Milenarismo
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Véase también escatología y Ramas de la Teología.
Milenarismo en las Ciencias Sociales Latinoamericanas
El término milenarismo aparece en la International Encyclopedia of the Social Sciences (David L. Sills, ed., The Macmillan Company and Toe Free Press, 1968, vol. 10) donde se dice que “El término milenario’ (o quiliástico) se usa ahora no en su sentido histórico específico y limitado sino tipológicamente para caracterizar movimientos religiosos que esperan la salvación inminente, total, última, colectiva y de este mundo” (ibid., p. 349). Se describen las características de estos movimientos, las condiciones para su desarrollo, su función y la relación entre religión y política. El término también está presente, pero bajo Escatología, en la Encyclopedia of Religíon and Ethics (James Hastings, ed., Edimburgo y Londres, 1964, 2a. ed., vol. V), en la cual se lo trata en sentido restringido, con especial referencia a las grandes religiones; en el Diccionario de Religiones de E. Royston Pike (F. C. E., México, Buenos Aires, 1960) donde se le da una interpretación histórica limitada dentro de la tradición cristiana, y en el Dictionary of Social Sciences de John T. Zadrozny (Public Affairs Press, Washington, 1959), que lo define escuetamente como “la preocupación por utopías”.
No aparece en la Encyclopedia of the Social Sciences de E. R. A. Seligman, ed. (The Macmillan Company, Nueva York, 1962), la Encyclopedia of Religions, de J. G. R (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Forlong (University Books, Nueva York, 1964), A Dictionary of the Social Sciences de Julius Gould y William L. Kolb, eds. (Travistock Publications, Lon4 dres, 1964) ni en el Dictionary of Sociology de Henry Pratt Fairchiid, ed. (Philosophical Library, Nueva York, 1944).
Los movimientos milenarios surgen en sociedades que se encuentran atravesando situaciones de Tisis.
Informaciones
Los datos sobre movimientos de este tipo parecen confirmar su aparición cuando una sociedad se halla perturbada como consecuencia del contacto con otra u otras sociedades que intentan dominarla, contacto que acarrearía cambios desfavorables en las condiciones económicas y sociales precedentes, o bien cuando esta sociedad se siente amenazada por la acción de fuerzas incontenibles como fenómenos naturales, hambres o epidemias (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frecuentemente ambos grupos de factores desencadenantes se encuentran presentes en los momentos culminantes de la crisis. Estos movimientos tienen como objetivos la reinstauración del tiempo perfecto, el regreso a la tierra perfecta, o el logro de ambos.Entre las Líneas En ese tiempo y en ese lugar no existirán el sufrimiento, el trabajo, el deseo, la inseguridad ni la muerte. [rtbs name=”muerte”] [rtbs name=”pena-de-muerte”] [rtbs name=”pena-capital”] [rtbs name=”muerte”] La vida se desarrollará en paz y armonía, en felicidad y libertad. Asociada con la idea del Milenio se encuentra la creencia de que éste será precedido por. un período de catástrofes que destruirá al mundo que se rechaza, es decir, que eliminará los problemas que se sufren en el momento. El fenómeno. milenario adquiere características mesiánicas cuando surge un líder carismático a quien los participantes potenciales del movimiento reconocen como el Elegido que tendrá capacidad para guiarlos en. su búsqueda del Milenio. El mesías actúa siguiendo las órdenes que le imparte la divinidad y es su mensajero. A veces llega a identificarse y es identificado con ella. Este mesías gobernará una vez llegada la Nueva Era, fundará el Nuevo Reino e impondrá la Nueva Ley.
Los términos milenio y mesías se aplicarían: en sentido restringido dentro de la tradición judeocristíano. (La tradición milenaria se había Originado en el zoroastrismo persa y en el judaísmo, de donde pasaría luego a incorporarse al cristianismo y al Islam.) Sin embargo, si las características señaladas se encuentran también en movimientos relacionados con otras tradiciones, y aquéllos se centran en la idea de una era por venir o una tierra accesible perfectas, estos términos bien pueden emplearse.
