiosos interesados en la fortaleza mental se han basado en entrevistas retrospectivas y encuestas transversales. Por supuesto, nuestro trabajo en este ámbito no es inmune a estas críticas metodológicas.
Los enfoques metodológicos alternativos (por ejemplo, la etnografía, los estudios de casos) y los diseños (por ejemplo, experimentales, longitudinales) pueden proporcionar nuevos conocimientos sobre la fortaleza mental que quizá no se hayan obtenido mediante la uniformidad en las formas de conocer. Una conclusión clave es que, después de todo este tiempo, estos enfoques metodológicos no han hecho avanzar suficientemente la base de conocimientos e incluso cuando se consideran como un colectivo son teóricamente turbios. Se requiere un cambio fundamental en el pensamiento para avanzar en nuestra comprensión de la fortaleza mental.
Tercera etapa (2015 en adelante): comportamiento observable a partir de interacciones persona × situación
Si la primera etapa de investigación sobre la fortaleza mental aportó conocimientos sobre las reflexiones de los profesionales sobre este concepto basándose en su trabajo aplicado, y la segunda generó conocimientos sobre atributos inobservables (por ejemplo, la autoeficacia, el optimismo) mediante la aplicación de principios científicos, entonces vemos los comportamientos que se producen durante las interacciones entre la persona y la situación como el centro de la próxima década de investigación científica. La importancia de los comportamientos se reconoció explícitamente en algunos de nuestros primeros trabajos -aunque no de forma sustancialmente detallada- y se ha reavivado a través de investigaciones a partir del año 2014. Al igual que con la medición de conceptos inobservables como los pensamientos y las emociones, las definiciones operativas de la(s) conducta(s) objetivo y la(s) situación(es) en las que es poco probable que ocurran son fundamentalmente importantes para la fiabilidad y validez de las medidas de la conducta de fortaleza mental. Trabajos recientes sugieren que la dureza mental puede definirse mejor como una capacidad personal para ofrecer un alto rendimiento de forma regular a pesar de los diversos grados de exigencias situacionales. Por lo tanto, un enfoque clave en esta etapa de investigación busca aislar los comportamientos que permiten alcanzar los indicadores subjetivos (por ejemplo, los objetivos personales) y objetivos (por ejemplo, la eficacia de la patada) del rendimiento.
¿Qué entendemos por comportamiento? En este contexto, definimos el comportamiento como aquellos actos mostrados por una persona que son observables y medibles. En otras palabras, el comportamiento se refiere a algo que alguien hace realmente y que puede verse u oírse y cuantificarse de alguna manera (por ejemplo, frecuencia, ritmo, duración). Para distinguir el comportamiento de las interpretaciones o descripciones subjetivas del comportamiento, hay que calificar y especificar la acción. Por ejemplo, decir que alguien tiene una excelente ética laboral nos dice poco sobre su comportamiento. La ética de trabajo puede mostrarse en términos de comportamiento de varias maneras, como asistiendo temprano al entrenamiento para trabajar una habilidad específica antes de la sesión principal (por ejemplo, el saque de portería), o pidiendo al entrenador comentarios individualizados sobre el rendimiento competitivo de uno mismo que puedan trabajarse durante la siguiente semana de entrenamiento. También es importante delimitar entre las características funcionales (es decir, los efectos del comportamiento) y topográficas (es decir, la forma o las propiedades) del comportamiento. Por ejemplo, la resiliencia puede definirse como la vuelta al juego tras una lesión en un plazo coherente con el pronóstico médico (funcional), o puede referirse al uso del humor durante el proceso de rehabilitación de la lesión (topográfico).
Para el análisis conductual de la fortaleza mental pueden emplearse enfoques tanto directos como indirectos. La observación directa del comportamiento tal y como se produce in situ por parte de un observador entrenado -tanto si el escenario es natural como artificial- es el método preferido siempre que sea posible. En un enfoque exploratorio, por ejemplo, un informador experimentado (por ejemplo, un entrenador, un reclutador) podría observar una sesión de entrenamiento o un partido de competición e informar cuando un jugador demuestra un comportamiento de dureza mental, incluyendo información sobre los acontecimientos que precedieron al comportamiento y ocurrieron durante e inmediatamente después del mismo. Aunque es el enfoque preferido, los enfoques directos son costosos, requieren mucho tiempo y son propensos a errores humanos y sesgos como las expectativas o la fatiga durante la recopilación de datos. El comportamiento también puede inferirse a partir de fuentes o acontecimientos distintos de la observación directa. Los registros de archivo o permanentes, como las estadísticas oficiales de rendimiento (por ejemplo, el porcentaje de segundos saques), proporcionan información sobre los resultados del comportamiento más que sobre su forma o sus propiedades. Se puede entrenar a los deportistas para que observen y registren su comportamiento en el momento en que se produce, lo que puede ser útil para los comportamientos que no son directamente accesibles para los demás y/o que se producen en uno o varios entornos. Por último, pueden emplearse entrevistas, encuestas y escalas de valoración para recabar información sobre las características funcionales y topográficas del comportamiento, así como perspectivas sobre la secuencia temporal de los acontecimientos, incluidos los antecedentes y las demandas situacionales. Algunas de las limitaciones de las mediciones indirectas incluyen la incapacidad de medir con precisión el comportamiento en sí (datos de archivo); la fiabilidad y exactitud son difíciles de verificar o el propio enfoque de medición puede influir en el comportamiento (autocontrol); y las respuestas pueden ser sesgadas o inexactas debido a la capacidad de recuerdo (entrevistas, escalas de valoración).
