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Economía Cubana

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Economía Cubana

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre la economía cubana. Puede interesar también lo siguiente:

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Economía Cubana: Desde 1961

La construcción del socialismo

El 16 de abril de 1961, durante el funeral de las víctimas de los ataques aéreos, Fidel Castro proclama por primera vez: «Compañeros, obreros y campesinos, esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, por los humildes y para los humildes». La revolución se dirige entonces contra los grandes terratenientes que apoyan los movimientos contrarrevolucionarios ayudados por la CIA. Su eliminación es el objetivo de la segunda ley de reforma agraria del 3 de octubre de 1963, que reduce a 5 caballerías (67 ha) la superficie máxima de las explotaciones agrícolas. Además, Cuba opta por una estrategia de desarrollo acelerado de la producción azucarera, considerada como una etapa provisional en el camino hacia la futura diversificación agrícola e industrial. La especialización en el azúcar (objetivo para 1970: 10 millones de toneladas) se presenta como un atajo hacia la industrialización. Pero la producción de azúcar alcanzará en 1970 solo 8,5 millones de toneladas, mientras que la producción de acero habrá disminuido un 38 % con respecto a 1969, y la de calzado un 20 %. La alineación de Cuba con la URSS se produce a medida que aumenta la dependencia económica (suministros de petróleo). En diciembre de 1970 se crea la Comisión Intergubernamental Soviético-Cubana para la Cooperación Económica, Científica y Técnica. Centro de discusión de todos los problemas que interesan a los dos países, esta comisión es un órgano supranacional de decisión. La primera reunión tuvo lugar en La Habana en septiembre de 1971.

La segunda sesión se celebró en Moscú y se decidió el programa de electrificación y el de modernización de los puertos. La integración económica de Cuba, que se adhiere al CAEM el 10 de julio de 1972, con los países de Europa del Este está cada vez más dirigida por expertos miembros de comisiones bilaterales o multilaterales. Fidel Castro se reserva un ámbito que abarca la reforma agraria y la salud y conserva un papel de árbitro. Las exportaciones a los países hermanos se concentran en tres o cuatro productos: azúcar bruto sin refinar, mineral de níquel y frutas tropicales. Cuba importa el 75 % de sus cereales de consumo, el 68 % de su acero y prácticamente el 100 % de la algodón que utiliza.

El poder comunista

Todos los revolucionarios (55 000) se agrupan en una sola partido, cuyo secretario general es Fidel Castro: el Partido Comunista de Cuba, creado el 1 de octubre de 1965. En 1974 se inaugura en Matanzas un nuevo sistema de elección por sufragio universal secreto de los representantes a las asambleas municipales y provinciales. Este ensayo de poder popular, dotado de amplias responsabilidades en la gestión de servicios (escuelas, hospitales, comercio, tiendas, almacenes de alimentos, cines, centros de ocio y transporte), se generalizará. Los delegados administran 5.597 unidades de producción y servicios. Del 16 al 26 de mayo, las asambleas nombran a los candidatos para las elecciones del 30 de junio de 1974. El criterio esencial es el siguiente: todas las unidades de producción y servicios que trabajan para la comunidad, es decir, para la localidad, deben ser competencia de la localidad. El primer congreso del PCC tiene lugar en diciembre de 1975. La partido cuenta entonces con unos 200 000 miembros. El 15 de febrero de 1976 se aprueba por referéndum una nueva constitución, que se promulga el 24 de febrero. Se eligen representantes para las asambleas provinciales, así como para la Asamblea Nacional, elegida para un período de cinco años en octubre de 1976. Esta última asamblea nombra un Tribunal Supremo y elige entre sus miembros a los 31 miembros del Consejo de Estado, entre ellos un presidente que se convierte en jefe de Estado y de Gobierno, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (en 1982, Fidel Castro). A nivel regional, el número de municipios municipales pasa de 407 en 1973 a 169 y el de provincias de 6 a 14, en aras de la homogeneidad. También se da luz verde al plan quinquenal de 1976-1980, el primero de este tipo que se adopta oficialmente. En 1981 se celebra en La Habana un segundo congreso del Partido Comunista, en el que se somete a la consideración de los participantes un proyecto de plan para el quinquenio 1981-1985.

