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Populismo Latinoamericano

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El Populismo Latinoamericano

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre el populismo latinoamericano. [aioseo_breadcrumbs]

Populismo en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

Antecedentes del término

El término “populismo” ha sido aplicado a movimientos políticos de diversas características sumamente diferentes a las registradas por los. movimientos y los regímenes políticos latinoamericanos para los que también ha sido utilizado este término (para un examen de la variedad mundial (o global) de “populismos” se puede consultar Ghita Ionescu y Robert Gellner, compiladores, Populismo. Sus significados y características nacionales, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1969).

En lo que respecta a América Latina, aunque si bien la variedad observable es mucho menor, es conveniente comenzar un intento de definición señalando algunos de los fenómenos a los que no se extiende el concepto de “populismo”.Entre las Líneas En general, el término se ha aplicado cuando han ocurrido en las naciones latinoamericanas, después de la crisis mundial (o global) iniciada en 1929 (aunque algunos autores también incluyen a la Revolución Mexicana como un caso de populismo), procesos de cambio político que implicaron, según el caso, la ruptura de formas tradicionales de dominación autoritaria o de las que Gino Geunani (ver Política y Sociedad en una época de transición, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1962) denominó “democracias de participación restringida”. Es materia mucho más discutida la especificación de los atributos que distinguen al populismo de otros regímenes y movimientos. Como consecuencia de esto, si bien existe generalizado acuerdo en considerar como tales algunos casos (como el período varguista en Brasil o el peronista en la Argentina), se plantean frecuentes dudas respecto de otros casos menos nítidos (como por ejemplo el de los recientes gobiernos de la Democracia Cristiana en Chile o de Acción Democrática en Venezuela en los que, si bien son observables algunas características del populismo, no ocurrieron quiebres notorios en el marco jurídico constitucional preexistente a esos períodos, o el caso actual del régimen militar peruano, donde el componente personal de liderazgo (véase también carisma) notorio en los casos de Vargas y de Perón queda diluido en el contexto de un papel altamente institucionalizado de las Fuerzas armadas en el ejercicio del gobierno).

También como consecuencia de estas dificultades en acordar una definición mejor circunscripta del concepto, subyace cierta confusión respecto del populismo como un tipo de movimiento que desborda los moldes clásicos del partido político, o como un tipo de régimen que, aunque resultante de esa clase de movimiento, debe ser entendido diferencialmente respecto de otros regímenes políticos.Entre las Líneas En el presente texto se considerará al populismo como una clase de movimiento político, por entender que es a este nivel donde pueden ser más fructíferamente delineadas las condiciones que hacen explicable su surgimiento y características, aunque, por supuesto, para un análisis más específico del que es posible hacer aquí es indispensable tener en cuenta si ese movimiento logró o no llevar a sus dirigentes a ocupar las más altas posiciones gubernamentales a nivel nacional. Este segundo aspecto, que hace a las transformaciones resultantes en el tipo de régimen político existente en cada nación latinoamericana y a las condiciones que explican en cada caso el grado de éxito político de los movimientos populistas o, más brevemente, al impacto social del populismo en cada caso nacional, será visto aquí desde la óptica de las condiciones de emergencia del populismo y sus interrelaciones con algunas características diferenciales de las naciones que experimentaron estos movimientos.

Algunas definiciones y usos del término

Los más influyentes trabajos sobre el tema han recalcado aspectos que, sin ser necesariamente incompatibles entre sí, conducen no solo a diferentes criterios, inclusión y exclusión de casos dentro de Ja categoría, sino también a un diferente balance de consecuencias positivas y negativas del populismo en relación con las preferencias valorativas de cada autor. Gino Geunani (en la obra citada) ha: tendido a ver el populismo como’ una consecuencia de desfases o asincronías del proceso de modernización de las sociedades latinoamericanas, sobre todo en cuanto a la promoción de altas tasas de “movilización social” (con su consecuencia de generación de masas “disponibles” en un contexto urbano, todavía portadores de actitudes o valores tradicionales y susceptibles de responder a ideologías autoritarias elaboradas por élites), respecto de los procesos de integración de las nuevas estructuras sociales generadas por los procesos de urbanización e industrialización de la región.

