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Influencia

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La Influencia

Este elemento es un complemento de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la influencia. [aioseo_breadcrumbs]

Influencia

Algunos especialistas abordan la influencia en un contexto de comunicación e insisten en lo que constituye a la vez la base de la influencia y las razones de su éxito, a saber, la persuasión; la influencia se convierte entonces en un concepto que ha ganado en vigor lo que ha perdido en extensión: ésta es, en nuestra opinión, la señal de un progreso innegable en el desarrollo de un lenguaje científico.

Sin embargo, no podemos abordar el tema de la influencia sin subrayar el mérito de Gabriel Tarde y la importancia de su contribución en este ámbito, sobre todo porque sus análisis se inscriben en la ambigüedad antes mencionada y constituyen una excelente ilustración de la misma. Por una parte, en su teoría general de la sociedad, Tarde habla alternativamente de sugestión, hipnotismo y magnetización, para caracterizar el papel y la eficacia asignados arbitrariamente a la imitación; la noción de influencia no está clara y firmemente definida, aunque está implícita a lo largo de toda la argumentación. En cambio, en sus ensayos particulares, en particular en el estudio dedicado a la conversación, Tarde se muestra atento al ejercicio de una influencia esencialmente persuasiva por la que se extiende y profundiza la “conciencia de especie” (F. H. Giddings), y que determina así muy ampliamente las vicisitudes de la opinión. La sensibilidad de Gabriel Tarde para los procesos, quizá más que la confusa relación entre la noción de imitación y la de influencia, abrió una vía fecunda.

Acción eficaz sobre los demás

Influencia, poder y causa

Para dar una idea del alcance de la influencia, en su sentido más amplio, nos remitimos al conocido estudio de Robert K. Merton sobre dos tipos de influencia, la local y la cosmopolita. En conclusión, el sociólogo estadounidense subraya la necesidad de distinguir entre las múltiples formas de influencia, como la coerción, la dominación, el condicionamiento y lo que él denomina clarificación. Juntar estas categorías dispares hace de la influencia un concepto extremadamente general e impreciso, y resulta difícil saber en qué sentido exacto se está utilizando.

Para remediar esta falta de claridad, algunos autores, entre los que destacan James G. March y Herbert Simon, trataron de situar el fenómeno de la influencia en el contexto de una metodología elaborada; fue en relación con el modelo de relación causal como trataron de depurar la noción. Las relaciones de influencia se consideraron casos especiales o un subconjunto de las relaciones causales, en la medida en que el efecto producido se manifiesta a través del comportamiento de una persona.

▷ La influencia: La psicología de la persuasión
Escrito por Robert B. Cialdini, este libro clásico sobre la persuasión, que es un super-ventas consolidado, explica la psicología de por qué la gente dice “sí”, y cómo aplicar estos conocimientos.

Este esfuerzo por profundizar en el concepto no parece del todo concluyente: sirve más, al parecer, para ilustrar los progresos realizados en el pensamiento metodológico que para sentar las bases de una teoría de la influencia. Las definiciones así obtenidas siguen siendo bastante abstractas, como la de March, según la cual la influencia puede reconocerse por la diferencia entre el comportamiento real de un individuo en el momento t1 y el comportamiento previsto en el momento t0.

Lejos de designar una realidad concreta, la influencia abarca toda una gama de fenómenos; sigue siendo un concepto genérico, lo que permite una gran confusión. Para March y Simon, los dos términos, influencia y poder, parecen estrictamente equivalentes y, por tanto, intercambiables; Robert Dahl llega incluso a definir la influencia utilizando los mismos términos que había empleado anteriormente para caracterizar el poder, cuando escribió que “A influye en B en la medida en que le hace hacer lo que B no haría de otro modo”.