Cambiando el enfoque empírico y conceptual: vías para desarrollos teóricos
Al desplazar el enfoque empírico y conceptual hacia los comportamientos que se producen durante las interacciones entre la persona y la situación, creemos que existe potencial para aumentar los conocimientos ya generados en las dos primeras etapas de investigación. Para facilitar este proceso, algunos autores han desarrollado un modelo que proporciona una heurística flexible para una nueva etapa de investigación sobre la fortaleza mental. Aunque hay que admitir que es de naturaleza amplia, este modelo capta características clave de trabajos anteriores sobre la fortaleza mental de formas nuevas (recursos personales y demandas situacionales) y las integra con las expectativas sobre las expresiones conductuales para proporcionar una base para el desarrollo de teorías en este ámbito.
Las dos primeras etapas de investigación se centraron principalmente en generar ideas sobre los atributos inobservables de los ejecutantes considerados mentalmente duros, pero pocos trabajos aportaron pruebas que apoyaran un vínculo directo entre estos recursos personales y el rendimiento o el comportamiento. Una proposición central de la presente heurística es la noción de que la fortaleza mental “puede tratarse menos de las características personales que los individuos tienen a su disposición y más de lo que estas características personales les permiten hacer” en términos de actos de comportamiento visibles y medibles. Esta proposición se alinea con el reciente cambio para determinar si se ha producido o no un comportamiento mentalmente duro antes de intentar dar sentido a aquellos atributos inobservables que podrían preceder a dichas acciones.
En un intento de ayudar a organizar y orientar la investigación futura desde esta perspectiva, Mahoney et al. propusieron una conceptualización tripartita del comportamiento mentalmente resistente, que se inspira en la teoría de la autodeterminación, en la que se dice que la fortaleza mental fomenta comportamientos o acciones asociados con el esfuerzo (es decir, el esfuerzo dedicado a las tareas), la supervivencia (es decir, la superación de los problemas o factores estresantes cotidianos y las adversidades importantes) y la prosperidad (es decir, el crecimiento a través de las experiencias vividas). Una agenda importante para la investigación futura sobre la fortaleza mental es aislar los comportamientos que captan estas tres amplias expresiones conductuales con claridad y precisión.
Una segunda proposición de nuestro modelo heurístico es que el grado en que un individuo muestra conductas de fortaleza mental es una función tanto de las demandas situacionales o factores estresantes como de los atributos de la personalidad, y de su interacción (es decir, la hipótesis de la amortiguación). Los deportistas se encuentran con diversos factores estresantes del rendimiento (por ejemplo, lesiones, expectativas) y organizativos (por ejemplo, demandas interpersonales, estructura organizativa) dentro del entorno deportivo.
Como era de esperar, el estrés es común en la mayoría de las conceptualizaciones de la fortaleza mental. En el contexto de una perspectiva transaccional del estrés, las demandas situacionales se perciben como un reto o una amenaza para los resultados valorados, como el bienestar y el rendimiento. Al diferenciar estas características situacionales, los estudiosos han descrito los estresores que suponen un reto como aquellos que tienen el potencial de fomentar resultados positivos como el dominio, el crecimiento o las ganancias, mientras que los estresores que suponen un obstáculo suelen frustrar la consecución de dichos resultados positivos. Esta diferenciación en los estresores es coherente con las perspectivas de la fortaleza mental que han delineado su relevancia tanto para los estresores negativos como para los positivos.
Sin embargo, los estudiosos aún no han integrado adecuadamente esta distinción en los tipos de estresores en las conceptualizaciones actuales de la fortaleza mental. Dado que las asociaciones entre los factores estresantes y los resultados valorados pueden diferir en función de la naturaleza de las demandas situacionales, es importante que los factores estresantes que suponen un reto y los que suponen un obstáculo se distingan en futuras investigaciones sobre la fortaleza mental.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El grado en que las exigencias situacionales obstaculizan el comportamiento y el rendimiento depende de las valoraciones sobre si el encuentro supera o no los propios recursos disponibles y si los síntomas asociados se perciben como debilitadores o facilitadores del rendimiento. Una conclusión común de los trabajos anteriores sobre la fortaleza mental es que la característica de recursos personales de este concepto no puede reducirse fácilmente a un único atributo o cualidad. A pesar del amplio acuerdo sobre este rasgo teórico, existen ambigüedades e imprecisiones conceptuales sobre la dimensionalidad (por ejemplo, los criterios de inclusión/exclusión) y la estructura (por ejemplo, el concepto central como variable de orden superior) de la fortaleza mental. Esta confusión ha dado lugar a que el carácter distintivo de la fortaleza mental se vea oscurecido por límites de constructo desconocidos. Una forma de aclarar la naturaleza de los recursos personales es considerar una visión alternativa del yo en la que se dice que la personalidad se expresa a través de tres capas dentro de una persona. Los rasgos disposicionales se refieren a aspectos amplios del yo que son relativamente consistentes a lo largo del tiempo y de las situaciones y, por lo tanto, proporcionan una indicación de las formas típicas de pensar, sentir y comportarse (por ejemplo, los “Cinco Grandes” o “16pf”). La segunda capa de la personalidad capta las adaptaciones de las características, que se refieren a los objetivos, valores, motivos y otros aspectos de la individualidad psicológica que dependen del contexto o de la situación y que hablan de lo que las personas quieren abordar o evitar en la vida, y de cómo proceden hacia esos objetivos valorados. La capa final de la personalidad -la identidad narrativa- es aquella en la que los individuos integran el pasado, el presente y el futuro imaginado como un sentido interiorizado de unidad y propósito en la propia vida (para otras perspectivas sobre la identidad narrativa, véase en esta plataforma digital). Las historias de vida o las identidades narrativas están fuertemente moldeadas por la cultura, por lo que un individuo adopta las formas narrativas, imágenes, metáforas y tramas predominantes y ajusta sus experiencias personales a ellas.
