Nomos
Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] (del griego νόμος, nomos, que originariamente se relacionaba con németai, algo que es repartido o distribuido equitativamente, y que presupone un sujeto que reparte o distribuye)
Primitivamente, significaba reparto equitativo.
Secuencia
Posteriormente, este término vino a significar ley, usos, costumbres o normas, dispensadas a partir de alguna entidad (que puede ser cada pueblo, el estado o los dioses) que las legitima o les confiere sentido.
La reflexión sobre el origen y el fundamento de las leyes y normas se inició ya desde los orígenes de la filosofía griega. Para Heráclito, por ejemplo, que aceptaba una única fuente dispensadora de sentido (el logos, que en general, se traduce habitualmente como razón, aunque también significa discurso, verbo, palabra; en cierta forma, pues, significa razón discursiva que muestra su sentido a través de la palabra), los nomoi proceden de una única ley eterna.
Pero en la época de los sofistas (presocráticos, pero después de Sócrates, Platón y Aristóteles, adquiere su significado aplicado a un amplio grupo de intelectuales, maestros y filósofos griegos de los siglos V y IV antes de nuestra era que tuvieron gran influencia y que, más que formar una escuela, compartían unos rasgos comunes como maestros de retórica y de cultura general), la noción de nómos se opuso tajantemente a la de physis (φύσις; ver más abajo), como lo artificial a lo natural, o como lo que es fruto de una mera convención a lo que es necesario. El significado de artificialidad aplicado al término nómos lo hallamos ya en Empédocles y Demócrito, para quien las cualidades sensibles existen solo en el nómos.Si, Pero: Pero para los sofistas, especialmente Antifonte, Hipias y Gorgias, este término no designa simplemente lo artificial, sino las leyes, las costumbres y las normas. De manera que la oposición entre nómos y physis ya no es la mera oposición general entre lo artificial y lo natural, como en Demócrito o Empédocles, sino que se refiere a la oposición entre lo que es por convención, en la esfera de lo político, de lo social y de lo legal, y lo que es propiamente natural. Por νόμος entendían fundamentalmente:
- los usos y costumbres basados en creencias tradicionales y convencionales sobre lo que es justo, y
- las leyes aprobadas, que elevan aquellos usos y costumbres a la categoría de obligaciones, vigiladas por la autoridad del Estado. De esta manera, señalaban que el origen y el fundamento de toda ley no era más que una serie de costumbres o usos originados por mera convención, o por la conveniencia de grupos sociales que se habían impuesto sobre los demás. (Concepción que enlazaba con la del contrato social como origen de la sociedad).
Para los sofistas mencionados, y especialmente para Trasímaco, Calicles y Antifonte, el nómos tiraniza al hombre y, muchas veces, le obliga a actuar contra la naturaleza (contra la physis), de los otros hombres y contra la propia naturaleza. Al nómos o leyes convencionales oponen el único derecho verdadero, el que tiene como fundamento la propia naturaleza.
Aviso
No obstante, no todos los sofistas estaban en contra de la aceptación y legitimación del nómos pues Protágoras y Critias, por ejemplo, sustentaban una concepción del progreso de la humanidad basada en la necesidad de las leyes para sacar a la humanidad primitiva de la barbarie y convertirla en civilizada.
Sócrates y Platón, en cambio, vuelven a considerar la existencia de una fundamentación de las leyes, más allá de la mera convención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Platón considera que, si bien es cierto que las leyes son producto de la mente humana, también la misma physis, en cuanto producto del demiurgo divino (véase demiurgo más abajo), tiene su fundamento en un «dispensador» y, por tanto, sigue teniendo carácter de nómos. A partir de Aristóteles se vuelve a considerar la diferencia entre el derecho de origen natural y el derecho positivo o instituido por el hombre, y se señala que éste no debe atentar contra aquél. Posteriormente la tradición iusnaturalista insistirá en el fundamento natural de las leyes.