Es aproximadamente a partir de los años cincuenta que se han comenzado a estudiar los movimientos milenarios en relación con el desarrollo sociocultural, o se ha visto la conexión entre el surgimiento de sectas o religiones nuevas o renovadas y los movimientos sociopolíticos. De esta manera se abandona la interpretación limitada del milenarismo como un fenómeno exclusivamente religioso para enfocarlo como respuesta a situaciones de cambio social, al proceso de transculturación, a la desintegración social y cultural, al régimen colonial y postcolonial. Vittorio Lanternari señala brevemente los factores determinantes para el surgimiento de los movimientos socio religiosos: “Situación colonial, esclavitud, frustración económica y social, dominación política y social, migración, desculturación forzada, segregación (concepto: separación forzada de razas o separación de fincas) racial, simple desviación cultural y la tensión, el malestar y la desorganización sociocultural que se derivan de los factores mencionados en la sociedad o subsociedad tradicional.” Y agrega:
“Este fenómeno comprende los movimientos nativistas, la secta, la iglesia sincrética, el profetismo, el milenarismo y el mesianismo surgidos en las tribus del África negra en los últimos setenta años, pero siempre en mayor número desde la Primera Guerra Mundial hasta hoy, en las tribus de los indios americanos en la época de la frontera y después, en la sociedad negroamericana de las Indias occidentales, en numerosas tribus de indígenas del Brasil, los modernos “cultos del carguero d los habitantes de las islas melanesias, los movimientos socio religiosos polinesios en el siglo pasado, los de la población indonesia en el siglo actual, diferentes movimientos socio religiosos y político religiosos modernos de la sociedad y grupos de Vietnam, Birmania, las Filipinas, y también los movimientos de renovación de la India, desde Mohan Roy a Gandhi. Estos movimientos constituyen en sí mismos una de las manifestaciones más imponentes del proceso de transculturación que sufre la sociedad tribal y la cultura preindustrial. ” (“Riconsiderando i movimenti social religiosi nel quadro dei processi di acculturazione”, Religioni e Civilta, vol. 1, 1972, p. 33.)
Existen numerosas definiciones y clasificaciones de los movimientos socio religiosos, afirmación que también se aplica al milenarismo, una de las formas que éstos adoptan. Algunos autores lo han explicado señalando la existencia de una psicología patológica y tomando como factores claves la ansiedad y la inseguridad. Uno de los primeros estudios sobre “nuevas religiones” es el de James Mooney (The Ghost Dance Religion and the Sioux Outbreat. of 1890, “Fourteenth Annual Report of the Bureau of Ethnology to the Smithsonian Institute”, pgs 921-893), quien habla de ellos como anomalías religiosas basadas en el hipnotismo, trances e ideas mesiánicas; su “peligrosidad” fue señalada por F. E. Williams, quien destacó el paroxismo como una de sus características principales (The Vailala Madness and the Destruction of Native Ceremonies in the Gulf Division, “Papua Anthropological Reports”, núm. 4); W. E. H. Stanner dio importancia al fenómeno de disociación psicológica e hizo hincapié en la existencia de una tendencia al paroxismo producida por la sugestión, la imitación voluntaria y la acción de un líder carismático (The South Seas in Transition, Sydney, 1953). Se puede criticar este tipo de interpretaciones ya que lo que se considere “nounal” o “anounal” diferirá según los marcos culturales en que éstos se empleen. Al respecto se discutió en la conferencia sobre milenarismo que se realizó en la Universidad de Chicago en abril de 1960.Entre las Líneas En ese momento René Ribeiro señaló la normalidad de estos movimientos, sustentando su afirmación con datos concretos, resultado de exámenes psiquiátricos de participantes en aquéllos, y recomendó abandonar la búsqueda de situaciones especiales de inseguridad que estarían provocando estos fenómenos (“Brazilian Messianic Movements”, Sylvia L. Thrupp, ed. Millenial Dreams in Action, La Haya, 1962).