Numerosos autores sospechan que los rasgos disposicionales, las adaptaciones características y la identidad narrativa proporcionan funciones personales y sociales únicas y adaptativas para la expresión de los comportamientos mentalmente duros. Con respecto a los rasgos disposicionales, por ejemplo, los jugadores de críquet que son sensibles a los estímulos negativos de los acontecimientos que implican un castigo pueden mantener un comportamiento dirigido a un objetivo porque normalmente detectan la amenaza pronto y, por lo tanto, tienen más tiempo para planificar y ejecutar respuestas eficaces en situaciones de presión. Las pruebas preliminares apoyan la expectativa de que la fortaleza mental puede expresarse en los tres estratos de la personalidad -como rasgo, adaptación e identidad- y, por lo tanto, puede proporcionar un marco útil para comprender los aspectos de la individualidad psicológica que predicen los comportamientos mentalmente duros. En una muestra de netbolistas adolescentes, el comportamiento mentalmente duro notificado por los padres estaba inversamente relacionado con el miedo al fracaso notificado por los deportistas (rasgo disposicional) y la pasión obsesiva (identidad), y positivamente asociado con la frecuencia de inspiración (adaptación característica) y la pasión armoniosa (identidad). No obstante, no todos los aspectos de la individualidad psicológica predecirán el comportamiento mentalmente resistente, ni cada uno de ellos proporcionará un amortiguador contra los efectos deletéreos del estrés. Una vía importante para la investigación futura sobre la fortaleza mental es identificar aquellos recursos personales a través de cada estrato de la personalidad que promueven directamente, así como interactúan con las demandas situacionales para fomentar los comportamientos de esfuerzo, supervivencia y prosperidad.
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Existe la esperanza de que la heurística propuesta en este texto motive a los estudiosos a comprometerse con el estudio de la fortaleza mental de formas diferentes a las que lo han hecho en el pasado, así como que proporcione un marco en el que situar e integrar la acumulación de hallazgos empíricos. En un entorno experimental, por ejemplo, se podría examinar si determinados recursos personales (por ejemplo, la eficacia, la esperanza) moderan la asociación entre los comportamientos (por ejemplo, la cantidad de tiempo que se dedica a planificar la estrategia) o el rendimiento (por ejemplo, la tarea de toma de decisiones) dentro de situaciones de estrés bajo y alto. Un enfoque alternativo consistiría en examinar las características clave de la heurística tal y como se producen de forma natural. Los deportistas podrían proporcionar autoinformes de rasgos disposicionales (por ejemplo, los Cinco Grandes), adaptaciones características (por ejemplo, objetivos de logro, motivación deportiva) e identidad narrativa (por ejemplo, identidad atlética, pasión) al comienzo de una temporada.
Los factores estresantes de la competición y la organización, así como el progreso de los objetivos (es decir, el rendimiento subjetivo), podrían entonces capturarse semanalmente a través de los autoinformes de los atletas, junto con los comportamientos de fortaleza mental calificados por los informantes. Al final de la temporada, la extracción de datos de las estadísticas de los partidos a partir de los registros de archivo proporcionaría un recurso para identificar los indicadores del rendimiento objetivo (por ejemplo, la eficacia de los lanzamientos, los tiros a puerta). La modelización multinivel permitiría examinar las relaciones dinámicas entre estas variables (por ejemplo, ¿predicen ciertos recursos personales la constancia en el rendimiento?). También podría emplearse un enfoque fenomenológico como forma de iluminar las experiencias vividas por los deportistas en relación con las características centrales de la fortaleza mental descritas en nuestro modelo. Tales estudios serán importantes para el avance de la fortaleza mental como concepto científico.
Datos verificados por: Brooks
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Recursos
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Terapias, Salud Mental, Terapias, Trauma
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Algunas cuestiones conexas: migrantes, refugiado, representante cultural, salud mental, trauma, y psicología del deporte.