Medir la influencia

La única vía posible para una comparación metodológicamente aceptable de las influencias es la elegida por Dahl, que emprendió un cuidadoso análisis de los numerosos criterios utilizados para medir la influencia. Podemos enumerar cinco de ellos: el número de personas influidas, las posibilidades de éxito de la influencia, los cambios obtenidos en los individuos, el coste psicológico de la influencia y el ámbito al que se aplica.

En primer lugar, estos criterios parecen tener un valor muy desigual: por ejemplo, sabemos muy poco sobre la naturaleza de la influencia y la importancia de sus efectos cuando sólo conocemos el número de personas sobre las que se ejerce realmente; y la evaluación, por muy precisa que sea, de las respectivas posibilidades de éxito de los distintos intentos de influencia es objeto de la misma crítica porque tampoco en este caso sabemos de qué trata la influencia y cómo se consigue el resultado. En segundo lugar -y esta segunda observación es más grave-, los otros tres criterios tampoco son del todo satisfactorios: por ejemplo, no siempre obtenemos una medida exacta del efecto utilizando como indicador la magnitud del cambio observado en el comportamiento de la persona influenciada, porque la influencia puede contribuir con la misma facilidad a reforzar las actitudes y los comportamientos que se derivan de ella. En cuanto al criterio, en sí mismo interesante, representado por los costes psicológicos de someterse a la influencia, parece mucho más aplicable a una situación de poder, en la que pesa la coacción, que a una situación de influencia.

Así pues, Dahl no va muy lejos, por encomiable que sea su esfuerzo: da el valioso consejo de precisar el ámbito al que se aplica la influencia, es decir, tener en cuenta el quinto y último criterio; añade una útil separación entre la influencia virtual de que dispone un actor dado y la que ejerce realmente; y eso es todo. Tal vez podría completarse este cuadro añadiendo otra distinción, establecida por Merton, a saber, la de los tipos de influencia. Se trata de observaciones razonables, que es prudente tener en cuenta en el marco de investigaciones empíricas; pero estas medidas, por esenciales que sean, no nos dicen nada sobre el modo de influencia, ni sobre el proceso por el que se ejerce. Este es el precio que hay que pagar por una definición demasiado global.

El método de decisión

Las encuestas basadas en el método de la reputación, como las de Floyd Hunter, por muy interesantes que sean para una sociología general, no aportan ninguna información sobre la influencia en acción, es decir, sobre el objeto mismo de nuestra reflexión. En cambio, el método de la decisión, que trata de aislar el papel desempeñado por un determinado actor o grupo social en la concepción, aprobación y ejecución de distintos programas, es decir, su influencia relativa, es del máximo interés, sobre todo por la brillante aplicación que le dio Dahl en ¿Quién gobierna? Quizás esta valoración laudatoria pueda parecer paradójica tras las observaciones críticas sobre el nivel de conceptualización y la metodología específica que subyacen a este estudio. De hecho, aunque es lamentable que influencia y poder no se disocien analíticamente, es esencial para el sociólogo saber cómo se combinan estos dos elementos en la realidad social concreta.

En su estudio de la ciudad de New Haven, Dahl muestra muy bien cómo la posición de poder, o más bien de autoridad, del alcalde Lee le permite intervenir en diversos ámbitos, dar a conocer su punto de vista y utilizar su crédito en un sentido u otro, es decir, ejercer influencia, sin recurrir necesariamente al mando o a la coacción. Además, en su estudio, Dahl va más allá de su metodología explícita: presta mucha más atención de la que cabría esperar a los procesos, es decir, a la propia interacción de la influencia, aunque siga ocupándose esencialmente de sus efectos. Este progreso definitivo se debe, en gran parte, a la elección de la decisión como ámbito privilegiado de estudio de la influencia; en efecto, la decisión implica un desarrollo, es decir, una progresión en el tiempo: no podemos descuidar esta dimensión si queremos comprender cómo se forma. Así pues, el vínculo establecido entre el método de decisión y el análisis de la influencia ha resultado fructífero: sin duda, el valor de este enfoque no se le había escapado a Paul F. Lazarsfeld ni a los primeros usuarios del panel, pero aquí vemos una convergencia muy feliz -en un cierto nivel de generalidad- entre el enfoque del politólogo y el del metodólogo inventivo.