Desde una óptica diferente Torcuato Di Tella (la versión más reciente de la concepción de este autor se encuentra en Clases Sociales y Estructuras Políticas, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1974) considera al populismo como resultante de una alianza entre sectores populares urbanos movilizados por “la revolución de las aspiraciones” y algunos segmentos de capas más favorecidas portadoras de “motivaciones anti-statuquo y capaces de formular una ideología fuertemente emocional, Dependiendo del peso relativo de esas capas dentro de sus respectivas clases, o del grado de conflicto interno a las mismas, resultarían según este autor, variantes más o menos radicalizadas de populismo, que apuntarían a cambios más o menos profundos en sus respectivas sociedades y resultarían más o menos susceptibles de ser posteriormente reabsorbidos en movimientos y regímenes más ajustados al sistema institucional vigente. Por otra parte, Helio Jaguaribe privilegia en su análisis una relación de tipo carismático entre el liderazgo (véase también carisma) individual y las masas urbanas, de la que resultan fuertes limitaciones al contenido y estabilidad de los cambios sociales que esos movimientos parecen proponerse lograr en sus etapas iniciales (ver sobre todo Helio Jaguaribe, Crisis y Alternativas de América Latina: Reforma o Revolución, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1973).

Características y condicionantes del populismo

Desde un ángulo diferente, que se seguirá aquí, puede tratarse de enfatizar más sistemáticamente al populismo como resultado y, a su vez como posterior agente de cambio de transformaciones operadas en el sistema económico, la estructura de cla8es y los patrones de dominación política en América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Transformaciones que tuvieron sus episodios desencadenantes, primero, en el impacto de la crisis mundial (o global) de 1929, y posteriormente en los rápidos procesos de industrialización, con mayor o menor demora, originados por los efectos internos de esa crisis en casi todos los países latinoamericanos (con diferentes matices este es el enfoque adoptado por Francisco Weffort, Estado y Masa en Brasil, “Revista Latinoamericana de Sociología”, I, marzo 1965; Francisco Weffort, “Classes populares e desenvolvimento social. Contriburáo ao estudo do ‘populismo’ “Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social, CEPAL, Santiago de Chile, mimeo, 1968; Femando H. Cardoso y Enzo Faletto, Desarrollo y Dependencia en América Latina, Siglo XXI, México, 1969; Ottavio Ianni, Populismo y relaciones de clase en América Latina, “Revista Mexicana de Ciencia Política”, XVIII, Núm. 67, Enero, 1972; y Guillermo O’Donnell, Modernización y Autoritarismo, Editorial Paid6s, Buenos Aires, 1972).

Por supuesto, la rapidez y profundidad con que las economías latinoamericanas respondieron a la crisis mundial (o global) de 1929 mediante dramáticos avances en la industrialización dependió en buena medida de las características preexistentes de cada uno de estos países, En especial, del grado de diversificación de su economía, de las dimensiones reales del mercado interno y del peso relativo de los sectores medios y populares urbanos en los que se habría de apoyar el populismo (el carácter predominantemente urbano de los apoyos políticos del populismo marca una importante diferencia respecto de los movimientos a los que se ha aplicado este término en otras partes del mundo, en los que el componente rural ha sido muchísimo más gravitante). Estas respuestas diferenciales a la crisis externa (para cuyo estudio el lector debe consultar la en la obra citada de Fernando H. Cardoso y Enza Faletto) influyeron considerablemente tanto respecto de las metas de cambio socia:! articuladas por los dirigentes del populismo como de la amplitud del apoyo que sectores de clases medias y altas otorgaron a los movimientos y regímenes populistas.Entre las Líneas En aquellos casos de reducido mercado interno y escaso desarrollo previo de los sectores medios en que la tendencia hacia la industrialización tuvo que ser más tardía y limitada, el apoyo del sector popular urbano fue más débil y los movimientos populistas, en sus momentos de surgimiento, cuestionaron mucho más radicalmente la dominación oligárquica en el sector agrario. Ya fuere que algunos de sus dirigentes llegaran a ocupar posiciones gubernamentales (como el MNR en Bolivia) o que fueran bloqueados en ello (como el APRA Peruano), las líneas de conflicto respecto de los sectores tradicionalmente dominantes fueron sumamente agudas y las metas articuladas por los líderes populistas fueron inicialmente mucho más radicales.