Cuba y África

Tras la larga gira de «Che» Guevara por África (de junio a septiembre de 1959), en 1961 comienza en Cuba el entrenamiento de los guerrilleros africanos. En primer lugar, se forman los hombres de la UPC (Unión de los Pueblos Cameruneses), del PAI (Partido Africano de la Independencia, Senegal) y de Zanzíbar. Varios gobiernos africanos recurren a la ayuda y al material cubanos para formar milicias populares (Guinea en 1966-1968, Congo-Brazzaville también en 1966-1968), para tener instructores y asesores militares o una guardia presidencial (PAIGC o Partido africano da independencia da Guiné e Cabo Verde, Congo-Brazzaville, MPLA de Angola). También se entrenó a guerrilleros en el propio continente africano, en la República Unida de Tanzanía (campos de Kongwa y Mbeya), en Río Muni (antigua Guinea Ecuatorial española) y en Somalia. El 18 de septiembre de 1974 se firmó un acuerdo de cooperación civil y militar con Guinea-Bissau y se firmaron acuerdos similares tras la independencia de Mozambique (25 de junio de 1975), de las islas de Cabo Verde (5 de julio de 1975), de las islas de Santo Tomé y Príncipe (12 de julio de 1975), así como con Angola (1975-1976). Esta cooperación cubano-africana se vio reforzada por el periplo africano de Fidel Castro del 28 de febrero al 8 de abril de 1977 y durante su gira del 10 al 20 de septiembre de 1978. A la ayuda a Angola (operación Carlota) le sigue la misión Protesta de Baragua en el Cuerno de África. En marzo de 1978 se conoce oficialmente la intervención de las tropas cubanas junto al ejército etíope en la reconquista de Ogadén, y el 24 de abril del mismo año Fidel Castro recibe con gran pompa en La Habana al jefe de Estado etíope Mengistu Haile Mariam.

Crecientes tensiones con la URSS

A principios de la década de 1980, la sociedad cubana daba señales de agotamiento. En 1985, Mijaíl Gorbachov fue nombrado secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Las relaciones entre la URSS y Cuba se deterioraron rápidamente.

Diez años después de la implantación, en 1975, de un nuevo sistema de dirección y planificación de la economía destinado a remediar las graves dificultades de la economía cubana, Fidel Castro hace un balance negativo de su aplicación. En 1986, el tercer congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) se celebra en dos sesiones y marca un punto de inflexión opuesto a la «glasnost» y la «perestroika». La segunda sesión del Congreso (pospuesta en diciembre de 1986) es la ocasión para iniciar un «proceso de rectificación de errores y tendencias negativas en todas las esferas de la sociedad». Este proceso, calificado de «estratégico» por Castro, es apodado con humor por los cubanos como «el proceso de ratificación de horrores». Para el Líder máximo, se trata de «evitar problemas políticos graves, ya que estábamos debilitando la revolución» (1987). La importancia de este proceso evolucionó con el paso de los meses, y su primer efecto fue la recuperación del control del aparato estatal, cuyos dirigentes se sentían atraídos por el discurso de Gorbachov. El año 1986 fue un año decisivo. A la deuda renegociada anualmente con el Club de París se sumaba la deuda con la URSS y el CAEM (Consejo de Asistencia Económica Mutua), ya que en 1972 (fecha de la admisión de Cuba en el CAEM) se había decidido que el pago de los saldos deudores en monedas no convertibles se realizaría a partir de 1986 sin intereses y en especie (níquel, azúcar, etc.).

La economía cubana, marcada por la mala gestión de los medios de producción colectivizados, se deteriora. A esta crisis de gestión burocrática se suman los desequilibrios provocados por la caída de los precios de las materias primas y por las consecuencias de la deuda en una economía que sufre un déficit estructural de comercio exterior. La dependencia de este último se caracteriza por la importancia de los artículos importados, mientras que las exportaciones cubanas son limitadas. El azúcar representa la principal fuente de divisas del país, siendo los demás productos de exportación, en su mayoría, minerales (en particular, el níquel) y productos alimenticios.

En los años 60, la dirección cubana había optado por una estrategia de desarrollo basada en la agricultura: las exportaciones agrícolas como el azúcar, los cítricos, los productos pesqueros y el tabaco debían ser la base del desarrollo industrial. Estos objetivos, combinados con una política de sustitución de importaciones, recomendada por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), para escapar del monocultivo de azúcar, se toparían con varios obstáculos. Por un lado, los recursos energéticos del país, necesarios para la industrialización, eran extremadamente limitados. Y, por otro, el número de productos de exportación susceptibles de financiar un proceso de industrialización que implicara un alto nivel de importaciones occidentales era muy reducido.

