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Preclusión

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Preclusión

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Definición de Preclusión en Derecho español

Principio que inspira la Legislación procesal, en virtud del cual, para que los actos procesales sean eficaces, han de realizarse en el momento procesal oportuno, careciendo de validez en otro caso.
A continuación se examinará el significado.

¿Cómo se define? Concepto y Caracteres de Preclusión en Derecho

Definición y descripción de Preclusión ofrecido por el Diccionario Jurídico Mexicano (1994), de la Suprema Corte de Justicia de México: (escrito por Ignacio Medina Lima) (Del latín praecludo, praeclusi, praeclusum, que quiere decir cerrar, atrancar, obstruir, impedir, caducar, extinguirse.) El profesor Couture afirmó que preclusión es un modernismo jurídico de este siglo, tomado del inglés, percusión y este sustantivo, a su vez, del latín praecludo-ere, compuesto de prae adelante de y cludo-ere, cerrar.Entre las Líneas En francés se dice forclusion, equivalente a decaimiento, extinción, así relevé de forclusion, significa, exento de preclusión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Más sobre el Significado de Preclusión

Independientemente de su denominación técnica, el fenómeno en que la preclusión consiste que ha manifestado desde la antigüedad como un importante factor de seguridad e irreversibilidad en el desarrollo del proceso. Así se confirma al contemplar las grandes secciones en que se dividían los juicios, predominantemente orales, de aquellas épocas, como ocurría en la bipartición que éstos presentaban en el derecho romano durante el sistema formulario, en las fases llamadas, la primera, in jure, que se realizaba ante el magistrado, y la segunda apud judicem, ante los jueces, que hacía por si sola imposible la repetición o modificación de los actos efectuados durante la primera fase, una vez iniciada la sustanciación de la segunda, sencillamente porque, diríamos ahora había precluido, una vez agotada la fase in jure, mediante la lifis contestatio, toda posibilidad de ampliar o modificar los términos de la controversia. La segunda fase, in judicio, tenía lugar después ante el iudex, previamente programada por el magistrado en la fórmula que él mismo entregaba al demandante.

Desarrollo

Robert Wyness Millar explica cómo en el derecho germánico la división en fases se manifestaba en los distintos actos atinentes a la prueba: “La primera para determinar si las partes acudieron con derecho al tribunal; la segunda para resolver a cuál de ellas correspondía el derecho de suministrar la prueba, así como para emitir la famosa sentencia probatoria…. y la tercera para controlar la prueba y decidir si había tenido éxito”. Conforme la técnica formal del procedimiento va evolucionando, la regulación de los actos en función de tiempo se va acentuando y distribuyendo, no únicamente en las grandes etapas, sino también en el tránsito de unos a otros momentos y se van demarcando todos mediante la clausura o decaimiento de posibilidades de obrar para las partes, que no otra cosa en la preclusión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Más Detalles

Durante la Edad Media, en la que prevaleció la forma escrita en el proceso común o romano-canónico, éste amplió la división en fases al fijar plazos para la realización de los actos del juicio so pena de perder definitivamente la oportunidad. Consumada la preclusión el juicio continuaba su curso hasta la decisión final. Se opone al sistema que nos ocupa, el de orden discrecional de los actos, según el cual las partes pueden suscitar nuevas cuestiones o presentar nuevas pruebas en cualquier estado del negocio hasta el momento de la sentencia.