Al final, el autor americano consigue, como era su intención, ofrecer una visión global de la distribución de las influencias en New Haven. Podríamos desear que las proporciones respectivas de influencia, poder y autoridad estuvieran mejor desentrañadas, pero los resultados son apreciables, y el libro marca un hito en la investigación sociológica política. Dahl tiene el gran mérito de evitar conclusiones fáciles y simplistas: subraya enérgicamente que, para explicar la compleja realidad observada en New Haven, no bastaría con un único modelo distributivo; hay que tener en cuenta varios modos superpuestos y contradictorios. Al final del estudio, el investigador puede observar que la influencia está muy especializada en New Haven, especialmente a nivel de los líderes de segundo nivel. Pero, al mismo tiempo, New Haven parece estar dominada -al menos durante los sucesivos mandatos de Lee- por una coalición agrupada en torno a un líder dominante, que no es otro que el propio Lee: el alcalde demócrata ha conseguido lanzar y aplicar un programa urbanístico muy ambicioso; es también la persona más influyente en materia de educación; y controla, junto con otros dos políticos, las candidaturas en su propio partido. Y sin embargo, esta posición, por fuerte que parezca, está ligada a la elección de los electores: frente a los demócratas, los republicanos no se quedan quietos; puede que tengan algunas dificultades, pero no por ello dejan de intentar posicionarse de cara a las próximas elecciones. Según el aspecto que se considere, la influencia parece estar bastante repartida o, por el contrario, muy concentrada; y Dahl introduce aquí una útil distinción entre la influencia directa, que es prerrogativa de Lee y unos pocos más, y la influencia indirecta, que pueden tener los miembros ordinarios del partido o incluso los votantes ordinarios, en la medida en que los líderes tratan de orientar sus acciones en una dirección que esté en consonancia con los intereses y deseos de grupos muy amplios, para no sufrir un amargo fracaso en las campañas posteriores. Dahl ofrece un panorama rico y lleno de matices, que abre el camino a nuevos tipos de investigación sobre la naturaleza de la influencia en las comunidades locales.

Los mecanismos de la comunicación

La influencia y sus modalidades

Herbert Kelman merece el mérito de haber abierto esta fértil vía de reflexión teórica sobre los mecanismos inherentes al cambio de opinión. Dejando a un lado los detalles de su docto paradigma, en el que resume las principales conclusiones de su estudio con un innegable sentido de la síntesis, nos limitaremos a recordar la distinción fundamental que establece entre tres procesos de influencia: la sumisión, la identificación y la interiorización. Conviene señalar en primer lugar que estos tres términos no están todos al mismo nivel. La sumisión implica una especie de cálculo utilitario en virtud del cual obedecemos los mandatos de los demás porque controlan los medios, según la expresión de Herbert Kelman, y nos mantienen bajo su vigilancia, es decir, pueden utilizar sanciones negativas contra nosotros. En el primer caso, es la asociación simbólica de un comportamiento con un otro muy valorado (ya sea una persona o un grupo) lo que nos impulsa a adoptarlo; en el segundo, es la conformidad de un determinado modo de conducta con nuestro sistema de valores lo que nos anima a hacerlo nuestro. Si todavía podemos hablar aquí de sanciones, esta vez son positivas: hay, pues, una distinción muy clara entre el primer modo, que no es, como veremos, influencia en sentido estricto, y los dos últimos. Además, Kelman parece haber cometido el error de no subrayar suficientemente que la influencia implica, por encima de cualquier otra característica, una relación social entre influenciadores e influenciados. Así pues, la tipología de Kelman no es del todo satisfactoria: no obstante, representa una importante contribución al estudio de la influencia, a la que es justo rendir homenaje, como no deja de hacer Talcott Parsons en su importante artículo sobre el tema.

