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Marxismo Latinoamericano

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Marxismo Latinoamericano

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Nota: Consulte también la información relativa a Socialismo Nacional Lationoamericano y la información relativa al comunismo lationoamericano.

Socialismo en América Latina

Socialismo y Latinoamérica

En 1900 los movimientos obreros en América Latina eran todavía muy débiles, siendo las principales influencias en ellos las del anarquismo y el anarcosindicalismo, traídas de España e Italia por los trabajadores migrantes que trabajaban en el hemisferio sur durante el invierno del norte. En México, las huelgas de la mina de cobre de Cananea en 1906 y de la fábrica textil de Río Blanco en 1907 no fueron seguidas hasta 1913 por la formación de la primera central obrera de México, la Casa de Obrero Mundial. Sus miembros apoyaron a los constitucionalistas durante la Revolución. Las ideas socialistas se generalizaron en 1924 bajo los gobiernos de la década de 1920 apoyados por la Confederación Revolucionaria Obrera de México y constituyeron la ideología de lo que sería el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Consolidado bajo Lázaro Cárdenas (1934-40), el partido seguiría siendo oficialmente socialista hasta finales de la década de 1980.
En otros países, las ideas socialistas fueron asumidas por los liberales en el poder, lo que condujo al reformismo social de los gobiernos de Alfonso López Pumarejo (1934-38, 1942-45) en Colombia y de Ramón Grau San Martín en Cuba (1933-34). Con la rápida difusión de las ideas marxistas tras la Primera Guerra Mundial, Luis Emilio Recabarren fue el fundador de los partidos comunista y socialista chilenos. En 1932 un grupo de oficiales subalternos proclamó una república socialista y entre 1937 y 1941 los socialistas formaron el principal contingente del Gobierno del Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda. La influencia socialista alcanzó su punto álgido durante la Segunda Guerra Mundial, reforzada por una importante afluencia de exiliados republicanos procedentes de España. Sin embargo, aunque las ideas y conceptos marxistas se convirtieron en la corriente principal entre los intelectuales latinoamericanos después de 1945, para muchos otros estaban demasiado asociados a la influencia comunista y eran desalentados como tales por la Iglesia católica. Aunque existieron partidos socialistas democráticos en casi todos los estados latinoamericanos, pocos alcanzaron un nivel de poder significativo comparable al de los partidos laboristas de los antiguos estados caribeños británicos y holandeses, como bajo Norman y Michael Manley en Jamaica. La mayor excepción, el Partido Socialista chileno, fue prohibido tras la caída de Salvador Allende en 1973 (véase más abajo), pero volvió al poder con la elección de Ricardo Lagos Escobar en 2000.

Revisor de hechos: Lessi

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Marxismo Latinoamericano en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

El marxismo fue introducido en América Latina por emigrantes europeos (alemanes, italianos, españoles) a finales del siglo XIX.Entre las Líneas En un primer período, hasta 1918, se desarrolla en algunos países, cuya clase obrera es mayoritariamente de origen europeo como una versión local del marxismo de la II Internacional, en sus variantes “ortodoxa” (kautskiana) o “revisionista”. Los ejemplos más significativos son el Partido Socialista Argentino, dirigido por Juan B. Justo, y el Partido Socialista Uruguayo de Emilio Frugoni. El marxismo de J. B. Justo (1865-1928) se caracteriza por un biologismo positivista, fuertemente influenciado por Herbert Spencer y por Darwin (Charles Robert Darwin, 1809-1882; véase “darwinismo social” y “selección natural”), y en el terreno económico, por el librecambismo (abolición de los derechos aduaneros, libertad del comercio internacional, etc.) (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frugoni a su vez defiende un socialismo evolucionista y gradualista bastante cercano a las tesis de Bernstein. Un caso particular es el Partido Obrero Socialista de Chile, dirigido por Luis Emilio Recabarren, que tenía una orientación marxista de corte netamente revolucionario.