En 1989, la proporción de exportaciones de azúcar en las exportaciones totales oscilaba entre el 75 y el 85 %, es decir, una proporción equivalente a la anterior a la revolución, aunque el destino y la financiación eran diferentes. En estas condiciones, se hizo indispensable transformar la estructura del comercio exterior sustituyendo los bienes importados por productos fabricados en Cuba y acelerando la industrialización del país. La discusión sobre la estrategia económica, iniciada por Ernesto Guevara en 1964 y cerrada tras su partida, se reabrió. La preponderancia de las exportaciones de azúcar a la URSS y al CAEM fue criticada por la vulnerabilidad que implicaba la centralidad de un solo producto agrícola sujeto a las vicisitudes del clima y a los vaivenes de los precios de las materias primas agrícolas.

Treinta años después del discurso de Che Guevara en Punta del Este (1961), que preveía la transformación de Cuba en uno de los países más industrializados de América Latina, en el que el azúcar representaría solo el 60 % del valor de las exportaciones, la economía cubana seguía enfrentándose a los efectos de la dependencia azucarera. No existía alternativa a corto plazo para obtener las divisas necesarias para importar los bienes indispensables para la industrialización, y esto a pesar de las violaciones de la solidaridad «socialista» practicadas por Cuba, que en varias ocasiones vendió en el mercado libre cargamentos de azúcar que en principio estaban reservados a la URSS. Era necesario contrarrestar la incierta dinámica de la división del trabajo establecida en el marco del CAEM: Cuba debía suministrar azúcar, níquel, cítricos y tabaco a cambio de máquinas, equipos y combustibles de baja calidad y bajo nivel tecnológico.

Es cierto que la ayuda de la URSS permitió la supervivencia de Cuba, mientras que la brutalidad de la ruptura con Estados Unidos impuso soluciones de emergencia. Era necesario, en el contexto de una economía dominada por el monocultivo de la caña de azúcar y la falta de recursos energéticos, asegurar la salida de la producción azucarera y garantizar los suministros de petróleo. Así, la ayuda soviética permitió a la revolución cubana, hasta los años 90, generar un «crecimiento en equidad» y ofrecer conquistas sociales a la población, en particular la garantía de empleo y el derecho a la jubilación. Los logros de Cuba en materia de salud pública (gratuidad y calidad de la atención) y educación (también gratuita) son reconocidos internacionalmente.

Cuba pagó el precio, tanto económico como político, de un cierto tipo de intercambios con la URSS: el país se volvió muy vulnerable. En última instancia, la dinámica de la economía cubana estaba determinada por las decisiones tomadas en Moscú en materia de subvenciones e intercambios comerciales, y los complicados mecanismos de ayuda eran opacos. El coste de estos acuerdos de trueque es difícil de calcular. Dado que la ayuda no se concedió en moneda (convertible o no), hoy en día es muy difícil evaluar el importe exacto de la deuda cubana reclamada por Rusia.

1989: annus horribilis

En este contexto estalla el caso Ochoa. En julio y agosto de 1989, el general Arnaldo Ochoa, «héroe de la República de Cuba», y tres oficiales del Ministerio del Interior son condenados a muerte por un consejo de guerra en un juicio sumario. Las acusaciones se refieren al tráfico de divisas y marfil de Angola por parte de combatientes cubanos, a la malversación de fondos por parte de funcionarios cubanos en Panamá, a operaciones fraudulentas y al tráfico de drogas ilegales. Cuatro ministros son destituidos, entre ellos el ministro del Interior, José Abrantes, miembro del Comité Central del PCC, condenado a veinte años de prisión, pocas semanas después de la ejecución de Ochoa.

Esta crisis de liderazgo fue la más grave que ha conocido la revolución cubana. ¿Irresponsabilidad, cinismo, corrupción personal o chivos expiatorios? ¿Permitieron los condenados que el poder salvara la cara? Eso es lo que afirman numerosos analistas que creen imposible que el general Ochoa actuara sin el visto bueno de Fidel y de su hermano Raúl Castro. Del mismo modo, ¿estaba el general Ochoa influenciado por Gorbachov? En otras palabras, ¿el juicio ocultó divergencias políticas? Es probable que el nuevo secretario general del PCUS, decidido a llegar a acuerdos con Washington (acuerdos que se concretarían en Malta a finales de 1989), quisiera apartar o debilitar a su aliado del Caribe, que se había vuelto incómodo. ¿Hubo una conspiración como algunos han afirmado? Los vínculos cubanos con la jerarquía soviética (militar o dentro del partido) hacen que la interpretación sea plausible, aunque no hay pruebas que la respalden. Para el periódico del Comité Central del PCC, Granma, con fecha del 10 de septiembre de 1989, el juicio de Ochoa no fue obra de «agentes del enemigo», no se trataba de «resolver un enfrentamiento entre revolución y contrarrevolución» Pero, lo que es aún más grave, el enemigo estaba dentro, y estas personas «procedentes de nuestras propias filas» podían hacer más daño a la revolución que cualquier disidente.

