Cada vez que nos acercamos al estudio de los materiales arqueológicos, inmediatamente empezamos a clasificar nuestros hallazgos en diferentes categorías. Esto es quizás más obvio cuando nuestro trabajo se centra en un sitio o región poco investigada; en los casos más conocidos el proceso se vuelve rutinario. En este artículo, llamamos la atención sobre algunas de las consecuencias más amplias de las formas en que clasificamos típicamente la cultura material, ya sean instalaciones fijas y arquitectura o colecciones de objetos. En primer lugar, discutimos el carácter relacional de los procesos de clasificación y sus formas específicas como una forma de abordar las categorizaciones “arqueo-lógicas”. Se defiende la necesidad de prestar una atención crítica a la historicidad y a la especificidad cultural de la ciudad, tanto de las categorizaciones del pasado como del presente. En conclusión, esbozamos las consecuencias de estos hallazgos para una arqueología que busca ser reflexiva en el nivel categórico reconociendo en la práctica no solo la historicidad del pasado sino del propio trabajo de los arqueólogos.