Flujos Migratorios en América Latina
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Flujos Migratorios en América Latina en las Ciencias Sociales Latinoamericanas
Significación del tema migratorio en América Latina
También de América Latina podría decirse casi lo que el profesor Osear Handlin expresaba de su país: “En una época pensaba escribir una historia de la emigración en América [del Norte] pero pronto descubrí que la emigración era ella misma la historia de América.”
Sin remontarnos al poblamiento primitivo de la subregión, atento a que se ha descartado la posible autoctonía del indio americano, sino al hecho que, con excepción de las zonas donde subsisten grandes núcleos indígenas no miscigenados (costa pacífica de Perú a México, y enclaves interiores), el resto de la sociedad latinoamericana es resultado de migraciones relativamente recientes.
La colonización europea (vinculada al hecho de la Conquista y a la mestización en amplias zonas), se ha conjugado desde el mismo siglo XV con los esclavos africanos traídos por la trata, y más tarde con las migraciones espontáneas de nuevo europeas, o también asiáticas, para darnos la actual fisonomía demográfica de la zona.
En cifras redondas si en 1800 para referirnos a la Época Contemporánea había en la subregión un total de 19.000.000 de habitantes, entre esa fecha y 1957 ingresaron un total de 30.551.000 inmigrantes, de los cuales lo hicieron como esclavos negros cuatro millones, como “coolies” provenientes de Asia unos 475.000 y el resto fueron europeos. Véase Nicolás Sánchez Albornoz, La población de América Latina, Madrid, 1973.
Del punto de vista de este texto interesan especialmente las migraciones espontáneas provistas a la América Latina, por su orden, por Italia, España, Portugal, Alemania, Francia y otros países europeos, y que integran el contingente de cincuenta y cuatro millones de habitantes de ese continente que entre 1821 y 1932 se desplazaron más allá de los mares. Argentina recibió 6.405.000 personas, Brasil 4. 431. 000, Cuba 857. 000, Uruguay un millón y cantidades menores los demás países de la zona, pero basta citar esos guarismos para dar una idea de la dimensión del tema. Abundamos en información en nuestro texto Elementos para una sociología de las emigraciones: el caso de los europeos en América Latina, Barcelona, “Papers”, no. 2, 1974.
Definición del concepto de migración
El concepto de emigración en el Diccionario dé la Real Academia (1970), se considera como “conjunto de habitantes de un país que trasladan su domicilio a otro por tiempo ilimitado, o en ocasiones, temporalmente”, distinguiéndose de migraciones (aunque ambas tienen la misma raíz latina de migrador, “el que cambia de domicilio”), pues estas últimas se definen como “acción y efecto de pasar de un país a otro para establecerse en él. Dícese hablando de las históricas que han hecho las razas o los pueblos enteros.” En otras palabras parecería que para la Academia, y en el caso de América Latina, habría emigración y no migración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En verdad es discutible que históricamente existan casos de migraciones que comprendan íntegramente a un pueblo, y menos aceptable es científicamente el concepto de raza.
En América Latina tienden, por otra parte, a confundirse en un uso indistinto ambos vocablos, pero no puede desecharse la existencia de un galicismo por migration (v. Dictionnaire de Sociologie, París, Larousse, 1973, p. 173).
También el Diccionario de la Real Academia (ed. cit) distingue entre coloniaje (“período histórico en que formaron parte de la nación española las repúblicas. americanas”, lo que acotamos que jurídicamente impropio por introducir el concepto de nación) y “conjunto de personas que van de un país a otro para poblarlo y cultivarlo, o para establecerse en él”, ahora con el nombre de colonia.
Corresponde distinguir este fenómeno de la colonización, aunque históricamente se suelen presentar correlacionados.Entre las Líneas En la Época Colonial de América, aunque es usual referirse a la Colonización, no puede negarse que muchos de los europeos se trasladan a América como meros migrantes, y en las repúblicas independientes, a partir de 1821, aunque consideramos que se trata de inmigraciones o migraciones, los gobiernos latinoamericanos trasladan, o dan facilidades especiales a colonos, ahora considerados como campesinos a los que se afinca en regiones rurales, casi siempre vírgenes o económicamente inexplotadas.
