A partir del siglo XIX, cuando los nuevos gobiernos independientes abolen las distinciones de castas, se empieza a usar el término ladino para denominar no solo a los indígenas y africanos castellanizados, sino también a los descendientes de indios y europeos; así, tiene el mismo sentido que las palabras mestizo, cholo y caboclo. Más aún, en las regiones de Guatemala y Chiapas de más intenso contacto interétnico, se ha venido a llamar ladinos a todos aquéllos que hablan español, incluidos los europeos y sus descendientes. En tiempos modernos, pues, la distinción entre ladinos e indios, más que de orden genético o “racial”, es de orden cultural.