En los casos en los que, por el contrario, fue posible realizar avances más tempranos y rápidos en la industrialización (ilustrados como ejemplos típicos por el varguismo en Brasil y de peronismo ‘en la Argentina), las metas articuladas por sus dirigentes, y el impacto social del populismo, quedaron mucho más directamente limitados al sector urbano. Esto implicó que, aunque los sectores agrarios sobre todo los vinculados a las actividades de exportación debieron soportar transferencias de ingreso en beneficio del sector mano, nunca llegaron ni parecieron llegar a estar en cuestión aspectos que, como el de la propiedad de la tierra, tanto contribuyeron a agudizar conflictos y cristalizar alineamientos políticos en los casos anteriormente mencionados. Las gruesas diferenciaciones que se acaban de trazar sirven para señalar la necesidad de tener en cuenta diversos aspectos para diferenciar adecuadamente la variedad de movimientos, regímenes e impactos sociales del populismo en América Latina.[rtbs name=”latinoamerica”] [rtbs name=”historia-latinoamericana”] Entre esos aspectos hay que considerar, en primer lugar, las preexistentes modalidades específicas de cada sociedad y sus resultantes respuestas diferenciales a la crisis mundial (o global) de 1929.Entre las Líneas En segundo lugar, los cambios que en cada movimiento se operaron a lo largo del tiempo en cuanto a las metas que articulaban y a los sectores sociales que les prestaron apoyo, lo que en buena parte dependió de la intensidad y homogeneidad de oposición por parte de sectores previamente dominantes que despertó cada movimiento populista y a su vez en parte como consecuencia de esto último de si lograron o no, y con qué demora, acceder a posiciones de gobierno.Entre las Líneas En tercer lugar, lo expresado hasta ahora entraña creer que sería analíticamente inconveniente extender el uso del término hacia casos, como el de la revolución mexicana, que produjeron profundas transformaciones sociales con fuerte apoyo popular, pero donde el lanzamiento del proceso obedeció a circunstancias muy diferentes a las vinculadas con la crisis mundial (o global) y el comienzo de etapas d rápida industrialización.

Igualmente, los criterios definicionales aquí sugeridos implican no extender el uso del término a casos, ya mencionados, en los que no se produjeron cortes abruptos y duraderos en el sistema institucional preexistente a la década de 1930.

Unos y otros casos, por supuesto, tienen importantes paralelismos con los aquí delimitados pero las diferencias señaladas tienen suficiente entidad como para que parezca conveniente reservar el concepto de “populismo” para situaciones definidas con mayor especificidad.

El uso propuesto del término

Con las salvedades que quedan indicadas, es posible caracterizar al populismo como la resultante de un conjunto de factores estrechamente interligados: la profunda perturbación de la economía latinoamericana, exportadora de productos primarios, originada en la crisis mundial (o global) de 1929 y por las políticas económicas subsiguientemente adoptadas por las naciones centrales; la disminución relativa de la posición económica de las oligarquías tradicionales y, en especial, del sector más dinámico ligado a la exportación; las restricciones aduaneras y cambiarías adoptadas por los gobiernos latinoamericanos, originariamente orientadas a aliviar los problemas de balanza de pagos planteados por aquella crisis, pero que tuvieron un rápido impacto de promoción de industrialización sustitutiva de importaciones; el crecimiento de un inmaduro, escasamente integrado y políticamente débil sector industrial que, a pesar de esas deficiencias, implicó la generación de capas empresarias que expresaron intereses parcialmente diferentes de los de los sectores tradicionalmente dominantes, así como de una clase obrera urbana y nuevos. sectores medios que crecieron rápidamente al compás de esa industrialización; la expansión del tamaño y funciones del Estado latinoamericano como consecuencia de los procesos recién reseñados; la formulación de ideologías nacionalistas que vieron en la industrialización y en un alto grado de cierre del mercado interno a las transacciones desde el exterior una condición necesaria para el aumento del poderío nacional y para quedar en el futuro resguardados de las crisis del sistema económico mundial.