La legislación de los países latinoamericanos aborda el tema con igual imperfección, y así la ley uruguaya de 1890 define el emigrante (en ocasiones, también denominado refugiado) como “cualquier extranjero honesto y apto para el trabajo que lleve a la Rpca, en Segunda o Tercera clase de navío con intención de establecer [en el Uruguay] su residencia. ”
La Conferencia Internacional de Emigración, celebrada en Roma (1924), con la intervención de 37 países de emigración e inmigración, por mayoría, define al emigrante (en ocasiones, también denominado refugiado) como “todo ciudadano que se expatría por razones de trabajo o acompaña, o va a unirse con familiares] ya emigrados o el emigrado que retorna a la nueva condición en el país extranjero al que había antes migrado[…] Inmigrante] es alguien extranjero que arriba a un país buscando trabajo y con la intención de establecerse en él, presumiblemente en forma penamente. ”
Problemas y crisis de la migración europea a la América Latina
La “oleada” de emigrantes europeos de 1821 a 1932 ha dado sus actuales características a países como Argentina, Uruguay, estados meridionales de Brasil, Cuba y Puerto Rico, e influido considerablemente en Chile, Venezuela, Costa Rica, Panamá, etc.
En principio ha planteado escasos problemas de aculturación, atento al predominio de migrantes de países latinos, ya de las mismas lenguas locales como españoles y portugueses, o de gran capacidad de adaptación como italianos y franceses.
Se ha continuado y ampliado la tradicional mestización latinoamericana, entre los mismos inmigrantes, y entre éstos y los antiguos residentes de origen europeo, africano o indio. Darcy Ribeiro ha llamado la atención sobre la existencia sin embargo en su país, el Brasil, de quistes étnicos, sociedades de inmigrantes alemanes, japoneses e italianos, que han permanecido aislados en colonias agrarias, y fenómenos semejantes (siempre parciales y reducidos, y no comparables sociológicamente a ghettos) hay también en Argentina y Chile con israelitas, alemanes, galeses, etc. El proceso de inmigración facilitó la destrucción, ya en el siglo pasado, del sistema de castas, herencia de la Época Colonial, simultáneamente con los progresos del abolicionismo (doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) de la esclavitud y la crisis de la servidumbre indígena.
El movimiento migratorio durante esos ciento once años es irregular, pero se suspende en ocasión de la Primera Guerra Mundial y tiene una crisis decisiva como resultado del proceso económico iniciado por el “crac” de la Bolsa de New York en 1929. Una legislación restrictiva, a semejanza de la norteamericana, cerrará el ingreso masivo de inmigrantes en América Latina desde esa fecha hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, correspondiendo a la recesión económica imperante.
Migraciones políticas y religiosas
Si bien es cierto que la motivación por excelencia de la migración a América Latina es de tipo económico (movilidad de poblaciones … europeas), no han faltado asimismo causales de tipo político y religioso. Ya en la Época Colonial se debe anotar la migración de judíos portugueses “marranos”, que acompaña la conquista de Brasil por Holanda, y que se refugian en Curaio, donde todavía hoy subsiste la primera sinagoga en tierras americanas.
La heterodoxia española provee asimismo de muchos emigrantes, y en mayor número aquellos se reclutan entre los adversarios políticos del régimen absolutista de los reyes de la casa de Habsburgo.
El notorio extremismo político e ideológico del clero latinoamericano, partícipe en la Revolución Independentista del siglo XIX, tiene sus raíces en la traslación de la “nueva Iglesia’ europea de la época a tierras americanas, y lo mismo sucede con revolucionarios españoles afrancesados, a partir de 1789, o con la masonería portuguesa, que orientará Brasil en su época imperial.
Desde 1810 afluyen como inmigrantes los liberales europeos, incluyendo ingleses, italianos y alemanes, que participan a menudo c0mo voluntarios en las guerras de la Independencia.
Se ha señalado la significación de la inmigración italiana radical en los países atlánticos de América del Sur, en cuyo liderazgo (véase también carisma) se destaca la figura de Giuseppe Garibaldi Las derrotas de la izquierda en España, a partir de 1823, en Italia hasta 1848, Francia en 1851 y 1871, movilizan la forzada migración (que en ocasiones es mero exilio) de grupos si no numerosos, altamente politizados.
El aplastamiento del regionalismo, que en el caso de España se vincula a las guerras carlistas, impulsa a vascos, catalanes pirineicos, navarros, etc. La libertad religiosa, consagrada tempranamente por la supresión ‘de la Inquisición (1810) y la libertad de cultos (desde 1840 en Chile y Uruguay, por ejemplo), facilita la instalación de europeos protestantes, no solo de lenguas latinas, sino asimismo de otras nacionalidades y el movimiento se incrementa por la igualmente temprana secularización en países liberales como México (Leyes de la Reforma), Argentina, Chile, Uruguay, Venezuela, Guatemala y Brasil, a partir de 1853.
