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Historia del Cristianismo en Japón

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Historia del Cristianismo en Japón

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Historia de la Iglesia en Japón en Relación a Historia de la Iglesia

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre historia de la iglesia en Japón que se haya en otra parte de esta plataforma online). El art. 4 de dicho tratado concedía la libertad religiosa a los residentes extranjeros. No era aún una libertad religiosa plena, pues se limitaba a éstos; de todos modos, era una semitolerancia que abriría camino a una situación mejor. Los misioneros comenzaron por establecerse en los tres puertos susodichos, y levantaron sencillas capillas en Yokohama y Nagasaki para los europeos; naturalmente, no quedaban excluidos los japoneses.Entre las Líneas En septiembre de 1859 el P. Girard llegaba a Edo; era el primer misionero católico establecido legalmente en Japón desde las persecuciones del siglo XVII. Con la ayuda del hermano Hermann Ludwig levantó la primera iglesia en Kanagawa (Yokohama), que fue bendecida el 12 en. 1862; un año después el P (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Furet estaba en Nagasaki; y en agosto llegaba el verdadero padre de la nueva cristiandad japonesa, el P. Bernardo Tadeo Petitjean.Entre las Líneas En febrero de 1865 también Nagasaki podía contar con una hermosa iglesia, dedicada a los 26 mártires sacrificados en aquella misma ciudad.
Los kirishitan. Un mes después de la inauguración de esta iglesia, iba a tener lugar un hecho verdaderamente sorprendente: la aparición o anagnórisis de los kirishitan, esto es, de los descendientes de los antiguos cristianos, que iban a presentarse con temor prudencial al nuevo misionero. Llegaban desde el valle de Urakami, situado a unos 10 Km. de Nagasaki. Era un 17 mar. 1865, cuando un grupo de 12 japoneses penetraba en la recién consagrada iglesia, y se arrodillaba a los pies de su misionero, el P. Petitjean; una de las mujeres se atrevió a hablarle en voz baja: «Nuestro corazón, el de todos los que estamos aquí, es el mismo que el tuyo. -¿De dónde sois? -De Urakami, y también en Urakami todos tienen el mismo corazón que nosotros; ¿dónde está la imagen de Santa María?». Y el misionero les condujo ante el altar de la Virgen que tenía entre sus brazos al Niño Jesús. Por entonces no se pasó adelante. Los 12 salieron de la iglesia y corrieron a contarlo a sus paisanos. De Urakami, de las islas de Gotó y Kamino comenzaron a afluir nuevos visitantes, hasta que un día el bautizador de Kamino hizo al misionero unas preguntas acerca del «gran jefe» del reino de Roma. Y, con aire más tímido, preguntó «si acaso él no tenía hijos». Naturalmente, eran dos preguntas clave para conocer si éstos eran los verdaderos sucesores de sus antiguos misioneros. La anagnórisis estaba hecha.
Por los detalles que fueron dando, se trataba de una verdadera cristiandad que se había conservado milagrosamente incólume durante más de dos siglos. La organización era idéntica en los diversos pueblecitos del valle; existían dos jefes principales; uno presidía los ejercicios de culto y las oraciones durante los domingos, y acudía a la cabecera de los moribundos para sugerirles las últimas plegarias; el otro tenía el oficio de bautizador y administraba el sacramento del bautismo. Así se conservó este maravilloso y olvidado cristianismo. La antigua cristiandad japonesa no había muerto del todo. De los kirishitan, no todos entraron en la Iglesia, unos por miedo a la persecución; otros a causa de sus correspondientes jefes, que no querían renunciar a sus privilegios; otros, en fin, por razones de orden psicológico o económico. Aun hoy día existen otros cristianos ocultos, sobre todo en la isla Ikitsuki. donde Duede haber unos 10.000, la mayor parte de la población, además de varios centenares de católicos, y otros tantos paganos.