Autor: Cambó
Physis
(del griego φύσις, physis. Procede de la raíz indoeuropea bhû que en sánscrito significa nacer, producirse algo, brotar, o como sustantivo: lugar, estado.Entre las Líneas En este sentido puede traducirse por naturaleza -del latín nascor- que también significa nacer, generar)
En su primera acepción, pues, la physis designa tanto el origen como el desarrollo de cualquier cosa o proceso. Especialmente éste es el sentido que adquiere en la primera filosofía presocrática, razón por la que Aristóteles les llama los físicos (refiriéndose a los jónicos, Empédocles, Anaxágoras y los atomistas, y excluyendo a los eleatas y los pitagóricos: Física, 184b 17).Entre las Líneas En cuanto que para los milesios la physis es la causa de todo movimiento y de toda vida, esta noción va unida a su hilozoísmo. Para esta concepción (el hilozoismo), la materia misma está animada y no precisa de la concurrencia de principios vitales extrínsecos.
En relación al hilozoísmo, puesto que Tales de Mileto afirmaba que «todo está lleno de dioses» (en donde el término «dios» hay que entenderlo seguramente en el sentido de energía, vitalidad, ya que pensaba que para él la vida era la propiedad básica de la physis), se aplica, generalmente, este término para calificar el pensamiento de los milesios, los primeros filósofos jonios, pero también se ha usado para calificar el pensamiento de Anaxágoras y los estoicos y, en general, de los presocráticos
En el período sofista la physis se contrapone al nomos, como aquello que tiene su razón de ser en sí mismo respecto de lo que es fruto de un convenio, acuerdo o convención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). De ahí que Antifonte afirme que mientras las leyes humanas pueden ser transgredidas, las leyes de la physis no pueden serlo (ver naturaleza y convención).
Para Aristóteles mismo la physis es la causa inmanente de todo cambio, por tanto, del reposo y del movimiento (Física, 192b 13 y ss., ver texto). O dicho de otra manera, es la esencia de los seres que poseen en sí mismos el principio de su movimiento. Ello permite distinguir las cosas que son por physis, de las cosas que son por techné (τέχνη), o cosas artificiales y que implican la intervención de la actividad humana. También las cosas que son por physis se distinguen de los entes no engendrados o eternos, objeto de estudio de las matemáticas y la filosofía primera.Entre las Líneas En lo que es natural rige el principio inmanente del cambio que impulsa dichas cosas hacia la realización plena de su propia esencia en función de un fin (teleología), mientras que lo que es artificial (por τέχνη) es un mero artefacto que no posee en sí mismo actividad, y en la medida en que la posee es porque accidentalmente está constituido por madera, hierro, tierra o cualquier otro elemento natural.
Posteriormente los estoicos relacionarán la physis con el fuego (Πύρ) y, en cuanto que principio activo, la asociarán con el logos (λόγος). La ética, según ellos, deriva de las leyes de la misma physis, y el sabio es quien sigue los designios de la naturaleza. Por su parte los neoplatónicos conciben la physis como la parte más inferior del alma, en contacto con lo que ya casi propiamente no es, razón por la que Plotino define la physis como el alma fuera de sí.Entre las Líneas En el cristianismo, fuertemente influenciado por el estoicismo y el neoplatonismo (éste es un conjunto de doctrinas y escuelas de renovación del pensamiento de Platón interpretado especialmente desde una perspectiva religiosa), se tiene en cuenta, no obstante, la necesaria separación entre Dios creador y naturaleza creada, puesto que se trata de una teología de la pura trascendencia, no de la inmanencia propia del pensamiento pagano. De ahí la famosa división entre natura naturans y natura naturata.