En el seno del PCC, las primeras medidas no tardaron en llegar: se llevó a cabo una campaña de confirmación (autolimpieza) de los afiliados, más de seis mil de ellos fueron sancionados y unos dos mil más expulsados del partido. Esto no solo afectó a la PCC: en el marco de la preparación del XVIº Congreso de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), previsto para enero de 1990, las asambleas de base de los trabajadores debatieron el anteproyecto del informe central. Este texto tomaba posición «contra los repugnantes y nocivos fenómenos de enriquecimiento ilícito, corrupción y otros indicios de delincuencia detectados en las empresas y en algunas unidades de producción»; admitía «la responsabilidad de la CTC y de los sindicatos ante los errores y desviaciones cometidos que han compartido o no han denunciado con la energía necesaria en el momento oportuno» (Granma, 8 de octubre de 1989). La purga afectaría no solo al Ministerio del Interior, sino a muchos otros departamentos ministeriales, así como a las empresas mixtas, cuyos representantes cubanos fueron cuestionados por su lujoso tren de vida. Cientos de cubanos fueron arrestados por practicar el mercado negro.

Mientras que el año 1989 termina con una amplia campaña contra la corrupción, se acerca el final de un ciclo histórico. Después de tres décadas de integración en el campo soviético, Cuba se encontraría sola tras el colapso de la URSS.
La política exterior cubana había soportado el peso de las contradicciones que sufría la propia revolución. Asfixiada por el embargo estadounidense, sometida a los caprichos de la política soviética, la revolución fue, en cierto modo, «hipotecada» (según el sociólogo estadounidense Irving Louis Horowitz). Y, sin embargo, La Habana ocupa en la escena internacional un lugar desproporcionado en relación con la importancia real del país.

Mientras que Cuba siempre se ha considerado ante todo miembro de la comunidad latinoamericana y portavoz de la Tercera Mundo, la política internacional de Gorbachov desequilibró la dirección castrista. Este último quería renovar la coexistencia pacífica. Pero para los revolucionarios de Centroamérica, como el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), esto fue una condena a su lucha; para la Revolución Cubana, fue un riesgo de asfixia. Más allá de la disputa económica, Fidel Castro emitió muy pronto un juicio negativo sobre la política exterior de Gorbachov. Crítico, el líder cubano consideraba que, para preservar el diálogo con Estados Unidos, la URSS se había plegado a las condiciones estadounidenses y había aceptado negociar los conflictos regionales. El fin de la ayuda soviética al FSLN nicaragüense y al FMLN salvadoreño, y el posterior fracaso de estos movimientos revolucionarios, debilitaron a Cuba. Las críticas a la política exterior de Gorbachov eran, por tanto, también la expresión de intereses estatales divergentes.

La crisis (1990-1993)

Con el colapso del bloque del Este en 1990, la integración económica de Cuba en el marco del CAEM, del que era miembro desde 1972, se puso en tela de juicio. Aunque la importancia de los acuerdos económicos con la URSS había provocado la dependencia de la isla, la permanencia y la estabilidad del comercio parecían garantizadas. Pero el precio a pagar por el pueblo cubano fue alto. Había que definir un nuevo camino de desarrollo.

Por otra parte, la derrota política de los sandinistas, en febrero de 1990, asestó otro golpe a la política cubana, mientras que la victoria del FSLN en julio de 1979 había roto veinte años de aislamiento entre Nicaragua y Cuba; en Granada, Maurice Bishop fue aliado de Castro hasta 1983, fecha en la que la Marina invadió el país cuyo régimen revolucionario, según Washington, amenazaba la región; por último, el triunfo del FMLN salvadoreño parecía inevitable a finales de los años 80, modificando así la correlación de fuerzas regional. Pero estas perspectivas se vieron aniquiladas con el fin de la ayuda soviética.