La influencia del marxismo en el pensamiento científico social de ese período fue limitada: el célebre sociólogo argentino José Ingenieros (1877-1925), autor de “El hombre mediocre” (1913), es uno de los raros intelectuales que se interesaba por el materialismo histórico.

A partir de 1919 empieza a constituirse el movimiento comunista en América Latina, que se transforma rápidamente en la corriente hegemónica, en el marxismo del continente (la tendencia socialdemócrata no logrará jugar un papel importante, con excepción de Argentina y en menor medida Uruguay). De origen socialista o anarquista frecuentemente, los nuevos partidos comunistas (en el caso de Chile el Partido Obrero Socialista de Recabarren se transforma en comunista), empiezan en los años 20 a divulgar los principios del marxismo y del leninismo y a organizar al movimiento obrero. Aparecen también las primeras tentativas significativas de análisis marxista de la realidad latin0americana, de las cuales la más importante es sin duda la obra de José Carlos Mariátegui (1895-1930). Nacido en Perú, Mariátegui solo va a descubrir el marxismo en Europa (Italia, Francia) donde sufre también la influencia de Sorel, Croce, etc.Entre las Líneas En 1927 publica su principal obra, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, que es no solo el primero sino uno de los más originales y penetrantes estudios marxistas de la cuestión agraria y del problema indígena en un país latinoamericano.Entre las Líneas En el terreno político, en 1929, Mariátegui defiende una concepción profundamente radical de las luchas sociales en el continente: “La revolución latinoamericana será, nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista” (Carta colectiva del grupo de Lima, junio de 1929, en Mariátegui, El proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) y su organización, Grijalbo, México, 1970, p. 119). Contra la combinación sui generis entre marxismo y nacionalismo del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) de Haya de la Torre, Mariátegui va a presentar una posición marxista internacionalista intransigente, También Julio Antonio Mella, el joven fundador del Partido Comunista Cubano, va a polemizar contra el “aprismo” en un folleto de 1928, en el cual declara: “La liberación nacional absoluta solo será obtenida por el proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) y ello por medio de la revolución obrera” (¿Qué es el Apra?, 1928, en “Ensayos Revolucionarios”, Ed. Popular de Cuba y del Caribe, La Habana, 1960, p. 2324).Entre las Líneas En los años 30 aparece un otro pensador marxista (comunista) importante: el discípulo de Ingenieros, Aníbal Ponce (18981938), autor de Educación y lucha de clases (1937), y sobre todo de Humanismo burgués y humanismo proletario (1935) que son obras de gran interés sociológico y filosófico, pero de carácter predominantemente “europeo”, Sin embargo, Ponce también ha escrito ensayos sobre la historia social argentina, de los cuales el más conocido es La leyenda del Gaucho, el cual contiene la famosa frase: “Los ideales de la Revolución Rusa son los mismos ideales de la Revolución de Mayo [de 1810] en su sentido integral. ”

Pero en general, desde los años 30 hasta fines de los 50 el marxismo latinoamericano, en su principal corriente, la de los partidos comunistas, pierde mucho de su originalidad para limitarse a la adaptación de las tesis y doctrinas elaboradas por el Comintern (hacia 1943), el Cominform (hacia 1953) o el PC de la Unión Soviética. Los principales representantes de esa tendencia son: Vitorio Codovilla en Argentina, Bias Roca en Cuba, Luis Carlos Prestes en Brasil y Rodney Arismendi en Uruguay (este último con mayor nivel teórico y científico). La más importante excepción es probablemente el historiador comunista brasileño Caio Prado Junior, autor de notables escritos de historia social y económica (Historia Económica do Brasil, 1945).

