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Economía Neomarxista

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Economía Neomarxista

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Críticas del neomarxismo al enfoque de la Economía del Desarrollo

Nota: véase la inaplicabilidad de la monoeconomía ortodoxa a las áreas subdesarrolladas. Véase también el Supuesto de Beneficio Mutuo en la Economía del Desarrollo.

Como era de esperarse, cuando la ruta del desarrollo resultó mucho menos suave de lo que se había pensado la naturaleza híbrida de la nueva subdisciplina la sometió a dos clases de ataques. La derecha neoclásica la censuró por haber violado los principios genuinos de la monoeconomía y por haber complicado, mediante sus novedosas políticas económicas, el problema que trataba de resolver.

Indicaciones

En cambio, los neomarxistas pensaron que la economía del desarrollo no había ido suficientemente lejos en su análisis de los problemas de los países pobres: era tan grave su problema que solo un cambio total de su estructura socioeconómica y sus relaciones con los países ricos podría cambiar las cosas; mientras no ocurriera ese cambio, las llamadas políticas de desarrollo solo crean nuevas formas de explotación y “dependencia”. Las dos críticas fundamentalistas atacaban a la economía del desarrollo desde direcciones opuestas y en términos totalmente diferentes, pero podían convergir en sus censuras específicas, como en efecto lo hicieron, sobre todo en la importante área de la indusrialización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En virtud de que los defensores de la economía neoclásica y los miembros de diversas escuelas de pensamiento neomarxista viven en mundos enteramente separados, ni siquiera estaban conscientes de que actuaban al unísono.Entre las Líneas En general, casi no se ha notado esa extraña alianza de facto, pero desempeña un papel importante en la evolución de las ideas referentes al desarrollo, de modo que debemos narrar brevemente su historia.

En una etapa temprana surgieron ciertas dudas acerca de la armonía de los intereses de los países desarrollados y los subdesarrollados entre algunos de los autores principales de la nueva subdisciplina. Se aceptaba generalmente la idea de que los países industriales podrían contribuir en adelante al desarrollo de los países menos avanzados, sobre todo mediante la asistencia financiera, pero en varios círculos se plantearon dudas acerca de la distribución equitativa de las ganancias del comercio internacional, tanto en el pasado como en el presente.Entre las Líneas En 1949, Raúl Prebisch y Hans Singer formularon (en forma simultánea e independiente) su famosa “tesis” sobre la tendencia secular de los términos de intercambio a empeorar para los países productores de productos primarios e importadores de manufacturas. Estos autores atribuyeron tal supuesta tendencia al poder de los sindicatos en los países avanzados y las condiciones de subempleo existentes en la periferia. El argumento se planteaba para justificar una política de industrialización sostenida. Arthur Lewis se vio impulsado por su modelo en una dirección similar: mientras que las “dotaciones ilimitadas de mano de obra” en el sector de subsistencia depriman el salario real en toda la economía, todas las ganancias de los, incrementos de la productividad tenderán a canalizarse hacia los países importadores; además, en una situación de mano de obra excedente al salario vigente, los precios dan señales equívocas para la asignación de recursos en general, y la división internacional del trabajo en particular: el resultado fue un nuevo argumento en favor del proteccionismo y la industrialización.

Tanto el argumento de Prebisch-Singer como el de Lewis demostraban que, sin un Estado juiciosamente intervencionista en la periferia, los dados estaban inevitablemente cargados en favor del centro.Entre las Líneas En general, tal parecía el resultado de algún destino desdichado más bien que una consecuencia de las maniobras deliberadas del centro. Los críticos de la izquierda censuraron más tarde a Arthur Lewis por tomar como un dato las dotaciones ilimitadas de mano de obra, y no como algo producido sistemáticamente por los colonizadores y capitalistas. Por supuesto, Lewis estaba consciente de tales situaciones y en cierto momento observó específicamente que las potencias imperialistas empobrecieron la economía de subsistencia de África “arrebatando su tierra a la gente, demandando trabajadores forzados en el sector capitalista, o imponiendo tributos para impulsar a la gente a trabajar para los empleadores capitalistas”. Según Lewis, estas prácticas no constituían una característica decisiva del modelo; después de todo, una disminución de la mortalidad infantil podría tener el mismo efecto que un impuesto per cápita sobre el incremento de la oferta de mano de obra.