Las causales político-sociales típicas del industrialismo europeo, ya actúan a partir de 1830, y se organizan en el socialismo desde la Primera Internacional de los Trabajadores. Véase nuestra obra Historia del movimiento obrero y social latinoamericano contemporáneo, Buenos Aires Montevideo, Palestra, 1967.
En el siglo XX, América Latina recibe grupos considerables de cristianos ortodoxos rusos (opuestos al Patriarca de Moscú), judíos sefarditas y askenazis de origen europeo o turco, cristianos de Levante y diversos grupos minoritarios cuya movilización es motivada por razones político regionales (checos, ucranianos, polacos, dálmatas, irlandeses, galeses) o reclutados entre los vencidos en las revoluciones o en las guerras (los rusos blancos de 1917, los republicanos españoles de 1939, los antifascistas de diversos países entre 1922 y 1945 y los fascistas y colaboracionistas después de esa fecha).
En el interior de América Latina hay asimismo transferencias de población por razones políticas. Así en la época de la Independencia los canarios y españoles, que abandonan forzadamente Venezuela para instalarse en Cuba y Puerto Rico, países que además reciben colonos franceses de Haití o españoles de la dominicana por razones similares,
La dictadura de Juan Manuel de Rosas en las Provincias Unidas del Río de la Plata aleja a los unitarios, especialmente a Chile, Bolivia y Uruguay entre 1835 Y 1853, y los liberales chilenos durante la oligarquía pelucona, o sus correligionarios ecuatorianos en tiempos de García Moreno, pero estos movimientos son más del exilio que de la emigración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Migraciones interiores
En los últimos años los expertos en Ciencias Sociales de América Latina estudian preferentemente las migraciones interiores, y débanse destacar los trabajos de la Comisión de Población y Desarrollo del CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), que replantean la literatura alusiva de los años 60, ahora con el concurso del Centro Latinoamericano de Demografía, Santiago de Chile (UNESCO).
Particularmente considerables son los movimientos de éxodo rural del campo a las ciudades industriales en el interior de Brasil, Argentina, México, Perú y Colombia, pero asimismo se debiera considerar las migraciones de chilenos, bolivianos, uruguayos y especialmente paraguayos, a la Argentina contemporánea. También la transferencia de colombianos a Venezuela; de haitianos a Dominicana, las Bahamas y otros puntos del Caribe. Hay movimientos más localizados, u ocasionales, como los jamaiquinos a Panamá y Costa Rica o los uruguayos al sur del Brasil. Recientemente las de salvadoreños a Honduras, que provocó un conflicto bélico internacional.
En el siglo pasado, y dentro del proceso del abolicionismo (doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional), hay verdaderas migraciones vinculadas a las acciones militares con reclutas negros, o los desplazamientos de esclavos fugados y libertos del Brasil al Uruguay, o de Cuba y Puerto Rico a las islas vecinas, que hemos considerado en Las migraciones de los negros en América Latina, México, “Anuario América Latina”, no. 6, 1973.
Las migraciones en América Latina del punto de vista legal
En principio la legislación de los estados latinoamericanos ha sido coincidente en dos principios generales.
En primer lugar, acordar a los extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) los mismos derechos civiles que a los ciudadanos locales. Así para los migrantes el derecho al trabajo y a la propiedad privada, sin ningún tipo de limitación, y sin mediar acuerdos o tratados de tipo recíproco con los países de donde son originarios los inmigrantes.
¿En materia de ciudadanía asimismo se ha coincidido en el principio denominado “jus soli’?, según el cual se consideran ciudadanos naturales a los nacidos en el territorio nacional de un estado latinoamericano, aún cuando sus padres sean nacidos en el extranjero. Este principio ha chocado con el opuesto del “jus sanguinis”, es decir el criterio de los estados de origen, especialmente europeos, en mantener la condición de ciudadanos para los hijos de sus compatriotas, aunque éstos nacieran en el extranjero.
España ha reconocido en su derecho civil, y constitucionalmente en la Carta Máxima del año 1931, la posibilidad de la doble nacionalidad, es decir asegurar a los ciudadanos de los países hispanoamericanos hijos de españoles la ciudadanía española, sin perder por ese hecho la que adquieren por su nacimiento.
Esta disposición, que permite la conciliación de ambos principios, y que se extiende al caso de españoles que han adquirido, en razón de su residencia, la ciudadanía en un país hispanoamericano, ha sido ratificada en tratados bilaterales entre España y distintos países de América Latina concernidos por sus orígenes hispánicos.