Los estudios marxistas más interesantes aparecen, sobre todo en los años 5O, fuera del cuadro del comunismo “oficial”. Podemos mencionar por ejemplo los trabajos del economista argentino Sergio Bagú (Economía de la Sociedad Colonial, 1949), de los marxistas del Partido Socialista Chileno, con el historiador Osear Waiss (Nacionalismo y socialismo en América Latina, 1953) y el economista Julio César Jobet (Ensayo Crítico del desarrollo económico social de Chile, 1958), del sociólogo uruguayo Carlos Rama. (Ensayo de sociología uruguaya, 1957), etc. Hay que mencionar también un cierto número. de autores influenciados por el trotskismo, como el historiador chileno Luis Vitale (Interpretación Marxista de la Historia de Chile), el filósofo y sociólogo Silvio Frondizi (La Realidad Argentina, 1957) y el historiador argentino “nacionalista de izquierda” Jorge Abelardo Ramos (América Latina: un país, 1949).

Con la revolución cubana (1959) y su adopción del marxismo como orientación ideológica (1961), el pensamiento marxista va a conocer un gran desarrollo; tanto en el terreno político como en el científico teórico van a aparecer nuevas ideas, nuevos métodos, nuevas concepciones, y el marxismo va a ganar rápidamente amplios sectores de la intelectualidad. Desde el punto de vista político, los documentos de la revolución cubana (Primera y Segunda Declaración de La Habana, 1960, 1961), los discursos de Fidel Castro, los escritos militares, económicos y políticos del Che Guevara, y las resoluciones del Congreso de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad, 1967) van a introducir una verdadera “revolución en la revolución” (para emplear la célebre expresión de Regis Debray) en América Latina, produciendo la emergencia de una mera corriente marxista: el castrismo. Paralelamente al desarrollo del castrismo y de sus variantes (guevarismo, debraysmo, foquismo) se produce un; resurgimiento del trotskismo y la aparición del maoísmo, por influencia de la política chino-soviética. Algunas veces se observan en el origen de ciertas corrientes y organizaciones revolucionarias como el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) de Chile, o el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), combinaciones sui generis de varias tendencias: castrismo, maoísmo, trotskismo.Si, Pero: Pero sin dudas el castrismo es la corriente predominante en el seno de la joven, inteligencia radicalizada (pero no del movimiento obrero, que sigue generalmente’ a sus partidos tradicionales), la cual inspirará la constitución de varias organizaciones de corte guerrillero (urbano o rural).

La revolución cubana tiene un profundo impacto en todo el continente, estimulando la revisión de las concepciones tradicionales del comunismo latinoamericano a partir de los años 30. Aparece así una nueva generación de economistas, sociólogos, científicos, políticos e historiadores marxistas, todos en mayor o menor medida influenciados por la revolución cubana. Este nuevo marxismo latinoamericano va a criticar sistemáticamente las tesis de la ciencia social académica sobre la realidad latinoamericana: autores como el economista André Gunder Frank (Capitalismo y subdesarrollo en América Latina, 1967) y el sociólogo mexicano Rodolfo Stavenhagen (Siete tesis erróneas sobre América Latina, 1965) van a rechazar la doctrina de un “feudalismo” latinoamericano, de una sociedad “dual”, con sectores ‘modernos” y “arcaicos”: Éstos dos científicos y los brasileños Fernando Henrique Cardoso (Dependencia y desarrollo en América Latina, 1969, en colaboración en Enzo Faletto), Ruy Mauro Marin (Subdesarrollo y revolución en A. Latina, 1969) y Theotonio Dos Santos (El nuevo carácter de la depen4encia, 1968) van a estudiar el fenómeno del subdesarrollo y de la dependencia en el cuadro del sistema capitalista internacional, a través de la problemática marxista del imperialismo.