Otro acercamiento psicológico psiquiátrico, pero con influencias weberianas, es el de Anthony F. C. Wallace. (Revitalization Movements, “American Anthropologist”, 58, 1956). Acuña el término revitalización o revivalista y define a los movimientos de revitalización como “un esfuerzo deliberado, organizado y consciente realizado por los miembros de una sociedad para construir una cultura más satisfactoria”, y a la revitalización como ‘”una clase especial de fenómeno de cambio cultural”. El término revitalización implica una analogía ‘organísmica”. La sociedad en situaciones de tensión tomaría medidas de emergencia con el fin de conservar la constancia de la matriz cultural básica. Tensión se explica como la situación de amenaza más o menos seria en que se encuentra una parte o un todo del organismo social. El concepto de revitalización se relaciona con el de mazeway o “configuración”, es decir, la idea mental que cada individuo tiene de su sociedad y de su cultura y que necesita mantener para actuar de manera que se reduzca la tensión en todos los niveles del sistema.
Así, “el esfuerzo por lograr un cambio en el mazeway y en el sistema real (para que ambos sean congruentes), con el fin de permitir una reducción efectiva de la tensión, es el esfuerzo de revitalización; y la colaboración de un número de personas en este esfuerzo se llama movimiento de revitalización” (ibíd, p. 267). Sin criterio uniforme, y señalando que no son excluyentes, Wallace clasifica a los movimientos de revitalización en subclases: nativistas, revivalistas, “cultos del carguero’, vitalistas, milenaristas y mesiánicos. El principio metodológico básico del estudio de Wallace es el análisis de acontecimientos considerados como unidades de conducta, cuya uniformidad se basa en atributos humanos genéricos tanto psicológicos como biológicos. Describe la estructura genérica de los movimientos de rivalización según cinco etapas: estado equilibrado, período de tensión individual, período de distorsión cultural, período de revitalización y nuevo período de equilibrio. Es en el período de revitalización cuando surgen movimientos religiosos o seculares cuyos fines son la reformulación del mazeway según las directivas de un líder o profeta, la comunicación y puesta en práctica de las ideas expuestas por el líder: la organización de los adeptos, la adaptación, transformación cultural y rutinización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Según esta interpretación, las reacciones a situaciones de inseguridad o tensiones, no especificadas por Wallace, se originarían a nivel del individuo y se transmitirían luego en cadena al grupo y a la sociedad. También se presupone que sociedades, grupos e individuos responden uniformemente ante tales situaciones.
Otros Elementos
Además, no siempre un “profeta” es figura indispensable en estos movimientos.
De acuerdo con otras interpretaciones, estos movimientos surgen en épocas en que el medio social sufre transformaciones: De este modo, R,H. Lówie (Primitive Religion, Londres, 1936) opina que basta una transculturación violenta para que se produzca una reacción de tipo religioso, momento en que los mesías tendrían la misión de suministrar confianza. y esperanza a la sociedad amenazada, y que el desarrollo de la actividad religiosa es característica frecuente de períodos de perturbación social. Es cuestionable su afirmación de que el contacto súbito de una población aborigen con otra caucásica basta para producir una reacción de tipo religioso.
Ha sido Ralph Linton (Nativistic Movements, “‘American Anthropologist”, 45, 1943) quien ha proporcionado una primera tipología de estos movimientos, en relación con procesos de la dinámica cultural.
Los llama nativistas y los define como “cualquier intento consciente y organizado por parte de los miembros de una sociedad por revivir o perpetuar aspectos selectos de su cultura” (ibid., p,230). Su visión del fenómeno ha sido criticada por Lanternari quien piensa que hay que considerar el fenómeno en forma más amplia Ya que el nativismo estaría “en conflicto con la cultura occidental, buscando establecer un culto para el uso exclusivo de los nativos [… ] un culto totalmente nuevo” (The Religion of the Oppressed, Nueva York, 1965, p. 28) y que Linton da demasiado ‘énfasis al carácter regresivo y retrospectivo del movimiento, perdiendo así de vista su carácter renovador y transformador (V. Lanternari, “Riconsiderando i movimento. ‘”, p. 41). Linon considera que’ para que estos movimientos se produzcan, la sociedad en que se origina debe hacerse consciente de que existen otras sociedades frente a las cuales se encuentra en situación de desigualdad y de que la propia está en peligro.