Víctima de un embargo económico reforzado por las leyes Torricelli y Helms-Burton aprobadas en 1992 y 1996, el país tuvo que sobrevivir. Su vulnerabilidad se manifestó de forma dramática: entre 1988 y 1990, las entregas de petróleo soviético habían disminuido de 13 millones a 9 millones de toneladas. La racionamiento de pan, que se produjo en febrero de 1990 debido a la falta de suministro de harina de trigo, fue igualmente preocupante. Por primera vez, se inició una campaña de descrédito contra Cuba en la prensa soviética: Izvestia publicó la cantidad de la deuda cubana, nunca hecha pública, que ascendía a 15 000 millones de rublos, y Nouvelles de Moscou alabó el éxito económico de Chile de Augusto Pinochet, lo que aumentó la preocupación de La Habana. El presidente estadounidense Bush se apresuró a condicionar la ayuda estadounidense a la URSS a la suspensión de la ayuda soviética a Cuba. La economía de la isla estaba ahora a merced de los trastornos en la URSS, sobre todo porque el CAEM estaba a punto de desintegrarse (disolución en 1991). Andrei Kortunov, asesor del Soviet Supremo para Asuntos Exteriores, reflejó el estado de ánimo de la dirección soviética al declarar en 1990: «La reunificación alemana es mucho más importante para la URSS que todo lo que pueda suceder en Cuba a nivel geográfico, histórico o militar». Justificó su posición por la ayuda que, según él, Castro ya estaba brindando a los conservadores de Moscú.

Ya en agosto de 1990, al comienzo de la «etapa especial en tiempos de paz» —eufemismo castrista para caracterizar el estado de emergencia—, las autoridades cubanas anunciaron que las entregas de petróleo habían disminuido aún más. Esta medida coincidió con el inicio de la crisis del Golfo (1990), el aumento de los precios del petróleo y la perspectiva de tener que pagar el petróleo soviético en divisas a partir de 1991. La dirección castrista se encontró ante una situación de extrema gravedad. Se decidió un plan de racionamiento general. Se iniciaba un importante punto de inflexión.
El golpe de Estado de agosto de 1991 en la URSS precipitó la ruptura. Para Castro, la política internacional, el «nuevo pensamiento» y la «desideologización» de los conflictos, preconizados por Gorbachov, eran una amenaza: las divergencias durante la guerra del Golfo (Cuba y la URSS votaron de forma opuesta en la ONU) confirmaron sus temores. Desde entonces, la dirección castrista no condenó el intento de golpe de Estado. Al tiempo que expresaba su «profunda preocupación», el gobierno cubano declaraba que «no le correspondía juzgar los acontecimientos que estaban teniendo lugar en la Unión Soviética». Según Moscú, Gorbachov, «incapaz de asumir sus funciones presidenciales», no olvidaría este paso en falso y Boris Yeltsin se apresuró a aprovecharlo. Ya el 6 de septiembre de 1991, el presidente ruso declaró que «el personal militar soviético sería retirado gradualmente de la isla». Al día siguiente, Gorbachov confirmó la noticia en Izvestia, dando así el toque de gracia a tres décadas de relaciones privilegiadas.

De la apertura económica al postsocialismo

Sobre el período que comprende desde la apertura económica al postsocialismo, véase en otro lado.

Revisor de hechos: EJ
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Economía Cubana: su transición económica en la literatura

Reseña de la revista “Libros de Economía y Empresa” de varios libros sobre este tema:

“A lo largo de los últimos cincuenta años, este país caribeño se las ha arreglado para aparecer con cierta regularidad en los titulares de los principales periódicos y en los telediarios de prácticamente todo el mundo. La figura emblemática de su líder Fidel Castro Ruz ha sido capaz de instar a que el resto del mundo haya tenido que tomar partido a su favor o en su contra. Lo cierto es que este país, de apenas once millones de habitantes, muy difícilmente genera indiferencia.

El interés que despierta Cuba se traduce en la cantidad de libros y artículos que continuamente se escriben sobre los acontecimientos que tienen lugar en ella. Los economistas, como es natural, probablemente han sido los más interesados en analizar cómo les ha ido a los cubanos y cómo les está yendo en la actualidad, y en vaticinar cómo les irá en el futuro.Entre las Líneas En el caso de los profesores alemanes, como es mi caso, se han abierto amplios programas de investigación en instituciones tan diversas como: Institut für Iberoamerika-Kunde, Friedrich Ebert Stiftung (Referat Lateinamerika), Heinrich Böll Stiftung, y el emblemático Lateinamerika Institut, de la Freie Universität Berlin (sólo por mencionar a los más relevantes). Los que someramente conozcan las tendencias ideológicas de cada una de estas instituciones, se percatarán del extraordinario interés que despierta América Latina en general, y Cuba en particular, entre el abanico de profesores alemanes (algunos de los cuales incluso fueron formados tras los muros de la Universidad de La Habana) que va desde los más fervientes defensores del liberalismo hasta los que lastimosamente anhelan que los tiempos del marxismo–leninismo no sean pasado, sino presente.