Forclusión o Preclusión en Psicoanálisi

La noción de «forclusíón» ha sido estudiada por Damourette y Pichon, en su obra Des Mots à la
Pensée. Essai de Grammaire de la langue française, en oposición al modo «discordancial». El
idioma francés, señalan estos autores, «dispone de una negación en dos partes»: «nepas,
ne-jamais, ne-rien» (no, nunca, nada). La primera de esas partes se denomina «discordancial».
Se emplea en las proposiciones completivas regidas por verbos que expresan temor, precaución
o impedimento. En el temor, por ejemplo, hay discordancia entre el deseo del sujeto de la principal
y la posibilidad que encara; en el impedimento, hay discordancia entre el fenómeno que debería
producirse y la fuerza que lo impide.
«La segunda parte de la negación francesa, constituida por palabras como rien, jamais, aucun,
personne, plus, guére, se aplica a los hechos que el locutor no encara como formando parte de
la realidad. Esos hechos están de alguna manera forcluidos, de modo que a esa segunda parte
de la negación le damos el «nombre de forclusiva». «Con los verbos défier, défendre, prévenir,
désespérer, garder -continúan los autores-, el forclusivo excluye el hecho subordinado de las
posibilidades futuras, pero la lengua sabe dar un giro aún más audaz y particularmente
interesante desde el punto de vista psicológico: un hecho que ha existido en realidad es
efectivamente excluido de pasado. El siguiente ejemplo ha sido tomado de un libro cuyo título es
Esterhazy est mort: «”Para mí -dijo-, el affaire Dreyfus es desde ahora un libro cerrado”. Hasta la
hora de su muerte tuvo que arrepentirse de haberlo abierto alguna vez.»
Desde esa época, los autores tuvieron la presciencia de que esta noción de forclusión tenía la
vocación de insertarse en el aparato conceptual del psicoanálisis; esa presciencia se basaba,
no sólo en consideraciones generales, sino también en su propia elaboración del proceso de la
«escotomización». «El lenguaje -escriben- es un mavarilloso espejo de las profundidades del
inconsciente para quien sabe descifrar sus imágenes. El arrepentimiento es el deseo de que una
cosa pasada, y por lo tanto irreparable, no haya existido nunca; la lengua francesa, mediante el
forclusivo, expresa ese deseo de escotomización, traduciendo así el fenómeno normal del que la
escotomización -descrita en la patología mental por Laforgue y uno de nosotros- es la
exageración patológica» (cf. E. Pichon y R. Laforgue, «La notion de Schizonoya», en le Rêve et
la Psychanalyse).
Siguen una serie de empleos, y los ejemplos son entonces comentados en términos que
convergen en la idea de una exclusión de la realidad.
«En todos estos ejemplos se puede descubrir la forclusión. Thérése piensa que experimentar la
embriaguez soñada está fuera de las posibilidades de este mundo. Hablar de otra cosa que no
sea la muerte de Mallarmé es imposible para el señor A. Gide en el momento en que escribe. Está
excluido que las criaturas de los bosques tengan el prurito de tomar prestada la razón del
hombre. Platón puede ver que la exageración es extraña al decir de Germain Nouveau.
Finalmente, la señora A. cree que el fenómeno del que habla ha sido siempre tan excesivo.»
Ahora bien, el uso francés del término «forclore» [forcluir] coincide con el comentario
desarrollado por Brentano en su Psychologie du point de vue empirique con respecto a la
función de la Verwerfung en su aplicación al juicio.
En efecto, el capítulo VII del libro II de la obra, «la representación y el juicio considerados como
cláusulas fundamentales distintas», se refiere en particular al reconocimiento (Anerkennung) y el
rechazo (Verwerfung), en tanto que posicionamientos existenciales distintos de la ligazón
predicativa. Ahora bien, en 1915 y 1920 varios textos de Freud nos confirman, por el empleo que
él hace de esos términos, la influencia profunda que ejerció sobre el desarrollo de su
pensamiento su asistencia asidua a los cursos de Brentano.
En 1915, en el artículo sobre la represión, se tratará de situar la noción de Verwerfung con