Estos factores provocaron en conjunto una profunda recomposición de las fuerzas políticamente relevantes; la dominación oligárquica tradicional comenzó a desintegrarse ante. la emergencia de nuevos sectores urbano-industriales y ante el replanteo de la posición de algunos sectores medios más tradicionales que sobre todo las Fuerzas armadas plantearon la necesidad de adopción de políticas autárquicas e industrializantes.Si, Pero: Pero los nuevos interlocutores políticos de las clases tradicionalmente dominantes no alcanzaron a proponerse ni a lograr una completa transformación del sistema de dominación vigente en sus sociedades los sectores agrarios conservaron casi siempre la propiedad de la tierra, alto prestigio social y, sobre todo, la llave de las, cada vez más, cruciales exportaciones de sus países.Entre las Líneas En este complejo proceso de conflictos y, a la vez, de reajuste de relaciones entre nuevos y viejos sectores dominantes, el sector popular urbano pasó a jugar un papel que, aunque dependiente de aquellos sectores, fue de gran importancia para la formación del populismo.Entre las Líneas En efecto, la complejización y nuevos cortes internos de los sectores dominantes llevaron a algunos segmentos de éstas, sobre todo aquellos relativamente nuevos y/o colocados todavía en posiciones de relativa debilidad, a estrategias que los procesos de industrialización y sus correlatos de ampliación del mercado, urbanización y comienzos de constitución de una ya no insignificante clase obrera, habían precisamente comenzado a hacer posible. Esto es, a forjar una alianza con los sectores populares, fundada principalmente en un programa nacionalista y antioligárquico (aunque en su concreción real ambos aspectos se detuvieran bastante antes de lo originariamente enunciado), de crecimiento del peso relativo del Estado bajo pautas fuertemente antiliberales en lo político, e industrializantes y orientadas a la ampliación del consumo en el mercado interno en lo económico.

Estas dimensiones caracterizan tanto a los movimientos populistas como a las etapas iniciales de los gobiernos a los que lograron acceder, pero es necesario agregar dos aspectos que derivan directamente de ellas. El primero es que el populismo fue en parte expresión y en parte factor de agudización de la crisis oligárquica en América Latina; esta crisis no se resolvió ni con un retorno al pasado ni la consolidación de una nueva dominación de los sectores de clase media y alta que, mediante el populismo desafiaron el viejo patrón oligárquico. Antes bien, la crisis transcurrió a lo largo de un proceso de conflictos parciales y sucesivas reacomodaciones entre esos sectores, en las que aumentaron notablemente no solo el ámbito objetivo de funciones del Estado sino también sus grados de autonomía respecto del conjunto de la sociedad. Aunque en el más largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) no dejó de reflejar los fuertes desniveles de poder existentes, el Estado apareció entonces mucho más como árbitro y a Veces como activo determinante de intereses y demandas de los sectores dominantes entre sí y con los sectores populares, en un papel que tendió a aparecer fuertemente personalizado en el líder populista. El segundo aspecto es el relacionado con las complejas relaciones que se establecieron con el sector popular urbano. (…)