Libros: Cuba: A Global Studies Handbook. Reflexiones sobre economía cubana. Cuba: realidad y destino. Presente y futuro de la economía y sociedad cubana.

En los últimos años, me he dedicado a estudiar la política y la economía de los países de América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Durante este tiempo, he tenido la oportunidad de visitar dieciocho países del área, algunos varias veces.

Puntualización

Sin embargo, a Cuba nunca he ido. Por ello siento que con este país tengo una deuda personal, pero en mi descargo he de argumentar que ha podido más la antipatía que siento hacia Fidel, y todo lo que ha conllevado su nefasta presencia desde aquel lejano 1 de enero de 1959, que mis ganas por conocer este país.Entre las Líneas En dos ocasiones tuve la oportunidad de tratar a viejos cubanos que en su día formaron parte del aparato de gobierno de Fulgencio Batista, en otras cuatro o cinco he podido hablar de manera distendida con cubanos exiliados (e hijos de los exiliados originales) en Miami, y en muchas más ocasiones de las que soy capaz de recordar he mantenido debates (algunos muy intensos) con economistas y politólogos cubanos que con asiduidad visitaban el Lateinamerika Institut (antes de la caída del Muro más que ahora). Tanto unos como otros eran personas increíblemente dogmatizadas. Como resultado de tantas reuniones (formales e informales) con todas estas personas, puedo decir que he salido muy poco estimulada. La razón: porque preveo una muy difícil reconciliación entre ellos, dificultad que (y mucho me temo que sea así) prevalecerá más allá de la presencia de los odiosos y crueles hermanos Castro Ruz (Fidel y Raúl) y de la ingente panda de burócratas (entre los que destacan los corruptos, manipuladores, extorsionadores, torturadores y asesinos, todos ellos al servicio del Estado) que han regido los destinos de este país en los últimos cincuenta años.

Por los elementos anteriormente expuestos me he visto ante la necesidad de tener que seleccionar un número algo mayor de libros de los que en anteriores ocasiones se han reseñado en Libros de Economía y Empresa sobre las economías de los países latinoamericanos. Para el efecto, los cinco títulos que he seleccionado permiten entender en sentido amplio la evolución de los acontecimientos en Cuba. El mejor comienzo para informarse sobre estas cuestiones es la lectura del libro de Ted Henken. Se trata de un manual que aporta una visión general de los aspectos históricos, políticos, económicos y socioculturales más relevantes de este país. El acento lo pone en las complicadas relaciones que ha mantenido la isla con Estados Unidos, por lo cual, un alto porcentaje de las páginas se van en explicar los motivos que condujeron a que desde Washington se promoviera el embargo, fundamentalmente a través de la Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act, de 1996, mejor conocida como Ley Helms-Burton, alentada tan intensamente por la influyente organización anticastrista Hermanos al Rescate (en realidad es un lobby en toda regla). Este libro está alfabéticamente organizado en entradas que versan sobre personajes importantes, eventos históricos relevantes, tradiciones y cuestiones relacionadas con la política y la economía de la isla.

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Libros: Transforming Socialist Economies: Lessons for Cuba and Beyond. The Cuban Economy at the Start of the Twenty-First-Century

Los siguientes dos libros aportan una visión desde dentro de Cuba. Los libros en cuestión son el de Jorge A. Sanguinetty y el coordinado por Omar Everleny Pérez Villanueva. A diferencia de otros libros publicados por el Estado cubano, absolutamente inútiles porque su único afán era que los cubanos (que viven en Cuba) se reafirmasen en las propias falacias del sistema, en éstos se aprecia un cierto aire diferenciador. Y si bien ambos títulos fueron publicados por sellos editoriales cubanos y en La Habana (lo que permite suponer que los contenidos expuestos fueron finamente escrutados por el revisor/censor oficial de turno), aportan cierta información de relevancia.

Informaciones

Los dos fueron publicados entre 2005 y 2006, lo que significa que Fidel aún figuraba como Jefe máximo, eso explica la devoción sin disimulo que se manifiesta hacia el camarada Fidel (si bien es más acentuada en el primero que en el segundo libro).