Parsons llevó a cabo un análisis o, más exactamente, una clarificación de conceptos que, en este campo concreto, marcó una etapa en el desarrollo de un lenguaje verdaderamente científico. Establece una clara distinción entre influencia y poder: mientras que el poder implica el uso de sanciones negativas, recurriendo así a la coerción, la influencia actúa sobre las intenciones de las personas, apelando a razones positivas para acatar las sugerencias del influenciador. Estas últimas precisiones permiten a Parsons establecer otra distinción, más sutil, entre la influencia propiamente dicha y la incitación, que sí implica sanciones positivas, pero -y ahí radica la diferencia- de carácter situacional, de las que el pago de una suma de dinero puede considerarse el prototipo. Parsons también insiste felizmente en el modo específico de la influencia, a saber, la persuasión. Para ser eficaz, la influencia presupone que nos ganemos la confianza de los demás, de forma indebida o no: adopta así la forma, según la expresión de Parsons, de una capacidad general de persuasión; esto no significa, por supuesto, que se extienda a todos los ámbitos -puesto que, como hemos visto, existen esferas de influencia-, sino que puede reconocerse por una cierta regularidad en sus efectos. La influencia se establece con mayor firmeza cuando es susceptible de aplicaciones más numerosas: en cualquier caso, una sola ocasión no basta para establecerla. Sin duda, el análisis de Parsons nos ayuda a comprender mejor el significado de la influencia; incluso sería ejemplar que el teórico estadounidense no intentara encajarla a toda costa en el marco de sus subsistemas y categorías generales.

Propaganda y comunicación

En el campo de la comunicación, existen dos tipos principales de enfoque: los estudios de laboratorio y las encuestas sobre el terreno. Aunque, desde un punto de vista sociológico, el segundo método ha demostrado ser más fructífero, no hay que subestimar la importancia del primero. Carl Hovland y sus numerosos colaboradores han llevado a cabo un trabajo preparatorio esencial, lo que podríamos llamar “desbrozar el terreno”, aislando los efectos de las distintas variables (naturaleza de la fuente, contenido del mensaje, características de los medios de información o difusión utilizados) y esforzándose por identificar las distintas bases de la influencia: En particular, han destacado que un mensaje puede ser acogido favorablemente bien porque se supone que la fuente conoce la verdad, es decir, por su competencia -fundada o no- en la materia, bien porque se supone que dice la verdad, es decir, en virtud del capital de estima moral de que goza. Es también a partir de los experimentos de laboratorio como Serge Moscovici defiende la idea de una renovación de las perspectivas teóricas, según la cual el análisis de la influencia social debería centrarse más en la innovación que en la conformidad, en el cambio más que en el control social, y tener así más en cuenta el papel de las “minorías activas” en la génesis de las innovaciones.

Los estudios de laboratorio han permitido comprender mejor las condiciones en las que opera la influencia, pero las encuestas sobre el terreno han aportado una visión más valiosa, aunque incompleta, de sus efectos reales. Y es precisamente gracias a ellas que hemos podido evaluar la eficacia de las campañas de propaganda sobre temas tan diversos como las elecciones o la moral del enemigo. Las primeras conclusiones a las que llegaron los especialistas tenían algo en común: eran negativas. Ayudaron a sacudir el mito de la propaganda omnipotente, que, actuando sobre cada individuo aislado en la masa, no tenía ninguna dificultad en manipularlos y conducirlos por los caminos más irracionales. Se hizo evidente que había que tener en cuenta el entorno social en el que vivían las personas bajo influencia: de esta forma indirecta, los investigadores redescubrían una estructura social que la mitología de la propaganda simplemente había olvidado que existía. El desarrollo de los estudios en este campo no cambió esta verdad fundamental, aunque las interpretaciones se fueron matizando cada vez más.

