En Estados Unidos se siguen empleando cinco métodos de ejecución: la horca, el pelotón de fusilamiento, el gas letal, la electrocución y la inyección letal. Aunque casi todos los 38 estados con leyes sobre la pena de muerte han adoptado la inyección letal (como método alternativo o como único método), algunos estados se aferran a sus tradicionales sillas eléctricas, horcas y cámaras de gas. El número exacto de ejecuciones legales llevadas a cabo por estos y otros métodos en Estados Unidos sigue siendo discutible. Algunas investigaciones de fines de los años 90 estiman que desde 1608 se ha ejecutado legalmente a unas 20.000 personas en Estados Unidos. El acto de la ejecución siempre ha estado cargado de significado social, y el propio método de ejecución ha sido generalmente el punto central del procedimiento. En la América colonial y en los Estados Unidos preindustriales, las ejecuciones eran espectáculos públicos. Los métodos de ejecución utilizados eran intrínsecamente violentos y brutales; el dolor y el sufrimiento humanos se consideraban componentes necesarios de estos acontecimientos, que simbolizaban el poder absoluto del Estado. A mediados del siglo XIX, los reformistas y los miembros de la clase media empezaron a abrazar ideologías más humanistas respecto a las formas crueles y violentas de castigo. Este cambio en la percepción social de cómo debería aparecer la muerte sancionada por el Estado culminó con métodos de ejecución más mecánicos y eficaces, como la silla eléctrica y la cámara de gas. En esencia, los métodos de ejecución son un símbolo de los valores sociales y, lo que es más importante, de cómo la sociedad estadounidense mantiene su imagen deseada de civilización.