El Juicio Estético
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre el juicio estético. Nota: Este tema guarda cierta relación con el de las Dimensiones de la Inteligencia Social. Véase también la información:
- en relación al Juicio Moral en la Psicología Cognitiva,
- acerca de la moral social, y
- sobre el Formalismo Estético.
Juicio Estético en Edith Landmann-Kalischer
Valor cognitivo de los juicios estéticos: Una comparación entre los juicios sensoriales y los juicios de valor
Edith Landmann-Kalischer es una pensadora importante pero olvidada de la filosofía alemana de principios del siglo XX. Sus ensayos, como este (“Valor cognitivo de los juicios estéticos: Una comparación entre los juicios sensoriales y los juicios de valor”), demuestran una mente filosófica en casa con las entonces emergentes disciplinas de la fenomenología y la psicología durante una de las épocas más fecundas de la filosofía en tierras de habla alemana. Basándose en la efervescencia de este período y comprometiéndose con sus principales pensadores, Landmann-Kalischer elabora una contribución única y poderosa a la estética, la filosofía del arte y la teoría del valor. Y lejos de limitarse a hablar de las preocupaciones de su época, en estos ensayos aborda cuestiones que siguen siendo tan apremiantes para nosotros hoy como lo fueron en su tiempo. ¿Son la belleza, la bondad y la verdad reales o meramente subjetivas? ¿Cómo experimentamos estos valores? ¿Nuestra experiencia del valor conduce a juicios que pueden ser verdaderos o falsos? ¿Pueden esas experiencias conducir al conocimiento? ¿Es posible una ciencia del valor? En los ensayos de Landmann-Kalischer encontramos respuestas rigurosamente argumentadas y convincentes a estas preguntas.
Aquí se traduce un capítulo del ensayo, el 6, relacionados con el juicio de valor, con diversos comentarios históricos y actuales.
Las cualidades del sentimiento estético
(En otros lados) ahora hemos hablado del sentimiento de la belleza como un sentimiento unificado. Sin embargo, ya en varios lugares nos hemos visto obligados a distinguir diferentes formas de belleza. Llamamos bellos a objetos que nos afectan de manera completamente distinta del mismo modo que llamamos coloreados a objetos cuyos colores son completamente diferentes. En estética se han distinguido durante siglos diferentes formas, modificaciones o clases de belleza y se ha intentado derivarlas de diversas maneras de lo bello. Lo grácil y lo digno, lo grotesco y lo encantador, lo sentimental y lo ingenuo, lo cómico y lo trágico son tratados como temas de la estética sin que nunca haya quedado del todo clara su relación con lo bello. O bien, por un lado, se derivan metafísicamente como cuando Schasler hace que lo feo provoque el despliegue de lo bello a través del múltiple mundo de la belleza; cuando Rosenkranz hace que lo bello haga la transición a lo cómico a través de lo feo; así, también, cuando Ruge nombra las etapas sublime, fea y cómica del proceso dialéctico en el que entra lo bello; [o] Vischer llama a lo sublime y a lo cómico el conflicto de los rasgos inherentes a lo bello. O, por otra parte, uno interpretaba las modificaciones de lo bello puramente con respecto al material reduciéndolas a diferencias en los temas -como cuando Schiller definió lo gracioso como expresión de un bello movimiento del alma y la dignidad como expresión de una acción éticamente grande. O, por último -como Herbart-, interpretándolas como excitaciones subjetivas, “excitaciones de la mente” que pueden acompañar al inherentemente tranquilo juicio estético aun siendo ajenas a él.90
Desde nuestro punto de vista sería fácil interpretar las modificaciones de lo bello como cualidades de la belleza, análogamente a la interpretación de los colores individuales como cualidades del color. La cuestión de cómo pueden haber surgido objetivamente las formas individuales de la belleza, nos preocuparía aquí tan poco como la cuestión del origen de los diversos olores y colores. Sólo se trataría de averiguar y (tal vez) de sistematizar el número de sensaciones posibles de las que sería capaz el sentido estético y a las que correspondería cada vez un grupo determinado de objetos estéticos. La oscuridad que se asentaba sobre la relación de lo bello con sus modificaciones y que se pretendía despejar mediante explicaciones metafísicas se disiparía en la medida en que se coordinara esta relación de un gran grupo de fenómenos muy familiares para nosotros.