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La influencia interpersonal

Fue con ocasión del primer estudio de panel sobre unas elecciones presidenciales -las de 1940, que enfrentaron a Roosevelt y Willkie- cuando Paul F. Lazarsfeld, Bernard Berelson y Hazel Gaudet se dieron cuenta de la importancia del fenómeno, que contradecía sus hipótesis iniciales (The People’s Choice): la radio y la prensa no eran, como habían supuesto, poderosos agentes de cambio o de conversión de la opinión, sino que eran más eficaces en este sentido que la influencia ejercida por parientes, amigos o conocidos “que saben algo de política”, según la expresión coloquial utilizada en las entrevistas. Esto no quiere decir que los medios de comunicación no hayan tenido ningún efecto, sino que han contribuido a reforzar las opiniones y a confirmar la elección a favor de uno u otro candidato. A partir de esta observación, los tres autores desarrollaron la ingeniosa hipótesis conocida como el “flujo de comunicación en dos etapas”: los mensajes de los modernos medios de información colectiva no llegarían directamente a la masa del público, sino que pasarían por intermediación de los líderes de opinión, es decir, personas más atentas al contenido de la prensa hablada o escrita, más interesadas en la política, y cuyo papel consistiría en transmitir la información dentro de sus grupos primarios.

Elihu Katz y Paul F. Lazarsfeld, en particular, dedicaron un libro a este tema (Personal Influence, 1955), cuyas conclusiones se han convertido ya en gran parte en clásicas. La hipótesis inicial de la tendencia comunicativa en dos etapas se fue perfeccionando: en primer lugar, se comprendió que existen líderes de opinión para los propios líderes de opinión, y que puede construirse una especie de jerarquía de influencias. También nos dimos cuenta de que los grupos primarios no son unidades cerradas y que los líderes de opinión se comunican entre sí -esta vez a nivel horizontal-, es decir, que la red de comunicación sigue el modelo de la compleja red de relaciones sociales y toma prestada de ella su riqueza. También se pusieron mejor de relieve las características específicas de los líderes de opinión: de Influencia personal y voto se desprende que este papel no está necesariamente ligado a un estatus elevado, sino que los líderes de opinión existen en todos los estratos de la sociedad y en proporciones más o menos similares: en la mayoría de los casos, estos líderes de opinión pertenecen al mismo medio que las personas a las que influyen. Esta posición favorable suele deberse a un cierto grado de competencia, pero ésta sólo suele ser válida para un sector concreto: es muy raro, según la encuesta de Lazarsfeld, ser influyente tanto en el consumo doméstico como en el cine; y es aún más excepcional ser líder de opinión en tres ámbitos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Los especialistas también examinaron las funciones que desempeña la influencia interpersonal: en general, en las sociedades industrializadas, la influencia interpersonal no es nuestra principal fuente de información y sólo puede sustituir a los medios de comunicación de masas en el caso de noticias excepcionales, como el asesinato de Kennedy; en cambio, puede proporcionar el apoyo social indispensable para la adopción de cualquier innovación, ya que su papel esencial es legitimar las decisiones que vamos a tomar.

Por último, cabe señalar que la influencia interpersonal es un elemento central en los estudios de difusión que estudian la adopción gradual de un producto o técnica en una región o profesión. Así es como James Coleman, Elihu Katz y Herbert Menzel pudieron señalar, en su estudio sobre la difusión del gammanym, que los médicos mejor integrados en la comunidad médica tendían a adoptar más rápidamente este nuevo medicamento.

El análisis de los principales estudios dedicados a la influencia revela dos enfoques principales, a los que podemos asociar los nombres de March y Dahl, por un lado, y Parsons y Lazarsfeld, por otro, y que dieron lugar cada uno a investigaciones originales. Sin embargo, las pocas similitudes observadas a lo largo del camino, el interés compartido por Dahl y Lazarsfeld por la sociología de la toma de decisiones, y la importante continuidad entre los primeros grandes estudios sobre comunicación y las reflexiones teóricas de Kelman y Parsons, sugieren que se está avanzando hacia la integración de las distintas líneas de investigación.

