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Historia del Liberalismo Político

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Historia del Liberalismo Político

Sobre el Liberalismo Clásico, véase aquí.

Liberalismo Político en el Siglo XIX

Nota: hay más información sobre el Estado Liberal en el Siglo XIX.

«La gran crisis —decía el Rey de Piamonte en una carta en 1834— solo puede aplazarse más o menos, pero indudablemente llegará». Evitar que así fuera constituyó uno de los objetivos de los reformadores liberales de carácter moderado que entraron en la escena política durante la década de 1840. Como otros personajes similares de otros países de Europa, tomaron como ejemplo sobre todo a Inglaterra. El reformista milanés Garlo Gattaneo (1801-1869), un antiguo carbonario que había preferido seguir vías más moderadas, pensaba que «los pueblos deben hacerse continuamente de espejo unos a otros, pues los intereses de la civilización son solidarios y comunes».Entre las Líneas En el Piamonte, el más influyente de esos moderados a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) fue Gamillo Benso, conde de Gavour (1810-1861), de religión protestante, que había viajado ampliamente por Gran Bretaña y Francia y apoyaba el progreso económico, la construcción del ferrocarril y la separación de la Iglesia y el Estado. Al tiempo que los sentimientos liberales se propagaban entre las clases cultas, sobre todo en el norte de Italia, el secretario del Foreign Office británico, lord Palmerston, advertía al embajador austríaco en Londres que había llegado el momento de hacer concesiones: «Nos consideramos conservadores por predicar y aconsejar hacer concesiones, reformas y mejoras allí donde la opinión pública las exija; ustedes, en cambio, se niegan a ello».Si, Pero: Pero el 16 de junio de 1846 dio la impresión de que la elección para el solio pontificio de Giovanni María Mastai Ferretti (1792-1878), papa con el nombre de Pío IX, anunciaba los cambios que estaban a punto de producirse en Italia. El nuevo pontífice concedió una amnistía a los presos políticos, relajó las leyes de la censura, y nombró diversas comisiones encargadas de mejorar la administración de los Estados Pontificios, las leyes y la oferta educativa. Su convocatoria de una asamblea consultiva hizo estremecerse a todos los estados italianos. Y muchos lo imitaron.

En la Toscana la censura fue abolida parcialmente en mayo de 1847, las manifestaciones que se produjeron en varias ciudades precipitaron la convocatoria de una asamblea legislativa, y en septiembre de 1847 el gran duque Leopoldo II (1797-1870) nombró un gobierno liberal moderado.Entre las Líneas En el Piamonte, Garlos Alberto concedió la celebración de elecciones a los concejos municipales e introdujo limitaciones a la censura en octubre de 1847.Entre las Líneas En la monarquía de los Habsburgo, la negativa de Metternich a relajar las leyes de censura en 1845 no tuvo ningún efecto, pues la literatura de corte nacionalista y liberal, incluidos periódicos franceses, ingleses y alemanes, entraba en sus dominios desde fuera. Daba la impresión de que la crisis estaba a punto de llegar. «Nos encontramos ahora — avisaba un antiguo alto funcionario austríaco, el barón Viktor von Andrian-Werburg (1813-1858), autor de un libro tan pesimista como influyente acerca del futuro de la monarquía multinacional— donde se encontraba Francia en 1788».