Distingue entre nativismo revivalista, que trata de revivir elementos de la cultura propia, y nativismo persuasivo, que trata de perpetuar estos elementos. No son excluyentes, esta diferenciación no se puede sostener ya que, por ejemplo, en el caso de movimientos con tendencias emulativas éstos pueden ser antinativistas, Hace también otra diferencia: nativismo mágico y nativismo racional, y en este último distingue entre el revivalista y el perpetuativo. Linton mismo reconoce que su interpretación es una generalización basada en la hipótesis de que las sociedades son homogéneas y que reaccionan del mismo modo a situaciones de contacto.
R (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Firth (Essays on Social Organization and Values Londres, 1964) señala a manera de hipótesis que las transformaciones religiosas nunca ocurren aisladas sino siempre asociadas a cambios sociales, especialmente de carácter económico y político, y que una de las funciones básicas de las transformaciones religiosas es la de dar significado a las condiciones económicas y sociales. Varios factores contribuirían al surgimiento de un nuevo movimiento religioso: una relación desequilibrada entre lo que se desea y los medios para mejorar las Condiciones existentes, y obstáculos para esto desarrollo, dados recursos naturales escasos o intereses políticos no favorables.
Frente a estas condiciones el grupo actúa unido por un fuerte sentimiento de responsabilidad comunal. Max Glukman (arder and Rebellionin Tribal África) Nueva York, 1963) y otros han sostenido la teoría de que los conflictos de forma ritual, aunque temporalmente disruptivos, tienen finalmente funciones catárticas de orden simbólico y tienden a mantener la unidad de la sociedad en la que surgen. Edward Jay (“Revitalization Movements in Tribal India”, Aspects of Religion in Indian Society, L. P. Vidyarthi, ed;, Meerut, s. f.) comparte con L. A. Coser (The Functions of Social Confiict, Glencoe, The Free Press, 1956; Nuevos aportes a la teoría del conflicto social, Buenos Aires, 1967) la idea de que los conflictos sociales pueden ser funcionales e integrativos, y de esta manera los movimientos de revitalización serían producto y expresión de estos c0nfUctosº Basándose en sus estudios de estos movimientos en India, Jay explica que éstos han comenzado por ser conflictos abiertos y violentos para llegar a reducirse gradualmente a procesos más pacíficos de acción política y tendientes a la emulación.
Lucy Mair (“Independent Religious Movements in Three Continents”, Anthropology and Social Change, Londres, 1969, cap. 12, Reimpreso de Comparative Studies in Socíety and History, I, No. 2, enero de 1959, La Haya) se refiere a los movimientos religiosos que han surgido en sociedades no europeas bajo el dominio. europeo, concentrándose en los casos de los indios americanos (Ghost Dance), de Melanesia (Cargo Cults) y de los bantúes ,de África Central y Sur (reinterpretaciones del cristianismo). Los considera movimientos de oposición a las instituciones religiosas existentes, que ofrecen nuevos medios para alcanzar los beneficios de la religión establecida o una interpretación de ésta, y señala la frecuente partidpación de un mesías.