Revisor de hechos: EJ

A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto de Influencia en Psicología

Influencia es una palabra clave en psicología. Se puede definir de la siguiente manera: Capacidad o hablidad de un sujeto o persona para alterar el comportamiento, actuación o pensamiento de otra persona. (Véase algunos tecnicismos de psicología y trastornos en esta plataforma). Por otro lado, la influencia en el liderazgo es la capacidad de influir en los resultados empresariales cambiando comportamientos e inspirando a otros a actuar. Significa que puedes influir en el carácter, el comportamiento y el desarrollo de otras personas.

Fuente: ST y Mox

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Influencia: Introducción al Concepto Jurídico

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Es una forma de poder, amplia y moderada, y al mismo tiempo interesada en penetrar en el pensamiento y el sentimiento de la persona a quien se quiere influir. El poder opera sobre el hombre principalmente desde afuera y lo hace desde afuera y desde adentro; la influencia pretende hacerlo desde adentro. El poder es más que la influencia: todos los que tienen poder tienen influencia pero no todos los que tienen influencia tienen poder.

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11 comentarios en «Influencia»

  1. Sobre la influencia en el liderazgo, soy la única persona del equipo directivo que entiende este concepto. Acabo de dimitir, para consternación de mi equipo y de algunos miembros de otros equipos. No voy a dejar que me presionen o me machaquen día tras día para obtener beneficios. No voy a esperar que algún día la alta dirección tenga un momento de reflexión. Los directivos que están por encima de mí tienen que mirarse en el espejo. Sé que habrá un gran vacío cuando me vaya. Si eso les hace pensar un poco y tal vez hacer un cambio, entonces mi trabajo allí está completo.

    Esto es exactamente lo que necesitaba saber hoy.

    Responder
    • Descrito lo que hice en una empresa en la que trabajé. Más de una década de esfuerzo y creación de equipos, tenía el departamento más exitoso, superando objetivos y reduciendo presupuesto año tras año. Tenía algunas de las mejores personas trabajando en ese departamento. El resto de la empresa fue cuesta abajo debido a la pésima gestión de los demás. Al final, el cascarón vacío se vendió a una empresa china. Por cada historia de éxito, hay 100 fracasos. Cuanto más abajo estés en la estructura de gestión, menos impacto tendrás… siempre. A menos que los de arriba tomen buenas decisiones, tu impacto positivo se verá diez veces anulado. Prepárense para esta descorazonadora realidad.

      Responder
    • Estoy de acuerdo con lo expuesto. Esta mentalidad y actitud funciona y definitivamente elevará a los que te rodean. No puedes entrar pensando que serás recompensado o que mereces ser recompensado o ascendido; lo más probable (como se señaló) es que tú y tu área no se hagan notar porque las cosas marchan bien.

      Responder
  2. Cuando tienes un equipo informal que está rindiendo bien, una de dos cosas sucederá. Primero, los jefes posicionales intentarán robarte el éxito y reclamarlo como propio. Si no lo consiguen, intentarán echarte mierda encima y señalar a otros jefes de posición que te has pasado de la raya, que no has seguido los procesos establecidos y que tienes que ponerte bajo el control de la dirección. Yo he pasado por eso. Tengo cicatrices, muchas. El único consuelo que tengo es que el personal joven acude a mí y quiere trabajar conmigo en las cosas en las que estoy trabajando porque sienten que hay una oportunidad de marcar la diferencia.

    Responder
  3. Sí, esto se aplica a casi todo lo que hay que cambiar.