Populismo, ni que desde un por el momento, pero mucho más acertadamente desde que avanzaron las reacomodaciones entre los nuevos y viejos sectores dominantes y la expansiva política económica del populismo comenzó a tropezar Con numerosos obstáculos la relación con los sectores populares haya tenido un marcado componente de con trol y manipulación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Pero, por otra parte, si bien desde el gobierno el populismo ayudó a construir (caso Argentina) o prácticamente construyó (caso Brasil) la clase obrera y sus organizaciones “desde arriba”, y si bien esto implicó la implantación de sistemas institucionales de control de’ tipo corporativo, el balance final del populismo no podía excluir las importantes consecuencias implicadas (…) y precaria, de participación política Y económica, ni por los notorios avances logrados en la organización del sector popular urbano. Uno (y otros resultados, por supuesto, son muy diferentes de los patrones de organización, fijación de metas y surgimiento de liderazgo (véase también carisma) mucho más autónomos ocurridos durante la entrada a la arena política del sector popular (y, en especial, de: la clase obrera) en los países noroccidentales.

Pero las condiciones estructurales que generó el proceso de industrialización sustitutiva y el papel subordinado pero indispensable jugado por el sector popular para que los movimientos populistas intentaran (como queda señalado, con variado éxito y radicalización según cada país latinoamericano la ruptura del patrón tradicional de dominación oligárquica, deben alertar acerca del error de suponer que, en lo que hace al sector popular, el populismo fue exclusivamente control, manipulación y participación simbólica.

Un problema diferente, que no puede ser analizado aquí, es del agotamiento de la expansiva política económica del populismo, la emergencia de nuevas e inesperadas formas de inserción dependiente en el contexto mundial, los acuerdos logrados por los nuevos sectores dominantes con los más tradicionales, el consiguiente corte que se reestableció entre el conjunto de éstos y el sector popular y, finalmente, la emergencia de nuevas formas de articulación de la economía. Y de dominación política en la última dé cada en América Latina (sobre el fin del populismo y los caminos abiertos a partir del mismo se puede consultar F. Cardoso y Enzo Faletto, en la obra citada, y Guillermo O’Donnell, en la obra citada). Estos aspectos marca, junto con el fin del populismo, los severos límites existentes a una política de expansión” del mercado interno, de industrialización sustitutiva de importaciones y de transitorio aumento de fluidez de la estructura social latinoamericana, ocurridos sin haber podido cuestionar la supervivencia de los sectores tradicionalmente migrantes ni los aspectos más centrales de la inserción dependiente de estas naciones. en el contexto internacional. La Crisis conjunta de estos aspectos da a los períodos populistas el carácter ambiguo inestable conque, por una parte, contribuyeron a la liquidación de formas tradicionales de dominación y, por la otra, fueron preludio de otras que por cierto siguen expresando la interrumpida vigencia de problemas de desigualdad, pobreza, dependería y rigideces sociales a los qué el populismo, al menos en sus momentos iniciales, pudo haber parecido dispuesto y capaz de dar comienzo de solución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). [1]

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El Populismo Latinoamericano

En 2010, en una América Latina casi completamente democrática –salvo por el caso de Cuba–, los populismos pueblan la región, instalados en el poder (Hugo Chávez, Venezuela, Evo Morales, Bolivia, Rafael Correa, Ecuador, Fernando Lugo, Paraguay, Daniel Ortega, Nicaragua, o ¿Cristina Fernández en Argentina?) o como referentes opositores (Ollanta Humala en Perú o Andrés Manuel López Obrador en México; y que luego alcanzará la presidencia).

Los populistas están de moda en la región y fuera de ella, pues por sus acciones (nacionalizaciones, provocaciones y ataques a las libertades) o por sus palabras estridentes y provocadoras ocupan el centro de atención de los medios de comunicación euro­peos.

Se realiza una disección del populismo clásico (Juan Domingo Perón, en Argentina, o Getulio Vargas, en Brasil, como arquetipos) y del actual, los de Chávez, Morales y Correa. Esto, en el contexto en que algún autor muestra que el actual populismo es heredero de las formas y maneras del viejo, aunque ahora aderezado con un lenguaje anticapitalista que le debe mucho, si no todo, a Fidel Castro. Asimismo, ofrece una perspectiva regional y una reflexión fundamentalmente latinoamericana.