Al conocer las autoridades gubernamentales estos nuevos brotes de cristiandad renovaron en 1869 los edictos persecutorios. Intervinieron las potencias occidentales, sobre todo Francia, Inglaterra, Italia, Alemania y Estados Unidos, naciones con las que Japón quería revisar los tratados firmados en 1859. Un decreto de 1873 ponía fin oficialmente al estado de persecución, por el cual quedaron en libertad no pocos cristianos encarcelados; pero habían perecido unos 2.000. A fines de ese mismo año los católicos llegaban a unos 15.000, atendidos por 29 misioneros, seis religiosas, 227 catequistas y 250 bautizadores. Los 70 seminaristas enviados a los seminarios de Pinang y Hong Kong, a causa de la persecución, fueron llamados nuevamente a Japón y distribuidos entre los seminarios de Nagasaki y Tokio.Entre las Líneas En 1883 fueron ordenados los primeros sacerdotes japoneses de esta segunda época cristiana.Entre las Líneas En 1889 se firmaba la nueva Constitución de Me¡ji, que sancionaba la evolución del Imperio hacia una monarquía constitucional y concedía la libertad religiosa a todos.
En 1876 Japón se organizó en dos vicariatos, Septentrional con centro en Tokio, y Meridional con centro en Osaka y luego en Nagasaki. Comenzaban a llegar también las primeras religiosas: Damas de San Mauro en 1873, Hermanas del Niño Jesús en 1877, Hermanas de San Pablo de Chartres en 1878. Se había difundido un gran espíritu de tolerancia, que favorecía la expansión cristiana.Entre las Líneas En 1887 acudían los maristas franceses y fundaban sus primeros colegios de niños en Tokio, Nagasaki y Osaka.Entre las Líneas En 1888 surgía un tercer vicariato, con el nombre de Japón Central. León XIII creaba un cuarto vicariato, el de Hakodate, en 1891, y, unas semanas después, la jerarquía residencial: un arzobispado (Tokio) y tres diócesis sufragáneas: Nagasaki, Osaka y Hakodate. Los católicos eran entonces 44.505, de los que 27.909 vivían en Nagasaki.
Hasta entonces habían sido únicos misioneros los sacerdotes del Seminario de París. Desde los primeros años del siglo Xx comienzan a afluir nuevos colaboradores: los dominicos españoles se encargan en 1904 de la prefectura de Shikoku; los jesuitas alemanes abrían en 1913 en Tokio su universidad, y en 1923 el vicariato de Hiroshima; los franciscanos se encargaban en 1915 de la prefectura de Sapporo, de la de Kagoshima en 1923 y de una Misión en la isla Sajalin; los PP. del Verbo Divino reciben las Misiones de Niigata en 1921, y de Nagoya en 1922; los salesianos italianos la de Miyagaki, y en 1937 los misioneros de Maryknoll la prefectura apostólica de Kyóto. Desde 1919 funcionaba una delegación apostólica que dirigía mons. Pietro Fumasoni Biondi, futuro prefecto de Propaganda Fide. Desde 1952 tiene categoría de internunciatura con los encargados diplomáticos correspondientes. Los cristianos llegaban a 100.000 en 1930, atendidos por 252 sacerdotes (de ellos 59 japoneses) y 657 entre religiosas y religiosos (de ellos 238 japoneses).
La II Guerra mundial (o global) fue trágica para Japón y para su cristiandad: en sus entrañas estallarían las primeras bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.Entre las Líneas En esta última ciudad murieron 7.000 cristianos de los 10.000 que contaba la parroquia de Urakami. La guerra ha producido consecuencias de la mayor importancia para las Misiones católicas. Por razones nacionalistas, ya en 1940 el Gobierno japonés no permitió que siguieran teniendo puestos de responsabilidad en las misiones católicas misioneros extranjeros, y la Santa Sede se vio obligada a nombrar en su lugar obispos japoneses. Con ello podía decirse que de hecho la iglesia japonesa pasaba como tal, toda ella, a los cuidados del clero japonés, situación que quedó normalizada de derecho a partir de 1950.