    No podemos hacer que la gente vea ciertas cosas aporreándoles la cabeza con esa cosa. Es fascinante como muchos piensan que eso funcionará. Lo vemos en Internet todo el tiempo. Los gritos, la cultura de la cancelación y la polarización. Tratar de forzar a alguien a convertirse a algo nunca resulta en una conversión auténtica, si es que la hay.

    Pero no sólo los jóvenes luchan contra el “lo quiero ahora”. El ser humano es impaciente por naturaleza. Especialmente cuando no se salen con la suya.

    Podría contarte historias de personas mucho mayores que yo hace veinte años que ya se impacientaban conmigo a los veinticinco. No hacía las cosas que les gustaban o en su línea de tiempo, y tenían cuarenta, cincuenta y sesenta años.

    Afortunadamente, somos más los que aprendemos a ser pacientes con la edad, pero por desgracia no siempre es así.

    Estoy entrando en el campo de la lucha contra la trata de seres humanos y eso puede ser frustrante. Mucha gente puede mirar hacia otro lado, ya sea porque tienen una mentalidad NIMBY, o porque piensan que es sólo una teoría de la conspiración. Piensan que todo el mundo en sus páginas web sexys siempre quiere estar allí por voluntad propia. Que nunca hay alguien fuera de cámara que les obligue literalmente a estar allí, pero eso ocurre todo el tiempo.

    ¿Pero puedo hacer ver eso a la gente que no quiere? No. Y puede ser bastante frustrante.

    Mi esperanza es que, con el tiempo, la cola menee al perro. Que seamos suficientes para abrirnos paso y avanzar en masa.

    Está empezando a ocurrir, pero es porque nos mantenemos en nuestro propio carril y dejamos que la gente interesada venga a nosotros. No vamos por ahí gritando y tratando de convertir a gente que no quiere oírlo o que no está preparada para aceptar que lo que consume puede ser explotación.

    Diría que alrededor del 80% de mis seguidores en Instagram me ignoran o miran hacia otro lado cuando publico algo sobre la trata de personas. No me concentro en ellos, me concentro en el 20% que me envía mensajes y me pregunta más. Si me obsesiono con el 80% que me ignora me amargo, me enfado y me resiento. Y no puedo permitírmelo. Hay demasiado trabajo por hacer en este ámbito. No soy responsable de que todo el mundo crea que esto está pasando de verdad, tengo que recordármelo a mí mismo.

    El único que puede hacer que tengan un momento “ven a Jesús” es Jesús mismo.

    Responder
  4. Nadie debe convencer a nadie a convertirse ni por la fuerza cuando llegue el momento todo cae en sus lugares. Uno de mis tios, que Dios bendiga su alma, fallecio hace unos anos de Covid a una edad muy temprana, solia hablar muy negativamente de Jesus, ni siquiera era negatividad sino mas bien usaba palabras de causa, no quiero escribir palabras tan profundas aqui, pero cada vez que se reunia lo hacia. Un día mientras dormía, su esposa me dice que lo escucho jadear por aire, trato de despertarlo pero sus ojos se habían hundido y no respondía. Mas tarde, cuando volvio a la vida, contaba la historia, dijo que estaba ahogandose en el lodo, (fue entonces cuando estaba jadeando, segun su esposa) y comenzo a gritar en su sueno pidiendo ayuda. El dijo que aparecio un hombre vestido de blanco que tenia una faceta que brillaba a traves de su trono y dijo no causes en mi nombre, si no crees en mi esta bien pero nunca faltes el respeto a mi nombre y saca a mi tio y desaparece. Despues de eso el nunca dijo una palabra desagradable en el nombre de Jesus. Hoy es el día en que falleció en 2020. No se convence a la gente el tiempo lo dira.