Sin embargo, parece ser que el debate suscitado entre los economistas del desarrollo en los años cincuenta incluía la reunión de algunos aspectos antagónicos de la relación centro periferia.

Las teorías antes mencionadas trataban de demostrar que las ganancias del comercio internacional podrían distribuirse de modo desigual (quizá hasta el punto de que un grupo de países no ganara nada en absoluto), pero no llegaban a sostener que la relación existente entre los dos grupos de países pudiese ser en efecto explotadora en el sentido de que el comercio y otras formas del intercambio económico enriquecieran a un grupo a expensas de otro, una afirmación que resultaría inconcebible dentro de los supuestos de la teoría clásica del comercio internacional, empero, aunque esta clase de afirmación se hizo en una etapa relativamente temprana del debate. Gunnar Myrdal indicó el principio de la causación acumulativa (que había desarrollado primero en su libro titulado “An American Dilemma”) para tratar de entender la razón de las persistentes y crecientes disparidades del ingreso dentro de los países; pero la noción se extendió sin dificultad a los contactos existentes entre países. El argumento de Myrdal sobre la posibilidad de un empobrecimiento mayor de la región (o del país) pobre se basaba en gran medida en la probabilidad de que perdiera trabajadores calificados y otros factores escasos, y también en la posible destrucción de sus artesanías e industrias. Independientemente de Myrdal, yo había elaborado ideas similares: el ” efecto· de estela” de Myrdal -los factores que propiciaban el aumento de la disparidad- se convirtió en mi “efecto de polarización”, mientras que su “efecto de dispersión” -los factores que propiciaban la difusión de la prosperidad de las regiones ricas a las pobres- fue mi “efecto de filtración”. (Es probable que alcancemo la terminología óptima si combinamos el efecto de “dispersión” de Myrdal con mi efecto de “polarización”). Ambos sostuvimos, aunque con énfasis diferente, que debe tomarse en serio la posibilidad de que el efecto de polarización sea más fuerte que el efecto de dispersión, de modo que no solo refutábamos la teoría del comercio internacional sino también la creencia tradicional más amplia, tan elocuentemente expresada por John Stuart Mill, en el sentido de que el contacto entre grupos disímiles es siempre una fuente de progreso para todos. (“En el atrasado estado actual del progreso humano es difícil exagerar la gran importancia que tiene el que los seres humanos se pongan en contacto con personas desemejantes a ellos, y con modos de pensar y de acción distintos a aquellos con que están familiarizados. . . Tal comunicación ha sido siempre, y lo es sobre todo en la época actual, una de las principales fuentes de progreso”. J. S. Mill, Principios de economía política, Libro III, FCE, México)

Quien haya observado con algún cuidado el escenario del desarrollo no podrá dejar de experimentar graves dudas acerca de esta concepción: en América Latina, por ejemplo, el progreso industrial fue particularmente vigoroso durante las guerras mundiales y la gran depresión, cuando los contactos con los púes industriales se encontraban a nivel bajo. Para mí, esto solo significa que los periodos de aislamiento pueden ser benéficos: me pareció que cierta alternación del contacto y el aislamiento creaba condiciones óptimas para el desarrollo industrial.Entre las Líneas En todo caso, tanto Myrdal como yo consideramos los efectos de polarización como fuerzas que pueden ser combatidas y neutralizadas por las políticas públicas; yo traté de demostrar que en lugar de invocar tales políticas; como algo autónomo (como lo hacía Myrdal en mi opinión), podemos verlas como surgidas de la experiencia de la polarización y en respuesta a tal experiencia.

Ocurrió algo extraño en cuanto se señaló que la interacción entre países ricos y pobres podía tener en ciertas circunstancias la naturaleza de un juego antagónico, de suma cero: muy pronto resultó intelectual y políticamente atractiva la afirmación de que tal era la esencia de la relación y que persistía como una ley de hierro en todas las fases de los contactos del centro capitalista con la periferia. Así como los educados en la tradición clásica de Smith y Ricardo no podían antes concebir una ganancia del comercio internacional que no fuese mutua, a los nuevos partidarios de la polarización les resultaba imposible percibir algo que no fuese empobrecimiento y degradación en cada una de las fases sucesivas de la historia de la periferia. (Aníbal Pinto ha llamado con razón “catastrofismo” a esta concepción).