relación a ese proceso. En 1917, las Conferencias de introducción al psicoanálisis (véase sobre el enfoque de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el psicoanálisis en la filosofía, el modelo de psicoanálisis, la teoría del psicoanálisis, la psicología y la terapia psicoanalítica) retoman su
interpretación en la exploración general de la resistencia y la regresión. Esos primeros enfoques
reciben el respaldo del artículo sobre la negación en 1921. El problema consiste entonces en
captar en qué medida resultó determinante para la cuestión el desplazamiento del centro de la
teoría, desde la interpretación de las neurosis a la interpretación de las psicosis.
La noción de Verwerfung fue introducida en 1915 en el artículo dedicado a la represión, sobre la
base de una distinción entre las reacciones respectivamente oponibles a las estimulaciones
internas y externas. Mientras que estas últimas se pueden eludir por medio de la fuga, las
primeras (estimulaciones pulsionales que provienen del interior del organismo) no son
susceptibles de una evitación de ese tipo.
Por lo tanto, Freud buscará con empeño un equivalente, y lo encontrará en ese repudio por el yo
que es la Verwerfung.
El análisis más sugerente será realizado en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, y
es especialmente significativo por cuanto se desarrolla en el capítulo sobre la regresión,
anunciando así la interpretación que propondrá Lacan de la regresión psicótica con el título de
«forclusión del Nombre-del-Padre».
Para Freud la forclusión, que se define como la incapacidad del yo para huir de sí mismo, entraña
en efecto el repudio de la identificación, en cuanto ella se basa en la asunción del patronímico, tal
como Freud lo enunciará explícitamente en Moisés y la religión monoteísta.
«La represión -escribe Freud- es la condición preliminar de la formación de síntomas, pero es
también algo de lo que no conocemos nada análogo. Tomemos un impulso, un proceso psíquico
dotado de una tendencia a transformarse en acción: sabemos que ese impulso puede ser
descartado, rechazado, condenado. De tal modo la energía de que dispone le es sustraída; se
vuelve impotente, pero puede subsistir en calidad de recuerdo. Todas las decisiones cuyo objeto
es ese impulso se toman bajo el control consciente del yo. Las cosas deberían suceder de otro
modo cuando el mismo impulso sufre una represión. Conservaría su energía, pero sin dejar junto
a ella ningún recuerdo. El proceso mismo de la represión se realizaría sin que el yo lo notase. Se
advierte que esta comparación no nos acerca en absoluto a la comprensión de la naturaleza de
la represión.»
Así, el repudio al que se refiere la Verwerfung encontrará sus raíces en la expulsión de un
contenido de experiencia fuera del yo, en función del principio de placer.
Esto es lo que Freud recuerda en 1925, en su artículo sobre la negación. La existencia en la
realidad encontraba negada su representación. «El estudio del juicio nos revela y quizá por vez
primera nos permite penetrar en el modo en que se engendra una función intelectual a partir del
juego de las mociones pulsionales primarias. El juzgar es el desarrollo ulterior, adecuado a un fin,
de la inclusión en el yo o de la expulsión fuera del yo que, originalmente, se rigieron por el
principio de placer. Su polaridad parece corresponder a la oposición de los dos grupos de
pulsiones cuya hipótesis hemos aceptado, La afirmación -como sustituto de la unión- pertenece
al Eros; la negación -sucesora de la expulsión- pertenece a la pulsión de destrucción. Es
verosímil que el gusto generalizado por la negación, el negativismo de muchos psicóticos, tenga
que comprenderse como indicio de la desmezcla de pulsiones por retiro de los componentes
libidinales. Pero la operación de la función del juicio sólo resulta posible por la creación del
símbolo de la negación que le ha permitido al pensamiento un primer grado de independencia con
respecto a las consecuencias de la represión y, por ello, con respecto a la coacción del principio
de placer.»
Antes de haber sido ilustrado por Lacan con la expresión «forclusión del Nombre-del-Padre» en
la teoría de la psicosis, el alcance operatorio de esta noción se puso de manifiesto en Moisés y
la religión monoteísta, por la extensión que allí recibe al orden del desarrollo histórico.