En la época contemporánea Heidegger ha señalado que la antigua noción de physis no debe entenderse simplemente como un nacer sin más, ni con la fuerza o poder que engendra este nacer, sino que, en relación con la concepción del ser como presencia, Heidegger dice que la physis es un nacer entendido como salir a la luz lo oculto y, por tanto, es un desocultamiento (en relación con la noción de alétheia- ἀλήθεια-), un hacerse presente, como lo destaca el aforismo de Heráclito: «la naturaleza se complace en ocultarse». De esta manera la physis destaca el ser de lo ente, o delimita lo propiamente verdadero porque nace de sí mismo.
Nota: Una versión moderna de hilozoísmo se halla en la hipótesis «Gaia», de James Lovelock, que sostiene que la Tierra está viva, con estas palabras:
“El concepto de que la Tierra es mantenida y regulada de forma activa por la vida de la superficie tuvo sus orígenes en la búsqueda de vida en Marte. Todo empezó una mañana durante la primavera de 1961, cuando el cartero me trajo una carta que estaba tan llena de promesas y excitación como la primera carta de amor. Era una invitación de la NASA para ser un investigador experimental en su primera misión instrumental lunar. […]
La hipótesis de Gaia supone que la Tierra está viva y considera los datos que existen a favor y en contra de esta suposición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La presenté por primera vez a mis colegas científicos en 1971 en forma de una nota titulada «Gaia vista desde la atmósfera». Era un escrito breve, que solo ocupaba una página de la revista Atmospheric Environment.
Informaciones
Los datos que la apoyaban se habían obtenido principalmente a partir de la composición atmosférica de la Tierra y su estado de desequilibrio químico. Estos se resumen en la tabla 1.1 donde se comparan con la composición actual de las atmósferas de Marte y Venus, y con la hipótesis de cuál sería ahora la atmósfera de la Tierra si nunca hubiera tenido vida. Después de largas e intensas discusiones, Lynn Mangulis y yo publicamos unos argumentos más detallados y concisos en las revistas Tellus e Icarus. Luego, en 1979, Oxford University Press publicó mi libro: Gaia: Una nueva visión de la vida sobre la Tierra, que recogió todas las ideas desarrolladas por nosotros hasta aquel momento. Empecé a escribir este libro en 1976, cuando las naves Viking de la NASA estaban a punto de aterrizar en Marte. Utilicé su presencia allí como exploradores planetarios para establecer el escenario para el descubrimiento de Gaia, el organismo vivo más grande del Sistema Solar.”
Autor: Cambó
Naturaleza y convención
Uno de los núcleos de la reflexión de los sofistas es la oposición entre physis (φύσις, naturaleza) y nomos (νόμος, normas de conducta), ya que estos autores defienden que todas las leyes, normas sociales, valores morales e instituciones políticas son fruto de una convención humana y no derivan de la naturaleza.
Así, Mosterín, sobre la naturaleza y convención, escribió lo siguiente (Grandes temas de la filosofía actual, Aula Abierta, Salvat):
“La reflexión filosófica y científica fue en sus orígenes una reflexión sobre la naturaleza -physis-, una physiologia, como la caracterizarían los pensadores posteriores. La naturaleza -la physis- abarca todos aquellos objetos (astros, vientos, lluvias, peces…) y aspectos del Universo que no dependen de nuestra voluntad o nuestro acuerdo, objetos y aspectos que nos es dado descubrir, pero sobre los que no tenemos nada que decir o convenir, pues son lo que son de por sí y con independencia de nuestras convenciones.
Los pensadores griegos de la segunda mitad del siglo V. a. de C. se dieron cuenta de que nuestra vida no solo se ve afectada por la naturaleza, sino también por todas las convenciones -nomoi- de la sociedad en que vivimos. Las convenciones dependen de nuestra voluntad y nuestro acuerdo, carecen de existencia natural. La contraposición entre physis -naturaleza- y nómos -convención- se convirtió en el centro de todas las discusiones y en la base de la primera ilustración que registra nuestra historia.
Las discusiones giraban en torno a la cuestión de qué aspectos de la vida social y cultural son los que decimos que son por naturaleza -physei- y cuáles otros lo son por convención -nómo-.Entre las Líneas En estas discusiones algunos pensadores, como Platón, adoptaban una posición fuertemente anticonvencionalista, mientras que otros, como los llamados sofistas, solían optar por el convencionalismo.