Las estadísticas de 1938 daban para todo Japón estas cifras: 416 sacerdotes, de los que 117 eran japoneses; y 123 seminaristas mayores. De los 113.500 católicos, 74.000 vivían en la isla Kyñshú. Al final de la guerra, los fieles eran 116.435, pero a fines de 1945 descendían a 107.917, pues las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki habían quitado la vida a casi 10.000. La pasada guerra había causado verdaderos estragos en las misiones católicas: 54 iglesias totalmente arruinadas y otras 25 casi inutilizables. La mayor parte de los seminaristas, que habían sido movilizados, habían muerto o estaban prisioneros. Quedaban 450 sacerdotes, de ellos 155 japoneses, y 2.000 entre religiosos y religiosas para una población de más de 80 millones de hab.Si, Pero: Pero la misma guerra había causado una honda desilusión en muchos japoneses, y comenzaba a notarse un incierto movimiento hacia las doctrinas cristianas. Era la ocasión oportuna. Y se produjo un llamamiento general de la Santa Sede a todas las órdenes y Congregaciones religiosas para que enviasen muchos misioneros, como preciosos auxiliares del clero nativo secular. Era la nueva hora de J.
El clero japonés era bastante numeroso para lo que podía exigir la situación de su propia cristiandad. Desde su llegada a Japón los misioneros de París se habían preocupado de establecer seminarios en todas sus diócesis.Entre las Líneas En 1932 se fundaba el Seminario central de Tokio para todo J., en el que se formará gran parte del clero japonés moderno. La guerra lo destruyó casi por completo en 1941. Después de la contienda comenzaron a funcionar dos grandes seminarios regionales o interdiocesanos: uno en Fukuoka para el Sur, a cargo de los sulpicianos; y otro en Tokio para el resto de J., a cargo de los jesuitas.
Por su parte, los religiosos respondieron generosos a la invitación del Papa y acudieron en gran número, repartiéndose por todas sus diócesis, como auxiliares valiosos del clero japonés. Los religiosos trabajan como auxiliares del clero japonés, aunque de hecho suele asignárseles una determinada «región», dentro de las diócesis, en la que desarrollan su actividad misionera con cierta autonomía.
En 1972 la Iglesia católica de Japón está organizada en 16 territorios agrupados en tres provincias eclesiásticas: Nagasaki con Fukuoka, Kagoshima y óita; ósaka con Hiroshima, Kyóto, Nagoya y Takamatsu; y Tokio con N¡igata, Sapporo, Senda¡, Urawa y Yokohama. Existe también la prefectura apostólica de Karafuto, en la isla Sajalin, bajo dominio ruso, prácticamente inexistente.

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Informaciones

Los datos de todas estas circunscripciones (según Ann. Pont. 1972) se resumen en el cuadro de pie de página. [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre historia de la iglesia en Japón en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

Ann. Pont. 1972; Á. SANTOS, Bibliografía misional, II, Santander 1965, 607-649; A. SCHNADE y Japón F. SCHÜTTE, Japan, en New Catholic Encyclopedia, 7, Nueva York 1967, 828-845 (con abundante bibl.); A. EBIZAwA, Christianity in Japan, Tokio 1960; C. R. BOXER, Un siglo de cristiandad en el Japón, Madrid 1935; Japón GAUTRELET, Storia della Chiesa in Giappone, Roma 1959; Japón LAUREs, Gzschichte der Katholischen Kirche in Japan, Tokio 1956; D. SCHILLING, Giappone, III, en Enciclopedia cattolica, VI, Ciudad del Vaticano 1951, 369-375 (con abundante bibl.); Japón L. VAN HEcKEN, Un siécle de cie catholique au Japan, Tokio 1960.

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