Fuente: Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis. El aporte Freudiano. Pierre Kaufmann

Forclusión o Preclusión en Psicoanálisi

Alemán: Verwerfung.
Francés: Forclusion.
Inglés: Foreclosure.

Concepto elaborado por Jacques Lacan para designar un mecanismo específico de la psicosis
por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado afuera del universo
simbólico del sujeto. Cuando se produce este rechazo, el significante está forcluido. No está
integrado en el inconsciente, como en la represión, y retorna en forma alucinatoria en lo real del
sujeto.
El término forclusión fue introducido por Jacques Lacan el 4 de julio de 1956, en la última sesión
de su seminario dedicado a la psicosis, y a la lectura del comentario de Sigmund Freud sobre la
paranoia del jurista Daniel Paul Schreber.
Para comprender la génesis de este concepto, hay que relacionarlo con la utilización por
Hippolyte Bernheim, en 1895, de la noción de alucinación negativa: ésta designa la falta de
percepción de un objeto presente en el campo del sujeto, después de la hipnosis. Freud retomó
el término, pero dejó de emplearlo en 1917, en cuanto había propuesto en 1914 una nueva
clasificación de las neurosis, las psicosis y las perversiones en el marco de su teoría de la
castración. Le dio entonces el nombre de Verneinung al mecanismo verbal mediante el cual lo
reprimido es reconocido de manera negativa por el sujeto, sin ser no obstante aceptado: “No es
mi padre”. La expresión fué traducida al francés en 1934 como négation (negación). En cuanto a
la renegación (Verleugnung), Freud la caracterizó como la negativa del sujeto a reconocer la
realidad de una percepción negativa: por ejemplo, la ausencia de pene en la mujer.
Paralelamente, en Francia, Pichon, introducía el término escotomización para designar el
mecanismo de ceguera inconsciente mediante el cual el sujeto hacía desaparecer hechos
desagradables de su memoria o su conciencia. En 1925 una polémica opuso a Freud y René
Laforgue a propósito de esta palabra. Laforgue proponía traducir por escotomización tanto la
renegación (Verleugnung) como otro mecanismo, propio de la psicosis y sobre todo de la
esquizofrenia. Freud se negó a seguirlo, y distinguió la Verleugnung respecto de la Verdrüngung
(represión). La situación que describía Laforgue suscitaba la idea de una anulación de la
percepción, mientras que la expuesta por Freud mantenía la percepción en el marco de una
negatividad: actualización de una percepcion consistente en una renegación.
Desde el punto de vista clínico, la polémica entre los dos hombres reveló que faltaba crear un
término específico para designar el mecanismo de rechazo propio de la psicosis: esa palabra, en
efecto, no figuraba en el vocabulario freudiano, aunque Freud intentó elaborar su concepto.
Ése era el estado de cosas cuando Édouard Pichon publicó, en 1928, en colaboración con su tío
Jacques Damourette, un artículo titulado “Sur la signification psychologique de la négation en
français”. A partir de la lengua, y no ya de la clínica, tomaba del discurso jurídico el adjetivo
“forclusivo” para significar que el segundo miembro de la negación en francés se aplica a
hechos que la persona que habla ya no encara como formando parte de la realidad. Son hechos
de alguna manera forcluidos. El ejemplo que dan los autores no carece de humor, tratándose de
dos miembros de la Acción Francesa.
En efecto, citan las palabras de un periodista, extraídas del Journal del 18 de agosto de 1923, a
propósito de la muerte de Esterhazy: “El affaire Dreyfus, dijo [Esterhazy], es un libro en adelante
cerrado. Debió arrepentirse de haberlo abierto”. En francés: “de Favoir jamais ouvert”;
literalmente, “de haberlo abierto nunca”. Los autores subrayaban que el empleo del verbo
“arrepentirse” implicaba que un hecho ocurrido en realidad era efectivamente excluido del
pasado. Y relacionaban la escotomización con el forclusivo: “La lengua francesa, mediante el
forclusivo, expresa el deseo de escotomización, traduciendo de tal modo el fenómeno normal del
cual la escotomización descrita en patología mental por M. Laforgue y uno de nosotros [Pichon] es la exageración patológica”.
El 3 de febrero de 1954 Lacan comenzó a actualizar la cuestión del forclusivo y la
escotomización en oportunidad de un debate con el filósofo hegeliano Jean Hyppolite
(1907-1968), que por su parte encaraba la cuestión a través de la Verneinung, palabra que
proponía traducir como denegación, y no como negación. Lacan se inspiro en el trabajo de
Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), Phénoménologie de la perception, sobre todo en las
páginas de la obra consagradas a la alucinación como “fenómeno de desintegración de lo real”,
componente de la intencionalidad del sujeto.
En el análisis del caso del Hombre de los Lobos, publicado en 1918, Freud explicó que la génesis
del reconocimiento y el no reconocimiento de la castración en su paciente pasaba por una
actitud de rechazo (o Verwerfung) consistente en ver sólo la sexualidad desde el ángulo de una
teoría infantil: el comercio por el ano. Para ilustrar su idea, evocaba una alucinación que Serguei
Constantinovich Pankejeff había tenido en la infancia: se había “visto” el dedo meñique cortado
por su cortaplumas, advirtiendo después la inexistencia de la herida. A propósito del “rechazo de
una realidad presente como no existente”, Freud subrayó que no se trataba (le una represión,
pues “eine Verdrängung ist etwas anderes als eine Verwerfung” (una represión es algo distinto
de un rechazo).
Al comentar este texto en su diálogo de 1954 con Hyppolite, Lacan dio como equivalente francés
de Verwerfung la palabra retranchement (supresión). Dos años más tarde retomó la distinción
freudiana entre neurosis y psicosis, para aplicar la terminología según la cual, en la psicosis, la
realidad no es nunca verdaderamente escotomizada. Por último, después de haber comentado
intensamente la paranoia de Schreber, y más tarde elaborado el concepto de nombre-del -padre,
propuso traducir Verwerfung por forclusión. Entendía por tal el mecanismo específico de la
psicosis, definido a partir de la paranoia, consistente en el rechazo primordial de un significante
fundamental, expulsado afuera del universo simbólico del sujeto. Lacan distinguió este
mecanismo de la represión, subrayando que, en el primer caso, el significante forcluido o los
significantes que lo representan no pertenecen al inconsciente, sino que retornan (en lo real)
con una alucinación o delirio que invade la palabra o la percepción del sujeto.
Más tarde, el concepto de forclusión adquirió una extensión considerable en la literatura
lacaniana, al punto de que los discípulos del maestro francés terminaron por ver (o acaso
alucinar) su existencia en el corpus freudiano. No obstante, Freud no conceptualizó nunca ese
fenómeno de rechazo (Verwerfung), aunque, como lo demuestra su polémica con Laforgue,
siempre buscó la definición de un mecanismo de este tipo propio de la psicosis.