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  5. Sobre este libro comentado “La influencia: La psicología de la persuasión”: Otro de esos libros de negocios en los que es una buena lectura si no ha leído otros del mismo género pero con la misma fórmula básicamente en la que siguen repitiendo información que se puede condensar en unas pocas páginas y que todos los demás libros de negocios le dirán pero, por supuesto, lo reformularán. Si nunca ha pensado mucho en la influencia de su forma de hablar con la gente y viceversa, estoy seguro de que esto puede abrirle los ojos. Si es bastante consciente de sí mismo o ha contemplado cómo la diferencia en su comportamiento puede afectar al de los demás, entonces la mayoría de las cosas de estos libros le parecerán obvias.

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    • No leo muchos libros de negocios/no ficción, pero a veces encuentro algunas joyas realmente brillantes. Tenía este libro desde hace tiempo pero lo evitaba, pensando que era otro de esos libros de autoayuda mal redactados. Qué equivocada estaba. Influencia es un resumen muy bien documentado, minuciosamente investigado y bien organizado de cuáles son los factores clave que influyen en nuestras decisiones. Los cinco grandes son: Reciprocidad, Compromiso y coherencia, Prueba social, Gusto, Autoridad, Escasez. La mayoría de los ejemplos fueron reveladores, interesantes y relevantes para cada lector. La mayor parte de la información presentada estaba respaldada por importantes estudios en el campo del Comportamiento Humano. Algunos de los resultados eran de sentido común, pero muchos de ellos resultaron sorprendentes. Cada capítulo presentaba formas de protegernos de las personas que utilizan los cinco principios para engañarnos. .

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    • No entiendo por qué tanta gente ha valorado tan positivamente este libro:

      –Es complaciente con el público al utilizar un lenguaje excesivamente sencillo y repetir la misma idea 5 veces para asegurarse de que el lector realmente la ha entendido. Ejemplo (de memoria): “La gente está muy influenciada por la sociedad. La sociedad moldea nuestras elecciones. Nuestras elecciones están influidas por la gente que nos rodea. Hay innumerables ejemplos de que las elecciones de uno se ven influidas por sus iguales”. Gracias, lo entendí a la primera.

      -La primera y la segunda “armas de influencia” eran interesantes y daban que pensar. Reciprocidad y coherencia. Las armas tercera a sexta eran sencillamente obvias. ¿La prueba social, es decir, la preferencia de un grupo influye en la suya? De eso nada. ¿Gustar, es decir, que alguien similar sea más persuasivo para usted? De acuerdo, obvio. ¿Autoridad, es decir, el poder conduce a la capacidad de persuasión? [sarcástico] ¡Vaya! ¿Escasez, es decir, percibir la escasez conduce a un mayor deseo de un recurso? Ligeramente sorprendente.

      –El autor debió de leer sobre el recurso de la repetición justo antes de redactar este libro y lo utilizó para practicar. La cantidad de veces que utilizó “clic, zumbido” para ilustrar la metáfora o reproducir una cinta en nuestra cabeza para producir una acción automática ¡me dieron ganas de gritar! (Además, las cintas de casete ya estaban pasadas de moda cuando yo estaba en el instituto…)

      –Su frase elegida para las personas que utilizaban conscientemente estas “armas de influencia” eran… espere… ¡¡”PROFESIONALES DEL CUMPLIMIENTO”!! Simplemente llámelos “influenciadores” o algo menos vomitivo, amigo.

      –El autor “actualizó” la edición para su impresión en 2007. Debería haberse limitado a hacer una reimpresión con un nuevo prólogo o algo así, porque el resultado de la actualización es un fracaso total. El 90% de las referencias siguen siendo de mediados de los 80 o anteriores. A una discusión sobre el futuro de la comunicación por ordenador se le ha añadido una línea insignificante sobre cómo ahora todo el mundo utiliza Internet.

      Para ser justos, algunas de las conclusiones extraídas y las investigaciones presentadas eran muy interesantes. Pero la sensación de la redacción era tan juvenil y repetitiva que no puedo recomendar este libro a nadie. Estoy segura de que hay libros mucho mejores sobre el tema.

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