La adquisición del carácter de ciudadano a los migrantes se concede normalmente en casi todos los países con la probanza de residencia continuada durante tres años, y en determinados casos incluso no mediando siquiera ese plazo.
El llamado Tratado de Montevideo facilita legalmente el tránsito de habitantes entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, sin necesidad de pasaporte ni visados.Entre las Líneas En la postguerra, mediante tratados de reciprocidad, los países latinoamericanos han suprimido la necesidad de visado con los países de Europa Occidental, pero no siempre entre sí, y tampoco con los Estados Unidos y Canadá.
Refugiados y apátridas (ver definición, la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas, adoptada en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, la Convención para reducir los casos de apatridia, adoptada en Nueva York el 30 de agosto de 1961, y los apátridas de hecho, que se distinguen de los apátrida (ver definición, la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas, adoptada en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, la Convención para reducir los casos de apatridia, adoptada en Nueva York el 30 de agosto de 1961, y el apátrida de hecho, que se distingue del apátrida de derecho)s de derecho) en América Latina
Los problemas suscitados por el caso de los “refugiados”, protegidos internacionalmente por iniciativa del doctor Nansen, a partir de la creación del pasaporte que lleva ese nombre el 27 de junio de 1921, y que culminaran en la Convención Internacional de Ginebra del 25 de junio de 1951, han sido considerados favorablemente en América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Esta convención fue firmada inicialmente, entre los países latinoamericanos, por Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y excolonias inglesas hasta 1965. Asimismo, han participado los países latinoamericanos en la ratificación de la Convención de New York del 28 de septiembre de 1954, creando el estatuto de los apátridas (ver definición, la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas, adoptada en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, la Convención para reducir los casos de apatridia, adoptada en Nueva York el 30 de agosto de 1961, y los apátridas de hecho, que se distinguen de los apátrida (ver definición, la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas, adoptada en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, la Convención para reducir los casos de apatridia, adoptada en Nueva York el 30 de agosto de 1961, y el apátrida de hecho, que se distingue del apátrida de derecho)s de derecho).
América Latina ha desarrollado en ese terreno una amplia legislación, y ejercicio práctico del llamado derecho de asilo, al punto que tratándose de una doctrina de origen medioeval, se le ha terminado por caracterizar como ‘”sistema latinoamericano”. El mismo fue sistematizado, y ratificada la convención pertinente, aprobada en la ciudad de Caracas por todos los países de América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”]
Aplicada originariamente a casos singulares, casi siempre de tipo político, los hechos de Chile en septiembre de 1973 le mostraron no solamente de utilidad para millares de migrantes políticos, sino que asimismo adhirieron a su ejercicio, en los hechos, las representaciones diplomáticas europeas.
América Latina en la reinstalación de refugiados de las Naciones Unidas
Es sabido que 44 naciones aliadas en la Segunda Guerra Mundial crearon el 9 de noviembre de 1943 la U. N. R. R. A. (United Nations Relief and Rehabilitation Administration) para repatriar alrededor de 30 millones de personas desplazadas por la contienda.
En la práctica un cierto porcentaje de aquellos desplazados prefirieron reinstalarse en otros países que aquellos de los cuales provenían. y se creó la O. J. R. (Organización Internacional para los Refugiados) el 1 de julio de 1947, que facilita el desplazamiento de casi dos millones de personas. Después de 1951, otro organismo de las Naciones Unidas, el C. I. M. E. (Comisión Internacional de Migraciones Europeas), continúa sus labores, y con referencia específica a la América Latina traslada entre 1952 y 1959 un total de 245. 000, de los cuales cien mil personas a la Argentina y el resto, mayoritariamente, a Brasil, Uruguay, Colombia, Chile y Venezuela (en ese orden). Tanto para los inmigrados del GIME, como para la migración espontánea, se facilitó “la’ reunión de familias”; lo que comportó una derogación parcial de la legislación restrictiva de los años 30. El total entre 1947 y 1959 ingresan en América Latina unos siete millones de inmigrantes europeos, en su mayoría italianos y alemanes.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Los procesos de descolonización de los países europeos, y la nueva política demográfica japonesa de postguerra, alentados asimismo por los organismos internacionales, llevan a América Latina en años recientes verdaderas colonias de argelinos “pied noir”, coreanos, indochinos y japoneses, casi siempre agricultores. Estos tienen en Brasil el país de inmigración más importante en el mundo, y se han anunciado planes para la Argentina alentando el traslado de un millón de japoneses.