Liberalismo en Hungría y Polonia

Ese parecía el caso especialmente de las provincias húngaras del imperio de los Habsburgo. La anglofilia del destacado reformista Esteban Széchenyi, deseoso de «cambiar la situación de la patria con la menor fanfarria posible», lo indujo a adoptar una postura gradualista. Tenía la convicción de que iba a poder unir armónicamente a las distintas clases sociales del país y que la consecución de ese objetivo podría fomentarse por medio de las carreras de caballos, por las que sentía una auténtica pasión a raíz de su visita a Newmarket (con ese fin fundó el Derby de Budapest en 1826). Tras la sublevación de Polonia y una devastadora epidemia de cólera en 1831, la Dieta húngara se reunió en 1832 con un programa reformista, pero el emperador vetó hasta las reformas más modestas que lograron ser aprobadas.Entre las Líneas En 1837 el abogado y periodista Lajos Kossuth (1802-1894), el primer reportero que publicó informes acerca del Parlamento de Hungría, fue acusado (persona contra la que se dirige un procedimiento penal; véase más sobre su significado en el diccionario y compárese con el acusador, público o privado) de sedición y detenido. Este hecho desencadenó una grave crisis, cuando los partidarios de Kossuth en la Dieta obligaron a Metternich a retractarse y a ponerlo en libertad, junto con otros liberales encarcelados, en mayo de 1840. La misma Dieta eliminó las barreras legales existentes al establecimiento de fábricas, aprobó la construcción de la primera línea férrea del país y relajó las restricciones impuestas a los judíos húngaros en materia de ocupación y residencia. Ulteriores reformas concedieron a los protestantes igualdad civil y jurídica respecto a los católicos y legitimaron los matrimonios mixtos desde el punto de vista religioso.Si, Pero: Pero nada de aquello satisfizo a los liberales. A Kossuth se unió el líder de los moderados, Francisco Deák (1803-1876), y juntos elaboraron una declaración de intenciones.Entre las Líneas En la nueva Dieta de 1847, para la que Kossuth fue elegido con una mayoría aplastante, Metternich se vio obligado a hacer concesiones, incluida la abolición (nota: el abolicionismo es una doctrina contra la norma o costumbre que atenta a principios morales o humanos; véase también movimiento abolicionista y la abolición de la esclavitud en el derecho internacional) de las barreras arancelarias en la frontera de Austria con Hungría.Si, Pero: Pero ya era demasiado tarde: todas esas medidas fueron incapaces de apaciguar a la oposición nacionalista, cada vez más numerosa, y las divisiones entre los liberales húngaros y las autoridades de la monarquía en Viena siguieron ahondándose hasta que resultaron irreconciliables. Al cabo de unos meses habían degenerado en un conflicto abierto.

Liberalismo en Suiza

En Suiza, las reformas aprobadas por los liberales moderados, cuya fuerza estaba en las ciudades de los cantones protestantes, chocaron con la indómita oposición de las regiones más rurales de la Confederación, en su mayoría católicas. Cuando los liberales aprobaron una Constitución centralista y empezaron a cerrar monasterios católicos, los cantones conservadores reaccionaron formando en 1834 una «liga especial», el Sonderbund, en clara violación del tratado federal de 1815. Las tropas federales capturaron el bastión del Sonderbund en Friburgo e instalaron un gobierno liberal, que no tardó en expulsar a los jesuitas, como solían hacer los gobiernos liberales y reformistas en todas partes.Entre las Líneas En la batalla de Gisikon, la última batalla campal en la que se vería envuelto el ejército suizo, murieron treinta y siete soldados, y otros cien resultaron heridos. Por primera vez en la historia militar estuvieron presentes en el campo de batalla ambulancias tiradas por caballos, que se encargaron de retirar a los heridos. Ulteriores escaramuzas provocaron la rendición del Sonderbund el 29 de noviembre de 1847. Unas semanas después se aprobó una nueva Constitución más liberal.

Liberalismo en Alemania

La guerra civil suiza fue un preludio de los conflictos que habrían de venir en otros rincones de Europa. Las revoluciones de comienzos de la década de 1830 solo habían sido sofocadas parcialmente debido a las medidas represivas emprendidas por Metternich en la mayor parte de la Confederación Germánica, pero en aquellos momentos un buen número de estados habían elegido asambleas legislativas que proporcionaban a los políticos liberales un foro en el que manifestarse. Los gobernantes conservadores no encontraron de su agrado este cambio del clima político.Entre las Líneas En 1837, cuando la reina Victoria subió al trono británico, la ley sálica le impidió hacer lo mismo en Hannover, de modo que su tío Ernesto Augusto, duque de Cumberland (1771-1851), famoso ya por las ideas conservadoras extremas que tenía por costumbre manifestar en la Cámara de los Lores británica, se convirtió en rey de Hannover e inmediatamente abolió la Constitución de 1833, exigiendo un juramento de lealtad a todos los empleados del Estado. Siete catedráticos de la Universidad de Gotinga, incluidos los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786- 1859), los compiladores de la famosa colección de cuentos populares, se negaron a prestar juramento y fueron destituidos de sus cargos. Su decisión no consiguió nada a corto plazo (véase más detalles en esta plataforma general) —la Constitución siguió abolida—, pero despertó las simpatías por el liberalismo en toda Alemania.