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Al mismo tiempo, los sociólogos argentinos Marcos Kaplan y Milcíades Pena (Masas, Caudillos y Elites, 1965), los brasileños Octavio Ianni (O colapso do populismo no Brasil, 1968) y Francisco Weffort (Origens do sindicalismo populista no Brasil, 1973), los mexicanos Arnaldo Córdova (La ideología de la Revolución Mexicana, 1971) y Victor Flores Olea (Socialismo y política en A. Latina; 1966), los peruanos Aníbal Quijano (Carácter y perspectiva del actual régimen militar en Perú, 1971) y Julio Cotler (El populismo militar como modelo de desarrollo nacional: el caso peruano, 1969) han analizado desde un punto de vista marxista uno de los problemas políticos centrales de América Latina: el populismo, en sus diversas formas y variantes varguismo, peronismo, nacionalismo militar, etc, Hay que mencionar en fin la joven escuela del marxismo cubano, organizada en vuelta de la notable revista “Pensamiento Crítico” (1967-1971), en que participaron filósofos, historiadores y sociólogos de gran originalidad y rigor: Fernando Martínez, Aurelio Alonso, José Bell Lara, Mirella Crespo, Jesús Díaz, Germán Sanchez, etc.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

En su conjunto, la nueva ciencia social marxista surgida en los años 60 representó un avance cualitativo en el conocimiento de la realidad social latinoamericana y ha estimulado, por su ruptura con los esquemas del pasado, la actividad política de varias corrientes marxistas inspiradas por la revolución cubana. [1]

La Figura de Salvador Allende

Salvador Allende Gossens, Presidente de Chile en 1970-73, nació en Valparaíso en 1908. Hijo de un abogado, estudió medicina y se licenció en la Universidad de Chile en 1932, tras un breve intervalo en el que fue excluido de la Universidad por su actividad política. Siendo conocido como pariente por matrimonio de Marmaduque Grove, fue detenido tras la caída de la República Socialista, pero finalmente fue absuelto de todos los cargos. En 1933 fue miembro fundador del Partido Socialista de Chile, del que llegó a ser secretario general en 1943. Elegido diputado en 1937, ayudó a organizar la campaña presidencial de Pedro Aguirre Cerda, quien le nombró ministro de Sanidad, cargo en el que estableció tanto el seguro de enfermedad como la indemnización a las víctimas de accidentes laborales. En 1945 fue elegido por primera vez al Senado, donde permaneció hasta 1970, siendo reelegido en tres ocasiones. Sin embargo, en su primera campaña para la presidencia, en 1952, sólo obtuvo el 6% de los votos emitidos. En 1958 obtuvo el 29% y en 1964 el 39%, pero sólo en 1970, cuando obtuvo el 36,2%, fue elegido presidente como candidato de la coalición Unidad Popular. Según la costumbre, el Congreso chileno aceptó confirmar su elección, pero sólo después de que se comprometiera a respetar la Constitución. A pesar de ello, puso en marcha inmediatamente un programa de reformas sociales de gran alcance, que incluía la nacionalización de las minas de cobre y de otras industrias de importancia estratégica, y un programa de reforma agraria que, sin embargo, pronto se descontroló a medida que el país se polarizaba cada vez más. Aunque su coalición obtuvo apoyo en las elecciones al Congreso, el 11 de septiembre de 1973 fue derrocado en un golpe militar dirigido por el general Augusto Pinochet Ugarte. Después de que la aviación bombardeara La Moneda, el palacio presidencial, y le prendiera fuego, Allende se aseguró de que sus partidarios salieran sanos y salvos del edificio y luego se pegó un tiro.

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Revisor de hechos: Roberts

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Notas y Referencias

  1. Michael Lowy (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

AGUILAR, L. E., Marxism in Latín America, Knopf, N. York, 1968.
ALBA, Víctor, Historia del movimiento obrero en América Latina, Libreros Mexicanos Unidos, México, 1964.
HODGES, Donald C, The Latín American Revolution, Wiliiam Morrow, N. York, 1974.
ZEITLIN, Petras, Latín America, Reform or Revolution? (A Reader), Fawcett, N. York, 1968.
BAMBIRRA, Vania, Diez años de insurrección en América Latina, Prensa Latinoamericana, Santiago, 1971.
Revista “Pensamiento Crítico”, La Habana, 1967-1971.

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