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Fuente: Diccionario de Psicoanálisis, Elisabeth Roudinesco
y
Michel Plon

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Forclusión o Preclusión en Psicoanálisi

Según J. Lacan, «defecto que le da a la psicosis su condición esencial, en la estructura que la separa de la neurosis» (De
una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, 1957).

El funcionamiento del lenguaje y las categorías topológicas de lo real, lo simbólico y lo imaginario permiten especificar este defecto de la siguiente manera: el significante que ha sido rechazado del orden simbólico reaparece en lo real, por ejemplo alucinatoriamente. Las perturbaciones que se siguen de ello en los tres registros de lo real, lo simbólico y lo imaginario (R.S.I.) dan a las psicosis sus diferentes configuraciones. El efecto radical de la forclusión sobre la estructura se da no sólo en el cambio de lugar del significante, sino también en el estatuto primordial de lo que es excluido: el padre como símbolo o significante del Nombre-del-Padre, cuyo significado
correlativo es el de la castración. Por eso es que, en ciertas condiciones, el sujeto psicótico se
encuentra enfrentado con una castración no simbólica, sino real.
El hombre de los lobos. La alucinación del dedo cortado, referida por el Hombre de los Lobos en
su psicoanálisis, permitió a Freud poner en evidencia un mecanismo distinto tanto de la represión
neurótica como de la desmentida perversa: la Verwerfung, que está en la base de la psicosis. El
término freudiano significa «rechazo». Lacan terminó por traducirlo como «forclusión». Esta
opción tiene el mérito de poner el acento, con una gran precisión, sobre esta característica: lo
que ha sido rechazado no puede retornar al mismo lugar de donde ha sido excluido. Este
proceso se distingue, por consiguiente, de la represión, pues lo reprimido retorna en su lugar de
origen, lo simbólico, donde primitivamente fue admitido.
La forclusión recae entonces sobre el significante. En el texto de Freud, la Verwerfung marca
cada vez la relación del sujeto con la castración: «La rechazó y se mantuvo en el statu quo del
comercio por el ano. Cuando digo: la rechazó, el sentido inmediato de esta expresión es que no
quiso saber nada de ella en el sentido de la represión. Esto quiere decir que propiamente no se
formuló ningún juicio sobre su existencia, sino que fue como si ella nunca hubiera existido».
Ya con ocasión de su análisis del mecanismo de la paranoia, en el caso Schreber, Freud se
había visto llevado a precisar que la alucinación no era un mecanismo proyectivo: «Más bien
reconocemos que lo que ha sido abolido en el interior vuelve del exterior».
La interpretación de Lacan. El episodio alucinatorio del Hombre de los Lobos autoriza varias
observaciones. Como este fenómeno está sustraído de las posibilidades de la palabra, se
acompaña de efectos cuyos rasgos principales fueron señalados por Lacan: el embudo
temporal en el que se hunde el sujeto, su mutismo aterrado, su sentimiento de irrealidad. El sujeto
choca con el símbolo cercenado, que por ello no entra en lo imaginario -donde su posición
femenina le quita todo sentido a su mutilación alucinatoria- sino que constituye para él algo que
no existe.
Este es un modo de interferencia entre lo simbólico y lo real.
Lacan se sirvió del artículo de Freud sobre la denegación para aislar el proceso de la forclusión
en una de las dos fases de la dialéctica que es propia de la denegación: la primera, de
simbolización o Bejahung -admisión que consiste en una «introducción en el sujeto»-, no ha
tenido lugar. La segunda, «de expulsión fuera del sujeto», constituye lo real en tanto subsiste
fuera de la simbolización. La forclusión «es exactamente lo que se opone a la Bejahung primaria
y constituye como tal lo que es expulsado». De allí, en ese mismo texto de los Escritos, la
formulación de Lacan: «Lo que no ha nacido a la luz de lo simbólico aparece en lo real».
La relación del sujeto con el significante. Si la castración se produce en lo real, ¿en qué registro
se sitúa el agente? Mientras que Freud considera la relación del sujeto con el padre, Lacan, en el
caso Schreber, aborda la cuestión de la relación del sujeto con el significante: «La atribución de
la procreación al padre no puede ser sino el efecto de un significante puro, de un reconocimiento
no del padre real, sino de lo que la religión nos ha enseñado a invocar como el nombre del
padre». Es el padre en su función simbólica de castración. Dicho de otro modo, en el orden del
lenguaje, él instaura el limite, el corte y al mismo tiempo la vectorización de la cadena o de su
sentido (fálico). Que un sujeto en condiciones electivas se encuentre con «un padre real» que
«llegue a ese lugar en el que no ha podido llamarlo antes» es desencadenante de la psicosis.
Pues, en lugar de encontrar correlativamente el apoyo del símbolo, no encuentra en ese lugar
sino el agujero abierto en lo simbólico por el efecto de la forclusión. «En el punto donde (…) es
llamado el padre real, puede por lo tanto responder en el Otro un puro y simple agujero, el que,
por carencia del efecto metafórico, provocará un agujero correspondiente en el lugar de la
significación fálica».
En esta coyuntura, puesto que el padre no es un significante, sólo puede ser una figura
imaginaria a la que el símbolo carente no puede hacer límite. Por lo tanto, la relación
inconmensurable del sujeto con él termina situada «en el orden de la potencia y no en el orden
del pacto».
La marca de la forclusión. La forclusión de ese significante primordial se registra por sus
efectos en el decir de un paciente psicótico. En ninguna otra parte, dice Lacan, el síntoma está
tan claramente articulado en la estructura misma. La cadena hablada se presenta sin límite y sin
vectorización. La perturbación de la relación con el significante se manifiesta en los trastornos
del lenguaje como los neologismos, las frases estereotipadas, la ausencia de metáforas. Al
haber cedido o no haberse establecido nunca los puntos de «capitonado» del discurso -puntos
de enlace fundamental entre el significante y el significado-, ocurre su desarrollo separado, con
la preeminencia del significante como tal, vaciado de significación. Se da la emergencia de
fenómenos automáticos en los que el lenguaje se pone a hablar solo, alucinatoriamente.
Es entonces lo real mismo lo que se pone a hablar.
La regresión «no genética, sino tópica al estadio del espejo», sitúa al sujeto en la alienación de
una captura imaginaria radical, reduciéndolo a una posición intimidada. Pero este registro le
ofrece también al sujeto una muleta. Pues, como dice Lacan en el Seminario III, 1955-56, «Las
psicosis» (1981), «tendrá que llevar la carga [de la aniquilación del significante], y asumir su
compensación por medio de una serie de identificaciones puramente conformistas».
Es así como la forclusión declina sus efectos de estructura en los tres registros,
real/imaginario/simbólico.