Pero con esto comienza primero la dificultad. Bien podemos suponer diferentes formas de belleza como cualidades del sentido estético |324|, pero sigue siendo bastante dudoso que tengamos que ver simples cualidades de éste en las modificaciones de lo bello tratadas habitualmente en la estética. El trabajo sobre el sentimiento estético como órgano del sentido tendría que comenzar por elaborar primero básicamente las cualidades simples. Así pues, en lo que sigue sólo cabe permitirse una indicación de las cuestiones preliminares que afloran a este respecto.
Si se consideran las modificaciones mencionadas, no parecen contener otra cosa que diferentes sentimientos que, suscitados por el proceso de la contemplación estética, entran en el sentimiento de lo bello. Lo trágico aparece como un tema triste [Gegenstand] tratado o contemplado estéticamente, lo cómico como un tema ridículo tratado o contemplado del mismo modo. Llamamos ‘gracioso’ a un objeto estético [Objekt] cuyo contenido es de naturaleza amable, ‘ingenuo’ o ‘idílico’ a lo que retrata algo simple, natural e inocente como tal. Aunque lo inocente se retratara, por ejemplo, satírica o sentimentalmente, esta postura del artista ante su tema alteraría el tema en sí sólo para el observador; en el caso del retrato sentimental, en lugar de lo inocente se retrataría para él el anhelo de inocencia; el proceso estético seguiría siendo el mismo. Según esta interpretación, las modificaciones de lo bello serían consideradas meramente como suplementos de lo bello en el sentido de Herbart, o como suplementos en el mismo sentido en que Schopenhauer interpreta lo sublime [das Erhabene] como “una elevación [die Erhebung] por encima de la conocida [erkannte] relación inimical del objeto contemplado con la voluntad en general” y, por tanto, como un “suplemento” mediante el cual el sentimiento de lo sublime se distingue del de lo bello91. Si esto es correcto, las modificaciones no podrían interpretarse como simples cualidades, sino sólo como fenómenos mixtos. Tenemos un análogo de tal fenómeno mixto en el dominio de los sentidos, por ejemplo, en el fenómeno del dolor corporal. Incluso aquí no se ha diferenciado suficientemente hasta ahora cuánto de su unicidad depende de la cualidad de la sensación, cuánto de su intensidad, su extensión espacial, su flujo rítmico temporal, y cuánto depende finalmente de su peculiar tono de sensación. |325|
Ahora bien, es cierto que cada tema [Gegenstand] requiere su propia forma de tratamiento artístico. Para el tratamiento de un objeto [Objekt] con un tono específico de sentimiento, hay en cada arte una forma de retratarlo que corresponde a este tono. A este respecto, Rosenkranz ha distinguido los estilos alto o riguroso, intermedio y fácil o bajo. Si los ritmos, tempos, tipos de tono y secuencias de acordes empleados para un cortejo fúnebre son distintos de los empleados para una danza, si se requiere un grado de probabilidad distinto y más elevado para la tragedia que para la comedia y, por tanto, también una construcción distinta de la acción, una caracterización distinta de las personas -algo que, con el descuido del tratamiento estético de la comedia, aún no está suficientemente desarrollado-, uno podría quizás ver en estas formas típicamente distintas (dependientes respectivamente del tono de sentimiento del tema) diferentes cualidades fundamentales del sentimiento estético. Pero si examinamos más detenidamente estas formas de representar las cosas y sus diferencias en el caso de los distintos temas, encontramos elementos estéticos que suscitan sentimientos diferentes -correspondientes al tema- a través de la empatía, mientras que el proceso de la empatía en sí sigue siendo el mismo. Interpretar los diferentes ritmos, timbres, líneas y colores -en consonancia con la diferencia de su carácter sentido respectivamente- como otras tantas simples cualidades estéticas significaría convertir un factor material en el principio de la división de las formas estéticas.