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Esta es la tesis del “desarrollo del subdesarrollo” presentada por André Gunder Frank y sostenida también por algunos de los partidarios más extremos de la doctrina de la “dependencia”. Dado el momento histórico en que surgieron estas ideas, su misión primera y principal era la refutación despiadada de lo que hasta entonces se había considerado la promesa de la emancipación económica de los países subdesarrollados: la industrialización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Nos encontramos ahora a mediados de los años sesenta, cuando la industria de algunos países destacados del Tercer Mundo estaba experimentando dificultades reales y penalidades crecientes tras un periodo prolongado de vigorosa expansión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se aprovechó esta situación para describir toda la industrialización como un fracaso total por varias razones (no siempre consistentes) : la industrialización estaba “agotada”; era “distorsionada”; carecía de integración; conducía a la dominación y explotación de las empresas multinacionales en alianza con una “burguesía lumpen” interna; resultaba excesivamente intensiva en capital y por ende saboteaba el empleo; y alentaba una distribución más desigual del ingreso junto con una clase de dependencia nueva, más insidiosa que nunca.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Por la misma época, los economistas neoclásicos o monoeconomistas -como deberíamos llamarlos de acuerdo con la terminología de este ensayo– estaban afilando sus propias navajas para lanzar un ataque contra las políticas de desarrollo que habían impulsado la industrialización para el mercado interno.Entre las Líneas En contraste con la censura múltiple de la izquierda, los monoeconomistas se concentraron en una sola falla simple, pero para ellos capital, de estas políticas: la mala asignación de los recursos.Entre las Líneas En sí misma, esta crítica era fácil de pronosticar y podría no tener mayor peso que el de una prevención contra la industrialización emanada de un campo esencialmente igual diez, veinte o cincuenta años atrás.Si, Pero: Pero la eficacia de la crítica era mayor ahora por diversas razones:

  •  a resultas de las obras neomarxistas que acabamos de mencionar, algunos de los defensores anteriores de la industrialización se habían convertido en sus críticos más enconados;
  •  las políticas específicas que en la primera etapa habían resultado útiles para la promoción de la industrialización, así fuese a costa de presiones inflacionarias y de balanza de pagos, encontraron rendimientos (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) decrecientes en los años sesenta y lograban una industrialización menor a costa de mayor inflación y mayores problemas de pagos que antes;
  • la práctica de una industrialización deliberada había generado exageraciones y abusos en varios países, y no había dificultad para elaborar una lista de ejemplos horribles que servían para incriminar todo el esfuerzo;
  • un nuevo conjunto de políticas que hacían hincapié en las exportaciones de manufacturas de los países en desarrollo se volvió atractivo a causa de la expansión rápida que a la sazón experimentaba el comercio mundial, y algunos países tales como Taiwan y Corea del Sur demostraron las posibilidades del éxito de semejantes políticas.Entre las Líneas En estas condiciones, las críticas neoclásicas se volvieron más convincentes que en el pasado.

El objetivo de los ataques neomarxistas y neoclásicos complementarios no era solo el nuevo establecimiento industrial, que en efecto los superó muy bien; en el plano ideológico, la víctima buscada era la nueva economía del desarrollo, que había sugerido fuertemente el desarrollo industrial, y a la que ahora se imputaba la responsabilidad intelectual de todo lo que había salido mal. Los golpes de la izquierda y la derecha que cayeron sobre la subdisciplina incipiente y poco unificada la dejaron en efecto paralizada, tanto así que la defensa más intrépida de lo que habían logrado los esfuerzos de industrialización de la posguerra en el Tercer Mundo no provino de los antiguos pilares, sino de un socialista inglés que conservaba la tradición de la posición original de Carlos Marx acerca del problema de las áreas atrasadas, el finado Bill Warren. (“Imperialism and Capitalist Accumulation”, New Left Review, Núm. 81, septiembre-octubre de 1973, pp. 3-45)

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Fuente: Hirschman, “De la Economía a la Política y Más Allá”

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2 comentarios en «Economía Neomarxista»

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