Federico Guillermo IV

En 1840, la ascensión al trono de Prusia de Federico Guillermo IV alentó las esperanzas liberales de reformas. Surgieron por doquier sociedades y clubs opositores, y los liberales lograron ser elegidos concejales de unos ayuntamientos hasta entonces adormecidos, que empezaron a reclamar al rey la convocatoria de una Asamblea Constituyente.Entre las Líneas En un intento de calmar la situación, en 1847 Federico Guillermo convocó a los Estamentos provinciales [ Landstande ] a una Dieta Unida, movido en buena parte por la necesidad de recaudar más impuestos en medio de la grave crisis económica de finales de la década de 1840. Cuando el rey se negó a aceptar los llamamientos en pro de una Constitución, la mayoría de los asistentes rechazó su petición de reforma fiscal. Federico Guillermo disolvió la Dieta, pero el potencial papel de esta como punto focal de la reforma constitucional había quedado claro.

Liberalismo en Baviera

En Baviera, el rey Luis I (1786-1868) estaba haciéndose cada vez más impopular a la vista de la política represiva y proclerical de su principal ministro, Karl von Abel (1788- 1859): durante el reinado de Luis, que comenzó en 1825, se llevaron a cabo casi mil juicios políticos.

Puntualización

Sin embargo, lo que verdaderamente acabó minando la autoridad del monarca fue la llegada a Múnich de la bailarina española Lola Montez (1821-1861). Famosa por el erotismo de su «Danza de la Araña», en el punto culminante de la cual se levantaba las faldas para revelar que no llevaba ropa interior, Lola tenía ya una larga experiencia de amoríos, entre otros con el virtuoso del piano y compositor Franz Liszt (1811-1886) y (posiblemente también) con el novelista Alejandro Dumas. A pesar de su aspecto exótico y su belleza morena, resulta que Lola no era española ni nada parecido. Su verdadero nombre era Eliza Gilbert y era irlandesa, hija del alguacil superior del condado de Cork. La bailarina deslumbró inmediatamente a Luis I: cuando la conoció, impresionado por su hermosa y opulenta figura, el monarca, envalentonado, se atrevió a preguntarle si lo que se veía por el escote era de verdad o no; se cuenta que la joven se quitó el corpiño para demostrar que no había nada de mentira. Lola no tardó en convertirse en la amante del rey, que la colmó de regalos, puso a su disposición una generosa renta y la ennobleció concediéndole el título de condesa de Landsfeld. Cuando Abel intentó poner alguna objeción («Todos los que conspiran para sublevarse están encantados», advirtió al rey), la cortesana hizo que lo destituyeran. Las críticas denigratorias de que era objeto Luis en los panfletos populares e incluso en los periódicos de gran formato traerían a la memoria de muchos los calumniosos ataques contra el rey de Francia, Luis XVI, y su esposa María Antonieta, que tanto contribuyeron al descrédito de la monarquía francesa en 1789. Una pérdida de legitimidad semejante, aunque sin el elemento añadido de la farsa, socavó también la posición de otros monarcas alemanes. La negativa de Guillermo I de Wurtemberg (1801-1864) a conceder cualquier tipo de reforma dio lugar al desarrollo de una vigorosa oposición liberal, mientras que el obstinado conservadurismo del gran duque de Hesse- Darmstadt, Luis II (1777-1848), condujo a la victoria de un movimiento liberal organizado bajo la férula del jurista y antiguo miembro de la Burschenschaft Heinrich von Gagern (1799-1880) en las elecciones a la Dieta del estado de 1847.

Liberalismo en Gran Bretaña

El modelo político que inspiraba a aquellos hombres era el estado liberal de Gran Bretaña, «la más gloriosa creación de Dios y la naturaleza y al mismo tiempo la obra de arte más admirables de la humanidad», según el enciclopedista alemán Cari Welcker (1790-1869). Lo que impresionaba a los liberales europeos era la capacidad que tenía el sistema político británico de evitar la revolución mediante concesiones oportunas a las demandas liberales.Entre las Líneas En el poder desde 1832 hasta 1841, los whigs aprobaron toda una legislación que supuso la reforma de la Ley de Pobres (1834), la modificación del derecho penal y la creación de un sistema uniforme de gobierno municipal basado en los ayuntamientos elegidos por sufragio (el derecho al voto) (la Ley de Corporaciones Municipales de 1835). Entre 1832 y 1849 se crearon más de cien comisiones reales, fueron examinados muchos expertos, se compiló información, y los correspondientes informes fueron publicados en forma de libros blancos, de los que se vendían miles de copias en todo el país y que constituían una detallada base objetiva para el debate público. Cuando los whigs fueron finalmente echados del gobierno en las elecciones generales de 1841, subió al poder como primer ministro un nuevo tipo de tony, el eficaz y laborioso sir Robert Peel, que, como ministro del Interior con lord Liverpool (1770-1828) y luego con el duque de Wellington, había simplificado el derecho penal y se había hecho famoso por introducir en 1829 la Luerza de Policía Metropolitana de Londres, uniformada de azul, los llamados popularmente bobbies o peelers. Hombre reservado, poco expresivo, recto y racionalista en su carácter y en su trato, Peel estuvo siempre impulsado por una fuerte conciencia protestante, que, por ejemplo, lo llevó a oponerse a la concesión de la igualdad de derechos a los católicos en la década de 1820. El gobierno de Peel creó una divisa uniforme con billetes emitidos por el Banco de Inglaterra. La Ley de Sociedades Anónimas de 1844 obligaba a las empresas a registrarse y a publicar sus balances, medida necesaria en una época de especulaciones ferroviarias frenéticas. Peel puso además en orden las finanzas públicas introduciendo un impuesto sobre la renta, aceptado a regañadientes por la clase política.