En el análisis sobre el vínculo entre populismo y nacionalismo, se concluye que el nacionalismo es para el populismo lo que el agua para el pez. El actual populismo levanta la bandera del nacionalismo antiimperialista para su supervivencia, ya que necesita además que el nacionalismo “victimista” sea antiimperialista, de un enemigo externo para “galvanizar a sus propias fuerzas”. Ese enemigo tiene nombre propio, Estados Unidos. Es por ello que el autor repasa los distintos enfrentamientos que Chávez, Correa y Morales han tenido con George W (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Bush y Barack Obama.Entre las Líneas En la relación de América Latina con EE UU, ni los presidentes populistas ni los otros mandatarios de la región han encontrado aún su papel.Entre las Líneas En buena parte, como dice un autor, “los presidentes latinoamericanos manejan un discurso anclado en el pasado (…) esperando que las respuestas y las soluciones lleguen de Washington (…) sin ofrecer propuestas alternativas creíbles y negociables”.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

¿Cómo entiende el populismo el ejercicio del poder? Según algún autor, el populismo lleva hasta sus últimas consecuencias el extremado presidencialismo característico de los sistemas políticos latinoamericanos, en los que un personalismo exacerbado avasalla y pasa por encima de las instituciones.Entre las Líneas En la forma de ejercer el poder está la clave del populismo como corriente política que destruye la democracia y la convivencia.

A la afirmación a menudo escuchada entre quienes consideran exagerados determinados ataques al chavismo (“Chávez ha sido elegido por las urnas, es un presidente democráticamente electo”), otros autores responden exponiendo el problema de la legitimidad. Chávez, consideran, tiene “legitimidad de origen”, pues ha sido elegido en comicios limpios, pero carece de “legitimidad de ejercicio”, por su forma autoritaria y excluyente de gobernar. El autor asegura, asimismo, que Chávez, Correa y Morales no lideran una revolución ni un comunismo modernizado (“socialismo del siglo XXI”), sino que encarnan algo más corriente, ya conocido en la región: un “modelo estatista y caudillista para mejor controlar los recursos públicos. Un modelo clientelista, nepotista, basado en el rentismo petrolero que busca reforzar el poder personal del presidente”.

Varios autores alertan sobre la causa última del populismo. Para ello, se han lanzado varias ideas: el populismo no es explicable sin tener en cuenta los altos niveles de pobreza y desigualdad que golpean la región, la falta de instituciones sólidas e independientes (debilidad del sistema de partidos, del legislativo a la hora de fiscalizar, y dar salida a las crisis políticas o la falta de independencia del poder judicial), y la carencia de una oposición seria, capaz de plantear y tener un proyecto de país, e incluso hacer suyas las políticas acertadas que, sobre todo en el terreno social, impulsan los populismos. Se trata de unos populismos que tienen éxito por sí mismos, pero que también aprovechan la debilidad de “una oposición sin discurso, sin organización, sin líderes y sin propuestas alternativas”.Entre las Líneas En resumen, el caldo de cultivo del populismo son esos sectores desencantados de la democracia y descontentos con la gestión de los políticos. Ahí es donde una política democrática y unos partidos sólidos deberían incidir a la hora de evitar recaídas populistas.

Las propuestas, declaraciones y expresiones de Chávez, Correa o Morales permite observar cómo el populismo supone una barrera para la integración regional, ya que, durante tiempo, la coyuntura latinoamericana estuvo caracterizada por la profunda división regional provocada por el proyecto hegemónico -mientras lo lideró Chavez- del bloque bolivariano.

Para una ya debilitada integración regional, el populismo no solo ha aumentado las divisiones en la región (proyecto chavista versus proyectos aperturistas) sino que, al ser un movimiento fundamentalmente nacionalista, hace más difícil la cesión de soberanía en busca de un proyecto común.

