Caída del Comunismo en la Europa del Este
El papel fundamental de la nomenklatura en la gestión de la economía obligó a muchos de sus miembros a enfrentar la crisis cada vez mayor del modelo burocrático. Directores de em presas públicas y secretarios regionales se sentían impacientes ante las restricciones que les imponían ministerios industriales y planificadores centrales, y se resentían ante la interminable sustracción de trabajadores e insumos materiales resultante de la escasez endémica. Simultáneamente el creciente involucra miento de las economías del Este europeo con los mercados mundiales –a pesar del lento ritmo de la reforma económica, después de la caída de Khruschev y Dubcek, Polonia y Hungr ía, en especial, obtuvieron grandes préstamos de Occidente e hicieron esfuerzos para pagarlos con crecientes exportaciones generadoras de divisas– acostumbró a los gerentes a la cooperación con empresas occidentales. A pesar de los esfuerzos del régimen de Honecker para reducir el comercio con Occidente, a fin de evitar el tipo de crisis de endeudamiento experimentada por Polonia y Hungría en la década de 1980, 30% del comercio de Alemania oriental, en vísperas de la revolución, era realiza do con países de la OCDE. La necesidad de tecnología avanzada impuso un estímulo a los emprendimientos conjuntos con firmas de Occidente. Las revoluciones de 1989, por más abruptas y dramáticas que hayan sido, se destacaron por la ausencia de conflictos sociales y violencia en gran escala. El enfrentamiento entre manifestantes y policías en Alemania oriental y Checoslovaquia implicó un nivel de violencia semejante al alcanzado por los choques entre las fuerzas antimotines y los mineros en huelga en Gran Bretaña. En Hungría y Polonia incluso la movilización de masas brilló por su ausencia.