Por la misma razón, no podemos basar las cualidades del sentimiento estético ni en las diferentes impresiones sensoriales subyacentes al sentimiento de belleza ni en los diferentes procesos mentales que las desencadenan. Se podría, si se fundamentaran esas cualidades, intentar una división de los sentimientos estéticos en términos de impresiones acústicas u ópticas, simultáneas o no simultáneas, etcétera. Pero si se elige la diferencia en los procesos desencadenados por las impresiones como principio de la división, se podría distinguir entre el tipo de sentimientos estéticos que surgen al suscitar sentimientos (o, mejor, representaciones de sentimientos) o sus ritmos generales y el tipo que surge al suscitar representaciones de temas (efectos del arte que son musicales y retratan cosas). Todas estas divisiones pueden ser recomendables por razones heurísticas. Pero una vez que la belleza se sitúa en una relación, no es posible fundamentar ninguna distinción [Unterschied] dentro de la relación misma en una diferencia [Verschiedenheit] entre sus |326| fundamentos.
Lipps intenta fundamentar las modificaciones de lo bello en diferencias cualitativas entre los propios sentimientos estéticos de valor.92 Para Lipps hay tantas modificaciones de lo bello como sentimientos que subyacen al propio valor único del objeto y tienen el carácter de ser personalmente valiosos. El placer y el displacer son, para él, simples coloraciones, recurrentes en todas partes, de todos los sentimientos posibles (p. 508). Distingue sentimientos de exigencia (sentimientos de cantidad), sentimientos de lentitud y rapidez, de masa y lo contrario, de simplicidad y diferenciación, profundidad y extensión. Las diferencias de hecho entre las impresiones estéticas, sin duda, han sido proporcionadas por este medio, pero para decidir si además tenemos que ver en estas complicadas formaciones mentales sentimientos en absoluto, es decir, si tenemos que ver en ellos sentimientos estéticos, puramente estéticos y cualidades básicas de ellos (en el sentido de colores básicos) – que requeriría un análisis mucho más profundo.
Si queremos encontrar cualidades simples del sentimiento estético, debemos buscarlas sólo en diferencias dentro del propio proceso estético. Una de esas diferencias inequívocas es la que existe entre la fluidez y la inhibición del proceso. Dondequiera que se inhiba el curso de la contemplación estética, surgen el desagrado y la impresión de lo feo. (Incluso Lipps admite que lo feo consiste en inhibir el proceso estético. El conflicto estético surge, dice, cuando la multiplicidad pide la percepción de la unidad y, sin embargo, a su vez la prohíbe. Tal es el caso de los colores, los sonidos, los ritmos extremadamente próximos entre sí. Pero cuando, además, inserta lo feo en el sentimiento objetivado de la negación de la vida (ibíd., p. 140), entonces vuelve a caer en una explicación basada en lo material.)
Por lo tanto, tendríamos que considerar lo bello y lo feo en cualquier caso como cualidades básicas del sentido estético. En la medida en que ambas admiten grados, se podría caer en la tentación de interpretarlas como intensidades. Pero en este caso ocurre lo mismo que con la sensación de temperatura. Aunque se produzcan grados y transiciones, lo bello y lo feo como cualidades siguen estando tan separados como el frío y el calor, el blanco y el negro, los sonidos agudos y los graves. La última analogía podría ser la más pertinente. Pues, aunque el punto neutro en todos |327| estos dominios está lo más lejos posible de ambas cualidades, todavía puede producirse objetivamente para las escalas blanco-negro y cálido-frío de ambas cualidades mezclándolas, mientras que un sonido intermedio puede producirse por sonidos altos y bajos tan poco como un tema neutro puede producirse [mezclando] propiedades bellas y feas.
La diferenciación de otras cualidades debe reservarse para una investigación individual separada.