Las propiedades de un objeto pueden ser naturales o convencionales. Una vaca sagrada es vaca por naturaleza y sagrada por convención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El calvo que nos preside es calvo por naturaleza y preside por convención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La palabra francesa /wi/, oui, es monosílaba por naturaleza, y significa sí por convención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Córcega es una isla por naturaleza y es francesa por convención.
Las relaciones entre objetos pueden ser también tanto naturales como convencionales. El hijo está en una relación natural de parentesco con su madre y en una relación convencional de parentesco con su suegra.
El territorio peninsular español está unido al portugués por naturaleza y separado por convención, mientras que está separado por naturaleza de las islas Canarias, a las que, sin embargo, está unido por convención.
En la realidad se dan también necesidades, posibilidades e imposibilidades tanto naturales como convencionales. Por naturaleza es imposible que una mujer tenga más de 500 hijos (pues solo tiene 400 óvulos), mientras que es posible que un hombre los tenga (pues dispone de muchos millones de espermatozoides).
Por naturaleza es imposible ser a la vez urraca e hipopótamo, mientras que es posible ser simultáneamente mamífero e hipopótamo. Por convención no es posible tener a la vez la nacionalidad española y francesa, aunque sí es posible tener simultáneamente la española y la chilena. Por convención es imposible casarse con más de una mujer en España, pero es posible hacerlo en la Arabia Saudita. Y entre las muchas necesidades a que uno está sometido se encuentran las necesidades naturales de respirar mientras se vive y de morir algún día y las necesidades convencionales de pagar los impuestos y de hacer el servicio militar. Las leyes de la ciencia registran necesidades naturales, mientras que las leyes del Estado registran necesidades convencionales.
Una obligación es una necesidad convencional. Una permisión es una posibilidad convencional. Una prohibición es una imposibilidad convencional. Y todas esas modalidades convencionales -las obligaciones, las permisiones y las prohibiciones- constituyen las normas. Una norma es una obligación o una permisión o una prohibición.
Las normas nunca aparecen aisladas. Por lo pronto, toda norma implica ya otras normas. Así, la norma de que es obligatorio hacer algo implica la norma de que está permitido hacerlo. Y una norma puede también contradecir a otras. Así, la norma de que está permitido hacer algo contradice a la norma de que está prohibido hacerlo. Precisamente las relaciones de implicación y contradicción entre normas constituyen el tema de la lógica deóntica, que es una rama de la lógica modal, la lógica de las modalidades convencionales.
Las normas están siempre integradas en sistemas de normas llamados códigos normativos.Lo mínimo que se puede exigir de un código normativo es que sea coherente, es decir, que no implique normas que se contradigan entre sí.Si, Pero: Pero la exigencia de coherencia deja el contenido del código indeterminado. Este contenido se articula en normas, en las normas que son válidas respecto a ese código.
Lo primero que hay que subrayar es que las normas no son válidas o inválidas en sí mismas, sino solo respecto de un código normativo determinado. Consiguientemente, los enunciados que expresan normas tampoco son verdaderos o falsos en sí mismos, sino solo con referencia a un código normativo determinado. Por eso las preguntas normativas carecen de sentido, a no ser que estén relativizadas o referidas a un código.
¿Está permitido tocar el balón con la mano? Depende (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Respecto al código normativo del baloncesto, sí, pero en el fútbol, no. ¿Está permitido tocar el balón con el pie? Depende.Entre las Líneas En el fútbol está permitido, pero en el baloncesto está prohibido.