De acuerdo con Mair: “las: religiones establecidas dan validez a la estructura política de las sociedades en que se encuentran.Si, Pero: Pero las religiones nuevas están por definición en oposición a la religión establecida… ]” están de algún modo interesadas en la distribución del poder, Si los adherentes pertenecen a la sección de la sociedad total que tiene menos poder […] y vemos [en estos cultos] no un fortalecimiento de la acción política sino un substituto de ella, (ibíd. pp. 151152). Da importancia a la existencia de un reconocimiento de la superioridad técnica del grupo dominado, circunstancia que también ha considerado Martín Orans (The Santa/. A Tribe in Search of a Great Tradition, Detroit, 1965) para elaborar su teoría del rank concession syndrome. Entre los estudios valiosos hechos sobre este tema se encuentran los de los participantes de la conferencia sobre milenarismo realizada en la Universidad de Chicago, ya mencionada: René Riheir (op.. cit,) sobre los casos en Brasil, Eugene P. Boardman sobre China (“Millenary Aspects of the Taiping Rebellion (1851 1964)”, Thrupp ed., op. cit. fo Justus M. van der Kroef sobre Célebes, Sumatra y Borneo (“Messianic Movements in the Celebes, Sumatra and Borneo”, ib (d,), Jean Guiart sobre el Pacífico Sur (“The Millenarian Aspect of Conversion to Christianity in South Pacific”, ibíd.), Mircea Elia de sobre Melanesia (“Cargo Cults and Cosmic Regeneration”, ibid.), George Shepperson sobre Nyasaland (“‘Nyasaland and the Millennium”, ibid.) y George Simpson sobre Jamaica (“The Ras Tafari Movement in Jamaica in its Millennial. Aspect”, ibíd.). Georges Balandier (Sociologie Actuelle de l’Afrique Naire, París, 1955) estudió las iglesias sincréticas o separatistas africanas y las sociedades Fang y BaKongo en sus relaciones con la cultura europea, haciendo hincapié en la particularidad de la situación colonial ante la cual, como reacción, han surgido movimientos religiosos.
Los cultos del carguero” han sido analizados por Peter Worsley en su excelente estudio The Trumpet Shall Sound. (A Study of “Cargo” Cult in Melanesia) (Schocken Books, Nueva York, 1970). Vittorio Lanternari ha producido un material considerable sobre movimientos socio religiosos (además del libro y el artículo citados, otros como: Religione Popolare e Contestazione, “Testimonianze”, año XII, oct. 1969, núm. 118; Syncrétismes, Messianismes, Néotraditionalismes. Postface a une étude des mouvements religieux de l’Afrique Naire, “Archives de Sociologie desReligions”‘, num. 19, 1965; Appunti sulla Cultura Nzíma (Ghana), Bari, 1972, p. 147171; Les Black. Muslims. Du Messianisme Populaire a l’institution bourgeoise, “Archives de Sociologie des Religions’ num. 24, 1967; Dream as a Charismatic Significant: Its Bearing on the Rise of New Religions Movements, IXth International Congress of Anthropological and Ethnological Sciences, 197 3). Con un enfoque comparativo ha estudiado movimientos surgidos en distintas sociedades, explicándolos en relación con factores propios de la cultura en que aparecen y al impacto de otras culturas y fuerzas externas, teniendo en cuenta especialmente las condiciones históricas debidas a experiencias coloniales y el esfuerzo de los pueblos sometidos por emanciparse. Introduce el término movimientos néotradicionalistas para designar a aquellos que, rechazando el sincretismo adquirido., acuden a la tradición en señal de protesta antinstitucional. Propone también una tipología histórica, que implicaría un avance gradual en la forma de oposición a la cultura oficial”. Según este autor, la oposición puede ser sociopolítica, concretada en movimientos sociales o políticos, o bien religiosa, extrapolítica.Entre las Líneas En esta última distingue entre formas prepolíticas (“residuos paganos”, sincretismo con el cristianismo), parapolíticas (movimientos sectarios, apostasías) y’ postpolíticas (movimientos religiosos de respuesta). El término prepolítico ha sido empleado también por Eric Hobsbawn (Rebeldes Primitivos, Barcelona, 1968) para calificar, entre otras formas de agitación social, a los “movimientos revolucionarios de carácter milenario”. De los casos que expone (los lazaretistas toscanos, los movimientos agrarios andaluces y sicilianos) dice que “tienen un carácter revolucionario y no reformista”, y que su grado de “primitivismo” es menor que en el caso de otras formas de protesta prepolítica. Observó que estos movimientos se habían podido integrar satisfactoriamente en movimientos modernos, revolucionarios, y quizás en otros casos, reformistas.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
María Isaura Pereira de Queiroz ha estudiado con una perspectiva sociológica casos que se han producido en diferentes sociedades (Historia y Etnología de los Movimientos Mesiánicos, Siglo XXI ed., México, 1969), y en especial en Brasil, concentrándose en el mesianismo como “una rama de los movimientos milenaristas”, que estudia comparativamente observando los que han surgido en sociedades primitivas y en la sociedad occidental, a las cuales no coloca en oposición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En tanto, la autora enfrenta la sociedad tradicional y la sociEdad Moderna, lo cual le sirve para relacionar el surgimiento de mesianismos en sociedades que se cohesionan en base a vínculos de parentesco o de grupo. (“Los movimientos mesiánicos siempre se encuentran asociados con un tipo bien definido de sociedad: la sociedad ordenada según el sistema de linajes. No los hemos encontrado asociados a la sociedad ordenada según el sistema de clases sociales, salvo si ésta coexiste con la sociedad fundada en el sistema de linajes Tales movimientos constituyen así una reacción específica a las sociedades tradicionales por la cual tratan de resolver problemas de estructura y de dinámica sociales”, op. cit., p. 291.) El surgimiento de estos movimientos está relacionado para Pereira de Queiroz con “dos tipos de situación social, ya sea una situación de desorganización social que frisa en la anomia, ya sea una situación de dominio y subordinación que un grupo es brutalmente obligado a sufrir” (ibíd., p. 272). Distingue entre los movimientos mesiánicos revolucionarios y los reformistas.