Jorge A. Sanguinetty reconoce que cada vez son más inevitables los cambios. Señala los aciertos que ha tenido este país en haber optado por la vía socialista a lo largo de cincuenta años, pero también reconoce que hoy en día las circunstancias son otras muy distintas a las que prevalecían en tiempos de la Guerra Fría. A diferencia de otros países del área, argumenta que esta economía no se ha visto enfrentada a los vaivenes inflacionistas que han padecido la inmensa mayoría de los países latinoamericanos, pero, por sobre todas las cosas, destaca que en Cuba no ha tenido lugar el inmenso agrandamiento de las desigualdades, como lo ha habido en el resto de los países que se han dejado seducir por las bondades de la economía global.Si, Pero: Pero su visión es miope, cuando no convenientemente olvidadiza.Entre las Líneas En realidad, en Cuba sí que ha habido inflación, otra cuestión es que el banco central la reconozca, y en el tema de las desigualdades, cómo va a haberlas si la inmensa mayoría de los cubanos son pobres. Ésta es una muestra del acierto que han tenido los gobiernos de los países de América Latina que han apostado por una vía liberal, aun a costa de tener que soportar la férrea crítica de demagogos locales e internacionales, como la del muy célebre Noam Chomsky.

El libro coordinado por Omar Everleny Pérez Villanueva es más profundo que el anterior. Los economistas que colaboraron en este trabajo se dieron a la tarea de debatir en torno al proceso de reforma de la economía cubana y de señalar algunas de las posibles soluciones presentes y de cara al futuro. Las discusiones se centran en temas como el de la producción alimentaria. Se señala que en los últimos años ha habido un continuo abandono de la actividad agrícola en el campo cubano. Paradójicamente, la tierra de este país es fértil y accesible, pero ha entrado en un proceso de descuido que resulta inexplicable. Las tierras que deberían ser ocupadas con sembradíos de maíz, caña de azúcar, algodón o cereales están siendo devoradas por el marabú, un arbusto seco y espinoso que inutiliza la tierra que toca y que rebrota nada más haber sido arrancado. El pago de semejante despropósito, según se explica en el libro, es que el 84% de los alimentos agrícolas y el 92% de los no agrícolas son importados.

Los dos restantes libros, el firmado por Shahid Javed Burki y Daniel P. Erikson, y el de Jorge I. Domínguez, Omar Everleny Pérez Villanueva y Lorena Barberia, son, con enorme diferencia, mejores libros que los anteriores. Ambos fueron publicados en 2005, de modo que no reflejan los avances alcanzados más recientemente, si bien se anticipan a los acontecimientos de manera sorprendente.

Los dos libros se dan a la tarea de explorar las alternativas que están al alcance de la sociedad cubana. Obviamente, todas ellas confluyen en que esta isla, la mayor de las Antillas, deberá abrazar definitivamente la economía de mercado. Los cambios, sin embargo, se enfrentan al difícil problema de que el Estado no cuenta con el tejido institucional necesario y a que el aparato gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) muy difícilmente se resignará a perder el inmenso poder y la impunidad que detenta. A lo largo de medio siglo, la economía cubana ha estado sometida a las decisiones de un solo hombre. Fidel pretendió suplir su total falta de sensatez en la gestión de los recursos públicos con su gran carisma y su fecundo verbo.Si, Pero: Pero su carisma y su feroz y elocuente dialéctica solo han servido para hundir en la miseria a sus compatriotas. A la luz de los hechos, su alegórico grito marcial “patria o muerte” no ha servido para alimentar los estómagos y los espíritus de tantos descorazonados cubanos que buscan, desesperadamente, hacerse a la mar y alcanzar las costas de Florida.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

El libro de Burki y Erikson sugiere que Cuba deberá aprender de las lecciones escritas por los países de Europa del Este y Rusia. La sugerencia es buena, pero poco realista.Entre las Líneas En realidad hay escasos elementos de convergencia entre las economías de los países de Europa del Este y Cuba, e incluso resultan francamente abismales si la comparación se hace con Rusia. Cuba, a diferencia de Hungría, Polonia o la República Checa, no tiene oportunidad de formar parte de un potente mercado, ni tiene esperanzas de recibir sendos recursos por concepto de Fondos de Cohesión o de carácter estructural que le permitan alcanzar la anhelada convergencia con los países de rentas más altas. Si el ejemplo a seguir es Rusia o China, tanto peor. Por tanto, salvo puntos muy específicos considero que Cuba no puede ni debe permitirse seguir a pies juntillas las lecciones escritas por sus antiguos colegas de patio.