La doctrina explica por qué los pilares ideológicos del populismo van en contra de los proyectos integracionistas, en la medida que suponen una defensa del proteccionismo, del capitalismo de Estado, una invocación a favor del intervencionismo estatal y en contra del libre comercio y la globalización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Si, Pero: Pero no todo es culpa del populismo, también falta un liderazgo (véase también carisma) regional sobre el que edificar un proyecto integrador. Y, de momento, ni Brasil ni México cumplen ese papel, que en Europa asumieron en su día Francia y Alemania.

Junto con el neoliberalismo, la globalización (satanizada por considerarla hija de aquel) es otra de las bestias negras del populismo. Los líderes populistas se apoyan en el rechazo mayoritario existente en Latinoamérica hacia la globalización, a la que se le acusa de haber aportado poco a la región, sin considerar que la apertura económica, en líneas generales, ha sido escasa y la inversión en educación, vital para ser más competitivos, ha sido aún menor. La respuesta de los populismos es reforzar el Estado frente a la globalización, regresar a los paradigmas (sistema de creencias, reglas o principios) nacionalistas y amparar el surgimiento de una burguesía nacional.

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Más compleja resulta la relación entre populismo e indigenismo. Como señala algún autor, “la reivindicación indigenista es parte del idea­rio populista” que aspira a la “inclusión social y étnica de los grupos tradicionalmente postergados”.

Además de analizar el fenómeno populista, hay otras manifestaciones atípicas en las políticas practicadas en algunos países latinoamericanos: empezando por “el adanismo”, esa tendencia tan propia de la región a “inventar la rueda”, haciendo tabla rasa con lo anterior; o ese gusto por pensar que todo lo malo que ocurre en Latinoamérica es culpa del otro, generalmente de EE UU.

Otros Elementos

Además, la relación entre los países latinoamericanos y EE UU está, de una manera u otra, mediatizada por el asunto cubano, pese a que, como afirman varios autores, la anulación de la resolución sobre la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, como muchas otras decisiones de política internacional, no cambiará la vida de los latinoamericanos, ni favorecerá el crecimiento económico de sus países, ni disminuirá la profunda desigualdad de sus sociedades.

Si el comunismo y el fascismo fueron dos rivales tradicionales de la democracia, el populismo es, en la actualidad, en opinión de muchos observadores, un riesgo para las democracias latinoamericanas por el deterioro institucional que implica, y su desprecio a la convivencia y las normas.

Autor: Cambó en parte

Populismo de Perón

La receta de Perón para mantener la cohesión de su partido fue siempre la misma: predicar la unidad y practicar el caos. Con frecuencia solía repetirlo: “Es dentro de la confusión donde mejor nos manejamos y si no existe hay que crearla. El arte del político no es gobernar el orden, sino el desorden”. Véase mucho más sobre el populismo de Perón.

Democracia y populismo

Se examinará aquí la influencia y los peligros del populismo sobre la democracia en la región (como ocurre, quizás en diferentes grados, también en algunas partes del mundo anglosajón o de Europa).

Recursos

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Notas y Referencias

  1. Guillermo O’Donnell (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

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2 comentarios en «Populismo Latinoamericano»

  1. Reenviado: (Explicado) ‣ Todo sobre Burguesía Nacional ‣ 2024 😀
    0 aprobados

    Los cambios suscitados en el modelo de desarrollo de las economías y las sociedades latinoamericanas a partir de mediados de los años 50 (del siglo XX), con el incremento de la inversión extranjera directa en el aparato productivo de estas sociedades y la también creciente asociación de los sectores dominantes de las burguesías locales, así como la ruptura de las alianzas burguesía industrial proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) con la subsecuente caída de los gobiernos «nacional populistas desarrollistas» que fueron su expresión más típica, pusieron en cuestión las citadas concepciones sobre el papel de las burguesías nacionales e incentivaron las polémicas en torno a ellas. (Véase también acerca del Populismo Peronista en esta plataforma online, y sobre el Populismo Peronista).

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