La UNESCO patrocinó en 1956 un congreso en La Habana sobre los problemas de la asimilación cultural de los inmigrantes.
A partir de 1973, sin embargo, y especialmente como consecuencia de los acontecimientos de septiembre en Chile, se instala en América del Sur el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, créanse centros de refugiados en Santiago de Chile (en que interviene el Consejo Ecuménico de Iglesias Cristianas) y los gobiernos europeos, especialmente Suecia, Italia, y Francia, colaboran con el CIME en el traslado de millares de latinoamericanos para Europa en calidad de refugiados políticos, lo que invierte las anteriores expatriaciones de la región en ese terreno.
Las migraciones al exterior de los latinoamericanos
Ese reciente movimiento de migrantes políticos de países como Chile, Brasil, Uruguay, Bolivia, Paraguay y otros, por corresponder casi únicamente a niveles de alta formación intelectual se inscribe en el problema del drenaje de cerebros, característico de los países del Tercer Mundo, y agrava el déficit de profesionales y cuadros superiores de estos países, en beneficio no solo de Europa Occidental, sino asimismo de EE. UU., Canadá, Australia y hasta África del Sur.
Las mismas características, aunque determinadas por una situación política diametralmente opuesta, tiene la masiva migración cubana a los EE. UU. y España de los cubanos anticastristas.
Más importante numéricamente, menos eventual, y con las características de una migración a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) (por oposición a la migración política, por definición transitoria), es el traslado masivo de trabajadores manuales de América Central y Caribe a los Estados Unidos y Canadá.
Se calcula que solamente en h;>s Estados Unidos residen permanentemente, integrando su proletariado, unos diez millones de hispanoamericanos en los estados de Arizona, Colorado, California, Nuevo México y Texas, en su casi totalidad chicanos, es decir migrantes de origen mexicano.Entre las Líneas En la costa atlántica hay instalados más de un millón de “portoricans” (originariamente ellos o sus antepasados de Puerto Rico), aparte de masas considerables de haitianos, dominicanos, colombianos y otros migrantes latinoamericanos. Aún siendo en Canadá menores las cifras no dejan de significar un grupo considerable en las provincias de Quebec y Ontario.
Existe ya una amplia literatura de ficción literaria, y estudios sociales de camino sobre este ‘universo” latinoamericano, que constituye la minoría Cultural más importante residente en América del Norte sajona.
Los retornos de europeos latinoamericanizados
Un grupo particular de migrantes “latinoamericanos” al exterior está integrado por el movimiento de los retornos de europeos que regresan a sus países europeos originarios, ya aculturalizados por el medio social americano, y a menudo trasladando con ellos a su familia constituida en el mismo.Entre las Líneas En ocasión de los procesos de descolonización provocados por la independencia de los países latinoamericanos, fechados entre 1804 (Haití) y 1898 (Cuba), grupos considerables de franceses, españoles y portugueses se vieron compulsivamente obligados a retornar a Europa.Entre las Líneas En el caso de dos países de alto grado de mestización (Paraguay y México), se expulsó masivamente a los españoles. Antes, en Haití no solamente se les expulsó, sino que constitucionalmente se prohibió a los franceses tener propiedades agrarias.
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Aun tratándose de un grupo numéricamente reducido los historiadores han señalado la significación intelectual, e incluso político-ideológica, de los jesuitas expulsados de América Española por Carlos III, entre los que se destacan los padres Viscardo, Clavijero y otros que desde Italia, escriben valiosas obras sobre la realidad americana.
Una categoría especial, que fue característica del siglo pasado, como resultado del marcado déficit de mano de obra en América Latina para levantar cosechas en la zona templada sur, es la llamada “migración golondrina”, que viajaba entre España e Italia y el Río de la Plata. siguiendo la temporada estival.
En España los retornantes, que son llamados ”indianos y que en ciertas provincias son numerosos han comenzado a ser estudiados sociol6gicamente por Juan Francisco Mársal y Angeles Pascual.
Infrecuente ha sido el caso de los europeos que, abandonando América Latina, se trasladan a una nueva región que no es la suya originaria, pero se debe anotar el caso de los colonos franceses del Caribe que engrosan en el siglo XIX la población de ese origen en la Luisiana norteamericana y en la provincia canadiense de Quebec, o los judíos curazoleños que se instalan en el Estado de New York. [1]
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Carlos Rama (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
Véase También
Bibliografía
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