Alguien podría preguntar: Dejémonos de códigos relativos.Entre las Líneas En sí mismo, en el fondo, de verdad, ¿está prohibido o permitido tocar el balón con el pie (o con la mano)? ¿tengo derecho a hacerlo o no?La preguntacarece de sentido. Está prohibido o permitido, según el juego al que estemos jugando. Las prohibiciones, permisiones y obligaciones son relativas al juego o código. Según el código de la circulación inglés es obligatorio circular por la izquierda. Según el francés, es obligatorio circular por la derecha. La obligación o prohibición de circular en un sentido o en otro depende del código de circulación al que nos referimos.
¿Está permitido deducir una fórmula a a partir de su doble negación, ¬¬a? En la lógica clásica, sí; en la intuicionista, no. Pero, con independencia de lógicas particulares, en sí mismo, ¿está permitido o no? La pregunta carece de sentido. ¿Qué significa /wi/? En francés significa sí; en inglés, nosotros.Si, Pero: Pero en sí mismo, con independencia del francés, del inglés y de toda otra lengua, ¿qué significa /wi/? Evidentemente, la pregunta no tiene sentido. ¿Con cuántas mujeres me puedo casar, con cuántas mujeres tengo derecho a casarme, con cuántas mujeres me está permitido casarme? Con ninguna, según los austeros códigos normativos de los cátaros y anabaptistas. Con una o ninguna, según los códigos matrimoniales de tradición cristiano-occidental. Obligatoriamente con una, según las normas dictadas por Octavianus Augustus en Roma a principios de nuestra era. Con tantas como pueda alimentar, hasta cuatro, según el código islámico. Con un número de mujeres proporcional al de mis vacas, según el código masai, etc. Alguien puede preguntar: con independencia de esos y otros muchos códigos históricos o imaginables, en sí mismo y desde un punto de vista absoluto, ¿con cuántas mujeres puede casarse un hombre? La pregunta carece de sentido.
La validez de una norma es siempre relativa a un cierto código, juego o institución. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Hay que reconocer el relativismo insuperable de las normas. Y lo mismo ocurre con las propiedades y relaciones convencionales. La llegada a la pubertad es la adquisición de una propiedad natural, pero la llegada a la mayoría de edad consiste en la adquisición de una propiedad convencional. Por eso el Parlamento puede alterar por decreto la edad a la que los jóvenes alcanzan la mayoría de edad, pero no puede decidir con qué edad los infantes llegan a la pubertad. Y un tratado o acuerdo entre dos Estados puede alterar la frontera política entre ambos, que es convencional, pero no la costa que separa una isla del mar, que es natural. Por eso tiene sentido preguntar por la pubertad o la costa con independencia de los códigos normativos, pero carece de sentido preguntar por las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) o la mayoría de edad sin referencia a los mismos.”
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Así, la mayoría de los sofistas oponen nomos (conjunto de leyes y ordenaciones sociales) a physis (naturaleza), con lo que, a la vez que se oponían a la tesis del fundamento natural de las leyes y costumbres, y a su pretendido origen en una ley eterna u orden universal del que las leyes humanas serían meros desarrollos, también rechazaban las concepciones míticas y religiosas que hacían derivar el poder y las leyes de los dioses. Basándose en esta misma oposición entre lo que tiene fundamento natural y lo que es meramente convencional, también sustentaron que las normas morales son convencionales, y declararon que lo único que hay de natural en el comportamiento humano es el ansia de placer y la ley del más fuerte, que queda negada por las leyes convencionales. Protágoras afirmó que las instituciones políticas y las costumbres sociales son fruto de contratos sociales entre los hombres para permitir la convivencia y superar la ley del más fuerte. Trasímaco también afirmaba que las leyes humanas son meras convenciones y, como Gorgias, defendía que dichas leyes están destinadas a impedir que los más fuertes puedan valerse de su derecho natural a la fuerza. También Antifonte abundó en esta oposición entre naturaleza y convención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Esto destacaba todavía más el carácter antinatural de las leyes, ya que por naturaleza lo normal sería que el más fuerte dominase al más débil, como acontece con todos los animales.