En el estudio precedente hemos intentado extraer la analogía entre las sensaciones de los sentidos y los sentimientos estéticos y apoyarla concretamente mediante la comparación entre los juicios sensoriales y los juicios estéticos en lo que respecta a su validez y a las fuentes de los engaños en ellos. Como resultado, hemos llegado a creernos epistemológicamente justificados para concluir que la belleza debe interpretarse como una propiedad de las cosas en el mismo sentido en que lo son las cualidades sensoriales. Con esta conclusión volvemos en un extraño círculo a la doctrina dominante hasta finales del siglo XVIII sobre la relación entre sentimiento y sensación.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Antes de que en aquel tiempo se lograra distinguir con éxito entre sensación y sentimiento en nuestro sentido, o bien se atribuían cualidades sensoriales por un lado y lo perfecto y lo imperfecto, lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo por otro lado de la misma manera a las cosas como propiedades o bien de la misma manera se negaban [esto] y se excluían, como producto de la imaginación, del verdadero conocimiento de las cosas. (La mezcla y equiparación de sentimientos y sensaciones también surge claramente en el caso de Spinoza (II, p. 74; Ética, Primera Parte, Suplemento) cuando dice “. . . et rei alicuius naturam bonam, vel malam, sanam vel putridam et corruptam dicunt, prout ab eadem afficiuntur. Ex. gr. sc. motus, quem nervi ab objectis, per oculis repraesentatis, accipiunt, valetudine conducat, objecta, a quibus causatur, pulchra dicuntur, quae autem contraria cient, deformia. Quae deinde per naves [sic] sensum movent, odorifera, vel foetida vocant, quae per linguam, dulcia, aut amara, sapita aut insipida etc. Quae autem per tactum dura, aut mollia; aspera aut laevia etc. Et quae denique aures movent, strepitum, sonum, vel harmoniam edere dicuntur etc.” [. . . y llaman a la naturaleza de cualquier cosa buena o mala, sana o pútrida y estropeada según les afecte. Por ejemplo, si el movimiento que los nervios toman de los objetos a través de las representaciones del ojo es conducente al bienestar, los objetos por los que es causado se llaman bellos [pulchra] pero los que causan lo contrario se llaman feos [deformia]. Luego llaman fragantes o fétidos a los que mueven los sentidos a través de las fosas nasales [narinas], a través de la lengua, dulces o agrios, sabrosos o insípidos, etc. A los que se mueven por el tacto los llaman duros o blandos, ásperos o suaves, etc. Y lo que mueve nuestros oídos se llama ruido, sonido o armonía, etc.).
Pero hoy la prueba tiene que proceder a la inversa. Mientras que en aquel tiempo se probó la subjetividad de las sensaciones mostrando que no eran distintas de los sentimientos (véase Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, II, cap. 4, §§17-18), hoy es necesario demostrar la objetividad de las propiedades de las cosas captadas por el sentimiento poniéndolas a la par de las cualidades sensoriales.
Ahora bien, se podría objetar que las analogías que se han trazado aquí son demasiado generales para probar precisamente que el sentimiento estético puede ponerse al mismo nivel que los órganos de los sentidos, ya que, aunque el sentimiento estético coincidiera en puntos individuales con el comportamiento de los órganos de los sentidos, lo que se sigue a este respecto son sólo las leyes generales que rigen la vida del alma, concretamente la vida del sentimiento en general. Si alguien quisiera hacer esta objeción, yo no tendría nada en contra. He señalado en varias ocasiones el mismo comportamiento de complacerse de un modo elemental, ético. No dudo de que todos los demás sentimientos aparecen también en sus elementos con el mismo carácter regido por la ley que las sensaciones y, por tanto, al igual que ellas, son susceptibles de objetivación legítima. La validez más general de mi tesis no debe en modo alguno menoscabar la prueba realizada para el caso concreto.
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estética, filosofía del arte, valor, teoría del valor, fenomenología, psicología, verdad artística, realismo, objetividad, cognitivismo, Historia de la filosofía occidental
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