Finalmente, a favor del libro de Domínguez, Pérez (el mismo autor del tercer libro que aquí he reseñado) y Barberia he de decir que goza de toda mi simpatía. Se trata de una publicación que, de origen, está avalada por el prestigioso David Rockefeller Center y por la Universidad de Harvard. A la luz de los cambios más recientes, promovidos de la mano de Raúl Castro, no tengo más alternativa que presumir que este hombre leyó o alguien cercano a su entorno le contó lo que en este libro se señala. Al igual que en el libro de Burki y Erikson, los autores sugieren que Cuba deberá aprender de las experiencias de los países de Europa del Este, pero va más allá. Sugiere que los cambios se tendrán que producir en un manejo responsable de la política económica, en una gradual pero inexorable apertura hacia los mercados internacionales y en el reconocimiento de derechos (el de propiedad, desde luego, pero también en lo referente a los derechos humanos).

He dicho que Raúl debió haber tenido noticias de este libro porque en fecha muy reciente se ha hecho público el firme propósito de las autoridades monetarias de eliminar la circulación paralela de las dos monedas que circulan en la isla (el peso nacional y el peso convertible-CUC), instaurada en 1993 tras la desaparición de la Unión Soviética y los subsecuentes efectos que tuvo en la isla (como lo fue la caída del 35% del PIB y el descenso de las exportaciones en un 75%). Este escenario de crisis obligó a que la autoridad monetaria autorizase la legalización del dólar estadounidense para acumular reservas y efectuar transacciones comerciales.

En la práctica, la circulación paralela ha sido desastrosa para todos aquellos cubanos desafortunados que no han tenido acceso a dólares o euros (aproximadamente la mitad de la población, que son los que no tienen contacto con la industria del turismo ni reciben remesas de familiares que viven en el extranjero). Los cubanos que cobran sus salarios en pesos nacionales (el salario medio es de 408 mensuales, equivalentes a aproximadamente 12 euros) se encuentran ante la penosa situación de que con esa divisa no pueden comprar determinados productos, algunos tan elementales como la carne o los productos lácteos, porque éstos se venden en pesos convertibles (CUC). Tal vez por eso tantas familias cubanas alientan a sus hijos a que se conviertan en balseros, para que, si la suerte les sonríe, lleguen sanos y salvos a Florida y, después de algún tiempo, logren abrirse camino y ganar un buen fajo de dólares, del que les envíen al menos una parte.

Además, hoy en día los cubanos cuentan con un aval bastante solvente, si bien bastante impresentable. El sátrapa de Caracas, Hugo Chávez Frías, ha suministrado petróleo a la isla gratuitamente, ha contratado médicos cubanos y les paga en dólares (entre el 50 y el 75% del salario que perciben por su trabajo pasa directamente a las arcas del Estado cubano) y ha concedido préstamos que muy probablemente jamás serán restituidos. Adicionalmente, es posible que en el futuro la empresa española Repsol inicie diversos proyectos de exploración orientados a encontrar petróleo en el lecho marítimo cubano; si los resultados son positivos, Repsol invertirá los recursos económicos y aportará la tecnología necesaria para la explotación y refinamiento de gas y petróleo a cambio del 50% de las ganancias. Por el otro lado, Cuba se quedará con el restante 50%, con la capacidad instalada (es decir, con las refinerías) y con el acervo de conocimientos acumulados por los operarios nativos.

Que estas nuevas políticas tengan éxito dependerá de la forma en que se resuelvan cuestiones altamente prioritarias como el pleno reconocimiento de la propiedad privada (hay que recordar que solo está reconocida en ciertos aspectos de la producción agrícola y en ciertos rubros relacionados con el autoempleo).

El 24 de febrero del presente año los cubanos escucharon de boca de Raúl Castro que en adelante podrán alojarse en cualquier hotel, alquilar coches, comprar aparatos electrodomésticos, ordenadores, televisores, DVD y teléfonos móviles (de momento, la libre conexión a Internet no está incluida en esta lista). Por absurdo que parezca, en tiempos de Fidel todo ello estaba vedado para los cubanos. Es indudable que esto es un gran avance. La cuestión es que los precios de estos artículos y de los servicios estará en pesos convertibles (CUC), lo que significa que el 50% de los cubanos no podrán beneficiarse.

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Dicho lo anterior, han de perdonar que, pese a estas buenas noticias, me resista a cantar victoria. No quisiera pecar de pesimista, pero me parece que el cúmulo de decisiones asumidas por Raúl están orientadas a que los cubanos gasten su dinero, pero ninguna para que los cubanos lo ganen. Veremos si las decisiones asumidas por Raúl me convencen y, después de tantas veces de cruzar el Atlántico, finalmente me proponga visitar a la alegre Cuba.”

Algunos Aspectos Adicionales sobre Cuba

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