En general, la oposición entre naturaleza y convención en el fundamento de las leyes será adoptada por los defensores de las teorías del contrato social, como Rousseau, por ejemplo, y por los críticos del iusnaturalismo.
Autor: Cambó
Demiurgo
Término que en el griego antiguo se aplicaba al trabajador o artesano en general, al que hace los trabajos en el pueblo, y que Platón aplica en el Timeo, al artífice del universo, al Dios ordenador de mundo, que propiamente no crea, sino que, como hacían los dioses de las cosmogonías, impone el orden a partir del caos. El artífice o el obrero no crea los materiales con que obra, sino que los dispone para un buen fin; del mismo modo, el demiurgo platónico no crea de la nada, sino que dispone de un material preexistente, la materia y el receptáculo, y con ellos él, «la más perfecta y mejor de las causas», construye el universo a semejanza de las ideas (paradeígma); por esto el universo ha de ser forzosamente bello y bueno. Así, Platón escribe sobre el demiurgo en Timeo:
“Ahora bien: según yo veo las cosas, se pueden en primer lugar establecer las siguientes divisiones. ¿Cuál es el ser eterno que no nace jamás y cuál es aquel que nace siempre y no existe nunca? El primero es aprehendido por la inteligencia y el raciocinio, pues es constantemente idéntico a sí mismo. El segundo es objeto de la opinión unida a la sensación irracional, ya que nace y muere, pero no existe jamás realmente.
Todo lo que nace, nace necesariamente por la acción de una causa, pues es imposible que, sea lo que sea, pueda nacer sin causa. Así, pues, todas las veces que el demiurgo, con sus ojos sin cesar puestos en lo que es idéntico a sí, se sirve de un modelo de tal clase, todas las veces que él se esfuerza por realizar en su obra la forma y las propiedades de aquello, todo lo que de esta manera produce es necesariamente bello y bueno.. […]
Ahora bien: según hemos dicho, es necesario que todo lo que ha nacido haya nacido por la acción de una causa determinada.
Puntualización
Sin embargo, descubrir al autor y al padre de este Cosmos es una gran hazaña y, una vez se lo ha descubierto, es imposible divulgarlo de modo que llegue a todo el mundo.
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Existe, pues, al principio, el «modelo» (las ideas) y la «copia del modelo». El primero es el «ser eterno que no nace jamás», y el segundo el ser «que nace y muere, pero no existe jamás realmente». Éste comprende el «receptáculo» -«la madre y receptáculo de todo lo que nace y es generado»-, el espacio o el conjunto de la materia informe, y los elementos materiales (tierra, aire, fuego y agua) en forma de cualidades susceptibles de transformarse unas en otras.
El demiurgo da forma geométrica a las cualidades primarias (la de los sólidos regulares), que se transforman en los elementos primarios del universo, según la tradición presocrática, que arranca sobre todo de Empédocles. De éstos proceden las sustancias que constituyen el mundo que vemos, que el demiurgo ha conformado según los modelos de todas las cosas. Al mundo así constituido el artífice le impone un alma; pues todo lo vivo ha de tener un principio de vida. El alma del mundo se compone de la mezcla de lo que es propio del mundo de las ideas y de lo que es propio del mundo copia de las ideas: de «identidad» (lo mismo) y «diferencia» (lo otro) y de la mezcla de ambas (ver lo mismo y lo otro), por lo que se compone de tres sustancias. Finalmente, para que la copia sea lo más semejante posible a la realidad, fabrica también el demiurgo una copia de la eternidad: el tiempo, «imagen eterna que progresa según la serie de los números».
El concepto de demiurgo no es en Platón más que un artificio mitológico con el que personifica la inteligibilidad del universo. La imagen, muy difundida en la literatura poética, apenas ha tenido -neoplatónicos aparte- eco filosófico en unos pocos filósofos: J. Stuart Mill, por ejemplo, llama demiurgo a Dios por el hecho de que su poder está limitado por la materia de aquello que crea.
Autor: Cambó
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