Cartistas

Aunque tanto whigs como lores eran, en términos europeos, liberales moderados, en Gran Bretaña hubo también el equivalente de los radicales y los demócratas que habían surgido en el continente.Entre las Líneas En los nuevos distritos industriales del país aparecieron en las décadas de 1830 y 1840 numerosas variedades de organizaciones obreras de autoayuda, en particular mutualidades como la Rochdale Equitable Pioneers’ Society, fundada en 1844, que estableció cooperativas de consumo cuyos miembros podían comprar productos a precios más baratos.Si, Pero: Pero el más abiertamente político de esos grupos fue el movimiento cartista, así llamado porque se basaba en un documento denominado «Carta de los Trabajadores», redactado en mayo de 1838 por un grupo de diputados radicales. A diferencia de los jacobinos o de los conspiradores de Gato Street o de los socialistas utópicos, los cartistas creían en el sistema parlamentario, pero querían que la Cámara de los Comunes fuera elegida en elecciones democráticas, mediante voto secreto y en distritos electorales iguales. Encontraron un vigoroso orador en el irlandés Feargus O’Connor (1794-1855), antiguo diputado y defensor de la derogación de la Ley de Unión de Irlanda. Hombre alto, de más de metro ochenta de estatura, y notablemente ingenioso, O’Connor resultaba atractivo a las «caras sin afeitar, las manos encallecidas y las chaquetas de fustán», no a las clases respetables.Entre las Líneas En una serie de mítines multitudinarios, se dirigió a decenas de miles de cartistas con su voz atronadora, ganándoselos para su causa con su vigorosa retórica.

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La «Carta de los Trabajadores»

El punto culminante de la agitación cartista se produjo en la convención de Londres de febrero de 1839, en la que las disputas entre los moderados y los radicales (algunos de ellos tocados con el gorro frigio) pusieron de manifiesto una grave división dentro del movimiento. Guando en julio de 1839 fue rechazada una petición acompañada de 1.283.000 firmas que instaba a la Cámara de los Comunes a adoptar la «Carta de los Trabajadores», el ala radical se volvió más extremista en su retórica, y varios de sus líderes fueron detenidos por sedición y encarcelados.Entre las Líneas En New Port, Monmouthshire, el cartista John Frost (1784-1877) organizó una manifestación de protesta que degeneró en insurrección violenta cuando varios millares de mineros, provistos de porras y armas de fuego, se presentaron en la cárcel de la localidad con la intención de liberar a otros cartistas que habían sido detenidos. Se mandó llamar a las tropas, que dispararon contra la multitud, matando a más de veinte personas.Entre las Líneas En total, en 1840 había 500 cartistas en prisión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Después de que la Cámara de los Comunes rechazara en 1842 una segunda petición, esta vez acompañada de más de 3.250.000 firmas, el cartismo fue extinguiéndose, y O’Connor decidió dedicar sus energías a la reforma agraria. El papel de principal grupo de presión del país recayó en la Liga contra la Ley del Grano, que gozó del vigoroso apoyo de la clase media a la supresión de los aranceles impuestos a la importación de grano, y que emprendió una campaña muy sofisticada y bien organizada que acabó con éxito en 1846.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Detalles

Los aristocráticos whigs votaron al lado de Peel, admitiendo la necesidad de hacer concesiones, pese a su identificación con los intereses de los terratenientes, pero una numerosa minoría de diputados tories, encabezados por un joven novelista y político oportunista, Benjamin Disraeli, entre los cuales había muchos miembros de la nobleza rural, votaron a favor de las Leyes del Grano y rompieron el partido, como consecuencia de lo cual los whigs volvieron al poder. La posición del cartismo se vio socavada por la mejora de la economía y por la demostración de la integridad del establishment político que había hecho Peel con sus reformas. De momento, los liberales moderados, representados por los whigs ingleses y por los tories reformistas de Peel, habían vencido claramente a los demócratas y a los radicales.