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Fuente: Diccionario de Psicoanálisis, Roland Chemama

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Véase También

Psicoanálisis, Psicología, Psicología Clínica, Psicología Forense, Psicología Social, Salud Mental, Sociología Cultural, Trastornos Psicológicos, Vocabulario Básico de Psicología

Bibliografía

Briseño Sierra, Humberto, Derecho procesal, México, Cárdenas, 1969, Vol. III; Calamendrei, Piero, Instituciones de derecho procesal; civil según el nuevo código; traducción de Santiago Sentía Melendo, Buenos Aires, EJEA, 1962; Chiovenda, Giuseppe, Instituciones de derecho procesal civil; traducción de Emilio Gómez Orbaneja, Madrid, Revista de Derecho Privado, 1936, volumen I; Chiovenda Giuseppe, Ensayos de derecho procesal civil; traducción de Santiago Sentís Melendo, Buenos Aires, EJEA, 1962, volumen III; Couture, Eduardo J., Fundamentos del derecho procesal civil, 3ª edición, Buenos Aires, Depalma, 1958; Juárez Echegaray, Luis, “La preclusión”, Estudios de derecho procesal en honor de Hugo Alsina, Buenos Aires, Ediar, 1946; Medina Lima, Ignacio, “Noticia acerca de la preclución”, El anteproyecto de Código de Procedimientos Civiles para el Distrito y Territorios Federales, México, Secretaría de Gobernación, diciembre de 1948.

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