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Los del primer tipo serían aquellos provocados por la situación colonial, el dominio del hombre occidental, y también los movimientos medievales y los producidos en el Occidente en los siglos XIX y XX. Son “movimientos nacidos de la oposición entre las clases sociales” y que quieren fundar uria sociedad que participaría de la antigua y de la nueva sociedad.
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Los del segundo tipo son “factores de reorganización de la sociedad tradicional”; éste sería el caso de los guaranies en su búsqueda de la Tierra sin Mal, de ciertos movimientos en Brasil y de los campesinos del Monte Amiata. A la diferencia que hace la autora entre movimientos mesiánicos revolucionarios y reformistas se opone Lanternari, cuya opinión compartimos en base a nuestras observaciones de casos de India. Lanternari dice al respecto que “en realidad el reformismo y el revolucionarismo coexisten en distintas combinaciones en cualquier movimiento religioso y mesiánico” (“Riconsiderando i movimenti… “, p. 52). También tiene reservas en cuanto a que la existencia de la familia extensa y de la estirpe sea el factor fundamental para el surgimiento de mesianismos, ya que así se olvidan otros como “los territoriales, étnicos’, de clase, de casta, de ambiente (p. ej. : rural frente al ambiente urbano)” (ibid., p. 53).
Se puede considerar a los movimientos milenarios como una forma de respuesta a una situación de conflicto. Son la expresión de una firme solidaridad de grupo que a veces se encauza como fuerza de resistencia y otras adquiere tendencias emulativas. A veces, se desarrolla abarcando ambas actitudes, aunque siempre el objetivo será el mismo: encontrar una identidad de grupo y establecer un sistema social y un orden moral nuevos o renovados, que estén de acuerdo con una nueva realidad. El lenguaje religioso que se emplea es el canal de expresión de la protesta, y la protesta, a veces violenta, se convierte en la única vía posible para manifestar las angustias, el descontento y las aspiraciones del pueblo en crisis, luego de comprobar la inutilidad de los medios “legales” para modificar una situación crítica. Se trata de reinstaurar el orden en el mundo, aquí, ahora y definitivamente, de crear o recrear una sociedad que esté de acuerdo con una nueva realidad. De este modo la sociedad desorganizada por la crisis se organiza para resistir y reajustarse a nuevas condiciones, tratando de conservar su integridad e identidad. Estos movimientos frecuentemente fracasan, pero, sin embargo, tienen consecuencias positivas ya que actúan como mediadores en el proceso de transculturación, contribuyen muchas veces a la formación de una conciencia de grupo y preparan de manera directa o indirecta, el camino para la independencia de sociedades bajo el régimen colonial.
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Además, el fracaso lleva a considerar la eficacia de los métodos empleados y a adquirir nuevos recursos para la acción, y se abre así el camino para la formación de una conciencia política. [1]
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Susana B. C. Devalle (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
Véase También
Bibliografía
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