Liberalismo en Francia

En ninguna parte se manifestaron los dilemas del liberalismo moderado con más claridad que en Francia, donde sus representantes habían llegado al poder en la revolución de 1830. Tras superar la inestabilidad política crónica de la década de 1830, Frangois Guizot, historiador protestante cuyo padre había sido guillotinado durante el Terror, logró instaurar en 1840 un gobierno estable que duraría hasta 1848. Con el paso del tiempo Guizot fue volviéndose más conservador. «No ser republicano a los veinte años es una prueba de falta de corazón —comentó en cierta ocasión—. Serlo a los treinta es una prueba de falta de cabeza». Anglofilo declarado, que tradujo a Shakespeare y publicó una colección de documentos históricos ingleses en treinta y un volúmenes, Guizot fue el arquetipo de apóstol de la monarquía constitucional al estilo británico. Su compromiso con el orden establecido era incuestionable. Su ambición, decía uno de sus críticos, era «ser incorporado a la pandilla de Metternich de todos los países». Su respuesta a los que se quejaban de no tener derecho a voto porque no poseían los mil francos de renta al año que requería el sufragio (el derecho al voto) censitario, ponía de manifiesto el materialismo ínsito en la Monarquía de Julio: «¡Enriquézcanse!». Fas restricciones del derecho de sufragio (el derecho al voto) permanecieron inalterables hasta la caída del régimen.Entre las Líneas En Inglaterra, en cambio, el electorado era ya proporcionalmente más numeroso antes incluso de la reforma de 1832 (el 3,2 % de la población británica, frente al 0,5 % de la francesa), y el miedo a la revolución, propagado en Londres por los sucesos de París acontecidos dos años antes, había provocado una sustancial ampliación del electorado, que durante muchos años permitió desactivar la campaña en pro de la democracia.

Leyes

El principal logro de Guizot se sitúa en el ámbito de la educación, en el que, además de crear las escuelas normales de maestros, estableció el principio de que cada municipio o grupo de municipios tuviera una escuela de enseñanza primaria, y de que hubiera un instituto de enseñanza secundaria en cada población de más de 6.000 habitantes.Si, Pero: Pero recibió muchas críticas por las restricciones impuestas en 1835 a la libertad de prensa (véase; y también libertad de creación de medios de comunicación, libertad de imprenta, libertad de expresión, libertad de comunicación, libertad de información, libertades civiles, libertad de cátedra y la Convención sobre el Derecho Internacional de Rectificación, adoptada en Nueva York el 31 de marzo de 1953), que dieron lugar a más de 2.000 detenciones y al procesamiento ejemplarizante de 164 periodistas sediciosos. Las demandas de reforma social, decía, eran «quiméricas y desastrosas». La Ley de Talleres y Lábricas de 1841, que prohibía el empleo de niños menores de ocho años en las fábricas provistas de maquinaria, fue la única normativa en su especie hasta 1874 y distó mucho de ser eficaz.

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Otros Elementos

Por otro lado, se aprobaron leyes para facilitar la construcción de vías férreas, tendencia que se aceleró a lo largo de la década de 1840. No es de extrañar que Balzac calificara la Monarquía de Julio de «contrato de seguros concluido entre los ricos contra los pobres».

Escándalos

El gobierno de Guizot estuvo plagado de escándalos, especialmente en 1847, cuando salió a la luz que el ministro de Obras Públicas, Jean-Baptiste Teste (1780-1852), había aceptado de un ex ministro, el general Amédée Despans-Cubiéres (1786-1853), un soborno (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “bribery” en derecho anglosajón, en inglés) de cien mil francos por permitirle renovar la concesión de una mina de sal. Corrupciones de este tipo fueron poniendo a la Monarquía de Julio cada vez más en cuestión a medida que la década se acercaba a su fin.

Fuente: la lucha por el poder (todos los títulos son nuestros)

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